Podcast Aviva Nuestros Corazones

Las ‘Anas’ de hoy

Carmen Espaillat: Escucha cómo una mujer recuerda un ejemplo piadoso que la inspiró.

Kim Wagner: Ella simplemente no podía dejar a nadie sin asegurarse que les había mostrado quién era Jesús, y ahora, eso es precioso para mí.

Carmen: ¡Feliz día de Noche Buena! Has sintonizado Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana Nancy nos ha introducido a un personaje bíblico llamado Ana. Hoy, conoceremos algunas otras mujeres que nos recordarán a Ana. Nancy continúa una serie llamada, Ana: la mujer que le dio la bienvenida a Cristo.

Nancy: Hemos estado hablado sobre este maravilloso ejemplo de una mujer mayor, una mujer  piadosa—Ana—uno de los primeros testigos del recién nacido Jesucristo y como Dios usó esta mujer como un ejemplo de Fe en sus días y cómo nos ha bendecido hoy.

Y he estado pensando en el transcurso de esta serie sobre algunas mujeres mayores que yo he conocido que son las “Anas” modernas, y como Dios ha usado estas mujeres en diferentes maneras—no todas son viudas—mujeres mayores que querido ser  fieles al Señor.

Y quiero compartirles un tributo que escribí poco tiempo después de la muerte de una de estas “Anas”, quien era una mujer muy especial en mi vida, y más que intentar explicárselos, quiero decirlo de la manera exacta en que lo escribí. De hecho publicamos esto en un boletín de Aviva Nuestros Corazones hace algunos años, pero déjenme decirles sobre esta “Ana” en mi vida.

Una de mis amigas más queridas recientemente se fue a morar con el Señor, a la edad de 92 años. Yo conocí a Joyce Johnson como “Mama J”. Aunque ella no era una figura pública, ella era una de mis heroínas y dejó una marca indeleble en mi vida.

Mama J enviudó en diciembre 2004 luego de 64 años de matrimonio. Yo pude visitarla en ese febrero mientras estuve en California para una reunión. Y pasamos unas cuantas horas preciosas juntas, hablando de lo que el Señor estaba haciendo en nuestras vidas.

Por cierto, le pregunté que cómo se sentía en ese tiempo. ¡Y esta mujer era tan positiva y tan llena de gozo no podías lograr que se quejara! Ella acababa de ir al doctor, y dijo: “Todo está bien. Estoy excelente!”, bueno, menos de una semana después fue diagnosticada con leucemia y en algunas semanas después de eso estaba ya en la presencia del Señor.

Mamá J era un ejemplo de esa mujer contra-cultural de la cual hablamos frecuentemente en Aviva Nuestros Corazones –Una mujer cuya vida fue transformada y dirigida por la Palabra de Dios en vez de ser conformada a este mundo.

Comparto estas cualidades de su vida con la esperanza de que tú seas bendecida y retada por el legado de esta mujer de Dios, como yo lo he sido, y que tú permitas que Dios te haga una mujer que le traiga gran gloria, como hizo Mamá J.

Luego, compartí brevemente 10 u  11 características de su vida.

Número uno, ella amaba su esposo y a sus hijos. Por más de 60 años, “el corazón de su marido confiaba en ella. Ella le daba bien y no mal, todos los días de su vida”  siendo un modelo de ese versículo de Proverbios 31, los versículos 11 y 12.

Su mayor gozo era servirle a su familia, y su mayor deseo era que cada uno de sus hijos y nietos tuviera una relación personal y viva con Jesucristo.

Ella tenía también un corazón de sierva. Solo el Señor sabe cuántas comidas ella sirvió y la cantidad de ropa que lavó para su esposo, para sus  hijos y para otros. Por muchos años ella sirvió fielmente en su iglesia, siendo una de las personas que  contaba las ofrendas. Cada lunes en la mañana por años, ella se unía a un grupo de mujeres para contar las ofrendas de los domingos.

Ella era también hospitalaria. Cuando yo tenía 17 años, ella y su esposo me invitaron a su casa a vivir con ellos mientras asistía a mis últimos dos años de universidad en California. Ellos estaban empezando sus años 60’s en ese tiempo y yo no fui la última persona joven que ellos hospedaron. Ellos hospedaron una variedad de nietos y otras personas en distintos momentos hasta bien entrados en sus 80 años.

