Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Gracia para la generación sándwich

Annamarie Sauter: Con nosotras Rebecca Lutzer.

Rebecca Lutzer: «Mas el Dios de toda gracia. . .» Tú te has detenido a pensar acerca de lo que debe significar esa línea tan cortita «... quien nos ha llamado a Su gloria eterna en Jesucristo», «después que hayáis sufrido un poco de tiempo...» Yo solía pensar que Dios solo se complacía en hacer que las personas sufran y tengan un tiempo difícil. Pero aquí está lo que dice, «... después que hayáis sufrido un poco de tiempo... Él mismo te perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá».

Dios está allí. Te está fortaleciendo, te está estableciendo, te está perfeccionando a que tú seas más semejante a Él. Ese es el propósito. Eso me da tanta fuerza.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La porción de la Escritura para hoy es Lamentaciones capítulos 1 y 2.

Durante los últimos programas hemos estado escuchando una conversación entre Nancy, Rebecca Lutzer, Kim Wagner y Holly Elliff, titulada, «Floreciendo en el nido vacío».

Kim Wagner: Nancy, mientras todavía teníamos nuestros hijos en casa, nosotros teníamos citas, salíamos solos y siento que esa fue una parte muy importante, que mantuviéramos esa conexión, y mantuvimos en el envío de notas de amor el uno al otro. La oración de la noche, la cual siempre hacemos juntos todavía, es muy importante para nosotros, ese compromiso de nunca dejar pasar una noche sin orar juntos, no importa donde estemos y en qué parte del país nos encontremos. 

Siempre oramos juntos, así que ahora es como si estuviéramos en nuestra luna de miel de nuevo, y Holly, eso llegará. Tal vez puedas ir a Nueva Zelanda para eso, es mucho menos estresante porque no tienes esa presión añadida de «bueno, tenemos que estar en ese juego de pelota», o cuando los niños son pequeños, los niños van a entrar en tu habitación en cualquier momento. ¡No! ¡No! Ya no hay ese estrés añadido y la presión de las actividades con los niños o los niños en el hogar, esa atención continua que los niños requieren, así que este es el tiempo, gran tiempo del matrimonio y es divertido.

Holly Elliff: Bueno todavía no estamos ahí, pero este fin de semana pasado uno de nuestros hijos no estaba en casa y los otros dos estaban en un retiro de jóvenes. Nos despertamos el sábado por la mañana y no había nadie en casa, pensamos: «¡Wao! Es tiempo de fiesta». No había nadie ahí solo nosotros, eso fue solo una idea de cómo será algún día.

Rebecca Lutzer: Yo diría que en realidad, debemos ser intencionales en planificar tiempo para estar juntos, pues si no es una cosa será la otra que te mantendrá ocupada. No parecía que tuviéramos una gran cantidad de tiempo cuando nuestras hijas se estaban casando, pues se casaron una detrás de la otra y luego los nietos empezaron a llegar, yo estaba ocupada ayudando y así sucesivamente. Cuando estamos juntos y cuando viajamos juntos en viajes de ministerio y así sucesivamente, realmente disfrutamos el uno del otro. Disfrutamos estar juntos.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Hemos estado hablando acerca de algunas de las bendiciones del envejecimiento, de la edad mediana de una temporada diferente de la vida. Permítanme decirles que cada etapa de la vida tiene sus bendiciones y sus desafíos. La tentación, en mi opinión, es enfocarnos en las bendiciones de una etapa diferente de la vida y estar obsesionadas con los desafíos de tu etapa de la vida como si nadie más tuviera esos desafíos.

Estamos sentadas aquí como mujeres en sus cincuenta años de edad y mayores. No queremos olvidar a las adolescentes y a las que están en sus veinte o treinta años o comenzando un matrimonio o con niños pequeños, cada etapa tiene sus retos. Y con esos retos viene la gracia de Dios, cualquiera que sea el desafío.

