Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cómo manejar las dificultades

Annamarie Sauter: Nancy Leigh DeMoss dice que cuando Dios está haciendo grandes cosas a través de ti, puedes esperar que lleguen dificultades.

Nancy Leigh DeMoss: He notado cómo en mi propia vida —tras haberme entregado a otros, después de tiempos de ministerio, luego de enormes victorias espirituales— me veo obligada a batallar contra grandes tentaciones.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Los exploradores se preparan durante meses antes de partir hacia el desierto o las montañas. Eso se asemeja a lo que Nancy está haciendo por nosotras. Todas vamos a pasar por tiempos de sequedad espiritual y Nancy nos está ayudando a prepararnos con la serie llamada Atravesando los desiertos de la vida.

Nancy: Hace poco tiempo, fui a un funeral en donde me encontré con una amiga y hablamos largamente. Me contó de los desiertos por los que había pasado recientemente, y ya había escuchado algo al respecto, pero nunca había tenido la oportunidad de hablarlo con ella.

Durante los últimos años, ella había perdido a siete miembros de su familia incluyendo a su mamá y a su hijo de 28 años en un trágico accidente. Su hijo estaba en el ministerio. Recientemente, perdió a su suegra con quien mantenía una buena relación. Ella solo hablaba de este desierto por el que había tenido que pasar. Fue muy, pero muy difícil.

Aquí tenemos a una mujer que servía al Señor a tiempo completo. Ella ama al Señor, está comprometida con Él ; había sido usada por Dios y había pasado muchas vicisitudes en esa etapa de su vida. Ella dijo, “No hay nada que pueda hacerlo fácil, no importa qué tan piadosa seas. No hay nada que pueda convertir un desierto en algo sencillo. Solo, en las últimas semanas, he sentido que la nube se comienza a disipar, la opresión se comienza a disipar”.

No había podido encontrar a Dios. Ella no lo había abandonado y sabía, por fe, que Él no la había abandonado a ella tampoco, pero no podía sentirlo. No podía percibirlo. No podía experimentarlo y mucha gente se ve en esa situación. Todas nosotras nos hemos visto en esas circunstancias por una razón u otra.

Pero es interesante, porque también ella me comentó que “en medio de todo había aprendido, más que nunca, a confiar y a obedecer”. Ella me dijo, “Ha sido largo. Ha sido duro, pero no lo cambiaría por nada”. Quiero asegurarles que pueden salir de sus desiertos diciendo “no lo cambiaría por nada”.

Algunas personas han salido de sus desiertos endurecidas porque no los reconocieron como el plan de Dios para sus vidas. Pero tú puedes salir (de esa experiencia en el desierto) teniendo un carácter suave, tierno y enamorada profundamente del Señor Jesús, con un sentido de Su presencia en tu vida como nunca antes.

Hemos estado leyendo en las Escrituras (de algunas de esas experiencias en el desierto) acerca de la vida de Jesús y la de los judíos en el Antiguo Testamento. Vimos en Marcos capítulo 1 cómo Jesús vivió esa maravillosa experiencia en su bautismo cuando Dios lo identificó como Su Hijo amado.

Inmediatamente después, Dios lo lanzó de lleno a Su ministerio público, pero el primer paso fue atravesar un desierto. “El espíritu inmediatamente lo impulsó a ir al desierto”. En Marcos capítulo 1 leemos “Y estuvo en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; y estaba entre las fieras, y los ángeles le servían”. (Verso 13)

¡Qué manera de empezar tu ministerio! Vas a tener un ministerio público, pero (pensando humanamente) “¡Señor, no me esperaba que fuera así!”

Recuerdo los días cuando empezamos el programa radial de Aviva Nuestros Corazones hace muchos años atrás. Sabía que Dios quería que lo hiciera y me lo había confirmado muchas veces a través de su Palabra y a través de consejos piadosos. La paz del Señor estaba sobre mi propio corazón.

Pero, nunca me imaginé lo difícil que iba a ser; los retos que conllevaría empezar con este nuevo tipo de ministerio y pensé en muchas ocasiones “Señor, nunca esperé esto. No sabía que iba a ser tan retador”.

Jesús, claro está, era Dios, pero como hombre ¿esperaba que su ministerio fuera así? Cuarenta días en el desierto, siendo tentado por Satanás y rodeado de animales salvajes? No se asemeja mucho a nuestro concepto de ministerio público, ¿no es cierto? Pero era el plan de Dios preparar a Su propio Hijo para el ministerio que vendría.

