¿Alguna vez has sentido que necesitas hacer más, portarte mejor o demostrarle a Dios que eres suficientemente buena para que Él te acepte? En este episodio hablamos de por qué nuestra esperanza no está en nuestro desempeño, sino en la gracia de Dios y en lo que Cristo ya hizo por nosotras.
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio:
¿Por qué nos resulta tan natural pensar que primero tenemos que arreglarnos, mejorar o demostrar algo para que Dios quiera recibirnos?
- Desde la caída, el pecado ha inclinado nuestro corazón a vivir para nosotras mismas y a confiar en nuestros propios caminos en lugar de depender de Dios. Por eso nos resulta tan natural pensar que podemos ganar el favor de Dios por medio de nuestro desempeño. Pero ese no es el evangelio.
- No podemos reconciliarnos con Dios por medio de nuestras obras. Nuestra …
¿Alguna vez has sentido que necesitas hacer más, portarte mejor o demostrarle a Dios que eres suficientemente buena para que Él te acepte? En este episodio hablamos de por qué nuestra esperanza no está en nuestro desempeño, sino en la gracia de Dios y en lo que Cristo ya hizo por nosotras.
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio:
¿Por qué nos resulta tan natural pensar que primero tenemos que arreglarnos, mejorar o demostrar algo para que Dios quiera recibirnos?
- Desde la caída, el pecado ha inclinado nuestro corazón a vivir para nosotras mismas y a confiar en nuestros propios caminos en lugar de depender de Dios. Por eso nos resulta tan natural pensar que podemos ganar el favor de Dios por medio de nuestro desempeño. Pero ese no es el evangelio.
- No podemos reconciliarnos con Dios por medio de nuestras obras. Nuestra única esperanza es Cristo: arrepentirnos de nuestros pecados y poner nuestra fe en Él.
- Estábamos muertas en nuestros delitos y pecados; no podíamos darnos vida ni hacer méritos para que Dios nos aceptara (Ef. 2:1–5). Él tomó la iniciativa para rescatar a pecadores que no podían salvarse a sí mismos.
Cuando entendemos que el plan de rescate comenzó en Dios y no en nosotras, ¿qué descubrimos acerca de Su carácter y de la naturaleza de la gracia?
- La gracia es el favor inmerecido de Dios hacia pecadores que no podían hacer nada para merecerlo. En Cristo recibimos lo que jamás podríamos ganar por nuestras propias obras.
- Cristo recibió en nuestro lugar el castigo que nuestros pecados merecían.
- Si estamos en Cristo, no necesitamos vivir intentando ganar la aceptación de Dios. Hemos sido justificadas, adoptadas como hijas y recibidas por gracia.
¿Cómo cambia nuestra relación con Dios cuando dejamos de intentar ganarnos un amor que Cristo ya aseguró para Su pueblo?
- La gracia es el favor inmerecido de Dios. Si pudiéramos ganar Su aceptación por nuestras obras, dejaría de ser gracia.
- Nuestra esperanza no descansa en lo que hacemos para Dios, sino en lo que Cristo ya hizo por nosotras. Si estamos en Cristo, no necesitamos vivir intentando demostrar que somos suficientes para que Dios nos reciba.
- Cuando pecamos, no necesitamos escondernos ni intentar recuperar Su favor portándonos mejor; podemos volver a Cristo en arrepentimiento y acercarnos al trono de la gracia.
- El fruto de una vida transformada depende de la obra de Dios en nosotras, pero esa gracia no nos vuelve pasivas. Su Espíritu nos capacita para luchar contra el pecado, obedecer Su Palabra y crecer en santidad.
- No vivamos un evangelio por nuestras obras, ¡vivamos el evangelio de gracia! Cristo obedeció perfectamente donde nosotras hemos fallado. Nuestra obediencia no intenta completar Su obra ni ganar el favor de Dios; es fruto de haber sido salvadas por gracia.
Para reflexionar:
- Efesios 2:1
- Efesios 1:4-6
- 1 Juan 1:9
- Hebreos 4:16
- Tito 3:4-7
- Romanos 5:8
Recursos recomendados:
Serie, Sublime gracia
Episodio, Lo que no sabías acerca de la gracia
Episodio, Buenas noticias para personas imperfectas
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación