Podcast Aviva Nuestros Corazones

Recursos del Episodio

Libro de Barbara Rainey (disponible solo en ingles) Letters to My Daughters: The Art of Being A wife

Carmen Espaillat: ¿Te has visto tentada a pensar que tu matrimonio no tiene esperanza? Barbara Rainey te brinda esperanza, te da ánimo.

Bárbara Rainey: Mientras tengamos aliento, hay esperanza. Así que mientras tu matrimonio esté respirando, puedes darle esperanza. Y puedes empezar diciendo: «Dios, hoy es el dia en que te entrego nuestro matrimonio. Hoy, te rindo cómo vivimos nuestras vidas y cómo vivimos nuestro matrimonio a Ti». Nunca es demasiado tarde, mientras tengas aliento.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Bueno, espero que estés disfrutando tanto como yo, de esta conversación con Bárbara Rainey. Estando recién casada, yo leí el libro de Bárbara, en ese entonces estaba recién publicado y lo leí con gran expectación, queriendo aprender, queriendo bendecir a mi esposo. Nosotros probablemente no vamos a llegar a tener cuarenta y cinco años de casados, así como Bárbara y Dennis. Así que estamos tratando de aprender algunas de estas cosas un poco más rápido de lo que lo hacen otras parejas que se casan a los veinte años. Hay mucha sabiduría práctica en este libro.

Quiero decirles que Bárbara y su esposo Dennis, son cofundadores del ministerio FamilyLife (Vida en familia), y el programa FamilyLife Today (Vida en familia hoy), a menudo se transmite en las mismas estaciones de radio que transmiten Aviva Nuestros Corazones. Si tu matrimonio necesita un ajuste o algún consejo, o tal vez necesita ayuda urgente o esté pasando otra situación, quiero animarte a que te inscribas en algo que ofrece FamilyLife que es una conferencia para matrimonios que se llama Weekend to Remember (Fin de semana para recordar). Puedes encontrar más información en www.vidaenfamilia.org

En realidad es un fin de semana inolvidable, y es una gran oportunidad para que tu matrimonio sea refrescado y alentado, y es un tiempo aparte, un tiempo para recalibrar. A propósito, Bárbara, por qué no nos informas un poco más acerca de lo que es ese Fin de semana para recordar, y por qué cada pareja debería considerar asistir a uno de estos fines de semana o a una conferencia como esta.

Bárbara: Bueno, un Fin de semana para recordar es justamente eso, es un fin de semana que las parejas se toman—esposos y esposas—para enfocarse en su matrimonio. Y tú sabes que es muy fácil enfocarse en otras cosas, en la educación de los hijos, en nuestra profesión, en nuestro trabajo, en muchas otras cosas, y honestamente, lo que sobra es para nuestro matrimonio.

Y lo maravilloso de un Fin de semana para recordar es que te da la oportunidad, como esposo y esposa, para tener un tiempo apartado y enfocarse el uno en el otro de nuevo. Fue algo muy fácil y natural cuando estaban de novios y comprometidos y en los primeros años de matrimonio, pero la vida tiene una manera de robar el enfoque del uno al otro.

Así que la conferencia de Weekend to Remember, Fin de semana para recordar, te ayuda a regresar el enfoque el uno al otro para que tengan esas conversaciones que solían tener y desarrollen nuevas habilidades, y para que hablen sobre algunos problemas que pudieran tener, y salir de ahí en un estado mejor.

Nancy: Si hay algunos esposos escuchando este programa, porque sé que hay algunos hombres que escuchan secretamente Aviva Nuestros Corazones, este sería un regalo maravilloso para tu esposa. Ella estará muy agradecida. Tal vez quieras darle la sorpresa (o tal vez, conociendo a tu esposa no quieres sorprenderla). Pero creo que ella estará encantada. Quizás no tienes un Fin de semana para recordar en tu área, pero hay conferencias para parejas que muchas iglesias llevan a cabo y podrían sumarse a una de ellas.

Ahora, Bárbara, tal vez, algunas mujeres están pensando: Me encantaría ir pero no sé cómo pedirle a mi esposo. No sé si esto es algo que a él le emocione. ¿Cómo podría una mujer que piensa así manejar esto?

