Podcast Aviva Nuestros Corazones

Entrad por sus puertas con acción de gracias (Sal. 100), día 2

Carmen Espaillat: ¿Te has visto a ti misma siendo tan solo una espectadora durante el tiempo de alabanza en tu iglesia local?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No somos la audiencia, sentadas o paradas ahí esperando para ser entretenidas. Se supone que debemos ser participantes activas, y que Dios es la audiencia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Hemos separado esta semana para celebrar el Día de Acción de Gracias, que siempre he dicho que es mi día festivo favorito. En realidad, no sé si es el favorito, porque me encanta la Navidad, me encanta la Pascua, la Semana Santa, y celebrar los grandes días de nuestra iglesia, de nuestra fe cristiana.

Pero este tema de Acción de Gracias es muy importante para todo en la vida. Qué bueno es recordar, una vez al año, que debemos estar agradecidas al Señor a lo largo de todo el año, dando gracias con corazones gozosos.

Así que estamos estudiando el Salmo 100 esta semana, un salmo de acción de gracias. Es el único salmo, en el libro de los salmos judíos, que está específicamente titulado de esa manera, pues es un salmo para dar gracias. Ya hemos dicho que en los años 1500 este salmo se compuso en forma métrica y se ha cantado con la melodía que conocemos como «la Doxología».

Busca canciones que te recuerden este salmo y la gratitud que le debemos al Señor, y algunas son contemporáneas, otras más tradicionales, más conservadoras, pero cántalas.

Tal vez podrías reunir a tu familia el día de Acción de Gracias y cantar juntos, así como lo he estado haciendo mientras he estado en este estudio del Salmo 100, y aún mientras hemos estado grabando. Canten juntos, dando gracias al Señor.

Como vimos ayer, el Salmo 100 tiene dos llamados a la alabanza, llamados a adorar al Señor y a darle gracias. Encuentras ese llamado en los dos primeros versículos, y luego otra vez en el versículo 4. Cada uno de estos llamados a la adoración es seguido por los motivos para alabar y dar gracias, las razones para dar gracias al Señor, para adorarlo a Él. Eso lo puedes ver en los versículos 3 y 5.

Y esas razones, esas causas, son afirmaciones de quién es Dios y lo que Él ha hecho, y forman la base para nuestra adoración. Estamos viendo que la adoración es nuestra respuesta a la revelación de quién es Dios.

Así que estamos llamadas a adorarle a Él, y luego se nos dice la razón por la que debemos adorarle. Al ver quién es Él, lo que Él ha hecho, respondemos en adoración. Permíteme leer este salmo, el Salmo 100. Nuevamente, ves en estos dos primeros versículos, tres exhortaciones a este llamado para adorarle.

«Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra. Servid al Señor con alegría; venid ante Él con cánticos de júbilo» (Sal. 100:1-2).

Esta es la frase que vamos a ver hoy, pero ahora permíteme leer el resto del salmo para que veamos todo el contexto.

Sabed que Él, el Señor, es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado. (Y luego tenemos el otro llamado a la adoración). Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre. (Otra vez la razón). Porque el Señor es bueno; para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones. (v. 3-5)

Una persona que me encanta citar es a Charles Spurgeon. Él tenía una manera tan magnífica de hablar acerca de las cosas del Señor. Su comentario sobre el Salmo 100 es particularmente hermoso. Él dice:

La invitación para adorarle, que se nos hace aquí, no es para que lo hagamos con melancolía, como si la adoración fuera un funeral solemne, ¡sino que nos exhorta a hacerlo con alegría, con gozo, como si fuera una fiesta de bodas! (Esta es una celebración. ¡Es una expresión de gozo que sale de los corazones del pueblo de Dios! Mi amigo Charles Spurgeon continúa diciendo) ¡Nuestro Dios bienaventurado y feliz Dios debería ser adorado por un pueblo alegre!, no solo durante la semana de Acción de Gracias, sino todo el tiempo.

