Podcast Aviva Nuestros Corazones

La historia y el significado de la reforma, día 2

Annamarie Sauter: Él se convirtió en monje para cumplir un voto que hizo y porque quería complacer a Dios. Para el año 1517, Martín Lutero estaba frustrado. Aquí está el pastor Erwin Lutzer.

Dr. Erwin Lutzer: Lutero no tenía paz…la pregunta es: ¿Cómo amas a Dios? Lutero dijo: «Lo odio. Y lo odio porque sus estándares son demasiado altos. ¿Cómo cumples los estándares de un Dios Santo?»

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer iniciamos una conversación muy interesante con un invitado especial. Si no escuchaste ese programa, puedes hacerlo a través de nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com, o a través de nuestra aplicación «Aviva Nuestros Corazones».

Hoy continuaremos escuchando esa conversación, en esta serie titulada, «Rescatando el evangelio». Aquí está Nancy,

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Muchas personas están celebrando hoy lo que se conoce como, el Halloween y no tienen idea del verdadero significado de este día –que hace 500 años, el 31 de Octubre de 1517, algo muy significativo se llevó a cabo ¡y fue un terremoto en la historia de la iglesia!

Bueno, es una gran alegría y un gran privilegio tener al pastor Erwin Lutzer con nosotras aquí en Aviva Nuestros Corazones. Durante algunos días estaremos hablando de «Rescatando el Evangelio: La Historia y el Significado de la Reforma».

El pastor Lutzer ha escrito un libro con ese título, en inglés, «Rescuing the Gospel: The Story and Significance of the Resurrection». He estado fascinada con esta historia. El pastor Lutzer es un gran narrador, y cosas que sucedieron hace 500 años (¡un día como hoy!), que podríamos pensar que son aburridas, en realidad no lo son. Son cosas que debemos entender al tratar las implicaciones del evangelio en nuestros días.

El pastor Lutzer es autor, escritor y durante muchos años fue pastor de la Iglesia Moody en Chicago, Illinois. Él es el anfitrión y el maestro principal de la Escritura, en un programa de radio llamado Running to Win (Corriendo para Ganar), que quizás hayas escuchado.

Pastor Lutzer, bienvenido de nuevo a Aviva Nuestros Corazones. Gracias por estar con nosotras hoy.

Dr. Erwin Lutzer: Nancy, estoy tan emocionado de estar aquí. Gracias por invitarme, y no puedo esperar para empezar la discusión de hoy.

Nancy: Hoy hablaremos de una de las figuras más significativas, probablemente la figura más significativa en la Reforma Protestante. Le oí decir, Pastor Lutzer, que se escribieron más libros sobre Lutero que sobre cualquier otra persona, excepto. . .

Dr. Lutzer: . . . Jesús y Pablo.

Nancy: Jesús y el apóstol Pablo. Uno pensaría que todo el mundo sabría todo sobre Martin Lutero.

Dr. Lutzer: Uno pensaría que los cristianos, en particular, habrían leído una biografía de él, pero muchos de ellos saben muy poco acerca de él. Por supuesto, también hay cosas negativas sobre Lutero, y muchas de ellas son ciertas.

A veces me hacen esta pregunta: ¿Con quién del pasado le gustaría cenar que no sean Jesús, Pablo y los apóstoles?

Yo elegiría a Martín Lutero.

Él tenía conversaciones de mesa con sus estudiantes, haciendo observaciones ingeniosas. Los estudiantes tomaban notas. Seis pequeños volúmenes, sólo de sus conversaciones en la mesa en alemán. Ellos discutían todo, desde el papa, la política, de un tema a otro. ¿De cuántos de nosotros, si nos sentáramos en la cena y alguien tomara notas sobre todo lo que se dijo, se estaría estudiando todavía después de 500 años? De ninguno, pero de Lutero, sí.

Era una persona muy interesante. Hizo muchas declaraciones extravagantes. Pero lo principal es su búsqueda del evangelio, y de eso hablaremos.

