4 formas como los adolescentes viven para algo más trascendente

Al ser jóvenes, la vida parece tan grande, ¿verdad? Como un lienzo que se extiende hasta el espacio exterior, lleno de potencial. Tenemos tanto que hacer y tantos lugares que ver. Tengo 18 años y a menudo me pregunto cómo me utilizará Dios en su vasta historia.

Como seguidoras de Jesús, lo último que queremos es desperdiciar esta vida. Tal vez por eso siempre me han parecido tan profundas las resoluciones de Jonathan Edwards (1703-1758), un hombre comprometido con la búsqueda de la santidad durante toda su vida, una convicción que comenzó cuando era adolescente.

De las setenta resoluciones que Edwards escribió entre los 19 y los 20 años, mi favorita es la número seis: «Resuelvo vivir con todas mis fuerzas mientras viva». Corto. Simple. Profundamente urgente. Esta fue su versión adolescente del carpe diem para la gloria de Dios, una llamada a su joven alma para aprovechar la vida con propósito y pasión. ¡Eso me encanta!

Pero algunos días me pregunto cómo hacerlo. ¿Qué significa exactamente vivir con todas mis fuerzas como joven para la gloria de Dios? A medida que he estudiado las Escrituras y he aprendido de Jonathan Edwards, he encontrado cuatro respuestas que han sido especialmente útiles.

  1. Vive para algo más grande que tú.

Todo ser humano busca un sentido. En el interior de todos nosotros, tanto de los adolescentes como de los mayores, hay una inquietud ineludible por conseguir un propósito. Y, consciente o inconscientemente, todos encontramos un propósito al que vinculamos nuestras vidas, o intentamos crear uno para nosotros mismos. Para muchos, ese propósito son ellos mismos. Se sacrifican, sirven y viven en el altar del yo.

El autor de Eclesiastés da testimonio de haber vivido con ese propósito una vez y, al final, lo encontró deprimentemente vacío. Es como tratar de construir un fundamento sobre humo. Lo consideró superficial y eternamente inútil, incapaz de satisfacer la gran necesidad de sentido de la humanidad. Este era un hombre cuya búsqueda no tenía límites. Había buscado en todas partes: la riqueza acumulada, los placeres del sexo, la promesa de una carrera de alto nivel, la educación superior y la comodidad y seguridad de otras personas. Pero después de todos sus experimentos con la satisfacción, sólo encontró una cosa que le satisfacía de verdad: Dios.

«La conclusión, cuando todo se ha oído, es esta: teme a Dios y guarda Sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona». -Eclesiastés 12:13

Un hombre así puede dar un sólido consejo a los jóvenes: «Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud» (Eclesiastés 12:1). Si quieres que tu vida cuente, si quieres tener un verdadero propósito y significado, vive para algo más grande que tú mismo. Vive sólo para Dios. Vive para Su gloria y Su grandeza, para Su reino imparable. Muere a ti misma y vive para Cristo. Muchas veces no se aprende esta lección lo suficientemente pronto.

  1. Vive para otros más que para ti misma.

La vida centrada en Dios no debe ser una vida aislada. La gente necesita a la gente. Ese es un principio básico del mundo de Dios. La necesidad de Adán de tener a Eva no era una deficiencia en su carácter; era un sentido de estar incompleto dado por Dios. Él creó a Adán (y al resto de nosotras) con un anhelo de comunidad. Necesitamos la alegría de las relaciones cristianas. Necesitamos amigos, familia e iglesias. Necesitamos su amor, su amabilidad, su humor y su felicidad.

Pero también necesitamos vivir para la gente, entregándonos con humildad y sacrificio a las necesidades e intereses de los demás. La última mitad de la primera resolución de Edwards es esta: «Resuelvo hacer todo lo que considere que es mi deber y más para el bien y la ventaja de la humanidad en general. Resuelvo hacer esto, sean cuales sean las dificultades que encuentre, por muchas y grandes que sean».