Ella aprendió a confiar en la Soberanía de Dios y a rendirse a Sus decisiones. Cuando la mayor de sus cinco hijos tenía 17 años, sólo una semana antes de su graduación del colegio, murió en un accidente automovilístico. Y aunque ellos lloraron la pérdida de Karen, Mamá y Papá J siempre lo aceptaron como la voluntad de Dios para sus vidas y rehusaron amargarse por su pérdida.

Ella era una intercesora. Ella oraba por su esposo, por sus hijos y sus nietos, por su iglesia, y por numerosos ministerios y misioneros. Ella era una de mis más fervientes y  fieles compañeras de oración.

Ella me sostuvo en oración mientras escribía la mayoría de mis libros. En su funeral, dije solo parcialmente bromeando, “No sé cómo podré escribir más libros. Desde ya, extraño sus oraciones”. Y sin duda he extrañado grandemente sus oraciones.

Ella era una motivadora. Sus frecuentes  notas me recordaban de su amor y oraciones. Repetidas veces afirmaba la gracia y la obra de Dios en y a través de mi vida y yo no era la única beneficiada por sus estímulos.

Ella nunca dejó de crecer espiritualmente. Su relación con el Señor siempre fue fresca y creciente. Su amor por la Palabra aumentaba al pasar los años, hasta que llegó al punto donde tenía un hambre constante de las Escrituras, no se saciaba. Cuando la visité la última vez, ella emocionada me enseñó una Biblia nueva que estaba leyendo y comenzó a leer en voz alta algunas porciones que habían hablado a su corazón.

A medida que oraba por mí mientras yo escribía un libro sobre la santidad, ella desarrolló una nueva pasión por la santidad. Ella comenzó a marcar en esta Biblia nueva cada referencia que encontraba sobre la santidad, santo, limpieza, y palabras similares. Por gran parte del año, ella frecuentemente me escribía y compartía su emoción y gozo sobre lo que Dios le estaba enseñando sobre la santidad. (Y esto fue al principio de sus 90 años)

Ella tenía un espíritu agradecido y contento. No podías hacer que Mamá J se quejara de nada. Incluso cuando la salud de su esposo falló durante los últimos años de su vida y tuvieron que mudarse de su casa de 50 años. Ocasionalmente, cuando alguien de nuestro equipo la llamaba para ver cómo podíamos orar por ella, ella respondía, “Tengo más bendiciones que peticiones de oración.”

Ella era verdaderamente feliz en Dios. Ella nunca se retiró de ministrarles a otros. La última vez que nos vimos me dijo emocionada, “Todavía estoy sirviendo de mentora a una muchacha joven” –¡a los 92 años!. Varios años atrás, su iglesia solicitó mujeres mayores que estuvieran dispuestas a invertir en las vidas de mujeres más jóvenes.  Y mamá J fue voluntaria y se le asignó una joven soltera que tenía cerca de 20 años. La oportunidad de invertir su vida en alguien más le trajo mucho gozo y satisfacción y la guardó de sentirse inútil.

Ella era generosa. Ella y su esposo siempre disfrutaron  invertir en la obra del Señor juntos. Más tarde en su vida, ella recibió una pequeña herencia al morir un familiar y ella encontró gran gozo en dar generosamente de esos recursos que heredó. Ella comenzó a apoyar Aviva Nuestros Corazones desde sus inicios y nunca falló,  ni un solo mes.

De hecho, fue muy conmovedor para mí,  que su último cheque llegó un día después  que se fue con el Señor. Ella lo había firmado solo unos días antes.

Ella envejeció con gracia. Tantas personas se vuelven más amargadas, negativas, y centradas en sí mismas a medida que envejecen. No Mamá J. Yo vi como ella se convirtió en una mujer más dulce, de corazón más tierno, más amorosa, agradecida y llena de gozo. Mientras más vieja se ponía, más sensible se hacía a las “pequeñas cosas” en su vida que no agradaban al Señor, y frecuentemente me compartía esas cosas en sus cartas, era muy confrontador para mí.

Aquí estaba esta mujer mayor, piadosa, a quien yo consideraba muy cerca a Dios, y ella me escribía acerca de cosas que Dios le daba convicción. Ella mostraba un corazón tan contrito y arrepentido en la medida que hablaba de esas cosas.

La vida de Mamá J es un ejemplo hermoso de Proverbios 4:18. Que dice, “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día”.

Mamá J no se esfumó. Incluso cuando su cuerpo se hacía más débil, su espíritu se fortalecía cada vez más. Y horas antes de morir, yo le dije a su yerno, “No conozco a nadie que esté más lista para el Cielo que Mamá J”.

