Aviva Nuestros Corazones Podcast

Entrad por sus puertas con acción de gracias (Sal. 100), día 1

Carmen Espaillat: ¿Cómo describirías tu adoración al Señor?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: La adoración debe ser gozosa y expresiva. «Aclamad con júbilo al Señor; cantad alegres a Dios».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Ya que se acerca la semana en que celebramos el día de Acción de Gracias, quiero que dediquemos los próximos días para estudiar uno de los salmos más apreciados y conocidos de todo el salterio judío, el himnario de los judíos. Este salmo se denomina, «Salmo de acción de gracias», y de hecho, es el único salmo en toda la Escritura que está designado de esa manera en particular. Existen muchos salmos que contienen acciones de gracias y alabanzas, pero este en particular tiene como título, «Salmo de acción de gracias».

Así que vamos a estar estudiando el Salmo 100, y si estás en un lugar donde tengas tu Biblia y puedes buscar el pasaje, y unirte a nosotras hoy y por los próximos días, va a ser de mucho provecho porque quiero que nos sumerjamos en este salmo, y que lo usemos como una forma de estimular nuestros corazones para alabar al Señor y para darle gracias a Él.

Permíteme leer el salmo completo, cinco versículos, ochenta palabras, y luego vamos a desglosarlo en los próximos días para ver lo que tiene que decirnos:

«Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra. Servid al Señor con alegría; venid ante Él con cánticos de júbilo. Sabed que Él, el Señor, es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado.

Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre. Porque el Señor es bueno; para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones».

Este salmo se ha musicalizado y es tema de muchos himnos, poemas y libros también. El Salmo 100, fue parafraseado por un traductor de la Biblia llamado William Kethe, en 1561. Esa versión se conoce como el «Old Hundredth», o «El antiguo centésimo» (aunque tiene también otros títulos en español). Tal vez no hayas escuchado nada de esto.

También es conocido como Doxología, y aún en los Estados Unidos seguimos cantando esas palabras con la misma melodía después de cuatrocientos años.

En 1953, este salmo, fue cantado en la clausura de la coronación de la reina Isabel II en la Abadía de Westminster. Y sesenta años más tarde fue cantando nuevamente en un servicio nacional de Acción de Gracias en la Catedral de San Pedro, para celebrar el jubileo de diamante de la coronación de la reina Isabel. Tú puedes ver esos servicios en YouTube y escuchar allí este conocido himno.

Cantad naciones al Señor
Cantadle con alegre voz
Servidle con temor filial
¡Venid y en su presencia estad!

Este himno se basa en el Salmo 100, el salmo que estaremos estudiando esta semana.

Ahora, existen muchas clases diferentes de salmos. A medida que lees a través del libro de los salmos te das cuenta de que existen unos salmos que expresan lamento, otros tristeza, y otros son salmos de confesión. Existen también salmos de instrucción. Sin embargo, este salmo es diferente.

No hay lamento en este salmo. No hay dolor. No hay lágrimas. Este es un himno; es un himno de alabanza. Es una doxología. Es un himno de gozo, de alegría y canto.

A medida que meditaba en este salmo durante estos últimos días, mi corazón se animaba. A medida que tú lo leas una y otra vez, este salmo tiene la capacidad de disipar y desplazar la oscuridad, las tinieblas y la tristeza. Y hay mucho de eso en las noticias hoy en día. ¿No crees?

Pero tú, sumérgete en la Palabra de Dios y en un salmo como este, y notarás cómo tu mirada se levanta. Tu corazón se levanta, las tinieblas se van y te das cuenta de que el gran Dios y Rey del universo está sobre todo.

Este es un salmo que quizás fue cantado por los judíos en la era del Antiguo Testamento cuando se dirigían al templo de Jerusalén para adorar. «Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra. Servid al Señor con alegría; venid ante Él con cánticos de júbilo».

El salmo se divide de una forma sencilla. Permíteme dar el bosquejo y el formato general, y luego vamos a estudiar cada parte paso a paso. 

Los primeros dos versículos son un llamado a la adoración. En ese llamado a la adoración, en esa invitación a la adoración, hay tres imperativos: aclamar con júbilo al Señor, servir al Señor con alegría, y venir ante Él con cánticos de júbilo.

Luego en el versículo 3, hay una causa para la adoración, una razón para adorar. Y esto toma la forma de tres afirmaciones: Él es Dios, Él nos creó, y somos suyas. 

