Podcast Aviva Nuestros Corazones

Carmen Espaillat: En una ocasión en que Dennis y Barbara Rainey bailaron, se dieron cuenta de que esa era una imagen de lo que es el matrimonio.

Barbara Rainey: Cuando estás bailando (al menos que estés bailando sola) siempre es un dúo, siempre es un equipo. Una persona debe liderar y la otra persona debe seguir.

Carmen: ¿Significa esto que la esposa sigue a su esposo sin pensar, sin poder dar ninguna opinión?

Bárbara: No puedes bailar si tu compañero no se está moviendo. Así que para mí estar completamente pasiva y no moverme, significa que no estamos bailando, que no tenemos una relación.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: En el día de hoy seguimos nuestra conversación con Barbara Rainey. Dennis y Barbara son cofundadores del ministerio FamilyLife (Vida en familia), que es un ministerio que está íntimamente ligado a Aviva Nuestros Corazones.

Todavía recuerdo el día, y hasta dónde estaba sentada cuando recibí una llamada telefónica de Dennis Rainey diciendo, «estábamos conversando en nuestro ministerio con respecto a abrir un nuevo programa de radio que sería para mujeres, con una mujer como maestra. Hemos pensado en ti y creemos que deberías considerarlo, y te llamo para que conversemos al respecto».

Bueno, recuerdo pensar y responder, «¡es una gran idea! De hecho, he estado pensando en ese mismo tipo de programa, pero pienso que yo no soy la persona, están pensando en la persona equivocada. Creo que otra persona debería hacerlo».

Y para resumir la historia, luego de un año y medio, luego de mucha oración y muchas conversaciones con un equipo fabuloso en el ministerio Vida en familia, lanzamos Aviva Nuestros Corazones el 3 de septiembre del año 2001. El ministerio Vida en familia ha sido una pieza clave para nuestro ministerio. Ellos lo apoyaron en un sinnúmero de formas durante esos primeros años. Cumplimos nuestro diecisieteavo aniversario, y ¡estoy tan agradecida por todo lo que Dennis, Bárbara y todo el equipo de Vida en familia han contribuído para nuestro ministerio!

Bárbara y yo hemos sido amigas desde hace mucho tiempo. Ella es una persona que alienta a los demás. Es una artista, hace obras hermosas. Es una mujer cimentada en la Palabra. Tiene un corazón comprensivo y racional. Ella ha vivido el evangelio en el contexto de su matrimonio, ahora ya por cuarenta y cinco años.

Bárbara y Dennis tienen seis hijos y veintidós nietos…y ahora este hermoso libro titulado, Letters To My Daughters: The Art Of Being a Wife (Cartas a mis hijas: El arte de ser esposa). Y Bárbara, ¿es realmente un arte más que una ciencia, el ser esposa?

Bárbara: Realmente lo es, y pienso que eso es parte de por qué es tan complicado. Nosotras quisiéramos un conjunto de reglas, ¿creemos que seria mejor asi, no crees? «¡Dame un lista de verificación, dame diez cosas para hacer, poder marcarlas como completadas… y listo!», pero no es de esa forma. Dios nos ha creado para las relaciones, y las relaciones son únicas.

La obra de relacionarnos es un arte, y Dios es el Artista Maestro, y Él es quien nos equipará para hacerlo.

Nancy: Y Él está en el proceso de tomar nuestras vidas y matrimonios, para transformarlos en algo hermoso. Pero no siempre se ve hermoso desde un inicio.

Bárbara: No se ve hermoso, y nosotras lo complicamos en el camino; todos lo complicamos. Comparto una historia en uno de los capítulos del libro, acerca de hacer un collage. Tomé clases de arte luego de que mi hija menor llegara al segundo año de secundaria. Solo me quedaban dos hijos.

