Podcast Aviva Nuestros Corazones

Entrad por sus puertas con acción de gracias (Sal. 100), día 3

Carmen Espaillat: ¿Has sido recipiente de la bondad de Dios?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: La bondad de Dios debe llevarnos a la acción de gracias, debe llevarnos a alabar, nos guía al arrepentimiento. Necesitamos un salvador, y en Él tenemos un Salvador.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana nos encontramos en un estudio del Salmo 100, en la serie titulada, «Entrad por sus puertas con acción de gracias».

Nancy: Bueno, feliz día de Acción de Gracias para ti y para tu familia, tus seres queridos, tus amigos, con quienquiera que estés reunida en este día que apartamos para darle gracias al Señor.

Creo que este es uno de los feriados más importantes y significativos que celebramos cada año. Esta semana en Aviva Nuestros Corazones hemos estado estudiando un salmo de acción de gracias: el Salmo 100. De hecho, me gustaría comenzar la transmisión de hoy leyendo este salmo y pidiéndoles que se unan a mí en sus corazones para darle gracias al Señor.

El Salmo 100 es llamado, «Canción de acción de gracias».

«Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra.Servid al Señor con alegría; venid ante Él con cánticos de júbilo.Sabed que Él, el Señor, es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado.Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre.Porque el Señor es bueno; para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones».

Esta es la Palabra de Dios.

El dia en que se grabó este programa, mi querida amiga Patsy Fraser, una amiga de toda la vida de nuestra familia, estaba en el hospital con cáncer en todo su cuerpo, afligida por el dolor.

Recibí un correo electrónico de un amiga en común que decía, entre otras cosas: «Tan enferma como está Patsy, y todavía da testimonio de su fe en todo el hospital, y está llena del gozo y de la alegría del Señor».

Pensé en estas cosas mientras me preparaba para enseñar el Salmo 100 y me preguntaba, ¿cómo es esto posible?¿Cómo puedes estar en medio de esa clase de dolor y seguir dando testimonio a todo el mundo, y evidenciar el gran gozo y la alegría del Señor, incluso cuando tu cuerpo está lleno de cáncer?

Bueno, muchas personas celebramos hoy el Día de Acción de Gracias. Estoy pensando en personas que conozco que están pasando por momentos realmente difíciles. Una amiga que enviudó tuvo que celebrar este día sin su esposo, el papá de sus hijos en la mesa. Algunos amigos sienten tristeza por sus hijos pródigos. Mi esposo y yo oramos por muchos de ellos todas las noches: «Señor, llévalos a casa. Tráelos a casa».

Estoy pensando en una amiga que tiene una hija de nueve años con problemas de salud que han amenazado su vida desde que nació. Así que ahí tenemos una mamá que difícilmente ha tenido una noche completa de sueño en nueve años.

Una amiga está a cargo de sus padres ancianos, otra cuidando a un miembro de la familia con una enfermedad mental, otras con niños en diferentes etapas de la vida. Muchas cosas están ocurriendo; y además otros están luchando para que les rinda el dinero hasta fin de mes en esta época tan difícil financieramente.

Estoy pensando en todas esas personas y me pregunto, ¿cómo es posible en una semana que llamamos de «Acción de Gracias», dar gracias y estar llenas de la alegría y del gozo del Señor?

Puede que estés pasando por algunas de estas situaciones que mencioné u otra cosa que pesa en tu corazón, y tus ojos se encuentran llenos de lágrimas. Se supone que debemos dar gracias... Todos los días se supone que debemos dar gracias.

Creo que este salmo del que estamos hablando esta semana nos ayudará con esto. No importa el tiempo que estemos pasando en nuestra vida, no importa en qué situación nos encontremos; se llama, «Salmo para dar gracias» o como dice una traducción, «Salmo de acción de gracias».

Comienza en los versículos 1 y 2 con un llamado a la adoración. Si tienes tu Biblia, espero que la abras y te unas a nosotras en el Salmo 100. Es uno de los salmos más conocidos y más amados en el himnario judío, el Salterio. Son solo cinco versículos, ochenta palabras, y tan lleno de Dios, lleno de gozo, lleno de vida. Y este llamado a la adoración lo encontramos en los versículos 1 y 2:

«Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra.Servid al Señor con alegría; venid ante Él con cánticos de júbilo».

