Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cuando te sientes sola

Temporada:  Salmo de la cruz

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que la mayoría de las personas pasan algunos valles de soledad.

Nancy Leigh DeMoss: Creo que en ocasiones Dios nos permitirá estar en un lugar donde sentimos que no hay nadie más que pueda ayudarnos, para que nos volvamos al que sí puede ayudarnos – al único que puede ayudarnos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Cuando las personas que más amas no te pueden ayudar, te invade un sentimiento de mucha soledad.  Nancy te prepara para tiempos como estos al continuar con la serie, El Salmo de la Cruz.

Nancy: En esta semana estamos conmemorando los eventos que para nosotras como cristianas son centrales y cruciales para nuestra fe.  Celebramos el nacimiento de Cristo en la Navidad, pero si Él solo hubiera vivido y si no tuviéramos la cruz y la resurrección, no tuviéramos fe, no tuviéramos una fe que valiera la pena. No tuviéramos verdadera fe, no tuviéramos esperanza de vida eterna.

Así que en medio de cualquier otra cosa que estés pasando en tu semana, espero que estés tomando el tiempo para meditar en la cruz. Para fijar tus ojos en Cristo y considerar que es lo que Él ha hecho por nosotras y que en realidad nos entristezca lo que nuestro pecado le hizo. Pero también, regocijarnos en la vida que tenemos ahora como resultado de Su muerte y de que Él vive para siempre.

En esta semana, tenía otros planes de lo que iba a enseñar, sin embargo hace unos días sentí como que el Señor puso en mi corazón  ir al Salmo 22.  Nunca antes había enseñado el Salmo 22.  Hace varios meses el Señor usó este pasaje en mi propio tiempo devocional, para hablarme en una manera fresca y darme ánimo para enfrentar desafíos y  hacerlo bajo la luz de lo que Cristo ha hecho por nosotras.  Cada vez que lo leo, veo cosas nuevas, perspectivas nuevas y una nueva revelación de Cristo, mientras lo contemplamos a Él  en este Salmo profético, mesiánico del Antiguo Testamento.

Ahora, dijimos que este Salmo se divide en dos secciones.  Todavía estamos en la primera sección que es, ese clamor de angustia del Señor Jesús, el siervo sufriente, quien  está llevando nuestro pecado en la cruz, quien se ha hecho  pecado por nosotras.  Y vimos en los primeros dos versículos cómo Él clamo: “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?” que el dolor más insoportable que Él estaba soportando era el sufrimiento espiritual, la separación de Su Padre, porque El cargo nuestro pecado, Dios tuvo  que darle la espalda a Su precioso  Hijo.

Y hemos visto también las oraciones que Él ofreció, el hecho de que Él entendió que Dios es Santo, y por eso fue que Dios tuvo que darle la espalda al pecado.  “Dios es demasiado puro de ojos para ver el mal,” dice la Escritura.  Jesús entendió eso, y sin embargo Él continúo clamando y expresando la magnitud de lo que Él estaba sufriendo.

Vimos el sufrimiento psicológico que soportó, el desprecio, el ridículo, los insultos, los escarnios de aquellos que estaban alrededor de la cruz, pero también la manera en que en cualquier momento en que amamos a Cristo de una manera menor a la que Él es digno, le causamos sufrimiento. Añadimos al sufrimiento que Él experimentó  en la cruz.  Y eso fue importante.

Y hoy llegamos a los versículos 9 y 10, todavía estamos en la primera mitad, donde Él está clamando al Señor con oraciones y suplicas sinceras.  Hemos dicho que parece que Cristo en realidad estaba meditando en este Salmo, quizás en otros como este, mientras Él estaba muriendo allí en la cruz.  Quizás aún citó este Salmo entero de principio a fin mientras estaba en la cruz.

Ahora, antes de que continuemos con el versículo 9, déjame regresar al versículo 4 por un momento.  En los versículos 4 y 5 vimos que Jesús estando en la cruz recordó la fidelidad de Dios para otros.

Dice: “En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste.  A ti clamaron, y fueron librados; en ti confiaron, y no fueron decepcionados”.

Ahora, cuando llegamos a los versículos 9 y 10, vemos que el salmista otra vez está recordando, pero esta vez él está viendo, no la experiencia que otros habían pasado sino su propia experiencia personal.  Él ha experimentado la fidelidad de Dios, y el salmista está ahora dando su testimonio, Jesús está dando el testimonio del cuidado personal de Dios a través de toda su vida.