Ahora ella experimenta la plenitud del día. Su vida siempre me retará a vivir una vida que no se desvanezca sino que resplandezca de forma más y más brillante hasta la plenitud del día, cuando viviremos por siempre en la luz de Su presencia.

Esa es mi “Ana”. He conocido otras, pero ella fue  muy especial en mi vida.  Y me gustaría escuchar a algunas de ustedes. Si no tuviste la oportunidad de escribir sobre la tuya, está bien. No tiene que ser largo, pero a medida que pienses sobre alguien que ejemplifique una o más de las características en la vida de Ana—¿quién viene a tu mente?

Déjame preguntarte  Holly, si puedo comenzar contigo.

Holly Elliff: Más temprano, Nancy se refirió al Salmo 84, y mientras yo estaba leyendo ese Salmo, no pude evitar pensar que era una descripción perfecta de mi suegra, Jewel Elliff.

El versículo cuatro dice, “¡Cuán bienaventurados son los que moran en tu casa! Continuamente te alaban. Cuán bienaventurados es el hombre cuyo poder está en ti, en cuyo corazón están los caminos a Sión. Cuando anden por el Valle del Llanto, se convertirá en un lugar de manantiales refrescantes; las lluvias de otoño lo cubrirán de bendiciones. Ellos se harán cada vez más fuertes y cada uno se presentará delante de Dios en Jerusalén.  (Versos 5-7 de la Nueva Traducción Viviente)

Tuve el privilegio de conocer, por 24 años, a mi suegra, Jewel y ella fue a estar con el Señor hace 22 años, pero todavía tengo una marca duradera en mi vida.

Ella fue esposa de pastor por muchos, muchos,  años así que su vida no siempre fue fácil. Ella crió 4 hijos y ella—literalmente—fue una mujer que tomó las cosas que Dios le permitió en su vida y las atesoró.

Si leíste esos versos de la Biblia de las Américas, dice: “Lo haré un lugar de bendición”. Eso fue lo que ella decidió hacer. Ella tomó todas las corrientes de agua que Dios permitió en su vida, incluso los “Valles de llanto”—Su vida no fue siempre color de rosa.

A medida que envejecía, las cosas se pusieron muy difíciles. Mi suegro en un momento cayó en pecado, dejó a Mamó y se casó con la otra mujer. Eventualmente se arrepintió, y Dios lo restauró en nuestra familia.

Pero hubo muchos años que fueron “Valles de llanto” en su vida, y fue tan precioso ver lo que ella hizo con esos años de lágrimas. Ella literalmente, tomó todos esos años de caminar a través de esos valles y recolectó esas lágrimas y las convirtió en estanques de bendiciones para otras personas.

Ella tuvo la habilidad inusual de creer literalmente la Palabra de Dios y simplemente hacer lo que Él dice. Cuando ella se sentaba delante del Señor y abría su Biblia, si Dios decía, “Yo seré suficiente”, ella creía eso y vivía su vida de acuerdo a eso. Ella nos enseñó cómo hacerlo.

Ella realmente nos dio la libertad, a medida que caminábamos por esos días duros, nos dio la libertad de perdonar y continuar amando y continuar orando e intercediendo por el papá de Billy. Fue un proceso de aproximadamente 7 años para que Dios lo trajera al arrepentimiento, y esos fueron años largos y duros. Pero el ejemplo de Mamá caminando por ese camino en la presencia de Dios nos dio la libertad y el ánimo para seguirla y vivir de acuerdo a su ejemplo.

Ella creía fuertemente que la preocupación era pecado. Hubo muchas ocasiones donde Billy estaba pastoreando y nos tocaba estar en sitios difíciles, Mamá nos llamaba y decía, “¿Ustedes se están preocupando por algo?”, si tú decías, “Sí”, ella decía, “Bueno, tú sabes que la preocupación es pecado”. Y luego nos animaba a pararnos en fe ante el Señor y dejar esas cosas a los  pies de la Cruz.

Ella tenía una formas dulces y agradables y un sentido de humor tremendo. Cerca del final de su vida, ella tenía la enfermedad de Alzheimer y nosotros la cuidamos. Puedo recordar tantas veces en momentos muy difíciles—que pudieron haber sido tan trágicos— y simplemente comenzábamos a reírnos.

