Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Demuestra uno amor al llamar a alguien al arrepentimiento?

Recursos del Episodio

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: El llamado al arrepentimiento no es un llamado negativo. Es el llamado más positivo en el mundo. Es redentor, restaurador. Es lo que ofrece esperanza, de manera que la iglesia pueda evadir el castigo que de otra forma sufrirían y pueda una vez más ser útil y fructífera para el Señor.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

El libro de Apocalipsis inician con siete cartas, cartas que están llenas de verdades prácticas y útiles para las mujeres de hoy. Hemos estado descubriendo esto en diferentes series este año, una serie para cada carta.     

Esta semana continuaremos enfocándonos en la iglesia en Laodicea. Nancy sigue con la serie llamada “La cura para una fe tibia”.

Nancy: Quizás has escuchado que el amor no es decirle a las personas lo que quieren escuchar; sino lo que necesitan escuchar. Alguna vez le has dicho a tus hijos: "es porque te amo que te estoy diciendo esto" no lo que quieres escuchar, sino lo que necesitas escuchar".
En la medida que lees este pasaje en Apocalipsis 3, donde Jesús le habla a la iglesia en Laodicea, piensas: Bueno, "Él debe amarlos muchísimo" porque habla palabras que, en la superficie, lucen muy severas. Pero es exactamente lo que esta iglesia necesita escuchar, y es exactamente lo que los rescatará de esta profesión de fe a medias, de esa profesión tibia, que ni siquiera es un cristianismo genuino.

Ahora permítanme retroceder para aquellas de ustedes que se están uniendo a nosotras en esta serie. Comenzando en el versículo 15 de Apocalipsis 3, Jesús dice:

“No eres frío ni caliente. [El va directamente a Su diagnostico de esta iglesia.] ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.

No puedo lidiar contigo. Me produce náuseas. Me repugna, porque dices - esta es tu evaluación de tu condición - Porque dices: “Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad”; y no sabes que eres miserable y digno de lástima y pobre, ciego y desnudo.

Y no te das cuenta que la verdad es que eres un miserable –literalmente- digno de lástima. Eres digno de compasión. Eres pobre. Esa es una palabra que se utiliza para una persona completa y absolutamente destituida. No solo un poco pobre, sino muy pobre.

Eres miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo (versículos 15-17).

¡Eso es amor! – decirles lo que necesitan oír. No lo que quizás esperaban escuchar, especialmente después de escuchar la carta a la Iglesia en Filadelfia que fue justo antes que la de ellos, al escuchar acerca de esta iglesia fiel donde Jesús no tenía nada que condenar. Me imagino a esas personas en Laodicea pensando, “Oh, ¿Qué irá a decir acerca de nosotros? Oh, wow, que mensaje tan duro.

Ahora, dice en el versículo 18, que tiene una provisión para esa necesidad. “Te aconsejo que de mí compres oro refinado”. El asunto es que no vas a comprar si no has reconocido que tienes una necesidad. Pero una vez que reconoces que tienes la necesidad, ven a Mí, y voy a satisfacer tu necesidad.

“Te aconsejo que de mí compres oro refinado por fuego para que te hagas [realmente] rico [espiritualmente rico], y vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que puedas ver [para que puedas tener discernimiento espiritual, visión y entendimiento].”

Entonces, llegamos al versículo 19

“Yo reprendo y disciplino a todos los que amo [dice Jesús]; sé pues, celoso y arrepiéntete”.

“A todos los que amo”. Muchas veces cuando lees la palabra amor en el Nuevo Testamento, es la palabra que se refiere a ágape. Pero esa no es la palabra que se utiliza aquí. La palabra amor aquí es la palabra griega fileo. Significa “amar entrañablemente” “tener un corazón afectuoso hacia alguien.” Yo te Fileo; yo te amo entrañablemente; me preocupo profundamente por ti.