Después en el versículo 4, tenemos otro llamado a la adoración, otra invitación a adorar. Y nuevamente hay tres imperativos: entrar por Sus puertas, darle gracias, y bendecir Su nombre.

Finalmente, en el versículo 5, una vez más tenemos la razón para adorar; tres atributos de Dios: Su bondad, Su misericordia y Su fidelidad.

Aquí vemos la Trinidad de Dios, tres veces en el llamado a la adoración como la razón de la adoración. Es recurrente. Y queremos ver lo que eso quiere decir acerca de nuestra acción de gracias y de nuestra adoración en el día de hoy.

Lo primero que noto a medida que leo estos primeros versículos, este llamado a la adoración, es que la adoración debe ser gozosa y expresiva, gozosa y expresiva. «Aclamad con júbilo al Señor». Una traducción dice: «Cantad alegres a Dios», y otra, «Aclamen con alegría al Señor».

La razón por la que tenemos estas diferentes traducciones es porque es difícil proponer solo una forma de decir lo que la Palabra de Dios dice en el texto hebreo. Entonces se puede traducir como: «aclamad con júbilo» o «cantad alegres». Pero es con voz fuerte. Es con ruido. Es con gozo. Es de manera expresiva y con celebración.

Les tengo que contar acerca de un pequeño ritual que tenemos mi esposo y yo. Me siento un poco apenada al contarles esto porque es algo solamente entre nosotros dos, pero ahora será entre nosotros y todos los demás. En nuestra sala tenemos, desplegado a lo largo de dos paredes adyacentes, un versículo bíblico del Salmo 65. Dice: «Oh Dios de nuestra salvación, confianza de todos los términos de la tierra, y del más lejano mar... Tú haces cantar de júbilo a la aurora y al ocaso» (vv. 5,8).

Y así es como hacemos esto Robert y yo. Cuando bajo las escaleras en la mañana... a Robert le gusta levantarse temprano. Él se pone de rodillas y pasa tiempo en la Palabra mucho antes de que yo me levante. Así es que cuando bajo las escaleras en la mañana, llego al último escalón y él llega a mi encuentro. Luego nos abrazamos y nos besamos, y le digo, «buenos días, amado mío», y él me dice, «buenos días, mi amor». Por encima de sus hombros puedo apreciar el versículo de la Escritura. 

Es todavía muy temprano para mí y no me gusta hacer mucho ruido en la mañana, ni siquiera me gusta hablar en la mañana. Así que simplemente le susurro este versículo al oído: «Oh Dios de nuestra salvación, confianza de todos los términos de la tierra, y del más lejano mar... Tú haces cantar de júbilo a la aurora y al ocaso». Y luego él se une y juntos decimos, «cantos de júbilo».

Esa es nuestra forma de despertarnos en la mañana, con «cantos de júbilo». Ahora, no se lo cuenten a nadie. Esto queda entre nosotras.

«Cantos de júbilo». Esto no se debe a que Dios tiene dificultad para escuchar. Dios escucha bien aun cuando susurramos. Él escucha lo que estamos pensando aun sin decirlo. Pero cuando «aclamamos con júbilo» estamos celebrando. Estamos siendo expresivas con nuestra gratitud al Señor.

Y el concepto aquí de aclamar con júbilo es como una ostentación estridente y festiva para un rey. ¡El rey está aquí! ¡El rey viene! Estamos en su presencia. Estamos entrando en su presencia y queremos gritar de alegría. 

Esta palabra podía ser usada como un grito de victoria en la batalla. Es la misma palabra que se utilizó en el libro de Josué cuando él le ordenó al pueblo que gritara afuera de la ciudad de Jericó, y las murallas cayeron. 

A veces me pregunto qué murallas de desánimo, de depresión, de temor, de ansiedad, de enojo se derrumbarían si «aclamáramos al Señor», si expresáramos jubilosas nuestra celebración de quién es Él.

La palabra en hebreo aquí realmente significa «retumbar en el oído con sonido, clamar». Es aclamar. A veces es un grito de guerra.

Y permíteme decir esto, aclamar al Señor me dice que no es algo para aquellos que tienen grandes habilidades musicales solamente… «cantad alegres a Dios», sino también para aquellas de nosotras que solo podemos croar, chirriar y traspasar el oído con un sonido. Nosotras también podemos ser parte de la alabanza y de la acción de gracias, y me gozo por eso.

