Aviva Nuestros Corazones Podcast

Los dolores de parto de la oración

Nancy: Ayer escuchamos esta afirmación del Pastor del Tabernáculo de Brooklyn, Jim Cymbala.

Jim Cymbala: Hay más libros sobre la crianza de los hijos, de tiempo de calidad con los hijos. Pero habla con cualquier pastor... Hay más problemas con los jóvenes de la iglesia que en ningún otro momento de la historia. No es porque nos falte conocimiento. No es porque nos falten instrucciones; todo eso tiene su lugar, pero, hermano, hermana, en el momento de la verdad lo que necesitamos es el poder de Dios. Necesitamos la gracia de Dios.

Por lo tanto, vayamos confiadamente al trono de la gracia para que podamos recibir la gracia y la misericordia que necesitamos en nuestro momento de necesidad.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: El Pastor Cymbala no está hablando solo teoría. Él sabe lo que es ver a un hijo darle la espalda a Dios. Sé que muchas de nuestras oyentes entienden también este dolor. A menudo recibimos cartas de nuestras oyentes para que oremos por sus hijos. Una de ellas escribió,

“Le pedimos a mi hijo que se fuera de nuestra casa, porque se estaba involucrando en un pecado que sabíamos que llevaría en un declive espiritual y una posible muerte física”

Otra escribió,

“Escucho tu programa mientras manejo para recoger a mi hijo más joven, quien es un rebelde y está en medio de un problema de drogas. (Ella nos contó cómo su hijo ha estado involucrado en tres accidentes de auto. Después ella continuó). El enojo, la preocupación, el estrés han afectado mi salud, mis emociones e inclusive mi trabajo”

Sé que muchas de las que nos escuchan ahora pueden compartir una historia similar a esta. Estamos a punto de escuchar un testimonio honesto y conmovedor de un padre que entiende esa preocupación y ese dolor.

Ayer nosotras escuchamos la primera parte de este mensaje de Jim Cymbala. Hablamos de la importancia y la necesidad de la oración en la vida de la iglesia, y ahora vamos a escuchar la segunda parte de su mensaje: Mi casa será llamada casa de oración. Aquí está Jim Cymbala, pastor del Tabernáculo de Brooklyn, en Nueva York:

Jim Cymbala: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). No dice que nos acerquemos a la predicación. Hemos convertido el sermón o la predicación en la pieza principal. El predicador, si él cumple su trabajo, se supone que debe acercar a las personas al trono de la gracia. ¿Por qué? Porque es allí, en el trono de la gracia, que Dios nos da gracia y misericordia.

Si un cantante del evangelio realmente hace su trabajo— y cada cantante cristiano, escúcheme… Ustedes van a estar delante de Dios un día, y Dios les dirá, “¿Llevaste a las personas a donde estaba la acción? ¿Al trono de la gracia? Si sólo los entretuviste, si sólo les causaste cosquillas y les diste un momento agradable, ay de ti, pues en el trono de la gracia, Yo pude haber cambiado sus vidas”

“Pastor Cymbala, trajiste a las personas y las asombraste con tus habilidades e intentaste ser listo, o hiciste que Jesús luciera maravilloso para que ellos pudieran acercarse al trono de la gracia”. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia. Para esto descendió Jesús a la diestra del Padre, para abrir un camino, para que yo, con mis problemas, pudiera recibir la gracia y la misericordia que me darían socorro. ¡Que pensamiento tan increíble!

Pero nos hemos creado nuestra propia religión, “Algunas veces, Su casa será llamada casa de oración”; en muchas iglesias y servicios encontramos todo menos oración. Encontramos charlas, lecturas, talento, coros. Mi esposa es encargada de dirigir un coro. Estoy a favor de todas esas cosas, pero ¿te das cuenta hacia dónde me dirijo? Si no termina en alguien acercándose y orándole al Señor, ¿a quién engañamos? Necesitamos al Señor.