Pero tampoco queremos fingir como si no hubiera desafíos. Me doy cuenta de que a medida que me hago mayor, los desafíos, algunos de ellos son los mismos y algunos de ellos son diferentes. Así que solo quiero que nos involucremos en esta conversación con mis amigas, Kim Wagner, Holly Elliff y Rebecca Lutzer, sobre algunas de las cosas con que tenemos que lidiar o vamos a tratar en esa etapa de la vida, y cómo podemos conseguir la gracia de Dios para dichas situaciones.

En la última sesión, Holly, creo que mencionaste que estabas cuidando a tu madre con Alzheimer. Esto es, para aquellas de nosotras en los cincuenta o sesenta años, una temporada donde se nos presentan una gran cantidad de cuidados que hacer. A veces tú estás cuidando a un padre anciano, y tal vez aún tienes los adolescentes en casa o aún a los hijos no casados. A veces incluso abuelos que están cuidando a sus nietos, la crianza de sus nietos debido a problemas familiares.

Así que vamos a hablar un poco, no solo de sus propias vidas, sino de las vidas de algunas mujeres a las que ustedes están ministrando. ¿Cuáles son algunos de los retos que implica para las mujeres que están en estas situaciones donde tienen que estar cuidando a otra persona? ¿Cómo puede la gracia de Dios ayudarnos y estar disponibles para esta temporada? Holly, empieza con esto. Tú tienes una madre anciana y ella tiene la enfermedad de Alzheimer. Tú cuidaste de ella a través de la enfermedad y la muerte de tu padre, así que esa sí que fue una etapa.

Holly: Así es Nancy, mi madre ha estado allí en Little Rock con nosotros alrededor de siete años y medio. Cuando llegó, teníamos un niño de nueve años, otro de once años y otro de trece años de edad. Mis hijos eran todavía muy pequeños. También tuvimos que atender a la madre de Billy cuando ella tenía Alzheimer. En ese momento yo estaba en mis treinta y tantos y yo estaba esperando a mi cuarto hijo. Así que cuidar de alguien es algo que hemos hecho en el curso de nuestra vida.

Nancy: Sin hablar del hecho de que tú eres la que cuidas a tus hijos.

Holly: Sí, y estamos en una situación muy inusual porque tenemos ocho hijos. Hay un montón de gente conectada con mi vida. Estoy agradecida por eso, pero es muy extraño en ocasiones. Así que cuidar a mi mamá ha sido muy raro. Hemos pasado de una etapa a otra. Estoy segura de que algunas de ustedes en esta audiencia saben exactamente lo que estoy hablando, porque el Alzheimer no permanece estático, cambia.

Así que ella vivió con nosotros por un tiempo, y después ella vivía en la misma calle con una persona que la cuidaba. Luego, cuando no pudimos evitar que vagara por las calles, ella tenía una persona que la cuidaba todo el tiempo. Luego, cuando no podía caminar sin caerse y tenía coágulos de sangre en las piernas tuvimos que llevarla a un asilo de ancianos.

Creo que probablemente la cosa más difícil para mí acerca de esta etapa de la vida, ha sido que ha habido un montón de veces cuando he tenido que acudir al Señor y decir: «Está bien, ¿qué cosa no voy a terminar hoy?» Por lo general es la mía porque siempre está la presión de las necesidades de tu marido, las necesidades de tus hijos, y de alguien que cuidas que no puede expresar sus propias necesidades. Así que ya sabes, si no lo haces, sus necesidades no van a ser satisfechas.

Incluso si están en un lugar en el que están recibiendo una buena atención, aquellas de ustedes que han pasado por esto saben que tienes que estar allí para saber que le están dando una buena atención. No te pueden decir que sí, si no estás ahí. Así que tú realmente necesitas estar consciente de lo que está pasando, y hay que estar bien informado.

Lo interesante del Alzheimer es que cada caso es muy diferente, mi suegra pasó por un tipo de demencia muy, muy rápido. Tenía alucinaciones; ella tenía paranoia. Era una locura, extraña, pero muy rápida. En menos de cuatro o cinco años ya estaba con el Señor. Sin embargo, mi madre ha tenido la enfermedad de Alzheimer probablemente hace trece años, y la de ella es muy lenta. Es muy progresiva, pero a un ritmo muy lento. Por lo demás está sana solo tiene Alzheimer.

