Mujeres que enseñan a hombres ¿cuán lejos es demasiado lejos?

¿Existe un límite en cuanto a la enseñanza a hombres por parte de la mujer?  ¿Las mujeres pueden predicar en los cultos de los domingos en la mañana? o ¿Enseñar en una clase de escuela dominical? ¿Dirigir un grupo pequeño? ¿Ser maestra en una clase del seminario? ¿Ser charlista en n una conferencia? ¿En un retiro de parejas? O ¿por la radio?

¿Podrían enseñar la Palabra si la audiencia incluye hombres? ¿Podrían los hombres ni siquiera leer este artículo? ¿Cuán lejos es demasiado lejos?

Es la pregunta que se plantean muchas mujeres que quieren ser fieles a la Biblia de mujeres que quieren ser fieles a la Biblia a la vez que quieren ejercer su don espiritual de la enseñanza de manera que honre el patrón de Dios del liderazgo masculino en la iglesia.

Esta discusión respecto a los límites, me recuerda otra pregunta tipo “cuán lejos es demasiado lejos”: ¿Qué tanto afecto físico puede haber en una pareja antes del matrimonio? ¿Pueden agarrarse las manos? ¿Besarse? ¿Besarse durante cinco segundos, pero no quince? ¿Un beso de labios, pero no apasionado? ¿Cuán lejos es demasiado lejos?

Bueno, la Biblia no lo especifica de manera exacta.

Tratar de preparar una lista de reglas de las conductas permitidas sería al mismo tiempo engañoso y ridículo. Pero no hemos sido dejadas sin una guía. La Biblia sí provee un límite claro. Las relaciones sexuales antes del matrimonio van más allá del límite.

Dios nos revela el principio de pureza, nos da un límite claro de cuándo hemos ido más allá, y para ayudarnos a determinar el resto, nos provee el regalo de Su Espíritu morando en la comunidad de los santos. Y Le agradecemos que, cuando nos equivocamos, Él está dispuesto a extendernos Su costoso y abundante perdón y gracia.

Hagamos la pregunta correcta

Las relaciones sexuales prematrimoniales van más allá del límite. Pero permíteme preguntarte esto: ¿Puede una pareja honrar físicamente el límite y aún así violar el principio de la pureza? Por supuesto que pueden hacerlo.

Por lo que una mujer que sólo considera el límite y pregunta: “¿Cuán lejos es demasiado lejos?” realmente está haciendo la pregunta equivocada. Una pregunta mejor, sería: “¿Amo lo que Dios ama?” “¿Valoro lo que Él valora?” “¿Lo que hago con mi cuerpo muestra que valoro la pureza?” Y, “¿Cómo puedo puedo honrar a Cristo de una mejor manera en mi interacción física con mi novio?”

A estas alturas, es posible que murmures, “pensaba que ella hablaría sobre la enseñanza de las mujeres a los hombres en la iglesia.”

Eso hago. Pienso que la pregunta de cómo  — una mujer con el don de la enseñanza — debería honrar el liderazgo masculino en la iglesia, tiene muchas similitudes con la pregunta de cómo una mujer joven debe respetar el principio de pureza. En ninguno de estos casos, Dios nos ha dado una lista detallada de cuán lejos es demasiado lejos. Sino que nos ha dado un principio amplio, un límite claro de lo que va más allá del límite, y el don de Su Espíritu Santo en nuestro interior para ayudarnos a averiguar el resto en la sabiduría de la comunidad de la iglesia.

Amar lo que Dios ama

Dios quiere que honremos Su diseño divino honrando el principio del liderazgo masculino en nuestros hogares y familias de la iglesia. La iglesia es el hogar y la familia de Dios (1ª Ti. 3:15, Heb. 3:15, Gl. 6:10).

La parte “familia” es clave. La Biblia enseña que en la familia nuclear, así como en nuestras familias de la iglesia, el padre — o múltiples padres en el caso de la iglesia — tienen la responsabilidad de liderar con amor y gobernar humildemente la familia. Este patrón se repite en múltiples niveles: Un marido es la cabeza de su hogar, los ancianos son los jefes de sus iglesias locales, Cristo es la cabeza de la Iglesia universal, y Dios Padre es la cabeza de Cristo (1ª Corintios 11:3, 1ª Ti. 3:4-5, Hebreos 3:6).

