Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Héroes verdaderos de la fe 

Annamarie Sauter: Elisabeth Elliot ha sido testigo de conversiones dramáticas en las selvas de América del Sur. Ella escribió más de veinte libros y fue la anfitriona de un programa de radio por casi trece años.

Elisabeth Elliot: Creo que las mujeres mayores no sólo tienen un tremendo privilegio, si no la gran responsabilidad de hablarles a las más jóvenes de tratar de ayudarlas a de la bendición que es para ellas tener esa edad y luego testificarles de la bendición que es tener esta edad.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hace unos 16 años, un equipo se estaba preparando para el lanzamiento del programa de radio Aviva Nuestros Corazones. En los días previos al lanzamiento, Nancy DeMoss de Wolgemuth fue entrevistada por Elisabeth Elliot. El papel de Elisabeth como maestra por radio estaba llegando a su fin en el momento, y Aviva Nuestros Corazones se estaba preparando para llenar el vacío dejado por su programa El Camino al gozo.

En esos episodios finales, Elisabeth habló sobre héroes misioneros, la entrega al Señor y el proceso de envejecimiento. Estamos a punto de escuchar algo de esa conversación. Junto con Nancy y Elisabeth, escucharás a Lisa Barry que fue locutora de El Camino al gozo, y, empezaremos con Bob Lepine de Family Life Today.

Bob Lepine: Estaba pensando en las personas que conozco que han venido a mí y reflexionan en los libros o mensajes o conversaciones que han escuchado de ti, Elisabeth – encuentros que cambiaron sus vida a través de tu obediencia para hacer aquello para lo que Dios te ha dotado al escribir libros y dar discursos.

Nancy, yo sé que muchos de esos son libros que tú has leído. Cuando piensas acerca de los escritos y charlas de Elisabeth, ¿hay algo que se destaque por ser más influyente?

Nancy: Yo nací justo después de que el esposo de Elisabeth, Jim Elliot, fuera martirizado por los indios Aucas. Luego, a principio de esos años, el Señor trajo a mi camino libros como La Sombra del Todopoderoso, El Salvaje, Mis Parientes, luego Los diarios de Jim Elliot. Esos fueron algunos de los libros que Dios usó de una manera significativa para llamarme a la completa consagración de mi vida al Señor, y darme un amor, un corazón, y una pasión por el ministerio.

De hecho, me acuerdo cuando era niña escribiéndole una carta a mis padres diciéndoles que sentía que Dios me había llamado a ser una misionera para Él. De una manera muy apasionada, describiendo mi corazón para servir al Señor. Yo sé que fueron libros como esos que Elisabeth escribió de naturaleza biográfica que agitaron mi corazón y avivaron una llama en él de pasión por el Señor que aún hoy   arde en mí fuertemente. Esos libros fueron una parte clave de todo esto.

Bob: Tengo un amigo que dijo en la iglesia el domingo pasado: “Cada vez que vayas a hablar de Amy Carmichael en la radio, dame una advertencia para que pueda desconectarme, para no caer bajo tanta convicción. Cada vez que oigo hablar de la vida de Amy Carmichael, soy llevado a un punto de convicción muy fuerte.”

Así que, esta es una advertencia para mi amigo. Este es el momento para desconectarse. Ese libro, Una oportunidad para morir, narra la historia de uno de los grandes héroes de nuestra era, ¿No es así?

Elisabeth: Sí. Te das cuenta que ella escribió cuarenta libros. Cada uno de ellos vale su peso en oro. Sin duda, ella ha sido una gran consigna para mí. Y, por supuesto, una hermosa escritora.

Bob: ¿Has leído Una oportunidad para morir también, verdad?

Nancy: Sí, lo he leído. Y te digo, si tu amigo se siente culpable, todo lo que necesitas para sentirte culpable por ese libro es solo el título de él. “Una oportunidad para morir”, realmente lo es. Su vida fue como ha sido la vida de Elisabeth, una llamada a esa vida de auto sacrificio, de rendición y de abandono. Eso me ha ayudado a tener la perspectiva de Dios en muchas circunstancias de mi vida. Para ver en ella una oportunidad para morir.