Nancy: Llévenos de vuelta a esa época. Repasemos la historia de Martín Lutero. Y la verdad espero que nuestras oyentes se sientan como yo después de leer tu libro, que puedan entender mejor a este hombre, que tal vez se metan en su cabeza o debajo de su piel un poco y que les sea de aliento.

Él no empezó con ningún sentido de ser un líder o figura religiosa. Esto fue la providencia de Dios.

Dr. Lutzer: Hay una lección aquí para los padres. Cuando los padres de Martín Lutero lo tuvieron, y lo llamaron Martín porque nació el día de San Martín, y cuando la señora Lutero lo sostuvo entre sus brazos, no tenía ni idea de a quién estaba sosteniendo.

Nancy: Claro.

Dr. Lutzer: Padres, tampoco saben a quién están criando, ni en el lado bueno ni en el malo.

A menudo he pensado en Clara, la madre de Hitler. Murió cuando Hitler tenía trece años. Tampoco tenía ni idea de a quién estaba amamantando.

Aquí tienes a un hombre que va a cambiar el mapa de Europa. Van a tratar de disuadirlo de entrar en el monasterio, y no tienen idea de lo que Dios ha preparado para él.

Así que cuida a ese niño que Dios te ha dado. No lo sabes. Es posible que estés sosteniendo en tus brazos al próximo Billy Graham.

Bien, regresando al tema, Lutero nace en Eisleben, Alemania. Creo que fue alrededor de 1483. Su padre era un minero. Fue criado en un hogar muy estricto. Él va a la universidad de Erfurt porque, después de todo, él quería estudiar leyes. Su padre quería que fuera abogado porque podría ganar mucho dinero haciendo eso.

Él está caminando a su casa un día en 1505 y es golpeado por un relámpago. Él dice: «Ayúdame, Santa Ana y me convertiré en monje».

Nancy: Una oración desesperada.

Dr. Lutzer: Una oración desesperada. Con el fin de cumplir su voto, y también, se sentía turbado con una sensación de desesperación existencial: ¿qué diríamos, tal vez depresión, culpa, alienación, ser cortado de Dios…?

Así que él, de estar inscrito en la universidad,  entra al Monasterio Agustino allí en Erfurt.

Nancy: Lo que no emocionaba mucho a su padre.

Dr. Lutzer: No, su padre se oponía a eso.

Él está allí (en el monasterio) para salvar su alma. Pero la pregunta es: ¿Cómo? En aquellos días se creía: sí, somos salvos por gracia, pero tenemos que hacernos dignos de esa gracia. Tienes que ser digno para que Dios te salve. La pregunta es: ¿Cómo se hace? Obedeció todas las disciplinas de la iglesia. Quiero decir, a veces ayunaba tanto que la gente pensaba que iba a morir.

He estado en las varias salas del monasterio. Hay suelos duros hechos de piedra. Él dormía sobre esos pisos sin cobijas para mortificar la carne. Pero la pregunta aquí es: ¿Cuánto pedía Dios?

Y luego, por supuesto, la confesión. Esta fue de algún consuelo para él hasta que comenzó a confesar sus pecados por hasta seis horas seguidas, hasta que su profesor estaba tan molesto, que le dijo: «Lutero, la próxima vez que vengas, ven con un gran pecado, como el asesinato y el adulterio, pero no todos estos pequeños pecados».

Pero Lutero era un mejor teólogo que sus contemporáneos. Comprendió que la cuestión no era si el pecado era grande o pequeño, sino, si había sido confesado, abandonado y perdonado. Porque sabía que el más pequeño de los pecados lo borraría de delante de Dios para siempre.

Nancy: Así que debió haber tenido una alta visión de la santidad de Dios.

Dr. Lutzer: Oh, una alta visión de la santidad de Dios.

Nancy: Y de la justicia de Dios.

Dr. Lutzer: Sí, y de la justicia de Dios.