Bárbara: Bueno, tú tienes que conocer a tu esposo. A algunos esposos les gustan las sorpresas, y tal vez a él le gustaría que tú planees un fin de semana lejos y te encargues de todos los detalles. O tal vez a él le gustaría ser parte del proceso. Pienso que tú debes conocer a tu esposo, qué es lo que le gusta, y pensar y planear esto respectivamente.

Nancy: Bárbara, has sido una amiga, una gran motivadora, has sido un ejemplo como mujer, por tu amor por la Palabra, el amor por tu familia, y por estar dispuesta a hacer sacrificios para hacer algo como escribir un libro tan maravilloso como este. Yo sé como escritora, que esto tomó mucho tiempo y esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas.

Es un libro hermoso, Letters to my Daughters: The Art of Being a Wife (Cartas para mis hijas: El arte de ser esposa). Yo digo que es perfecto para cualquier etapa en que estés en tu matrimonio (esta serie se basa en este libro). Tal vez estás recién casada, tal vez has estado casada por décadas, tal vez tienes un matrimonio maravilloso, pero quieres que sea mejor, tal vez tienes un matrimonio que piensas que solo Dios puede salvarlo, o estás en otra situación. Este libro es un gran recurso para ti.

Bárbara, me encanta como describes al matrimonio como «una obra maestra». Eres una artista, así que está en el estilo personal de Bárbara Rainey. El matrimonio es como la cocina fina. El matrimonio es como una gran obra de arquitectura, es como la música elegante, es como una bella danza, etc. Y Bárbara toma estas imágenes verbales, estas ilustraciones, y describe aspectos del matrimonio sacados de su propia experiencia y de la sabiduría que ella ha obtenido de la Palabra de Dios a lo largo de los años, y que serán de gran ayuda y motivación. De gran ayuda y esperanza. Esta es mi opinión de este libro. Es una gran ayuda. Es práctico, y le da esperanza a cualquier matrimonio.

Tú hablas del matrimonio como una gran obra de arquitectura, la construcción de un edificio. Yo sé que tú y Dennis tuvieron un proyecto para remodelar su casa hace algunos años. Y probablemente aprendiste así como yo, durante la construcción de la casa, que no siempre resulta como planeamos o esperamos. Se demora más, cuesta más, y hay muchos retos.

Bárbara: Acabas de describir el matrimonio. ¿Sabías eso?

Nancy: Así que el matrimonio es como una construcción.

Bárbara: Sí exactamente, es como una construcción porque toma más esfuerzo, cuesta más dinero, se demora más tiempo en llegar ahí, y siempre hay imprevistos y dificultades. Cuando hicimos el proyecto para remodelar, al quitar los gabinetes de la cocina, detrás de los gabinetes, en una parte de la cocina había moho negro. No teníamos ni idea de que estaba ahí, porque estaba detrás de los gabinetes de la cocina.

Esto nos llevó a preguntar, «¿qué es lo que está causando esto?» y eso tomó mucho más tiempo. Así que siempre hay cosas que vas a descubrir en el matrimonio así como cuando se construye algo, y eso va a hacer que tome más tiempo y a la larga cueste más y sea más difícil de lo anticipado al principio. Pero si luchas por eso, al final vas a lograr un buen diseño y resultados hermosos.

Nancy: Y como hemos aprendido en nuestra área, los cimientos son muy importantes.

Bárbara: Es crucial.

Nancy: Había una casa en nuestra vecindad, una casa muy hermosa y un día íbamos en el carro, y vimos que la casa se había hundido en el terreno. Tenía un problema en los cimientos, y en una noche casi desaparece la casa. Me encanta lo que dices sobre los cimientos de un matrimonio cristiano, y el proceso que tú y Dennis vivieron durante los primeros años de su matrimonio que dejó un buen cimiento para todos esos años.

Bárbara: Sí, cuando estábamos recién casados, Dennis y yo tomamos la decisión de dedicarle nuestro matrimonio a Cristo. Y aunque ambos creíamos en Él, nosotros éramos creyentes mucho antes de ser novios, y aunque ya teníamos un matrimonio cristiano, y habíamos prometido amarnos y cuidarnos hasta que la muerte nos separara, y lo dijimos en serio, estábamos comprometidos con nuestro matrimonio.

