Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cartas a mis hijas, día 2

Recursos del Episodio

Libro de Barbara Rainey (disponible solo en ingles) Letters to My Daughters: The Art of Being A wife

Carmen Espaillat: Barbara Rainey te da una idea de lo que podría ser tu matrimonio.

Barbara Rainey: En el matrimonio no tratamos de fingir. No fingimos en el matrimonio. El matrimonio es para ser uno, para ser transparentes y abiertos. Nos casamos para eso ¿no es cierto? Tenemos que hablar de las diferencias, pero al hablar de ellas, tenemos que hacerlo de manera que honremos y respetemos la manera en que Dios ha creado a esta persona que Él ha traído a tu vida.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: En el día de hoy estamos continuando nuestra conversación en Aviva Nuestros Corazones con mi amiga de muchos años, Barbara Rainey; y si no pudiste escuchar el programa de ayer, puedes hacerlo en AvivaNuestrosCorazones.com, y también puedes leer la transcripción. Vas a querer oírlo porque Bárbara es fácil de escuchar, y vas a sentir como si estuvieras teniendo una conversación con una buena amiga.

Y ese es el tono de su nuevo libro, sobre el cual estaremos hablando esta semana, titulado, Letters to My Daughters: The Art of Being a Wife (Cartas a mis hijas: Elarte de ser esposa, disponible solo en inglés). Es un libro escrito en una manera conversacional, en un formato de carta, hablando del arte de ser esposa y cómo Dios quiere que utilicemos el matrimonio para que sea una obra maestra.

Quizás tu matrimonio no se vea como una obra maestra ahora mismo, pero quiero que sigas adelante, y serás animada a serlo a medida que escuchas la continuación de esta conversación con Bárbara.

Gracias Bárbara por unirte a nosotras nuevamente aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Barbara: Estoy encantada de estar aquí.

Nancy: Pienso que cuando empecé a leer tu libro, me dije, Bárbara y Dennis Rainey, los conozco desde hace muchos, muchos años,¿podrán las personas identificarse con ellos y su matrimonio? Sí, te identificarás con su matrimonio. Vas a poder ver cosas en su historia en el transcurso de la serie que dirás, «sí, yo he estado ahí. Hemos experimentado eso». Quizás estés pasando por eso ahora mismo. Te dará esperanza de que Dios realmente puede hacer la diferencia que necesitas en tu matrimonio.

Y hablando de diferencias, quiero que hablemos de las diferencias en el matrimonio.

Barbara: Podemos hablar de diferencias.

Nancy: Parece que cuando están de novios, las diferencias son cosas que…

Barbara: ¡Oh, tú las admiras! Dices, «es tan extrovertido, y eso me encanta de él».

Nancy: Porque cuando eras más joven eras callada y reservada.

Barbara: Sí.

Nancy: Y Dennis, ¿alguna vez ha sido callado y reservado?

Barbara: Creo que nunca ha sido callado ni reservado. Tampoco inseguro ni tímido.

Nancy: Y él se encuentra aquí con nosotras y está asintiendo con la cabeza. Ves estas diferencias y piensas que es algo genial.

Barbara: Sí, y es un buen cumplido y me hace sentir bien porque él es seguro de sí mismo. Yo no, y así nos balanceamos el uno al otro. Y cuando estás de novia o comprometida, esas cosas se sienten muy bien. Pero después que te casas, a veces…bueno no solo algunas veces, muchas veces esas diferencias de repente vienen a ser lo que vemos como debilidades.

Recuerdo que al principio de nuestro matrimonio esto fue una gran sorpresa para mí. Fui muy sorprendida, porque Dennis es muy espontáneo. De hecho traje una lista de nuestras diferencias. Y luego de que escribí el libro, pensé, debí haber hecho una lista de las muchas maneras en que somos diferentes. ¿Quieres oír mi lista de lo diferentes que somos?

Nancy: Sí, claro.

Barbara: ¿Sí quieren? Está bien. Así de opuestos somos. Realmente somos muy, muy diferentes.