Para alguien tan mal preparado como yo para el ministerio, me parecería que Dios ha escogido, entre otras personas, a mí y a mi esposa para ser un ejemplo de esas necedades que confunden a los sabios. Mi esposa escribe música y dirige el coro del Tabernáculo de Brooklyn, y ella no sabe escribir ni leer música.     Ella jamás fue entrenada. Ella no sabe lo que hace, sólo lo hace. Yo jamás he ido a un seminario, o a una escuela bíblica, sin embargo terminé con quince o veinte personas en la ciudad de Nueva York en una calle muy deprimente. Nuestra iglesia era tan deprimente, ni siquiera yo quería ir, y yo estaba a cargo. Había drogas por todas partes. La cultura interna de la ciudad es muy diferente especialmente a aquella en la que mi esposa creció. Yo, como un jugador de básquetbol, estaba más familiarizado.

Luego me di cuenta, ¿qué voy a hacer? ¿Voy a vivir esta fantasía cristiana de lo que un día hizo Dios y lo que hará en algún momento? Pero entonces la vida pasa y nunca ves a Dios hacer nada. Vas a permitir que tu vida sólo pase si tienes ese tipo de pensamiento. Recuerda que el peor epitafio en la tumba de cualquiera será este: Nunca tuviste, pues no pediste.

Alguien dirá: “Hermano Jim, debes comprender que tú no tendrás todo lo que pides, tiene que ir de acuerdo a la voluntad de Dios”. Yo entiendo todo eso, pero no podemos usar piruetas teológicas para evadir el hecho de que muchas personas no tienen lo que Dios quiere hoy que tengan. El quiere que hoy lo tengas. Pero en mi vida, y posiblemente en la tuya, Él escribe: “No tienes, porque no me pides”. Yo quiero hacerlo por ti.

Dios ha elegido la oración como el canal principal, el canal para todas las bendiciones de Dios. El canal es la oración. En otras palabras, Dios tiene lista la mesa para nosotros. El ve a Jay y a Amy y Él conoce lo que ellos necesitan para criar ese hijo. Él tiene la mesa lista llena con todo tipo de sabiduría, gracia y fuerza que ellos pudieran necesitar. Pero Él dice: “El único modo es acercarte a la mesa y probar, y ver que El Señor es bueno”. Acercarse a la mesa es orar.

En otras palabras, Dios no nos dice que oremos porque Él quiere que su pueblo ore. Él dice “Oren pues tengo todo tipo de cosas buenas para ustedes. Y cuando ustedes pidan, recibirán”. En otras palabras, no es legalismo, no es solo llegar y orar. Es “Te necesito, Oh te necesito. Cada dia te necesito. Dios, mira lo que estoy enfrentando. Ayúdame, Señor”. Y a medida que oramos, Él es Fiel a su palabra y su provisión.

Mi esposa y yo empezamos a aprender un poco sobre este conductor y canal llamado oración. Comenzamos a ver cómo las vidas de las personas cambiaban. Yo empecé a predicar. No fui entrenado, pero estudié solo y construí una gran biblioteca que se volvió bastante extensa y siempre he tratado de ser un estudiante. Pero al principio fue duro. Las predicaciones que ofrecía al principio— Es duro cuando tú mismo te duermes haciendo tus propios sermones. No sólo que los demás se duerman. Es cuando tu mismo caes dormido...

Pero sabes, me he dado cuenta de que Dios—cuando te conviertes en un cristiano y por lo que previamente dije— Él bendice a las personas a través de la oración. Él te va a convertir en una mujer de oración. Él te convertirá en un hombre de oración, y si tratas de huir, Él va a atraparte. Pero Él nos convertirá en personas de oración. Él sabe cómo orquestar nuestras vidas, obtener nuestra atención y decirnos “¿te das cuenta de cuánto me necesitas en este momento?”

“No, puedo hacer esto solo”

Dios dice: De acuerdo, cuando te des contra la pared por trigésima segunda vez, recuerda que tú me necesitas.