Bob: Una de las cosas que has hecho en los libros acerca de Amy Carmichael y en los libros acerca de Jim Elliot, cuando has contado historias sobre Gladys Aylward y otros –has elevado a los misioneros al lugar que les corresponde en el estatus de héroes. En un tiempo cuando nadie mira los misioneros como héroes, tú creciste con esa visión de que los misioneros eran héroes reales mientras crecías. Tú has derramado esa visión a una generación nueva en tus escritos.

Elisabeth: Recuerdo a Betty Stam visitándonos en nuestra casa. No fue hasta que me enteré que ella y su esposo habían sido asesinados por los comunistas chinos que me di cuenta de lo que la vida misionera significaba.

El hecho de que esa mujer se había sentado en nuestra mesa fue impresionante para mí. Yo tenía diez años cuando mi padre llegó a la casa con el periódico Philadelphia informándonos sobre el martirio de John y Betty Stam. Ellos habían sido capturados por comunistas chinos. Marcharon semidesnudos por las calles de un pueblo chino. Ella tuvo que ver mientras lo decapitaban a él. Y luego ellos pusieron la cabeza de ella en la guillotina y la decapitaron.

Pensar que esa mujer se había sentado en nuestra mesa lo hizo increíble. Fue cuando yo tenía doce o trece años que me encontré con su oración que hice mía: “Señor, renuncio a mis propios planes y propósitos, todos mis deseos y esperanzas y acepto Tu voluntad para mi vida. Me entrego a mí misma, mi vida, mi todo completamente a Ti, para ser tuya por siempre. Lléname, séllame con Tu Espíritu Santo. Úsame como Tú quieras. Envíame donde Tú quieras, y trabaja toda tu voluntad en mi vida a cualquier costo, ahora y para siempre.”

Copié eso en mi Biblia y le pedí al Señor que me diera esa clase de martirio si Él quería que yo tuviera eso.

Bob: Cuando fuiste a tu mamá y tu papá y le dijiste que sentías el llamado al campo misionero, luego de que ellos tuvieron a Betty Stam en la mesa de cenar y sabían lo que le había pasado, dijeron “¿Estamos muy emocionados. Dios te bendiga?”

Elisabeth: Mis padres también fueron misioneros. Ellos fueron misioneros en Bélgica. Es por eso que me tocó nacer allí. Así que ellos tenían las misiones en sus mentes. Mi madre, aunque vino de una iglesia Episcopal muy lujosa donde no se hablaba de los misioneros, ella fue a un tiempo misionero – creo que fue en Stony Brook School en New York – y ella oyó a misioneros hablar allí.

Fue entonces cuando ella realmente empezó a preguntarle al Señor, “¿Quieres que sea misionera?” Ella no se podía imaginar siéndolo, pero pensó que al menos ella debería preguntarle al Señor. Así que cuando ella se casó con mi padre, ellos fueron misioneros pobres en Bélgica por solo esos cinco años en que yo y mi hermano menor nacimos.

Cinco de los seis de nosotros nos convertimos en misioneros. Así que nuestros padres, por supuesto, tenían que tomar aliento cada vez que ellos escuchaban que uno más de sus hijos había decidido convertirse en misionero. Ellos nunca, en ninguna manera trataron de detenernos. Él único que no ha sido misionero ha estado siempre en la obra cristiana.

Era habitual para nosotros leer biografías misioneras. Tengo un estante grande de solo biografías misioneras. Yo las devoraba. Siempre trato de hacer que los jóvenes las lean y se animen.

Bob: Okay, ellos aceptaron el hecho de que tú ibas a ser misionera – quizás hasta se gozaron con eso. Pero luego después de que tu esposo había sido martirizado por los Aucas, cuando tú les dijiste “Voy a entrar al pueblo”.

Elisabeth: Fue difícil para ellos. Fue muy difícil para los padres de Jim también. Recibí cartas de los dos lados, de los padres de Jim y de mis padres, muy amable y muy cuidadosamente advirtiéndome encarecidamente, “Ni siquiera pienses en ir allí al menos que te sientas absolutamente segura de que eso es lo que Dios quiere que hagas”.

Tomé eso muy en serio. Oré al respecto. Al irme dando cuenta de que si Dios quería que yo fuera allí por alguna razón, Él iba a tener que mostrármelo. No veía cómo eso iba a funcionar. Si cinco hombres fueron asesinados, no tenía sentido que una mujer iba a volver a entrar ahí y regresar con vida. Pero sucedió.