Dios quiere que valoremos, honremos y apreciemos este patrón como Él lo hace.

El término bíblico para referirse a un líder de la iglesia es anciano o supervisor. En estos tiempos, con frecuencia, las iglesias llaman a sus líderes “pastor”. Algunas iglesias denominan “pastor” a todo miembro que forme parte del personal que recibe un salario — aun si se trata de alguien del sexo femenino y no un anciano. Para evitar confusión sobre toda la terminología conflictiva, y para estar claras acerca de a qué me refiero, denominaré “padres de la iglesia” a los hombres que ocupan el oficio bíblico de anciano / supervisor, y que gobiernan y dirigen la familia de la iglesia.

Dios nos da un límite claro de cómo debemos honrar el principio del liderazgo masculino en la iglesia. Lo honramos al permitir que los padres de la iglesia gobiernen y enseñen a la familia de la iglesia. La Palabra indica que las mujeres deben permanecer en silencio cuando los padres de la iglesia están proveyendo este tipo de instrucción autoritativa familiar. “Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada” (1ª Ti. 2:12). Ése es el límite que debemos observar si queremos honrar el principio del liderazgo masculino.

Pero, ¿qué significa? ¿Qué ocurre con una mujer que predique un domingo por la mañana? O ¿por la noche? O ¿miércoles por la noche? O ¿martes por la mañana? O ¿si comparte su testimonio? O ¿que enseñe en un estudio bíblico mixto? O ¿a una audiencia mixta en una conferencia cristiana? O ¿enseñe en un seminario donde haya hombres? O ¿dirigir una reunión de oración? O ¿enseñe en un seminario mixto? O ¿mentoría privada a hombres? O ¿predique en la televisión? O ¿en la radio? O ¿instruya a hombres a través de artículos y libros?

Si yo soy una mujer con el don de enseñanza, ¿en qué punto cruzo el límite?

Al igual que en el caso de la pureza, creo que elaborar un conjunto de normas sobre las conductas permitidas al mismo tiempo sería engañosa como ridícula. Por otra parte, creo preguntar “¿qué tan lejos es demasiado lejos?” es hacerse la pregunta equivocada.

Para mí, una pregunta mejor sería: “¿Amo lo que Dios ama?” “¿Mi manera de estimar el modelo de liderazgo de Dios muestra que el valor que le doy a Jesús? ¿Apoyo y respaldo el liderazgo masculino entendiendo que es un aspecto bueno y hermoso del sabio plan de Dios? ¿La manera en que ejerzo mi don de la enseñanza muestra que lo valoro?” Y, “¿cómo puedo honrar a Cristo de una mejor forma tomando en cuenta cómo (y en cuál contexto) enseño?”

Responsabilidad de los padres de la Iglesia

Creo que la pregunta sobre cómo honrar a Cristo a través del ejercicio de mi don de enseñanza gira alrededor del tema de que si estoy actuando como un padre de la iglesia. ¿Estoy haciendo algo que es, o que quizás será interpretado como un lineamiento de dirección doctrinal y espiritual para toda mi familia de la iglesia?

La mayoría de las iglesias se reúnen para escuchar la enseñanza e instrucción de los padres de la iglesia en los cultos de fin de semana; particularmente, el sábado en la noche y el domingo en la mañana. Eso no significa que todos los servicios del fin de semana estén enfocados en la instrucción doctrinal ni en el liderar a la familia, ni tampoco que el fin de semana sea el único momento en que tiene lugar dicha instrucción. Pero por regla general, en la mayoría de las iglesias, el servicio de fin de semana es donde se imparte la enseñanza oficial y se ejercer liderazgo sobre las familias de la iglesia.