Nota que Él no te hace una persona de oración para poder decir, “Ves, hice que orara”. Él es un Padre diciendo “Yo tengo todo esto, y tú vives tan escasamente”. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados. Ora, habla, dedica tiempo—¿por qué estás tan afanado? ¿Para qué corres? ¿Con qué trabajas? No hay nada en Jim Cymbala con lo que se pueda trabajar. Todo lo que tú necesitas, yo lo tengo. Entonces, ¿cuándo vamos a hablar?”

Entonces empecé a aprender, y comenzamos a reforzar nuestras reuniones de oración de los martes y considerarlo como el barómetro de nuestra iglesia. Este martes pasado, entre ciento veinte y ciento cincuenta personas se reunieron como todos los martes en la noche. En esos días, teníamos otras catorce iglesias reforzando esa reunión de oración, porque nos dimos cuenta de que si lográbamos vencer al enemigo en la reunión de oración de las noches, lograríamos hacerlo en todos los demás niveles.

Ese es el modo como Él opera en nuestras vidas. Si puedes vencer al enemigo en la oración, puedes vencerlo en cualquier otro nivel. Tú vas a leer la Palabra. Habrá gracia fluyendo en tu vida. Tendrás un apetito por las cosas de Dios. Así que empecé con dos personas un martes en la noche. La primera ofrenda que llevé un domingo fueron ochenta y cinco dólares en diezmos y ofrendas. Yo tenía una hija llamada Chrissy. Mi esposa tomó un segundo empleo. Yo tomé un segundo empleo. Pero las personas comenzaron a orar.

A medida que concluyo hoy, déjame decirte algunas de las últimas lecciones que he aprendido acerca de esta maravillosa verdad. No estoy tratando de predicarle a nadie en especial. Estoy predicándome a mí mismo mientras les hablo. Cerca de ocho o nueve años atrás, mi hija, quien hoy está aquí, se alejó de nosotros. Ella no sólo se alejó de nosotros, ella se alejó de Dios. Ella se fue de nuestra casa. Mi esposa y yo vivimos una pesadilla de dos años y medio por la cual yo no quería pasar. Pero yo le prometí a Dios, mientras llegaba al final de aquello, mientras pasaba por ello, siempre que tenía oportunidad le prometía a Dios que sin importar cuán difícil fuera, con Dios como mi testigo hoy, yo le diría a las personas lo que Dios hace al responder las oraciones.

¿Sabes que se siente desconocer dónde se encuentra tu hija? Ella creció como una niña modelo. Tengo otros dos hijos. Chrissy ahora tiene 32 años. Tengo otra hija de 28 años y un hijo de 24. Pero en aquel momento, Chrissy tenía diez y siete o diez y ocho años y las cosas eran una pesadilla.     Hablo de entrar en mi auto, dejar mi casa y dirigirme a la iglesia en el centro de la ciudad donde me voy a encontrar a diez nuevas personas VIH positivo, una mujer maltratada, y familias desunidas y quebrantadas. Yo no quiero ser el centro de atención; se supone que yo sea quien los ministre. Pero empiezo a llorar en el minuto que salgo por la puerta puerta para dirigirme a la iglesia, y digo: “Dios, mi corazón está roto, mis nervios están destrozados. Yo he gritado, rogado, pedido, tratado de utilizar dinero, razonado, llorado y la iglesia no mejora, solo empeora”.

¿Cómo voy a ministrar? Estamos empezando nuevas iglesias, rentando el auditorio de Radio City Music Hall, comenzando nuevas iglesias en la ciudad, y queremos llegar a Suramérica, y Carol está escribiendo canciones y haciendo álbumes. Pero nadie sabe que nuestra vida está en un hilo, hermana, de un hilo. Cada vez que manejaba hacia allá lloraba delante de Dios, mientras entraba decía, “Dios, por favor sólo permíteme poder atravesar estas tres reuniones”. Tenemos servicios a las 11, a las 3:30 y a las 7:30, cada uno de unas dos horas de duración o más. Y yo sólo estoy diciendo: “Dios, por favor sólo ayúdame a sobrevivir un domingo más”. Solo Dios sería capaz de levantarme; solo el me daría la gracia para aguantar eso y ministrar personas, a pesar de que por dentro yo sólo estuviera temblando.

