Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cómo orar por tus hijos, día 2

Recursos del Episodio

Serie: «Confiados con el corazón de un hijo»

Libro: «Todo niño necesita una mamá que ora», de Fern Nichols.

Link: «Madres en Contacto Internacional»

Annamarie Sauter: ¿Te has dado por vencida al orar por tus hijos?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No te canses de hacer el bien. No te rindas. Sigue orando y sigue aferrándote al Señor, y fíjate que el Señor aún está escribiendo esa historia, y que tus oraciones son una parte importante de esa historia que Él está escribiendo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Ya seas madre biológica o madre espiritual, estoy segura que esta serie de programas titulada, «Cómo orar por tus hijos», te dará una nueva perspectiva de la disciplina de la oración. Hemos estado conversando con dos madres que han aprendido el valor de la oración, Fern Nichols y Marlae Gritter. Ambas son parte del ministerio Madres en contacto internacional, también llamado, Madres unidas para orar.

En el programa anterior, ellas nos recordaron que nuestras oraciones son realmente importantes para nuestros hijos. Hoy iniciaremos escuchando de Fern.

Fern Nichols: He sido muy bendecida al tener un legado, un legado cristiano. Nunca he dudado de la Palabra de Dios. Eso es lo que este legado ha hecho en mí. Todo lo que dice la Palabra de Dios es verdad, y hay más de siete mil promesas en la Palabra de Dios. Ese es nuestro gran legado. ¿Por qué no usarlo?

Nancy: ¿Por qué vivir como si estuviéramos en bancarrota?

Fern: Así es, lo has dicho muy bien Nancy.

Marlae Gritter: Él dice que es fiel a todas las promesas, todas las siete mil.

Fern: Él es fiel a todas esas promesas, pero también lo que la Palabra de Dios hace, es que aunque algunas de las promesas fueran para un tiempo y una persona específica, todavía el principio de esa promesa es para nosotros hoy. Él dice por ejemplo en 2 Pedro capítulo 3 versículo 9: «No queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento». Pero también hay promesas que Él le dio a Josué, donde le dice que todo lo que él pisare, sería su tierra, así que en ese sentido, tenemos que tener cuidado de cómo usamos la Palabra de Dios.

Debemos dividir correctamente la Palabra de verdad. Pero yo sabía que la única manera en que mis hijos crecerían verdaderamente en el Señor era amando Su Palabra. Y hay un versículo en Colosenses que habla de la Palabra de Dios morando en abundancia en nosotros ( 3:16). Oraba esto todo el tiempo por mis hijos:

  • Que ellos amaran la Palabra
  • Que ellos creyeran cada palabra que el Señor nos ha dado en Su carta de amor para nosotros
  • Que ellos permanecieran en la Palabra

Que ellos permanecieran en la Palabra, no solo porque les dije que leyeran la Palabra, sino porque ellos querían verla y conocerla por sí mismos, no solo leerla. Alguna vez oí a alguien decir: «No es tan solo leer palabras; es escuchar Su voz cuando la leemos».

Y la verdad es que es tan hermoso cómo Dios ha respondido esto en sus vidas. Hoy todos ellos aman la Palabra. Es muy emocionante. Podría nombrar a cada uno de mis hijos, pero hay uno en particular que cuando estaba en la escuela secundaria, se sintió muy atraído a la Palabra de Dios.

Yo oraba por él, pero realmente fue el Espíritu Santo el que lo llevó a que memorizara la Palabra. Creo que memorizó doscientos versículos de las Escrituras, todos por su propia cuenta. Bueno, él es un joven muy organizado, y tiene una gráfica grande en su pared. Entras a su cuarto y ves todos estos versículos de la Escritura, escritos a mano, como unos doscientos. Podría ir y mirar en la gráfica, y decir: «Troy, ¿qué dice Proverbios capítulo 1 versículo 7?», y él sabría cómo contestar.

Dios respondió mucho más de lo que le pedí. Nunca hubiera pensado que esa oración pudiera ser contestada de esa manera en la vida de mi hijo, y él ama la Palabra hasta el día de hoy. Todos mis hijos la aman. Y ahora veo que mis hijos les están transmitiendo esto a mis nietos. Al pequeño le encanta memorizar la Palabra de Dios, y él la está guardando en su corazón. Es un legado de oración que estamos dejando cuando oramos intencionalmente.

Nancy: Qué hermoso. Y ese legado no empezó contigo.

