Podcast Aviva Nuestros Corazones

Los grandes problemas son en realidad pequeños

Nancy DeMoss de Wolgemuth: «Es bastante difícil dejar a un lado la superación personal secular, los estudios universitarios y el reconocimiento de un empleo...»

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth comparte con nosotras lo que una oyente nos escribió,

Nancy: «...por muchos motivos. Primero, podría ser el orgullo femenino, la sociedad que tanto presiona y el gran temor a no poder suplir las necesidades de nuestra familia con un solo sueldo. Creo que esto no es más que falta de fe en Dios. Yo me casé a los 18 años, estudié hasta secundaria; quise seguir pero quedé embarazada. Inmediatamente tuve que dejar de trabajar. Sentía una gran carga. No quería dejar a mi hijo ya que mi mamá siempre trabajó y yo crecí mucho tiempo sola. Recuerdo esos domingos sola en mi casa, deprimida; desde pequeña hasta la adolescencia, y el día que mi mamá dejó de trabajar fue el día más feliz para mí, pero ya tenía 17 años. Agradezco tanto su esfuerzo, sé que lo hizo por mí, pero la extrañé mucho, siempre. Ahora ya mi esposo y yo tenemos tres hijos, uno de 4 años, uno de 1 año y uno de un mes de nacido, y queremos tener más. Nos encantan las familias numerosas y definitivamente hemos visto la gracia de Dios cada día. Vivimos con el sueldo de mi esposo, y bueno...ha habido tiempos de escasez como en todo matrimonio. Creo que ni siquiera el que los dos trabajen evitará que lleguen esos tiempos. Somos realmente felices, yo me encargo de la educación de mis hijos, hacemos escuela en el hogar, y esto reduce mucho más los gastos. Trato de aprender a hacer manualidades y lo que más pueda para reducir gastos. Me encanta cuidar de mi hogar e invito siempre, en toda conversación con jóvenes, mujeres solteras o madres, a abrazar este diseño, porque he experimentado que vivir para Cristo según lo que Dios estableció, nos da gozo, nos da paz, nos hace sentir que estamos donde debemos estar. Dios les bendiga enormemente por tan hermoso ministerio, nos alientan y nos animan a seguir en la buena batalla».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

El testimonio que Nancy nos acaba de leer es uno de los frutos de tu apoyo a Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: Me encanta este testimonio y ahora que termina el año 2018 estamos pidiendo al Señor que provea otra vez de una manera significativa. Permíteme explicarte por qué.

Cerca de la mitad de las donaciones que recibimos para todo el año, usualmente llegan en el mes de diciembre, y es por eso que sin una cantidad significativa de ofrendas, este mes, Aviva Nuestros Corazones no podrá sostener los alcances de nuestro ministerio en el próximo año. ¿Podrías pedirle al Señor, si es Su voluntad, que seas parte de la ayuda para suplir esa necesidad este año? Gracias por considerar ser parte de este tiempo tan especial en el que Dios suple para Aviva Nuestros Corazones lo que necesitamos para el siguiente año.

Annamarie: ¡Anímate, y ayúdanos a seguir alcanzando a miles de mujeres con el mensaje del evangelio, de la feminidad bíblica y del avivamiento! Para hacer tu donación, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también podrás saber qué recurso te estaremos enviando, según tu localidad, como agradecimiento por tu apoyo. Ahora continuemos con la serie, «He aquí tu Dios».

Es un gran alivio saber que Dios es más grande que cualquiera de nuestros problemas.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Crees tú que mi pequeño problema podría escapar de Su conocimiento? ¿Crees que Él no sabe cómo resolver los más pequeños e insignificantes problemas de mi vida? Y tú seguro me dirás: «¡Es que yo no tengo problemas pequeños en mi vida... son grandes problemas!» Bueno, eso depende de tu perspectiva. ¿Estás viéndolo desde tu punto de tu vista o desde el punto de vista de Dios?

Annamarie: ¿Alguna vez, en medio de tu rutina diaria, has sido sorprendida por lo maravillosa que es la naturaleza? Montañas, océanos... o un cielo lleno de estrellas... de repente estas cosas hacen que nos detengamos y observemos con asombro. Bueno, estas cosas no son nada comparadas con Dios mismo.

Hoy Nancy te ayudará a vislumbrar la grandeza de Dios al continuar con la serie «He aquí tu Dios», basada en Isaías capítulo 40.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ahora que hemos llegado al versículo 12 de Isaías 40, vemos que el profeta hace una serie de preguntas retóricas. Su propósito, o su objetivo es ayudar a la gente a ver la grandeza de Dios.

Sí, los asirios están en marcha. Sí, los babilonios vienen. Sí, vendrán 70 años de cautiverio. Pero Dios es más grande que todo eso. Dios es más grande y mayor que todos los enemigos; más grande que cada enemigo, que cada circunstancia, y que todo lo que amenaza tu mundo hoy en día.