A pesar de haber sido tratado por esta iglesia en la forma en que fue tratado –lo han dejado afuera en el frío; lo han ignorado; han sido tibios hacia Él; no han sido celosos por Él. A pesar de cómo lo han tratado, Cristo aún les ama. No ha retirado su amor, y les dice, “he aquí, así es como voy a mostrar mi amor por ustedes”.

Hay dos expresiones de Su amor que destacan en este versículo. “Aquellos a quienes amo, los reprendo y disciplino”.

Primero, “los reprendo” esa es una palabra que significa “convencer”. Es la palabra que se utiliza en Juan 16 donde dice, “El Espíritu Santo convencerá al mundo de pecado” (v.8). Convencer o declarar culpable, reprender, para amonestar hasta que la persona diga, “Tienes razón; estoy equivocada”. Significa “reprender,” “regañar,” “decirle a alguien lo que ha hecho mal.” Jesús dice, “Si te amo, te reprendo, te doy convicción.”

El Espíritu Santo ha sido dado a aquellas de nosotras que somos hijas de Dios. Él vive dentro de nosotras para darnos convicción cuando hemos pecado, y eso puede ser difícil. Puede ser difícil, pero es un regalo increíble.

Entonces está la segunda palabra, “Yo disciplino; Yo castigo,” algunas de sus traducciones así dicen. Esa es una palabra que puede ser utilizada en dos formas diferentes: podría ser utilizada en un sentido más leve de “entrenar o corregir a alguien,” o puede ser en un sentido más fuerte de “castigar, castigar físicamente”.

Creo que Dios actúa de ambas maneras con nosotros. Él nos corrige en formas leves, y si no respondemos a esto, entonces, Él adopta una corrección más intensa. “Aquellos a quienes amo, los castigo – reprendo – y los disciplino – los corrijo.”

Esa palabra es instruir a través del castigo, no solo decirte en dónde has fallado, sino mostrarte como te has desviado del camino y lo que necesitas hacer para regresar al camino.

Los corrijo”. Ese es el corazón que vemos en Hebreos capítulo 12, versos 5 y 6,donde dice: “Mi hijo –esto está escrito de un padre a un hijo- “no tengas en poco la disciplina del Señor.” Es esa palabra castigo, el castigo del señor. “ni te desanimes al ser reprendido por Él” - convencido, te muestra que estas equivocado. Son las mismas dos palabras que vemos en apocalipsis 3. “Porque el Señor disciplina” –Él castiga- aquel que ama y lo corrige”. Esta es una palabra aún más fuerte, porque es una palabra que significa azotar o flagelar. “Él castiga a todo hijo que recibe”.

Primero, Él le da la exhortación, la corrección, el reproche, la convicción. Si no respondemos a eso, Él trae castigo. Si no reaccionamos a eso, Él podría traer medidas más graves de flagelación, azotes espirituales a nuestras almas. Pero lo hace por aquellos hijos a quienes ama.

Así que esto es en realidad una palabra de consuelo. Es una palabra de aliento. “A todos los que amo, los reprendo y disciplino”.

El proceso de poda en nuestras vidas es evidencia de que a Dios le importa, que Él tiene propósitos para nosotras que son mayores que simplemente dejarnos consumidas con nosotras mismas.

La meta de la reprensión y el castigo es despertarnos de nuestro sueño, y restaurarnos a un lugar de comunión íntima con Cristo, a un lugar de utilidad y plenitud.

Así que Jesús dice, “A los que amo, los reprendo y castigo”. Entonces, ¿Cuál debe ser tu respuesta? ¿Cuál debe ser mi respuesta? Él dice: “Entonces, sé celoso y arrepiéntete”. Sé celoso.

¿Alguna vez has probado salsa picante? Esa es una palabra relacionada con la palabra griega de la cual obtenemos la palabra celoso. “Sé celoso y arrepiéntete”.