Fern: No.

Nancy: Tu madre era una mujer de oración. Cuéntanos acerca de ella.

Fern: ¡Bueno! Mi madre no conocía a Jesús cuando yo era pequeña. Probablemente, cuando yo tenía casi dos años fue cuando ella le entregó su vida al Señor; y Nancy, fue a través de la radio.

Ella tenía un esposo que la amaba, cuatro hijos saludables, una casa, un carro, pero tenía un vacío en su corazón. Y no sabía cómo llenar ese vacío, y empezó a escuchar la radio cristiana cada mañana. Y mientras preparaba el desayuno para la familia, ella prendía el radio y escuchaba la Palabra de Dios. Y un día, en un precioso y divino momento, ella oró con el pastor que predicó en la radio esa mañana, y recibió a Cristo.

¡Estoy hablando de un cambio y arrepentimiento total! Es decir, casi inmediatamente empezamos a ir a la iglesia. Y hay otra manera en cómo vi la mano de Dios sobre mi familia. Ella no sabía a qué iglesia asistir, solo sabía que había una iglesia pequeña en una esquina como a dos millas de nuestra casa. Y era una iglesia que creía en la Biblia, y de la cual estoy muy agradecida, y así fue como todos nosotros empezamos a ir a la iglesia.

Quiero decir, no solo íbamos los domingos por la mañana. Íbamos todos los domingos por la mañana, por la noche, los miércoles, cada vez que abrían las puertas. Y hasta el día de hoy, amo el cuerpo de Cristo. Claro, tenemos debilidades, muchos defectos aquí y allá. Pero te digo, no hay mejor familia para ser parte que la familia de Dios.

Así que ella nos involucró, ella se involucró también. Yo tenía nueve años de edad y tocaba el piano. Ella era la encargada del grupo para principiantes y un día me dijo: «Mi amor, hay tres canciones que vamos a cantar y quiero que tú las toques para nosotros. Trata de no cometer ningún error, pues realmente cuento contigo». Así que practiqué y practiqué. Ella sabía cómo hacía sus cosas, ¡déjame decirte! Así que fue a través de la salvación de mi madre y de querer crecer en el Señor... Su oración principal era que mis hijos conocieran y amaran a Jesús.

Nancy: Así que viste el amor que ella tenía por la Palabra

Fern: Sí, ella amaba la Palabra, y la oración. Orábamos todas las noches, ya sea el Padrenuestro, o cada uno de nosotros oraba. Siempre nos arrodillábamos al lado de la cama. A veces cuando teníamos que ir al supermercado, ella decía una oración de protección por la familia.

Nos llevaba todos los miércoles en la noche a la reunión de oración. Yo era pequeña. Mis piernas aún no alcanzaban el piso. Quedaban suspendidas en la banca de la iglesia, pero sentía y sabía que algo poderoso estaba pasando. Había una atmósfera dulce.

Es admirable cómo una madre con cuatro hijos fuera tan diligente, asegurándose de que sus hijos estuvieran en la iglesia. Luego ella daba ejemplo en la casa, orando y estudiando la Palabra. Teníamos devocionales en las noches, no todas las noches. A veces sí, a veces no. Pero vi ese deseo de enseñarnos la Palabra. Estábamos en una buena iglesia que creía en la Biblia, donde había mucha Escritura y memorización.

Estoy muy agradecida por ese legado. Me pregunto si hubo una oración de una abuela, una bisabuela que oró y fructificó en el corazón de mi madre, y esto me fue transmitido a mí, a mis hijos y ahora a mis nietos.

Nancy: He compartido a menudo en Aviva Nuestros Corazones, lo que para mí significa haber tenido una bisabuela que oraba, a quien nunca conocí y que no veré en este lado del cielo, y quien creo que es humanamente responsable de que mi familia sea cristiana. Compartí la historia de cómo mi padre no era creyente, no creció en un hogar cristiano. Mi padre era un rebelde. Estaba muy, muy lejos de tener la dirección correcta para su vida.

Mis abuelos y familiares eran inmigrantes griegos. Eran dos familias que vivían juntas en la misma casa, dos hermanas se casaron con dos hermanos. Las dos parejas con sus cuatro hijos, vivían en la misma casa. Algunos de ustedes han oído el nombre Ted DeMoss. Él era primo de mi padre y estuvo en el Comité de empresarios cristianos por años.