Déjame contarte sobre su primera misa. Esperaba ser derribado por Dios cuando estuviera detrás de esa mesa, y él, un pigmeo, pudiendo convertir el vino ordinario y el pan ordinario en el cuerpo y la sangre de Jesús. Él dijo: «¿Quién soy yo para que esté en presencia del Todopoderoso?»

Y ves, en esos días se creía que se tenía la misa, pero esta solo se ocupaba de los pecados pasados. Mañana sería otro día.

Lutero descubrió que era algo así como tratar de limpiar el piso con el grifo abierto. Hoy confieso todos mis pecados. Aunque los recuerdo todos, aunque los confieso todos, mañana es un día con nuevos pecados, y tiene que empezar todo de nuevo hasta que llegó a la desesperación.

Algo interesante aquí: Cuando estás allí en el monasterio de Erfurt, hay una losa allí que es en realidad una lápida de uno cuyo nombre es Johannes Zacharias. Bueno, ¿quién fue él? Él jugó un papel en la muerte de Hus (de quien hablamos ayer) cuando Hus se convirtió en un mártir.

Entonces, ¿no es interesante que, para hacer sus votos, lo hiciera boca abajo sobre la lápida, justo en el altar de Johannes Zacharias, alguien que fue realmente una pieza fundamental en la muerte de Hus cien años antes? Que un hombre hiciera sus votos allí, fue lo que en última instancia sacudió a la iglesia en sus fundamentos.

Alguien ha dicho con humor: «Tal vez en el Concilio de Constanza, Hus miró a Johannes Zacharias y dijo: "Algún día habrá un reformador que sacudirá  la iglesia en los cimientos,» y tal vez Johannes Zacharias dijo: «Sobre mi cadáver.»

Así que Lutero está tratando de alcanzar la salvación. Él trata el mérito de los santos. Él va a Roma para resolver una disputa. (Si conoces la distancia, está a unas 800 millas. Él y otros dos hermanos caminaron). Él va a Roma pensando, allí encontraré la salvación.

Sube las escaleras. Hoy puedes subir estas escaleras, y hay un letrero allí que indica el número de años menos que tienes en el purgatorio si rezas en cada uno de los escalones. Se cree que estas escaleras fueron las que fueron traídas de Jerusalén a Roma, aquellas en las que Jesús estuvo. Pero… Lutero no tenía paz.

La pregunta es: ¿Cómo amas a Dios? Lutero dijo: «Lo odio. Y lo odio porque sus estándares son demasiado altos. ¿Cómo cumples los estándares de un Dios Santo?»

Había una nueva universidad que estaba comenzando en la pequeña ciudad de Wittenberg, y el elector Frederick estaba buscando maestros. Schtoutben le dijo a Lutero: Yo estoy enseñando allí. Ven y enseña allí.

Lutero enseñó allí ética aristotélica, todavía desesperado, bajo un árbol de pera. Schtoutben dijo: «Deberías enseñar la Biblia.»

Lutero dijo: «Esta será mi muerte». Pero lo hizo.

Llega al Salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» Lutero se dijo: «¿Por qué Jesús mismo experimenta lo que estoy experimentando?» Un sentimiento de alejamiento, un sentimiento de ser cortado de Dios, estas enfermedades del alma con las que Lutero estaba lidiando.

Comenzó a darse cuenta de que tal vez eso era para él. Y luego, por supuesto, llega al libro de Romanos, y para esto, por supuesto, necesitamos lavarnos en la belleza del evangelio. Llega al versículo 16 del capítulo 1,

«Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá» (vv. 16–17).

Lutero estaba absorto en la frase: «La justicia de Dios.» La justicia de Dios era su problema. Pero Lutero, al mirar esto, se dio cuenta de que hay una justicia que es un atributo de Dios, pero también hay una justicia, que es un don de Dios dado a los que creen, «porque en ella, la justicia de Dios Se revela de fe en fe: El justo vivirá por la fe».