Entonces, hemos hablado acerca de alabar a Dios con alegría, acerca de servirle con gozo, pero ahora vemos esta frase al final del versículo 2 que dice: «Venid ante Él...». Ahora, voy a detenerme aquí, y continuaremos con la parte del canto en un momento. Pero esas primeras palabras: «Venid ante Él...». Esa frase es increíble. Que el Dios santo, poderoso y majestuoso que llena los cielos y la tierra con Su presencia y Su gloria, nos invite a nosotras, pecadoras, pequeñas, débiles, a entrar a Su presencia, ¡es increíble! ¡Es maravilloso!

Imagínate que recibes una invitación muy especial, hablo de una invitación muy elegante, para asistir a una reunión con el presidente de los Estados Unidos o con la reina de Inglaterra o con alguien famoso por quien tienes gran admiración. Para ti sería un gran honor. Pero ¿nos detenemos y pensamos qué gran honor es ser invitadas, llamadas, exhortadas, a entrar a la presencia de Dios?

Solo muy pocas personas tienen acceso a la oficina del presidente o a sus cuartos privados, pero cada hijo de Dios en el mundo está invitado a entrar a la presencia de Dios, en cualquier momento del día o de la noche. Ya sea solo, con alguien más, o con la familia de Dios. Todas nosotras estamos invitadas a entrar a Su Presencia.

Ahora, los judíos del Antiguo Testamento leyendo este salmo, escuchándolo, cantándolo, cuando entraban al templo para adorar, se habrían maravillado de esto, también, de ser invitados a entrar en la presencia de Dios. Porque así no fue como ellos conocieron a Dios primero.

¿Te acuerdas del Monte Sinaí, en Éxodo capítulo 19, cuando fue dada la ley? El versículo 12 dice: «Y pondrás límites alrededor para el pueblo (pon una barrera alrededor de toda la montaña, un límite], y dirás: “Guardaos de subir al monte o tocar su límite; cualquiera que toque el monte, ciertamente morirá”».

Así que estos hijos de Israel vivían con temor de morir si se acercaban demasiado a Dios. Tú sabes, el tabernáculo tenía el Lugar Santo, el Lugar Santísimo, donde solo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año. Allí era donde habitaba la gloria Shekinah de Dios.

Y una persona normal, común y corriente, no podía simplemente entrar a la presencia de Dios. ¡Ellos podían morir si lo hacían! Y lo mismo cuando construyeron el templo, cuando iban a adorarle. Sí, ellos podían llegar hasta el atrio del templo, pero no podían entrar a la presencia de Jehová. Ellos eran pecadores y Él es santo. Entrar a Su presencia los podría haber matado al instante.

«¡Manténganse alejados!» Esa era la orden. «Oh, sí, pueden acercarse», pero hasta cierto límite. Por eso es que nos encanta llegar al libro de Hebreos y leer: «Pero cuando Cristo apareció como sumo sacerdote… entró al Lugar Santísimo (Él ha ido allí) … por medio de su propia sangrePorque Cristo (entró) en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros» (Heb. 9:11-12, 24).

«Entonces, (ahora en la epístola a los Hebreos capítulo 10, versículos 19 y 22) hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús… acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia». ¡Guau, increíble!

Así que este salmo del Antiguo Testamento anticipó el día en que Cristo vendría. Él derramaría Su sangre para que pudiéramos entrar en la presencia de Dios, no por nuestra propia justicia, sino vestidos en la justicia de Cristo, quien está intercediendo por nosotros ante el trono celestial.

Él dice: «Tú puedes entrar porque Yo soy bienvenido aquí, y tú entras en Mi nombre, porque yo he derramado mi sangre por tu pecado. El precio ha sido pagado, ya se hizo el sacrificio, ¡y tú puedes acercarte con confianza a la presencia de Dios! «¡Ven ante Su presencia!»

Ahora, los judíos fieles del Antiguo Testamento, entraban al tabernáculo o al templo para adorar, porque allí era donde habitaba la presencia de Dios. Entonces, cuando el pasaje dice: «Venid ante Él», lo que está diciendo es: «Entren al templo. Entren al lugar donde está la presencia de Dios».