Dennis piensa en sentido global y yo pienso en sentido local.

Él es espontáneo y yo soy muy planificada.

Él es extrovertido y yo muy introvertida.

Su madre le llamaba «correcaminos» como apodo, y yo pensaba que era tan lindo cuando eramos novios, y cuando nos comprometimos pensé, «¡oh qué dulce!» Bueno, él realmente es un correcaminos, es decir, a él le encanta viajar. Le fascina salir y hacer cosas y estar activo constantemente. Yo soy hogareña. (Hablando de contrastes…este era uno bien grande).

Dennis es una persona sociable. Yo soy una persona de tareas y deberes.

A él le encanta la cacería y la pesca, los lugares al aire libre, hermosos. A mí me gustan también, pero prefiero pintar o contemplar el paisaje, hacer caminatas, pero él quiere ir a cazar e ir de pesca.

Su proceso de pensamiento no tiene un orden específico, el mío es secuencial y ordenado.

Su lenguaje de amor es físico. Mi lenguaje de amor es de palabras.

Él procesa información con rapidez. Yo proceso las cosas lentamente, como una olla de cocción lenta, pienso acerca de las cosas por mucho tiempo.

Y lo último que puse en la lista de nuestras diferencias es que él piensa en panorama general y la idea general de algo es suficiente, yo tiendo a ser perfeccionista, y los detalles son importantes para mí.

Somos tan opuestos en cada categoría como se podría imaginar, y eso nos atrajo el uno al otro, pero después de casarnos, eso vino a ser una fuente de conflicto. Tengo una historia que me encantaría contar.

Al principio de nuestro matrimonio, yo tenía la idea de que la manera de tener un matrimonio cristiano era tener un estudio bíblico juntos y compartir un tiempo devocional juntos. Yo tenía esta prescripción en mi cabeza. Recuerda que a mí me gustan los detalles. Me gusta hacer las cosas en un orden en particular y mi esposo no sigue un orden y es muy espontáneo.

Empecé a notar todasestas cosas acerca de él, y él no estaba haciendo las cosas de la manera que yo pensaba debían ser hechas. Decidí que lo que sucedió fue que él no había captado unas cuantas cosas de su mamá, quizás no fue del todo su culpa, quizás ella no se las enseñó, y entonces yo debería hacerlo. ¿No les suena lógico?

Nancy: Después de todo, tú eres su ayuda, ¿no es así?

Barbara: Yo soy su ayuda. Entonce pensé que debía ayudarlo, y quizás lo que Dios quería era que lo ayudara. Así es que traté de ayudarlo a aprender algunas cosas que pensé que necesitaba aprender y cambiar algunas conductas que pensaba que necesitaban entrenamiento, áreas que tenían deficiencias. Comencé a darme cuenta que esa no era una buena receta para un matrimonio feliz porque a medida que me enfocaba en esas cosas que yo pensaba que estaban mal o que él no estaba haciendo correctamente, de repente eso era lo único que yo notaba. Era como si todas las cosas que yo pensaba que estaban mal estaban escritas en tinta neón en las paredes o en su espalda.

Pensaba en todo lo que estaba mal con él desde mi punto de vista, y no eran cosas malas en sí. Nada de esto era pecado. Nada de esto era rebelión. Nada era desamor. Era simplemente diferente a mí. Era un enfoque de la vida completamente diferente al mío, y yo erróneamente lo veía como la manera equivocada de ver la vida, cuando solo era diferente.

Nosotros tenemos una frase maravillosa que Dennis me ha dicho por años, y ahora yo también la digo, porque él está absolutamente correcto: Las diferencias no son malas. Las diferencias solo son diferencias.

Has oído que hay dos maneras de llenar un lavaplatos. ¿Cierto? ¿No, no la hay? ¡Yo soy como tú! Hay diferentes maneras de vivir la vida, diferentes maneras de ver la vida. Y no son incorrectas. Solo son diferentes.

Y el matrimonio es aprender cómo continuar aceptándonos el uno al otro en nuestras diferencias y buscar la manera en que esas diferencias puedan combinarse y como ellas se complementan, porque esa fue la razón por la cual nos casamos.