Las cosas se hicieron graciosas para nosotras porque eran tan extrañas y tan fuera de control que no podíamos hacer nada para cambiarlas. Podíamos solo reírnos, y eso era muy característico de ella, incluso al final de su vida. Ella realmente era una “Ana” para mí. Ella era una mujer que ejemplificaba esa fe “que mira hacia delante” en el Señor Jesús.

Invitada 1: Yo tendría que decir que mi mamá. Ella tenía una personalidad muy fuerte, pero amaba al Señor con todo su corazón. Yo recuerdo mientras estuvo viva –ella murió el año pasado, hace un año el pasado martes—ella siempre se acercaba preguntando, “¿Qué está haciendo el Señor en tu vida? ¿Qué te está diciendo el Señor a ti?” O te decía lo que el Señor estaba haciendo en su vida.

También ella era muy hospitalaria. Puedo recordar cuando estaba en la universidad, que tuvimos un estudiante internacional viviendo con nosotros por varios años, y siempre venía mucha gente a nuestra casa. Ella amaba los estudiantes que venían de otros países y les hablaba de Jesús.

Pero su amor más grande era la profecía. Apocalipsis era su libro favorito en la Biblia. Ella era profesora de estudios bíblicos y también profesora de escuela dominical y consejera. Sé que ella anhelaba el cielo. Sabía que cuando ese día llegara yo  quería ser como un pequeño pajarito para poder ver cuán emocionada ella estaba de entrar a la presencia del Señor. ¡Ella había  estado  esperando ese día por tanto tiempo!.

A cada sitio que íbamos, ella siempre estaba contándole a otros acerca del Señor. Recuerdo que eso me avergonzaba cuando era una adolescente. Siempre estaba hablándole a alguien. Ella no podía dejar a nadie sin asegurarse que le había dicho quién era Jesús. Ahora eso es precioso para mí. Yo hubiese querido ser agradecida por eso en ese tiempo.

Invitada 2: La “Ana” en mi vida era una señora que fue nuestra vecina cuando era yo una pequeña niña en Pine Bluff, Arkansas. Su nombre era Violet Tatem. Ella era la esposa del pastor en nuestra iglesia y su esposo murió de una forma bastante trágica e inesperadamente de una complicación de lo que debió haber sido una cirugía menor.

Se encontró viviendo en una casa parroquial—no poseía un lugar para vivir, y tenía una hija de quince años y otra  en la universidad. He escuchado a mi madre decirme muchas veces (yo tenía algunos dos o tres años cuando el Dr. Tatem murió) y ella decía de como la vio luego del funeral y de una semana realmente difícil. El próximo domingo estaba en su mismo lugar de siempre en el coro cantando en la sección de los Altos en la fila de arriba a la derecha, donde ella continuó cantando cada domingo por las próximas décadas.

Lo que más recuerdo es cuando iba a su casa siendo una niña pequeña. Yo iba los domingos en la tarde. En muchas ocasiones, recuerdo, que ella se recostaba en el sillón. Estoy segura que ella no estaba emocionada de verme, pero actuaba como que si lo estuviera.

Ella había visitado la Tierra Santa varias veces, y tenía cosas en su casa que eran de allí. Ella me contaba sobre cada una  y me parecían fascinantes. Me contaba historias fascinantes de como se veía el Monte de los Olivos y Belén y todo ese tipo de cosas. Ella me influenció de muchas maneras, pero esa fue una que nunca olvidaré.

Kathy Helvey: Yo estaba enseñando en una escuela en Australia y mi vida realmente no estaba alineada con el Señor. Yo fui allá por un capricho de enseñar en una escuela, pero mientras estaba allá, Dios realmente atrapó mi corazón y mi vida.

Alguien con mucha sabiduría me arregló una cita con su tía Hilda. Recuerdo cuando la fui a ver por primera vez, ella tenía una oficina en la ciudad. Yo quedé impactada porque era bastante mayor—Ella estaba por sus 60 años. Claro, yo tenía poco más de 20. Las mujeres cristianas mayores que yo había conocido no se parecían a ella en nada. Ella tenía un gozo tan grande en el Señor. Fue muy emocionante para mí simplemente sentarme con Hilda.

Solo para darte una idea, ella nunca se casó. Ella fue siempre soltera. Ella no había tenido ningún entrenamiento bíblico, nunca fue al Seminario o algo parecido, pero ella alquiló, a una edad muy temprana, una oficina en la ciudad—en el centro de Brisbane—donde ella sabía que podía comenzar a tener estudios bíblicos durante el almuerzo y fuera del horario laboral, para que mujeres jóvenes vinieran y la conocieran. Ella tenía su oficina abierta todo el día, para que la gente pudiera   entrar y salir todo el día para recibir aliento y consejería espiritual, como lo llamaríamos hoy en día.

