Podcast Aviva Nuestros Corazones

Annamarie Sauter: Décadas atrás, una canción popular puso en palabras la batalla por el control entre hombres y mujeres, y las relaciones amorosas entre ellos.

(música) No eres mi dueño. No soy solo uno más de tus tantos juguetes.

Annamarie: Pero también refleja la actitud de muchas personas hacia Dios.

Nancy DeMoss Wolgemuth: No sé cuántas de ustedes están familiarizadas con esa canción.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth reprodujo esa canción en una reunión de mujeres hace un tiempo.

Nancy: Quizás muchas…

Annamarie: La canción se titula…

Nancy: “No Eres Mi Dueño”

Annamarie: Interpretada por Lesley Gore.

Nancy: Fue una canción muy popular. Creo que fue el número 2 en las listas de éxitos en el 1964 en los EUA.

(Música) No Eres Mi Dueño. De ninguna manera trates de cambiarme.

Nancy: Esa canción expresaba la esencia de la mentalidad de inicio de los años 60, ¿no? “No Eres Mi Dueño. No soy sólo uno más de tus tantos juguetes. No digas que no puedo salir con otros chicos. No me digas qué hacer. No me digas qué decir”.

(Música) No me ates “porque” nunca me quedaré.

Nancy: No trates de cambiarme de ninguna manera.”

(Música) No me digas qué hacer. No me digas qué decir.

Nancy: “Soy libre, y amo ser libre, para vivir mi vida como yo quiero, decir y hacer lo que me plazca. No me digas que hacer.”

(Música) Soy joven y me gusta salir. Soy libre y amo ser libre, para vivir mi vida como yo quiero, decir y hacer lo que me plazca.

Annamarie: Estamos a punto de explorar esa manera de pensar centrada en el evangelio en tú programa Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

(Música) No me digas qué hacer, qué hacer, qué hacer…

Nancy: Ahora, puede ser que esto haya sido popular en el año 1964, pero ¿me equivoco si digo que ese es esencialmente el lema de cada corazón humano de todas las épocas? “No me digas qué hacer.” Pues bien, el Evangelio nos llama a una mentalidad que es totalmente opuesta a esa forma de pensar.

Hemos estado viendo el Manifiesto de la Mujer Verdadera, y hemos estado diciendo que declaramos nuestro deseo e intención de ser mujeres verdaderas de Dios por Su gracia y en humilde dependencia de Su poder. (Nosotras vamos a … y entonces, vimos 15 afirmaciones que expresan cómo viviremos de acuerdo a lo que hemos dicho que afirmamos.

Hoy hablaremos sobre la segunda de esas afirmaciones .

Gozosamente le cederemos el control de nuestras vidas a Cristo como Señor - diremos: "Sí, Señor" a la Palabra y a la voluntad de Dios.

Qué mensaje tan contrario a lo que acabamos de escuchar: “No eres mi dueño. No me digas qué hacer.” y nosotras estamos diciendo que estamos gozosas de pertenecer a Cristo y le diremos “Sí, Señor” a Él.

Mientras trabajaba en este programa tenía unos huéspedes en mi casa. La mamá, que tiene varios niños pequeños, le dijo a su niñita de cinco años, “No hagas eso.” pero se dio cuenta la pequeña no le estaba prestando atención, y esta mamá le dijo, “Sí, mamá.” Ahora, lo que ella quiso decir con ese “Sí, mamá”, fue “Quiero saber que escuchaste lo que dije. Reconoce que lo escuchaste y que estás de acuerdo con eso y si no estás de acuerdo, habrá consecuencias.” Esto es todo lo que quiso decir con, “Sí, mamá.”

Pensé en ese caso particular porque estaba trabajando en esta sección sobre decir, “Sí, Señor.” Sí, Señor. Escuchamos lo que dijiste. Estamos reconociendo que Tú lo has dicho, y estamos de acuerdo en vivir por ello.” Esta declaración dice que cederemos gozosamente el control de nuestras vidas.

Cuando hablamos sobre la sumisión a Cristo como Señor, rendirnos a Él, no estamos hablando de algo que es obligado. No estamos hablando de dejarle ser el Señor de nuestras vidas a regañadientes. Estamos diciendo que es un privilegio. Es una bendición vivir bajo Su control. Por muchas razones, pero no menos importante es reconocer aquella en la que como las ovejas, somos torpes. Necesitamos liderazgo. Necesitamos supervisión. No somos lo suficientemente sabias como para dirigir nuestras propias vidas.

