Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

El sufrimiento no es en vano, día 6

Annamarie Sauter: La vida cristiana está llena de hermosas paradojas. Elisabeth Elliot menciona algunas de ellas.

Elisabeth Elliot: De la muerte sale vida. Presento ante Dios mis penas, y me da Su gozo. Traigo a Él mis pérdidas, y me da Sus ganancias. Traigo a Él mis pecados y me da Su justicia. Traigo mis muertes, y me da Su vida, pero la única razón por la que Dios puede darme Su vida es porque me dio Su muerte.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

Nancy DeMoss Wolgemuth: En los años ochenta, Elisabeth Elliot dio una serie de mensajes sobre el tema del sufrimiento, y a lo largo de los últimos programas los hemos estado escuchando. No sé si sabes algo acerca de jardinería (¡yo ciertamente no sé mucho!) pero hoy Elisabeth nos hablará acerca de lo que la poda tiene que ver contigo y conmigo.

Elisabeth falleció en el año 2015, pero dejó un rico legado de libros y grabaciones. Y una gran parte de ese legado es Aviva Nuestros Corazones. Escuchemos el mensaje de hoy.

Elisabeth: En 1820, una bebé de seis semanas de nacida presentó una inflamación en los ojos. El médico le implementó un tratamiento caliente que quemó sus córneas. La niña quedó ciega de por vida. 

Cuando tenía nueve años, ella escribió estas palabras: 

Oh, qué alma tan feliz soy; aunque no pueda ver.

Estoy resuelta a que en este mundo satisfecha estaré.

Tantas bendiciones tengo, que otros no pueden tener.

¡Llorar y suspirar porque ciega soy no puedo, ni lo haré!

Aquella niña escribió 8.000 himnos, entre ellos: A Dios sea la gloria, Bendita seguridad, Rescataste al pecador, Cara a cara. Su nombre era Fanny J. Crosby. Hace años que había escuchado su historia, pero no fue hasta hace poco que encontré este pequeño poema que escribió a la edad de nueve años.

«¡Llorar y suspirar porque soy ciega, no puedo ni lo haré!» ¡Esto me encanta! Y el versículo 10 de Isaías 58 conecta muy bien lo que dije en mi última charla sobre el tema de la ofrenda, con lo que quiero compartirles ahora: La transfiguración.

Esto es lo que dice:

«Y si te ofreces a ayudar al hambriento, Y sacias el deseo del afligido, Entonces surgirá tu luz en las tinieblas, Y tu oscuridad será como el mediodía.El Señor te guiará continuamente, Saciará tu deseo en los lugares áridos y dará vigor a tus huesos. Serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan» (Isa. 58:10–11).

Quiero hablarles de este principio profundo aquí manifestado, al cual he titulado, Transfiguración.

Elegí esta palabra en lugar de transformación, porque aunque las dos son casi idénticas, me gusta más la palabra transfiguración ya que implica un aspecto de gloria que no siempre está implícito en la palabra transformación.

Transfiguración. Recordarán la historia de Jesús en el monte, cuando fue transfigurado. Ambas cosas, el sufrimiento y la gloria se conectan entre sí, pues durante la transfiguración Moisés y Elías hablaban del sufrimiento.

Y estos versículos de Isaías hablan de entregarse por los hambrientos y recibir a cambio la satisfacción de tus propias necesidades (fuerza para tus huesos). «Serás como árbol bien regado, como un manantial cuyas aguas nunca fallan».

Creo que Fanny Crosby a la tierna edad de nueve años comenzaba a vislumbrar el hecho de que había más alegría en dar que en recibir. Ella fué cómo «pan partido» y «vino derramado» a favor de la vida de este mundo. Solo Dios conoce el efecto dominó que la obediencia de Fanny Crosby causó al entregarse a sí misma. 

En Proverbios 11:25 leemos: «Y el que riega será también regado». Estoy segura de que los que hemos experimentado esta terapia, la hemos encontrado extremadamente efectiva. Entonces, la idea de la transfiguración viene de manera muy natural y lógica a partir de la aceptación, la gratitud y la ofrenda. 

