Aprendiendo sobre la Providencia de Dios

Escrito por Jean Wilund

Los informes de eventos catastróficos se están convirtiendo en una forma de vida. Después de un trágico tiroteo masivo mi esposo Larry asistió a una reunión de la iglesia para recibir capacitación sobre «Cómo salir con vida de una situación de crisis». El profesional sobre emergencias destacó la importancia del entrenamiento antes de que surja la necesidad, porque cuando surgen problemas, o reaccionamos de acuerdo al entrenamiento o reaccionamos de forma negativa por temor.

Lo mismo ocurre en el ámbito espiritual. O reaccionamos según el entrenamiento que hemos recibido sobre cómo confiar en la Providencia de Dios, o reaccionaremos a nuestras circunstancias por temor. Descansaremos en la Verdad de que Dios tiene el control sobre todo lo que toca nuestras vidas, o reaccionaremos a la urgencia del momento que nos grita que nadie tiene el control.

¿Reaccionaremos o confiaremos?

Puede que nunca enfrentemos una situación de emergencia de vida o muerte, pero muchos momentos de la vida ponen a prueba nuestros límites físicos, emocionales y espirituales. Con demasiada frecuencia yo reacciono como una ardilla luchando por mi vida en medio de una intersección. ¿No preferiríamos actuar como un guardia de cruce confiado, dirigiendo nuestras emociones hacia la seguridad de la Verdad de Dios? La diferencia entre una ardilla en pánico y nosotras, además del pelo y la cola, es el entrenamiento y un poco más de inteligencia.

Cuando mi exhausto hijo de dieciocho años condujo toda la noche en medio de una furiosa tormenta en Florida, ya era demasiado tarde para inscribirme en un estudio bíblico sobre «Cómo confiar en la providencia de Dios cuando su hijo pudiera morir».

Si no hubiera sabido cómo confiar en Dios con mis temores, habría estado condenada a una noche de lágrimas interminables mientras retorcía las manos, sonaba mi nariz y manchaba la almohada con lágrimas hasta que mi hijo llegara a las 5 a.m.

Cuando mi mamá llamó para decirme que tenía cáncer terminal, su noticia atravesó mi corazón antes de que tuviera tiempo de leer un libro sobre «Cómo recordar que Dios tiene el control cuando su vida se está desmoronando». Si no hubiera confiado ya en Su gloriosa Providencia, me habría colapsado al suelo y habría levantado mis puños contra Dios.

¿Estarás lista para cuando surjan aflicciones?

El 22 de noviembre de 1873, cierto abogado de Chicago necesitaba conocer y creer en la Providencia de Dios. Después de haber sufrido la ruina financiera en el gran incendio de Chicago de 1871, este abogado envió primero a su esposa e hijas a Europa en el transatlántico S.S. Ville de Havre. En medio del Atlántico, ocurrió una tragedia y el barco se hundió en el océano. El desastroso accidente cobró la vida de 226 almas, incluidas las cuatro hijas de Horacio y Anna Spafford.

Horacio no tuvo tiempo para un estudio bíblico de cuatro semanas sobre «Confiar en el plan de Cristo cuando tu corazón está destrozado» mientras abría el telegrama de Anna y leía: «Salvada sola». Él solo pudo reaccionar con la verdad que ya había aprendido acerca de Dios.

Cuando Horacio navegó por el Atlántico para traer a Anna a casa, el capitán del barco llamó a su camarote cuando llegaron cerca del lugar donde sus hijas habían dejado este mundo. ¿Quién lo culparía si se hubiera derrumbado por el dolor? ¿O gritado con ira a Dios por no salvar a sus hijas? Pero en su más profundo dolor, Horacio confió en la infalible Providencia de Dios y escribió uno de los himnos más queridos del mundo, «Estoy bien con mi Dios».

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción

Mi suerte cualquiera que sea, diré

“Estoy bien, estoy bien, con mi Dios!”

Horacio perdió a sus cuatro hijas en el Atlántico, pero no perdió la cabeza, ni la fe, ni la voluntad de vivir, porque las verdades inmutables que conocía sobre Dios y Su divina Providencia lo sostuvieron.

¿Qué es la Providencia Divina?