Y luego en el versículo 3, nos da las razones por las que debemos dar gracias, y alabar al Señor:

«Sabed que Él, el Señor, es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado».

Ahora, quiero comenzar con la primera palabra: «Sabed». Sabed que Él, el Señor, es Dios. Sabed. Hay algunas cosas que debemos saber. Y una de estas cosas que debemos saber, y que es realmente importante, es que nunca estarás firme en tu fe si no sabes quién es Dios.

Si no afirmas estas cosas como verdad, te sentirás como abandonada en un mar de olas turbulentas y de tormentas. Y no importa la forma en que sople el viento, la forma en que las olas estén soplando, esa es la forma en que tú irás. Arriba y abajo, como una montaña rusa espiritual, feliz y luego triste, contenta y luego enojada, si tu corazón no está atado a estas cosas que sabes. Sabed que Él, el Señor, es Dios.

No podemos adorar correctamente a un Dios que no conocemos. Bueno, y hay mucho más que saber sobre Él de lo que posiblemente podamos saber, pero tenemos que estar en una búsqueda de por vida de saber quién es Dios. Mientras más lo conozcamos, más lo adoraremos.Sabed. Sabed que Él, el Señor, es Dios.

Mi amiga Patsy, así de enferma como estaba, y probablemente cuando este programa salga al aire, ella estará adorando al Señor en Su presencia en el cielo. Pero así de enferma como ella estuvo, aquí en la tierra, pudo estar llena del gozo y de la gran alegría del Señor porque sabía quién era su Dios. Ella lo conocía, conocía Su nombre, Su carácter, Su corazón, Sus caminos.

Y esta era el ancla para su alma en ese momento, en que si no fuera por el Señor, ella no tendría esperanza, ni ancla, ni aliento, ni paz, ni razón para seguir adelante en cada nuevo día, ni razón para dar testimonio a esas personas en el hospital.

¿De qué les hablaría ella? Te enfermas, mueres, ¿y eso es todo? Pero ella sabía que eso no era todo, que se dirigía a un lugar mejor, que lo mejor estaba por venir. Entonces, sabed que Él, el Señor, es Dios.

Hay dos palabras para referirse a Dios en esa frase. Primero, Él es el SEÑOR, Yahvé, Jehová, el que existe por sí mismo, Yo soy. Y también, Él es Dios, Elohim. En el principio Dios, Elohim, creó los cielos y la tierra. Y por supuesto, eso es lo que vemos que es. Él es quien nos hizo. El Señor Dios, Él es quien nos hizo.

Él nos dice que Él es el creador. Ahora recuerda, estamos tratando de encontrar motivos para la alabanza, razones para la adoración, motivos para darle gracias. Él es el creador. No nos hicimos a nosotras mismas. No evolucionamos de una forma de vida inferior. Dios nos moldeó de una forma amorosa, sabia y soberana. Él nos formó para Sí mismo.

Ahora, en nuestra vida, hemos escuchado tal énfasis en la evolución como si eso fuera un hecho científicamente establecido. Cuando, de hecho, muchos científicos nos dicen que no hay una pizca de evidencia científica para el desarrollo evolutivo de la humanidad.

Pero, ¿por qué ha habido tal énfasis? ¿Por qué tanto énfasis por enseñar la evolución como si fuera un hecho? Bueno, si no hay un Creador, entonces podemos ser independientes. Podemos ser autónomas. Podemos gobernar nuestras propias vidas.

Pero aquí está la cosa, si no hay un Creador, entonces no tenemos necesidad o razón para estar agradecidas. Si somos todo lo que hay, es un desastre bastante lamentable. Pero tenemos un Creador, Él es quien nos hizo: Elohim, Jehová.

Entonces, cuando sabemos quién es Dios, eso nos ayuda a saber quiénes somos y de quién somos. Él es quien nos hizo, y nosotras somos suyas. Somos Su pueblo y las ovejas de Su prado.

