Podcast Aviva Nuestros Corazones

Lo que significa conquistar verdaderamente

Recursos del Episodio

Carmen Espaillat: El más grande conquistador de todos los tiempos no fue considerado importante ante los ojos del mundo. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos explica.

Nancy: Y es que la victoria de Cristo es un patrón, un modelo para nuestra victoria. Su victoria, Su nikao, fue lograda ¿Cómo? Fue lograda por Su muerte en la cruz.  

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Jesús se dirige a siete iglesias en el libro de Apocalipsis y concluye cada mensaje con la frase, “Al vencedor...” Cuando realmente entiendas lo que significa esta frase; la manera que vives será profundamente afectada. Aprende lo que significa ser victoriosa en la serie “La cura para una fe tibia”.

Nancy: Cuando yo digo la palabra, nike, ¿qué viene a tu mente? Quizás el logo que identifica esta marca deportiva, ¿qué más viene a tu mente? ¿Los tenis de basquetbol de Michael Jordán? ¡La victoria! ¿Sabías que la palabra nike se relaciona con la antigua diosa griega de la victoria? La diosa Nike personifica el triunfo o la fortaleza y la palabra, Nike, la diosa griega de la victoria, se relaciona con dos palabras griegas importantes en las cartas a las iglesias en el libro de Apocalipsis.

La palabra, nike, se deletrea n-i-k-e pero se pronuncia ni-quei, que en Griego significa “conquista” o “victoria,” y la otra es la palabra nikao, n-i-k-a-o, nikao que significa “dominar,” “prevalecer,” “triunfar,” o “conquistar.” Esta palabra nikao, conquistar o prevalecer, es usada quince veces en el libro de Apocalipsis. Es una palabra importante ya que Jesús da este mensaje a la Iglesia y nos dice sobre las cosas que son y las cosas que han de venir.

La palabra victoria o prevalecer o conquista es una palabra importante. Nikao- piensa en Nike. Piensa en la victoria o el triunfo. Al repasar las siete cartas a las Iglesias en Apocalipsis estas últimas semanas, hemos visto esta frase al final de cada carta, “al que salga victorioso,” o “al vencedor,” dependiendo de tu traducción. Es la palabra nikao. “Te daré” algo, hay una promesa, hay un premio, hay una bendición prometida para aquel que salga victorioso o vencedor, a aquel que nikao.

Durante el primer siglo en Asia Menor las iglesias fueron confrontadas con la tentación de ceder ante el mundo, de acomodarse al mundo, de ser parte del mundo; y tristemente, algunas estaban cayendo en la tentación. Estaban siendo vencidas por Satanás y por el sistema del mundo, vencidas por la oposición, por los ataques, y por la falsa doctrina. En lugar de que las Iglesias estuvieran venciendo, a ellas las estaban venciendo, las estaban nikao. Entonces Jesús las exhorta a que sean victoriosas y vencedoras.

Pero, ¿qué quiso decir Jesús con eso? Lo que él quiso decir fue mantente fiel. No cedas. Continúa perseverando. Continúa firmemente de pie en contra de cualquier cosa que pueda comprometerte. Las Iglesias o los creyentes que se mantuvieran nikao, los que se mantuvieran firmes, los que se mantuvieran fuertes, los que defendieran su posición en Cristo, aquellos que se rehusaran a ceder , los que prevalecieran; ellos saldrían vencedores. Ellos habrían nikao a aquellos que estaban tratando de vencer su fe.

Hay una batalla que se está llevando a cabo, este concepto de conquistar, de vencer; es un concepto clave en la vida cristiana así como está representada en el libro de Apocalipsis.   La vida cristiana se puede resumir como: victoriosa, vencedora.  

Ahora, nuestra inspiración para nikao, para ser victoriosas, para ser conquistadoras, es Cristo. Él es nuestro modelo. Él es quien marca nuestro paso para vencer en este asunto.

Al final de la carta a la Iglesia en Laodicea en Apocalipsis 3:21 dice “al vencedor,” al que nikao, “le concederé sentarse conmigo en mi trono” dice Jesús “como yo también vencí” Jesús dice, “yo nikao, y “me senté con mi padre en su trono.” Él ha ido antes de nosotras. Él nos ha mostrado el camino. Él ha vencido.