Si recibimos las cosas que Dios quiere darnos, si le agradecemos por ellas y las ofrendamos devolviéndolas a Dios, entonces sucederá una transfiguración, el gran principio de intercambio, el cual es el principio central de la fe cristiana: la cruz.

Sabemos que la cruz no nos hace exentos del sufrimiento. Tantas veces los cristianos tienen que responder a la pregunta de sus amigos no creyentes cuando estos preguntan: «Se supone que eres cristiano, bueno, y que irás al cielo, ¿cómo es que Dios te hace pasar por esto?»

Francamente podemos decir que la cruz no nos libra del sufrimiento. De hecho, la cruz es un símbolo de sufrimiento. Jesús dice: «Toma tu cruz» (Luc. 9:23). De hecho, existen tipos de sufrimiento que si no fuéramos creyentes no tendríamos que soportar.

Leemos que «es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios» (Hech. 14:22). Y Jesús dijo: «Si ustedes son mis seguidores, entonces van a ser arrestados, encarcelados, arrastrados a las cortes, e incluso llegará el día en que los matarán y pensaran que le están haciendo un favor a Dios».

Él dijo: «¡Te digo estas cosas ahora, para que cuando sucedan, tu fe en mí no sea sacudida!» Si tu fe descansa en tu idea de cómo se supone que Dios debe responder a tus oraciones, tu idea del cielo aquí en la tierra, o en el cielo mismo, entonces ese tipo de fe es muy inestable y está destinada a ser demolida cuando las tormentas de la vida la sacudan!

Pero si tu fe descansa en el carácter de Aquel quien es el eterno Yo Soy, entonces ese tipo de fe inquebrantable, perdurará. Estoy plenamente y a la vez dolorosamente consciente, del hecho de que esta serie de charlas sobre el sufrimiento apenas tocan la superficie.

Pienso en las palabras de uno de los antiguos místicos que dijo: «Dios es una montaña de maíz de la que yo, cual un gorrión, arranco solo un grano». Eso describe lo que he logrado hacer, si es que he logrado hacer algo en absoluto. 

Tal vez solo hemos tomado un grano, lo suficiente para satisfacer el hambre de un pajarito, de esta inmensa montaña de maíz, que es la realidad de Dios mismo. Hemos pensado en la verdad, la terrible verdad; el mensaje; la importancia de la aceptación, de la gratitud y de la ofrenda. Ahora pensemos en la transfiguración. Les daré tres puntos, y esta vez les facilitaré la aliteración. No me esfuerzo mucho para lograr la aliteración, pero en esta ocasión son tres «P»: Principio, Perspectiva y Paradoja.

El Principio es el de la cruz. La vida surge de la muerte. Presento ante Dios mis penas, y me da Su gozo. Traigo a Él mis pérdidas, y me da Sus ganancias. Traigo a Él mis pecados y me da Su justicia. Traigo mis muertes, y me da Su vida, pero la única razón por la que Dios puede darme Su vida es porque me dio Su muerte.

Así que estas dos cosas funcionan continuamente, no solo en la vida espiritual. Jesús utilizó una ilustración muy sencilla del mundo natural en el incidente donde justo después de Su entrada en Jerusalén –donde lo aclamaron con ramas de palma y hosannas– dos de sus discípulos se acercaron a Él y le dijeron que había allí algunos griegos que querían verlo porque habían oído hablar de la resurrección de Lázaro de entre los muertos.

A todos nos encantan los milagros, y todos amamos a un hacedor de milagros. Si quieres ser popular, realiza tantos milagros como sea posible en el medio más visible que encuentres y la gente acudirá.

La gente acudió a Jesús, no por lo que Él enseñaba, sino por los panes y los peces. Y en este caso, había levantado a Lázaro de entre los muertos. Se había corrido la voz, por lo que la gente se amontonaba en Jerusalén para ver a este hombre. Los discípulos vinieron y le dijeron a Jesús que la gente quería verlo.