Hemos dicho que en momentos de estrés, de lucha, presión y problemas, es beneficioso regresar y recordar lo que Dios ha hecho por otros; pero también es beneficioso regresar y recordar lo que Dios ha hecho por nosotras.

Y me encontré a mí misma, durante las semanas pasadas, mientras luchaba con algunas cosas, recordando y agradeciéndole a Dios por cómo Él ha sido fiel conmigo.  Ese testimonio y experiencia personal – es lo que hoy nos da el valor y la fe de saber que el mismo Dios que fue fiel con nosotras en ese entonces, será fiel con nosotras hoy también.

Y a propósito, esa es una de las cosas especiales de mantener un diario.  No lo hago tan fielmente como quisiera, pero cuando escribo sobre la bondad de Dios y sobre su obra en mi vida a través de los años en mi diario, es un gran gozo poder regresar a esto y recordar lo que Dios ha hecho.

Y eso es lo que escuchamos en el Salmo 22, en los versículos 9 y 10, dice:

“Porque tú me sacaste del seno materno; me hiciste confiar desde los pechos de mi madre.  A ti fui entregado desde mi nacimiento; desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios.”

Ahora, proféticamente hablando, si este es un salmo mesiánico, lo cual es, Jesús está reflexionando acerca de Su nacimiento milagroso como un bebé, el nacimiento virginal.  Nunca nadie ha nacido de la manera en que Jesús nació, el hijo de la virgen, el Hijo de Dios.  Pero no solo Su nacimiento milagroso, sino cómo en Sus primeros años de infancia, Él fue preservado de la ira de Herodes.  “A ti fui entregado desde mi nacimiento” (v. 10).  “Tú me has preservado; has sido mi Dios desde que nací”.

En esencia lo que Jesús está diciendo es, “Padre, siempre he confiado en Ti, y Tú nunca me has fallado.  Siempre has demostrado que eres fiel.  He confiado en Ti desde mis primeros años.  No hay ninguna manera en que me puedas fallar ahora.  ¿Cómo podrías fallarme ahora?”

Qué grandioso es para nosotras recordar y decir, “Señor, desde mis primeros años, desde que te conocí,” y aún antes de conocer a Cristo, podemos recordar y ver Su presencia providencial en nuestras vidas y Su provisión y Su protección y como Él ha orquestado los eventos en nuestras vidas para guiarnos a Cristo y luego  preservarnos y guardarnos en Cristo.

Así que cuando llegues a ese tiempo de oscuridad, recuerda que Jesús estuvo colgado de una cruz en oscuridad tenebrosa al medio día. Cuando llegues a ese día, cuando todo a tu alrededor sea oscuridad tenebrosa, mira hacia atrás. Recuerda la fidelidad y la bondad de Dios. Y di: ¿“Señor,  te acuerdas como confié en ti aquí, y Tú hiciste aquello, y confié en ti, entonces y tú hiciste esto? Y esto te permitirá alabarlo  y confiar en Él en el presente.

Pero ahora, continuando con  el versículo 11 y adelante, Él otra vez está orando fervientemente bajo el fundamento y la base de la fidelidad pasada de Dios.  En el versículo 11, él dice, “No estés lejos de mí.”  Recuerda que en el versículo 1 Él preguntó, “¿Por qué estás tan lejos de mí?” Esto de estar separado de Dios era un gran problema para Jesús.  “¿Por qué estás tan lejos de mí?”

En el versículo 11, Él dice, “No estés lejos de mí, porque la angustia está cerca”.  Parece que estás lejos, te has separado de mí, pero la angustia está aquí mismo,  a la mano “pues no hay quien ayude”.  En realidad lo que Jesús está diciendo es, “Siempre he tenido que confiar en Ti desde mi nacimiento.  No soy menos dependiente de Ti ahora.  Necesito que vengas a ayudarme.  No hay nadie más que pueda ayudarme.  Estás lejos de mí, pero la angustia está cerca.  Necesito que vengas a ayudarme”.

Es un clamor de desesperación, y me llama la atención que la angustia más grande en la que Jesús pudo pensar era el que Dios no estuviera cerca de Él, que Dios lo abandonara.  Su deseo más grande en tiempo de dificultad era que Dios estuviera cerca.  Ese era Su mayor bien.

