Podcast Aviva Nuestros Corazones

El sufrimiento no es en vano | Un mensaje clásico de Elisabeth Elliot

Carmen Espaillat: Elisabeth Elliot sabe lo que es sufrir. Su primer esposo fue asesinado y el segundo falleció de cáncer. Sin embargo, ella mira hacia atrás y  ve cómo Dios usó esas situaciones para bien.

Elisabeth Elliot: Las cosas más profundas que he aprendido en mi vida han sido resultado del más profundo sufrimiento. Y de las aguas más profundas y los fuegos más ardientes he aprendido las cosas más profundas que conozco acerca de Dios.

Carmen: Estás escuchando  Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Imagina que te has mudado a una zona subdesarrollada en algún país de América del Sur.  El que ha sido tu esposo por dos años, se ha perdido en la selva.  Y luego, escuchas las noticias. Tu esposo ha sido asesinado por las personas que estaba tratando de servir. Eso es exactamente lo que le pasó a Elisabeth Elliot, quien pasó a estar en la presencia del Señor. Ella va a explicar lo que pasaba por su mente en esos momentos.

Ahora, puede que tú nunca hayas atravesado una situación como la de Elisabeth Elliot. Pero todas nosotras podemos esperar atravesar por períodos de sufrimiento. Así que, no importa qué dolor o retos estés enfrentando ahora, espero que puedas escuchar la honesta descripción de Elisabeth sobre lo que significa vivir en un mundo caído. Yo estoy segura de que obtendrás esperanza y una perspectiva importante de la palabra de Dios en los próximos minutos. Escuchemos.

Elizabeth: Cuando a C.S. Lewis le solicitaron escribir un libro sobre el tema del dolor,  pidió permiso para escribirlo de manera anónima. El permiso fue denegado por no estar en consonancia con esa serie en particular. Esto es lo que escribió en su introducción: «Si yo dijera lo que realmente pensaba acerca del dolor, me vería obligado a hacer declaraciones de un tipo de aparente fortaleza que se volvería ridícula si alguien supiera quién las hizo». Y me hago eco de esos sentimientos.

Cuando escucho las historias de otras personas acerca de sus sufrimientos, siento que yo misma no se prácticamente nada sobre esa materia. Me siento como si estuviera en el jardín de infantes; si me comparo por ejemplo, con mi amiga Jan que es tetrapléjica y se encuentra veinticuatro horas al día en un hogar de ancianos en Connecticut, o mi amiga Judy Squires en California que nació sin piernas, o mi amigo, Jo Bailey que perdió a sus tres hijos. Pero si todo lo que conozco sobre el sufrimiento fuera por mera observación, sería suficiente decir que nos enfrentamos a un gran misterio.

El sufrimiento es un misterio que ninguna de nosotras es capaz de descubrir. Estoy segura de que aquí todas en uno u otro momento ha preguntado «¿Por qué?». Si tratamos de poner juntos el misterio del sufrimiento con la idea cristiana de un Dios que nos ama, sabemos, si pensamos en esa afirmación por cinco minutos, que la noción de un Dios amoroso no puede deducirse a partir de la evidencia que vemos a nuestro alrededor, y mucho menos a partir de la experiencia humana. Y lo que quiero compartir contigo es lo que veo que es la pura verdad, sin evasiones ni estereotipos.

Tengo fresca en mi mente una imagen que vi esta semana en la revista Time, de un recién nacido inconsolable cuya madre era adicta al crack y la cocaína. Solo mirar esa imagen trajo a mi mente todo lo que pensaba decirte en esta serie.

Resulta que ayer me encontraba sentada en un avión al lado de una mujer que leía un libro titulado: Master Life Manual. La portada trataba sobre metafísica, la conciencia del cerebro/mente, los principios del potencial humano y de la siguiente declaración: «Crea tu propia realidad, ahora». Pensé que no me gustaría estar en la profundidad de un extremo en el que me viera obligada a crear mi propia realidad de cara a datos sobre la experiencia humana.

Así que haré las siguientes preguntas: ¿Hay alguna razón para creer que el sufrimiento es en vano? ¿Hay un propósito eterno y perfectamente bondadoso detrás de todo esto? Si existe, no es obvio. Es más complicado de lo que parece. Y sin embargo durante miles de años de cara a estas realidades sorprendentes, existe una verdad terrible. Y si desde hace miles de años las personas han creído que existe un Dios amoroso y que este Dios observa las realidades alrededor nuestro y aún así nos ama, y estas personas han continuado insistiendo en que Dios sabe lo que está haciendo y tiene el mundo en sus manos, entonces repito, la razón no puede ser obvia. No puede ser que miles de personas sean: sordas, tontas, ciegas, e incapaces para ver con claridad los datos que tú y yo constantemente observamos. ¿Cuál es la respuesta?