Debido a que, por mi bien y el de la iglesia, quiero honrar el pasaje de 1ª Timoteo 2:12, y porque creo que presenta un límite bastante claro acerca de que las mujeres enseñen con autoridad en la iglesia local, por lo general rechazo invitaciones para hablar en servicios dominicales en horas de la mañana. Ese pasaje indica que la enseñanza doctrinal que se imparte en la reunión regular de la iglesia es responsabilidad de los “papás” de la iglesia. La forma en que honro y aprecio el modelo del liderazgo de Dios, es permaneciendo en silencio y dejando a los padres de la iglesia que instruyan a la familia.

Yo digo que por lo general rechazo invitaciones para hablar los domingos por la mañana. Ha habido excepciones. Una vez acepté una invitación para hablar en el Día de las Madres, cuando el padre de una iglesia introdujo mi exposición explicando que quería honrar a las madres con mi instrucción especial a las mujeres en ese día. También he aceptado invitaciones cuando los padres de la iglesia me han solicitado compartir una perspectiva general de la historia y filosofía del pensamiento feminista, o hablar de asuntos culturales o de mujeres, compartir mi testimonio, o para reportar sobre cómo Dios está obrando a través de mi ministerio.

He estado en paneles y he participado en sesiones de “preguntas y respuestas” durante servicios de fin de semana, junto a hombres. En una ocasión cuando el padre de una iglesia y yo enseñamos en equipo, un domingo por la mañana, pues el tema contenía aplicaciones específicas tanto para hombres como para mujeres, y él pensó que sería de provecho para las mujeres escuchar estas cosas desde la perspectiva de una mujer.

También he enseñado hombres en múltiples ocasiones que no calificaban como un culto de la iglesia — tales como campamentos, conferencias, seminarios, clases de seminario y talleres. Más adelante presentaré algunas pautas que utilizo para ayudarme a determinar si acepto o no una invitación para enseñar hombres en un servicio o en una actividad de público mixto de manera que honre el principio de liderazgo masculino de 1ª Timoteo 2:12.

Pero antes de eso, permítanme subrayar que, aunque haya excepciones, creo que, como regla, el valorar y honrar el modelo de Dios acerca del liderazgo significa que me abstengo de enseñar durante el servicio semanal regular de la iglesia (es decir, la predicación del domingo en la mañana) — aunque se me solicite hacerlo. Así como cedo ante mi marido cuando provee liderazgo espiritual a nuestra familia, también lo hago ante el deseo de Dios de que, en la Iglesia, los padres de la iglesia sean quienes impartan la enseñanza y orientación doctrinal para las familias de la congregación.

Lo hago con gozo. No soy un padre de la iglesia. Soy mujer y, por ende, una madre espiritual. Me deleita el hecho de que Dios nos haya creado varón y hembra, y que nos haya equipado para ser padres y madres espirituales. Paradójicamente, debido a que soy una maestra con el don de la enseñanza, podría hacer un mejor trabajo de interpretación del texto bíblico y de predicación del sermón mejor que muchos padres de la iglesia. Pero se perdería el enfoque. No se trata de competir. Dios creó a la familia y, en ésta, los hombres están supuestos a ser los padres y las mujeres, madres. No es una cuestión de quién es mejor o más talentoso al hacerlo. Los roles del hombre y de la mujer no son ni idénticos ni intercambiables.

¿Pueden las mujeres enseñar bajo autoridad masculina?

En algunas iglesias las mujeres predican regularmente en sus servicios. Evaden 1ª Timoteo 2:12 con el argumento de que ellas enseñan bajo autoridad de los padres de la Iglesia. En mi opinión, esto es sumamente no recomendado. En mi matrimonio, me negaría a hacer algo que mi esposo me dijera si claramente es contrario a la Palabra. Mi responsabilidad de obedecer al Señor Jesús prevalece sobre el liderazgo de mi esposo. Si un padre de la iglesia me pide predicar e instruir doctrinalmente a la congregación, seriamente necesito reflexionar si me pide hacer algo que sea contrario a la voluntad de Dios revelada en Su Palabra. Los padres de la iglesia no están facultados a dar permiso para desobedecer la Biblia.

El texto no dice, “Preservar algo que se parezca a la autoridad masculina en las iglesias”. Tampoco, “Una mujer puede enseñar a los hombres en la reunión de la iglesia si lo hace bajo la autoridad de un anciano/padre de la iglesia”. Ni tampoco, “Una mujer puede enseñar si está casada con un anciano/padre de la iglesia”. Como tampoco, “Una pastora puede predicar si forma parte del personal asalariado de una iglesia, y lo hace bajo la autoridad de los ancianos/padres de la iglesia”.