Ahora, esta declaración – “Vamos a ceder gozosamente el control de nuestras vidas a Cristo como Señor” – fluye de lo que hablamos en la última sesión, que es el amor a Dios. Procuramos amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. No puedes separar la sumisión a Dios del amor a Dios. Es por eso que empezamos por el amor a Dios, porque cuando le amas con todo tu corazón, entonces lo demás, no será una carga. No te sentirás   amenazada por rendir tu vida bajo Su señorío.

Hay un gran cuadro de esto en Éxodo capítulo 21, empezando en el versículo 2. En la ley del Antiguo Testamento. Es un cuadro de lo que hemos estado hablando. El pasaje dice en el versículo 2,

Si compras un siervo hebreo, te servirá seis años, pero al séptimo saldrá libre sin pagar nada…. versículo 5 Pero si el siervo insiste, diciendo: “Amo a mi señor…no saldré libre”, entonces su amo lo traerá a Dios, y lo traerá a la puerta o al quicial Y su amo le horadará la oreja con una lezna, y él le servirá para siempre (versículos 2,5-6).

Un siervo. Este es un siervo que dice después de seis años: "Soy libre para irme, pero amo a mi señor. Él ha provisto para mí. Ha cubierto mis necesidades. Es un buen señor, y quiero quedarme a su servicio para siempre.” Y entonces se convierte en siervo.

Nosotras somos llamadas a ser siervas de Jesucristo. “Sí, Señor, ¿cuál es tu deleite? ¿Cuál es tu voluntad? ¿Qué quieres que haga con mi vida? Tú estás en Control.” Pero nosotras le damos a Él ese control, le cedemos ese control a Él como Señor con corazones conscientes de que Él nos ha amado, que Él ha provisto para nosotras, ha satisfecho nuestras necesidades y nuestra entrega a Él es una respuesta de amor. Yo amo a mi Señor.

¿Y existen algunas cosas de la vida cristiana que me parecen difíciles o retadoras, estresantes por momentos? Claro por supuesto. ¿Hay cosas que Dios me pide hacer, que yo preferiría no hacer? Claro por supuesto. Mi carne con frecuencia se opone a la voluntad de Dios. Pero les diré algo, en lo que respecta a esto, Yo amo a mi Señor. Y sé que si El me dirige, Él sabe que es para mí bien. Es por mis mejores intereses. Confío en Él. Confío en Su corazón.

Le he dicho a mi Señor, remontándome a cuando era una niña, alrededor de mis 5 o 6 años de edad, había un conocimiento consciente de que Él era el Señor. Él es mi Señor. Le dije, “Quiero ser tu sierva por el resto de mi vida.”

Ahora, ¿ha habido momentos en los que me hubiera gustado no haberme comprometido tanto? Por supuesto. Pero Dios se mantiene siempre trayéndome a este punto. Amo a mi Señor, y quiero ser Su sierva. Gozosamente le cedo el control a Él. El fundamento para esta mentalidad de decir “Sí, Señor”, esta manera de pensar rendida es que confiamos en Dios. Creemos que Él es Dios, que Su Palabra es verdad, que sus caminos son buenos, que Su voluntad es la mejor.

Ese es realmente el corazón del asunto, cuando de rendirse a Cristo como Señor se trata.

¿Confías en Él?

¿Crees que Él te ama?

¿Crees que Él tiene los mejores intereses de tu corazón en mente, que Él nunca haría nada que no sea lo mejor para ti?

Es por esto que es tan importante que lleguemos a conocer quién es Dios. No puedes confiar en alguien a quien no conoces. Si tu visión de Dios está sesgada o distorsionada o errada, no te das cuenta de cuán sabio es Él, o cuán amoroso o cuán confiable. Entonces, estarás siempre preguntándote por qué confiar en Él lo suficiente como para cederle, rendirle el control de tu vida.

Yo diría, a propósito, hablando a las más jóvenes (Estoy tan agradecida de tener jovencitas en nuestra audiencia). Puedo recordar cuando estaba en esa etapa de la vida y, en este peregrinaje , en el cual todavía estoy, de llegar a conocer a Dios. Pero hoy sé y conozco mucho más de Él de lo que sabía en aquel entonces. Pero necesité fe para poder decir, “Señor, confío en ti a pesar de lo poco que conozco de ti, confió en ti a pesar de lo poco que se de ti y me someteré a eso.” Pero estoy tan agradecida de que he estado en este peregrinaje de llegar a conocerlo mejor, porque mientras más le conozco, más me doy cuenta de que El es digno de mi confianza y de mi total rendición de corazón.