Pero es una temporada que es terriblemente demandante. Voy a decirlo de esa manera. Es probablemente una de las cosas que me ha enseñado más que nada a ir de inmediato al Señor y decir: «Yo realmente no puedo hacer esto aparte de Tu gracia». Estoy agradecida por el hecho de que Él realmente provee lo que necesitamos cuando lo necesitamos. Y Él es tan fiel para hacer esto.

Kim Wagner: Sí. Yo me identifico de una forma muy especial contigo Holly, porque mi papá, los últimos cuatro años después de tener cáncer este se le pasó a su cerebro, y estuvo en una condición muy similar a la que tú estás describiendo con tu mamá. Nosotros nos ocupamos de él todo el tiempo que pudimos. En la sala de estar de la casa de mi madre pusimos una cama de hospital. Y muchas veces yo llamé a Holly, solo para que me dijera algo con sentido y para que orara por mí. Porque yo sabía que ella había pasado por esa experiencia que yo estaba viviendo en ese momento.

Necesitas tanto cuando te encuentras esos tiempos, poder ir a Dios, y pedirle Su ayuda, pero además necesitas tener amigos que vengan a tu lado en los momentos más críticos y a quienes tú puedas decirles: «Está bien, ayúdame, ayúdame a pensar con más claridad en esto».

En los últimos momentos de la vida de mi papá, yo estaba en el teléfono con Holly. Yo necesitaba a alguien que en verdad conociera bien la Palabra de Dios, y que me conociera, y me amara de manera que pudiera ayudarme durante este proceso, durante las situaciones tan difíciles que tenía que enfrentar. Esto es parte de la vida, caminar por el valle de sombras de muerte de alguien que amas, y hacerlo de una manera que glorifique a Dios y así poder permitir que otros se beneficien de este proceso.

Nancy: Sé que durante tiempos como estos existe la tentación, y sé que muchas la sienten, de sentir conmiseración, resentimiento— sobre todo si hay otros hermanos que no se han involucrado tanto en el cuidado y al final la carga queda solo sobre ti. Cuando piensas, ¿pero dónde están los otros que se supone que también estén aquí y me ayuden? ¿Cómo puedes guardar tu corazón durante ese tiempo de manera que no tengas resentimiento? Quizás es porque te sientes agotada y sientes, que ya no puedes más; ya no tengo nada más que dar. ¿Cómo puedes mantenerte esforzada y a la vez guardar tu corazón libre de amargura o resentimiento?

Holly: Oh, eso es como un veneno. Eso te mataría.

Kim: O sea, tú no puedes entrar allí.

Holly: Pero la verdad es que es una carga muy pesada. Así que si permites que esto permanezca en tu vida, es aplastante. Creo que mi madre había estado con nosotros de dos a dos años y medio, yo estaba verdaderamente molesta con el Señor por haber permitido eso en este punto de mi vida. Fue verdaderamente difícil, muy difícil. Yo puedo recordar un día… Yo tiendo a ser una persona que le gusta estar afuera. Cuando yo necesito escuchar al Señor voy afuera. Voy a caminar o escalar.

Ese día en particular terminé en el río de Arkansas. Estaba sentada en una mesa de picnic solamente quejándome, derramando mi lamento delante del Señor. Pasó un pequeño bote de motor justo enfrente de mí en el río, y justo, no con voz audible –aun no oigo voces, todavía– pero bien claro como una campana el Señor me dijo en mi espíritu: «Sabes, si hubieras estado en el mar de Galilea ese día cuando llevé a los discípulos a través de la tormenta, tú habrías saltado de la barca o habrías dicho «no». Y dije, «es verdad». Porque en ese momento yo quería saltar del barco.

Pero en ese preciso momento el Señor usó esto para una enseñanza muy profunda y me dijo: «Esto no es un accidente. Está en tu vida, pero no por accidente. Si está en tu vida, yo estoy en tu vida, entonces hay provisión para lo que tú necesitas». Los que de ustedes hayan cuidado a alguien que aman o están en medio de una tribulación, saben a lo que me refiero. Hay momentos en los que estás tan agobiada o con tanta necesidad de sabiduría, y es realmente agotador.