De hecho, esa palabra celoso tiene la misma raíz que la palabra caliente que vimos hace un par de versículos atrás. “desearía que fueras caliente o frío”. No eres frío ni caliente. Caliente y celoso. Es una palabra que implica “hervir,” “tener la calidez de estar a favor o en contra,” “buscar o desear algo ansiosamente, intensamente”.

La palabra picante, la busqué en el diccionario esta mañana. Significa “enérgico o activo”.

Aquí tenemos esta iglesia complaciente, letárgica y tibia. Jesús dice “Te repruebo y te disciplino porque te amo, para que seas enérgica, vibrante, activa; para que te levantes; seas picante; seas celosa; seas caliente; para que salgas de tu letargo espiritual.

Esa palabra, ser celoso es utilizada en el tiempo verbal presente continuo. Que no es algo que haces solo una vez cuando vas a una reunión de avivamiento y tienes una experiencia emocional con el Señor, y realmente tu corazón se vuelve ardiente. Los jóvenes van a campamentos y regresan. Y ¡oh! están ardiendo por el Señor durante solo tres días. No, es ser celosa y seguir siendo celosa. Es una actitud continua.

Es todo lo contrario a ser tibio. Ya no seas más tibia; sé celosa. Aviva la llama de fuego ardiente de amor por Cristo que se ha apagado, y sé intencional en protegerla. No dejes que se apague otra vez.

“Sé celoso y arrepiéntete”. Ahora ese arrepentimiento es una acción definitiva. Significa hacer duelo, llorar por tu pecado y apartarte de él”. Déjalo atrás y sigue adelante.

En cinco de las siete cartas a las iglesias en Apocalipsis, esa es la exhortación final: Arrepentíos.

El arrepentimiento es el remedio de Dios para todo lo que afecta la Iglesia. Una y otra vez eso es a lo que Él nos lleva: ¡Arrepentíos! ¡Arrepentíos! Esta es la última palabra de Jesús a Su Iglesia.

En ocasiones solemos decir que las últimas palabras de Jesús a su Iglesia son la Gran Comisión. Pero esta es realmente la última palabra de Jesús a la Iglesia: ¡Arrepentíos! ¡Arrepentíos! Para que tu candelabro pueda mantenerse en su lugar; para que puedas seguir brillando la luz de Cristo y de su Evangelio en este mundo.

El llamado al arrepentimiento no es un llamado negativo. Es el llamado más positivo del mundo. Es redentor. Es restaurador. Es lo que ofrece esperanza, de manera que la iglesia pueda evitar el castigo que de otra forma sufrirían y entonces pueda ser útil y fructífera para el Señor.

Ahora, mientras he estado estudiando este pasaje, hay un par de preguntas que se han sido recurrentes, y he estado meditando en ellas durante las últimas semanas.

Primero: Este mensaje, “sé celoso y arrepiéntete,” este mensaje es para los creyentes que se han apartado del Señor, o para los miembros no regenerados de la iglesia que profesan conocer a Cristo pero que en realidad no tienen ninguna relación con Él?

Si lees algunos comentarios, se inclinan de un lado. Si lees otros comentarios que también son de personas estudiosas de la Biblia, veras que se inclinan hacia el otro lado. ¿Sabes cuál creo que es la respuesta? Creo que es a ambas cosas, que esta exhortación está dirigida tanto a unos como a otros.

Algunas veces, en la condición tibia de la iglesia no te puedes dar cuenta que tipo de personas son. Así que cualquiera sea la condición en la que estás, arrepiéntete.

Pero aquí está otra pregunta que surge: ¿Le está hablando a la Iglesia en general o a los individuos dentro de la iglesia?