Pero queríamos que fuera algo más que una declaración física de nuestro compromiso, y de las bases para nuestro matrimonio y en lo que queríamos que fuera construido. Así que en nuestra primera Navidad, decidimos ese año (apenas teníamos cuatro o cinco meses de casados en ese momento), dedicarle nuestro matrimonio y nuestras vidas al Señor formalmente. Hicimos una pequeña ceremonia. Y eso en realidad no fue tan importante como lo que sucedió en nuestros corazones.

Ambos tomamos una hoja de papel, y escribimos todo lo que le íbamos a dar al Señor esa Navidad, porque queríamos darle a Él nuestras vidas y nuestro matrimonio, antes de abrir los regalos de nuestra primera Navidad.

Así que escribimos en una hoja de papel, algunas declaraciones simples. «Dios, yo te doy esto...», «te doy aquello...». No las recuerdo todas. Pero las escribimos en una hoja de papel. Les pusimos fecha, las doblamos y las pusimos en un sobre y las guardamos en una caja fuerte.

No hablamos mucho de eso por años. Pero retrospectivamente, vemos que esa fue una decisión muy importante. Fue un momento muy importante en nuestro matrimonio porque fuimos delante de Dios como pareja y dijimos: «Apenas estamos empezando. Esta es una nueva aventura. No sabemos lo que estamos haciendo. No sabemos a dónde vamos. No sabemos cuál es Tu voluntad. No sabemos a dónde Tú nos vas a llevar. Pero queremos ofrecerte nuestro matrimonio. Queremos hacer lo correcto. Queremos que sea tuyo desde el primer día. Y aquí está y a Ti te pertenece».

Pienso que ocurrió una transacción misteriosa en el reino sobrenatural donde Dios vio eso y supo lo que había en nuestros corazones. Y puesto que le habíamos dado nuestras vidas y nuestro matrimonio a Èl, después de años podemos recordar aquello y decir: «En realidad esto fue importante. Fue realmente crucial para nuestra relación el resolver el tema de quién estaba en control y quién era el dueño de nuestras vidas y de nuestro matrimonio desde el principio».

Así es como logras un buen cimiento. No lo puedes lograr sola. Ambos tienen que ofrecerle su matrimonio a Cristo. Y a menudo esto ocurre en la conferencia un Fin de semana para recordar cuando las parejas van y escuchan los principios para tener un buen matrimonio. Ellos dicen: «¡Ah! lo hemos estado haciendo en nuestras propias fuerzas. Aunque somos creyentes lo hemos estado haciendo por nuestros propios medios. Pero ahora vamos a empezar a construirlo juntos. Ahora vamos a empezar con el mismo cimiento».

Nancy: En realidad lo que estás haciendo es invitar a Cristo en ese proceso, porque Él es el gran arquitecto, diseñador, contratista general, para usar esa metáfora. Mientras compartías eso, estaba pensando en un momento de similar importancia para Robert y para mí en nuestro matrimonio cuando comenzamos. Como regalo de bodas, yo compré para Robert y para mí, dos reclinatorios rojos, unos cojines para arrodillarnos.

Yo los tenía en la habitación del hotel. Después de nuestra ceremonia de matrimonio, cuando entramos a la habitación se los di a Robert. Y antes que todo, antes de comer algo, nos arrodillamos juntos en aquellos cojines, e hicimos lo que habíamos hecho previamente pero ahora de una manera muy especial en ese momento. Consagramos nuestro matrimonio y a nosotros mismos al Señor, y reconocimos nuestra necesidad de Él diciendo: «Queremos que Tú vengas y bendigas nuestro matrimonio».

Le dimos gracias a Dios el uno por el otro. Oramos una bendición por nuestro matrimonio. Lo estábamos invitando a Él para que construyera este matrimonio reconociendo que: «Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican».

Piensas en cuántos matrimonios hoy en día están tratando de construir un matrimonio sin la ayuda ni la intervención de Dios. Hay algunas personas escuchándonos hoy, que llevan mucho tiempo así, que no empezaron de esa manera a los minutos o a los meses de casados. Pero no es demasiado tarde para hacerlo.