Ahora, este concepto llega a ser muy precioso al verlo ejemplificado en Cristo, al ir a través de Apocalipsis 4 y 5 (y me gustaría, si hubiera tiempo, y tal vez algún día lo haremos, de enseñar), y ver el trono, y al Cordero en Su trono. Pero permíteme darte un vistazo general. En Apocalipsis capítulo 4 y 5, vemos esta escena del trono.   Es un lugar majestuoso. Hay ángeles y seres vivientes y ancianos que se encuentran alabando, exaltando y adorando Al que está sentado en el trono.        

Después llegamos al principio del capítulo 5, y vemos que a la derecha del que se sienta en el trono hay un rollo. Este rollo contiene la revelación del plan de Dios y los propósitos de Dios en la historia. Este rollo está sellado con siete sellos, y Juan descubre que no hay ninguno digno de abrir el libro, el rollo, o de romper los sellos.  

Juan dice en el capítulo 5 versículo 4,

“Yo lloraba mucho, porque nadie había sido hallado digno de abrir el libro ni de mirar su contenido. Entonces uno de los ancianos me dijo, “No llores; mira, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha [nikao] ha vencido (versículo 4-5).””

Él ha vencido. Él ha prevalecido. Ha derrotado y así Él puede abrir el libro y romper los siete sellos. ¿Quien ha vencido? El León de la tribu de Judá, ¿verdad? Mira el próximo versículo.

“Miré y vi entre el trono (con los cuatro seres vivientes) y los ancianos, [¿que vio Juan?] Vio a un Cordero de pie, como inmolado.”

¿Inmolado? Eso no suena como alguien que haya vencido. Eso más bien parece como alguien que fue derrotado, alguien que fue nikao, pero aquí está la clave. El cordero está de pie. Él está de pie. Por medio de su muerte y de su resurrección, Jesús dio un significado radicalmente diferente a lo que el mundo entiende que es ser un vencedor.  

Mira, la victoria de Jesús es un patrón, es un modelo para nuestra victoria. ¿Cómo fue consumada su victoria, su nikao? Por medio de su muerte en la cruz. Ahora, su muerte en ese momento, si no conocías el plan completo de Dios pudo haberse visto como la derrota más grande. Pero al contrario la muerte de Jesús en la cruz llegó a ser su más grandiosa victoria. Ese fue el medio por el cual Jesús derrotó el pecado, a Satanás, al infierno, a la muerte, al dolor, a la tristeza y al sufrimiento. El logró la victoria por medio de su perseverancia y al estar dispuesto a sacrificar su vida en la cruz.      

Entonces podemos ver que el camino del victorioso no es un camino fácil. No es una vida fácil. Es una vida difícil. Es desafiante. Si vas a ser victoriosa vas a enfrentar intentos en contra tuya. Vas a enfrentar sufrimientos y persecución en varias formas.

Cuando los creyentes del primer siglo en Asia Menor se enfrentaron ante el sistema del mundo y rehusaron ceder, cuando esos pequeños Cristianos se pusieron de pie contra el imperio Romano y rehusaron comprometerse—ellos dijeron “Nosotros iremos al estadio. Nos harán pedazos y nos comerán los leones. Permitiremos que nos destruyas.” Ellos decían, “Iremos a nuestra muerte” mientras cantaban himnos de alabanza. Fueron perseguidos.

Vencer o mantener un testimonio fiel en el mundo significó para esos cristianos, y para nosotras ahora; significó enfrentar oposición y sufrimiento. Vencer significó ser físicamente conquistados por los enemigos de Cristo. En muchos casos, significó perder sus posesiones. En medio del sufrimiento y la persecución ellos parecían cualquier otra cosa, menos vencedores. Ellos parecían haber sido derrotados así como Cristo pareció haber sido derrotado cuando murió en la cruz.          

Al desarrollarse la historia en el libro de Apocalipsis, aprendemos que así será en la medida en que se intensifica la batalla entre Dios y Satanás y al acercarnos a los tiempos finales hasta la culminación de la historia. Permíteme leer algunos versículos que tal vez te sorprenderá encontrar en las Escrituras.  