Bueno, Jesús aprovechó esa oportunidad para sacudir la idea que Sus discípulos tenían acerca de la gloria. El mundo tiene una idea de lo que es importante, de lo que supuestamente es la gloria de Dios: haz todos los milagros que puedas, consigue que todo se resuelva, se cure, se pague, se arregle, y esa es la gloria de Dios. 

Y por supuesto, creo en un Dios que puede hacer que el sol se detenga, que puede convertir el agua en vino y secar ríos. No me malinterpretes. Pero cuando escucho a un predicador decir: «¡Lo que necesitas es un mi-la-gro!», yo quiero responder, «a menudo pienso que eso es lo que necesito, pero muy a menudo estamos pidiendo piedras». Dios desea darme pan, algo que no solo me alimentará a mí misma, sino que también alimentará al mundo.

Podría orar por un milagro. No creo que lo haya hecho muy a menudo, pero cuando oraba por la sanidad del cáncer de mi esposo, sabía que estaba orando por un milagro, humanamente hablando. Pero concluía en: «Señor, hágase tu voluntad».

Debemos revisar nuestras definiciones, los discípulos necesitaban revisar su definición de gloria y que esta fuera sacudida. Jesús dijo: «Te voy a mostrar lo que es la gloria». Continuando en las Escrituras, «Jesús les respondió: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. En verdad les digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna"» (Juan 12:23–25).

¡Ese es el principio de la cruz! Él iba camino a la cruz. ¿Hay algo menos significativo y distintivo que una semilla? Has visto un grano de trigo, lo has visto todo. Has visto un grano, una semilla, una semilla de manzana, lo has visto todo. No hay nada terriblemente distintivo, notable, sobre una semilla.

¡Cuando esa semilla cae al suelo, muere! Es posible que nunca vuelva a ser vista. Pero sabemos con seguridad que nunca saldrá nada de esa semilla a menos que caiga en la tierra, en la oscuridad, en lo desconocido, en la desgracia, en la muerte.

Pero de esa semilla, después viene la gran cosecha, el trigo de oro. Ese es el principio del intercambio: Yo le doy mis muertes, y Él me da Su vida. Le doy mis penas, me da Su gozo. Le doy mis pérdidas, me da Sus ganancias. Este es el gran principio de la cruz.

Algunas de ustedes conocen la historia de George Matheson, un escritor de himnos comprometido para casarse. Durante el tiempo de su compromiso, él perdió la vista, quedó ciego. Su prometida, no quiso hacerse cargo de un ciego, y rompió el compromiso.

Fue entonces cuando George Matheson escribió esas maravillosas palabras: 

¡Oh! Amor que no me dejarás,

Descansa mi alma siempre en Ti;

Es tuya y Tú la guardarás,

Y en lo profundo de Tu amor,

Más rica al fin será.

Recuerdo las palabras que mi primer esposo, Jim Elliot, escribió cuando tenía veintidós años: «No es tonto el que da lo que no puede conservar para alcanzar lo que no puede perder».Estaba parafraseando las palabras de Jesús: «Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará» (Mat. 16:25).

Él intercambia mi debilidad, mis pérdidas, mis pecados, mis penas, mis sufrimientos; cuando los ofrezco Él nos da algo a cambio. ¡Y eso podría alimentar a una multitud!

Así que el principio del intercambio es el principio de la cruz, y ese principio se remonta a antes de la fundación del mundo: el Cordero fue sacrificado. ¡El sacrificio de sangre fue hecho en la mente de Dios antes de que existiera tal cosa como el pecado! Sacrificio, sufrimiento y gloria, no hay manera de alejarse de ellos.

La vida brota de la muerte. Es el principio del universo, el principio del intercambio. Incluso las estrellas mueren. Cada vez más se mencionan cosas fascinantes que los astrónomos descubren. Pero existe un versículo escondido en 2 Crónicas que ha sido de gran ánimo y aliento para mí.

Encontré este versículo mientras estudiaba el último año de universidad, sufría por el hecho de que estaba enamorada de alguien que jamás pensé se enamoraría de mí, así que pensando que era muy tonta por alimentar cualquier esperanza en este hombre… puse mis sentimientos en el altar de Dios.