Este concepto se ve en todo el libro de los salmos. El Salmo 66 versículos 1 y 2 dice: «Aclamad con júbilo a Dios, toda la tierra; cantad la gloria de su nombre; haced gloriosa su alabanza».

El Salmo 81 versículo 1 dice: «Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; aclamad con júbilo al Dios de Jacob».

El Salmo 98 versículos del 4 al 6 dicen: «Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra; prorrumpid y cantad con gozo, cantad alabanzas. Cantad alabanzas al Señor con la lira, con la lira y al son de la melodía. Con trompetas y sonido de cuerno, dad voces ante el Rey, el Señor».

Y luego continuando en el Salmo 98, aun la naturaleza es llamada a ser parte de esta sinfonía de alabanza. «Ruja el mar y cuanto contiene, el mundo y los que en él habitan. Batan palmas los ríos; a una canten jubilosos los montes delante del Señor» (vv. 7-8).

Bueno, creo que ustedes pueden ver que no hay nada de apagado, desanimado o apático acerca de este tipo de alabanza. La alabanza no es un juego de silencio. Ahora, a veces puede ser calmada, pero otras veces tiene que ser cálida, ardiente, entusiasta, apasionada, expresiva, eufórica.

Y permíteme decir, esto no es siempre fácil para aquellas de nosotras que somos introvertidas. Me incluyo en esa categoría. Tu clamor jubiloso al Señor puede sonar algo distinto al de aquella mujer que es extrovertida, pero tú sabes en tu corazón si la alabanza está brotando y levantándose hacia el Señor. 

Me imagino que han escuchado que desde que me casé con Robert Wolgemuth me convertí en una fan de los Cachorros de Chicago. Sí, ahora sé de qué se trata de beisbol y estoy aprendiendo cosas acerca del juego. Nos encanta escuchar los juegos y estar pendientes del marcador oficial en una aplicación del equipo que tenemos en nuestros teléfonos. Mientras escuchamos, se pueden oír los fans en el estadio Wrigley que queda al otro lado del lago. Aunque no estés viendo el partido, puedes oír las voces de los fans que están gritando jubilosos.

Esto me hace preguntar: ¿Por qué está bien que decenas de miles de fanáticos griten jubilosos cuando un bateador le pega a la pelota sacándola fuera del estadio, pero algunas de nosotras o de nuestras iglesias estamos crónicamente endurecidas y silenciosas cuando se trata de la adoración corporativa y de la alabanza al Señor?

El tipo de gratitud de la que estamos hablando aquí a veces incluye gritos, canto, regocijo, ruido. No es solamente algo que sentimos o pensamos internamente. Necesita expresión.

La acción de gracias no es un deporte para espectadores. No es para que nos sentemos a observar sino para que participemos activamente.

Esta clase de alabanza, esta clase de acción de gracias no se puede fabricar, no se puede manipular. Es una obra de gracia; es una obra del Espíritu Santo en nuestros corazones. Pero sí es nuestra respuesta apasionada a nuestro Dios cuando vemos quién es Él y lo que ha hecho, y nuestros corazones se llenan y rebosan en alabanza y gratitud y a veces en una explosión de alabanza.

Entonces nuestra alabanza debe ser gozosa y expresiva. En segundo lugar, veo en este primer versículo que la adoración debe ser universal. «Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra», toda la tierra.

Ves, la alabanza y el agradecimiento o la gratitud, no es solo para el pueblo del pacto de Dios. Ahora, ciertamente aquellas de nosotras que le conocemos y le pertenecemos deberíamos servir de ejemplo en la alabanza y la acción de gracias. Debemos mostrarle a la tierra cómo se ve la adoración sincera.

Pero en este pasaje y en otros a lo largo de la Escritura se les ordena a todos los pueblos de todo lugar que den su alabanza al Rey de reyes. La razón es porque Él merece la alabanza de toda criatura en el universo. «Todo lo que respira alabe al Señor». Y tengo que decir que afuera de mi casa tenemos gansos, patos, cisnes y todo tipo de criaturas que respiran y que están alabando al Señor. Sé que eso es lo que están haciendo. «¡Aclamen con alegría al Señor, habitantes de toda la tierra!»