Ese texto dice: “Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada”. Aunque no nos guste, o no estemos de acuerdo, o no lo entendamos, el límite es bastante claro. Dejar a los padres de la iglesia enseñar e instruir a la congregación con autoridad es el estándar de Dios para el servicio público regular de la iglesia local.

¿Está facultado un anciano o un pastor de una iglesia para permitirle a una mujer que desobedezca este texto de la Palabra? Permíteme hacer la misma pregunta en un contexto diferente. ¿Qué pasaría si un anciano te dice que puedes dormir con tu novio o vivir juntos sin casarse? ¿O que podrías defraudar en tu declaración de impuestos? ¿O mentir como testigo en un juicio? ¿Qué pensarías si una mujer en tu iglesia te dice, “puedo leer literatura erótica y obscenidades, y también visitar sitios de pornografía en Internet porque mi pastor me dio permiso, y me encuentro bajo su autoridad?” Considerarías que tal “permiso” es ridículo. Estos ejemplos, aunque extremos, resaltan el hecho de que ningún anciano de la iglesia, obispo, pastor, padre de la iglesia, ni ningún otro oficial de la iglesia, tiene autoridad de darle permiso a las personas para desobedecer a Dios.

Hablando en términos generales, el servicio de los fines de semana en la iglesia es donde ocurre la instrucción doctrinal de la familia de la iglesia. Pero como dije antes, no todos los servicios del fin de semana se enfocan en la instrucción puramente doctrinal (no siempre se trata de un sermón per se), no todos los tipos de instrucción califican como enseñanza exegética, ni todos los tipos de presentaciones se pueden clasificar como “con autoridad” por tanto, obviamente hay excepciones a esta regla. Creo que hay momentos en que es totalmente correcto que las mujeres participen y es recomendable que en ocasiones las iglesias sean intencionales al incluir la perspectiva femenina y de la manera que se estime conveniente.

En resumen, eso es lo que creo acerca de que las mujeres enseñen en los servicios de adoración de los fines de semana. Pero, las personas de la iglesia se reúnen en numerosas otras ocasiones y en diversos contextos. Tienen escuela dominical, grupos pequeños, reuniones de oración, seminarios y conferencias. Todavía más, a menudo los cristianos se reúnen para edificación espiritual e instrucción con personas que no van a la iglesia. Y escuchan podcasts, ven videos y leen libros. Contextos a los cuales la Biblia no se refiere de manera específica. Como mujer, ¿cómo puedo decidir si es correcto enseñar en esos contextos mixtos?

¿Constituye un límite oficial para la familia?

La manera en que determino si la enseñanza a una audiencia mixta en un ambiente cristiano específico, honra el liderazgo masculino, es tratando de comprobar cuánto esa situación particular imita la naturaleza, el rol y la función de un padre de la iglesia al gobernar y proveer instrucción doctrinal pública para la familia de la iglesia local.

Trato de definir el lugar donde se encuentra en cada uno de los ocho aspectos siguientes:

Contexto: congregacional (iglesia) ⟶ no congregacional. ¿Se trata de una iglesia local o no es exactamente una iglesia?
Naturaleza: exegético ⟶ testimonial / inspirador ¿Obligatoriamente debo interpretar un texto de la Palabra o de compartir mi vida y experiencia con soporte bíblico?
Autoridad: gubernamental (directiva) ⟶ no gubernamental (no directiva). ¿En caso de hacerlo establecería un estándar oficial para la comunidad?
Relación: cercana (personal/relacional) ⟶ distante (impersonal/no relacional). ¿Mantengo relaciones comunitarias con estos hombres? ¿Busco ser su mentora?
Compromiso: formal, informal ⟶ ¿Los oyentes han hecho un compromiso formal conmigo o con la comunidad?
Obligación: obligatoria ⟶ voluntaria ¿Están obligados los oyentes a escuchar la enseñanza que se imparte en este contexto? ¿Pueden ser disciplinados y corregidos por su falta de obediencia?
Constancia: habitual (en curso) ⟶ ocasional ¿Ocurre con frecuencia y de forma repetitiva o de manera no frecuente?
Madurez: hermana ⟶ madre ¿Crean mi edad y madurez espiritual una situación en la que hablo como una madre lo haría con sus hijos?