Lo que he descubierto en medio de esto es que cuando abro mis manos a las circunstancias, que de todas maneras ya están en mi vida, era un poco tonto que dijera que yo no quería estar ahí porque realmente ya estaba ahí. Pero cuando abrí mis manos, cambié el foco de mis necesidades hacia lo que Dios estaba tratando de hacer a través de ellas.

Así que lo que hizo esto fue lanzarme dentro de la misma provisión de Dios para que no tuviera que trabajar por mí misma por esta situación, proveer o ser lo suficientemente fuerte. Solo tuve que tirarme a la gracia de Dios y decir: «Está bien, Señor, yo no creo que pueda ir a buscar la ropa sucia una vez más», o «yo no creo que pueda ir a tratar de averiguar cómo resolver el siguiente problema aquí». La cosa es que Dios no está ausente en medio de esto. Él no está ausente.

Estaba pensando en Billy, mi esposo. El domingo usó este versículo del Salmo 16:11, que dice: «Me darás a conocer la senda de la vida». Ya sea que seas una madre soltera tratando de criar a tus hijos o seas la que cuida a alguien o ayudas a tus hijos a pasar por un divorcio. «Me darás a conocer la senda de la vida y en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra deleites para siempre». Quiero decir, que va desde ahora hasta el final de los ochenta y cinco años de Nancy y en el cielo. Eso no va a parar.

El Señor siempre está en el proceso de enseñarnos a tener su punto de vista. Yo les digo a las mujeres todo el tiempo: «Si pudiera estar en el umbral del cielo y mirar hacia atrás en este momento, se vería muy diferente». Pero Dios no se quita a Sí mismo de ese momento. Él está en este momento. «En tu presencia hay plenitud de gozo». Así que de la única manera en que tengo alegría en los momentos difíciles es si estoy buscando la presencia de Dios.

Nancy, tú sabes que tu CD favorito es Escondido en mi corazón. La noche que me llevé a mi madre a la sala de emergencia con coágulos de sangre en sus piernas, que estuvo en el hospital ocho días y yo me pasé todo ese tiempo de pie al lado de su cama sosteniéndola. Cuando tienes la enfermedad de Alzheimer, no sabes lo que está pasando, por lo que no quieres estar allí. Pero ese CD había llegado en el correo de parte tuya ese día.

En el camino al hospital puse ese CD y lo llevé a la habitación del hospital con nosotras. Lo escuchamos mucho durante esos ocho días. Incluso hace dos días, cuando no había nada en la televisión que mi mamá pudiera disfrutar, a ella lo que le gusta es Bonanza y cosas por el estilo, pero cuando no hay nada así, solo bajo el volumen, dejo las imágenes en la pantalla, y le pongo ese CD.

Es increíble para mí. Mi mamá es una creyente. Pero hay una diferencia en su espíritu cuando ella está siendo ministrada por la Palabra de Dios, incluso a través de esa música. Así que siempre hay una manera de buscar la presencia del Señor en cualquier circunstancia, y es crítico. Es muy importante cuando estás pasando a través de esos lugares profundos a través de situaciones de aflicción.

Rebecca Lutzer: Creo que hay mucho misterio. Dios es un misterio para mí de diferentes maneras. La forma en que Él planea las cosas como cuando Él llama a la gente a Su casa a una edad temprana, como tu padre y varias personas. Dios me dio este versículo cuando estaba confundida con estas cosas y pregunté, «¿por qué?», sobre las dificultades de la vida, y por qué tantas dificultades parecen llegar al mismo tiempo y tú que tienes que atenderlas. Dios ha usado este versículo de 1 Pedro 5:10, tantas veces. Es tan rico. Tú has mencionado la palabra gracia, Holly.

«Mas el Dios de toda gracia. . .» Tú te has detenido a pensar acerca de lo que debe significar esa línea tan cortita «. . . quien nos ha llamado a Su gloria eterna en Jesucristo», «después que hayáis sufrido un poco de tiempo. . .» Yo solía pensar que Dios solo se complacía en hacer que las personas sufran y tengan un tiempo difícil. Pero aquí está lo que dice, «. . . después que hayáis sufrido un poco de tiempo. . . Él mismo te perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá».