Bárbara: Nunca es demasiado tarde para eso. Una de las grandes lecciones que he aprendido a lo largo de mi vida y la aprendí de mi matrimonio, la aprendí de educar a mis hijos también, es que mientras tengamos aliento, hay esperanza. Mientras tengamos aliento, hay esperanza. Así que mientras tu matrimonio está respirando, le puedes dar esperanza. Y puedes empezar diciendo, «Dios, hoy es el día que Te doy nuestro matrimonio. Hoy es el día que rindo a Ti cómo vivimos nuestras vidas y cómo vivimos nuestro matrimonio».

Nunca es demasiado tarde mientras tengamos aliento. Así que quiero animar a cualquiera que nos esté escuchando que necesita un nuevo comienzo fresco, que hoy es el día. Hoy puedes hacer esto. Hoy puedes darle tu matrimonio a Cristo e invitarlo a Él para que sea el arquitecto y constructor y gobernador de tu vida y de tu matrimonio.

Nancy: Y para la esposa que quiere que esto suceda, ¿Tiene ella la libertad de ir...? ¿Cómo puede ella hablar esto con su esposo que tal vez no está escuchando esta conversación?

Bárbara: Sí, pienso que ella debe conocer a su esposo y debe saber si él estaría receptivo. Pienso que ella debería orar primero y decir, «Dios, ¿cómo quieres que yo le diga? ¿Cuál es la mejor manera para lograr que esto sea algo que ambos hagamos y no sea algo que solo yo haga?»

No creo que haya algo malo en que una mujer lo haga sola y que su esposo no lo haga si él todavía no ha llegado a este punto. Es mejor que tú lo hagas que esperar hasta que él lo haga. Pero Dios puede obrar y orquestar y crear las circunstancias correctas, el momento apropiado. Tal vez es cuestión de tiempo. Tal vez es algo circunstancial.

Dios te guiará y Él orquestará esto y te mostrará qué hacer, para traer a tu esposo de manera que esté de acuerdo en que es una buena idea. Porque él no necesita que tú le digas que debe hacer eso. Eso no va a funcionar. Pero él necesita ver que es una buena idea, y querrá hacerlo junto contigo para que sea idea de ambos y lo compartan juntos.

Nancy: Ahora, habiendo consagrado tu matrimonio al Señor, así como lo hicieron en ese momento, y así como Robert y yo lo hicimos, ¿significa eso que vamos a vivir felices para siempre, que tienes un matrimonio maravilloso y que nada va a salir mal en el proceso?

Bárbara: Sí. Por supuesto.

Nancy: ¿Y ese es el mensaje de ese libro?

Bárbara: Ese es el mensaje del libro. (Risas)

Nancy: No es así. No es así. Notaste en los primeros años de tu matrimonio que había retos. Estoy segura de que te diste cuenta de eso mucho antes. Nos cuentas en tu libro que empezaste con una visión más segura, y llena de esperanza: «Yo puedo hacer esto». ¿Cuánto tiempo te tomó darte cuenta que ya no estabas tan segura de poder hacer esto?

Bárbara: No tomó mucho tiempo para que yo me diera cuenta de que yo sola no tenía lo que se necesita para lograr un matrimonio como yo quería. En realidad tenía un punto de vista muy ingenuo del matrimonio. Yo acepté a Cristo cuando estaba en mi segundo año de universidad. Crecí en la iglesia, y sabía todos los himnos, y conocía muchas de las verdades, y sabía lo que estaba bien de manera intelectual, pero no había bajado a mi corazón porque no sabía que para ser cristiana yo tenía que hacer algo. No sabía que tenía que recibir a Cristo.

Entonces, hice eso en la universidad, y pocos años después, Dennis y yo nos casamos. Yo todavía era una creyente inmadura cuando nos casamos. Y pensé que porque era cristiana, y porque yo quería vivir mi vida para Cristo, y porque mi esposo estaba comprometido a vivir su vida para Cristo, pensé que todo iba a ser fácil. Significaba que tenía el éxito garantizado.

En verdad pensé eso. Ahora, no era tan ingenua para pensar que nunca iba a tener problemas, pero pensé que serían menores y fáciles de superar. Y aquí fue donde cometí el error.