«Él es el Señor de toda la tierra» nos dice el Salmo 97:5. Él no es solamente el Dios de los judíos. Él no es una deidad tribal. «Los judíos tienen su Dios. Los moabitas tienen su dios. Los amonitas tienen su dios». ¡No! Jehová reina sobre toda la tierra. Él es el Dios sobre todos los dioses y ha derramado Su bendición, ha prodigado Su gracia común sobre toda la tierra.

Él ha creado todo lo que vive. Le debemos nuestras vidas a Él. Eso significa que Dios debe ser alabado y que cada persona, en cada rincón de este mundo, de cada religión le debe alabanza a Jehová, ya sea que se dé cuenta o no.

Ahora, eso significa que debemos renunciar y dejar todo dios falso, y dar adoración a Dios y solo a Él. Porque, como nos dice el Salmo 96: «Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos, mas el Señor (Jehová) hizo los cielos» (v. 5).

Y aun se les ordena a esos dioses falsos que alaben al verdadero Dios. Salmo 97, versículo 7: «Adórenle todos los dioses» (con «d» minúscula).

Tenemos que llevar el evangelio a toda la tierra para que en la medida que más personas conozcan a Dios, también sean parte de este gran coro de alabanza y acción de gracias. 

Me encanta esta cita de Charles Spurgeon. Él dice: «El mundo nunca estará en su condición apropiada hasta que con un clamor unánime adore al único Dios».

Así que la solución para los problemas de nuestro mundo no está en que solo digamos, «oh, tenemos muchos dioses; tenemos muchas religiones. Nos toleraremos mutuamente, disfrutaremos el uno del otro y que cada uno haga lo que quiera». Ahora, debemos ser amables. Debemos amar a las personas de todas las creencias, pero este mundo nunca estará en la condición original hasta que «con un clamor unánime adore al único Dios».

Esperamos por fe ese día cuando «se doble toda rodilla … y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil. 2:10-11). Anhelamos ese día. No solo en la tierra sino en el cielo y en el nuevo cielo y en la nueva tierra cuando «una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero» (Apoc. 7:9-10).

Ese es nuestro objetivo. Esa es la razón por la que vivimos. Cuando alabamos al Señor aquí con gritos de júbilo, con celebración, con expresiones desde nuestro corazón hacia Su trono, estamos haciendo un ensayo, una práctica de lo que estaremos haciendo durante la eternidad en el cielo delante del trono.

Por eso nuestra alabanza debe ser jubilosa y expresiva. Debe ser universal. Y finalmente, debemos adorarle sirviéndole con un corazón alegre. Le adoramos sirviéndole con un corazón alegre. 

Versículo 2 dice: «Servid al Señor con alegría».

Las palabras para «adoración» y para «servicio» en el Antiguo Testamento hebreo son las mismas. La adoración y el servicio están entrelazados. Están estrechamente relacionados. No se pueden separar el uno del otro. Adorar a Dios significa servirle. Servir a Dios significa adorarle. Y esta es la razón por la que algunas de las traducciones dicen: «Adorad» y otras dicen: «Servid». Sirvan al Señor, adórenle con alegría.

Por el contrario, servir a otros dioses, a otras cosas, a otros amores, a otros afectos es adorarles. Nuestra adoración privada y corporativa es una forma de decir, «Señor, te servimos a Ti. Reconocemos que solo Tú eres nuestro Amo, nuestro Señor. A ti te servimos. Te adoramos con alegría».

Noten como no debemos adorarle de mala gana ni con corazones tristes. «Debo ir a la iglesia hoy. Sí. Si no voy, nadie se dará cuenta. Hoy prefiero quedarme durmiendo. Hay tantas cosas que podría hacer aquí en la casa, o tengo este proyecto del trabajo. Quisiera faltar a la iglesia y trabajar en eso». No debemos adorar a Dios de mala gana.

No debemos adorarle con corazones tristes. «Oh, ha sido una semana difícil. Estoy tan triste». Ahora, hay tiempos de tristeza. Hay semanas difíciles. Hay situaciones duras. Hay momentos de mucha ocupación. Pero la Palabra de Dios insta a las personas a que aun en los tiempos difíciles, aún en la dificultad, aun en tiempo de sufrimiento, se debe adorar a Dios, no de mala gana, no con tristeza sino con alegría y con regocijo porque la adoración es un privilegio.