Ted y su hermano crecieron con mi padre y su hermano; eran primos hermanos. Ted compartía (él ahora está en el cielo con el Señor) un cuarto cuando era un niño, con Yaya, quien era su abuela, mi bisabuela. Ella no hablaba inglés, y él nos contó cómo algunas veces por la noche, cuando él se iba a dormir, la veía de rodillas orando por la familia, por sus hijos y sus nietos.

Él dijo que había veces cuando él se levantaba al día siguiente y ella estaba aún de rodillas, habiendo orado toda la noche por esa familia. Y pienso en mi padre, quien por muchos años estuvo muy alejado del Señor, y luego, cómo Dios de una manera increíble, sobrenatural, atrapó su corazón; cuando la Escritura dice: «No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Rom. 3:12), eso es cierto, y lo vi en mi padre.

Pero el viernes, 13 de octubre de 1950, Dios lo llevó a una reunión donde se estaba predicando el evangelio. Él se convirtió y su vida fue transformada.

Él nunca volvió atrás, y luego a través de toda una serie de circunstancias independientes, mi madre llegó a los pies de Cristo. Dios los unió y empezaron toda una nueva línea familiar de gracia y santidad, llevando el evangelio, y pienso que gran parte de esto se debe a las oraciones de mi bisabuela Yaya.

Ella no vivió para ver las respuestas a todas esas oraciones. Pienso que tal vez está mirando desde el cielo. Pero me pregunto cuántas de ustedes aquí podrían decir que su vida espiritual hoy se debe de alguna manera a las oraciones de una madre o una abuela, ya sea tu madre u otra madre, pero alguna madre, alguna abuela, sus oraciones tienen que ver con tu situación actual.

¿Has notado, así como Marlae y Fern, que hay veces que sientes la tentación de rendirte? La perseverancia es parte de la batalla, ¿no es cierto?

Fern: Así es Nancy. Nosotros lo llamamos el cuarto de espera. A veces Dios nos pone en el cuarto de espera, porque Él tiene algo mucho mejor. Cuando oramos a Dios, no es como en aquella serie de hace algún tiempo llamada Hechizada, donde la protagonista mueve la nariz… le dices a Dios que haga algo y Él lo hace.

Cuando le abrimos nuestro corazón al Señor, debido a una pérdida o un dolor o una carga o lo que sea, Dios se duele con nosotras. Él entiende, pero Él también tiene un plan mejor. Dios es soberano. Él tiene control sobre todas las cosas. Él sabe los planes que tiene para tus hijos, que son para bien y no para mal, y nos recuerda esto constantemente, porque tendemos a ser tercas como las ovejas.

Nosotras solo pensamos en nosotras mismas, en nuestros propios motivos, nuestros sufrimientos, nuestra propia lástima, pero cuando traemos esto al trono de la gracia, es como una hermosa promesa, especialmente con el cuerpo de Cristo que espera. No trates de forzar las cosas, de manipular, ni tratar de que todo salga como planeaste.

Deja que Dios se encargue de eso. Sus caminos son perfectos. Y les pregunto a las mujeres: «¿Cómo podríamos mejorar? ¿Cómo le puedo yo dar sugerencias a Dios de cómo ejecutar Su plan perfecto?»

Marlae: Pero nos encanta hacer eso.

Fern: No es que no podamos abrir nuestro corazón al Señor y decirle cómo nos sentimos, pero en realidad el asunto principal es: ¿Queremos que nuestro amoroso Padre celestial haga lo que Él quiere, que haga Su voluntad en la situación? Entonces sí, el cuarto de espera no es solo un lugar para recordar quién es Dios, sino que también fortalece nuestra fe mientras esperamos.

Nancy: ¿No has notado, Marlae, que a veces en ese cuarto o lugar de espera, algo que el diablo hace es hacer que pierdas la esperanza o que pienses: esto no está haciendo ninguna diferencia. No va a pasar nada... Es decir, te tienta a que te rindas?

Marlae: A él le fascina recordarnos eso. Al enemigo le fascina recordarnos eso, para deprimirnos. A él le encanta que también nos sintamos culpables, y te hundas pensando: «Me voy a rendir. Esto es demasiado difícil». Eso es normal y es muy humano.

Satanás es el gran mentiroso, y sabe cómo atacar nuestras emociones, especialmente cuando se trata de nuestros hijos. Por supuesto, queremos lo mejor para ellos y todo lo que eso implica. Pero es verdad, así como dice Fern, no te rindas, mamá… No te rindas porque Dios sí sabe.