Hemos visto algunas características de los desiertos y hemos visto que es una experiencia que le puede pasar a cualquiera. El hecho de que seas hija de Dios no te hace inmune y el hecho de que estés en un desierto no significa que Dios no te ama. De hecho, esas experiencias desérticas (a menudo) vienen después a tiempos de bendiciones inusuales o grandes victorias en la vida.

Hoy, al repasar estas circunstancias en la vida de Jesús, encontramos otra característica del desierto. No es tan profunda. Es muy obvia, pero creo que necesitamos resaltarla.

El desierto es una experiencia dura. Es un lugar de dificultad, un lugar de privación. Jesús estuvo 40 días sin comida. Estaba hambriento. Estaba solo. No tenía ningún apoyo humano. Había animales salvajes en el desierto. Fue duro. Si no es duro, es muy probable que no sea un desierto.

Los israelitas —como hemos leído acerca de ellos en secciones anteriores en esta serie— llegaron al desierto después de atravesar el Mar Rojo y no había agua. Luego, llegaron a otro sitio donde había agua, pero era amarga. La podías beber pero te iba a enfermar. Llegaron a un lugar donde no había comida. Es difícil cuando tienes a dos millones de personas en el desierto que necesitan comer y tienen sed.

El desierto es duro. Pienso que una de las cosas que lo hace aún más duro es que tenemos una falsa teología que dice que una vez hemos sido redimidas, una vez pertenecemos al Señor, no vamos a sentir dolor nunca más. ¡Ven a Jesús, entrégale tu corazón, entrégale tu vida y va a ser maravillosa! Nadie dice eso —bueno, no la gran mayoría— pero ¿no es esa la expectación que tenemos bajo la superficie? “Si estás bien con Dios, si te rindes a Él, te va a ir bien en la vida”.

Ahora bien, en tu vida eterna te va a ir bien. Eso te lo aseguro, pero “mientras tanto” Dios tiene que ajustar tu vida, santificarte, algo de poda, un poco de purga y alguna que otra transformación — y esa transformación no pasa, usualmente, en la cima de una montaña. Pasa en el desierto.

De vez en cuando, veo la vida que llevan mis amigos ahora mismo y pienso “mi vida es tan fácil”. ¡Cuidado cuando digas eso! Tengo algunos amigos que están pasando momentos muy, pero muy difíciles.

El esposo de una amiga (muy querida) murió de cáncer y he vivido todo este proceso con ella. No solo es viuda ahora, sino que el último año fue muy doloroso al ver a su marido sufrir esa muerte tan espeluznante. El era un hombre joven. Fue todo un horror.

Ha sido un desierto y, ahora, no solamente tiene que lidiar con los recuerdos horrorosos —esta es una mujer piadosa, una mujer que ama al Señor y que quiere ser quien Dios quiere que ella sea y está comprometida a enfrentarlo todo con el Señor— ella también tiene que lidiar ahora con una vida dura.

Pienso en otra amiga, soltera, que acaba de cumplir 50 años . Ella es una intercesora, ella es una guerrera de oración y sufre de una parálisis que la ha venido debilitando por muchos años. Tiene muchos problemas de salud, uno tras otro.

Tiene problemas financieros y está enfrentando esta etapa en su vida donde necesita depender de alguien, pero ¿de quién? Ella no tiene familia y le ha sido difícil mantenerse en contacto con la iglesia y con sus amigos porque no es fácil movilizarla. La vida es dura para Fran en estos momentos. Es dura. Ella ama al Señor, pero la vida es dura.

Pienso en otra amiga a quien le acaba de nacer una bebé con Síndrome de Turner. Han sido nueve meses sabiendo que la criatura tenía este síndrome y esperan ver cuáles serán los resultados —el efecto que tendrá en la vida de esta niña. Con tan solo diez días de nacida, hubo que operarla de corazón abierto. Esos padres han estado enfrentando circunstancias muy difíciles. Ellos aman al Señor. Ellos no están enojados con Dios, pero su vida es dura. El desierto es un lugar duro.

Les voy a señalar algo más acerca del desierto, otra característica. Estando en el desierto, muchas veces, vas a sentir tentaciones intensas, tentaciones intensas. En Mateo capítulo 4, el apóstol nos describe la experiencia de Jesús en el desierto “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo”. (Mateo 4:1) El Espíritu lo llevó hasta el lugar donde iba a ser tentado por el Diablo.

Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, Él estaba hambriento y el tentador vino y le dijo “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.” (Mateo 4:3)

¿No piensas que, si no has comido en cuarenta días, tendrías hambre? ¡Claro que sí! Y si tienes la oportunidad de tener cualquier tipo de alimento, no importa cómo lo consigas, ¿pensarías que eso es una tentación? ¡Por supuesto! De nuevo, no hay nada malo con la comida a menos que no sea ni el tiempo ni el lugar escogido por Dios para tú comer.

Aquí tenemos a Jesús. Él está siendo tentado. No creo que estuviese solamente tentado al final. Al unir los pasajes, parece ser que durante los 40 días estuvo el tentador asaltando a Jesús sin piedad. No sé si Jesús podía ver a Satanás o si todo estaba pasando en su mente —Satanás poniendo pensamientos en su cabeza. No se nos da una descripción tan específica.

En momentos de mi vida, nunca por tanto tiempo, pero por un período de tiempo he sido bombardeada por tentaciones, algunas de ellas no son las que usualmente me tientan a pecar. Algunas veces, una tentación intensa y feroz me viene encima. Eso es parte de estar en el desierto.

¿No te alegras de que Jesús haya pasado por esto? Él sabe cómo ayudarnos a salir de ella. Él pasó por una intensa tentación y nunca pecó. Es por eso que es grandioso que tengamos a un fiel Sumo Sacerdote que sabe cómo ayudarnos cuando estamos siendo tentadas.

Pero el tentador estuvo bombardeando a Jesús sin piedad por cuarenta días. Satanás sabía que Jesús estaba solo. Satanás sabía que estaba débil físicamente y Satanás vio “su oportunidad para derrotar el plan de Dios. Si puedo lograr que Jesús me obedezca a mí en lugar de a su Padre, no va a haber plan de redención”.

Satanás estaba detrás de algo más que Jesús. Él estaba tras nosotras. Él sabía que si atrapaba a Jesús, nunca tendríamos vida eterna. Necesitamos recordar que cuando estamos en una posición débil, ya sea física o emocionalmente, es cuando somos más vulnerables a la tentación.

Alguien dijo, y he compartido esto otras veces en Aviva Nuestros Corazones, “Si estás hambrienta, incómoda, sola o cansada, DETENTE”. PARA para porque es ahí cuando eres más vulnerable a la tentación. Hambrienta, incómoda, sola o cansada ¿no es cierto cuando miras hacia atrás en tu vida?

Si estás pasando por una situación en la que has sido herida, como por ejemplo, un novio que acaba de terminar contigo. Estás más tentada a pecar. Si no has comido, estás sola, estás cansada; has pasado un día duro o semana o un mes. En ese momento es cuando eres más vulnerable a la tentación.

Hace poco les pedí a unas amigas que compartieran conmigo algunas de sus experiencias en el desierto y lo que Dios les había enseñado. Las primeras dos, en devolverme el correo, me contaron que habían enfrentado batallas intensas y muy prolongadas con la tentación sexual —¡por años!

No todo el tiempo, pero durante años. Ellas son creyentes comprometidas a obedecer a Dios, a caminar con Dios, a batallar. Pero fueron expuestas a circunstancias cuando niñas y cedieron en ciertas áreas cuando eran jóvenes.

Ahora, siendo adultas, queriendo amar y servir al Señor, están en la batalla por sus vidas: lidiando con intensas tentaciones ligadas a la moral. Eso es un desierto. Jesús lo sabe. Jesús experimentó ese tipo de tentación.

He notado cómo en mi propia vida —tras haberme entregado a otros, después de tiempos de ministerio, luego de enormes victorias espirituales— me veo obligada a batallar contra grandes tentaciones. Cuando estoy cansada, cuando estoy desgastada, cuando he estado dando de mí, me descuido y me veo vulnerable a ser egoísta, impaciente, a pecar con mi lengua, a ser autoindulgente y a disminuir mi autocontrol.

Ten cuidado cuando te encuentres en esos momentos. Es ahí cuando tienes que apretarte el cinturón. Es por eso que tengo personas que oran por mí, no solamente cuando estamos grabando o en conferencias, sino también después de. Ellos saben que me preocupo por la batalla después de la batalla y es cuando le oran a Dios y le piden que me proteja. El desierto incluye (a menudo) intensa tentación.