Como mencioné anteriormente en una de mis charlas, no puedo manejar la soledad. No puedo controlar muchas de mis emociones. Así que solo digo, «Señor, aquí está. ¡Tómalo y haz algo con esto, Tú puedes hacerlo! Si pudiste hacer algo con el almuerzo de un niño y con la vasija de aceite de una viuda, entonces tal vez puedes hacer algo con esto».

Entregué todas esas pasiones –ese verdadero tornado de pasión que sentía por este joven, quien resultaba ser Jim Elliot– a Dios. Y Él me dio este versículo en 2 Crónicas 29:27: «Cuando el holocausto comenzó, también comenzó el canto al Señor con las trompetas, acompañado por los instrumentos de David, rey de Israel». ¿No es esto estupendo? ¡Y funciona!

«Cuando comenzó la ofrenda quemada, el canto del Señor también comenzó». Se refiere al verdadero ritual del sacrificio, y sin embargo tiene implicación para nuestras vidas espirituales ¿no es así?

Ahora, veamos esta perspectiva, el segundo principio de la transfiguración. Nuestras perspectivas necesitan ser transfiguradas, transformadas en algo que tenga gloria. ¡Ese maravilloso capítulo de Hebreos 11, me dice muchas cosas sobre la perspectiva!

En el versículo 13, después de repasar las historias de Abel, Enoc, Noé, Abraham y Sara, todas estas cosas imposibles que hicieron por fe; estas personas tenían fe, pero aún no tenían posesión de las cosas prometidas. Las habían visto muy adelante y las habían aclamado y confesaron de sí mismos ser extranjeros o viajeros de paso en esta tierra.

Aquellos que usan este lenguaje muestran claramente que están buscando un país propio. Si sus corazones hubieran estado en el país que habían dejado, podrían haber encontrado la oportunidad de regresar. En cambio, los encontramos anhelando un país mejor (Heb. 11:13–16, parafraseado)

¿Habrá algo que te haga anhelar más intensamente ese «país mejor», que sufrir de una manera u otra?

Cuando la lavadora se estropea justo cuando tienes compañía en casa, en ese momento anhelas ese país mejor, ¿no?

El versículo 27, en el mismo capítulo, hablando de Moisés dice: «Por fe salió de Egipto, no porque temía la ira del rey, sino porque estaba decidido, como quien veía al Dios invisible». ¡Esa es una perspectiva transfigurada!

«Por fe Isaac», versículo 20, «bendijo a Jacob y a Esaú y habló de las cosas venideras». Una perspectiva transfigurada. Ahora una cosa es tener esa perspectiva de la vida de los demás, ¿verdad? ¿Te resulta más fácil ver la voluntad de Dios trabajando en la vida de otra persona que en la tuya?

¿Qué sabrías de Sadrac, Mesac y Abednego, si nunca hubieran entrado al horno ardiente? Nosotros los cristianos tenemos este libro lleno de historias maravillosas como esta, y el final de cada una de ellas es el mismo; es la gloria todo el tiempo.

La bendición de la vida de Fanny Crosby se ha incrementado enormemente al saber que estas palabras de estos hermosos himnos del evangelio, provenían de una mujer que nunca vio la luz del día, o al menos no recordaba haberla visto desde la edad de seis semanas.

Todo ha sido transfigurado en sus vidas porque sabemos el final de la historia. Recuerdo cuando Jeannette Clift George interpretaba el papel de Corrie ten Boom en la película El lugar secreto. Ella fue entrevistada en uno de los programas de Billy Graham, y él le preguntó: «Ya que estudiaste la vida de Corrie ten Boom, ¿cuál fue la característica que más te impresionó de ella?»

Y sin ninguna duda, la respuesta de Jeannette fue: «¡Gozo!» ¡Y aquellas de ustedes que vieron El lugar secreto, vieron un rostro viejo y radiante, lleno de la alegría del Señor! ¿De dónde vino eso? ¿Fue porque todo en su vida funcionó bien? ¿Fue porque había tenido una vida feliz, así como el mundo define la felicidad? ¡Por supuesto que no!