Aprendí que cuando oras, Dios viene. Aprendí que cuando tú no tienes un modo lógico para mantenerte en pie, Dios, de algún modo, cuando oras, te da pies ligeros y unas fuerzas renovadas. Tenemos un grupo de oración en nuestra iglesia. Este grupo es más importante que las 240 voces del coro del Tabernáculo de Brooklyn. Hay un grupo de oración que no solo ora en cada servicio—cerca de veinte de ellos oran cada servicio. Mientras yo estoy predicando y ministrando, ellos están en un cuarto encerrados orando.

Ahora, ellos oran desde hace algunos años, desde las dos de la tarde hasta las seis de la mañana. En la iglesia, hay personas orando cada día de dos de la de tarde hasta las seis de la mañana. Si alguno tiene alguna necesidad, solo la envía a nuestra iglesia y alguien estará orando por eso a las tres de la mañana. Es increíble ver como Dios honra esto.

Bueno, pues ellos comenzaron a orar por mí. Y con Dios como mi testigo; algunas veces en las noches o mientras me rasuraba por las mañanas, yo podía sentir la gracia de Dios llenarme, como esa gracia me reafirmaba y controlaba mis emociones. Aun cuando no estaba pensando en Dios, yo diría: “Señor, ¿qué es esto que está ocurriendo en mi vida?” Alguien está orando por ti. Alguien está orando por ti. Aquellas personas estarían orando por mí, Dios los bendiga.

Luego mi esposa enfermó. Ella necesitaba pasar por una histerectomía y terminó con un desbalance hormonal. Mi hija está fuera de la casa. Mis otros dos hijos, hago lo mejor que puedo. Ahora, mi esposa empieza a hablar de dejar Nueva York, lo que quería hacer… El enemigo le había mentido diciéndole, “Bien, funden iglesias, influencien personas, pero yo que quedo con sus hijos. Ya tengo una, y vendré por los otros dos.”

Mi esposa lo creyó y me dijo: “O te vas conmigo o te quedas. Pero yo me voy, pues el enemigo ya se llevó a Chrissy, y no voy a perder a mis otros dos hijos. Suficiente con esto. No podemos hacerlo más. La atmósfera en la ciudad—Nueva York es un lugar miserable”. Yo no estoy allí porque me guste, estoy allí porque Dios me puso allí. Y luego, después de la operación, ella me empieza a hablar de cómo ya no siente ningún motivo para continuar viviendo.

¿Qué haces? Tu esposa se está perdiendo. Tú estás predicando. Te ves haciendo todas estas cosas. Te puedo decir lo maravilloso que es que en el trono de la gracia, sin importar lo que esté sucediendo, Dios puede levantarte y sostenerte. ¡Que Dios tan maravilloso!

En noviembre, dos años después de que Chrissy se había ido, Dios y yo estábamos completamente solos en Florida. Dios me habló, y dijo “Sé que has estado orando por Chrissy”. La impresión que yo tuve, fue básicamente esta— y con esto no quiero sonar místico ni sensacionalista, sólo les contaré lo que había en mi corazón. No iba a charlar con Chrissy ni con nadie más, no más dinero, no más gritos y no más llanto. “Déjalo. Sólo dímelo a mí. Hagamos un pacto. Tú me lo dejas a Mí, y yo me encargo”. Yo le dije a mi esposa que no vería a mi hija hasta que ella estuviese bien. Ella es mi primera hija.

Mi esposa se mantuvo en contacto con ella. Los meses pasaron. Una navidad, una navidad triste. ¿Quién desea obsequios cuando tu hija está lejos? En una reunión de oración en una noche de Febrero—“Mi Casa será llamada una casa de oración”— todos estábamos orando, y clamando a Dios y esperando en Dios. ¿Sabes? Nadie estaba a cargo, no había coro, no había un orador, ¿quién lo necesita?— tenemos a Jesús. Es asombroso lo maravilloso que es.