Empecé a experimentar con el arte nuevamente, ¡y fue tan divertido! Fue como un festín después de estar en el desierto por un largo tiempo. Tuve un tiempo grandioso. Pero algo que hicimos en una de nuestras clases fue que tomamos todas nuestras pinturas viejas que pensábamos que no servían o que habíamos arruinado, y las rompimos. (Estábamos tomando lecciones de acuarela, no puedes romper el lienzo, pero puedes romper el papel de las acuarelas). Las rompimos en diferentes formas y tamaños. En algunas añadimos brillo, o añadimos diferentes cosas, y creamos toda una nueva obra de las piezas dañadas.

Pienso que esta es una gran ilustración del matrimonio. Lo arruinamos, cometemos errores, lo dañamos, pero cuando nos rendimos a Dios, Él toma esas piezas y las entrelaza y crea algo bello del desorden que hacemos.

Mucho arte es un esfuerzo sucio. El matrimonio es igual, ser una esposa es igual a esto. Fue a propósito que le puse como título, El arte de ser esposa.

Nancy: Y me encantan las ilustraciones, y también usas términos e imágenes artísticas a lo largo del libro. De hecho, cada capítulo es una metáfora, un símil de lo que es el matrimonio. El matrimonio es como la cocina fina, el matrimonio es como la gran arquitectura, es como la música elegante.

Esto es lo que quisiera que conversemos el día de hoy, y es que el matrimonio es como un hermoso baile. Ahora, mi esposo Robert y yo tratamos de hacer esto en nuestra cocina el otro día. Teníamos una hermosa música de fondo, y le dije, «amor, bailemos».

Bueno, ¡no tengo idea de cómo bailar! Él tampoco tiene mucha idea de cómo bailar, y solamente nos tomamos el uno al otro. No hubiera sido algo que alguien hubiera querido grabar…bueno, quizás alguien sí hubiera querido grabar. (Risas).

Bárbara: ¿No porque fuera hermoso, verdad?

Nancy: No, no era un hermoso baile. Tú y Dennis han hablado durante años de cómo han llegado a la conclusión de que en el matrimonio existen elementos parecidos al baile. ¿Cómo se aplica esta imagen del baile al matrimonio?

Bárbara: Esa es una de mis aplicaciones favoritas. Parte de la razón por la que es una de mis favoritas es porque a mí me encantaba bailar mientras iba creciendo. Cuando era adolescente, mi mejor amiga, quien era mi vecina que vivía atrás de mi casa al otro lado del jardín, mientras estábamos creciendo, atravesábamos el patio y jugábamos juntas…

Cuando éramos adolescentes, éramos pareja de baile. Ella y yo practicábamos los bailes populares de nuestros años de adolescencia. Yo pensaba que era una buena bailarina. Pensaba que bailar era muy divertido.

Cuando nos casamos, en nuestra luna de miel, tratamos de bailar, y probablemente fue similar a lo que tú y Robert experimentaron recientemente. Ninguno de los dos hizo un buen papel bailando, y supe que mis días de baile habían terminado. Pero hace unos años –pienso que fue en el 2008– para navidad nuestros hijos nos regalaron clases de baile. Suena divertido, ¿verdad?

Nancy: ¿Pensó Dennis que era una buena idea?

Bárbara: Él estuvo dispuesto a intentar este regalo.

Nancy: Y ahora le encanta y lo ve como si fuera un deporte.

Bárbara: Él sabía que esto me iba a hacer feliz, y decidió que iba a seguir la corriente. Era algo que él nunca ha aspirado hacer. Él ha querido hacer muchas cosas, pero bailar no era una de ellas.

Nancy: Cazar…pescar…bailar.

Bárbara: Cazar, pescar…bailar…sí, no van realmente juntos, pero yo estaba encantada de recibir este regalo de clases de baile, porque era algo que siempre quise hacer en nuestro matrimonio.

Para lo que no estaba preparada era cuánto iba aprender acerca del matrimonio en esas clases de baile. Realmente no tenía idea. Así que asistimos a nuestra primera clase de baile, era una hora de clase, o quizás hora y media.