Pero recuerdo muy claramente, nosotros tuvimos algunos asuntos menores. Pero la primera vez que tuve una verdadera crisis en mi vida, fue poco después del nacimiento de nuestra hija. Ella nació después de nuestro primer aniversario, o un poco antes de nuestro primer aniversario. Así que ella no tenía más que uno o dos meses de nacida. Tal vez yo estaba sufriendo una depresión posparto, pero en esos días no se conocía este diagnóstico, así que no tenía ni idea.

Pero recuerdo que me sentía muy agobiada con la vida, y pensé: «Yo no sé cómo hacer esto. No sé cómo ser madre. No sé cómo cuidar un bebé. No sé cómo tener un matrimonio. No sé cómo ser esposa y madre al mismo tiempo». No habían libros sobre eso. Y yo no tenía ni idea.

Recuerdo que una noche me sentía tan agobiada por la perspectiva de esta nueva responsabilidad de ser madre y esposa al mismo tiempo, que tuve como un momento de pánico. No sabía qué hacer. No sabía a dónde ir.

Nosotros teníamos unos pocos meses viviendo en una pequeña ciudad, y no teníamos amigos. No teníamos familiares cerca. Así que me encerré en el baño principal. Y me senté a la orilla de la bañera, y pensé: necesito salir de aquí. Necesito algo de espacio.

Me senté un rato ahí, y era un baño pequeño que estaba en nuestra recamara principal. Solo tenía una bañera, un inodoro y un lavamanos pequeño. Me senté ahí un rato y después de un rato estaba muy incómoda. Me levanté y me senté en el inodoro un rato y eso no mejoró la situación. Pero ahí me senté un rato. Luego me paré y me volví a sentar en la bañera otro rato. Y tal vez después de una hora, pensé: Esto no va a cambiar nada.

Me estaba sintiendo muy tonta y me estaba sintiendo ridícula, y pensé: ¿Y ahora qué voy hacer? Yo estoy aquí sola, mi esposo está allá en el otro cuarto, y mi bebé está en el otro cuarto, y no sé qué voy a hacer.

Finalmente me llené de suficiente valor y salí. Recuerdo que salí y encontré a Dennis. Y en la bondad de Dios, y en su bondad hacia mí, no se rió de mí, no se burló de mí, y él podría haberlo hecho, porque estoy segura que me veía bastante ridícula, al haberme metido al baño a esconderme.

Nos sentamos y empezamos a hablar. Y hablamos y hablamos y hablamos. No recuerdo lo que hablamos. No recuerdo cuál era el problema. Pero recuerdo que él me recibió y no me rechazó. Hablamos de lo que yo estaba sintiendo, y de lo que estaba pasando en nuestro matrimonio, y de cómo superar esto juntos. «¿Cómo manejar esta nueva vida? Esta bebita y el matrimonio al mismo tiempo. ¿Cómo resolvemos esto juntos?» No era para que yo lo resolviera sola. No era para que él lo resolviera solo. Ambos teníamos que resolverlo juntos como pareja.

Esta fue la primera de muchas conversaciones que surgieron cuando yo me topaba con esos obstáculos imposibles. Hablamos anteriormente que para Dios no hay nada imposible, ¿cierto? Bueno, en ese momento yo sentí que era algo imposible para mí. Pero a medida que salí y hablamos y oramos juntos y me recordé a mí misma que Dios era grande y yo era pequeña, y que Dios se encargaría y me sacaría de eso, me sentí mejor. Después enfrenté a muchas más situaciones a través de los años.

Esos fueron pasos para aprender a confiar en Dios y aprender a depender de la suficiencia de Dios y aprender a entender que Él iba a suplir lo que necesitaba cuando no tenía absolutamente nada que dar. Esa fue una buena lección. Fue una lección difícil de aprender porque ¿a quién le gusta sentirse así? ¿A quién le gusta sentir que no tiene nada que dar, nada que ofrecer?

Es entonces cuando podemos recibir lo que Dios nos quiere dar. Es cuando podemos experimentar Su redención, Su sanidad y Su cambio. Esos fueron buenos momentos. Fueron momentos realmente difíciles. Pero fueron buenos porque Dios se reveló y nos guió.