Y estas cosas van juntas. Si Dios es el Creador, si Él nos creó, si Él nos hizo, entonces le pertenecemos a Él. Somos suyas. Somos suyas a pesar de lo que pueda pasarnos aquí en esta tierra. ¿Con un cuerpo lleno de cáncer? ¿En tu lecho de muerte? Camino a la eternidad, eres suya. Tú eres guardada por Él hasta el momento en que le escuches decir: «Ven a mí».

¿En un matrimonio sin amor? Tú eres suya. ¿Soltera, esperando el matrimonio? Tú eres suya. ¿Solitaria? Le perteneces a Él. ¿Confusa? Eres suya. ¿Retos financieros, físicos, en las relaciones? Tú eres suya. Él es Dios. Él nos creó, y nosotras somos suyas. Somos Su pueblo y las ovejas de Su prado. Le pertenecemos.

Y es por eso que el apóstol Pablo dice en la epístola a los Romanos, capítulo 8: «Porque estoy convencido (persuadido, seguro) de que ni la muerte, ni la vida (una cama en el hospital, cáncer, vida o muerte), ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (v. 38-39).

Ves, tenemos un ancla para nuestras almas. El Señor, Dios es quien nos hizo, y nosotras somos suyas. Somos Su pueblo y las ovejas de Su prado.

Porque Él ha dicho, en Hebreos capítulo 13 versículo 5: «Nunca te dejaré ni te desampararé».

Estas son cosas que debemos recordarnos continuamente a nosotras mismas. Son simples. Son básicas. Puedes decir: «Ya lo sabía. ¿Tuve que sintonizar este programa para escuchar esto?»

Sí. Necesitamos que se nos recuerden. Necesito recordarme esto. Jehová es Dios. Él nos hizo. Somos suyas. Somos Su pueblo y las ovejas de Su prado. Él nos ha redimido. Le pertenecemos. Él nos creó.

Y eso significa que Él tiene el derecho de hacer con nosotras lo que Él quiera. Él tiene el derecho de hacer en nuestras vidas y en nuestras circunstancias lo que le plazca, lo que sea que le traiga mayor gloria.

Nosotras no estamos en control. Estas son todas las implicaciones de este versículo aquí en el Salmo 100.

Él es quien nos hizo. Somos suyas. Eso significa que no estamos en control. Él es Soberano. Él es Dios. No le decimos cómo escribir el guión. Le permitimos que lo escriba y le decimos: «Sí, Señor. Te doy gracias. Si te agrada a Ti, me agrada a mí.

Él es el buen Pastor y nosotras somos las ovejas de Su prado. Él nos guía, provee para nosotras, se preocupa por nosotras, satisface nuestras necesidades. Él nos conoce por nuestro nombre. Todas las cosas que hace un buen pastor. Puedes confiar en Él.

El próximo año, si el Señor lo permite, mi esposo y yo publicaremos un libro titulado «Puedes confiar en Dios para escribir tu historia». Puedes confiar en que Dios escribe tu historia en cada momento de tu vida.

Miro hacia atrás a mis 60 años de vida, y hay tantos giros y vueltas, tantas cosas que nunca esperé, tantas cosas que nunca habría pedido, tantas cosas que nunca soñé que sucederían en mi vida.

No sé qué va a pasar mañana y tú tampoco. Pero sé quién está escribiendo la historia. Sé quién escribió la historia, y confío en Él porque me creó. Soy de Él. Le pertenezco. Somos Su pueblo y las ovejas de Su prado.

Por lo tanto, debido a que todas estas cosas son verdaderas, llegamos al versículo 4 y tenemos otro llamado a la adoración, un llamado a la gratitud. Tres exhortaciones:

«Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre».

Ves, nuestra adoración está enraizada en quién es Dios, quién es y lo que ha hecho.

Luego llegamos al versículo 5, y tenemos más motivos para adorar y dar gracias: Su carácter, su naturaleza. Y aquí vemos tres cualidades:

«Porque el Señor es bueno; para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones».