Apocalipsis 11 “Cuando hayan terminado de dar su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos [contra los santos], los vencerá y los matará.” (Apocalipsis 11:7).

La bestia matará a los cristianos. Y eso es justo lo que estaba sucediendo en Roma durante el primer siglo y sucede hoy en varias partes del mundo. Acabo de leer dos libros sobre la Iglesia perseguida y esto está sucediendo en nuestro mundo hoy y aún en formas menos impresionantes (nosotras que somos tan débiles pensamos que son grandes) está pasando en nuestros países. Puede estar pasando aun en tu casa. Puede estar pasando en tu lugar de trabajo. La bestia los derrotó y literalmente, los mató físicamente.          

El capítulo 13 de Apocalipsis es aún un misterio mayor. Se le concedió a la bestia, ¿quién le concedió? Dios el que está sentado en el trono, le concedió a la bestia el hacer guerra contra los santos y vencerlos; (versículo 7). Te das cuenta, estos creyentes entendieron que al defender a Cristo y a Su palabra, ellos en ese momento estaban entregando sus vidas. Ellos estuvieron dispuestos, durante un tiempo, a ser conquistados a fin de conquistar.  

Pero Cristo y sus seguidores, aquellos que perseveran y quienes mantienen su testimonio fielmente, aún ante la oposición y la persecución; de ellos habla el libro de Apocalipsis cuando dice que ellos vencieron a la bestia quien trato de vencerlos. En nuestra disposición a perseverar y a ser fieles aun ante la oposición, nos convertimos en vencedoras. Permíteme leerte algunos versículos del capítulo 17 de Apocalipsis “[la bestia y sus seguidores] pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá” (versículo 14) Me encanta ese versículo, no porque la bestia peleará contra los Santos sino por el resultado final.

“El Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con Él son llamados, escogidos y fieles” (17:14).

Lo que es cierto del Cordero es cierto de sus seguidores. Apocalipsis 12 nos dice que “Ellos lo han vencido [al gran dragón que es Satanás] por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, que menospreciaron sus vidas hasta la muerte (versículo 11 RVR95).

Ellos se dieron cuenta que la muerte no es el final, sino que era solamente un medio por el cual ellos al final conquistarían así como Cristo pasó por Su cruz y salió del otro lado victorioso, nikao.

Apocalipsis 15 dice:

Vi a los que habían salido victorioso sobre la bestia, sobre su imagen y sobre el número de su nombre, en pie sobre el mar de cristal, con arpas de Dios. (Versículo 2)

Ellos se mantuvieron firmes y rehusaron   ceder ante la presión. Ellos fueron atacados y se opusieron a ellos. Fueron conquistados por un tiempo pero al final perseveraron en la adversidad. Soportaron la persecución, este pueblo santo al final conquista al dragón, conquista a Satanás. Jesucristo y los santos vencen a Satanás al mantener su testimonio fiel aun en medio del sufrimiento y de la persecución.    

Para algunos esto significa mantenerse fieles para luego morir la muerte de un mártir, y permíteme sugerir que los vencedores, aquellos que, nikao, no son una clase especial de cristianos. La vida de cada cristiano debe de ser caracterizada por la victoria, por su nikao, perseverando en la fe, sin caer preso de las falsas doctrinas, sin ceder ante la presión, no adaptándose al mundo sino triunfantemente resistiendo al enemigo y a todos sus engaños y a todos sus medios para tratar de comprometerlos.  

Deberíamos estar caracterizadas a lo largo de todas nuestras vidas por la victoria. Por un estilo de vida continuo de victoria, nikao, es una característica de cada verdadero creyente. Mira, las promesas en estas siete cartas que se les da a aquellos que vencen, son bendiciones que acompañan la fe salvadora:  

  • protección del juicio
  • una herencia en la ciudad eterna de Dios
  • ser partícipe en el Reino de Cristo
  • vida eterna
  • comunión con Dios
  • Su compañía

¿Es eso solamente para una clase especial de cristianos? No, es para todo cristiano, porque cada cristiano verdadero vencerá. Entonces cuando el versículo dice “Al que vence,” no pienses, “Oh, eso es para algunos cristianos que vencen y el resto de nosotras vamos a llegar a duras penas, arrastradas”.  