Pero como creyentes del Nuevo Testamento, estamos siempre en la presencia de Dios, ¡porque Su Espíritu vive en nosotras! Él habita entre nosotras. Cuando nos reunimos, en un edificio que podemos llamar iglesia, nos reunimos en adoración colectiva. Entramos en Su presencia juntas, para adorar al Señor.

Así que es una invitación, es un llamado, es un mandato: «¡Venid ante Él! Venid. Venid con confianza, venid con entusiasmo. ¡Venid!»

Ahora, hay algunas maneras en las que no deberíamos ir ante Su presencia. Al haber estado meditando en este pasaje, he estado pesando en nuestra adoración colectiva. (Como la mayoría de nosotras vamos los domingos en la mañana a la adoración colectiva en el día del Señor, permítanme hablar del «domingo en la mañana»).

Estoy pensado cómo es que mi esposo y yo vamos al servicio los domingos en la mañana. En nuestro caso, creo que la implicación es, «no vengan de manera casual. No lleguen tarde, preocupados, distraídos . . . mandando mensajes de texto (¡eso me dio convicción a mí!). Hay algunas maneras en las que no deberíamos entrar a la presencia del Señor. No entres de manera casual, no entres porque es solo una costumbre.

«Siempre he asistido a la iglesia, es lo que hacemos los domingos». No entres a Su presencia como un deber o por obligación: «Tengo que ir». No entres de esa manera. No entres poniendo buena cara, aunque tú y tu esposo o tú y tus hijos hayan estado disgustados toda la mañana.

Pero llegas a la iglesia, y todo eso desaparece, y aparecen pequeños halos y alas en ti. Ahora eres un ángel. Entras a la iglesia: «¿Cómo estás?» y tú dices: «¡Ah, muy bien…qué bueno verte!» «¿Qué tal?» «¡Muy bien!» ¡Pero tú no estás bien! No vayas a la iglesia poniendo buena cara cuando tienes asuntos que resolver en tu corazón.

No vayas a la iglesia con un espíritu de crítica, para evaluar el servicio, los músicos o la predicación. Ahora, debes filtrar todo a través de la verdad de la Palabra de Dios, pero no vengas a criticar y a quejarte diciendo: «Aquí no son tan buenos, están desafinados» y «no me interesa nada esto». ¡No vayas con un espíritu de crítica!

No vayas apurada para que termine pronto, para que puedas hacer las cosas que realmente te gustan: deportes, comida y diversión. No entres a Su presencia consciente de tu apariencia, o de lo que los demás piensan de ti, o lo que puedan estar diciendo de ti. Estas son algunas maneras en las que no debemos entrar a Su presencia.

Pero ¿cómo deberíamos entrar? Bueno, entrar a Su presencia pensando en Dios, en quién es Él. Entra en Su presencia enfocada en Él. Entra maravillada del increíble privilegio que es poder reunirse, para entrar en la presencia del Señor.

Entra con anticipación, esperando encontrarte con Él, esperando experimentar la realidad de Su presencia en medio de la congregación. Entra con reverencia, entra con respeto, maravillada, con un sentido sano de temor del Señor. ¡Dios está aquí! Esta no es la religión aburrida de todos los días. Estamos en Su presencia.

Entra con humildad, reconociendo que tú no mereces estar ahí... Entra con humildad, maravillada, sobrecogida, con asombro, de que Él ha permitido que entres a Su presencia, de lo que le costó que tú pudieras entrar a Su presencia, de lo que Cristo ha hecho para hacerlo posible para ti.

Entra bien despierta, no somnolienta. Eso significa, para la mayoría de nosotras, prepararnos desde la noche anterior para entrar a Su presencia. Si te quedas toda la noche mirando programas triviales y tontos, o las noticias en la TV, o jugando, o simplemente perdiendo el tiempo, y te quedas hasta tarde, hasta el amanecer... entonces, cuando te levantas el domingo por la mañana, te preguntas por qué estás exhausta.