Y pensé, yo puedo hacer esto. Puedo ayudarlo, podemos hacer esto juntos. ¡Estaba animada y lista para comenzar! Y para cuando la primera clase terminó, lo primero que me di cuenta fue que no era tan buena como pensaba que era, y segundo, tenía que aprender mucho acerca de seguir el liderazgo de Dennis.

Cuando estás bailando, al menos que bailes sola, siempre es un dúo. Siempre es un equipo. Una persona tiene que liderar, y la otra persona seguir. En la mayoría de situaciones de baile, el hombre lidera, y la mujer sigue.

Cuando ves personas bailando, ¿quién lidera? El hombre lidera. ¿Quién sigue? La mujer sigue. ¿Pero, quién tiene el vestuario más bello? (Risas)¿Quién hace todas piruetas y las vueltas y quien se eleva y hace todas las cosas hermosas? Es la mujer.

¿Pero qué es lo que ella tiene que hacer para poder ejecutar todo esto? Ella debe estar dispuesta a seguir el liderazgo de él. ¿Y cuánto tiempo de práctica invierten para hacer esas cosas? Muchísimo, es un trabajo duro. Muchísima práctica.

Y la razón por la que ellos deben hacer esto es debido a que ella debe estar tan íntimamente familiarizada con su estilo de liderazgo, saber a donde él la va a dirigir, de manera que ella pueda seguirlo, casi ciegamente. Y esa es la imagen del matrimonio.

Aprendí en nuestra clase de baile que debía confiar en mi esposo (quien yo pensaba que no era un buen bailarín, pensaba que yo era mejor que él). ¿No somos así muchas veces en nuestro matrimonio? ¿Cuántas de nosotras pensamos que somos más inteligentes, mejores, o sabemos cómo llegar allí más rápido?

Sí, lo hacemos, ¿verdad? (Risas).

Nancy: Así es.

Bárbara: Nos sentimos de esa forma, lo unico que no tenemos es la valentía de decirlo verbalmente. Pero siempre hay áreas en nuestros matrimonios donde sentimos que somos más inteligentes, o que sabemos más, o que tenemos más habilidades, o que hemos tenido mejor entrenamiento. Puede ser en lo que sea.

Y como quiera, Dios ha dicho que el esposo es quien lidera en este dúo llamado baile, dentro del matrimonio. Así que aprendí en estas clases de baile que tengo un largo camino por recorrer, en seguir a mi esposo y aprender a confiar en su forma de liderazgo.

Era interesante que cuando trataba de corregirlo (lo cual hice), y trataba de ayudarlo a recordar (por que el maestro nos daba instrucciones y escuchábamos, y luego imitábamos) …cuando trataba de ayudarlo a hacer lo que el instructor decía, él cometía más errores, porque trataba de escuchar al instructor y a mí.

Pero cuando finalmente entendí el mensaje de que debía quedarme callada y dejarlo prestar atención al instructor, lo hacía mucho mejor. Y él estaba consciente cuando cometía un error y se disculpaba conmigo, y lo corregía con mayor rapidez.

Si estoy haciendo esto en las clases de baile, ¿cuántas veces he cometido el mismo error en la casa? Cuántas veces estoy tratando de ayudarlo, sugiriendo cosas. «Quizás si trataras de esta forma amor». Debo permitirle liderar y dejarlo que llegue a una conclusión por sí mismo, y que escuche al instructor. Dios es el Coreógrafo Maestro. Dios ha hecho la coreografía en el baile del matrimonio. Él es el Único que lo ha diseñado. Él es el Único que te ha creado, y Él es el Único que ha creado a tu esposo.

Necesito de igual forma escuchar al Coreógrafo. Mi esposo debe escuchar al Coreógrafo, pero no necesita mi ayuda para escuchar al Coreógrafo, y ahí es donde cometemos errores muchas veces. Estoy tratando de ayudarlo a hacer lo que yo pienso que Dios le está diciendo que haga.

