Escritora invitada: Ashley Gibson
Si hay algo que he aprendido mientras he estado sirviendo en el ministerio de jóvenes es que no puedo cambiar el corazón de mis estudiantes, por más que lo anhele. Solo Dios puede hacerlo.
La mayoría de los adolescentes que conozco son extraordinarios: han aprendido a navegar nuevas responsabilidades, libertades y relaciones con una resiliencia que, al parecer, a mi se me extravió a mediados de mis veinte. Así mismo, ellos suelen poseer una cierta determinación inquebrantable, insistiendo en resolver las cosas por sí mismos. Si conoces y amas a un adolescente, probablemente estés familiarizada con esta dinámica.
Me importan mis estudiantes; quiero lo mejor para ellos. A veces desearía poder simplemente intervenir y tomar decisiones por ellos cuando me comparten aquello con lo que están luchando. Pero, del mismo modo que los adolescentes no aprenden a conducir si no se les permite ponerse al volante, nunca se apropiarán de su fe (ni llegarán a la fe salvadora en Cristo) si tú y yo intentamos resolver su situación por ellos.
En cambio, debemos confiar en la obra del Espíritu Santo en sus vidas y hacer que nuestro propio deseo de cambiar sus corazones pase a un segundo plano. Eso no significa que no podamos hacer nada. De hecho, mientras renunciamos a este impulso por cambiar a los adolescentes, hay tres cosas que podemos hacer que resultarían de profundo impacto. ¿Por qué? Porque estas cosas no dependen de nosotros, sino de Dios.
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Llévalos a la Palabra de Dios.
No hay nada más poderoso que la Palabra de Dios. Nunca regresa vacía (Is. 55:11). Es una espada de doble filo, viva y eficaz, capaz de discernir entre el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos. Es capaz de juzgar «los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb. 4:12). Es el lugar donde Dios revela Su plan para el florecimiento humano. Es donde Él da respuestas a nuestras preguntas. Y, lo que es más importante, es donde Él se da a conocer.
Si hay algo capaz de transformar el corazón y la vida de un adolescente es la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios. Si los adolescentes beben con regularidad de la fuente de vida que se halla en la Palabra, esto tendrá un impacto en sus vidas. A medida que se encuentran con Dios tal como Él es, la respuesta natural (o mejor dicho, la respuesta sobrenatural) es un corazón, una perspectiva y una vida transformadas.
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Ora por ellos.
A medida que los adolescentes tienen un encuentro con la Palabra de Dios y transitan por la vida, una de las cosas más importantes que podemos hacer es orar por ellos. La oración nos recuerda que nuestro papel no consiste en ser los salvadores, sino apuntarlos hacia Él. La oración reorienta nuestro corazón del esfuerzo propio a la rendición. Cuando oramos por nuestros adolescentes, reconocemos no solo que la obra de transformación pertenece únicamente a Dios, sino también que Él nos invita a participar en esa obra a través de la intercesión.
Ora esto:
- Que el Espíritu Santo atraiga a tu adolescente hacia la fe salvadora en Cristo Jesús (Jn. 6:44).
- Que el Señor se les revele a través de las Escrituras (Sal. 119:18).
- Que el Señor les ayude a crecer en la comprensión de todo el consejo de Dios (Col. 1:9).
- Que el Espíritu Santo los convenza de pecado y les ayude a resistir la tentación (1 Cor. 10:13).
- Que ellos busquen la santidad y la felicidad suprema al seguir a Cristo (Sal. 16:11).
La oración es poderosa porque oramos a un Dios poderoso. No subestimes la obra del Señor en sus vidas. Intercede por ellos y confía en que Él cumplirá Sus propósitos en Su tiempo perfecto.
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Vive tu fe frente a ellos
En su ebookThe (Not-So-Secret) Secret to Reaching the Next Generation (El secreto -no tan secreto- , para llegar a la próxima generación solo disponible en inglés), Kevin DeYoung dice:
«[La próxima generación] solo tomará en serio la fe cristiana si les parece algo que realmente vale la pena... que Dios es la realidad que lo abarca todo en nuestras vidas... Los jóvenes quieren ver que nuestra fe realmente nos importa... Si queremos cautivar a la próxima generación con el evangelio, debemos hacerlo con pasión. Y para cautivarlos con pasión, nosotros mismos debemos estar apasionados con el evangelio».1
Si anhelas que los adolescentes que te rodean tomen su fe en serio y permitan que sus corazones sean moldeados por la verdad de la Palabra de Dios, entonces es crucial que tú tomes en serio tu propia fe y que también permitas continuamente que la Palabra de Dios transforme tu corazón.
Deja sus corazones en las manos del Señor
Desearía poder decirte que, cada vez que he puesto en práctica estas tres cosas, todos mis estudiantes han experimentado una transformación profunda en sus corazones gracias al Señor. Me entristece admitir que no es así. Algunos jóvenes que han pasado por los grupos juveniles en los que he servido no caminan actualmente con el Señor.
Así como el libro de Proverbios nos enseña patrones de sabiduría — no fórmulas para obtener resultados garantizados—, estas no son promesas inquebrantables. Pero mi consejo para ti es este: no te detengas. Si el adolescente en tu vida se encuentra lejos del Señor, sigue guiándolo con amor hacia las Escrituras, sigue orando, sigue viviendo tu fe ante sus ojos.
Cuando la espera se haga larga o el desánimo comience a aparecer, encuentra consuelo en saber que tú no eres el Espíritu Santo —y el Señor no espera que lo seas. Puedes sembrar las semillas, puedes regarlas con fidelidad, pero solo el Señor puede hacerlas crecer.
El Señor ama al adolescente en tu vida incluso más que tú. Él ve lo que tú no puedes ver, sabe lo que tú no sabes y obra de maneras que, a menudo, tardan en hacerse visibles. Por eso, confíale el resultado a Él.
1 Kevin DeYoung. The (Not-So-Secret) Secret to Reaching the Next Generation. Wheaton, IL: Crossway, 2024.
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