Nuevamente, leerás comentaristas que toman una u otra posición, y habiéndolos estudiado y meditado en lo que ellos dicen, pienso, una vez más, que la respuesta es: Sí a ambas cosas. Él le está hablando a ambos. Él le habla a iglesias tibias y a creyentes tibios o a miembros tibios de las iglesias, porque las iglesias tibias están formadas por miembros tibios. Y los miembros tibios de iglesia producen iglesias tibias. Así que es la iglesia la que necesita arrepentirse, y los individuos dentro de las iglesias necesitan arrepentirse.

Jesucristo está de pie a la puerta de la iglesia, Él está tocando esa puerta. Él le está pidiendo a la iglesia que se arrepienta de su tibieza de manera corporativa, que renueve su pasión por Cristo, que se convierta en un testigo fiel y efectivo en un mundo pagano. Pero también está de pie a la puerta de los corazones individuales, tocando y suplicando a cada miembro tibio de la iglesia a que sean honestos consigo mismos, a que se arrepientan y se conviertan en creyentes celosos de corazón ardiente.

Nuestra respuesta a su llamado, nuestra respuesta a su invitación demuestra, si en efecto, pertenecemos a Cristo, como decimos. Si somos creyentes sinceros, entonces, haremos lo que Él dice que hagamos aquí. Seremos celosas y nos arrepentiremos.

Recuerda que Su evaluación nos puede parecer muy severa. El remedio o la solución receta podría lucir dura o difícil, pero es todo por amor.

Así que Él dice, “Sé celoso y arrepiéntete”.

Entonces, Él dice, “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo.” Uno de los versículos más famosos de toda la Escritura –“Si alguno oye mi voz, y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo” (versículo 20).

Ahora, ¿recuerdas varias sesiones atrás, donde hablábamos de la Iglesia en Filadelfia y Jesús dijo, “he abierto delante de ti una puerta”? esa es la iglesia donde Jesús dijo “He abierto una puerta y necesitas atravesarla.” Pero ahora, en Laodicea, Jesús está apelando a esta iglesia para que sean ellos quienes le abran una puerta a Él.

Con regularidad escuchamos este versículo como una invitación a pecadores perdidos, y creo que funciona muy bien como invitación para estos pecadores perdidos. Pero quiero sugerir que es una invitación más amplia. No es solo para pecadores perdidos. Es para creyentes también. Es para creyentes individuales y también para iglesias. Es para nosotros, tanto individual como colectivamente, es un llamado a abrir la puerta y responder a Cristo.

Ahora, aquí hay varias cosas se destacan, varias observaciones en esta invitación.

En primer lugar, es el hecho obvio de que Cristo está de pie. ¿Dónde? Afuera de Su propia iglesia. ¿Qué está mal en esa imagen? ¿Qué tan trágico es eso? Ninguna de nosotras queremos estar donde no somos bienvenidas y Jesús no quiere quedarse donde Él no es bienvenido. Así que cuando hay otras cosas que toman un lugar central en nuestras vidas, cuando estamos consumidas por prioridades temporales, lo estamos expulsando a Él.

Lo expulsamos a Él de nuestras vidas —y no es que podamos perder nuestra salvación— pero lo echamos fuera de la esfera del centro de nuestras vidas. Lo marginamos de nuestras vidas y de nuestras iglesias.

Pero entonces, llama mi atención que el que inicia el acercamiento aquí es Jesús. Él no se aleja de esta iglesia tibia que le da asco – me resultas repugnante- es en efecto lo que Él ha dicho. Pero Él no se aleja de ellos como nosotras somos propensas a hacer cuando hay creyentes o iglesias que encontramos desagradables, y que nos disgustan. Él no se aparta de ellos. Él los atrae hacia sí. Él los alcanza. Él inicia una relación con ellos.

O el corazón sufriente de Cristo. A pesar de que en momentos lo hemos llevado hasta el borde de nuestras vidas y de nuestras iglesias, ¿Qué hace Él? Él nos persigue y sigue buscándonos.