Nancy: Hablado acerca de lidiar con las diferencias. Háblanos del tema de lavar la ropa.

Barbara: Sí.

Nancy: ¿Cómo lidias con esas diferencias? Esa no parece ser una que traiga mayores complicaciones, pero sí una que estuvo presente por mucho tiempo en tu matrimonio.

Barbara: Era algo muy importante para mí. Recién casada, parte de lo que consideraba mi trabajo era lavar la ropa. Ahora, eso no es siempre es lo que sucede en los matrimonios hoy. La división de trabajos, por así decirlo, en un matrimonio puede hacerse como se decida entre ambos. No es bíblico o antibiblico decidir quién cocina o quién lava, ¿no crees? Pero yo decidí que eso era parte de lo que yo quería hacer y eso no me molestaba hacerlo. Así que desde el principio empecé a lavar la ropa, y todavía lavo nuestra ropa junta.

Desde el principio noté que Dennis siempre volteaba sus calcetines y sus camisetas al revés. Y en algún momento pensé, le voy a pedir que cambie eso porque me tomaba más tiempo voltearlas al derecho. Así que le pedí, «¿podrías cambiar eso?»

Y él me respondió, «¿por qué? Así lo he hecho siempre». No fue como que no lo hubiera tomado en serio. No hubo maldad. Él no entendía que implicaba trabajo adicional para mí.

Y le respondí, «bueno, está bien». Y continúe haciéndolo. Él continuó haciéndolo igual. No cambió, y yo continúe haciendo lo que siempre había hecho.

Escribí en mi libro: «nunca se me ocurrió decirle, “pues, entonces lava tu ropa”». Eso nunca se me ocurrió. Pudimos haber hablado sobre el tema, y quizás encontrar una solución. No sé, pero no fue lo que hice. Lo que hice fue continuar lavando como siempre había lavado y voltear todas sus cosas al derecho, y doblarlas y guardarlas.

Entonces probablemente diez años después, para entonces tendríamos casi seis hijos, todavía seguía lavando la ropa, pero ahora para ocho personas, no solo para dos. Y pensaba, si no tuviera que voltear toda esta ropa al derecho, eso me ahorraría un tiempo, no mucho, pero en esa etapa de mi vida, aun un par de minutos significaban mucho para mí.

Así es que volví a tocarle el tema de nuevo a Dennis, y le dije, «sabes, me ayudaría mucho con la ropa que tengo que lavar, y todas las cosas que tengo que hacer, si no te molesta, que voltearas tu ropa al derecho. Me ahorraría tiempo. ¿Te molestaría hacerlo?»

Y él me contestó, «claro que no».

No fue nada del otro mundo cuando le pregunté más adelante. Parte de eso fue el contexto de nuestras vidas, él entendió que en la etapa que estábamos viviendo cuánto trabajo y cuánta responsabilidad estaba llevando. Al principio en nuestro matrimonio, él no tenía la madurez ni el tiempo para poder apreciar el trabajo que yo estaba haciendo. Estábamos en diferentes lugares.

Lo que aprendí de eso es que pueden suceder cambios, el cambio en conducta puede suceder en todas las etapas de nuestras vidas, pero con frecuencia toma tiempo, y necesitamos ser pacientes y estar dispuestas a confiar en el tiempo de Dios para obrar en nuestras vidas de acuerdo a Su tiempo no al nuestro.

Nancy: Y darnos cuenta que a veces el cambio no va a suceder. Aún habrá diferencias que permanecerán sin importar por cuánto tiempo hayas estado casada. Supongo que Dennis y tú aún tienen algunas diferencias.

Barbara: Somos muy diferentes. Él todavía piensa sin orden y yo aún pienso secuencialmente. Él aún es impulsivo y espontáneo, yo soy planificadora. Aún nos topamos con esto.

Cuando salimos de viaje en carro yo quiero colocar las maletas alineadas en el baúl, y él piensa,¿qué importa? Échalas ahí como sea.