Tienes sueño, estás tratando de mantener tus ojos abiertos en la iglesia (ahora, ¡he estado así, lo he hecho tantas veces!). Pero entra despierta a la presencia del Señor. Escucha, si nosotras supiéramos que Dios está realmente en ese lugar, ¿crees que hay alguna posibilidad de que nos quedemos dormidas?... ¡Si somos conscientes de la gloria, la maravilla, el poder, la grandeza, la majestad de Dios!

Entra preparada. (De nuevo, esto empieza desde la noche anterior). Si tu pastor va a predicar sobre un pasaje de la Escritura, léelo con antelación, medita en el pasaje, prepara tu corazón. Si hay un orden para la alabanza o el servicio (algunas iglesias tienen un sitio web, donde puedes imprimir el boletín de la iglesia y puedes ver los himnos que se van a cantar, quizás puedas leerlos de antemano la noche anterior), tal vez los puedes leer con tu familia. Prepara tu corazón para la alabanza.

Fuente de la vida eterna y de toda bendición,
Ensalzar tu gracia tierna debe cada corazón.
Tu piedad inagotable, abundante en perdonar
Único ser adorable, gloria a ti debemos dar.

Este himno fue escrito por Robert Robinson en 1758. Dice: «Afina, pon a tono mi corazón». Ven a la iglesia con esa oración: «Señor, afina mi instrumento. Ayúdame a estar lista para cantar, para adorar, para alabar, para orar, para dar, para entrar y responder en Tu presencia».

Entra con gozo en tu corazón. ¡Con gozo! Deja la tristeza, la duda, el temor, la ira. Entra con gozo a la presencia del Señor, dándote cuenta de que las cosas que te entristecen, tan reales como son, son muy diferentes cuando las ves a través de Su presencia, cuando las ves a través de Sus ojos.

Fija tus ojos en Cristo,
Tan lleno de gracia y amor,
Y lo terrenal sin valor será
A la luz de Su gloria y amor.

Y entra agradecida. ¡Agradecida! De nuevo, dando gracias a Dios por lo que Él ha hecho para hacer posible que tú estés en ese lugar. Así que entra a Su presencia. Piensa en eso, medita en eso. Piensa en Su presencia, piensa en lo que eso significa.

Busca pasajes en las Escrituras que hablen de otras personas que entraron en Su presencia. Algo que encontrarás es que cuando el pueblo de Dios experimentaba la presencia de Dios, ellos terminaban casi siempre sobre sus rostros, ¡maravillados, en alabanza y en asombro!

No hay nada trivial, nada ligero acerca de esto, nada casual. Este es un asunto serio, pero es un asunto de gran gozo y alegría.

Y luego, entra con alabanzas. Entra a Su presencia con alabanzas. Ahora, eso podría significar, literalmente, cantar en el carro camino a la iglesia. Verás que esto ayuda a preparar tu corazón; cantar ayuda a preparar el corazón de tus hijos, también. «¡Vamos a cantar, AHORA! (risas) ¡Esto quiere decir que no estamos discutiendo; estamos cantando!»

Algunas veces encuentro que tengo que obligarme a mí misma a cantar, en mi propio corazón, ya sea en mi tiempo de alabanza en privado o en la alabanza colectiva. Muchas veces, no siento ganas de cantar. Muchas veces, estoy llorando tan fuerte durante mi tiempo devocional personal, porque hay algo que realmente me está preocupando. Entonces, abro mi himnario o busco algún coro familiar, y empiezo a llorar tan fuerte que no se entiende lo que estoy cantando. Pero me he dado cuenta que cuando sigo cantando, esa nube se va, y soy más consciente de Su presencia que de mis problemas. Así que canta aunque no sientas ganas. Canta hasta que sientas ganas de hacerlo.

He notado que domingo tras domingo, tras domingo, en la iglesia más pequeña . . . y he estado en muchas iglesias alrededor del mundo con congregaciones muy pequeñas, o muy grandes, con coros y orquestas fabulosas, o con instrumentos musicales muy simples, o ninguno en absoluto. He notado que en todas estas circunstancias y situaciones, si entro a Su presencia con alabanzas, Dios pondrá gozo en mi corazón. Él cambia la forma como pienso, cambia la forma como siento. Entra con alabanzas. Nosotras cantamos porque esto le agrada a Él, porque Él es digno.