Nancy: Así es, hacemos eso muchas veces. ¿Y qué sucede cuando en la pista de baile ambos tratan de liderar?

Bárbara: No funciona bien, cuando pisas el pie de otra persona. Ahí es cuando te sientes frustrada con el otro, porque ambos están tratando de estar al mando, y realmente no funciona de esa forma.

Nancy: Bien, hablemos de cómo se ve esto en la vida real, en tu vida, en el matrimonio de la mujer, en las cuatro paredes de tu hogar, en mi matrimonio. Primero, puedo escuchar a muchas mujeres decir hoy en día, «desearía que mi esposo lidere, pero él no lo hace».

Y tenemos una era nueva (pienso que se remonta a Génesis 3, no es tan nueva) de mujeres queriendo liderar y hombres diciendo, «está bien, te dejare liderar. ¿Quieres tomar el mando?» Entonces tenemos estos hombres pasivos y estas mujeres que resienten a estos hombres pasivos.

Ahí es donde estamos en muchas relaciones. La esposa dice por un lado, «me encantaría que mi esposo tomara algo de liderazgo, pero lo único que él quiere hacer es sentarse y jugar videojuegos o ver juegos de baseball. Él no asume su liderazgo. ¡Alguien tiene que liderar o nada se hará en este hogar!»

Bárbara: Correcto, entiendo, pienso que ahí es donde muchas mujeres se encuentran, pero pienso que nuestra responsabilidad es escuchar al Autor del matrimonio, al Coreógrafo del matrimonio, y descubrir cómo hacer nuestra parte primero.

Soy responsable de mi parte en el baile; no soy responsable de su parte en el baile, así que debo descubrir cuál es mi parte primero en el baile. Necesito manejar cabalmente mi parte en el baile y dejarlo a él que se preocupe de su parte.

La otra cosa que necesito es, cuando él lidera, cuando se levanta del sofá y deja los videojuegos o deja de ver los juegos de fútbol o lo que sea que esté haciendo, y hace algo como sacar la basura o recoger algo o dice, «yo recojo a los niños», debemos ser agradecidas y reconocerle este esfuerzo. Si reforzamos este comportamiento, acciones, actitudes que realmente queremos, entonces él estará más inclinado a hacer esto nuevamente.

Nancy: Afirmarlo, en otras palabras.

Bárbara: Es lo mismo cuando Dennis y yo estábamos tomando clases de baile, cuando él bailaba correctamente y daba los pasos como debía ser, como el instructor nos enseñó, yo decía, «buen trabajo amor, gracias por hacer esto, fue muy divertido». Entonces él estaba más motivado para tratarlo nuevamente.

Si hubiera dicho, «sabes, eso fue maravilloso, pero cometiste este error en este paso». ¿Qué hace eso? ¿Es decir, cómo te sentirías ? ¿Queremos a alguien que nos diga, «hiciste estas diez cosas correctas, pero hiciste estas cinco incorrectas?» No, nadie quiere eso.

Así que si nos enfocamos en las cosas que nuestro esposo hace bien (aún si sentimos que es muy poco) y le agradecemos y le halagamos por lo que hace bien, va a sentirse más motivado a querer hacer más para nosotras. Pienso que es parte de la naturaleza humana. Pienso que no somos diferentes a ellos, pero olvidamos algunas veces que ellos encuentran motivación de la misma forma que nosotras somos motivadas, y es al halagarlos y darles gracias.

Nancy: Así es. Tengo una amiga muy dulce y he visto su matrimonio crecer y madurar durante los años. Hubo un momento en que ellos no se llevaban bien, luchaban mucho, pero hoy tienen un baile muy hermoso en su matrimonio.