Él descubre en el capítulo 4, por ejemplo, que dice: «creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia» (v.3). Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.

Él llega al capítulo 5 y, por ejemplo, el versículo 17, «Porque si por la transgresión de uno, por éste reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por medio de uno, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia».

Así que Lutero dijo: «Día y noche estaba reflexionando sobre esta pregunta: ¿Qué hay de este regalo de justicia dado en respuesta a la fe?» Él dijo: «Cuando comencé a ver que hay una justicia que se recibe por fe, y yo recibo esa justicia, fue como si entrara por las puertas del paraíso».

Porque, como ves, ahora no importaba cuán alto fuera el estándar de Dios, porque Lutero no tenía que cumplir el estándar  de Dios. Jesús cumplió con los estándares de Dios.

Nancy: Qué gran alivio debió sentir.

Dr. Lutzer: Siglos antes, un teólogo de nombre Agustín dijo: «Oh, Dios, ordena lo que quieras, pero concede lo que ordenas». No me importa si exiges una santidad y una perfección absoluta mientras tú proveas lo que pides, porque no lo tengo yo. Y por fe, Lutero recibió ese regalo de justicia.

Nancy: ¡Amén! Qué intercambio tan asombroso, ¿no? Realmente, es el evangelio en una oración.

Dr. Lutzer: Sí claro. Exactamente.

Nancy: Mi pecado es puesto sobre Él. Su justicia es puesta sobre mí.

Dr. Lutzer: Lutero básicamente dijo: «Oh, Jesús, yo soy tu pecado. Tú eres mi justicia». Cuando Jesús murió en la cruz, obtuvo lo que no merecía, nuestro pecado. Nosotros, en cambio, obtenemos lo que no merecemos, Su justicia.

Tenemos que permanecer aquí un momento, porque este es un medio de liberación, no sólo para aquellos que están escuchando y que nunca han creído, sino también para los cristianos. Cuando te detienes a pensar en ello, te das cuenta de que tiene que ser un regalo gratis porque es el tipo de justicia que tú y yo no tenemos. No es la justicia humana elevada a un poder superior. Este es el don de justicia dado a los que creen.

¿Te das cuenta de que tienes que ser perfecto para llegar al cielo? Esta sería una buena oportunidad para aquellas que son esposas y nos están escuchando. Si tu marido está cerca, puedes mirarlo y decir: «Tienes un problema.»

Nancy: Y viceversa.

Dr. Lutzer: Y viceversa. Tenemos problemas a nuestro alrededor. Pero este es el asunto: Tienes que ser perfecto para llegar al cielo. Pero cuando recibes la justicia de Dios y eres declarado perfecto, cuando mueras, serás bienvenido en el cielo como si fueras Jesús, porque estás allí totalmente basado en Su justicia.

Así que es un regalo de justicia. Es una justicia permanente.

Permítanme hacerles una pregunta teológica: ¿Fue Lutero salvo cuando estuvo allí en el monasterio confesando todos sus pecados por horas? No.

Millones de personas irán a la iglesia el próximo domingo y confesarán sus pecados y se irán sin ninguna seguridad, pues mañana será otro día.

Lo que Lutero descubrió, lo que se indica en el libro de Hebreos, es que por una ofrenda, Jesús perfeccionó para siempre a los que son santificados. Una vez que tengas el regalo de justicia, ese regalo de justicia es tuyo. Ahora, tenemos que confesar nuestros pecados para mantener la comunión, pero no para ser salvos de nuevo.

Lutero ahora lo entendía. Por eso una de las primeras doctrinas que soltó fue la del purgatorio, porque el purgatorio se basaba en la noción de que nadie moría lo suficientemente justo como para ir al cielo. Bueno, unos pocos, unos cuantos santos, pero no tú y yo y todos nuestros amigos. Y lo que necesitamos hacer es ir a los fuegos del purgatorio para ser purgados, para que entonces nos volvamos perfectos para que Dios pueda darnos la bienvenida en el cielo.