Nancy: No quiero saltar lo que sucedió cuando saliste del baño y dijiste: «Nosotros hablamos». Parece como algo natural, los dos extremos naturales que muchas personas toman cuando las relaciones son difíciles. Uno es callar, acumular y encubrir las cosas. Y tú sabes lo que nosotras las mujeres hacemos, nosotras cavilamos en lo mismo una y otra vez, y se vuelve como una avalancha, y de repente algo que era pequeño, se convierte en algo inmenso en nuestras mentes.

O, el otro lado es explotar. Hablan, pero es un hablar lleno de ira, apresurado, repentino, palabras que provocan más ira. Pero una de las cosas que tú dices en tu libro es la importancia de aprender a hablar, a no acumular cosas, sino hablar de una manera respetuosa, amable, gentil, y que honra al otro. Y tú y Dennis ambos tuvieron que hacer eso en ese momento.

Bárbara: Sí. Y lo hemos hecho muchas veces en nuestro matrimonio. Yo creo mucho en la comunicación. Cuando digo comunicación, quiero decir hablar. Es oír lo que él está sintiendo y lo que está pensando; y que él escuche lo que yo estoy sintiendo y pensando. Cómo se sintió con lo que yo dije, y cómo lo que él dijo me hizo sentir. Así es como logras unidad, porque no puedo ser motivada a cambiar si no entiendo cómo lo que yo estoy haciendo le afecta a él y viceversa.

Y eso se logra conversando. Y a veces toma horas, es decir muchas horas. Nosotros tuvimos conversaciones que a veces duraban hasta la media noche, porque estábamos determinados a nunca irnos a dormir estando disgustados. Así, decidimos que siempre llegaríamos a alguna conclusión antes de irnos a la cama o antes de irnos a dormir. A menudo fueron conversaciones en la cama.

Nancy: ¿Dijiste que esas conversaciones pueden ser como ventanas? Estás hablando de construir una casa aquí, ¿en qué sentido son como ventanas?

Bárbara: Pienso que cuando hablamos de esos asuntos en detalle, es como tener un vistazo del alma de mi esposo. Me da un entendimiento de él como hombre, que no tenía antes. Pienso que subestimamos cuán vastas son las diferencias entre hombres y mujeres. Algunas veces son muy obvias, y algunas veces no son tan obvias.

Pero cuando entablamos esas conversaciones y comparto con él cómo me siento, y lo que me está sucediendo, lo que estoy experimentando, lo que estoy pensando, entonces eso le da a él la habilidad para entenderme y así construimos una ventana entre los dos donde él puede decir: «Ah, ya entiendo eso». Y yo puedo decir: «¡Ahora entiendo eso de ti! Ahora entiendo por qué piensas de esa manera, o por qué dijiste eso, o lo que sea».

Entonces, estas conversaciones crean ventanas entre nosotros. Si no hablamos, construimos muros, estamos dejando que se levanten muros entre los dos. Y lo que queremos en nuestro matrimonio son ventanas y puertas entre el uno y el otro en nuestro matrimonio.

Nancy: Entonces, ¿cómo inicias tú, como esposa, una conversación con tu esposo sobre un asunto difícil?

Bárbara: Bueno, una de mis historias favoritas en la Biblia es la historia de Ester. Me encanta Ester, y me gustaría conocerla a ella algún día. Yo conozco su historia desde hace años. Pero desde los primeros años de mi matrimonio empecé a practicar algo que ella hizo, y es pedir permiso. No estoy diciendo que tienes que tener permiso para hablar. Tú puedes hablar cuando quieras. ¿Cierto?

Pero para ser oída, algunas veces ayuda el pedir permiso. Así que si quieres hablar de algo muy difícil, la mejor manera de hacerlo es decir: «Tengo algo que me gustaría hablar contigo. ¿Podemos hablar de esto ahora, o quieres que hablemos de esto después?»

Y así has abierto la puerta. Has dicho que quieres hablar de algo pero no has apresurado las cosas. Y eso fue lo que Ester hizo. Ella no se apresuró. Es decir, ella oró y ayunó, ya conoces la historia. Algunas conversaciones necesitan oración y ayuno antes de tener la conversación. Otras conversaciones no necesitan esa clase de preparación. Hay algunas conversaciones que solo necesitas decirlas.