Una de las cosas que hemos compartido mutuamente durante los años, cuando estábamos batallando con circunstancias que queríamos controlar y que sentíamos que no podíamos controlar, ella me decía y yo le decía a ella, «recuerda, no eres Dios».

Pienso que en nuestro orgullo, algunas veces asumimos que lo que pensamos que debe realizarse y la forma en que debe hacerse es la forma correcta, la única forma correcta, y cualquiera que no esté de acuerdo con nosotras y no haga las cosas a nuestra manera está equivocado.

Así que parte de esto tiene que ver con decir humildemente, «no existe solo una forma correcta de hacer las cosas».

Bárbara: Absolutamente. Y eso es lo que las clases de baile nos enseñaron, no estoy al mando, el instructor está al mando. Mi esposo está escuchando al instructor y yo escucho al instructor. Y eso es exactamente lo que tenemos que hacer en el matrimonio. No estoy al mando –él tampoco está al mando– del matrimonio, y lo estropeamos muchas veces. Pensamos que nuestros esposos están al mando. Él tampoco está al mando. Él debe estar escuchando a Dios.

Nancy: «El corazón del rey está en las manos del Señor», cuánto más el corazón de mi esposo.

Bárbara: Podemos ayudarlo a escuchar a Dios al no criticarlo, ni menospreciarlo destrozándolo. Si lo halagamos cuando sí escucha a Dios, y lo halagamos por lo que hace bien, estará más dispuesto a escuchar al Instructor y a escuchar lo que Dios quiere que haga. Y esto es lo que queremos al final del día.

Nancy: Me comentaste que tuviste una situación en la que una de tus hijas quería involucrarse en la gimnasia en un nivel más avanzado, más profesional, podríamos decir, y esta situación te trajo a la mente esto de seguir y liderar a en tu matrimonio.

Bárbara: Sí, esta es una de las historias cruciales en nuestro matrimonio. Dennis y yo hemos conversado de esto varias veces desde entonces. Pienso que no hemos tenido ningún otro momento en que sentiamos que estabamos en un callejón sin salida como lo tuvimos en esa ocasión.

Se trataba de nuestra hija que es la cuarta de nuestros hijos y nuestra segunda hija, era muy buena en gimnasia. Ella pasó todos los niveles. Ella estaba en cuarto grado, y querían promoverla al nivel 6, pienso que así fue (y los niveles probablemente son diferentes hoy día a lo que eran en ese tiempo).

Se iba a requerir que ella asistiera al pabellón de gimnasia cuatro noches a la semana después de la escuela, en vez de dos o tres (no recuerdo bien). Era en un gimnasio diferente, quedaba a una hora y media de distancia (de ida), e iban a ser más horas.

Yo tenía la visión de ver a Rebeca asistir a las olimpíadas. La visualizaba recibiendo becas para la universidad. Me encantaba verla competir. Ella era muy buena, es un hermoso deporte, siempre me ha gustado. Desde que era niña me encantaba ver las gimnastas. Había algo ahí que era mágico para mí.

Yo la estaba apoyando en esto. Cuando recibimos toda la información de lo que implicaba estar en este nuevo nivel y cómo iba a ser, Dennis dijo, «mmmmm, no sé. Eso quiere decir que ella estará fuera más tiempo, que estará rodeada de los entrenadores y los demás niños, más de lo que estará en casa con nosotros. No estoy seguro de que realmente sea esto lo que debemos hacer».

Eso inició una discusión que literalmente duró tres meses. Fue una decisión que nos tomó tres meses tomar, porque íbamos para allá y para acá, conversando de ello una y otra vez.

Nunca cambié mi opinión, que era, «debemos permitirle a ella hacerlo, porque ella tiene este don. Dios le dio este talento. ¿Qué si estamos estorbando lo que Dios quiere hacer en su vida?» Era un punto válido, o «debemos sacarla ya que no estará pasando mucho tiempo con nosotros, y debemos instruirla». Otro punto válido, ¿no es cierto?

