3 Destrezas que las maestras bíblicas deben enseñar

"Una amplia investigación revela la tendencia de que el conocimiento de las Escrituras de los  cristianos evangélicos está disminuyendo cada año".

Un profesor de seminario hizo esta aleccionadora declaración en un curso diseñado para preparar a la próxima generación de maestros de la Biblia. Como estudiante mayor, sentada en medio de hombres y mujeres en su mayoría jóvenes, yo ya sospechaba que era verdad. Yo había estado enseñando por más de quince años. Pero al enterarme de este hecho verificable, me sentí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago. Con voz temblorosa, le pregunte al profesor, "¿Cómo podemos oír esto y no caer  llorando de rodillas?"

Decir la verdad sin avergonzarse

En Revive '15: Mujeres que Enseñan Mujeres, Jen Wilkin exhortó a las líderes de mujeres a partir de 2 Timoteo 2:15 a decir la verdad sin avergonzarse. Después de presentar consistentemente el hecho de que  nos hemos convertido en una nación de analfabetos bíblicos, activó la alarma, diciendo: "La iglesia moderna no puede permitirse el lujo de que sus mujeres sean bíblicamente analfabetas. A medida que nos adentramos en los albores de una América post-cristiana, debemos atesorar y enseñar nuestro texto sagrado como las generaciones recientes no lo han hecho”.

Tres habilidades necesarias para las estudiantes de la Biblia

Si queremos sentir profundamente a Dios, tenemos que aprender a pensar profundamente acerca de Dios.

Jen aboga por que las profesoras usen métodos con el fin de manejar con precisión la Palabra de Dios. Nuestros métodos deben cultivar una adoración profunda y perdurable a Dios. Una mujer que pierde interés en su estudio de la Biblia no se ha equipado para amarla como debería, porque el Dios de la Biblia es demasiado hermoso para abandonarlo por actividades menores. Si queremos sentir profundamente a Dios, tenemos que aprender a pensar profundamente acerca de Dios. Esto significa que debemos pedir a las mujeres que enseñamos no ser más simples consumidoras. Debemos pedirles que sean estudiantes en el verdadero sentido de la Palabra, no pasivas, sino activas, en la forma en que se acercan a las Escrituras.

1. Enseña a tus estudiantes cómo pensar (amar a Dios con la mente).

En las Escrituras se nos manda a amar al Señor con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. ¿Ese es un verso solo para hombres? ¿Es la intención de Dios que las mujeres lo amen con sus emociones y los hombres con su intelecto? ¡No!

A menudo, las mujeres en la iglesia no tienen el reto de tener una fe racional. Estamos de acuerdo en que queremos cambiar, así que ¿cuál es el camino de la transformación? Romanos 12:2 nos da la respuesta, "No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente”. El camino hacia la renovación de nuestros sentimientos es a través de nuestra forma de pensar. El pensamiento correcto debe informar sentimientos correctos. (Un ejemplo: el profundo amor de Jen por los palitos de queso sufrió una muerte lenta después que leyó  la etiqueta nutricional)

El corazón no puede amar lo que la mente no conoce. Es una fórmula simple: conoces a Dios, y amaras a Dios. Debemos enseñar a las mujeres a pensar correctamente acerca de Dios, y que el pensamiento correcto engendre sentimientos correctos.

El corazón no puede amar lo que la mente no conoce.

2. Enseña a tus estudiantes a aprender

No te limites a darles a las estudiantes buena información; dales buenas herramientas. Las maestras deben empujarlas a buscar el conocimiento de primera mano en las Escrituras. La razón es que el falso maestro y humanista secular confía en que nosotras no sabemos lo que dice la Biblia. Pero muy a menudo las mujeres han adoptado una forma de pensar que se parece al juego del teléfono. Las mujeres leen un libro acerca de la Biblia sin leer la Biblia. En lugar de ser capaces de citar la Palabra, sostienen abiertamente lo que alguien dijo sobre lo que otra persona dice acerca de las Escrituras.

Dios nos ayude si nos convertimos en comisarías de opiniones de la gente sobre un libro que no nos hemos molestado en leer. Utilice esos libros como un suplemento de —pero no es un sustituto para no—pasar tiempo conociendo la Palabra de Dios de primera mano. Se le ordena amar a Dios con toda su mente, no con la mente de Nancy Leigh DeMoss o de John Piper.

3. Enseña a tus estudiantes cómo trabajar.

Vamos a cambiar el paradigma que acaba de aparecer en la iglesia por  el de “estudiar la Biblia es suficiente”. Los discípulos están llamados a ser disciplinados. ¿Ves cómo las dos palabras están tan estrechamente relacionadas? Si eres buena  tocando un instrumento, lo llegaste a ser a través de la práctica.

¡Los primeros intentos del aprendizaje son difíciles! Estamos  tentadas a abandonarlo, pero las estudiantes deben estar entrenadas para tener la habilidad de hacerlo. Debemos hacer que las estudiantes hagan el trabajo. Trata de no hacer nada por ellas para que puedan hacerlo por sí mismas. Establece una expectativa clara de que la santificación es difícil, pero como maestra, vas a estar  haciendo el mismo trabajo que las estudiantes.

En 1 Pedro 2, el apóstol dice que debemos desear la leche pura de la Palabra. Del mismo modo que la lactancia materna es una cosa natural y necesaria, no es algo que sabemos de forma automática cómo hacerlo bien. De a las estudiantes al principio el permiso de fallar, de especular con la mente sobria, preguntarse, y esperar la llegada de las respuestas. Las mujeres deben superar el deseo de tener "la respuesta correcta". El trabajo del alumno no es para complacer al maestro, sino para ampliar su pensamiento y amar a Dios con su mente.

Maestras, ustedes no tienen que convencer a alguien para que  trabaje duro en algo que le gusta.

Nuestro trabajo es ayudarlas a amar estudiar la Biblia.

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