Su bondad, Su amor, algunas traducciones dicen, «su gran amor es eterno», su amor inagotable. Un comentarista de los salmos dice que en este pasaje tenemos «fuentes eternas de alabanza». Sabes qué plantas perennes hay en tu jardín. Las plantas perennes tienen flores que vuelven año tras año, tras año. No tienes que plantarlas de nuevo. Ahora, necesitas cuidarlas. Tienes que cuidarlas, pero siguen floreciendo. Son perennes.

Tenemos aquí fuentes eternas (perennes) de alabanza: Su bondad, Su amor que perdura para siempre, Su fidelidad por todas las generaciones. Él nunca cambia, así que siempre, siempre, siempre, sin importar lo que esté sucediendo en tu vida esta semana de Acción de Gracias, tienes motivos para alabar.

Entonces, veamos solo esas tres características de Dios. Primero, el Señor es bueno. Él es bondadoso. Él es benevolente, bienhechor. Afirma eso. Aconseja tu corazón con esa verdad. No importa lo que esté sucediendo en tu vida, sigue diciéndole a tu corazón: «Dios es bueno». Dios es bueno. El Señor es bueno.

Solo esa pequeña frase es algo que debemos recordarnos, decirnos, aconsejarnos a nosotras mismas. Cuando sientas que Dios no es bueno o cuando sientas que tu vida no tiene bondad, el Señor es bueno. Luego personalízalo, «Señor, Tú has sido bueno conmigo. Tú has sido bueno conmigo. No eres solamente bueno con este universo en general, Tú eres bueno conmigo. Tú has sido bueno conmigo».

Tengo otro amigo querido que fue miembro de la junta de Revive Our Hearts, por varios años, Scott Melby, quien se fue a casa para estar con el Señor después de una lucha de dos años y medio contra la leucemia. Cuando estuve con Scott y Karen en la habitación del hospital en un momento cuando estaba muy enfermo, apenas consciente de nuestra presencia en la habitación, solo gimiendo y gimiendo y con gran dolor y ansiedad y apenas podía hablar.

Pero de vez en cuando había dos frases que salían de su boca, apenas inteligibles, pero claras desde su corazón. Primero decía: «Dios ha sido muy bueno con nosotros. Dios ha sido muy bueno con nosotros». Y luego decía: «Tenemos mucho de qué estar agradecidos. Tenemos mucho de qué estar agradecidos».

Él estaba sacando esas palabras de su corazón, de su boca, bendiciendo así a su familia, a su esposa y a sus cinco hijos. Esos son recuerdos frecuentes y constantes de que el Señor es bueno y de que tenemos mucho por lo cual estar agradecidos.

Hace algunos años tuve el privilegio de asistir a una de las reuniones de oración de los martes por la noche en el Tabernáculo de Brooklyn en Nueva York. Si nunca has estado allí, es una gran experiencia. Me encanta escucharlos cantar. Me encanta escuchar al coro cantar, pero aún más que eso me encanta escuchar a la congregación cantar.

Porque hay tantas personas que tienen testimonios poderosos recientes de la gracia de Dios. Han salido de circunstancias realmente difíciles: de la pobreza, de la adicción a las drogas, de la promiscuidad sexual, y también de considerarse justos ellos mismos. Pero son salvos, y lo saben, y son personas que cantan como si supieran que han sido salvados y que conocen a Dios. Por eso me encanta escucharlos cantar. Me gusta escucharlos orar. Me encanta participar en sus servicios.

Pero en ese culto en particular, algunos amigos y yo estábamos sentados o de pie durante el servicio en la primera fila, solo porque queríamos verlo todo. Y Steve Green, el cantante, había estado en el Tabernáculo de Brooklyn la semana anterior. Les había enseñado una canción nueva que estaban practicando y cantando. Ellos acababan de aprenderla. Era nueva para mí esa noche, aunque ahora la he cantado muchas, muchas veces desde entonces. Esta es la canción:

Bueno es Él, bueno es Él. Su amor es para siempre.Da gracias al Señor porque Él es bueno.Bueno es Él, bueno es Él. Su amor perdura para siempre. Da gracias al Señor.