Nosotras no somos la audiencia, como pareciera ser en muchos de nuestros servicios de adoración contemporáneos, en donde nosotras somos la audiencia y estamos sentadas o paradas ahí, esperando ser entretenidas o movidas por el así llamado grupo de adoración que está en la plataforma. Se supone que eso no debe ser así.

Ahora, está bien tener un equipo de adoración en la plataforma, pero ellos son solo adoradores que nos guían en la adoración. Se supone que debemos ser participantes activas en la adoración, ya sea privada o colectiva, y que Dios es la audiencia y nos está escuchando cuando cantamos. ¡Canta al Señor! Venid ante Él con cánticos de júbilo.

De todas las creencias y religiones, el cristianismo debería ser una religión que canta, debe ser una fe que canta, porque ¡tenemos una buena razón para cantar! Tenemos a Alguien real por quien cantar, y Él dice que esto le agrada.

La alabanza es algo poderoso, he visto cómo hace desaparecer al enemigo, disipa el temor, la duda, el egoísmo y fija mis ojos y mi corazón en Dios, y en Cristo, ¡y en las grandes verdades de nuestra fe cristiana!

Así que la forma para evaluar una «gran alabanza» («¿cómo estuvo la alabanza en la iglesia esta mañana?»), no depende de lo talentoso que es el líder, o los cantantes, o los músicos. La condición para una gran alabanza está en la manera como el pueblo de Dios lo alaba, cantando adorando con toda el alma, sin mentes distraídas sino pensado en lo que están cantando, no haciendo esto sin sentido sino pensando, alabando, entrando en adoración, ¡cantando, en realidad cantando! Ahora, yo no tengo voz de solista. Te lo aseguro. Cuando nosotros tenemos una conferencia o alguna sesión como esta y yo canto, soy como una pesadilla para el hombre del sonido porque todo lo puede escuchar es mi voz. Él a veces no puede oír las voces de la congregación, y yo no tengo una buena voz. A duras penas puedo cantar, pero canto.

Yo sigo los pasos de mi padre que tenía, sin duda, una de las peores voces para cantar, pero él parecía no saberlo. ¡Y a él definitivamente no le importaba! Nosotros llegábamos a la iglesia y él empezaba a cantar, y cantaba fuerte con gozo y alegría y gratitud. Él no seguía la melodía, no sabía el tono correcto, pero cantaba. ¡Y yo tengo sus genes! Así que canta al Señor. Entra a Su presencia con alabanzas.

El gran avivamiento metodista en 1700 se caracterizó por sus cánticos, sus himnos, así como lo fue también el avivamiento de Welsh en 1904 y 1905. Muchos de estos grandes avivamientos se han caracterizado porque las personas cantaban con un nuevo gozo, un nuevo fervor, y con todo su corazón al Señor. Muchos de nuestros himnos, fueron compuestos en tiempos de avivamiento, porque la gente levantaba sus corazones con gozo al Señor.

John Wesley fue uno de los grandes predicadores del Avivamiento Wesleyano, el avivamiento en la era de Wesley. Su hermano, Charles, escribió miles de himnos, muchos de los cuales todavía se cantan. En su colección de himnos metodistas de 1761, John Wesley escribió una guía corta para cantar himnos. Él tenía siete principios. Quiero compartir con ustedes dos de ellos.

Él dijo: «Canten todos. Únanse a la congregación tan frecuentemente como puedan. No permitas que ningún grado de debilidad o cansancio te lo impida. ¡Ay qué sueño! (bostezando). No permitas que eso te lo impida. Si para ti cantar es una cruz, cárgala, y tendrás una bendición. «Canten todos».

Y luego, me encanta este, el cuarto de sus siete principios. Él dijo: «¡Canten vigorosamente y con valor!» Ten cuidado de no cantar como si estuvieras medio muerta o medio dormida, levanta tu voz con fuerza y alaba al Señor, ¡canta con vigor!