Estoy segura de que fue muy difícil para mis padres. Sé que fue duro para los padres de Jim. El hermano mayor de Jim aún es misionero. Él tiene al menos 53 años en Perú, en Sur América. Nadie ha oído hablar de Burt Elliot, pero todo el mundo ha oído hablar de Jim Elliot. A él y su esposa nunca se les dieron hijos, lo cual fue un gran dolor para ellos.

Debido a eso, ellos han podido estar libres en el tiempo de verano en la parte oriental de la selva donde es muy, muy caliente – y en el otro extremo, en los altos Andes donde es extremadamente frío. Ellos son la pareja más feliz que jamás hayas visto. A pesar de que el Señor nunca les dio hijos, ellos tienen cientos de hijos espirituales. Cuando oigo hablar de las miles de personas que conocen a Jim Elliot, siempre he querido decir que me gustaría que pudieran escuchar sobre Burt Elliot.

Nancy: Elisabeth, una de las preguntas que he querido hacerte, como mujer mayor, ¿qué podrías compartir con aquellas de nosotras que somos mujeres jóvenes sobre la perspectiva de Dios en este tema del envejecimiento? ¿Cómo Dios ve eso, y cómo podemos mirar el proceso de envejecimiento con anticipación en vez de miedo o temor?

Elisabeth: Gracias, Nancy, por el privilegio de contestar una pregunta como esa. No titubeo en lo absoluto al decirles a las personas mi edad. Mujeres mayores que yo me dicen, “Oh, no deberías decir eso. No pareces tan vieja.” Yo digo, “Cuando me miro en el espejo, sé que me veo vieja”.

En esta etapa en particular, resulta que tengo 74 años – muy cerca de 75. Cuando me miro en el espejo, honestamente, no reconozco la persona que veo ahí. No me siento para nada diferente. Soy muy bendecida de tener prácticamente un perfecto estado de salud durante toda mi vida. No me siento menos vigorosa en mi vejez de lo que era antes.

Pero sí la reconozco claramente como una etapa en la que estoy muy contenta de darme cuenta que es el vestíbulo del Cielo. No puedo evitar decirle al Señor, “¿No he tenido suficientes años? ¿No sería un buen momento para llevarme a casa?” Me doy cuenta de que no es asunto mío cuando Dios me quiera llevar allí.

Una de las cosas en las que pienso mucho es en ese gran himno Cuán Firme Cimiento, y la estrofa dice

"Mi amor siempre tierno, invariable, eternal,

Constante a mi pueblo mostrarle podré;

Si nívea corona ya ciñe su sien,

Cual tiernos corderos aun cuidaré."

Yo sé que Dios me está cuidando como un cordero en su seno, y yo soy una anciana. Creo que tengo el derecho y la responsabilidad de hablar sobre la vejez. Estoy cansada de las mujeres que tratan de actuar coquetas, como si fueran jóvenes, aun cuando es terriblemente obvio que ellas son viejas. Todo lo que tenemos que hacer es mirarnos en el espejo. Supongo que hay un montón de mujeres que no se miran al espejo al menos que sea para ponerse una horrible cantidad de maquillaje que ellas piensan que es atractivo.  

Debemos dar gracias a Dios por cualquier etapa de la vida en la que nos encontremos.

Nancy: Elisabeth, estuvimos juntas en una reunión el día de hoy y tú citaste un pasaje de la Escritura que me pareció muy significativo en esta misma línea. Me pregunto si podrías leerlo para nosotros en Isaías capitulo 46.

Elisabeth: Empiezo con el versículo 4 es hermoso.

Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré. ¿A quién me asemejaréis, me igualaréis o me compararéis para que seamos semejantes? Los que derrochan el oro de la bolsa y pesan la plata en la balanza pagan a un orfebre para que haga un dios de ello; se postran y lo adoran. Lo levantan en hombros y lo llevan; lo colocan en su lugar y allí se está. No se mueve de su lugar. Aunque alguno clame a él, no responde, de su angustia no lo libra. Acordaos de esto, y estad confiados; ponedlo en vuestro corazón, transgresores. Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: "Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré.” Yo llamo del oriente un ave de rapiña, y de tierra lejana al hombre de mi propósito. En verdad he hablado, ciertamente haré que suceda; lo he planeado, así lo haré. (vv. 4-11).