F.W.H Myers en su poema «San Pablo» escribió lo siguiente:

«¿Hay mal tan amargo como para no ser propiciado, reparado? ¿Cuáles son esos años ocultos llenos de desesperación?  ¿Pues no escuchará a toda la creación gemir, los suspiros del fiador y las lágrimas de una mujer?»

La respuesta no es obvia. Tiene que haber una explicación en alguna parte. Mi propósito en esta breve serie es tratar de llegar a la explicación y luego, ver si hay algo que tú y yo podamos hacer sobre el tema del sufrimiento. Estoy convencida de que hay un número de cosas en esta vida acerca de las cuales no podemos hacer nada, pero Dios quiere que hagamos algo con esas cosas. Espero que cuando finalice haya sido clara en lo que quiero expresarte.

Ahora, la palabra sufrimiento puede parecer muy elevada y tal vez demasiado digna para el conjunto de problemas que tienes hoy. Si te conociera y conociera tus historias, entonces sabría que posiblemente no podría hablar personalmente a cada necesidad que haya para cada tipo de sufrimiento. Estoy segura de que habría mujeres que dirían: «Bueno, yo la verdad que no sé nada sobre el sufrimiento. Nunca he atravesado nada parecido a Joni Eareckson o a Jo Bailey o ni siquiera parecido a la experiencia de Elisabeth Elliot» Y por supuesto es la verdad. Yo podría decir lo mismo si conociera tu historia. Podría decir: «Bueno, yo nunca he pasado por algo parecido».

Por esta razón, quiero darte una definición del sufrimiento que cubrirá toda la gama, desde los desbordamientos de la lavadora o cuando se quema la cena la noche que invitaste al jefe a cenar, y de todas esas cosas que nuestra reacción inmediata es «¡oh, no!». Desde las pequeñas trivialidades hasta cuando sabes que tu esposo tiene cáncer, tu hijo una espina bífida o acabas de perderlo todo. Creo que la definición que te daré cubrirá toda la gama de situaciones.

Creo que las cosas que voy a tratar de decirte, aplicarán a las pequeñas cosas, aquellas pequeñas cosas ridículas que, si eres como yo, consiguen molestarte y amargarte, que nada importan en comparación con las cosas más grandes.

Y aquí está mi definición: El sufrimiento es tener lo que no se quiere o querer lo que no se tiene. Ahora, si piensas en algo que no se puede describir bajo estos dos rubros, por favor búscame luego para hablar de eso. Creo que esta definición cubre toda circunstancia.

¿Puedes imaginarte un mundo, por ejemplo, donde nadie tuviera nada que no quisiera: ningún dolor de muelas, ni impuestos, ni tapones, ni parientes delicados? O por el contrario, ¿Te imaginas un mundo en el que todo el mundo tuviera todo lo que quisiera: un clima perfecto, la esposa perfecta, el esposo perfecto, la salud perfecta, la puntuación perfecta, la felicidad perfecta?

Malcolm Muggeridge dijo: «Supongamos que tú eliminas el sufrimiento. Qué lugar tan horrible sería el mundo, porque todo lo que corrige al hombre de la dependencia de sentirse importante y demasiado satisfecho desaparecería. Sería lo suficientemente malo ahora. El ser humano sería absolutamente intolerable si nunca sufriera».  Muggeridge llega al corazón de lo que quiero decir. No es en vano. El sufrimiento no es en vano. ¿Cómo sé eso?                                                             

Las cosas más profundas que he aprendido en mi vida han sido el resultado del más profundo sufrimiento. Y a partir de las aguas más profundas y de los fuegos más ardientes, he aprendido las cosas más profundas que conozco acerca de Dios. Me imagino que la mayoría de nosotras diría exactamente lo mismo. Yo añadiría que los regalos más grandes de mi vida también han supuesto el mayor sufrimiento. Los regalos más grandes de mi vida por ejemplo, han sido el matrimonio y la maternidad. Y no olvides que si no quieres volver a sufrir, debes ser muy cuidadosa de nunca amar a nadie ni nada. Ya que los regalos de amor han sido los regalos del sufrimiento. Y estas dos cosas son inseparables.