Y esto me recuerda el pasaje del Salmo 73:27-28, donde dicen: “Porque he aquí, los que están lejos de ti perecerán”.  Jesús estuvo dispuesto a estar lejos de Dios en ese momento para que nosotras no tuviéramos que perecer.

Porque he aquí, los que están lejos de ti perecerán; tú has destruido a todos los que te son infieles.  Mas para mí, (v. 28), estar cerca de Dios es mi bien [o como dice otra traducción: “para mí el bien es estar cerca de Dios”.

Escucha, cuando estés en angustia, en dificultad, en peligro, o estés en oscuridad, ¿Por qué clamas?  ¿Clamas solo por alivio temporal de tu dolor?  ¿Clamas solo por los dones que Dios te puede dar?  o, ¿Te encuentras clamando solamente por Dios mismo?  El salmista dijo, “estar cerca de Dios es mi bien”.

Tú puedes tener todo lo bueno que hay en la faz de la tierra, pero si no estás cerca de Dios, eres miserable.  Pero si Dios está cerca, podrás perder las cosas más queridas y las que más aprecias en esta tierra, y podrás estar contenta porque la cercanía de Dios es nuestro mayor bien.  Nuestra mayor angustia debe ser el pensamiento de que no estamos caminando cerca de  Dios.

Así que dale gracias a Dios una vez más.  Porque Jesús estuvo dispuesto a estar separado de Su Padre, y por eso nosotras ya no  tenemos que estarlo.  Tenemos promesas como la del Salmo 46 que dice: “Dios es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.  Él está cerca.  Él está cerca de aquellos que claman a Él.  Él está cerca de aquellos que claman a Él con un corazón contrito y humillado. Él está cerca.

Pero Jesús clama desde la cruz, y dice, “no hay quien ayude”.  Sus discípulos lo abandonaron.  Huyeron.  Él estaba sin amigos.  Estaba solo, y diciendo: “No hay a quien más acudir por ayuda”.

Puede haber momentos cuando sientes que no hay nadie que pueda entrar en tu dolor y que pueda cubrir tu necesidad.  No hay ningún esposo, ningún padre, ningún hijo, ninguna hija, ninguna amiga que pueda realmente entrar en tu situación y ayudarte.  Creo que en ocasiones Dios nos permitirá estar en un lugar donde sentimos que no hay nadie más que pueda ayudarnos para que nos volvamos al que sí puede ayudarnos – al único que puede ayudarnos.

Y Jesús estaba en este lugar donde nadie más podría o querría ayudarlo, y por eso Él acudió al Único que lo podría librar.  Él clamó a Dios en Su punto de mayor necesidad.

Y ahora, en los versículos del 12 al 18, él describe esa angustia cercana.  Este es un clamor honesto y desesperado de alguien que está en gran angustia.  Y Él dice:

Muchos toros me han rodeado; toros fuertes de Bazán me han cercado.  Ávidos abren su boca contra mí, como león rapaz y rugiente. (vv.12-13)

Y aquí tenemos la imagen de una criatura débil, indefensa que está rodeada por criaturas fuertes, muchas conspirando contra el que no se puede defender a sí mismo, poderosos que lo están cercando.  Y pienso que esto es una imagen de Jesús en la cruz ante los sacerdotes, los Escribas, los Fariseos, los gobernadores Romanos, los soldados – todos esos toros poderosos.  Recuerda, que Jesús dijo, “pero yo soy gusano, y no hombre” (v.6).  ¿Y qué oportunidad tiene un gusano contra todos estos toros poderosos y el león rapaz y rugiente?

En un momento él va a hablar acerca de los perros que lo están rodeando.  Todas estas bestias salvajes, por así decirlo, que lo están rodeando – estos poderosos.  Lo superan en número, y no tiene esperanza ni ayuda aparte de Dios – el león rugiente, quizás, una imagen de Satanás que inspira a los enemigos de Dios y de Su pueblo.

Y antes vimos, el tormento espiritual que Jesús soportó al ser separado de Su Padre.  También hemos visto el sufrimiento psicológico mientras la gente se burlaba, lo despreciaba y lo ridiculizaba.  Y ahora, en los versículos del 14 al 17, llegamos a una descripción impresionante del sufrimiento físico que Jesús padeció.  Esto fue escrito mil años antes de que estos eventos sucedieran, y, como hemos dicho antes, cientos de años antes de que la crucifixión fuera usada como un método de ejecución.