Es una canción muy simple, con una melodía simple y palabras simples. La cantamos una y otra vez. Y en un momento dado, el pastor Cymbala le dijo a la congregación mientras estábamos allí, en medio del canto: «Quiero preguntarte si estás aquí esta noche y no tienes trabajo y necesitas un trabajo, quieres un trabajo, estás buscando trabajo pero no puedes encontrarlo, quiero pedirte que vengas al frente del auditorio».

Estábamos parados en la primera fila, así que toda esta gente casi nos atropella. Decenas y decenas de personas, llenando toda el área de enfrente entre la plataforma y la primera fila.

Y ellos vinieron y parados allí. «No tengo trabajo. Estoy buscando trabajo». Mientras estas personas se acercaban, el pastor Cymbala dijo: «Ahora, cantemos de nuevo».

«Bueno es Él, bueno es Él. Su amor es para siempre».

Y él interrumpía la canción, y hablaba con estas personas paradas frente a él que no tenían trabajo. Y les decía: «No dejes caer tu cabeza. Levanta tus ojos. Levanta tu cabeza. Canta al Señor. Bueno es Él, bueno es Él. Su amor es para siempre. Da gracias al Señor».

Y lo cantamos una y otra y otra vez. Esas personas sin trabajo, sin un sustento, sin ingresos, pidiéndole al Señor. Sí, pidiéndole que proveyera. Pero en ese momento no hubo preguntas, solo hubo gratitud. Diciendo: «Dios es bueno, independientemente de mis circunstancias, independientemente de mi dolor, independientemente de mis carencias, Dios es bueno. Dios es bueno».

Nunca olvidaré ese momento. Me pregunto cuántas veces caigo en un estado de desaliento, desesperación, debilidad, cansancio, porque olvido que Dios es bueno. Da gracias al Señor. Bendice Su nombre porque Él es bueno.

«Probady ved que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia!» (Sal. 34:8)

La bondad de Dios, la generosidad de Dios está destinada a llevarnos al arrepentimiento. Romanos 2 nos dice que cuando nos enfocamos en la bondad de Dios, se nos recuerda que Dios es bueno, pero yo no lo soy. Es por eso que necesito un salvador. Así que la bondad de Dios nos lleva a la acción de gracias, nos lleva a la alabanza, nos lleva al arrepentimiento. Necesitamos un salvador, y tenemos en Él un Salvador. Dios es bueno.

El Señor es bueno. Hay dos razones más para la gratitud y la acción de gracias en este versículo final del Salmo 100. Su amor eterno y Su misericordia perduran para siempre.

Hay diferentes traducciones y esa palabra (misericordia) se traduce de maneras diferentes. Algunas dicen: «Su amor inagotable permanece para siempre». No solo la bondad del Señor sino la fidelidad del Señor continúa de generación a generación, son múltiples. Hay una pluralidad de ellas.

Su amor eterno. Su misericordia. Una de las palabras más importantes en el Antiguo Testamento hebreo, es esa palabra, hesed. El amor de pacto con el que Dios está comprometido con su pueblo no se basa en cuán dignas de ser amadas somos; no se basa en qué tan bien actuamos, sino que se basa en la naturaleza fiel de Dios a Su pacto. Es un amor eterno. Es un amor que dice: «Nunca jamás dejaré de amarte». Dios no podría amarnos más. Él no puede amarnos menos.

Estoy aprendiendo mucho más sobre ese amor ahora que estoy casada con Robert Wolgemuth porque veo a un hombre que, aunque tiene defectos, es un hombre pecador como todas nosotras. Pero él es un hombre que tiene amor perdurable. Es el amor del Señor.

Él me ama cuando soy fácil de amar, y él me ama cuando no lo soy. Él sigue recordándome eso. Veo en este hombre una imagen de un Dios cuyo amor es mucho mayor que cualquier amor humano. El amor eterno del Señor. Su misericordia, Su amor es para siempre.

Entonces tenemos Su bondad y Su amor inagotable. Ves ambas cosas juntarse en el Salmo 23:

«Ciertamenteel bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días» (v. 6).