Pero lo que más recuerdo de mis años en Australia con Hilda es, en primer lugar, que ella amaba a Dios y amaba Su Palabra y sin importar en qué momento nos juntáramos, ya sea para un café o té o para un almuerzo, ella estaría hablando sobre eso.

Ella introducía la Palabra de Dios independientemente del tema que estuviera tratando y yo le decía, pero “¡Espera, espera, Hilda!, ¿dónde está ese versículo?” Ella me decía, “Ay  Kathy, yo no sé. Está en la Biblia, y aún más importante, está en mi vida, y debería  estar en la tuya también. Vé  y encuéntralo. Encontrarás tus propios versículos para que los vivas, y obedezcas la Palabra de Dios”.

Al día de hoy, amo memorizar las Escrituras, pero no puedo decirte donde se encuentran los versículos, y le atribuyo eso a mi mentora Hilda porque a ella no le importaba tanto donde estaba, y a mí tampoco, siempre que me lo supiera y lo creyera.

La otra cosa, rápidamente, sobre Hilda, es que ella siempre se estaba regocijando en el Señor. Ella verdaderamente me enseñó lo que eso significa. Ella siempre estaba llena del gozo del Señor y me animaba a mí y a todos los demás a regocijarnos en el Señor.

Esta es Hilda—Ella se había mudado, en contra de su voluntad, en una casa de retiro. Ya no podía vivir sola y sus hermanas la pusieron en esa casa, pero ella dijo, “Yo me voy a regocijar en el Señor. Este es un nuevo campo misionero. Yo estoy aquí porque estas personas  necesitan escuchar sobre el Señor”.

Poco tiempo después de eso, me enteré de que había sido diagnosticada con Alzheimer  y nunca más escuché sobre ella. Pero sus últimas palabras a mi fueron, “Kathy, recuerda regocijarte en el Señor. Prométeme que continuarás regocijándote en Él”. Ella todavía está viva con 96 años, y está viva en mí.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado hablando con algunas de nuestras oyentes sobre “Anas” modernas—mujeres que proveen un ejemplo piadoso al resto de nosotras.

Queremos ayudarte a crecer y convertirte en una “Ana”. Tú puedes convertirte en el tipo de mujer que otras admiran. Estamos tan agradecidas de escuchar las formas en que Dios está usando este programa para conectar generaciones de mujeres que quieren aprender más sobre la Palabra de Dios.

Aquí está Nancy con un ejemplo.

Nancy: Estoy tan agradecida por cada oyente que nos ha escrito a través de este año para compartirnos como Dios ha estado usando este ministerio en sus vidas.

Déjame compartir con ustedes un correo electrónico que recibí recientemente.

He estado escuchando una serie que se difundió anteriormente llamada, La mujer contra-cultura y yo he sido amonestada, animada, arrepentida y bendecida. Todavía tengo un camino largo que recorrer, pero alabo a Dios—no lo estoy haciendo sola. El Señor me ha estado hablando sobre estas áreas en mi vida  y esta serie ha sido parte de mi avivamiento. Fui criada por mi papá y tres esposas diferentes aparte de mi madre y su ministerio ha sido un instrumento para llenar muchos vacíos que tengo de mi crianza sin Dios. Dios les bendiga.

Bueno, cuando pensaba en esa mujer que creció en un ambiente y en una forma de pensar tan anti-bíblica, estoy tan agradecida por el privilegio que el Señor nos ha dado día tras día de compartir con las mujeres el mensaje de la feminidad bíblica. Qué gozo es pensar que esta mujer ahora pueda pasar a la próxima generación una forma de pensar completamente distinta a la que recibió de sus padres.

Nuestra carga en Aviva Nuestros Corazones es que las mujeres que nunca han entendido el diseño y propósito de Dios para sus vidas como mujeres sean retadas a convertirse en mentoras para animar a las mujeres jóvenes en su caminar con el Señor.

Carmen: La Biblia le dice a las mujeres mayores que se conecten con las más jóvenes. ¿Cómo funciona eso en la vida real? Mañana, día de Navidad, escucharemos algunos ejemplos de más  “Anas” modernas. Por favor regresa a escuchar Aviva Nuestros Corazones.

¡Que tengas un bendecido tiempo junto a tu familia esta noche!

Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Únete a la conversación