Ahora, ten en mente:

  • Que Jesús ya pasó por un juicio, por este juicio falso.
  • Pasó una noche sin dormir.
  • Pasó por azotes crueles, al punto de la muerte; de pérdida severa de sangre.
  • Ha cargado un madero de más de cien libras hacia el Calvario hasta que se tropezó y cayó bajo su peso, y el madero fue dado a Simón para que lo cargará.
  • Ha sido maltratado, molido, está sangrando. Está agotado. Se encuentra en debilidad extrema.
  • Y luego es puesto en esa cruz, los clavos han atravesado sus muñecas y sus pies; los músculos de Su cuerpo se rasgan con dolor insoportable, y ha sido colgado en esa cruz a morir.

Y sin duda has leído y oído descripciones de las crucifixiones.  Algunas de las cosas que he leído solo al investigar este pasaje nos recuerdan que es la forma más dolorosa de ejecución jamás inventada. Las palabras usadas para describir este tipo de muerte o sufrimiento es: prolongado; agonizante; es una muerte horripilante, insoportable, inaguantable, intolerable. Es una manera humillante, vergonzosa, deshonrosa de morir.

Era un método de muerte que era reservado para esclavos, para rebeldes y para criminales sumamente peligrosos.

La meta de la crucifixión era mutilar y deshonrar el cuerpo del condenado. Se desnudaba al condenado, excepto en ocasiones en las crucifixiones judías, donde se usaba un simple delantal de lino.  Era la muerte más vergonzosa imaginable.

Ahora, a luz de todo lo que Jesús ha pasado, y llegando a este momento y lo que Él está soportando en la cruz, escucha estos versículos, comenzando en el versículo 14:

Soy derramado como agua, y todos mis huesos están descoyuntados; mi corazón es como cera; se derrite en medio de mis entrañas.  Como un tiesto se ha secado mi vigor, y la lengua se me pega al paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte. (vv. 14-15)

Al leer estas palabras, es difícil para nosotras imaginarnos qué

será experimentar esta prueba y hablar desde la cruz.  Sabemos que aquellos que eran crucificados morían generalmente por asfixia, al batallar por respirar, y finalmente por un paro cardiaco al empujarse de abajo hacia arriba tratando de respirar pero los clavos, a la vez, tirando de sus extremidades, y haciéndolo difícil para ellos el poder respirar.

Yo pude leer esas palabras en voz alta, pero nadie que esta crucificado puede decir esas palabras así de fácil como yo lo hice.  Para que Jesús pudiera decir esas palabras desde la cruz, “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” y las otras seis frases que Él dijo en esos últimos momentos, tuvo que haber usado cada onza de energía que tenía para levantarse con suficiente aire para poder con voz entrecortada pronunciar esas palabras.

Así que la persona que está diciendo esto, y esta no es una descripción clínica.  Esta es una muerte insoportable, agonizante, vergonzosa, y alguien que está experimentando eso está diciendo estas palabras.

Es una descripción de lo que Jesús experimentó – de la extrema deshidratación; los huesos descoyuntados mientras fue estirado en esa cruz; un dolor intenso.  “Mi corazón es como cera” es una imagen de la insuficiencia cardio-respiratoria que usualmente resulta en la muerte de los criminales crucificados.

Y mientras piensas en Su corazón derritiéndose como cera, piensas en el sentido espiritual de cómo Jesús estaba soportando el calor de la ira de Dios, intensa contra el pecado y los pecadores y el hecho de que Jesús al final murió de un corazón roto, no solo físicamente, sino espiritualmente.

Él habla también acerca de un tiesto, de un pedazo de vasija “como un tiesto se ha secado mi vigor,” una pieza de barro cocida al fuego, no hay humedad en el barro.  Piensa en el cordero de la Pascua siendo quemado en el fuego.  Jesús, el cordero de Dios de la Pascua, está siendo inmolado por los pecados del mundo.  Está siendo quemado en el fuego de la ira de Dios y del juicio de Dios.  Él estando seco, dice, “tengo sed”.  Deshidratado; apenas y puede hablar.  “La lengua se me pega al paladar”.  Cada parte de Su ser está en absoluta y completa agonía y angustia.

Y el versículo 16 continúa diciendo: “Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malhechores”.

Y quiero reflexionar, meditar en lo que tomó lugar ahí en la cruz.  Mientras la multitud está aullando como perros hambrientos y sanguinarios, como un cazador rodeando su presa, están burlándose, están insultando.

