Después de haber defendido el evangelio y mostrado que la salvación es únicamente por gracia, el tono de Pablo en Gálatas 3 cambia drásticamente. El apóstol confronta con firmeza a los creyentes porque habían comenzado a desviarse del evangelio verdadero. Los gálatas habían recibido a Cristo por la fe, pero ahora estaban intentando sostener su vida cristiana por medio del esfuerzo humano, las obras externas y el cumplimiento de reglas.
Por eso Pablo les pregunta con firmeza: «¿Tan insensatos son? Habiendo comenzado porel Espíritu, ¿van a terminar ahora por la carne?». Esa pregunta sigue atravesando nuestro corazón hoy.
Los judaizantes insistían en que la fe en Cristo no era suficiente y que, además, era necesario cumplir ciertos aspectos de la ley mosaica para ser aceptados por Dios. El problema no era la ley en sí. La ley nunca fue mala. Dios la dio para revelar Su santidad, mostrar …
Después de haber defendido el evangelio y mostrado que la salvación es únicamente por gracia, el tono de Pablo en Gálatas 3 cambia drásticamente. El apóstol confronta con firmeza a los creyentes porque habían comenzado a desviarse del evangelio verdadero. Los gálatas habían recibido a Cristo por la fe, pero ahora estaban intentando sostener su vida cristiana por medio del esfuerzo humano, las obras externas y el cumplimiento de reglas.
Por eso Pablo les pregunta con firmeza: «¿Tan insensatos son? Habiendo comenzado porel Espíritu, ¿van a terminar ahora por la carne?». Esa pregunta sigue atravesando nuestro corazón hoy.
Los judaizantes insistían en que la fe en Cristo no era suficiente y que, además, era necesario cumplir ciertos aspectos de la ley mosaica para ser aceptados por Dios. El problema no era la ley en sí. La ley nunca fue mala. Dios la dio para revelar Su santidad, mostrar la gravedad del pecado y evidenciar nuestra necesidad de expiación. Todo el sistema sacrificial y ceremonial que vemos en Levítico apuntaba precisamente a eso: el pecado separa al hombre de Dios y alguien debe cargar con la culpa.
Pablo explica que la ley no puede impartir vida espiritual; más bien revela nuestra incapacidad. Nos muestra que somos pecadoras y que jamás podremos cumplir perfectamente las demandas de un Dios santo.
Ese es precisamente el problema del corazón humano: queremos producir justicia por nuestros propios medios. Queremos sentirnos suficientes, espiritualmente admirables o aceptadas por nuestro desempeño, pero el evangelio destruye toda posibilidad de gloriarnos en nosotras mismas.
Los gálatas habían comenzado dependiendo del Espíritu Santo, pero ahora querían avanzar por la carne. Y, honestamente, muchas veces hacemos exactamente lo mismo. Iniciamos descansando en la gracia de Dios, pero luego comenzamos a medir nuestra relación con Él según nuestro rendimiento espiritual, nuestra disciplina, nuestra reputación cristiana o nuestra capacidad de «hacer más».
A veces pensamos que madurez espiritual significa cargar más reglas, aparentar perfección o esforzarnos hasta el agotamiento, pero la santificación tampoco ocurre por autosuficiencia. No solo somos justificadas por la fe; también crecemos dependiendo diariamente del Espíritu y de la obra de Cristo.
Pablo entonces lleva a los gálatas hasta Abraham para demostrar que esto siempre ha sido así. Incluso en el Antiguo Testamento, los creyentes eran justificados por la fe, no por obras de la ley: «Así Abraham creyó a Dios y le fue contado como justicia».
La promesa nunca estuvo basada en el mérito humano, sino en la gracia de Dios recibida por fe. Abraham fue declarado justo siglos antes de que la ley fuera dada. Eso significa que la salvación jamás ha dependido del cumplimiento humano, sino de confiar en Dios.
Entonces, ¿cuál era la función de la ley? La ley revela el pecado, expone nuestra incapacidad y nos conduce a Cristo. Nos muestra que necesitamos desesperadamente un Salvador porque jamás podremos cumplir perfectamente las demandas divinas. La maldición no está en la ley misma, sino en la condena que cae sobre quienes no la obedecen perfectamente.
Y ahí es donde el evangelio resplandece con toda su gloria:
«Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: “Maldito todo el que cuelga de un madero”, a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe». —Gálatas 3:13-14
Este es el centro de Gálatas 3. Cristo tomó sobre Sí la condena que nos correspondía. Él cargó la maldición que merecíamos por no poder cumplir la ley, vivió perfectamente donde nosotras fallamos constantemente y murió en nuestro lugar para reconciliarnos con Dios.
Qué alivio produce recordar que nuestra esperanza no descansa en nuestra capacidad espiritual, sino en la obra perfecta de Cristo. Somos redimidas, no por nuestro esfuerzo, disciplina, reputación o apariencia de santidad; somos aceptadas únicamente por Jesús.
Y en Él, la bendición prometida a Abraham alcanza también a los gentiles. Ahora, por medio de Cristo, todos los que creen reciben la promesa del Espíritu y son hechos parte del pueblo de Dios.
Por eso la vida cristiana no puede sostenerse por desempeño. El evangelio no solo es la puerta de entrada a la salvación; es también el fundamento diario de nuestra santificación. Cada día seguimos necesitando arrepentimiento, fe y dependencia del Espíritu Santo.
Muchas veces seguimos viviendo como si tuviéramos que ganarnos el amor de Dios. Nos agotamos intentando demostrar que somos buenas cristianas, nos comparamos con otras mujeres o caemos en una mentalidad de carga religiosa aun dentro de la iglesia. Pero Gálatas 3 nos recuerda algo profundamente liberador: Cristo ya hizo lo que jamás podríamos hacer nosotras.
Nuestra vida no descansa en cuánto podemos hacer para Dios, sino en cuánto Cristo ya hizo por nosotras y continúa haciendo en nosotras hasta el día en que regrese. Somos incapaces, pero Cristo es suficiente.
Para meditar:
- ¿Estoy intentando sostener por mis fuerzas lo que comenzó por gracia?
- ¿Qué cosas estoy usando para sentirme más espiritual o más aceptable delante de Dios?
- ¿Estoy viviendo como alguien redimida?
- Pide al Señor que revele cualquier área en la que sigas confiando en tu capacidad en lugar de Su gracia.
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