Ahora, si tienes la justicia de Cristo acreditada a ti, Nancy, vas de esta vida a la siguiente directamente, basada en la justicia de Cristo, y llegas al cielo. Por fin tienes seguridad.

Pero hay más que eso en la justicia de Cristo. Es una justicia igual. La justicia que el apóstol Pablo recibió es la misma justicia que recibe el más humilde y desconocido creyente.

Nancy: Así es.

Dr. Lutzer: Y esto significa que se comienza a abrir la puerta para algo que más adelante sería claro para Lutero; esto es, la doctrina del sacerdocio del creyente.

A veces, cuando estoy en un picnic o algo así, dicen: «Pastor Lutzer, ¿orarías por la comida?» Bueno, me encanta orar por la comida porque me gusta hablar con Jesús. Pero cualquiera puede orar por la comida y tener el mismo acceso que cualquier otra persona si viene sobre la base de la justicia de Cristo y la sangre que fue derramada para que tengamos esa justicia.

Así que abrió un entendimiento completamente nuevo entre los laicos, porque, por fin, eso significaba que ahora todos tenemos la misma importancia y el mismo valor delante de Dios.

Bueno y como mencioné lo del sacerdocio del creyente, abundaré un poquito más en esto. Revolucionó lo de las obras.

Nancy: Sí. Así es.

Dr. Lutzer: En aquellos días, una buena obra era algo que el sacerdote te pedía que hicieras: di algunos «Ave María», haz una buena acción. Ahora, todo tiene significado. «Y todo lo que hagáis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús» (Col. 3:17).

Amo a Lutero. Era tan ingenioso. Él dijo: «Dios ordeña vacas. Dios ordeña esa vaca allí, pero usa una lechera u ordeñadora para hacerlo».

Cuando ordeñas una vaca, estás ordeñando esa vaca para Dios, y eso quiere decir que todo tiene significado. No importa si estás limpiando el suelo. No importa si estás siendo reconocida por alguien. Lo estás haciendo para Dios porque eres un sacerdote, en presencia del Dios viviente.

Nancy: Y eso lo convierte en obra sagrada.

Dr. Lutzer: Lo convierte en obra sagrada.

Nancy: Sí.

Dr. Lutzer: Te acuerdas, Nancy,  hace años, creo que Ruth Graham tenía encima de su fregadero, «servicio divino realizado a través de los tiempos aquí todos los días». («Divine service conducted through times here daily»).

Nancy: Servicio divino.

Dr. Lutzer: Ahora Lutero. Él tenía una posición sólida delante de Dios, y llegó a sentir paz.

Pero mientras tanto, en Roma, había un papa con el nombre de papa León. Llegó al poder y quiso terminar de construir la Basílica de San Pedro. Es la basílica que se ve en la televisión. Los pilares de la basílica habían sido colocados por un papa anterior, pero estaban sin terminar. Así que necesitaba dinero.

Hizo un acuerdo con los bancos alemanes –es un poco complicado– pero la conclusión es: iba a vender indulgencias. Bueno, las indulgencias anteriormente habían sido vendidas, pero esta vez incluían algo nuevo. Ahora podrías comprar una indulgencia, no sólo para ti, sino también para tus familiares.

Así que los vendedores iban de ciudad en ciudad. Llevaban una cruz a la plaza del pueblo y decían: «Esta cruz es del mismo valor que la cruz de Cristo. Ahora, escuchad, oíd: Podéis comprar por unos pocos centavos, por unos cuantos centavos, podéis comprar a un pariente del purgatorio. Escucha a tu madre. Ella te está gritando hoy diciendo, "¿Qué tan duro eres? ¿Cuándo, por unos cuantos centavos, me puedes sacar de este lugar de tormento? "»

Había una pequeña canción que él usó, que tradujo del alemán, más o menos dice así: «La moneda golpeando el cofre y el alma saltando del purgatorio al cielo».