Así es que seguiremos siendo las mismaspersonas que éramos cuando nos casamos. Esas diferencias personales, esas predisposiciones genéticas a ciertas cosas, estarán con nosotros de por vida, y es aprender a vivir con ellas y aceptar esas cosas y aceptar el diseño de Dios en la otra persona. Y también saber que podemos cambiar, y que podemos confiar en Dios, y cuando esperamos y oramos, Dios también puede producir el cambio. Así que es una mezcla de ambas cosas que Dios obra en nuestras vidas a través de décadas de matrimonio.

Nancy: ¿No crees que esas diferencias exponen cosas acerca de nosotras en términos de cómo nosotras y nuestras reacciones necesitan cambiar? Cuando reaccionas a algo, usualmente ese algo no es el problema. Es algo que está siendo expuesto de nuestro propio corazón.

Barbara: Sí. Usualmente es algo aquí dentro porque inicialmente en nuestro matrimonio, y aún hoy, cuando veo algo que no me gusta, es porque es algún inconveniente para mí, me interrumpe. No es solamente algo que quiero, lo cual es una perspectiva muy egocéntrica. Así que usualmente revela lo que hay en nuestro corazón; y eso es lo que hace que esas diferencias salgan a relucir.

Nancy: Mientras piensas en eso, y en el principio de tu matrimonio, ¿crees que es una buena idea que hablen de las diferencias, que las aborden? ¿Cómo haces eso de manera que motive en lugar que desanime?

Barbara: Pienso que tienes quehablar de esas diferencias porque el no hablar de ellas es pretender que no existen. El matrimonio no se trata de fingir. No fingimos en el matrimonio. El matrimonio es para ser uno, y para tener transparencia y ser abiertos. Nos casamos para eso, ¿no es cierto? Tenemos que hablar de esas diferencias, pero al hablar de ellas, tenemos que hacerlo de manera que honre y respete la manera en que Dios ha creado a esta persona que Él ha traído a tu vida.

Es tener la actitud correcta de nuestro corazón cuando hablamos de ellos, y no siempre tenemos la actitud correcta en nuestro corazón, no siempre la tenemos aún hoy, pero cuando nos damos cuenta que nuestros corazones no están bien, pedimos perdón, y llegamos al inicio de esa restauración, y entonces hablamos de, «¿cómo dejo de hacer esto que te está haciendo la vida incómoda o que te está haciendo la vida desagradable?»

Con lo que estamos lidiando ahora en nuestra relación es que en esta etapa no tenemos hijos en casa (y esto es común para muchas mujeres ahora que sus hijos han crecido y se han ido)…por años, toda mi atención estuvo en arreglarlos, ayudarlos, entrenarlos, orientarlos, asegurándome de que dijeran, «por favor y gracias», y todas esas cosas que las mamás hacemos. Bueno, ahora que nuestros hijos ya no están, toda esa energía y toda esa experiencia de entrenamiento que tengo tiende a enfocarse en mi esposo.

Nancy: ¡Seguro que le encanta eso!

Barbara: ¡Oh, a él le fascina! (risas) Tengo que recordar que no soy su mamá, lo cual ya sé, pero de continuo sale en la relación. Y cuando me doy cuenta que estoy siendo crítica o exigente y señalo cosas que realmente no son importantes, entonces debo reconocer que (o él me dice algo o el Espíritu me da convicción) y le digo, «lo siento, realmente no es tan importante. Está bien».

Todas tenemos estas cosas que van a estar con nosotras por el resto de nuestras vidas a las cuales nos vamos a ver sucumbir, vamos a ser retadas por ellas, vamos a luchar con ellas, y se trata de tener un corazón que responda al Espíritu Santo y sea rápido en perdonar. Ahora somos mucho más rápidos en perdonarnos el uno al otro que antes, porque sabemos que muchas de estas cosas no son importantes. Entonces nos perdonamos más rápido que en nuestros primeros días de matrimonio. Y eso es realmente un gozo y un deleite.