Aún nos quedan otras características: Hay peligro en el desierto, peligro. En Marcos capítulo 1 versículo 13 dice que había animales salvajes. No sé qué clase de animales eran, pero sé que eran salvajes y no sé si Dios cerró sus bocas —como lo hizo con los leones que estaban con Daniel en el foso— o si Jesús tuvo que estar rodeado de animales ladrando y aullando durante las horas de la noche. Cuando estuvo solo, ¿piensas que fue tentado con el miedo? Había peligro.

Había peligro para los judíos del Antiguo Testamento mientras caminaban por el desierto. Deuteronomio capítulo 8 dice que “El te condujo a través del inmenso y terrible desierto, con sus serpientes abrasadoras y escorpiones...” (Verso 15) ¡Eso me suena peligroso! Pero Dios los llevó a ese desierto. Dios conoce los animales salvajes. Dios los hizo y Dios es capaz de protegerte del peligro durante “tu estadía” en el desierto.

Puede haber, literalmente, peligros en nuestros desiertos, pero pienso que el mayor peligro es el del maligno que va tras nuestras almas. Él quiere que lo obedezcamos a él en lugar de a Dios y es fácil sentirnos asustadas cuando estamos en el desierto. ¿Qué pasaría?

Quizás estés pasando por un desierto con un hijo o con un padre con una enfermedad terminal y tienes miedo. ¿Cómo voy a vivir sin ellos? ¿Qué va a pasar, si eso sucede? Hay miedo ante el peligro y es natural sentirlo, pero es ahí cuando necesitamos recordar la presencia de Dios en el desierto.

Ese desierto también puede ser prolongado. Puede ser muy largo. ¿Cuánto tiempo estuvo Jesús en el desierto? Cuarenta días. ¿Cuánto tiempo estuvieron los israelitas en el desierto? ¡Cuarenta años!

Una amiga me escribió recientemente y me dijo “He estado caminando por el desierto durante diez años. He perdido a tres buenas amigas por causa del cáncer de seno, he perdido a mi hijo, he perdido la inocencia de mis otros dos hijos, he perdido la presencia física de mis hijos de mis nietos. He perdido la salud, hemos cambiado de casa, hemos tenido que confiar en Dios para cubrir nuestras finanzas cada mes, he sido repudiada por mis padres por mi hermana, me he sentido sola, acongojada, cansada, desolada”.

Dios la ha mantenido por diez años en el desierto. La mayoría de sus circunstancias escapaban de sus manos. Dios la ha mantenido en un desierto de forma prolongada.

Hace un tiempo atrás, recuerdo haber recibido la llamada de una mujer. Ella y su marido eran amigos míos, pero él es un hombre malhumorado y egoísta. Esta mujer me dijo, “No te imaginas lo que es estar casada con este hombre por doce años”. Algunas de ustedes se lo pueden imaginar. Es prolongado. El desierto puede continuar y continuar y continuar.

Una amiga me comentó hace poco, “¡es duro perseverar cuando no sabes por cuánto tiempo tienes que hacerlo!” No sabes por cuánto tiempo vas a tener que continuar bajo las mismas circunstancias. No puedes ver la luz al final del túnel y, si puedes, ¡tienes miedo de que sean las luces de un tren que se te viene encima! Hay oscuridad. No sabes por cuánto tiempo tienes que perseverar y hay otra característica del desierto.

No sé cuál es tu desierto. Puede que hayas pasado varios; puede que estés en uno ahora. Si no estás en uno ahora, espéralo porque viene en camino. Eso te lo puedo asegurar. No sé qué tan pronto.

Es un asunto de cuando no de si sucede. Ese desierto puede ser en tu lugar de trabajo: quizás un jefe difícil de complacer. Puede ser el desierto de la soledad: la pérdida de amigos, de seres queridos, quizás te es difícil moverte y te sientes aislada o sola en el desierto. Puede ser un desierto de dolor: la pérdida de tu pareja, la pérdida de amigos cercanos, la pérdida de un hijo, o quizás el desierto bajo intensa tentación: alguna con la que estés luchando. Es duro.

Quizás es sequedad espiritual. No sabes por qué, pero no estás sintiendo la presencia de Dios como antes. No estás consciente de ningún pecado. No estás consciente de que le has dado la espalda al Señor, abres tu Biblia y es como tener un cartón en las manos que no parece estarte hablando.