Estas indulgencias no se vendieron en Wittenberg porque el elector Frederick tenía su propio comercio de indulgencias, y no quería la competencia. Pero la gente cruzó el río viejo de Wittenberg y fue a estas pequeñas ciudades. Volvieron con cartas de indulgencias, y se las mostraron a Lutero. Algunos de ellos compraron cartas de indulgencias por los pecados que aún no habían cometido pero planeaban cometer.

Lutero se enojó y dijo: «Voy a hacer un agujero en su tambor». Es entonces cuando se marcha hacia la puerta de la Iglesia del Castillo, y clava noventa y cinco tesis –estos eran temas que debatir. Esto sucede el 31 de octubre de 1517. Es por eso que ahora tenemos el 500 aniversario de la Reforma Protestante. Ese evento suele ser el que usan los historiadores para señalar el comienzo de la Reforma. Un día como hoy, hace 500 años.

Nancy: ¿Y cuál fue el punto de estas tesis? ¿Cuál era la esencia de ellas?

Dr. Lutzer: El objetivo de estas tesis era criticar la venta de indulgencias. Veamos, por ejemplo, la número 32:

«Aquellos que creen que pueden estar seguros de su salvación porque tienen cartas de indulgencia serán condenados eternamente, junto con sus maestros. ¿Está claro?»

Veamos la 52:

«Es vano confiar en la salvación por cartas de indulgencia, aunque el comisario de la indulgencia o incluso el papa ofrecieran su alma como seguridad».

Así que lo que Lutero hace es clavar estas noventa y cinco tesis en la puerta de la Iglesia del Castillo, escritas en latín, con la intención de que los académicos de la universidad las discutieran.

Alguien las tomó y las tradujo al alemán. La imprenta había sido inventada, y muy pronto se distribuyeron por toda Alemania. Y lo que pasó fue que todos los alemanes estaban de acuerdo, diciendo: «Esta es la dirección que debemos seguir.»

Están muy enojados con el papa. Están enojados por todos los diversos abusos que conocían, la venta de indulgencias. Y así Lutero, de la noche a la mañana, se hace famoso. No había querido esto. Es como si alguien quisiera sacar una piedra de una montaña y de repente, lo que hace es comenzar una avalancha.

El papa León dice: «Lutero es un alemán borracho. Pensará de otra manera cuando esté sobrio.»

Bueno, Lutero bebía, debo admitirlo, pero nunca pensó de otra manera.

Y, Nancy, lo que es tan interesante es esto: Lutero dijo más tarde que si el papa hubiera corregido algunos de estos abusos, Lutero habría quedado satisfecho. Pero debido a que el papa no quiso cambiar, y finalmente excomulgó a Lutero, debido a todo lo que sucedió, Lutero comenzó a mirar la Biblia una y otra vez. Su teología se desarrolló, y empezó a ver más y más cosas que necesitaban cambiar en la iglesia hasta que finalmente, por supuesto, hubo una brecha. Tienes historia católica y tienes historia protestante que fluye de ese evento.

Nancy: Una vez más, volvemos a la importancia de la autoridad de las Escrituras. A medida que los debates se desarrollaron en los meses y años siguientes, eso es a lo que todo regresaba. ¿Cuál es la autoridad para las prácticas en las que estamos involucrados? ¿Es la Escritura? ¿Es el papa? Esto fue lo que causó la avalancha.

Dr. Lutzer: Exactamente. Lutero entró en una serie de debates. No entraremos en todos ellos. Uno fue en  Leipzig, el otro en Augsburgo, y así sucesivamente. Pero siempre llegó a esto: ¿Cuál es nuestra fuente de autoridad? ¿Es la Escritura? ¿O es la tradición? ¿Está justificada la tradición, junto con toda la Escritura? Y eso es lo que finalmente se convirtió en el problema.