Hay una batalla tal por el control, que se libra dentro de nuestros corazones, ¿no es así? Gozosamente cederemos el control de nuestras vidas. Esa declaración incluso sugiere que no siempre es fácil. Muchas veces nuestra voluntad entra en conflicto con la suya. Al leer las escrituras, ves que el viento, las olas, la naturaleza, los demonios obedecen Su Palabra. ¿Cómo podremos entonces nosotras resistirle?

Cada parte, cada área de mi vida estará bajo el control de Su Espíritu. ¿Existe algún área de tu vida donde no le has cedido el control, donde estas reservándote el derecho de tomar la decisión final? ¿Cualquier área de tu vida? Gozosamente le cederemos el control a Cristo como Señor.

Ese, por cierto, es el primer compromiso básico . Tenemos 12 de ellos en nuestro ministerio –Ministerios Life Action y Aviva Nuestros Corazones. Los llamamos Compromisos Fundamentales básicos. El compromiso número uno de este ministerio es el Señorío de Cristo y la autoridad de las Escrituras. Así es como dice:

Nuestras vidas y ministerio deben ser edificados sobre un compromiso no negociable, de por vida, con el Señorío de Cristo y la autoridad de la Escritura. Su Palabra debe determinar nuestra filosofía, dirigir nuestra toma de decisiones y reinar soberanamente sobre cada área de nuestra vida.

Eso es solo una manera de establecer lo que dice esta afirmación en el Manifiesto de la Mujer Verdadera. “Cederemos gozosamente el control de nuestras vidas a Cristo como Señor.”

Ahora, necesitamos recordarnos que Él es el Señor. Nosotras no lo estamos haciendo Señor. Él es Señor. “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra,” dijo Jesús en Mateo capítulo 28, en el versículo 18. En su mensaje del día de Pentecostés, Pedro dijo, “Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36).

Ahora, si Jesús es Señor, y Él es, la implicación de esto es que Él merece nuestra obediencia absoluta incondicional. Tenemos que hacer lo que Él nos pide que hagamos. Jesús preguntó en Lucas capítulo 6, “¿Y por qué me llamas: “Señor, Señor”, pero no haces lo que yo digo?” (Lucas 6:46, parafraseado). Ves, no se logra nada bueno al decir, “Sí, Señor,” como   animamos a las mujeres en este ministerio y en nuestras conferencias de Mujer Verdadera. Decimos, “Sí, Señor, sí, Señor.” Pero no se logra nada bueno con decir estas palabras si en tu corazón no estás cediéndole el control a Él como Señor.

Y por cierto, el gran modelo de esto es la obediencia de Cristo a la voluntad del Padre. Él cedió gozosamente el control. Él se sometió a la voluntad de Su Padre. El Salmo 40 (que también se repite en el libro de Hebreos), dice, Entonces dije: “He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío;tu ley está dentro de mi corazón” (Salmos 40:7-8) lo que Jesús dijo es, “Dios, Te amo y me deleito en hacer tu voluntad. Tu Ley está en mi corazón. Tengo tu ley en mi corazón.

Ese es el ejemplo que tenemos en Cristo. En la medida en que Él se mueve en nosotras y nos llena, Él pondrá Su Ley dentro de nuestros corazones. Él no pone en nuestros corazones una obediencia de mala gana a la Ley de Dios y a Sus caminos, sino un deleite en hacer la voluntad de Dios.

Debo destacar que cuando el corazón le cede el control a Cristo como Señor, es una evidencia de verdadera salvación. Si no dices “Sí, Señor” con tus labios y en tu vida, no tienes un fundamento para tener seguridad de que eres hija de Dios. Con mucha frecuencia hoy tenemos personas en nuestras iglesias que están viviendo a sabiendas y voluntariamente, en pecado sin arrepentimiento y aún, diciéndose que son cristianos.

Algunas de ustedes tienen hijos pródigos y están viviendo en pecado voluntariamente, quizás viven un estilo de vida inmoral, viviendo en rebelión abierta y conocida. Pero a pesar de eso dices: “Oh, el hizo una decisión por Cristo cuando tenían tres años de edad. Yo sé que mi hijo es un cristiano. Estoy orando que regrese a los caminos de Dios.” Tu hijo puede que no sea   cristiano . No asumas que tu hijo es cristiano o tu compañero o tú misma si no hay evidencias de que tienes un corazón que dice, “Sí, Señor” a la hora de obedecer a Dios.

Lo que deberías estar orando por tu cónyuge o tu hijo es, “Señor, tráelos a reconocer que no son cristianos, que necesitan nacer de nuevo, que están perdidos”. No les dejes descansar en una falsa seguridad o profesar algo de lo que no hay evidencia que posea.