Siempre podemos mirar al pasado, ¿no es así? Es cuando estás en la situación. Siempre podemos reflexionar en lo que pasó y decir: «Está bien, Señor, sé que Tú querías enseñarme mucho con eso también. Sé que Tú querías fortalecer a mi hija, para que fuera lo que es y lo que será, debido a ese tiempo difícil que ella experimentó», pero es muy duro en ese momento.

Debemos mantener nuestros ojos fijos en Él. Mantener nuestros ojos en quién es Él, porque eso no cambia aunque nuestras emociones cambien.

Fern: Jesús sabe, Nancy, de lo que tú estás hablando, la tentación de rendirnos y de perder la esperanza. Él sabe eso y esa es nuestra naturaleza humana que siempre nos tienta. Por eso es que Él es tan bueno. En Su Palabra Él constantemente, una y otra vez, especialmente en el libro de Juan, habló de no desfallecer. En Lucas capítulo 18 versículo 1, Él dice que debemos «orar en todo tiempo, y no desfallecer». No dejes de orar.

Nancy: Cuéntanos acerca de la historia que Él narra ahí en Lucas 18 sobre la viuda.

Fern: Sí.

Nancy: Él dijo que deberíamos «orar en todo tiempo, y no desfallecer», no desmayar, y luego cuenta la historia sobre la viuda que tenía una necesidad.

Fern: ¡Me encanta esta viuda! Es decir, ella fue a este juez injusto, corrupto, malo, y gruñón, bueno estas son algunas palabras que he agregado a la Biblia. Ella tenía un asunto al cual tenía derecho según la ley.

Este juez estaba tan cansado de la insistencia de esta mujer, porque él no estaba verdaderamente preocupado por hacer algo por ella. Ella era un inconveniente. Ella era una molestia, pero ella seguía insistiendo.

No se iba a dar por vencida aunque este juez fuera tan sinvergüenza. Hasta que por fin él dijo: «Está bien, está bien, aquí está. Aquí está la justicia. Te voy a dar lo que me pides. No me vuelvas a molestar nunca más».

El maravilloso contraste con esta historia es lo que Jesús está diciendo, «Dios es el juez supremo pero nunca se cansa de ti. Él quiere que te acerques a Él. Que sigas acercándote a Él. Él quiere hacer justicia. Quiere responder tu petición. Él no es gruñón, es amoroso y bondadoso». Ya llegará ese precioso momento cuando recibas la respuesta.

Es probable que veas la respuesta, o es probable que no, así como Yaya. Tal vez ella la vio en el cielo, así como tú dijiste, pero tan solo el contraste entre ese juez terrenal y nuestro maravilloso Padre y Juez celestial… El asunto fue que ella siguió insistiendo y siguió insistiendo.

Mira, Satanás nunca se toma vacaciones, y tiene nuevos esquemas y planes para nuestras vidas, la vida de nuestros hijos, y de nuestros nietos. Si pudiéramos decirlo de esta manera, tomarnos unas vacaciones para no venir delante del Juez supremo, entonces pasarían muchas cosas, porque le estaríamos permitiendo a Satanás que ataque, porque no estamos usando el privilegio y el poder que Dios le ha dado al cuerpo de Cristo ante Su trono, para recibir misericordia y gracia en tiempo de necesidad.

Nancy: En realidad tienes que vivir como un guardia sobre una muralla, o un centinela, alguien que siempre está vigilando, siempre vigilante.

Fern: Así es. Siempre vigilante.

Marlae: Pienso en otra de las mentiras del enemigo, en realidad no es que lo pienso, sino que lo sé porque la he experimentado en mi propia vida. Pienso que él especialmente ataca a las mujeres para que no se sientan seguras. Al enemigo le encanta que sintamos como: «Mi oración no es importante. Mi pequeña oración insignificante, y tal vez no sé ni cómo orar. Mi oración no importa».

A él le encanta hacernos daño, y esa es una gran mentira, porque tus oraciones, mamá, aunque las digas titubeando, así como ella dijo… lee la Palabra, abre la Palabra. Tu oración es importante, y este es el mensaje que compartimos con las mujeres. Tu oración es importante, mamá. Él es muy bueno en hacernos creer la mentira.