Ahora, vengo ante ti no como R.C Sproul, que es un teólogo y erudito. Vengo como alguien que ha permanecido al margen y ha reflexionado sobre estas cosas, y una en cuya vida Dios se ha ocupado de que exista cierto grado de sufrimiento, un cierto grado de dolor. Y ha sido de esa medida de dolor que me ha llegado la convicción inquebrantable de que Dios es amor.

Cuando mi hija pequeña, Valerie tenía dos años de edad, su padre llevaba más de un año muerto. Y yo estaba empezando a enseñarle el Salmo 23:

«El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce. Él restaura mi alma.»

Y todavía puedo escuchar esa diminuta voz de bebé diciendo: «En lugares de verdes pastos me hace descansar». Aún tengo una cinta de ella diciéndolo, y pensé cuando la escuché decirlo de nuevo ¿De dónde sacó esa rara entonación? Recordé que lo había aprendido de su madre, que le enseñaba palabra por palabra. Ella decía, «me guiará», y yo decía, «por sendas», y ella decía, «por sendas». De todas maneras, lo aprendió.

El Salmo 91:1-7, es uno de mis salmos preferidos. «El que habita al abrigo del Altísimo, morará a la sombra del omnipotente. Diré yo al Señor: refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío. Porque él te libra del lazo del cazador y de la pestilencia mortal. Con sus plumas te cubre y bajo sus alas hallas refugio; escudo y baluarte es su fidelidad. No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la pestilencia que anda en tinieblas, ni la destrucción que hace estragos en medio del día. Aunque caigan mil a tu lado y diez mil a tu diestra, a ti no se acercará».

Quiero que pienses, cómo una madre viuda trata de enseñarle a su pequeña hija (cuyo padre fue asesinado, por un grupo de indios salvajes que pensaban que él era un caníbal), lo que significaba este salmo, lo que las palabras de la Biblia significaban. Ella aprendió «Jesús me ama eso lo sé»; no porque su padre fue asesinado, sino porque ella sabía que así lo decía la Biblia. Ella aprendió a cantar, «Dios cuidará de mí». ¿Cómo le explicaría que «aunque caigan mil a tu lado y diez mil a tu diestra a ti no se acercará»?

Te digo esto porque tal vez te ayudará a ver, como me he visto obligada por las circunstancias de mi propia vida, a tratar de llegar a la base misma de la fe, (de cosas que son infrangibles e inquebrantables) Dios es mi refugio. ¿Fue el refugio de Jim? ¿Fue su fortaleza?

La noche antes de que esos cinco hombres fueran asesinados por los «Aucas», llegaron a territorio Auca cantando,«descansamos en ti nuestro escudo y nuestra defensa». ¿Qué hace tu fe frente a la ironía de esas palabras? No habrá satisfacción intelectual de este lado del cielo hasta que se haga la más antigua pregunta, «¿por qué?»

Pero aunque no he encontrado satisfacción intelectual, he encontrado paz. Y la respuesta que te diré no es una explicación, es una persona, Jesucristo, mi Señor y mi Dios. Y así llegamos de nuevo a la terrible verdad de que el sufrimiento existe. La pregunta es, «¿está Dios prestando atención? Y en segundo lugar ¿por qué no está haciendo nada al respecto?

En respuesta a la pregunta, «¿por qué no hace nada Dios?» Yo quiero decirte: «Él lo hizo. Él está haciendo algo, y él va a hacer algo». El tema solo se puede abordar desde la cruz (esa áspera cruz tan despreciada por el mundo). Lo peor que le ha pasado a la historia humana resulta ser la mejor cosa, porque me salvó. Salvó el mundo.

Así que el amor de Dios viene acompañado de sufrimiento, que se nos demostró al dar a su hijo Jesús para morir en la cruz. Esa es la clave. Es solo en la cruz que podemos armonizar la aparente contradicción entre el sufrimiento y el amor. Nunca vamos a entender el sufrimiento a menos que comprendamos el amor de Dios.

Estamos hablando de dos niveles en que las cosas van a ser comprendidas. Una y otra vez en las escrituras tenemos lo que parece ser paradojas completas, porque estamos hablando de dos reinos diferentes. Estamos hablando de este mundo visible y del invisible donde se interpretan los hechos de este mundo.

Tomemos como ejemplo las bienaventuranzas; son hermosas, (esas maravillosas declaraciones de paradoja) que Jesús hacía a la multitud cuando predicaba en el monte. Él dijo cosas como estas, muy extrañas: «Bienaventurados los que procuran la paz…Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos…» ¿Tiene algún sentido? No, a menos que lo veamos como dos reinos: el reino de este mundo y el reino de un mundo invisible.