Annamarie: Estamos escuchando una conversación entre el Dr. Erwin Lutzer y Nancy DeMoss de Wolgemuth. Qué importante es conocer la historia y aprender de creyentes que han corrido la carrera de la fe en años anteriores, y de sucesos que nos ayudan a entender mejor cómo Dios ha estado obrando a lo largo de los años.

Permíteme hacerte una pregunta; ¿Te sientes aceptada por Dios? Regresemos a la conversación, creo que el Dr. Lutzer te ayudará a responderla.

Nancy: Mientras contaba la todo eso acerca de la justicia de Cristo y el viaje de Lutero para encontrarla, creo que probablemente tenemos algunas oyentes que han estado en esa misma lucha. Cualquiera que sea su afiliación a la iglesia, o ninguna, pero que están luchando para encontrar la aceptación de Dios, la paz con Dios, el perdón, un sentido de cómo lidiar con la vergüenza, la culpa, el peso de su pecado, y lo que acabas de compartir son buenas noticias.

Dr. Lutzer: Nancy, no sólo son buenas noticias, sino noticias liberadoras.

Nancy: Sí.

Dr. Lutzer: Comparto esto con la gente porque no hay un día que pase en mi propia vida en el que no piense en esto: Tengo aceptación hoy ante el Padre por causa de Jesús. ¿No es maravilloso saber que estás bien desde este punto de vista: Hoy soy aceptado ante el Padre por causa de Jesús. Y según Juan 17, Él me ama. Dios me ama tanto como ama a su Hijo.

Nancy: ¡Wao! Grandioso.

Dr. Lutzer: Me amó antes de la fundación del mundo. Jesús dijo: «Los amaste tal como me has amado a mí…porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.» (Juan 17: 23-24).

Nancy: Por eso es que los Reformadores dijeron que necesitamos predicarnos el evangelio a nosotros mismos todos los días.

Dr. Lutzer: Sí, absolutamente.

Nancy: Hoy podría ser el día de salvación para algunas que están escuchando este programa. Quiero pedirle Dr. Lutzer, si puede ir un paso más allá a favor de las personas que nunca han confiado en Cristo para su salvación.

Dr. Lutzer: Ese es mi deleite.

Si crees que cuando Jesucristo murió en la cruz y resucitó, hizo todo lo que era necesario para que permanecieras en la presencia de un Dios santo; si crees eso, y lo abrazas diciendo «no» a todas tus buenas obras, que están manchadas con el pecado, y dependes únicamente de Cristo, serás salvo, y lo sabrás con seguridad.

Y la razón por la que lo sabrás es porque, por fin, no depende de ti. Depende únicamente de Jesús y de Sus promesas, y Él llena por ti todas las grietas.

Permítanme hacer una ilustración, pero creo que la podrán seguir muy fácilmente.

Supongamos que tengo dos libros aquí arriba. Un libro dice: La vida y los tiempos de Erwin Lutzer. Miramos adentro, y tiene algunos lugares agradables, pero mucho pecado y mucho autoservicio, lo que sea.

Pero hay otro libro aquí que tengo que dice: La vida y los tiempos de Jesucristo.

El evangelio es éste: Jesús me dice: «Erwin, dame tu libro, y hagamos esto. Vamos a sacar todas tus páginas, y voy a tomar las páginas de Mi libro, y voy a insertarlas en las cubiertas del tuyo.»

Bueno, está bien. La vida y los tiempos de Erwin Lutzer, vamos a abrirlo ahora. Es un libro lleno de obediencia. Es un libro lleno de belleza, santidad. El libro es tan hermoso y tan santo que a Dios le encanta, y es La vida y los tiempos de Erwin Lutzer. ¿Por qué? Jesús toma mi lugar.

Nancy: Así es.

Dr. Lutzer: Si estás escuchando hoy y nunca has creído en Él para salvación, dile ahora: «Voy a dejar de confiar en mí misma. Sé que soy una pecadora, y recibo el regalo gratuito de la vida eterna, y abrazo a Jesús como mío. De ahora en adelante dependeré de Él para mi justicia. Yo dependo de Él para mi aceptación ante Dios».