Uno de mis pastores y teólogos favoritos, J.I. Packer, explica la Providencia de Dios con sublime elocuencia como «la actividad incesante del Creador por la cual, en abundancia y buena voluntad, sostiene a Sus criaturas en existencia ordenada, guía y gobierna todos los eventos, circunstancias, y actos libres de ángeles y hombres, y dirige todo hacia su objetivo designado, para Su propia gloria».

Yo explico la Providencia de Dios con palabras más pequeñas y menos expresivas. La describo como la capacidad de Dios para hacer lo que Él quiera con quien quiera o lo que quiera para el propósito que Él quiera (Lam. 3:37, Sal. 135:6, Job 42:2). Nadie puede detener Su mano, porque solo Él es soberano (Dan. 4:35). Él es absolutamente libre y completamente capaz de hacer todo lo que ha determinado hacer (Ef. 1:11), y todo lo que ha determinado hacer es para nuestro bien y Su gloria (Isa. 48:9–11).

En resumen, la Providencia de Dios significa que todo estará bien. Podemos sonreír al futuro, incluso mientras lloramos por el presente. Podemos secar nuestras lágrimas y descansar en Él. Nuestro Dios bueno y soberano está en control.

Nuestras vidas y circunstancias pueden no resultar exactamente como pensamos que deberían ser, pero eso es solo porque no sabemos todo lo que Dios sabe. Si lo hiciéramos, haríamos todo exactamente como Él lo hace. Y aceptaríamos todo lo que Él nos trae. Nos mantendríamos firmes y arraigadas, incluso en las tormentas más feroces. Si supiéramos todo lo que Dios sabe.

Pero como no lo hacemos, confiamos, pero no con fe ciega. A través de Su Espíritu que mora en nosotras y Su Palabra inspirada, Dios les ha dado a los que le pertenecen todo lo que necesitamos saber y descansar en la Verdad de quién es Él, lo que Él ha hecho y lo que hará. Pero si nunca nos esforzamos por aprender la Verdad, nunca podremos confiar en ella.

El miedo prospera donde florece la ignorancia

Otra realidad importante sobre la naturaleza humana es que tendemos a temer lo que no entendemos. Mi primera experiencia con el buceo lo demuestra.

Larry y yo estábamos de vacaciones con nuestros amigos en las Bahamas. Todos allí eran buceadores certificados, excepto yo. Podía bucear (solo en la superficie) todo el día, pero ni siquiera había tocado un tanque de oxígeno, mucho menos usado uno. Sin embargo, me puse uno, recibí instrucciones básicas (respira por la boquilla, no por la nariz) y salí del bote al mar.

Pero luego el cinturón de lastre comenzó a hundirme bajo el agua. El pánico se apoderó de mí. Me revolví como un pez en un sedal. Mi esposo me rescató de inmediato de los treinta centímetros que había descendido bajo el mar. Me sentí tonta, pero no pude evitarlo. Sin el entrenamiento adecuado, reaccioné con mis frenéticas emociones "¡Voy a morir!".

Me liberé del equipo de buceo y pasé el resto del día buceando en paz porque tenía confianza en mi entrenamiento de buceo básico.

Todos disfrutamos de un día delicioso, pero sospecho que Larry y nuestros amigos lo disfrutaron aún más. Si bien tuve que revolotear de un lado a otro entre el coral y la superficie, su entrenamiento les permitió quedarse entre los peces vibrantes. Yo me lo perdí porque el miedo prosperó donde floreció mi ignorancia.

Conocer la Providencia de Dios es como ponerse el mejor equipo de buceo y explorar los lugares más profundos y oscuros de nuestra vida, sin temor, porque nuestro entrenamiento controla nuestras reacciones. Podemos reaccionar con la Verdad en lugar de reaccionar por temor cuando conocemos y confiamos en la Providencia Divina de Dios. Podemos hacer eco de Horacio Spafford y proclamar «estoy bien» con nuestras almas.

¿Está bien tu alma?

¿Está bien tu alma cuando se enfrenta a los problemas? ¿O tus emociones te arrojan sin piedad sobre oleadas de ira, miedo y desesperanza? ¿Te arrastran a las profundidades de las esperanzas rotas y te dejan jadeando de desesperación? ¿O has aprendido la alentadora verdad de que Dios siempre tiene el control?

Si no has descubierto el consuelo sustentador de la gloriosa Providencia de Dios, hoy es el mejor día para aprender al respecto. Antes de que la vida te sumerja en la desesperación y antes de que necesites entender Su Providencia y cómo confiar en ella.

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