Cuando decimos que una persona puede tomar una decisión por Cristo y luego vivir de la manera que quieran, estamos sugiriendo que la salvación es una profesión en un punto que no necesariamente cambia tu manera de vivir, que no requiere rendir tu vida a Cristo como Señor y lamentablemente, eso ha sido el resultado del evangelismo del último siglo. Como resultado, hay millones y millones de personas en este país, personas en tu iglesia y en la mía, que piensan que son cristianas pero que realmente no lo son. No tienen un corazón que obedece a Dios.

Ahora, quizás algunas de ustedes están pensando , “bueno, yo he desobedecido a Dios”. ¿Estás diciendo que no soy cristiana?” En primer lugar, no puedo decir si eres cristiana o no. Pero, puedo decirte que si eres cristiana, habrá momentos en los que desobedecerás a Dios. Lo que estoy diciendo es que si no tienes ninguna determinación, ninguna inclinación en tu corazón de obedecer Su Palabra, entonces, no tienes ningún fundamento para asegurar que eres hija de Dios.

Así es como sabemos que le conocemos, si tenemos un corazón que anhela guardar sus mandamientos. Ahora el decir “Sí” a Cristo como Señor, decir, “Sí, Señor,” requiere fe. Porque en el momento en que estás frente a una decisión o a un problema en tu vida, todo lo que puedes ver son las desventajas, el dolor, el costo, las negativas, los miedos, las pérdidas, lo duro. Si digo, “Sí, Señor” –y sé que hay algunas mujeres solteras que nos escuchan. Quizás Él nunca dejará que me case o quizás no me permita casarme con la persona con quien quiero casarme.

O si digo, “Sí, Señor, mi vida es Tuya; mi cuerpo es Tuyo,” quizás Él no me permita tener hijos, o quizás Él me dará muchos hijos. Quizás Él me enviará a… llena tu el espacio en blanco con el peor lugar en el que puedes pensar en la tierra donde no quieres ir. Quizás Dios me hará hacer esto o no me dejará hacer aquello. No me divertiré, o seré miserable.

Existen temores. Tenemos que enfrentar esos temores con fe y la fe nos ayuda a ver que en el otro lado de la obediencia, siempre hay gozo. Hay tesoros, placeres, riquezas. Hay un lugar de abundancia. Ahora, no dije que es una vida fácil porque no hay vida fácil de este lado del cielo. Pero hay un gozo que viene después que entramos en el camino de la obediencia y decimos, “Sí, Señor,” a pesar de lo que sentimos, pensamos, queremos, y dejamos que Él sea el Señor.

Recuerda que esta no es una opción de una sola vez, no es una decisión de una sola vez, el decir: "Sí, Señor". Decir: " Sí, Señor", es un estilo de vida. Decirlo muchas veces, diariamente, es algo continuo en la vida en la medida que Dios trae cosas nuevas a nuestras vidas y entramos en nuevas estaciones de vida. Decir: "Sí, Señor". Rendirse a los caminos de Dios a veces puede implicar tragedia , pérdida , dolor y misterios que no podremos explicar.

Decir “Sí” a la voluntad de Dios. Eso podría significar la maternidad. Podría ser decir “sí” a la soltería. Podría ser decir “sí” a la infertilidad. Podría ser decir “sí” a permanecer en un matrimonio difícil. Podría ser decir “Sí” al ministerio vocacional. Pero es saber que Dios es bueno. Que Él es Dios. Y que sus caminos son los mejores.

Así que el corazón de una mujer verdadera es el corazón de María de Nazaret quien dijo, “Yo soy la sierva del Señor. Yo soy la esclava del Señor. Hágase conmigo como has dicho,” es parafrasear Lucas capítulo 1, versículo 38, diciendo “Sí, Señor.”

El llamado cada día como mujeres verdaderas es a doblar nuestras rodillas. A propósito, trato de hacer eso una vez al día por lo menos. Lo he hecho por muchos años. Muchas veces, la mayor parte del tiempo es sólo algo muy rápido, pero sólo doblar la rodilla ante el Señor. Usualmente, es la última cosa que hago antes de ir a la cama cada noche. Arrodillarme literalmente, físicamente ante Él como una manera de decir físicamente lo que quiero que sea cierto de mi corazón. “Sí, Señor. Me rindo. Gozosamente cedo el control de mi vida a ti como Señor. Ondeo la bandera blanca de rendición. Quiero reconocer Tu señorío en mi vida.”

Si la canción del mundo es “No eres mi dueño; No me digas que hacer,” la canción de los corazones redimidos se puede ver en las palabras de Frances Havergal escritas en 1874. “Toma mi vida Señor, quiero consagrarla a ti.”

