¡Me mata! Pero... me gusta.

Nadie me retó a lo del balde de agua fría... Pero como eso cayeron sus palabras sobre mi corazón. "Si de aquí a eso no has caído"... Todavía se repite en mi mente... ¿Caer yo? ¡¿Cómo va a ser posible? Suena tan ridículo como que me siente a comerme un plato de camarones... Ahora... pensándolo bien... El problema está en que me encantan los camarones.
No conozco ni siquiera una persona a quien no le gusten los camarones... ¡Son tan deliciosos! De solo pensar en ellos se me hace agua la boca... Me gustan en ensalada, en paella, solos, acompañados, al ajillo... Es un placer corto ciertamente pero ¡qué placer! Y... todo esto sería maravilloso de no ser por un pequeñito problema... ¡Soy alérgica a los mariscos! Comer 1 solo camarón que en placer equivale a menos de un minuto, cerraría igual de rápido mi traquea y sin la atención debida quizás hasta muera.  Sí, se siente bien comerlo, pero la sensación de no poder respirar, los efectos que va causando en mi cuerpo, aun si me medican a tiempo, es horrible.

Eso mismo me sucede con ciertos pecados, solo que a veces se me olvida que me matan... Ahora, si me olvido o no que el camarón me produce alergia, los efectos serán exactamente los mismos si lo consumo. Lo sé porque he comido bastantes camarones, y he sufrido bastante por hacerlo, y aunque use esto de analogía creo que el mensaje queda bastante claro.

Entonces ...¿qué debo hacer cuando mi Padre me aleja de los camarones? ¿Rabietas? ¿Llanto? ¿Resentimiento? ¡NO! Debería bailar de gratitud porque Su amor me está librando del mal.

El asunto no está en negar que me gustan los camarones, si tú me lo preguntas te diré que me fascinan, pero no los como, ni como nada que haya tenido camarones cerca. Mi vida "depende" de ello. De la misma manera, la paga del pecado es muerte, por divertido o placentero que luzca. Puede descansar en el amor de mi Padre que me libra de los camarones de tantas formas, no los pone en mi plato... Pero es mí decisión comerlos o no. Caer o no.

Ocultar nuestras luchas no nos lleva muy lejos... Reconocer nuestra debilidad, nuestro deseo, nuestra fragilidad, pero al mismo tiempo nuestro anhelo de confiar y honrar a Aquél es fiel para guardarnos sin caída y delante de Él no hay ni habrá nada que luzca sabroso o atractivo... Su gracia será suficiente, cuando nos demos cuenta que no es en nuestras fuerzas.

¿Cuáles son los camarones de tu vida? ¿Corres de ellos o hacia ellos? ¿Cómo te ha alejado nuestro Padre celestial de ellos?

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Sobre el autor

Clara Nathalie Sánchez Díaz

Clara Nathalie Sánchez Díaz

Clara Nathalie vive en Santo Domingo, República Dominicana, por la gracia del Señor le sirve a tiempo completo. Trabaja en Aviva Nuestros Corazones como editora, analista de contenido y administradora de la página web. Sirve al Señor enseñado a mujeres a usar su creatividad a la hora de estudiar la Palabra en un ministerio llamado Diario Bíblico. Es parte del ministerio de Escuela Dominical en su iglesia. 

 

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