Cuatro pasos sabios para responder preguntas difíciles

Tan pronto te encuentras con un niño de tres años, aprendes su pregunta favorita: “¿Por qué?”

Podrías pensar que una pregunta tan sencilla tiene una respuesta fácil, pero ése no es siempre el caso. ¿Qué tanto más difíciles son las preguntas de los adultos sobre verdades bíblicas complejas y las formas misteriosas de nuestro gran Dios?

Ya sea que tu ministerio primario es liderar un grupo pequeño, discipular a otras mujeres, reunirte con no creyentes, o ayudar en eventos dentro de tu iglesia, puedes tener por seguro que te harán preguntas difíciles. ¿Cómo las manejarás? ¿Cómo puedes mantener la Palabra de Dios en el centro y practicar sabiduría mientras lo haces?

Las preguntas difíciles que nos hacen las mujeres nos retan y animan a aplicar Colosenses 3:16 “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones.” Con ese versículo en mente, considera los cuatro pasos siguientes:

  1. Discierne

¿Esta persona está genuinamente curiosa o solo quiere crear conflictos?

El primer paso es discernir la motivación detrás de la pregunta. Aunque surjan muchas preguntas difíciles debido a curiosidad genuina, confusión o convicción, algunas de estas preguntas pueden causar conflicto, ya sea que quien la plantee lo entienda o no. Como líder trata de discernir si eso es lo que pretende la mujer que hace la pregunta o si no está consciente de ello.

Digamos que lideras un grupo pequeño, y se está tratando el plan de Dios para el matrimonio de acuerdo con Génesis 1 y Efesios 4. Una mujer pregunta “¿Entonces crees que los cristianos que están legalmente casados con un cónyuge del mismo sexo van al infierno?”

Antes de responder ejercita la sabiduría de Colosenses 3:16 y discierne el corazón detrás de la pregunta:

  • ¿Tiene un miembro de su familia o un amigo en esa situación, alguien a quien ama y que quiere verlo libre en Cristo?
  • ¿Está preguntando en realidad sobre la autoridad de la Biblia acerca del matrimonio? O,
  • ¿Simplemente quiere crear conflicto en el grupo con un tema controversial?

Si está buscando conflicto, es mejor dejar su pregunta para discutirla más tarde y moverse hacia adelante. Si es curiosidad genuina, entonces ten la libertad de proceder con el siguiente paso.

  1. Profundiza

¿Qué hay en la raíz de la pregunta?

Luego de discernir si la pregunta vale la pena trata de ir a su raíz. Usualmente (aunque no siempre) existe una pregunta detrás de la pregunta.

Considera el ejemplo anterior: digamos que la mujer tiene una amiga en esa situación. Su pregunta acerca del infierno puede que solo tenga que ver con eso – pero también podría tratarse de que ella quiera saber cómo puede amar y ministrar mejor a su amiga. Quizás tiene miedo acerca de su salvación, o experimente temor de compartir la verdad con su amiga; o, temor de ser rechazada si lo hace. Quizás su amistad está en conflicto porque no se ponen de acuerdo. Su pregunta aparentemente simple, en realidad tiene múltiples capas y a gritos pide ser respondida con la Palabra.

Como líderes podemos ejercitar la sabiduría en las preguntas que hacemos para poder indagar más. Por ejemplo:

  • ¿Qué entiende tu amiga del cristianismo?
  • ¿Cómo lucen tus conversaciones con ella ahora?
  • ¿Cuáles versículos te han ayudado y animado últimamente?
  • ¿Cómo podemos orar?
  1. Discute

¿Cómo puedes motivar a que las demás mujeres compartan su punto de vista y sabiduría?

Como líderes, fácilmente podemos dominar la discusión, especialmente cuando se trata de preguntas difíciles que otras mujeres podrían rechazar responder. En su lugar, en los grupos invitamos a todas a responder y contribuir porque deseamos aplicar Colosenses 3:16: “enseñándoos y amonestándoos unos a otros” (si estás en una situación de mentoría o discipulado, podrías considerar pedir a otra mujer o a dos, que se unan a ti por un periodo de tiempo).

Una pregunta simple, directa puede ser útil para motivar a la discusión: “¿Qué has visto en la Palabra de Dios que nos ayude a responder esa pregunta?” Esto no solamente enfoca al grupo en la verdad, pero también redirecciona cualquier pregunta que no lleve a ningún lado y evita respuestas basadas en opiniones.

Dejamos que la Palabra de Cristo habite ricamente en nosotras cuando discutimos preguntas difíciles como Cuerpo de Cristo.

  1. Posponla

¿Debería tratarse esta pregunta en un contexto diferente?

¿Qué debes hacer cuando la pregunta de una mujer está fuera de la capacidad de discernimiento del grupo? Quizás sea muy importante o tú disciernes que hay algo sensible detrás de la pregunta:

  • Depresión y ansiedad
  • Pensamientos suicidas
  • Infidelidad o conflictos matrimoniales
  • Sufrimiento y dolor
  • Problemas de maldad
  • Dudas de la fe

El tiempo de tu grupo pequeño o discipulado puede que no sea el mejor contexto para tratar situaciones confidenciales, quizás Dios te use para dirigir a tu hermana en Cristo a un escenario más apropiado. En cualquiera de los casos anteriores, su pregunta podría ser mejor dirigida por su pastor o un consejero bíblico, por lo que tu meta como líder es diferir la pregunta para otro momento, lugar y persona.

Claro está, solo tú conoces la profundidad de tu relación (y la de tu grupo) con ella, así como su habilidad de entender y aplicar la Palabra de Dios, por tanto, ten la libertad ya sea de discutirla o diferirla. Es por esto por lo que la oración es tan vital para el ministerio y por qué las líderes debemos presentar nuestras mujeres y discusiones en petición delante de Dios clamando por Su ayuda.

Depende de Jesús

Gracias a Dios, hermana, no somos abandonadas a nuestra suerte con nuestros propios recursos, sabiduría o palabras en la medida en que tratamos de liderar a nuestras mujeres en el Evangelio. Tenemos ayuda en tiempos de necesidad, el Espíritu de Cristo mora en nosotras y nos conduce a la verdad de Dios:

Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir. El me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber.~Juan 16:13-14

El Espíritu de Cristo es nuestro Consejero, nuestro Ayudador, nuestro Guía en la Palabra de Cristo; nunca estamos solas. Podemos clamarle intercediendo por nuestras mujeres, dependiendo en las Escrituras y confiar que no retornará vacía mientras buscamos enseñar y amonestarnos unas a las otras en toda sabiduría.

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