En muchos de los servicios hoy, si miras alrededor, ves al grupo de adoración que está en la plataforma cantando con valor y voz fuerte, pero miras alrededor y ves muchas, muchas personas con la boca cerrada. Déjame decirte algo: tú no puedes cantar con la boca cerrada.

Ahora, tal vez están alabando al Señor en sus corazones. Eso está bien. Pero nosotras debemos entrar a Su presencia con cánticos, todas nosotras, con valor, con confianza, levantando nuestras voces con fuerza.

Colosenses 3:16 dice: «Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándonos y amonestándonos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones».

Charles Spurgeon dijo: «¿No hay nada por qué cantar hoy? Entonces pide prestado un himno del mañana. Canta pensando en lo que será». Esta es una de las cosas que me gustan de los grandes himnos de la fe, y de muchos de los grandes himnos que se escriben hoy en día, se enfocan en lo que Dios ha hecho en el pasado, en quién es Dios ahora, lo que está haciendo en medio de nosotros, y en lo que está por venir. ¡Lo mejor está por venir! Así que si tú no puedes pensar en algo alegre para cantar hoy, entonces pide prestado un himno del mañana y canta pensando en lo que será en un futuro.

«¡Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra. Servid al Señor con alegría; venid ante Él con cánticos de júbilo!» (Sal. 100:1,2) Y luego, este llamado se repite en el versículo 4: «¡Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre!»

Apocalipsis 21:27 nos dice que aquellos que son impuros, no pueden entrar por Sus puertas; ellos se quedarán afuera de las puertas de la Nueva Jerusalén. Pero gracias a Dios, ¡Cristo ha abierto el camino! Él es la puerta. ¡Él ha dado su vida para abrir el camino, para que nosotros podamos entrar, y Él nos da la bienvenida!

«Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad» (Apoc. 22:14). «¡Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza!» Entrad por sus puertas con acción de gracias, con alabanza, no quejándose, murmurando, con ira, amargura. Deja todo eso atrás y ponte el manto de alabanza.

Y el dar gracias a Dios, bendecir Su nombre, es una expresión de humildad. Deja de fijarte en ti misma y fija tus ojos en Él. Dejamos de fijarnos en lo que no tenemos y ponemos nuestros ojos en lo que tenemos. Reconocemos que dependemos de Él, que no podemos proveer para nosotras mismas; que no podemos protegernos a nosotras mismas; que no podemos salvarnos a nosotras mismas. Todos estos son regalos que nuestro Padre celestial nos ha dado.

Cuando cantamos y alabamos y bendecimos Su nombre y le damos gracias a Él, eso nos recuerda que nosotras no merecemos ninguna de sus dádivas. Él no nos debe nada, pero Él nos ha colmado con Sus dádivas.

Así que alabamos al Señor con regocijo. Lo servimos con gozo. ¡Venimos ante Su presencia con cánticos. Entramos por Sus puertas con acción de gracias y por Sus atrios con alabanza. Le damos gracias a Él y bendecimos Su santo nombre! Amén.

Carmen: Quizás has pensado en Dios como si fuera un ser con el ceño fruncido… Hoy Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha mostrado que Dios es un Dios de gozo, un Dios de cánticos; ante el cual debemos venir con himnos y alegría por Su gracia y misericordia manifestadas en Jesucristo.

La enseñanza de hoy es parte de una serie basada en el Salmo 100, titulada, «Entrad por sus puertas con acción de gracias». Nancy tomó un buen tiempo para estudiar el tema de la gratitud, y escribió un libro titulado, «Sea agradecido», y un folleto digital titulado, «Gozo en medio de las circunstancias». Estos recursos te ayudarán a profundizar en el tema de la gratitud. Nos gustaría enviarte uno de estos, según tu localidad, como agradecimiento por tu donación hoy. Puedes donar a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Tu apoyo hace posible que podamos continuar proclamando la verdad que trae libertad.

¿Puedes adorar aún si crees que no tienes talento musical? Nancy hablará sobre esto en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Dando gracias a Dios en todo, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Yo cantaré, Damaris Carbaugh, Yo cantaré ℗ 1994 Damaris Music. Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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