La bondad del Señor y el amor del Señor, la misericordia del Señor van delante de mí; van a mi lado. Él vive dentro de mí. Él me busca cuando estoy titubeando, cuando siento que no puedo dar el siguiente paso. Cuando estoy cansada de servir al Señor o de servir a otros, cuando quiero rendirme, cuando quiero tirar la toalla, la bondad y el amor eterno del Señor, vienen a socorrerme a ambos lados. Y me persiguen todos los días de mi vida hasta que me encuentre cara a cara con el Salvador.

Estas son verdades que son simples. Son básicas, pero son fundamentales. Necesitamos aconsejar nuestros corazones con la verdad porque sé que hay personas que hoy escuchan esta transmisión, en esta semana de Acción de Gracias, que sus ojos están llenos de lágrimas. Es difícil.

Hay circunstancias en nuestras naciones y en nuestro mundo que se ven sin esperanza. Pero te digo que sobre todo, el Señor es bueno y Su amor, Su misericordia y Su bondad perduran para siempre.

Y hay una más: «y su fidelidad por todas las generaciones».

Su bondad y Su fidelidad; gracia y verdad. De hecho, en el Antiguo Testamento, la palabra «fidelidad» a veces se traduce como «verdad». El hesed del Señor, la gracia del Señor y es la palabra hebrea para fidelidad o verdad. Esto nos habla de confiabilidad, estabilidad, fidelidad. Ese es nuestro Dios.

En un mundo cambiante, en un mundo loco, al revés, Él es lo único constante, perdurable. Para siempre inmutable; para siempre jamás y para siempre fiel. Su fidelidad, no solo para ti sino también para tus hijos, para tus nietos.

Escucha… ese hijo pródigo o esa hija pródiga... Dios es fiel. Dios ama a ese hijo más de lo que tú podrías amarlo. Dios lo está buscando. Un hijo puede o no responder a la búsqueda de Cristo. Y no puedes controlar eso. Pero de lo que puedes estar segura es de que hay un Dios que es bueno, que tiene amor eterno y que es fiel por todas las generaciones.

Entonces, en este tiempo de Acción de Gracias, quiero llamarte a adorar. Quiero recordarte las razones para la adoración, muchas de ellas solo en estos cinco versículos del Salmo 100:

«Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra.Servid al Señor con alegría; venid ante Él con cánticos de júbilo.Sabed que Él, el Señor, es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado.Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre.Porque el Señor es bueno; para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones».

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth estará de regreso para orar. Ella te ha estado mostrando por qué la alabanza y la gratitud pueden hacer una gran diferencia en tu vida. Ella nos ha estado llevando a lo largo del Salmo 100 dado que hoy celebramos el Día de Acción de Gracias. No sé si eres de las que celebra este día o no, pero sí espero que continúes cultivando la gratitud en tu corazón en cada etapa de tu vida.

Para ayudarte a crecer en gratitud, Nancy ha escrito un libro titulado, «Sea agradecido», y un folleto digital titulado, «Gozo en medio de las circunstancias». Nos gustaría hacerte llegar uno de estos recursos, según tu localidad, por tu donación hoy. Visítanos en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, haz tu donación, y recibe uno de estos recursos como agradecimiento por tu apoyo. Tu donación avanza la visión de Aviva Nuestros Corazones de ayudar a mujeres de habla hispana alrededor del mundo, a profundizar en su relación con Jesucristo.

Mañana escucharemos de algunas mujeres que han aprendido a ser agradecidas aún cuando lo que sienten es deseos de quejarse. Ahora Nancy regresa con un último pensamiento y para orar con nosotras.

Nancy: En el Salmo 50:23 de la traducción Reina Valera Contemporánea dice así:

«El que me ofrece alabanzas, (una y otra vez) me honra; al que enmiende su camino, yo lo salvaré».

Y, oh Señor, cómo he orado en esta semana, en este tiempo, en este día para que des aliento y gracia a los corazones de tu pueblo. Que te alabemos, te demos gracias una y otra vez, una y otra vez, hasta que todo el mundo se una a este gran coro de acción de gracias y alabanza con un grito unánime al Señor, un grito de gozo al Dios del universo.

Te agradecemos que al hacer ese camino de alabanza y acción de gracias, una y otra vez, vengas Señor a nosotras y traigas salvación y liberación. Por eso te damos gracias en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Dando gracias a Dios en todo, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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