En la medida en que la enseñanza se inclina más hacia la izquierda (la primera parte de cada par), menores serán las probabilidades de que sea el lugar apropiado para impartir enseñanza a un grupo mixto. Mientras más se incline hacia la derecha (en la segunda parte de cada par), es más probable que pueda ser una maestra útil en ese contexto.

Por ejemplo, en el caso de tener que dar una exposición en una conferencia cristiana mixta a nivel nacional, puedo considerar que la actividad es apropiada basándome en el siguiente análisis:

Contexto: No-congregacional. Las conferencias cristianas a nivel nacional quedan fuera del ámbito de la iglesia local (aunque las reuniones denominacionales pueden parecerse más a un ambiente de congregación).
Naturaleza: De testimonio o de inspiración. Dependiendo del contenido, el mensaje puede ser más inspirador y de testimonio que exegético.
Autoridad: No gubernamental. No tendré ninguna autoridad ni responsabilidad de establecer estándares.
Relación: Impersonal. Normalmente no existe una relación personal continua. La relación con los oyentes es bastante distante, similar a la que se puede lograr al leer el libro de alguien. Como oradora invitada, casi nunca conozco los nombres de los participantes.
Compromiso: Informal. No existe pacto formal ni compromiso entre mi persona y el oyente, ni entre él y la comunidad. Luce muy diferente a la enseñanza de un servicio dominical, donde y cuando los miembros de una comunidad se reúnen a escuchar la enseñanza oficial de la iglesia de la cual son miembros.
Obligación: Voluntario. El oyente no tiene obligación de asistir a la charla. Es totalmente discrecional y voluntario (a diferencia de la obligación que tiene un miembro de una iglesia de asistir a los servicios semanales en su iglesia y de obedecer dichas enseñanzas).
Constancia: Ocasional. Una exposición de una sola vez (visito el lugar, enseño y luego me voy) es muy diferente de la instrucción corporativa continua en una iglesia local (como sería, por ejemplo, una clase de escuela dominical).
Madurez: Madre. Me he percatado que en la medida en que envejezco tengo más libertad para instruir a hombres más jóvenes como una madre instruye a sus hijos. Una mujer de mediana edad que instruya a un grupo de jóvenes varones de 17 años de edad, es una situación muy diferente a que sea una mujer joven que les instruya.

Partiendo de mi análisis de la naturaleza del caso basado en los aspectos anteriores, para mí no constituye un problema dar un discurso en una conferencia cristiana, mientras que la mentoría a hombres a quienes lidere en el entorno de un estudio bíblico en hogares para grupos mixtos (sin que se comparta un liderazgo masculino) caería fuera del ámbito de lo que yo consideraría apropiado.

En el análisis final, no te puedo dar una lista estándar de lo que es o no permisible. Sería como tratar de hacer una estricta lista que se ajuste a todos los casos, sobre el contacto físico y afectivo permitido a las parejas durante el noviazgo. No es aconsejable y ni siquiera realmente posible. Todo lo que te puedo decir es que tu decisión depende de la situación. Dios nos da el principio del liderazgo masculino, un límite claro de qué traspasa la línea, y el don de Su Espíritu Santo que mora en nosotras, en la comunidad de los fieles, para ayudarnos a resolver el resto. Y cuando nos equivocamos, Él extiende gracia sobre gracia.

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Sobre el autor

Mary Kassian

Mary Kassian

Marry Kassian y su esposo Brent, viven en Canadá y están celebrando su 25 aniversario de matrimonio. Tienen tres hijos adultos jóvenes y una nuera. Marry es una distinguido profesora en Estudios de la Mujer en el SeminarioTeológico Bautista del Sur en Louisville, Kentucky, y es la autora de varios libros. Regularmente es una de las conferencias en los eventos de Mujer Verdadera.

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