Edwards era profundamente consciente de que no estamos aquí sólo para nosotras mismas. Estamos aquí por una razón mayor y mejor: glorificar a Dios sirviendo y amando a la gente desinteresadamente, sin importar lo difícil que pueda ser. La prioridad de la entrega de uno mismo fue pensada por Dios para convertirse en una prioridad en la juventud.

  1. Vive y aprende.

Toda la vida consiste en crecer, pero eso es especialmente cierto para los jóvenes. Cada día es una experiencia de aprendizaje. Cada nuevo día es una nueva oportunidad para el crecimiento personal y la santificación.

La manera más obvia en que los seguidores de Jesús aprenden a vivir es estudiando la Palabra de Dios. Esto comienza con una disciplina activa de leer las Escrituras y desarrollar el hábito de aprender más sobre el Dios que amamos y servimos. Perseguir esa disciplina puede ser difícil. Puede resultar agotador. Complicado. Incluso aburrido (lo admito).

Pero así es como aprendemos sobre la vida; y por eso, tú y yo tenemos que entrenarnos para leer la Palabra de Dios con frecuencia. Y luego tenemos que aprender a amarla. Sí, disciplinar incluso nuestros afectos. Disciplina tu cerebro para leerla primero, pero luego disciplina tu corazón para deleitarte en ella. Y si te preguntas cómo nuestra lectura debe alimentar nuestros afectos, lee el Salmo 119 y observa cómo funciona.

Tómalo de Edwards en su vigésima novena resolución: «Resuelvo estudiar las Escrituras de manera tan constante y frecuente, que pueda encontrar y percibir claramente que crezco en el conocimiento de las mismas». Nuestra responsabilidad es llevar una humilde voluntad de aprender, y orar por un deseo insaciable de la verdad, y que la verdad se levante desde un corazón afectado por Dios.

  1. Vive con felicidad imperturbable.

El teólogo holandés Herman Bavinck escribió que la gente persigue en la religión lo que no puede encontrar en ningún otro sitio: «la felicidad imperturbable». Imperturbable significa no agitada. No es una montaña rusa de altibajos. En esa frase creo que se capta brillantemente lo que significa vivir con todas nuestras fuerzas. La vida cristiana es una vida de alegría abundante porque se trata de deleitarse en Dios. Se trata de saborear hasta la última gota de feliz esperanza en Él. 

Eso es, en definitiva, lo que significa vivir para Dios: obedecerle y aprender a encontrar en Él una felicidad inquebrantable que nos acompañe y satisfaga el resto de nuestra vida. La felicidad duradera, inquebrantable e inconmovible, no puede encontrarse en nuestro cuerpo, ni en nuestra cuenta bancaria, ni en nuestros estudios, ni en nuestro iPhone, ni en nuestros seguidores de redes sociales. Dios es la única fuente satisfactoria.

En su libro Religious Affections, Jonathan Edwards escribió: «Dios es el bien más elevado de la criatura razonable. El disfrute de Él es lo que nos corresponde; y es la única felicidad con la que nuestras almas pueden estar satisfechas».

Vive de verdad mientras vivas

Joven, ¿quieres vivir? Quiero decir, vivir de verdad. No el tipo de vida pasiva que no es vivir. Pero, ¿quieres que tu vida importe? ¿Quieres vivir ahora como una forma de invertir en tu futuro yo? Entonces vive para algo más grande que tú misma. Vive para los demás más que para ti misma. Vive y sigue aprendiendo. Vive con una felicidad imperturbable. Escucha a Jonathan Edwards, un adolescente del pasado que quería seguir a Jesús igual que tú, y vive con resolución.

«Resuelvo vivir con todas mis fuerzas mientras viva».

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Artículo publicado originalmente en www.desiringgod.org.

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Sobre el autor

Jaquelle Crowe

Jaquelle Crowe

Jacquelle Crowe es autora de This Changes Everything: How the Gospel Transforms the Teen Years (Crossway, 2017). Tambien es cofundadora de "The Young Writers Workshop". Vive en en el este de Canadá. 

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