Cuando me paré junto a mi radio en la selva de Ecuador en 1956 y escuché que mi esposo había desaparecido, Dios trajo a mi mente las palabras del profeta Isaías: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo» (Isa.43:2). Te puedes imaginar que mi respuesta no era muy espiritual. Yo decía: «Pero Señor, estás conmigo en todo tiempo, lo que quiero es a Jim, quiero tener a mi esposo”».

Teníamos casados veintisiete meses después de esperar cinco años y medio. Cinco días después supe que Jim había fallecido, y la presencia de Dios conmigo no era la presencia de Jim. Eso fue terrible para mí. La presencia de Dios no cambió el terrible hecho de que yo fuera una viuda. Yo pensé que sería viuda cuando muriera, porque fue un milagro que me casara la primera vez. No me podía imaginar que alguna vez me volvería a casar una segunda vez y menos una tercera. La presencia de Dios no cambió mi estado de viudez. La ausencia de Jim me empujó, me obligó, me llevaba a Dios, mi único refugio y esperanza. Y aprendí quién era Dios de una manera, que de otra manera yo nunca habría conocido.

Y por tanto puedo decirte que el sufrimiento es un medio irremplazable a través del cual aprendí una verdad indispensable. «Yo Soy». «Yo soy el Señor». En otras palabras, Dios es Dios. Y me gustaría ir atrás y decir: «Pero Señor, ¿qué hay de esos bebés? ¿Qué hay de ese pequeño con la espina bífida? ¿Qué pasa con los recién nacidos terriblemente perjudicados con las adicciones de sus madres a la cocaína, la heroína y el alcohol? Y no puedo responder a tus preguntas, ni siquiera a las mías excepto en las palabras de la Escritura.

El apóstol Pablo conocía el poder de la cruz de Jesús, y escribió estas palabras:

«Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada.  Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios» (Rom. 8: 18-21).

¿De dónde viene esta idea de un Dios de amor? No es del hombre que necesita tan desesperadamente a Dios que lo fabrica en su mente. Es de  quien fue el Verbo, antes de la fundación del mundo, quien sufrió como un cordero inmolado, quien tiene planes bajo sus manos que tú y yo desconocemos ahora. Él nos ha dicho lo suficiente para que sepamos que el sufrimiento no es en vano.

Nancy: Elisabeth Elliot, quien ya se encuentra con el Señor, ha estado explicando, cómo los trágicos sucesos de su vida la obligaron a apoyarse en el Señor para todo. Ahora, supongo que la mayoría de las mujeres que escucharon el programa de hoy pueden pensar en por lo menos una situación dolorosa en sus vidas. Mientras piensas en la situación de tu vida que te ha causado mayor dolor y sufrimiento, te pregunto: «¿A dónde has acudido por ayuda?» ¿Puedo animarte a clamar al Señor en medio de ese dolor? Búscalo a través de su palabra, a través de la oración a través de la alabanza, a través de adorarlo e incluso a través de tus lágrimas.

Dios, tú sabes exactamente quienes han escuchado el mensaje de hoy y las situaciones por las cuales están atravesando, (el dolor, el luto, una relación familiar destruida, necesidades físicas, necesidades económicas, circunstancias inesperadas). Señor tú conoces cada uno de nuestros corazones, tú conoces cada una de nuestras circunstancias.

Oro para que tú extiendas Tu mano sanadora y ayudadora, la mano de Jesús en cada corazón, en cada vida, que podamos clamarte en medio de nuestro dolor, que te busquemos, que descansemos en ti. Tú nos sostienes, nos consuelas en medio de nuestro dolor, y nos encontramos contigo en medio de nuestro sufrimiento. Por lo que te suplico Señor que tú ministres tu gracia a las oyentes que se encuentran hoy en una situación de desesperación y no saben a dónde ir. Que ellas puedan ir a ti y encontrar todo lo que necesitan, no solo para sobrellevar la situación, sino para prosperar en medio del dolor.

Gracias Señor, que más allá de la cruz hay una resurrección. Más allá del dolor hay ganancia, que tú nos permitas atravesar toda dificultad y como dicen tus promesas: «Pero Él sabe el camino que tomo; cuando me haya probado, saldré como el oro». Por todo esto te damos gracias, en el santo nombre de tu Hijo Jesús, amén.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*La Gloria de la Cruz, Sovereign Grace Music & La IBI, El Dios Que Adoramos (En Vivo desde Por Su Causa 2012) ℗ 2013 Sovereign Grace Music

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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