Son perros que lo rodean.

Él es puro; sin pecado, colgado en la cruz como un criminal condenado.  Aquellos que están viendo son criminales que deberían estar en la cruz, la compañía de malhechores que lo rodean y se burlan de Él, el Hijo de Dios sin pecado, pero  ¿Cómo puede ser?  Los malhechores persiguiendo al Santo de Israel.

El versículo 16 continúa  diciendo: “me horadaron las manos y los pies”.   Puedo contar todos mis huesos.  Ellos me miran, me observan” (vv. 16-17).  Puedo contar todos mis huesos.  Aquí está un hombre demacrado, solo hueso y piel, su única ropa, es un delantal.  Está expuesto, y “ellos me miran, me observan”.  No hay compasión por su agonía.  Se regocijan por Su sufrimiento.  Lo observan, se mofan de Él.

Versículo 18: “Reparten mis vestidos entre sí, y sobre mi ropa echan suertes”.

Charles Spurgeon en su sermón de este pasaje habla acerca de la dureza de corazón que estos hombres tuvieron que tener para poder apostar bajo la cruz de un Hombre inocente.

¿Y cuántas de nosotras hemos sido culpables de solo jugar juegos bajo la sombra de la cruz?  Ocupadas, distraídas con cosas triviales, totalmente perdiendo el punto de la cruz. Su sombra está sobre nosotras.  La vemos en nuestras iglesias; la traemos colgando en nuestros cuellos.  Hablamos de ella, cantamos alabanzas de ella.  Pero perdemos el punto.  Estamos ajenas; estamos ciegas, sordas y mudas, igual como aquellos que dividieron Sus ropas entre sí, y por Sus ropas echaron suertes allí al pie de la cruz.

Y aquí está el punto, amigas: Es nuestro pecado que le hizo todo esto a Jesús.

No te quedes atascada en la descripción física de lo que Él sufrió que pierdas el punto.  ¿Por qué le agradó a Dios poner a Su Hijo a muerte de esta manera tan dolorosa y deshonrosa?  Él lo hizo por nuestros pecados.  Él se hizo pecado por nosotras.  Él tomó la muerte que nosotras merecíamos.

Y si nunca has confiado en Cristo como quien llevo tus pecados, como tu Salvador, entonces podrías ahora mismo levantar tus ojos a Él y decir, “Señor, me arrepiento de mi pecado.  Yo creo; confío en Ti.  Tú moriste en mi lugar.  Gracias.  Ven a mi vida.  Sálvame”.

Y si eres hija de Dios, has experimentado esa gran transacción de darte cuenta de que Él te dio Su justicia al Él tomar tu pecado, levanta tu corazón a Él y dile, “Oh, Señor, gracias, gracias, gracias, gracias por lo que hiciste allí.  Yo merezco morir, pero Tú moriste en mi lugar.

Ese amor tan maravilloso, tan divino, demanda mi amor, mi alma, mi todo.  Amén.

Annamarie: La soledad es una realidad que todas enfrentaremos en algún momento, pero Jesús estuvo solo de una manera que ninguna de nosotras podemos imaginar.  Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha brindado una imagen de ese dolor en esta serie llamada, El Salmo de la Cruz.  Ha sido una serie de mucho beneficio mientras preparamos nuestros corazones para el Domingo de Resurrección que celebraremos dentro de algunos días.

Normalmente me enfoco en Cristo durante esta temporada del año y escojo un libro para estudiar durante el tiempo de Cuaresma.  El meditar en la vida y obra de Jesús es de mucho valor para mi alma.  Espero que tú también consideres hacer esto. Para enriquecer esta serie, hemos recomendado el libro de Elyse Fitzpatrick titulado, Comforts from the Cross [Consuelo desde la Cruz, disponible solamente en ingles].  Elyse te invita a que te enfoques en la cruz a través de una serie de lecturas diarias.  Las encontrarás sorprendentemente honestas y prácticas.  El libro traerá consuelo a cualquier mujer que piensa que Dios nunca la podrá amar.

Para terminar nuestro tiempo hoy, escuchemos una canción, que es una meditación poderosa para este tiempo de Semana Santa.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Música: La Cruz Excelsa al Contemplar, De La Cruz, Navidad en Casa - Canciones para Tu Alma y Corazón, Vol. 1 ℗ 2012 Christmas at Home

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.