Simplemente me ayudó a ver cómo Dios hace estas cosas en nosotras y a través de nosotras cuando estamos sufriendo, y cuando estamos teniendo que lidiar con tantas cosas a la vez. ¿Te vas a desmoronar y no lo llevarás a cabo? No, porque Dios está allí. Te está fortaleciendo. Te está estableciendo. Él te está perfeccionando a que tú seas más semejante a Él. Ese es el propósito. Eso me da tanta fuerza.

Nancy: Rebecca, ese es un versículo que me ha ministrado a mí misma muchas veces, probablemente a todas junto con unos cuantos más que nos vienen a la mente. Creo que en cualquier etapa de la vida, cualquiera que sean los puntos de presión, tenemos que tener la perspectiva de Dios, la perspectiva ventajosa de la eternidad. De lo que se trata todo esto, es tan útil, porque solo estamos viviendo en este instante momentáneo de la vida.

No podemos ver lo que Dios ve. No sabemos lo que Él sabe. Si lo supiéramos, si lo hiciéramos, seríamos Dios. Así que tenemos que confiar en que Él es sabio, que Él es bueno, que Él es soberano, y que Él está obrando y trabajando, que Él no se ha ido a dormir mientras trabajamos. Pero también que hay un propósito para estos sufrimientos para toda esta presión.

Pienso en dos versículos, uno en el libro de Romanos capítulo 8: «Pues considero que los sufrimientos del tiempo presente. . .» Y haz una lista, cualesquiera que sean, las cirugías de la cadera, el nido vacío, los hijos que pasan por un divorcio, problemas de salud. Rebecca, sé que has tenido un montón de problemas de espalda y dolor. Eso es parte de las aflicciones del tiempo presente. Rellena tú el espacio en blanco. Problemas financieros. Tenemos muchos amigos en nuestra etapa de la vida que se están enfrentando a situaciones financieras difíciles, ya sea madres solteras o sustentadoras de la familia que no pueden retirarse porque su jubilación se ha ido. ¿Cómo se van a sostener?

Las personas están viviendo mucho más tiempo, pero ¿de qué van a vivir? En algunos casos no hay ese temor. Pero lo que sea que esté en esa lista, en tu lista, «las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria que ha de manifestarse en nosotros».

Así que hay algo presente que es difícil. Hay algo presente que no es la intención que Dios tuvo cuando Él creó este mundo. Pero es un mundo caído; es un mundo destruido. Hay dolor. Hay dolores de cabeza. Hay quebrantamiento. Hay disfunción. No nos estamos haciendo más fuertes o más saludables. Nuestra fuerza se va deteriorando en algún momento. Pero para el futuro. . . hay una gloria. Eso es lo mejor. Eso es algo bueno. Eso es algo grande. Eso es algo que vale la pena mirar con interés.

Aquí tenemos el equilibrio. Uno se trata de los sufrimientos del tiempo presente que se sienten tan difíciles en el momento. Pero luego por otro lado tenemos la gloria futura que Dios ha preparado para nosotras, para lo que Él nos está preparando. Y Él lo que está diciendo es: «Si pones estos dos en una balanza, la gloria es mucho más pesada, mucho más grande y más voluminosa y más rica y más maravillosa que las penas y los sufrimientos aunque sean pesados y difíciles. Es esto, los dolores y los sufrimientos parecen tan difíciles ahora, pero cuando se les compara con la gloria que Dios ha preparado para nosotras, todos estos dolores y sufrimientos van a parecer como nada cuando tenemos la ventaja de ver las cosas del otro lado de la gloria.

Pablo dice algo similar en 2 Corintios 4. Él dice: «Así que, no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, (se va desgastando y ese es nuestro cuerpo físico. Se está deteriorando. No está cada vez más fuerte) «nuestro hombre exterior se va decayendo, sin embargo, nuestro hombre interior se renueva de día en día». Ese hombre interior se está haciendo más fuerte. Es cada vez más como Jesús. Así que él pone todo este asunto del sufrimiento en perspectiva.