¿Y sabes lo que dice la Biblia? Habrá un lugar en el cielo reservado para ti.

Escucha esto: viajo mucho y por lo general tengo mi pasabordo, pero a veces he estado en lista de espera. Cuando vuelas en espera, vas a la mujer detrás del escritorio y le dices: ¿será que me puedes asignar un asiento? ella dice: siéntate, te llamaré. ¿Cuánto tiempo puedo quedarme aquí sentado? Así que me levanto y vuelvo y digo, ¿crees que voy a viajar? Siéntese. Pero si tienes un boleto que dice 6F, tienes un lugar reservado; puedo relajarme porque hay un lugar reservado para mí. Cuando tu confías en Cristo, habrá una habitación en el cielo para ti, porque Él tomó tu lugar. Él recibió el golpe por ti.

Esto es el evangelio, y esto es lo que libertó a Martín Lutero de todas sus faltas.

Annamarie: Lutero estaba lejos de ser perfecto, pero Dios lo usó con poder para rescatar el evangelio, hace 500 años un día como hoy. Hemos estado escuchando una conversación entre nuestra anfitriona Nancy DeMoss de Wolgemuth y el Dr. Erwin Lutzer. Nancy regresará en un momento para orar.

Antes, me gustaría tomar un momento para agradecer a aquellas de ustedes que oran por Aviva Nuestros Corazones. Tus oraciones son de gran valor para nosotros. Algunas de ustedes nos apoyan con su trabajo voluntario, y otras con su aporte financiero. ¡Gracias!

Si quisieras unirte a nuestro equipo de colaboradoras, nos gustaría enviarte un regalo de agradecimiento. Son unos diseños dibujados a mano que podrás usar como recordatorio de las verdades compartidas en esta serie: ¡Eres justificada por la fe! Recuérdalo a través el arte que hemos dibujado a mano para ti y que puedes descargar e imprimir para usarlos en tu casa u oficina. Es nuestra manera de decirte «gracias» cuando donas para apoyar el ministerio Aviva Nuestros Corazones. Para ver una muestra del arte que puedes descargar, o para hacer tu donación, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Te esperamos mañana, para la continuación de esta relevante conversación. Continuaremos reflexionando sobre la celebración del 500 aniversario de la Reforma, en esta serie que hemos titulado, «Rescatando el evangelio».

Ahora oremos con Nancy.

Nancy: Oh Señor, cómo te agradecemos por la maravilla de ese asombroso evangelio, por nuestro asombroso Salvador. Pienso en cómo Martín Lutero te vio como juez justo, santo. Pero no fue hasta más tarde cuando te vio como un gran Redentor,  santo y misericordioso. Hoy hemos visto a Cristo, nuestro Redentor.

Creo que hay algunas que han estado escuchando la voz del Dr. Lutzer hoy, y Tú has puesto fe en sus corazones. Has abierto sus ojos para ver lo que Cristo ha hecho por ellas. Gracias, Señor, por la salvación que estás dando hoy a las almas de creyentes arrepentidas.

Y para aquellas de nosotras que hemos conocido este evangelio, tal vez desde que éramos muy pequeñas confiamos en Cristo, pero Cristo es más precioso para nosotras hoy. Hoy tenemos que predicarnos el evangelio a nosotras mismas mientras caminamos y reconocemos que no es por nuestra justicia, no es nuestra vida, no son nuestras buenas obras, sino la vida y la santidad de Cristo imputadas a nosotras, transferidas a nosotras, dadas a nosotras. Como resultado, podemos estar seguras de Tu favor, de Tu bendición, de un lugar reservado para nosotras en el cielo, pero también de Tu gracia este día.

Por lo tanto, Señor, por todo eso te damos gracias, en el nombre de Jesús. Amén.

Dr. Lutzer: Amén, amén.

Annamarie:  Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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