Alguien me envió una nota. Una mujer, una joven, sensible a la voz del Señor, ella envió una nota a través del diácono. Ella dijo: “Tengo un sentimiento muy profundo de que deberíamos detener la reunión y orar por su hija”. Yo miré la nota. Las personas estaban orando a mi alrededor. Yo miré la nota y dije: “Señor, ¿eres realmente Tú?” Yo no quiero ser el centro de atención. Las personas tienen sus propias necesidades. Pero tuve la impresión de que así era.

Yo detuve la reunión después de un rato, y todos se reunieron en aquel salón en la iglesia y se agarraron de las manos—cerca de mil personas probablemente esa noche—Y llamé a uno de mis pastores asociados al frente, y él comenzó a orar. Todo lo que puedo decirte es, y no sé cuál sea tu teología, y realmente no importa. Yo sólo voy a decirte lo que pasó. ¿Sabes donde Pablo dice, “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19)?

Bueno, le dije a las personas, “Lo que mi hija piensa que está bien, está mal, y lo que ella piensa que es luz, es oscuridad, y a menos de que Dios la visite e intervenga, mi hija está ahí afuera. Alguien desea que yo detenga la reunión para orar por esto. Mi pastor asociado va a venir aquí y él va a orar”. De repente, el cuarto se convirtió en una sala de partos. ¿Alguna vez has escuchado a una mujer cuando da a luz? No es placentero, pero tiene resultados increíbles. Ellos comenzaron a orar. Yo estaba abrumado. Ellos fueron al trono de la gracia como: “Satanás, tú vas a dejar a esa chica”. Y ellos oraron. Y yo volví a casa. Mi esposa no estaba allí esa noche, y mientras me tomaba un café le dije: “Carol, se acabó”. Ella me dijo: “¿Que se acabó? Yo le respondí, “Se acabó. Si hay un Dios en el cielo, luego de lo que experimenté esta noche, esto se terminó.”

Solo un día más tarde, yo me estaba rasurando y mi esposa irrumpió en el baño y dijo, “Chrissy está aquí”. Yo no había visto a Chrissy en cuatro meses. Bajé las escaleras, quitándome la crema de afeitar, y en el piso de la cocina, estaba mi hija de rodillas. Yo entré a la cocina. Ella me agarró de la pierna del pantalón y lo jaló. Ella lloraba y decía: “Papi, he pecado contra Dios. Yo he pecado contra mí misma. Yo he pecado contra mami y contra ti. Papi, perdóname por haber sido rebelde, etc. Papi, es diferente. Pero papi, ¿Quién estaba orando por mí el Martes por la noche?

“¿Qué Chrissy, qué pasó?”

Ella dijo: “En medio de la noche, Dios me levantó y me mostró que yo me estaba dirigiendo hacia un abismo sin final. Pero papi, incluso mientras me mostraba eso, me mostró lo horrible que yo era. El me abrazó, y me mostró que me ama, y que tiene un plan para mi vida. Papi, ya arreglé cuentas con Dios”

Pude decir, por su rostro, que era nuevamente mi hija, la que yo crié. Muy pronto, Dios abrió la puerta, y por los siguientes cuatro años, ella dirigió el programa de música de la escuela bíblica. Se casó con un hombre cristiano. Ambos continúan en el ministerio hoy.

Y Dios me recordó una vez más, “Mi casa será llamada una casa de oración, pues cuando tú clamas, yo respondo.” Y esas situaciones difíciles que muchos de ustedes enfrentan, quiero decirles que no van a eliminarse por un seminario. Los seminarios tienen sus limitantes. Lo que ellos pueden ser es una flecha que te acerca al trono de la gracia. Pero cuando ya has llegado allí, abre tus ojos, pues Dios puede hacer mucho más de lo que nosotros le pedimos. No estoy siendo emocional, ni estoy siendo simplista. Tenemos muchos técnicos ahora invadiendo la iglesia en la metodología. La respuesta no se encuentra en la metodología, la respuesta se encuentra en el Espíritu Santo. La respuesta está en la gracia de Dios.