Esto me recuerda que si Él no hubiera perseguido nuestros corazones, si Él nos hubiera dejado a cargo de nosotras mismas, nunca lo habríamos buscado. No vendríamos a tocar su puerta, si Él no hubiera venido primero a tocar la nuestra.

Nota que Él no nos obliga. Él no forza su entrada. Él busca ser admitido. Él no exige la entrada.

¡Qué Salvador!

Él reprenderá. Él castigará. Él es que va a crear la motivación para abrir la puerta, pero nosotras somos las que tenemos que hacerlo.

También me sorprende aquí el hecho de que – y esto puede parecer muy obvio- pero me sorprende el hecho y creo que vale la pena destacarlo, que no es muy tarde para arrepentirse.

A pesar de la mala condición en que se encontraba esta iglesia, de que no hay nada digno que elogiar, nada digno de alabar que Él pueda señalar acerca de esta iglesia, aún así, hay gracia disponible.

Nosotras tenemos un gran Dios, redentor, reconciliador, que está haciendo todas las cosas nuevas. No es demasiado tarde para Su iglesia. No es demasiado tarde para ti. No es muy tarde para tu familia, para ese hijo o esa hija, para esa persona que amas y está arruinando su vida; para esa persona que está viviendo en tibieza, ni frío ni caliente, estancado ahí en el medio, que le provoca náuseas a Jesús. No es muy tarde para que ellos se arrepientan.

Si eres tú que estas en esa condición, no es muy tarde para que te arrepientas. Él aún está ahí afuera, de pie, tocando a tu puerta, aún está pidiéndote la entrada.

Así que Él está a la puerta de la iglesia, a la puerta de la vida de cada individuo. Él toca, y dice, “Si alguno oye mi voz.” Esa es una invitación personal. Es una invitación individual. Cristo toca a la puerta de Su iglesia. Él quiere entrar a Su iglesia, pero Él apela a cualquier persona que lo invite a entrar.

La implicación es: no esperes a que tu iglesia le responda a Cristo. Responde tú. No esperes a que todo el mundo se ponga a cuentas con Dios. Ponte tú a cuentas con Dios.

La iglesia abre sus puertas a Cristo a través de los miembros individuales que abren su corazón a Cristo. La iglesia será corregida en la medida que las personas individuales son corregidas.

Digo esto porque sé que muchas que han sido oyentes de Aviva Nuestros Corazones que comparten mi carga por la iglesia. Pero algunas veces es fácil ver nuestra carga por la iglesia y pasar por encima o ser negligentes a la preocupación de Cristo por nuestra vida de manera individual.

Él dice, “Si alguno oyere Mi voz –si tú oyes Mi voz- abre la puerta. Entraré a tu iglesia. Entraré a ti. Moraré en medio de ti. Volveré a ti”.

Así que, ¿Cuál es la respuesta apropiada? Abre la puerta; abre la puerta. Eso significa confiésalo, dale la bienvenida, déjalo entrar, cédele el control, dale el lugar que le corresponde.

Nuestra respuesta a Su invitación revela la verdadera condición de nuestros corazones. Si verdaderamente somos sus hijas, abriremos la puerta. Diremos, “Señor, quiero más de ti. Quiero que entres. Quiero hacer tu voluntad en mi vida. Quiero ser llena de ti.”

Si no somos Sus hijas, entonces vamos a demorarnos. Pondremos excusas. Tendremos otras prioridades. Estaremos distraídas o muy ocupadas o entretenidas en cosas que nos impedirán dejarle entrar.

Si le abrimos la puerta a Él, Su promesa es que no seremos defraudadas. Él dice, “Entraré a él, no le echaré. Cenaré con él y él conmigo.”

Esa palabra cenar viene de una palabra Griega que está relacionada con la comida principal de la noche. No es una merienda rápida, un aperitivo. No es una paradita breve. No es un restaurante de comida rápida. Se trata de una comida sin prisa, tranquila, donde te sientas, visitas y hablan entre sí. Es un cuadro, una imagen de comunión íntima. Eso es lo que Él quiere contigo y conmigo. Eso es lo que Él quiere con Su iglesia. Lo grandioso de Jesús es que Él es quien trae de comer.