Puedo descansar en eso. Isaías 48 también,

Así dice el SEÑOR, tu Redentor, el Santo de Israel: Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te enseña para tu beneficio, que te conduce por el camino en que debes andar. ¡Si tan sólo hubieras atendido a mis mandamientos! Entonces habría sido tu paz como un río, y tu justicia como las olas del mar. (vv. 17-18).

Nancy: Me encantan esos pasajes. Ellos dan un gran sentido del control y de la soberanía de Dios. Has hablado sobre aceptar y no rechazar el proceso de envejecimiento. Pero, ¿qué pasa con aquellas que se pueden sentir, como mujeres mayores, que ya no son útiles; que no tienen la fuerza que tuvieron o la influencia que una vez tuvieron? ¿Cuál puede ser el rol que aquellas de nosotras como mujeres jóvenes tenemos que buscar en la medida en que nos hacemos mujeres mayores?

Elisabeth: Creo que las mujeres mayores no solo tienen un tremendo privilegio, sino la gran responsabilidad de hablarle a las más jóvenes, de tratar de ayudarlas a darse cuenta de la bendición que es para ellas tener esa edad, y luego testificarles de la bendición que es tener esta edad. Hay cosas que no puedo hacer. Hay cosas que no puedo recordar. Creo que esa es una de las cosas más difíciles para mí, porque siempre tuve una buena memoria, y ya no tengo esa buena memoria.

Puedo recordar todas las cosas en el pasado. Tengo todos esos himnos y otras cosas en mi cabeza que no he olvidado. Pero puedo olvidar lo que Lars me dijo hace tres minutos. Él dirá, “¿Quieres decir que no sabes lo que acabo de decir?” Yo tengo que decir, “Dime de nuevo. Por favor, dime de nuevo.”

Por supuesto que es irritante para él. Es muy difícil para ambos. Tengo que tratar de mantener un lápiz delante de mí para así siempre estar anotando cualquier cosa que Lars me diga. Tengo que escribirlo de inmediato porque no lo recuerdo a él diciéndolo.

La querida Madre Cunningham, esa preciosa mujer, fue una gran bendición para mí cuando fui al Instituto Bíblico Prairie. Ella tenía la enfermedad de Parkinson. En la última etapa en que la vi – esto fue algunos años después de haber estado en Prairie que fui a verla de nuevo –poco antes que su muerte. Ella tenía que mantener sus manos apretadas para evitar que le temblaran. Tenía un rostro radiante, rodeado de cabello blanco. Tenía este hermoso acento escocés. Me encantaba escucharla.

Ella decía, “Oh, querida Betty. Oh cuanto te quiero, querida Betty.” Ella era otra madre en mi vida. Me gustaría ser ese tipo de madre para las mujeres que me encuentren disponible.

Nancy: Recuerdo que ayer estabas compartiendo conmigo acerca de cuándo conociste a Corrie ten Boom hace algunos años. Escuchándote compartir acerca de esta mujer mayor, pienso que de todas sus obras y libros, el que ha tenido el mayor impacto en mi vida es el que fue escrito en los últimos cinco años de su vida, cuando ella era una mujer mayor.

Ella estaba incapacitada por una serie de derrames cerebrales, no podía hablar y estuvo obligada a estar en su habitación por esos últimos cinco años. El libro se llama The Five Silent Years (Los Cinco Años Silenciosos). Y sin embargo, las historias de cómo las personas, incluyendo el jardinero que cuidaba su jardín, tuvieron la oportunidad de entrar y permanecer en su habitación. Ella no podía hablar con ellos, pero con sus ojos, ella comunicaba, al parecer, el amor de Cristo y su gracia.

Las personas hablaban sobre cómo eran impactadas con sólo estar cerca de ella. Tú hablabas del espíritu radiante, que es lo que siempre he querido que se haga realidad en mi propia vida. De hecho, tengo que decirte que desde que era una niña, mi único gran objetivo en la vida ha sido ser una anciana piadosa. Tengo en mi mente una imagen de lo que eso significa. Estoy descubriendo que la parte de anciana llega más fácil que la parte de piadosa.