Su perspectiva fue transfigurada y ella misma fue transfigurada para beneficio del resto de nosotros. El rostro de ella nos da una señal visible de una realidad invisible: otro país, otro nivel, otra perspectiva.

Pablo pudo cantar en prisión, y escribió estas epístolas llenas de gozo. Al libro de Filipenses se le llama la epístola del gozo. Él escribió estas impresionantes palabras en el primer capítulo de Filipenses, palabras que para mí están cargadas de implicaciones. 

Él dijo: «Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él» (v. 29). Se te ha dado el don del sufrimiento. Y luego en Colosenses, también en el primer capítulo, encontramos este versículo aún más impresionante y potente: «Ahora me alegro de mis sufrimientos por ustedes» (v. 24). Suena como un disparate ¿verdad?

Luego continúa diciendo: «Esta es mi manera de ayudar a completar en mi pobre carne humana la historia completa de las aflicciones de Cristo aún por soportar por el bien de Su cuerpo, que es la iglesia» (paráfrasis). Ahora, para mí, esa es la declaración más profunda en toda la Escritura sobre el tema que hemos estado discutiendo, sobre el sufrimiento humano. (No podemos acercarnos a las declaraciones sobre los sufrimientos de Cristo).

Pablo está en prisión y está diciendo: «Es mi gozo sufrir por ti, porque esta es mi manera de ayudar a completar en mi pobre carne humana». Pablo estaba encadenado entre dos soldados. ¿Te imaginas la incomodidad, por no hablar de la falta de privacidad las veinticuatro horas al día?

Pero en su pobre carne humana, de una manera muy misteriosa que nunca podré explicarte (pero creo que así fue) dijo: «Estoy ayudando a completar la historia de las aflicciones de Cristo aún para soportar (¿por quién?) por el bien de Su cuerpo».

Sé que algunas de ustedes están sentadas preguntándose: «Pero ¿qué tiene que ver eso con mis sufrimientos? Mis sufrimientos no son por el bien del evangelio». Durante años, he sufrido por eso mismo, porque pensé, nunca he sufrido directamente por el bien del evangelio. 

Incluso la muerte de mi esposo Jim, que había intentado llevar el evangelio a algunas personas, no fue asesinado literalmente debido a la palabra de su testimonio. Nunca había hablado una palabra a esos indios. No tenían idea de por qué estaba allí y supusieron que era un caníbal, ¡así que pensaron que sería mejor asesinarlo en defensa propia antes de que ellos mismos fueran comidos!

Así que durante años y años reflexioné sobre esto y he llegado a la conclusión (podemos discutirlo si quieres, no discutiré de vuelta, pero) aquí hay un misterio mucho más profundo que el hecho de que Pablo estaba sufriendo literalmente en prisión debido a su testimonio. Esta es mi manera de ayudar a completar en mi pobre carne humana la historia completa de los sufrimientos de Cristo.

Ahora, toma nota de esto: Cristo sufre cuando yo sufro, porque soy miembro de Su cuerpo. Puede que sea un miembro herido, pero Él sufre conmigo, por mí y en mí. Cuando yo sufro, Él sufre. Cristo sufrió en la cruz. Llevó todos mis pecados, todas mis aflicciones y todas mis penas, y sin embargo hay una historia aún por completar. No lo entiendo; simplemente lo afirmo, lo acepto.

Finalmente veamos las paradojas. Necesitamos una visión transfigurada de estas paradojas. Las metáforas bíblicas para el sufrimiento hablan de podar (el mejor fruto sale de una poda drástica); la purificación del oro (el oro más puro sale del fuego más caliente); el paso por aguas profundas (y ciertamente he aprendido las lecciones más profundas de mi vida al pasar por las aguas más profundas). Las mayores alegrías salen de las mayores aflicciones; la vida sale de la muerte.

Pienso en María —probablemente solo una adolescente— que en su humildad y su pobreza se ofreció a sí misma, sus planes, sus esperanzas, sus temores de lo que pensarían de ella sí parecía que había sido infiel a su prometido, José.