Este versículo: «Servid al Señor con alegría», lo recuerdo una y otra vez, especialmente cuando me estoy preparando para las sesiones de grabación o cuando estoy trabajando para finalizar un libro en el plazo establecido. Es como si estuviera en la sala de parto día tras día, noche tras noche, los fines de semana, a veces en vacaciones cuando hay otras cosas que preferiría hacer. Puedo comenzar a sentirme tensa y triste por lo que me está costando servir al Señor. Y entonces recuerdo este versículo: «Servid al Señor con alegría».

Él quiere mi servicio con alegría. Él quiere tu servicio con alegría. Ya sea que lo que estés haciendo parezca importante y significativo, o parezca de menor importancia e insignificante, como lavar la ropa, lavar los platos, cuidar de tu familia, hacer esa misma tarea día tras día tras día y en el trabajo...«Servid al Señor». Es al Señor Dios que sirves. No estás sirviendo al hombre, estás sirviendo a Dios. «Servid al Señor con alegría». Es un privilegio.

Dios le dijo a Su pueblo en Deuteronomio capítulo 28: «Por cuanto no serviste al Señor tu Dios con alegría y con gozo de corazón, cuando tenías la abundancia de todas las cosas, por tanto servirás a tus enemigos, los cuales el Señor enviará contra ti: en hambre, en sed, en desnudez y en escasez de todas las cosas» (v. 47-48).

«Sirve al Señor con alegría» o terminarás siendo sierva de la opresión, de la depresión y del desánimo.

Ahora, a veces nuestros corazones están pesados. A veces estamos cargadas, ansiosas, preocupadas y agobiadas porque están sucediendo situaciones preocupantes en nuestro mundo y en nuestros pequeños mundos. Existen muchas situaciones que nos turban. Pero Jesús les dijo a Sus discípulos cuando estaba pronto a dejarlos y regresar al cielo, en el Evangelio de Juan capítulo 14, versículo 1: «No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí».

Tú te centras en Dios y todo tu mundo se ve diferente.

En la carta a los Filipenses capítulo 4 dice: «El Señor está cerca… Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios» (v. 6).

¡Regocíjense en el Señor! Nuestra adoración, nuestra alabanza expresa fe de que Dios es más real que nuestras circunstancias, que el cielo gobierna, y que Dios es bueno, sabio y bondadoso en todos Sus caminos.

Este salmo refleja una vida centrada en Dios, una vida obsesionada con Dios, una vida empapada de Dios. Este Salmo 100 tiene solo ochenta palabras en español, y de esas ochenta palabras, el veinte por ciento de ellas, una de cada cinco, es la palabra Señor, Dios, Él, Suyo, Su, pronombres relacionados a Dios. Eso debería comunicarnos algo.

En esta clase de alabanza y acción de gracias nos damos cuenta de que nada más importa en absoluto. La enfermedad y la pérdida, las lágrimas y las relaciones difíciles, las relaciones familiares tensas, las angustias, el dolor, la aflicción, las penas son reales mientras estemos aquí en esta tierra, pero son eclipsadas por una visión mayor, grandiosa, majestuosa, extraordinaria y completa de Dios. Al verlo a Él, todavía encontramos razones para tener gozo, sin importar lo que estemos atravesando en nuestras vidas.

Así que: «¡Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra! ¡Servid al Señor con alegría!»

Y mañana hablaremos acerca de lo que significa, «venir ante Él con cánticos de júbilo».

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado invitando a hacer de la acción de gracias algo más que un día en el calendario. Ella nos ha guiado a lo largo del Salmo 100, como parte de la serie titulada, «Entrad por sus puertas con acción de gracias». Este salmo nos invita a adorar a Dios con corazones agradecidos, como expresión de nuestra fe en Él, el Rey de reyes y Señor de señores.

Esta serie de programas inicia hoy, y terminará en unos días, pero tú puedes usarla como una oportunidad para hacer de la acción de gracias un hábito por el resto de tu vida.

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¿Alguna vez te has encontrado a ti misma siendo tan solo una espectadora durante el tiempo de alabanza en tu iglesia local?

 Mañana, Nancy te animará a involucrarte.

Nancy: Nosotras no somos la audiencia, y estamos sentadas o paradas allí esperando ser entretenidas. Se supone que deberíamos ser participantes activas, y que Dios es la audiencia.

Carmen: Te esperamos mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Dando gracias a Dios en todo, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Al Nombre de Jesús Load, Dámaris Carbaugh, Alabanzas: Tus Himnos Favoritos, ℗ 2002 Damaris Music.  Canción usada con permiso.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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