Nancy: Fuiste bastante honesta en el libro acerca de la naturaleza de tu ADN que es ser más crítica, más perfeccionista, y es algo que fue modelado en tu hogar cuando estabas creciendo.

Barbara: Correcto.

Nancy: Tú hablas de cómo las mujeres frecuentemente somos de alto control.

Barbara: Lo somos.

Nancy: Nos encanta tener una opinión de: «Así es como debe ser. Así es cómo debe verse». Quizás esto viene con el instinto maternal de entrenar, y también cómo Dios usa el matrimonio para lidiar con esas cosas en nuestras propias vidas.

Barbara: Sí.

Nancy: ¿Cómo has visto a Dios utilizar las diferencias en tu matrimonio para santificarte en esas áreas?

Barbara: Bueno, como mencioné anteriormente, he aprendido que las diferencias son buenas, aunque inicialmente sentía que no eran buenas. Sentía que no eran buenas, y que mi responsabilidad era corregirlas y arreglarlas. Pero he llegado a ver la belleza de lo que Dios ha creado en nuestras diferencias y en hacernos tan únicos como individuos. Y claro, lo veo de cerca y muy personal en mi matrimonio con mi esposo, pero estoy aprendiendo a apreciar eso sobre todos nosotros.

Pienso que es crecer en apreciar la belleza de la complejidad que Dios ha hecho en cada uno de nosotros que somos hechos a Su imagen, por eso es un bello reflejo de quién es Dios. Porque Él ha puesto esas diferencias únicas en cada uno de nosotros, para reflejar quién es Él al mundo.

Nancy: Piensa en una mujer. Piensa que muchas veces tenemos patrones que ni siquiera nos damos cuenta que tenemos.

Barbara: Sí.

Nancy: Tienes a alguien que ha estado casada diez, quince, veinte años y hay un patrón de ver las cosas a través de ojos negativos, a través de lentes negativos, y ella está estancada ahí, y el matrimonio está estancado. Hay fricción. No hay armonía. No hay unidad. ¿Cómo cambias esos pasos de danza? Tú eres la esposa. No es tu papel cambiar a tu esposo.

Barbara: Correcto.

Nancy: Quizás esa es una de las primeras cosas de las que debemos darnos cuenta. Pero, ¿cómo empiezas a marcar la diferencia en la forma como manejas esas diferencias?

Barbara: Pienso que lo primero que tienes que hacer es llevar tu corazón al Señor y decirle, «¿qué no estoy viendo? ¿Cuáles son los puntos ciegos en mi vida?»

En mi libro hablo acerca de que, «el matrimonio es como una danza». Probablemente lleguemos a ese punto más adelante. Pero es una bella imagen de cómo Dios diseñó el matrimonio, y mi responsabilidad como esposa es seguir el liderazgo de mi esposo. Quizás estoy tratando de liderar, quizás estoy tratando de dictar el flujo de nuestra relación con mis críticas o con mi nivel tan alto de control. Todas nosotras mujeres podemos tener un control alto. Y parte de eso se debe a que muchas de nosotras somos madres, pero también es porque pienso que el hogar es nuestro dominio, y queremos controlarlo. Queremos que sea nuestro, y queremos que sea a nuestra manera.

Pienso que tenemos la debilidad de ser así, pero tenemos que comenzar rindiendo nuestros corazones y decir, «Señor Tú hiciste el matrimonio. Tú me hiciste de la manera que querías que yo fuera. Tú hiciste a mi esposo como Tú quisiste que él fuera. Tú eres el que sabe cómo hacer que esto funcione. Si soy crítica, si mi corazón no está bien, necesito que me lo muestres».

Debes estar dispuesta a pedir esto. Y hay momentos, para muchas de nosotras, donde no estamos dispuestas. Yo no he estado dispuesta porque no quería estar equivocada. Yo quería estar en lo cierto, y que él fuera el equivocado.

Pero es decidir que lo que Dios cree es más importante que lo que yo creo y lo que quiero, y a veces tardamos un poco en llegar a esa conclusión como mujeres.