[Chris Tomlin cantando]

Que mi vida entera esté
Consagrada a Ti, Señor;
Que a mis manos pueda guiar
Él impulsó de Tu amor.

Lávame en la sangre del Señor,
Límpiame de toda mi maldad;
Traigo a Ti mi vida para ser, Señor,
Tuya por la eternidad.

Que mis pies tan sólo en pos
De lo santo puedan ir;
Y que a Ti, Señor, mi voz
Se complazca en bendecir.

Que mis labios al hablar
Hablen solo de Tu amor;
Que mis bienes dedicar
Yo los quiera a Ti, Señor.

Que mi tiempo todo esté
Consagrado a Tu loor;
Y mi mente y su poder
Sean usados en Tu honor.

Toma ¡oh Dios!, mi voluntad,
Y hazla tuya nada más;
Toma, sí, mi corazón,
Y tu trono en él tendrás.

Nancy: Inclinemos nuestros corazones por un momento de oración y en este momento tranquilo me pregunto si necesitas decir, “Sí Señor”. Ondea esa bandera blanca de rendición en tu corazón y di, “Señor, no entiendo todo lo que estás demandando de mí. No sé a dónde me guiarás, y por fe quiero rendir mi vida, en este tiempo, a mí misma, cada parte de mí, cederte gozosamente el control de mi vida a ti como Señor.”          

Toma nuestras vidas, Señor y que sean apartadas, consagradas para Ti. Toma nuestro tiempo, nuestros cuerpos, nuestros apetitos, nuestros afectos, nuestro tiempo libre, nuestros trabajos, nuestras finanzas, nuestras vidas sexuales, nuestras relaciones, todo, Señor, tómalo todo. Toma nuestros corazones y que sean totalmente devotos a ti. Oro en el nombre de Jesús, amén.   


Que mi tiempo todo esté
Consagrado a Tu loor;
Y mi mente y su poder
Sean usados en Tu honor.

Que mis labios al hablar
Hablen sólo de Tu amor;
Que mis bienes dedicar
Yo los quiera a Ti, Señor.

Lávame en la sangre del Señor,
Límpiame de toda mi maldad;
Traigo a Ti mi vida para ser, Señor,
Tuya por la eternidad.

Annamarie : ¡Qué himno tan precioso! Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado citando ese himno y mostrándonos la importancia del corazón detrás de este. Nancy regresará en breve.      

Ella acaba de darnos una poderosa descripción de lo que es una vida rendida a Dios. Es un gran tópico que todas nosotras necesitamos entender. Espero que puedas profundizar más en este tema al leer el libro “Rendición”, escrito por Nancy.

Puedes buscar otros recursos relacionados al tema en nuestra página de internet AvivaNuestrosCorazones.com. Cuando la visites, puedes buscar programas o artículos por temas. Estos recursos están disponibles para ti gracias a las personas que apoyan este ministerio financieramente.

En los primeros días de Aviva Nuestros Corazones cuando Nancy estaba empezando a crear contenido de radio, un puñado de donantes abrazó la pasión de este ministerio. Ellos creyeron que muchas mujeres serían impactadas por este mensaje y dieron generosamente para que pudiéramos salir al aire y compartir el mensaje de libertad, plenitud y abundancia en Cristo.      

Pero esos pocos donantes no estaban en capacidad de financiar el programa para siempre. Ellos necesitaban de oyentes como tú que dieran el paso de convertirse en parte del equipo que con su aporte mensual hiciera esto posible. Sin eso, no podríamos ofrecer esta valiosa enseñanza para mujeres.

Cuando das el paso y apoyas Aviva Nuestros Corazones con una donación de cualquier monto, mostraremos nuestro agradecimiento al enviarte una copia del pequeño libro devocional titulado “Un viaje de 30 a través del Manifiesto de la Mujer Verdadera”. Los envíos están disponibles para EEUU y Canadá.

Dona cualquier cantidad a través de nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com, o llámanos al 1-800-569-5959 desde EEUU o Canadá, ayudándonos así a continuar enseñando a mujeres, para que estas enseñen a otras en su círculo de influencia.

No es necesariamente malo comer algodón de azúcar de vez en cuando, pero si te llenas de algodón de azúcar cada día, probablemente no querrás almorzar o cenar. Ese es un cuadro de nuestra relación con la Palabra de Dios. Nancy te mostrará por qué mañana.         

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

“No eres mi dueño” Lesley Gore. Los hits dorados de Lesley Gore.

  1. John Madara, Dave White Tricker.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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