Caminando con disciplina
Todas queremos crecer, cambiar, ser más constantes, más fieles y maduras. Muchas veces nos frustramos porque no vemos cambios, ya que seguimos luchando con lo mismo. Pensamos que ya deberíamos estar en otro «nivel», y sin darnos cuenta, nuestra relación con Dios empieza a sentirse más como una carga que como una relación viva. Pero hoy queremos proponerte algo distinto que puede cambiar completamente la forma en la que estás viendo tu crecimiento espiritual.
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio de hoy:
«El que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6).
- Antes de hablar de disciplina, tenemos que hablar de Dios, porque si no entendemos esto, todo lo demás se vuelve pesado, se vuelve una lista, algo que tratamos de sostener en nuestras propias fuerzas:
- Dios fue quien …
Todas queremos crecer, cambiar, ser más constantes, más fieles y maduras. Muchas veces nos frustramos porque no vemos cambios, ya que seguimos luchando con lo mismo. Pensamos que ya deberíamos estar en otro «nivel», y sin darnos cuenta, nuestra relación con Dios empieza a sentirse más como una carga que como una relación viva. Pero hoy queremos proponerte algo distinto que puede cambiar completamente la forma en la que estás viendo tu crecimiento espiritual.
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio de hoy:
«El que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6).
- Antes de hablar de disciplina, tenemos que hablar de Dios, porque si no entendemos esto, todo lo demás se vuelve pesado, se vuelve una lista, algo que tratamos de sostener en nuestras propias fuerzas:
- Dios fue quien empezó la obra en nosotras.
- Dios es quien sostiene esa obra hoy (aunque nos sintamos débiles o abrumadas).
- Dios es quien la va a terminar.
- No depende de qué tan perfectas somos, no depende si lo hicimos bien hoy o quizás no tan mal. Depende de la fidelidad de Dios y eso debería quitarnos un peso enorme de encima, porque entonces ya no vivimos tratando de ganarnos el crecimiento, sino descansando en que Dios está obrando, aun cuando no lo sentimos.
¿Alguna vez te has sentido frustrada porque no ves progreso en tu vida espiritual?
-
Estamos viviendo tiempos en los que queremos que todo sea y ocurra de manera instantánea: de «ayer para hoy». No nos gustan los procesos, porque «proceso» es igual a «tiempo». Y los procesos toman tiempo.
- La frustración viene de medir nuestro progreso espiritual por nuestros propios estándares:
- «Debería dejar de…»,
- «Procuraré no hacer tal cosa…»,
- «Implementaré tal hábito para…».
¿Te cuesta creer que Dios no se ha rendido contigo, incluso en temporadas donde tú sí has sido inconstante?
-
Una cosa lleva a la otra. Debido a nuestra frustración de no ver crecimiento en nosotras, aun después de intentar y de esforzarnos en nuestras fuerzas, creemos la mentira de que Dios se ha rendido con nosotras porque «no estoy cumpliendo con las disciplinas espirituales que me propuse para crecer».
- Eso hace que nos cueste creer las cosas correctas:
- Dios no espera que crezcamos de «manera lineal», que nunca tengamos ninguna dificultad. ¡Él ha prometido acompañarnos en el proceso!
- Es ahí, en ese punto de frustración, donde Él quiere que, con plena confianza, a través de Cristo, nos acerquemos para recibir la gracia y la ayuda oportuna, como nos dice Su Palabra.
- Dios no está sorprendido por nuestro proceso, ni decepcionado al punto de abandonarnos. Él conoce perfectamente nuestro corazón, nuestras luchas, nuestros patrones, pero aun así sigue obrando. Eso cambia completamente la forma en la que enfrentamos nuestras fallas.
- Esto no significa que seamos pasivas, pero tampoco significa que somos nuestras propias salvadoras, así que vivimos en esa tensión. Hay momentos en los que dejamos de caminar y otros donde tratamos de crecer a pura fuerza, como si todo dependiera de nosotras:
- O nos esforzamos demasiado,
- O nos cuesta muchísimo ser constantes.
- Ambas cosas, en el fondo, revelan lo mismo: que estamos olvidando cómo funciona la gracia. Porque la gracia no es solo el punto de inicio, es el medio en el que caminamos todos los días.
- Es importante recordar que la disciplina no sustituye la gracia, camina con ella; y la disciplina no es un reemplazo para no depender de Dios, es una expresión de esa dependencia.
Cuando intentamos «portarnos mejor» sin realmente depender de Dios
- Aprender a ver cuándo es nuestro propio esfuerzo y cuándo estamos dependiendo de Dios representa un reto para nosotras, porque, por nuestra naturaleza pecaminosa, dependemos de nuestros buenos hábitos.
- Los buenos hábitos y resoluciones personales no son los que nos salvan ni los que nos dan fuerzas, ni son lo que nos llevan por el camino de la perseverancia y la disciplina en la vida cristiana.