Él utiliza algunas imágenes o ilustraciones fabulosas aquí para ayudar a los israelitas y a nosotros hoy en día, a darnos cuenta de cuán grande es nuestro Dios. El versículo 12 dice:

«¿Quién midió las aguas en el hueco de su mano, con su palmo tomó la medida de los cielos, con un tercio de medida calculó el polvo de la tierra, pesó los montes con la báscula, y las colinas con la balanza?»

¿Qué está Isaías diciendo? Dios es el Creador, y como el Creador, Él es infinitamente más grande que Su creación. Lo que luce enorme para nosotros es pequeño para Él. Los problemas que vislumbramos tan grandes no son nada para el Dios que creó este universo.

Mira, por ejemplo: Él ha medido las aguas en el hueco de Su mano. He visitado Google esta semana haciendo un poco de investigación en Internet sobre algunas de estas cifras; sobre algunas de estas imágenes que aparecen en el capítulo 40 de Isaías. Yo quería saber cuántos galones de agua hay sobre la faz de la tierra.

Ahora, nadie sabe realmente la respuesta a esa pregunta. Sin embargo, un número que me apareció fueron unos 340 trillones de galones de agua sobre la faz de la tierra. Eso es 34 con 19 ceros. ¡Y Dios tiene todos los galones de agua en la palma de Su mano!

«Con su palmo tomó la medida de los cielos». ¿Qué es un palmo? Es el ancho de una mano. Ahora, ¿qué tan grande es el cielo? ¿Qué tan grande es el universo? Bueno, otra cifra que leí afirmaba que el universo tiene una distancia de 30 billones de años luz de un punto a otro; o, si te resulta más fácil asimilarlo de esta forma: tiene una distancia de 600 sextillones de millas. Yo ni siquiera sé cuántos ceros contiene esa cifra. Y Dios mide todo esto en el palmo de Su mano. ¡Esa ha de ser una mano muy grande!

Ahora, déjenme preguntarles: Si Dios puede retener todos los océanos, 340 trillones de galones de agua, en la palma de Su mano, ¿no crees que puede manejar tu problema? ¿No crees que Él puede lidiar con mi problema? Si Dios puede medir la anchura del universo con la palma de Su mano, ¿no crees que Su mano es lo suficientemente grande como para cuidar de tu problema y del mío?

Se dice que Él calcula el polvo de la tierra. Tengo una pequeña taza de medición aquí. Podríamos llenar esta taza de medir con la tierra. ¿Cuántas veces crees que habría que llenar la taza hasta medir todo el polvo de la tierra? Pero Dios tiene tazas de medir, por así decir, que pueden contener y medir todo el polvo, toda la tierra del planeta. Así de grande es nuestro Dios.

«Pesó los montes con la báscula, y las colinas con la balanza…»

Un poco de investigación que hice en el Internet arrojó que la tierra pesa seiscientos trillones de toneladas métricas. Eso serían 21 ceros. Y ¿qué me dices de que la tierra está suspendida en el espacio? ¿Cómo puede Dios pesar los montes y las colinas en una balanza?

Y eso me recuerda aquella canción que a veces canto con los niños: «Mi Dios es tan grande, tan fuerte y tan poderoso… No hay nada que Él no pueda hacer».

Y ese es el punto. Dios es tan grande, tan fuerte, tan fuerte. No hay nada que Él no pueda hacer.

Entonces llegamos al versículo 13, y nos encontramos con la omnisciencia de Dios; con el hecho de que Él lo sabe todo. No solo es fuerte y poderoso, sino que también Él lo sabe todo. La increíble sabiduría y el conocimiento de Dios es evidente en este texto.

«¿Quién guió al Espíritu del Señor, o como consejero suyo le enseñó?» ¿A quién consultó o quién le dio a entender? ¿Quién le enseñó el camino de la justicia, y del conocimiento, y quién le enseñó el camino del entendimiento?

Y la respuesta es que nadie ha enseñado nada a Dios. Dios nunca dijo: «¡Uy! ¡No pensé en eso. Me olvidé de aquello!» Nadie tuvo que explicarle nunca nada a Dios. Las personas han tenido que explicarme un montón de cosas a mí, pero nadie tiene que explicarle nada a Dios.

Dios no necesita consejeros. Él no necesita un gabinete que le asista. Él no necesita asistentes personales. Él no necesita ayuda. Él es eternamente autosuficiente. En Su infinita sabiduría, nunca ha existido una pregunta para la cual Él no tenga una respuesta.

Y pienso en Romanos capítulo 11, versículo 33: «¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!» Él es tan sabio. Él lo sabe todo.

