¿Debería gustarme este joven?

Jennifer Case Cortéz

Una encantadora amiga mía de solo 15 años recientemente me preguntó, “¿Hay una manera santa de sentirse atraída por un chico?”

¡Qué gran pregunta! Esta chica inteligente está pensando antes de tomar decisiones de la vida y no se lleva solo de lo que le dicen sus emociones. Me encanta eso.

Su pregunta me puso a pensar. Hay tres preguntas que yo me haría a mí misma antes de decidir cuál chico me gusta. Así es, utilicé la palabra “decidir”.

Nosotras tomamos una decisión cuando decidimos qué chico nos gusta; esto no es algo que simplemente pasa. Que me “guste” un joven es diferente a decir que el es buen mozo o que tiene buena apariencia. Hay muchos jóvenes bonitos en el mundo y nosotras no podemos evitar notar sus bellezas— eso sí te diré. Darse cuenta de que un chico es lindo, inteligente o chistoso (o lo que sea que te atraiga de los hombres) no es lo mismo que decidir tenerle afecto.

Antes de escribir tu nombre con su apellido en tinta púrpura o imaginarte cómo se verán tus hijos con sus ojos, ¡piénsalo bien! En nuestros pensamientos es donde empiezan las cosas del corazón. La Biblia lo pone de esta forma:

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” (Prov. 4:23)

Entonces antes de dejar que tus pensamientos se vayan por el lado que no es y de repente te encuentres con un corazón roto, pregúntate estas tres cosas:

1. ¿Es sabio entrar en una relación amorosa en este momento?

¿Soy lo suficientemente madura para esto?

¿Aprueban mis padres y me dieran su bendición para esto? (Estas fueron tres preguntas, pero ¿quién está contando?)

Si la respuesta es, “No, no sería prudente yo hacer esto ahora mismo,” entonces ni siquiera dejes que tu mente llegue a ese punto. En vez de esto, invierte ese tiempo y energía que hubieses gastado soñando despierta en “ese chico” y haz algo fructífero que sea para el bien de tu futuro. Pasa tiempo en las Escrituras, ponte al día en la clase de matemáticas, practica guitarra, ayuda a tus padres en la casa, invierte en tus amistades, etc. Las posibilidades son infinitas.

2. El muchacho que me gusta, ¿está interesado en mí?

Esta puede ser una de las mayores razones por las que he visto tantos corazones rotos—entregándole tu corazón a un muchacho que no siente de la misma manera que tú. ¿Él te ha expresado su interés por ti de manera clara? Yo sé que esto puede ser un poco complicado a veces, el saber discernir, pero yo creo con mucha firmeza que si te encuentras en una posición en tu vida para estar en una relación, depende del hombre hacer claras sus intenciones acerca de ti. Si él no está interesado, ¡no significa que eres poco interesante! Eso solo significa que Dios no ha dirigido la atención de su corazón hacia ti.

No fijes tus sentimientos en alguien que no siente de la misma manera hacia ti. No lo hagas. (¿Estás lista para decirme cómo puede esto cambiar? ¿Cómo él va a ver la luz si tú esfuerzas lo suficiente? ¿Cómo estás segura de que puedes cambiar su parecer de tal manera? Estoy poniendo un dedo, con amor y suavidad, por encima de tus labios ahora mismo para que hagas silencio) No lo hagas. Simplemente no.

3. ¿Sigue a Cristo, así como lo haces tú?

Dale tu corazón a alguien que está unido a Cristo. La fe, o la falta de fe, de una persona no es un indicador de su valor o importancia. Algunas de las personas más maravillosas que conozco no comparten mi fe. Todos somos hechos en semejanza a la imagen de Dios, y las huellas digitales de Él son espectaculares. Sin embargo, si enlazas tu corazón a alguien que no está siguiendo a Cristo y tú sí quieres seguir a Cristo, ¿tendría esto sentido? Ese compromiso que tendrás con esa persona, ¿te llevará a Jesus o te darás cuenta de la división que se forma en tu corazón?

Finalmente hermanas, mientras piensan en estos temas del corazón, las animo a que una vez más, momento por momento, vayan enfocando su corazón completamente al que las amó tan completamente que se dio a Sí Mismo por ustedes.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gál. 2:20)

No seguimos a Jesús porque Él nos prometió una vida perfecta. Seguimos a Jesús porque Él es nuestra misma vida. Él no es un ingrediente agregado; estamos escondidas en Él. Nosotras les pertenecemos a Dios por Él. Su muerte nos dió vida.

Si creemos esto, ¿no podemos entonces confiar en Él y dejarlo que obre completamente en nuestras vidas amorosas? ¿Qué crees?

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