Pero estoy muy agradecida por el ejemplo de mujeres como Corrie Ten Boom y otras mujeres que han vivido más tiempo que yo y han caminado delante de mí marcando ese patrón. No tenemos que llegar a ser (creo que he oído que has utilizado la palabra cascarrabias antes) no tenemos que llegar a ser irritables, o difíciles para convivir, o exigentes, sino que realmente podemos llegar a estar llenas de gracia y aún seguir tocando vidas, como sé que tú lo estás haciendo.

Elisabeth: Bueno, me sustento con versos como “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” (Is. 41:10 Reina Valera 1960)

Lisa Barry: Un versículo que leíste anteriormente acerca de cumplir el propósito de Dios... ¿Crees, al ver tu vida, que has cumplido el propósito de Dios para ti?

Elisabeth: Hasta cierto punto, creo que puedo decir que “sí”. Creo que Dios me llamó a ser misionera. Creo que Él esperaba que yo fuera fiel en mi trabajo escolar, desde el momento en que estuvo en el jardín infantil. Tomé las clases que creía que Dios me estaba pidiendo utilizar. Por alguna razón, pensé que Dios quería que yo leyera griego. Aprendí Latín en la secundaria, y aprendí griego en la universidad.

Cuando comencé a trabajar en la Biblia en las lenguas primitivas, por supuesto que necesitaba ambos el Griego y el Latín. Esas fueron cosas que Dios sabía, que yo no sabía porque exactamente tenía que saberlas.

Desde luego, nunca soñé con hablar en la radio o escribir libros. Solamente iba a ser una misionera en la selva, punto. Por supuesto, la muerte de Jim me precipitó a escribir. Si escribes un libro, luego los editores te piden que escribas otro.

Nancy: Así es ¿tienes algunas metas o pasiones en tu corazón que aún no se han cumplido?

Elisabeth: Aún quiero ser una mejor esposa. Cuando pienso en el corto tiempo que Dios me dio a Jim y Addison, miro hacia atrás como si todo hubiera sido perfecto. Sé que ellos no podían ser perfectos todo el tiempo.  

Tuve que ver a Addison morir. Fue un proceso muy largo y devastador porque él era un hombre grande, fuerte y muy conocido. Él escribió muchos libros y era un orador maravilloso. Él se enojó mucho con Dios. Ese fue un momento muy difícil.

Por supuesto, el Señor me dio un esposo número tres. Solo oro para que Dios no me permita convertirme en una esposa vieja cascarrabias. Puedes añadir eso a tus oraciones por mí.

Annamarie: Esa era Elisabeth Elliot, quien ahora se encuentra en la presencia del Señor. Ella estuvo hablando con Nancy DeMoss de Wolgemuth acerca de vivir cada día para la gloria de Dios, incluso cuando se está tratando con los efectos del envejecimiento. Lisa Barry y Bob Lepine fueron parte de esa conversación también.

Esa entrevista se transmitió originalmente hace muchos años en el programa de radio El Camino al gozo. Elisabeth Elliot estaba a punto de concluir una carrera de trece años como anfitriona de ese programa. Aviva Nuestros Corazones estaba a punto de comenzar, tomando los intervalos de tiempo dejados por El Camino al gozo en la mayoría de las estaciones de radio.

Bueno, unos 16 años después de esa conversación, Nancy nos está permitiendo ver algunas de las anotaciones de su diario. Las puedes leer en el folleto llamado “De cerca y muy personal.” Cuando lees sobre la difícil tarea de Nancy de entregar suficientes mensajes para un programa de radio diario, fortalecerás tu fe en todo lo que Dios te ha llamado a hacer.

¿Ya visitaste nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com para enterarte de todo acerca de nuestra próxima conferencia Mujer Verdadera? ¡Visítanos hoy!

Mañana Nancy nos estará haciendo algunas recomendaciones acerca de cómo mantener a Cristo en el centro de nuestras vidas. ¡Te esperamos!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca del orador

Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot fue una autora y oradora cristiana. Su primer marido, Jim Elliot, fue asesinado en 1956 cuando intentaba hacer contacto misionero con la Auca del este de Ecuador. Más …

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