No, cada cristiano verdadero, por definición, saldrá triunfante y recibirá estas promesas. Estas promesas se aplican para todos los que le pertenecen a Cristo y todos los que le pertenecen a Él son vencedores. Primera de Juan 5, versículo 4, “porque todo aquel que es nacido de Dios vence al mundo.”

  • Si no estás venciendo el pensamiento y el sistema del mundo
  • Si no estás venciendo a Satanás
  • Si no estás venciendo el pecado que hay en tu vida
  • Si no estás venciendo a la oposición por fe (la fe de Cristo que Él ha puesto dentro de nosotras),

Entonces necesitas preguntarte a ti misma, ¿He nacido de nuevo, he nacido de Dios?

Si estás viviendo una vida en derrota perpetua, vencida por el pecado, vencida por el compromiso con el mundo, vencida por la tentación, vencida por aquellos que se oponen al Evangelio de Cristo, entonces necesitas preguntarte “¿tengo fe verdadera? ¿He nacido de Dios?

Al final, no es que existan cristianos espirituales que vencen y otros que no (esos cristianos carnales). La victoria es una señal de que uno es un verdadero creyente, y aquellos que no vencen comprueban que nunca fueron verdaderos cristianos. No es solamente la manera en que morimos que demuestra que somos vencedores, sino la manera en que vivimos.

Toda nuestra vida cristiana debe estar caracterizada por la victoria, un proceso que solo termina con la muerte. Entonces, el llamado es a confiar en Él, para que pueda darte la gracia para vencer aquí y ahora, para aferrarnos a la esperanza de la recompensa y el galardón que nos espera en la eternidad.

Tal vez te encuentras en un matrimonio difícil, o en un lugar de trabajo difícil, en medio de relaciones con no creyentes difíciles también, en una cultura que valora la inmoralidad y la perversión en lugar de la santidad y la piedad. Si estas dispuesta hoy a amar a tu pareja que se encuentra distante e indiferente, tienes la promesa que un día pasaras toda la eternidad como la amada novia de Cristo. Entonces, aguanta, persevera, nikao, vence. La disposición de ser rechazada ahora quiere decir que más adelante habrá un tiempo en que tú serás aprobada, serás aceptada y serás recibida en el reino eterno de Dios.

Tal vez esto quiera decir que hoy perderás tu casa, pero tendrás una casa eterna que compartirás con Él. Tal vez esto quiera decir que tus posesiones te serán arrebatadas, pero algún día compartirás con Él de sus riquezas eternas. Tal vez esto quiera decir que te encuentras sola hoy; pero tienes la promesa que disfrutaras de Su presencia para siempre.

Estaba yo trabajando en esta serie, y como es usualmente el caso preparándome para los días de grabación, estaba luchando para que todo tuviera sentido. Hace veinticuatro horas estaba sentada en mi cuarto con lágrimas pensando “Esto no hace sentido. No puedo organizarlo”. El Espíritu me decía en mi mente las palabras de la Escritura, “vence, vence, vence.” Eso quiere decir “no” a mi carne. Eso quiere decir “no” a las distracciones. Esfuérzate. Esfuérzate. Es trabajo difícil. Es una batalla.  

Existe una batalla donde tú vives. Existe una batalla donde yo vivo, y algunas veces es contra carne y sangre, contra otras personas. Algunas veces es nuestra propia carne y sangre, pero podemos vencer por medio de la gracia de Dios y estar seguras de que vamos a experimentar los galardones prometidos para aquellos que venzan.

¿Y cómo lo haces, como lo logras? Hebreos 12, nos dice, “poniendo los ojos en Jesús, poniendo tus ojos en Jesús. Quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz (vea los versículos 2-4). Esta es la clave para no darse por vencida. Esta es la clave para no cansarse, y para no tirar la toalla en la carrera. Fija tus ojos en Cristo.

No te puedo decir cuántas veces me he visto tentada a tirar la toalla.   Amo el ministerio. Amo al Señor. Amo enseñar Su Palabra, pero no amo todo el trabajo arduo que se requiere porque soy humana. Quiero una vida fácil. Quiero una vida sin problemas, y cuantas veces pienso, “ya no puedo hacer esto,” pero la Palabra de Dios llega y dice, “persevera, perdura, vence”.