Íbamos de aquí para allá sin tomar una decisión, porque literalmente no podíamos resolverlo. Una noche salimos a cenar y conversamos acerca de esto…nuevamente. Me estaba cansando de hablar del caso. Finalmente me estaba desgastando. Y no era porque Dennis me estaba irritando o presionando; solo era el resultado de hablar por tres meses sobre una decisión que no podíamos tomar. Recuerdo cuando llegamos a la casa esa noche, sabía que debíamos tomar una decisión.

Recuerdo decirle a Dios, «está bien, Dios, sé lo que dice Tu Palabra. Tu Palabra me dice que debo seguir su liderazgo. Tu Palabra me dice que debo someterme a su autoridad en nuestra relación. No me gusta su decisión, no me gusta hacia donde él está llevando esto. No es lo que quiero hacer, pero alguien tiene que ceder. Alguien debe tomar la decisión de qué se va a hacer. Sé lo que Tu Palabra me dice, y sé que soy yo la que debo hacerlo. Así que esto te lo dejo a Ti. Le diré que seguiré lo que él decida hacer en esto, a pesar de que no me guste y no esté de acuerdo, y seguiré orando para que le cambies su corazón. Pero esto es lo que haré».

Así lo hice. Le dije esa noche que iba a seguir su liderazgo, iba a someterme a su liderazgo de esta familia, y que esperaba que Dios le cambiara su pensar.

Nancy: ¿Le dijiste eso?

Bárbara: Sí, le dije eso. Y realmente lo dije de corazón. No era tratando de manipular de mi parte, realmente lo dije con certeza de que iba a seguir su liderazgo. Y fue tan fascinante.

Durante los siguientes dos días Dios cambió mi corazón. Dios cambió las circunstancias. Él me enseñó cosas que no había visto antes. Y lo que más me sorprendió, fue cuando le dijimos a Rebeca que la íbamos a sacar de la gimnasia (pensaba que ella iba a estar triste, pensaba que iba a llorar, pensaba que iba a ser una gran pérdida) ella dijo, «está bien».

¡No lo podía creer! Ella estaba totalmente conforme con esta decisión. Dios me estaba diciendo, «Yo tengo esto, tengo esto bajo control». Fue una gran ilustración de lo que significa seguir la Palabra de Dios, seguir Su patrón para el baile de nuestro matrimonio, seguir Sus instrucciones, y luego verlo hacer lo que Él sabía que era lo mejor para nuestra familia desde el principio.

Era mi responsabilidad, mi decisión escoger hacer lo que la Palabra de Dios decía, y eso hizo toda la diferencia.

Nancy: Puedo escuchar algunas mujeres pensar, pero soy una líder por naturaleza.

Bárbara: Oh sí. Muchas mujeres piensan así. Y muchas mujeres probablemente son líderes por naturaleza, pero esto no quiere decir que él no puede ser líder. Pienso que muchas veces pensamos que somos líderes por naturaleza, y en algunos aspectos lo somos, pero esto no quiere decir que él no pueda liderar.

Dios nos manda que sigamos su liderazgo. Tu esposo quizás lidera diferente a ti, pero recuerda: ser diferente no está mal, solamente es diferente. Su estilo de liderazgo puede ser diferente a tu estilo de liderazgo, pero Dios todavía quiere que él te lidere a ti y a tu familia.

Nancy: Y eso es clave. Así que cuando hablamos de esto de liderar, de seguir, no estamos diciendo que él toma el control de todo y tú eres simplemente un robot que sigue su liderazgo. No fue ese el caso mientras esperabas que llegaran a una decisión final durante esos tres meses, tú no estabas pasiva.

Bárbara: ¿Pasiva? No. ¿Me escuché pasiva cuando duré tres meses conversando? ¿Te suena eso pasivo a ti? No.