Por ejemplo, un día nuestra lavadora se dañó. No necesitaba orar y ayunar por eso. Solo tenía que decírselo. Pero aún así debía hacerlo en el momento apropiado. No podía levantar el teléfono así de una e interrumpir lo que estaba haciendo. No me acuerdo si le mandé un correo electrónico, si ya estábamos en esa era, o si le llamé y le dejé el mensaje: «Llámame cuando puedas».

Así que tú tienes que analizar y determinar la situación y lo que está pasando para determinar eso. Pero pienso que la mejor manera para iniciar la conversación de un tema difícil, algo que a él lo podría hacer sentir inseguro, alguna conversación difícil, la mejor manera para iniciar la conversación es decir: «Hay algo que tengo que decirte. ¿Cuándo podríamos hablar?»

Y eso lo prepara a él, sin que lleguemos y le volquemos todo de una, sin él saber lo que venía, sin preparación. Sin que él tenga la oportunidad de decir: «Está bien, estoy listo. Hablemos». A veces eso hace una gran diferencia en cómo todo sucede. Por eso me encanta Ester, y me encanta su modelo porque es un buen ejemplo para nosotras como esposas.

Nancy: Hablemos del tono para decir las cosas.

Bárbara: Sí, el tono es muy importante.

Nancy: Es decir, yo sé que ya sabemos eso, pero probablemente necesitamos que se nos recuerde.

Bárbara: Sí, pienso que haciendo eso, siguiendo el principio de Ester, nos da la oportunidad para calibrar nuestras emociones y pensar cómo vamos a decir las cosas. Si le decimos a él: «Hay algo que quiero decirte». Incluso puedes decir, «no va a ser fácil». También nos da la oportunidad para revisar lo que sentimos.

Y cuando piensas en lo que Ester estaba enfrentando, ella pudo haber entrado a la sala del trono y gritar y decir: «¡Idiota! ¿Qué estás haciendo? Vas a matar a toda mi gente!» Bueno, ella no hizo eso. Ella tenía la sabiduría para saber que esa no era la manera para acercarse al rey. Ella conocía las costumbres. Ella conocía las reglas. Ella sabía que necesitaba hacerlo de manera sabia.

Nancy: Ella conocía a su esposo.

Bárbara: Ella lo conocía muy bien. Y este es nuestro reto en el matrimonio. Mi esposo es diferente al tuyo. Y nuestros esposos son diferentes a los otros esposos representados en la audiencia. Y en parte, por eso es que he titulado el libro: El arte de ser esposa. Es una forma de arte para mí conocer a mi esposo, y saber lo que funciona y lo que no funciona para él.

Y así he aprendido a lo largo de los años la mejor manera de acercarme a él, la mejor manera de iniciar esas conversaciones difíciles. Y he aprendido a hacer esto, por lo tanto funciona mejor. Y lo que funciona para mí tal vez no sea la mejor manera para ti.

Pero el principio de Ester permanece. Cuando nosotras honramos y respetamos a nuestro esposo por lo que él es, y lo invitamos a tener una conversación de una manera respetuosa, lo más seguro es que él acepte entablar esta conversación contigo.

Nancy: Estamos obteniendo sabiduría del corazón de Bárbara Rainey. Estamos hablando sobre algunos de los principios que ella escribió en su libro Letters to My Daughters (Cartas a mis hijas: El arte de ser esposa) (Disponible en inglés solamente). Esta serie de programas se basa en este libro, y creo que estos programas son un gran recurso, así que si conoces a otra mujer que se beneficiaría de escuchar estos programas, te animo a compartirlos.

Puedes encontrar este y los programas anteriores en esta serie en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Y te recuerdo que puedes encontrar más información del ministerio «Vida en familia» en VidaEnFamilia.org.

Y asegúrate de unirte a nosotras de nuevo mañana. Barbara Rainey estará aquí con nosotras para hablarnos acerca de cómo funciona la «danza» del matrimonio.

Carmen: En una ocasión en que Dennis y Barbara Rainey bailaron, descubrieron una poderosa ilustración del matrimonio. Mañana Barbara te explicará lo que aprendió acerca de seguir el liderazgo de su esposo. Regresa a tu programa, Aviva Nuestros Corazones.

Abrazando el diseño de Dios para nuestras vidas, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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