¿Recuerdas cuando Él lo hizo en Juan capítulo 21? ¿Recuerdas lo que Él le dijo a Sus discípulos? Esto es después de Su resurrección. Ellos estaban afuera pescando y Él estaba parado en la orilla. Él les pregunta, “¿Tienen algo de comer?” Cuando ellos llegan a la orilla, descubren que Jesús milagrosamente había traído pescado y lo tenía colocado sobre brasas en la orilla (veamos los versículos 1-14).

Él mismo es quien se nos da de comer.

Bueno quizá tu digas, “Eso suena extraño.”

Bueno, eso es lo que Juan 6 dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él” (V. 56).

Nosotras nos deleitamos en Cristo, el Pan de Vida, el Agua Viva, el Pan del Cielo, el Único que satisface nuestras almas hambrientas.

Esta cena, esta comida que disfrutamos juntos es algo que será consumado en la Cena de las Bodas del Cordero, es un anticipo que disfrutamos al celebrar de la Cena del Señor junto a nuestro salvador crucificado y resucitado.

Tengo un amigo que perdió a su abuela recientemente. Le envié un correo electrónico la noche que me enteré y le dije que tanto él como su familia estaban en mi corazón. Me contestó y me dijo,

Le di mi último adiós a abuelita mientras las personas de la funeraria se la llevaban. Me senté junto a su cama en nuestra casa mientras tomaba su último aliento en esta tierra caída, y consideré el futuro, con gran expectativa, el día que nos sentemos en una mesa juntos a celebrar las bodas del Cordero. ¡Me alegré al ver su mano levantada con un cáliz, brindando con Aquel al que la copa representa – sabiendo que los dolores pasados, las enfermedades, y la muerte habrán dado su golpe final! Hasta entonces, las hierbas amargas que crecen en el Jardín, seguirán haciendo a Cristo lo más dulce.

Regocíjate en Él. Bebe profundamente. Celebra en Su presencia, con Él, por Él. Participa de Él, sabiendo que mientras lo hacemos nos preparamos para disfrutar esa gran fiesta, las Bodas del Cordero, donde estaremos para siempre unidas con el Señor, para nunca más estar separados.

Ese es el llamado más positivo en el mundo. Es redentor. Es restaurador. Es lo que ofrece esperanza para que la iglesia pueda evitar el castigo que de otra forma sufriría y pueda una vez más ser útil y fructífera para el Señor.

Carmen: ¿No quisieras tener ese tipo de relación con Jesús? Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado mostrándonos por qué el arrepentimiento es una palabra tan positiva. Cuando te arrepientes, te diriges hacia una relación más profunda y de satisfacción con Dios.

“Reprensión y arrepentimiento” no son conceptos muy amigables estos días. Pero si entiendes que son conceptos necesarios para la fe y si te has perdido uno de los mensajes de esta serie, visita AvivaNuestrosCorazones.com. No solo podrás escuchar los mensajes, sino imprimir las transcripciones y usarlas en tus estudios bíblicos individuales o en grupo.

Esta serie es un gran ejemplo del tipo de enseñanza útil que disfruto escuchar en Aviva Nuestros Corazones. Mi conocimiento de la Biblia se ha profundizado, mis actitudes han cambiado, y mi caminar con Dios ha crecido como resultado de escuchar estos programas.

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Miembros de la iglesia en Laodicea que tenían problemas fueron invitados a sentarse en el trono de Jesús. Nancy dice que esto es muy sorprendente. Descubre por qué el lunes. Espero que añadas fervor a tu iglesia este fin de semana en la manera en que adoras y sirves. Únete a nosotras nuevamente el lunes aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministres.

Toda las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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