«Para esta leve, tribulación momentánea. . .» Ahora, detente. ¿Aflicción? ¿Leve y pasajera? Bueno, si tienes una picadura de mosquito. Eso es leve y pasajero. Pero gran parte de lo que estamos hablando: el cuidado de una madre con Alzheimer durante años, el cuidado de un padre con cáncer cerebral durante años, caminar con tus hijos a través de estas cosas, cuando llueve sobre mojado. Pero Pablo llama a esto leve y pasajero.

«Esta leve tribulación pasajera». ¿Cómo puede ser pasajera? Tú tienes que verla a la luz de la eternidad. Y él dice: «He aquí por qué es ligera y momentánea. Porque Él está preparando para nosotros un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (ver 2 Cor. 4:16-18).

Así que tenemos que decir: «Dios, Tú estás utilizando esta aflicción para cambiarme, para santificarme, para purificarme, para traernos a este lugar grande, espacioso, glorioso y hermoso donde no hay dolor, no hay lágrimas, ni dolores de cabeza, donde no hay dificultades en el matrimonio, donde no hay hijos descarriados, no hay delito, no hay todas las cosas que son parte de este mundo caído. Sin Alzheimer, sin cáncer». ¡Alabado sea el Señor! Esto es lo que tenemos, aquellas de nosotras que estamos en Cristo, y podemos anticiparlo.

Es por eso que Pablo dice: «Por tanto, no desmayamos». Aunque estamos tentadas a hacerlo, a pesar de que queremos tirar la toalla, o salir corriendo. A pesar de que estamos desalentadas o nos vemos tentadas a cuestionar a Dios. Creo que podemos ser honestas con Dios acerca de lo que no entendemos, pero luego vuelve al «Señor, a pesar de que yo no entiendo, a pesar de que esto es un total misterio para mí, me abrazo a ella porque Tú eres bueno, y sabes lo que estás haciendo. Tú no cometes errores. Estás utilizando estas circunstancias para formarme, para moldearme; y no solo a mí, sino también a otros miembros de mi familia.

He visto ancianos piadosos en sus noventa, que sufren a través de largos períodos de dolor o de demencia. Y a veces acabas por decir: «Señor, ¿por qué no te los llevas. Ellos te han servido. Te han honrado. ¿Por qué los tendrías aquí simplemente para pasar el rato? Es difícil para la familia. Es difícil para ellos. Es difícil financieramente». Yo no sé la razón, pero sé que Dios tiene una razón y un propósito.

Y yo sé que Él está trabajando todas esas cosas para alcanzar Sus propósitos perfectos, increíbles y eternos en nosotras, y a través de nosotras. Ahí es donde tenemos que doblar la rodilla, postrar nuestros corazones, y decir: «Señor, si te complace a ti, me complace a mí».

Holly: Y también, creo es importante ser transparente con los demás, porque hay momentos que son muy duros y difíciles. Hay momentos en los que necesitas a alguien que te diga, «no te desanimes». Y recordarte la presencia de Dios, Su poder, Su gracia, en esos momentos que son realmente difíciles. Es bueno ser lo suficientemente transparente para que sepan dónde te encuentras y puedan ayudarte de manera que te pongas tu armadura ese día y recuerdes la Palabra de Dios.

Annamarie: Necesitamos recordarnos la Palabra de Dios unas a otras en medio de las dificultades de cada etapa de la vida. Esto es lo que Holly Elliff nos ha animado a hacer. Escuchaste también de Nancy DeMoss Wolgemuth, de Rebecca Lutzer y de Kim Wagner.

Independientemente de la situación que estés enfrentando hoy, busca al Señor para que Él satisfaga tus necesidades. Esta es una de las muchas cosas importantes que hemos escuchado en nuestra serie actual, «Floreciendo en el nido vacío». ¿Qué pasaría si miles de mujeres que se encuentran en la etapa del nido vacío abrazaran todo lo que Dios tiene para ellas? ¡Esto podría conducir a un avivamiento! Escucha más acerca de esto mañana aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana sino a tener una vida fructífera en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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