Nancy: Hemos estado escuchando un mensaje del Pastor Jim Cymbala, pastor del Tabernáculo de Brooklyn, en Nueva York. Él ha estado compartiendo cómo Dios puede transformar los retos más difíciles que enfrentas, y cómo Dios decide actuar a través de las plegarias de Su pueblo. Si tu corazón está quebrantado y afligido o tienes una situación difícil que estás enfrentando, para la cual necesitas la gracia de Dios, yo te motivo a que permanezcas con nosotros unos minutos más, mientras el pastor Cymbala extiende una invitación para pedirle al Señor por esa situación.

Jim: Padre, Dios, venimos a ti hoy, y sabemos que estás aquí. He hecho lo mejor que puedo por honrar tu palabra, Dios. No somos nosotros quienes inventamos la oración. Tú fuiste quién nos llamó a tu lado, al trono de la gracia. Y Señor, por esos padres y madres que lloran hoy por ese hijo o esa hija, los entendemos. Por esos abuelos que están preocupados por un nieto, por ese matrimonio que se está desintegrando, necesitamos tu gracia, necesitamos tu misericordia, Señor. Necesitamos que tu Espíritu Santo venga.

Así como has cambiado a mi hija, y a un sinnúmero de personas que han orado por décadas y siglos como Cristianos, clamamos a Ti, te pedimos que lo hagas de nuevo. Estamos acercándonos al trono de la gracia. No tenemos la fuerza para hacerlo, nuestro dinero no va a hacerlo, y no somos lo suficiente inteligentes para hacerlo. No podemos mejorar esto. Necesitamos que El Espíritu Santo invada la vida de esa persona. Despiértalos en medio de la noche, Señor. Mientras manejan sus autos, muestrales tu gloria, Señor. Mientras toman un baño, recuérdales los versículos que les fueron enseñados de niños, Señor.

Dios, no vamos a dejárselos al enemigo. Vamos a pelear la buena batalla de la fe. Vamos a orar, y vamos a seguir orando. Y después de orar, vamos a orar de nuevo. No vamos a soltarte, Señor, para que nos bendigas, para que toques esta situación por tu gracia. Señor, yo oro que haya un nuevo aroma y fragancia de oración en todas nuestras vidas. O Dios, permite que en nuestras iglesias haya oración. Permite que las reuniones de oración comiencen en los altares en nuestros hogares. Permite que las personas miren a Dios, que recordemos, que cuando te clamamos, tú eres fiel y nos contestas.

Ayúdanos a dejar de ser tan apresurados y tan ocupados. Estamos aprendiendo mucho pero realmente no estamos llegando a conocer la verdad. Trabaja en nuestros corazones y no solo en nuestras mentes. Conviértenos en hombres y mujeres que vivan en el trono de la gracia, probando y mirando lo bueno que tú eres.

Canción:

Déjame entrar en el trono de la misericordia, encontrar un dulce alivio. Arrodillado ahí en profundo arrepentimiento, ayuda mi incredulidad. Salvador, Salvador, escucha mi humilde clamor. Mientras otros a ti claman, no me pases de lado.

Annamarie: Ese era el Pastor Jim Cymbala, del Tabernáculo de Brooklyn en Nueva York. El nos ha estado hablando del poder de la oración y nos recuerda que cuando clamamos a Él, Él nos escucha y responde. No hay nada que sea imposible para Él.

Si te perdiste el programa de ayer, te animamos a visitar AvivaNuestrosCorazones.com para escucharlo o descargarlo o leer la transcripcion. Y mientras estás allí, no dejes de informarte de todo acerca de nuestro próximo evento de Mujer Verdadera, “En Busca de Dios”, a celebrarse en la ciudad de Queretaro, en Mexico, el próximo mes de Marzo. Esperamos verte allí para que juntas busquemos y clamemos al Señor.

Mañana Nancy inicia una serie muy especial. Ella estará hablando con Betsy Corning, la autora del libro “Confiada con el corazón de un hijo.” Betsy te mostrará que cuando inviertes en tus hijos, estarás impactando las futuras generaciones. Si eres mamá o abuela o si amas la gloria de Dios es una serie que no te querrás perder.

Te esperamos mañana, aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones  con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomdas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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