Nancy: Hubo puntos donde tuviste que decir en tu propio corazón, «voy a dejar pasar esto. No voy a dejar que esto, lo que sea….lo voy a dejar pasar. Está bien que seamos diferentes.

Barbara: Correcto. Bueno, recuerdo, como decía anteriormente, cuando empecé a ver estas diferencias en mi esposo, oré por largo tiempo que Dios cambiara todas estas cosas. Y fue obvio que Dios no las iba a cambiar. Él no iba a transformar su personalidad en la de otra persona. Y estoy muy contenta.

Nancy: Al orar así, te encontraste con una fijación en lo negativo, en lo que había que cambiar, en lo que tú pensabas que era negativo.

Barbara: Oh, todo el tiempo. Lo que yo pensé que era negativo, no era negativo. Pero la gran lección para mí en esos primeros años, y que he continuado aplicando a nuestro matrimonio, es: Dios lo creó a él de esa manera. Dios está en control. Y si Él quiere cambiarlo, lo puede hacer, y como tú dijiste, lo dejé pasar…

Literalmente lo dejé pasar. Y dije, «está bien Dios, si Tú quieres cambiar cualquiera de estas cosas, eso es asunto tuyo, no mío. Lo voy a dejar pasar y lo voy a aceptar como él es y voy a confiar en Ti que esto es lo suficientemente grande para Tú manejarlo. Y Tú puedes manejarlo. Y si no quieres manejarlo, confío en ti con eso también».

Así que hay un sentido de que hay mucha rendición a Dios al decir, «Tú puedes hacer esto. Tú puedes arreglarlo si quieres arreglarlo. Y si no, voy a continuar confiando en Ti». Porque Dios tiene planes mayores de los que nosotras pudiéramos imaginarnos.

Si Dios hubiese respondido mis oraciones, yo hubiera sido miserable porque Él hubiera cambiado a mi esposo de una manera que no hubiera sido buena para mí. Yo no sabía lo que estaba pidiendo. Pienso que muchas veces cuando oramos, no sabemos lo que estamos pidiendo. Pero Dios sabe más, y es aprender a someternos a Él y a confiar en Él como nuestro Padre celestial, como nuestro Creador, como el Diseñador del matrimonio, como Aquel que nos llamó juntos. Él nos unió a mi esposo y a mí. Así que Él puede hacer que funcione.

Es mantener esa rendición a Cristo como lo primero y más importante en nuestras vidas.

Nancy: Y luego hay momentos en que necesitas hablar de esas diferencias.

Barbara: Oh, absolutamente.

Nancy: Y hay algo que mencionas que es realmente práctico con relación a esto. ¿Podrías compartirlo con nosotras?

Barbara: Por supuesto, me encantaría. Esto es algo que Dennis y yo iniciamos hace varios años. Cuando tienes una conversación difícil, o cuando sabes que vas a tener una, una de las cosas que hemos practicado en nuestro matrimonio durante todas estas décadas, es decir al principio de esa conversación difícil: «quiero que sepas que necesito hablar contigo sobre algo que probablemente no va a ser muy agradable; no quiero dejarlo pasar, y no me voy a ir de aquí».

Y entonces tenemos la conversación. Muchas veces esta conversación dura diez minutos, a veces horas, a veces se extiende a varios días. Pero al final de estas conversaciones difíciles, siempre le ponemos un «sello» que dice, «te amo. Estoy comprometida contigo y no me voy a ir de aquí. Me casaría contigo de nuevo».

Y ese sello, ese principio de reafirmar tu compromiso el uno con el otro durante conversaciones difíciles, al principio, y especialmente al final, vuelve a solidificar el fundamento que dice, «somos uno. Vamos a sobrepasar esto, y vamos a confiar que Dios lo hará, y no nos vamos de aquí».

En esta cultura de divorcios y matrimonios que van y vienen, realmente necesitamos eso más que nunca. Necesitamos esa ancla, esa estabilidad, el recordarnos el uno al otro: «Yo te escogí. Te amo y no me voy de aquí». Y dilo una y otra vez.