- Es Cristo y solo Cristo, por Su Espíritu en nosotras, quien nos capacita y nos fortalece para dar un paso de obediencia a la vez para cultivar una total dependencia de Dios, porque Él es la fuente de toda fortaleza.
¿Qué pasa en tu corazón cuando fallas espiritualmente? ¿Corres a Dios o te alejas de Él?
- Si pensamos que nuestra relación con Dios depende de nuestro desempeño, entonces cuando fallamos, nos alejamos. Pero cuando entendemos lo que Cristo ya hizo por nosotras, entonces correr a Dios en medio de nuestra debilidad se vuelve lo más lógico. No porque lo merecemos, sino porque Él ya abrió el camino.
- Cuando medimos nuestro crecimiento espiritual y nuestro proceso en nuestros propios estándares, entonces, cuando fallamos, huimos de Dios. Sentimos que no tenemos nada con lo cual agradarle.
- ¿A qué vino Cristo? Él mismo dijo que «los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos» y que son «bienaventurados los pobres en espíritu». ¿Qué sentido tiene correr en dirección contraria de Aquel que puede restaurarnos cuando hemos fallado?
- Cuando entendemos lo que Cristo ha logrado para nosotras, correr a Él es lo más lógico que podemos hacer, y cuando lo hacemos, lo hacemos en respuesta a esa victoria que Él ganó para nosotras.
Disciplina espiritual: ¿carga o libertad?
- Muchas veces la escuchamos y pensamos en carga, en reglas, en una lista enorme de cosas que deberíamos hacer. Pero, bíblicamente, la disciplina es mucho más sencilla y mucho más profunda.
- La disciplina es amor ordenado. Es aprender a dirigir nuestro corazón hacia Dios una y otra vez. Incluye cosas prácticas como leer la Biblia y orar, pero no se trata de «hacer más», se trata de caminar con Dios hoy. No mañana, no cuando ya estés mejor o cuando te sientas lista. ¡Hoy!
- La disciplina espiritual es una respuesta apropiada al amor de Dios por nosotras. Solo Cristo vivió la vida perfecta que nosotras no podíamos vivir; solo Él cumplió de manera perfecta cada mandamiento; solo Él, y nadie más que Él, nos liberó de vivir atadas a una lista de «qué hacer y no hacer».
- Dios quiere que cultivemos buenas disciplinas espirituales porque son un instrumento para crecer en santidad. Pero son solo eso: un instrumento, y nada más. Y qué glorioso que la disciplina espiritual sea un instrumento en las manos de nuestro Redentor.
Tres hábitos que moldean tu corazón para cultivar la disciplina espiritual
- Lee la Palabra todos los días: Aparta un tiempo específico para esto.
- Memoriza la Palabra todos los días: No tienen que ser capítulos largos. Ora al Señor y deja que Él te guíe, según tu necesidad, hacia ese pasaje que necesitas llevar contigo siempre.
- ¡Canta!: Canta y memoriza himnos y canciones que hablen de la majestad, el esplendor y la gloria de nuestro Dios. Cantar en todo momento permea y llena nuestra mente del Señor.
Reminder 🔔
- Si la disciplina es amor ordenado, ¿qué cosas están ocupando el lugar de Dios en tu día a día? La pregunta no es si estás siendo formada, porque lo estás. Todos los días, en cada decisión, en cada pensamiento que alimentas, en lo que escuchas, en cómo respondes, tu corazón está siendo moldeado.
- La verdadera pregunta es: ¿hacia dónde? ¿Hacia una mayor dependencia de Dios o hacia una mayor autosuficiencia? ¿Hacia amar más a Cristo o amar más otras cosas? ¿Hacia una vida rendida o a una vida centrada en ti misma?
- No existe la neutralidad en el corazón. O estás siendo formada por la verdad de Dios o por todo lo demás. No subestimes los pasos pequeños cuando están dirigidos hacia Dios, porque en Sus manos, lo pequeño nunca es insignificante.
Para reflexionar:
- «Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna». —Hebreos 4:16
- «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos». —Mateo 9:12
- «Bienaventurados los pobres en espíritu…». — Mateo 5:3
- «Y andaré en libertad porque busco Tus preceptos». —Salmo 119:45
- Dios no ha terminado contigo, y esta no es solo una frase bonita, es una verdad que sostiene tu vida. No importa cómo se vea tu proceso hoy, no importa si sientes que avanzas lento, no importa si te sientes estancada, no importa si hoy fallaste.
- Dios no está limitado por tu ritmo ni sorprendido por tus luchas y, mucho menos, está cansado de sostenerte. Él sigue obrando, en lo invisible, en lo pequeño, en esos días en los que te sientes «insuficiente». Porque tu crecimiento no descansa en tu desempeño, sino en Su fidelidad.
Recursos recomendados:
Artículo, Transformación: ¿cómo sucede?
Episodio, Lo que necesitas para crecer
Episodio, El mapa de la vida
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.

Únete a la conversación