Nancy: Escuché a tu esposo allá atrás…

Bárbara: Se rió, ¿verdad? Él sabe muy bien. Él sabe que no soy fácil de convencer. Quizás soy la más introvertida de los dos, pero no dejaré de decir lo que pienso. Y pienso que él necesita escuchar lo que pienso.

De nuevo, es un baile. Él no puede bailar si yo no le sigo; él no puede bailar si no me estoy moviendo. Así que la idea de que él es el único que piensa, el único que habla, el único que decide, es falsa.

Porque no puedes bailar si tu pareja no se está moviendo. Así que para mí ser completamente pasiva y no moverme, significa que no estamos bailando, no tenemos una relación. Debo estar haciendo mi parte. Debo comunicarme con él, informarle, interactuar con él, tener una conversación.

Honestamente, a medida que hemos hablado de esto desde entonces, quizás es una de cinco (y no podemos acordarnos de las otras cuatro) decisiones donde estábamos en ese callejón sin salida, porque discutimos las cosas y llegamos a un punto donde nos ponemos de acuerdo en nuestras decisiones, casi todo el tiempo.

Esta es la forma en que deben suceder las cosas, porque este es el tipo de baile que Dios quiere que tengamos, donde uno está liderando y el otro está siguiendo, y están trabajando juntos en armonía en el curso de sus vidas.

Casi todas las decisiones que hemos tomado, las hemos tomado juntos, yo siguiéndolo a él y estando completamente de acuerdo. Esta fue una ilustración de que no quería seguirlo porque no estaba de acuerdo. Y esto no ha sucedido tan frecuentemente en nuestro matrimonio, porque hemos conversado acerca de todo con mucho detalle, así que hemos llegado al punto de ser uno, de tener una misma mente.

Nancy: Y pienso que debemos aclarar que no estamos hablando de seguir a tu esposo en pecado, en algo pecaminoso.

Bárbara: Correcto. ¡Absolutamente que no! Si él está sugiriendo que hagas trampa en tus impuestos, o que mientas acerca de algo, o cualquier otra cosa, Dios no nos llama a seguir al esposo que nos está guiando a algo pecaminoso. Este es un caso donde sería sabio conseguir ayuda pastoral o una amiga, si tu esposo está insistiendo que hagas algo contrario a lo que enseña la Biblia.

Pero usualmente no sucede así. Nuestros esposos son pecadores también. Todas nosotras somos pecadoras, todas cometeremos errores. De vez en cuando, él va a liderar de formas que no serán correctas.

En nuestras clases de baile, Dennis me pisaba muchas veces, no porque él quisiera, sino porque él estaba aprendiendo. Pienso que nos olvidamos cuando nos casamos con nuestros esposos, de que ellos todavía no son perfectos.

Sentimos que son perfectos cuando estábamos recién enamoradas y cuando eramos novios, pero ellos no son perfectos. Todavía son pecadores.

Nancy: Igual que nosotras.

Bárbara: Sí. Y por lo tanto, nuestros hombres cometerán errores, y nos pisarán. No es porque no nos quieran, o porque sean malos, sino porque son pecadores. Y ahí es donde el perdón y la gracia y el conversar e interactuar entran en acción y los cubren.

Nancy: Y requiere fe, mucha fe, para creer que Dios es más grande y grandioso que nosotros dos juntos. Podemos confiar que Él escriba nuestra historia, podemos confiar que Él dirige a través de la dirección de otro.

Bárbara: Correcto.

Nancy: Eso es algo aterrador a veces, pero en realidad no es aterrador mientras Dios esté en en Su trono. Pienso que la forma en que bailamos, la forma en que seguimos, demuestra cuán grande creemos que Dios realmente es.

Bárbara: Porque ese es mi trabajo, recordar que Dios está en control, y que Dios es el coreógrafo, no yo ni mi esposo. Cuando estoy confiando en Él, entonces el baile es mucho más fácil, porque sé que Dios puede cuidar a mi esposo sin mi ayuda. Dios puede trabajar en su vida sin mí ayuda. Dios es lo suficientemente grande para intervenir y hacer lo que Él necesite hacer, si confío en Él.