Para ti, tal vez sean tus hijos pequeños o adolescentes o tu matrimonio o tu lugar de trabajo o tu soltería o tu infertilidad o cualquier cosa. ¡Persevera! Vence por medio de la gracia Dios, pon tus ojos en Cristo. Pablo dice en Romanos:  

“Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada.” (Romanos 8:18)

Un compositor de canciones lo dice de esta manera.

A veces el día parece largo y la carga difícil de llevar, nos sentimos tentados a desesperar, mas hay uno en el cielo que conoce nuestro dolor. Deja que Él te ayude, acude al Él en oración. Cuando veamos a Jesús sabremos que todo valió la pena, las pruebas de la vida serán leves cuando veamos a Jesús, la vista de su rostro disipará el dolor, así que corre valiente hasta ver a Jesús.

¿Y qué dijo el apóstol Pablo?

Nada nos puede separar del amor de Cristo, ni tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada. Tal como está escrito: “Por causa tuya [Cristo quien venció] somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas al matadero” (Romanos 35-36 parafraseado)

Seguimos los pasos de Cristo; el Cordero de Dios que fue inmolado. Pero escucha el próximo versículo. “Pero en todas estas cosas somos [poderosamente nikao,] más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37 LBLA). Entonces sigue adelante, nikao, siguiendo los pasos de Cristo, el Cordero inmolado de Dios, que ha ido delante de nosotras quien ha nikao por nosotras.

Carmen: Jesús es el verdadero vencedor, quien le da esperanza a todo aquel que lo sigue. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha mostrado lo importante que es esta verdad.

Esta enseñanza es parte de la serie, “La Cura Para Una Fe Tibia”. La serie completa ha sido profundamente útil y práctica, y es la clase de enseñanza que concuerda con nuestra misión, como nos lo explica Nancy.

Nancy: Todos los días en Aviva Nuestros Corazones, tratamos de enseñar a las mujeres cómo la Palabra de Dios se cruza con las áreas más prácticas de la vida. Permíteme darte un ejemplo. Una de nuestras oyentes necesitaba sabiduría en cuanto a cómo manejar su dinero. Ella nos escribió y nos comentó: “he estado luchando en mi mente si debo o no comprar artículos para mi casa. Un día digo, “claro que no’. Al día siguiente digo, ‘No, tengo una deuda grande en mi tarjeta de crédito’.”

Bueno, un día esta mujer escuchó Aviva Nuestros Corazones una mañana cuando estábamos retando a nuestras oyentes que pensaran en sus motivaciones cuando gastan dinero, y las animamos a que tomaran decisiones y establecieran prioridades basadas en la palabra de Dios. Esta mujer respondió a ese programa y fue retada en relación a sus prioridades y valores. Ella dijo, “La lección de hoy me ha dirigido en la dirección correcta. Estoy muy contenta al haber escuchado esta mañana”.

Bueno, al pensar en tus prioridades y en los recursos que Dios te ha confiado, tal vez hay algunas razones por las cuales no deberías contribuir con Aviva Nuestros Corazones. Primero, si no has contribuido con tu iglesia local, quiero animarte a que hagas eso primero. Segundo, si tú y tu esposo no están en acuerdo en dar, quiero animarte a que ores para que Dios lea de sabiduría a ti y a tu esposo y que los dos puedan estar de acuerdo.

Pero si estás ofrendando a tu iglesia y has hablado con tu esposo, yo creo que cooperar con Aviva Nuestros Corazones es una buena inversión para ti. Tu donación nos permitirá continuar llevando el mensaje de libertad, plenitud y abundancia en Cristo a las mujeres hispanas alrededor del mundo cada semana.

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Bueno, ¿qué es lo que te mantiene en pie cuando pasas por periodos de grandes luchas? Una promesa te ayudará a soportar casi todo. Sintonízanos mañana y escucha sobre las varias promesas que Dios te ha dado, te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

 

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Valdrá la Pena. Palabras y música por Esther Kerr Rusthoi.

 

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