Durante nuestras vidas decimos múltiples veces nuestro juramento de lealtad a la patria, ¿cierto? ¿Pensamos algo cuando lo repetimos? Qué tanto más importante es repetir nuestras promesas en el matrimonio. Deberíamos hacerlo a diario. «Te amo. Yo te escogí. Estoy comprometida contigo. No me voy para ningún lado».

Esa es el ancla. Eso es lo que nos mantiene arraigados el uno al otro cuando la vida se siente imposible, y la vida se pondrá así. Todos atravesamos épocas cuando se siente imposible, en múltiples ocasiones necesitamos esa ancla. Necesitamos esa estabilidad que el compromiso provee cuando nos declaramos eso el uno al otro.

Nancy: Y quizás, a ti que nos estás escuchando, Dios te está hablando a ti ahora mismo acerca de un área de diferencia en tu matrimonio, o quizás el hecho de que hay diferencias y tú has estado convirtiéndolas en obstáculos, barreras y vallas. ¿Qué quiere Dios hacer con esas diferencias? ¿Cómo quiere Él que ajustes tu forma de pensar? ¿Cómo quiere Él que asumas una perspectiva diferente? ¿Cómo quiere que ores de manera diferente? ¿Tú no dejaste de orar por Dennis?

Barbara: No. Yo oré diferente. Yo empecé a orar que Dios obrara en su vida cualidades de carácter positivas. Así que en lugar de orar que Dios cambiara todas estas cosas que yo pensaba estaban mal, yo empecé a orar que Dios desarrollara piedad en su vida.

Yo usaba hombres de la Biblia como mi modelo. En diferentes épocas, usaba uno diferente. En una ocasión, estaba dando un estudio acerca de Daniel con mi grupo de estudio bíblico, y estaba tan impresionada con la vida de Daniel que pensé, yo quiero esas cualidades en mi esposo, y sé que Dios también las quiere. Así que empecé a orar que esas cualidades que estaba aprendiendo de la vida de Daniel fueran evidentes en la vida de mi esposo.

En otra ocasión, estudiaba a José, y oré por esas cualidades para mi esposo también, que Dios las desarrollara en su vida como hombre, porque Dios quiere que todos nuestros hombres que le conocen a Él y le pertenecen, tengan esas cualidades que Él eleva y destaca en Su Palabra.

Así es que cambié mi oración de, «Dios cambia estas cosas» a «Dios desarrolla estas cosas que sé que son Tu voluntad para su vida».

Nancy: Bárbara, dices en uno de los capítulos de tu libro, «Dios toma a dos personas y las usa a ambas en sus vidas respectivamente para hacer que el otro crezca a una imagen más completa de lo que Él tenía en mente».

Esas diferencias son los ingredientes que Dios usa para hacer un bello festín, un banquete, no solo para ti y tu compañero, sino para que otros puedan ser bendecidos y puedan disfrutar la obra del Creador a medida que Él obra a través de tu matrimonio.

Barbara desarrolla esto de una manera hermosa y creativa en su libro titulado Letters to My Daughters: The Art of Being a Wife (Cartas a mis hijas: El arte de ser esposa). (Disponible en inglés solamente). Esta serie de programas a la que dimos inicio ayer, se basa en este libro.

Mañana continuaremos nuestra conversación con Barbara Rainey. Espero que esté siendo de aliento para ti, como lo ha sido para mi. Asegúrate de volver a sintonizarnos nuevamente mañana aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth conversando con Barbara Rainey. Esta serie se basa en un libro escrito por Barbara, titulado, «Cartas a mis hijas: El arte de ser esposa» (disponible en inglés).

Mañana en la continuación de esta conversación, descubrirás por qué el matrimonio es como un proyecto de remodelación en tu hogar. No te pierdas ese próximo programa, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Abrazando el diseño de Dios para nuestras vidas, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Me Rindo a Ti, Jonathan & Sarah Jerez ℗ 2016 Aviva Nuestros Corazones.  Canción usada con permiso.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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