Nosotras pensamos, no soy lo suficientemente buena. Él hace que nosotras nos veamos horribles, y hace que no oremos. ¡No creas esa mentira! Esa es su gran mentira.

Solo quiero animarte, pues estamos hablando de un legado. Yo también tuve un maravilloso legado de una bisabuela que oraba. Pero algunas de ustedes, tal vez están pensando: «Ni siquiera puedo pensar en alguien que haya orado por mí».

Pero quiero animarte, esto ¡puede comenzar contigo! Piensa en que tus nietos digan algún día: Fue mi abuela quien oró por mí.

Mira, no te conformes con eso. No te sientas mal por eso. Agradece que estás aquí, y sé tú la abuela o la bisabuela que empieza el legado. Me encanta eso. Esa es Su gracia.

Nancy: Amén, así es.

Me acordé de la historia de Agustín, quien fue uno de los grandes teólogos de todos los tiempos. Él estuvo muy alejado del Señor por muchos años, pero tuvo una madre que oraba, se llamaba Mónica. Parece que por muchos años, no solo sus oraciones no fueron contestadas, sino que su hijo parecía ir en la dirección opuesta.

Él era inmoral. Estaba viviendo un estilo de vida extravagante. Luego huyó a Roma, y ella estaba orando para que eso no sucediera. Y parecía que nada de lo que ella pedía en oración sucedía. Pero fue cuando él estaba en Roma, que Dios llamó su atención y se convirtió y su vida fue transformada; y Dios hizo de él uno de los grandes padres de la iglesia, uno de los más grandes líderes cristianos de todos los tiempos.

Piensa en esto, ¿no te alegras de que Mónica nunca dejó de orar hasta que él llegó a los pies de Cristo? Ahora, Dios puede hacer Su voluntad con o sin las madres. Nosotras nos alegramos de esto, pero en la providencia y la soberanía de Dios, Él ha establecido que un medio de gracia para alcanzar la siguiente generación, es a través de las oraciones de madres y padres.

Solo piensa, nosotras podemos ser parte de eso, aferrándonos a Dios y a su misterio. Nosotras no sabemos. No es como esta correspondencia de persona a persona. No es que tú oras y de repente todo sucede. Muchas veces toma años.

¿Cuántas de ustedes todavía tienen un hijo o una hija, o un nieto, por quien tienen una gran carga en su corazón, y todavía no han visto la luz? ¿No han visto la respuesta a sus oraciones? Levanten sus manos.

Sé que hay muchas muchas manos levantadas. Pienso que, tal vez la palabra de aliento, una palabra de aliento es, no te canses de hacer el bien. No te rindas. Sigue orando. Sigue aferrada al Señor. Cree en esto y recuerda que el último capítulo no se ha escrito todavía, el Señor aún está escribiendo esa historia, y tus oraciones son una parte importante de esa historia que Él está escribiendo.

Annamarie: Todas experimentamos desaliento y nos cansamos entre los muchos quehaceres diarios. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado ayudando a ver lo valiosas que son nuestras oraciones, junto a Fern Nichols y Marlae Gritter.

Puedes encontrar tanto los audios como las transcripciones con enlaces a recursos relacionados a este programa, en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Visítanos, haz uso de estos recursos y compártelos con otras mujeres en tu círculo de influencia.

Ahora Nancy regresa con unas últimas palabras.

Nancy: Sé que el tema de hoy es muy importante porque he oído de muchas mujeres preocupadas por sus hijos y sus nietos, quienes han rechazado la fe en la que crecieron. Aquí en Aviva Nuestros Corazones hemos dedicado varias series al tema de la oración. Las puedes encontrar en AvivaNuestrosCorazones.com. La razón es porque las necesidades en el mundo son muy grandes. Necesitamos desesperadamente de líderes cristianos y sabios, en este tiempo tan oscuro. Pero para muchas mujeres, las necesidades más apremiantes no están «allá afuera», lejos, en ese mundo, sino muy cerca, en sus hogares.

Annamarie: Cuando un hijo se aleja de las verdades que ha escuchado, esto rompe el corazón de sus padres. Pero, ¿cómo puedes orar por un hijo pródigo? Hablaremos acerca de esto en la continuación de esta serie, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Llamándote a orar por un derramamiento del Espíritu de Dios en tu familia, en tu iglesia y en el mundo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Ven a Mi Casa, Abel Zavala, Ven a Mi Casa, ℗ 2016 Abel Zavala

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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