Nancy: Una de las citas que compartí en Twitter de tu libro, que habla con respecto a este tema dice: «Dale el regalo de respeto por quien él es hoy, conociendo que tu regalo (el regalo del respeto) lo libera para convertirse en el líder que Dios sabe que tú necesitas mañana».

Así que Dios nos está moldeando a ambos en nuestro matrimonio. Mientras yo hago mi parte, eso da libertad a Dios para que obre en la vida de mi esposo. Eso libera a mi esposo a responder a la obra de Dios en su vida, y me ayuda a convertirme en la mujer que Dios me ha llamado a ser también. Pero debes estar dispuesta, mientras tanto, a tomar estos pasos difíciles de fe y decir, «Dios, confío en Ti, a pesar de que esto no tenga sentido».

Bárbara: Exactamente. Y lo hermoso es, con el tiempo, después de practicar este baile por un largo tiempo, me encanta que yo soy la que sigue. Estoy tan agradecida que no tengo que estar al mando. Me gusta liderar, pero estoy agradecida de que no estoy al mando de nuestro matrimonio, estoy agradecida por ser la seguidora. No estoy resentida por el hecho de la forma en que Dios me creó, y que Él me diera la responsabilidad y el rol que me dio.

Hemos pasado por muchas cosas en nuestras vidas que aprecio bastante, y estoy agradecida por el diseño de Dios, porque es mucho mejor que mi diseño y la forma en que yo lo hubiera hecho. Así que me encanta seguir. Me encanta dejarlo liderar.

Nancy: Bárbara Rainey dice, «me encanta el diseño de Dios porque es mucho mejor que la forma en la que nosotras lo haríamos».

Sé que lo que estamos hablando hoy es políticamente incorrecto. Es como si estuviéramos ondeando algo rojo delante de un toro, para muchos en nuestra cultura de hoy. ¿Y no es el propósito de Dios que seamos…contraculturales? No con la intención de ser diferentes, sino con la intención de demostrar al mundo la belleza del evangelio.

¿No es esto lo que supuestamente debemos demostrar como la novia de Cristo, la forma en que la iglesia responde a Cristo como la Cabeza, como su Líder, como su Señor? Ahora, en este caso, Cristo siempre está en lo correcto. En el matrimonio tienes dos personas caídas, falibles, pecadoras, bailando.

Pero, ¿cómo aprendemos este baile? Mientras nos sometemos a hacerlo conforme a la manera de Dios, a medida que confiamos nuestras vidas a Dios y a nuestra pareja, seremos capaces de contar la historia del evangelio en la forma en la que el mundo necesita desesperadamente ver y escuchar.

Hay mucho más acerca de este tema con respecto a seguir el liderazgo. Realmente fue muy provechoso para mí, Bárbara, teniendo yo tan poco tiempo de casada. Soy una mujer fuerte, y mi esposo puede confirmarlo. Mientras aprendo hacer esto con gracia y estar dispuesta a no llevar todas las riendas como lo hacía de forma diferente mientras fui soltera por cincuenta y siete años, tu libro ha sido muy útil en esto y en otras áreas. Quiero animar a todas nuestras oyentes que compartan esta serie de programas con otras mujeres. Esta serie se basa en el libro escrito por Barbara, titulado, «Cartas a mis hijas: El arte de ser esposa». (Disponible en inglés solamente).

Puedes compartir fácilmente estos programas (esta serie inició el lunes), a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth hablando con Barbara Rainey.

Hoy escuchamos que, «el amor cubre multitud de pecados». Pero, ¿cuándo cubres los pecados de tu esposo, y cuándo debes confrontarlo? Bárbara y Nancy regresarán mañana para hablarte acerca de esto.

Abrazando el diseño de Dios para nuestras vidas, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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