Tu desierto puede ser el amar a un hijo difícil o a padres difíciles. Quizás un padre ausente u alguien con quien no te puedas comunicar, que no expresa amor... eso podría ser un desierto. Quizás es tener un hijo con necesidades especiales. Quizás estás en una etapa nueva de tu vida. Tienes a un bebé recién nacido o hijos pequeños siendo madre soltera, eso puede ser una experiencia en el desierto.

Quizás es sentirse sola con el nido vacío. Tengo unas cuantas amigas que están pasando por eso en estos momentos. Para ellas, ese es su desierto. Le entregaron sus vidas a sus hijos y, ahora, ¿qué se supone que hagan? Están tratando de entenderlo de descubrirlo.

Es posible que hayas enviudado recientemente o quizás estés lidiando con padres envejecientes con problemas de salud. O quizás es tu propia salud, una enfermedad crónica. Quizás para ti el desierto es la insatisfacción de añorar una pareja o un hijo, pero a Dios no le ha placido concedértelo.

Quizás son familiares que no son creyentes quienes no entienden tu fe y te ridiculizan. El vivir con eso es un desierto para ti. O el estar en un matrimonio difícil, el rechazo y abandono de un esposo, o el ser envejeciente y sentirte inútil. “¡Dios, llévame contigo!”

Como puedes ver, puede haber desiertos en cualquier etapa de la vida. Todo esto causa tristeza porque hemos venido hablando del desierto durante varios programas, pero quiero recordarte que hay belleza en el desierto. Mientras más oscura la noche, mientras más remoto sea todo, más intensa será la luz de las estrellas.

Ahora, no es que las estrellas brillarán más, literalmente hablando. Es que no va a haber luces que compitan con ellas y, por ende, vas a apreciar su brillo mucho más. Cuando te encuentras en una gran ciudad, con todas sus luces encendidas, no puedes ver las estrellas durante la noche. Pero si sales a un lugar desierto, en una noche clara, puedes ver billones y billones de estrellas. Hay belleza en el desierto si levantas la vista para verla.

Quiero recordarte que es en medio de la adversidad, en medio de las dificultades, en medio del peligro, en medio de una larga prueba, cuando experimentamos bendiciones que no veríamos fuera del desierto.

Dios quiere revelarse ante ti. Él quiere revelarte Su gloria. Él quiere revelarte Su corazón. Él quiere revelarte Sus caminos y Su gracia y muchas veces lo va hacer en medio del desierto.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss volverá para orar. Si te identificas con este mensaje de Nancy, espero que sigas luchando y nunca te des por vencida.

Imagínate que estás tratando de encontrar tu camino en medio del desierto. ¿No sería grandioso el tener a alguien que vaya contigo? ¿Alguien que ha estado en tu lugar, que ha visto y que te puede ayudar a entender qué esperar?

Todas nosotras pasamos por tiempos de sequía y, cuando eso sucede, ¡es tan bueno escuchar series como esta que nos ofrecen una perspectiva de lo que estamos atravesando!

Hay tanta gente que va por la vida actuando como si todo estuviera bien, pero muchas veces las cosas en la vida no lo están. Y es tan bueno poder reunirnos con otras mujeres para ver que las luchas son comunes y juntas ser refrescadas con la Palabra de Dios.

La semana que viene estaremos llevando a cabo la conferencia Revive 15 en Indianápolis. Si no pudiste registrarte te invitamos a unirte a la transmisión en vivo. Todas las plenarias serán traducidas al español. Visita AvivaNuestrosCorazones.com para más información.

Nancy: Señor, abro mi corazón ante las oyentes que están pasando por un desierto en estos momentos. No puedo imaginarme sus circunstancias, lo que pueden estar enfrentando o soportando, lo que están sintiendo, pero gracias porque Tú sabes.

Gracias por entender y gracias por siempre estar. Oro Señor para que Tu gracia ilumine la oscuridad que hay en sus almas; que puedas mostrarle Tu gloria. También oro por que traigas consuelo, paz, seguridad y, que cuando no sientan Tu presencia, ellas puedan saber que Tú estás ahí aunque no se percaten de ello.

Gracias Señor porque nunca nos abandonas en nuestros desiertos con animales salvajes, con tentaciones, con hambre o soledad. Con todo y eso, Tú estás ahí. Eres un Dios que estás presente y eres un Dios bueno. Gracias, Señor. Continúa enseñándonos Tus caminos. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras han sido tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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