Su respuesta instantánea a la palabra de Dios fue: «Aquí tienes a la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra» (Lucas 1:38). ¡Fue a partir de este sacrificio, de esta ofrenda de sí misma, que nació el Salvador del mundo! Fue llamada la más exaltada entre las mujeres. Eso vino de la humildad. «El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por Mi causa, la hallará» (Mateo 10:39).

De hecho, no se puede realizar ninguna obra redentora sin sufrimiento. Dios nos llama a estar a su lado, a ofrecerle nuestros sufrimientos por Su transfiguración, a llenar nuestra pobre carne humana (si no se me da el privilegio de ser crucificado, si no se me da el privilegio de ser martirizado de alguna manera literal por Dios).Se me ha dado el privilegio de ofrecerle a Él todo lo que me ha dado.

Le ofrezco todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que hago, y todo lo que sufro, por Su transformación, transfiguración, por un intercambio por la vida del mundo. De eso se trata. Puedes estar sufriendo como padre porque tu hijo te ha rechazado; o puede que estés sufriendo como hija porque tu padre te rechazó.

Hice una lista de estas increíbles paradojas. Tendré que leerlo muy rápido, porque mi tiempo está a punto de terminar.

Estas son algunas de las cosas que la Escritura me dice de cómo Dios transforma:

  1. El desierto en pastos
  2. Desierto en manantiales
  3. Lo perecedero en imperecedero
  4. Debilidad en poder
  5. Humillación en gloria
  6. Pobreza en riquezas
  7. Mortalidad en inmortalidad
  8. Este cuerpo vil en un cuerpo resplandeciente
  9. Mi luto en aceite de alegría
  10. Mi espíritu de pesadez, lo cambia por una prenda de alabanza
  11. Belleza por cenizas

En Apocalipsis 7:16–17 leemos:

«Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos».

Para concluir, quiero leerles un poema escrito por Grant Colfax Tullar:

Mi vida es solo un tejido entre mi Dios y yo;

No puedo escoger los colores 

Él está en constante acción.

A veces teje dolor,

Y yo en mi orgullo necio olvido que

Él mira la parte superior 

Y yo veo la parte confusa. 

Hasta que el telar esté callado

Y la lanzadera deje de volar, 

Podrá Dios desenrollar el lienzo 

Y explicar Sus razones al hablar.

Los hilos oscuros son tan necesarios 

En la mano hábil del Tejedor

Como los hilos de oro y plata 

En el patrón que Él planificó.

Él sabe, Él ama, a Él le importa,

No hay nada que esta verdad pueda apagar;

Él da lo mejor de Sí a aquellos

Que escogen caminar con Él.

Todo lo que sucede encaja en un patrón eterno. 

¡El sufrimiento no es en vano!

Nancy: Y esa frase, El sufrimiento no es en vano, es el título de la serie de enseñanzas que hemos escuchado de Elisabeth Elliot en los últimos episodios.

La esperanza del evangelio es que al contemplar a Jesús —al contemplar Su gloria, somos transformadas de adentro hacia afuera. Ese proceso no ocurre de la noche a la mañana, sino que es gradual. En el capítulo 3 de la 2 Corintios, Pablo nos dice que cambiamos de un grado de gloria a otro, «de gloria en gloria». Y oh, ¡cuán hermoso es el resultado final en nuestras vidas!

Como nos lo recordó Elisabet, eso puede –y a menudo es así– implicar sufrimiento. Pero Pablo dice que ese cambio, que esa transformación, proviene del Señor que es el Espíritu. Él es quien hace la obra en nosotras.

Y bueno, hoy llega a su fin la serie que hemos estado transmitiendo con Elisabeth, pero mañana regresaremos con una nueva serie. Asegurate de acompañarnos para esta, aquí en Aviva Nuestros Corazones. ¡Te esperamos!

Annamarie: Confiando en Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Nancy: Y recuerda que la lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Zacarías capítulos 10 al 14.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot fue una autora y oradora cristiana. Su primer marido, Jim Elliot, fue asesinado en 1956 cuando intentaba hacer contacto misionero con la Auca del este de Ecuador. Más tarde pasó dos años como misionera de los miembros de la tribu que mataron a su esposo.

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