Y, ¿crees que mi pequeño problema podría escapar de Su conocimiento? ¿Crees que Él no sabe cómo resolver los más pequeños e insignificantes asuntos de mi vida? Y tú dirás: «¡Es que yo no tengo problemas pequeños en mi vida… son grandes problemas!» Bueno, eso depende de tu perspectiva. ¿Estás viéndolo desde tu punto de vista o desde el punto de vista de Dios?

Si pudieras ver a tu Dios, lo grandioso que es, entonces te darías cuenta de que los problemas en tu vida son realmente pequeñísimos en su mayoría.

Dios no necesita nuestro consejo. Necesitamos del suyo. Así que mientras contemplamos a Dios, Él hará Su consejo disponible para nosotros.

Ahora, en los versículos 15 al 17 Isaías nos llama la atención con otra comparación. Él compara las naciones del mundo con Dios. Esas potencias mundiales que parecen ser tan grandes; naciones como Asiria, Babilonia, Persia. Podrías pensar en naciones de nuestro mundo de hoy, naciones que consideramos como grandes potencias, naciones con gran destreza militar; naciones que están desarrollando ciertos tipos de armas nucleares. Leemos acerca de todo esto y pensamos: «¡Podrían explotar al mundo entero!» Vemos aún pequeñas naciones que parecen tener tanto poder. Todas estas naciones podrían lucir tan poderosas.

Pero Isaías dice: «He aquí que las naciones son como gota en un cubo», en un cubo de agua. Ahora, piensa en tomar una gota de agua y colocarla en un cubo de agua. ¿Qué diferencia hace? ¡Ninguna! Es insignificante. Y «las naciones son como una gota en un cubo», y «son estimadas como grano de polvo en la balanza».

Yo tengo una balanza aquí. Es una pequeña balanza de cocina. Me imagino esta balanza cubierta de polvo. ¿Qué efecto provoca este polvo en la balanza? ¡Ninguno! No hace ninguna diferencia. Es liviano, en efecto, no tiene ningún peso. Es insignificante.

Isaías dice en los versículos del 15 al 17 que todos estos pueblos que parecen tan grandes, que parecen tan poderosos, son como una gota en un cubo de agua. Son como el polvo sobre una balanza. No hacen ninguna diferencia.

«He aquí, las naciones son como gota en un cubo, y son estimadas como grano de polvo en la balanza; he aquí, Él levanta las islas como al polvo fino. El Líbano no basta para el fuego, ni bastan sus bestias para el holocausto. Todas las naciones ante Él son como nada, menos que nada e insignificantes son consideradas por Él».

¿Cuánto es menos que nada? No podemos ni imaginárnoslo, ¿verdad? Nada es lo menos que podemos pensar. Y Dios dice que todas estas naciones grandes y poderosas, todas las fuerzas de este mundo, son menos que nada según la contabilidad de Dios. Todas ellas son absolutamente insignificantes en comparación con Dios.

Ahora bien, comparadas a nosotros, estas naciones, las grandes potencias, y algunas personas en tu vida pueden parecer muy fuertes. Pueden lucir muy grandes. Si nos fijamos en las naciones, si nos fijamos en los poderes, si nos fijamos en el mal que cubre nuestro mundo, vamos a tener miedo. Estaremos aterrorizadas. Pero porque hemos estado mirando en el lugar equivocado. Y es por eso que tenemos que contemplar a nuestro Dios.

Y tú me dirás: «Bueno, yo no estoy preocupada por las naciones. Yo estoy preocupada por mi jefe, o mi marido, o mi exmarido. Es esta o aquella persona en mi vida que es tan difícil. Son solo «una gota en un cubo o como el polvo en la balanza». Contabilizan como menos que nada.

Y eso no significa que estas cosas no sean importantes para Dios, sino que frente a Dios, todas estas cosas son completamente insignificantes. Así que de nuevo, volvamos al mensaje de este capítulo: He aquí vuestro Dios. Los versículos del 18 al 20 dicen:

«¿A quién, pues, asemejaréis a Dios, o con qué semejanza le compararéis? El artífice funde el ídolo, el orfebre lo recubre de oro y el platero le hace cadenas de plata. El que es muy pobre para tal ofrenda escoge un árbol que no se pudra; se busca un hábil artífice para erigir un ídolo que no se tambalee».

Ahora vamos a detenernos aquí un momento para desglosar un poco todo esto. «¿A quién haréis semejante a Dios, o qué imagen se compara con Él?» ¿Cuál es el punto aquí? Dios no puede ser comparado con nada ni nadie. ¿Pero no es cierto que la tendencia de nuestros corazones es la construcción de ídolos, de imágenes, de semejanzas de Dios, cosas que creemos que nos pueden satisfacer o ayudar, a pesar de que no pueden?

Juan Calvino dijo lo siguiente: «El corazón es una fábrica de ídolos». Nuestros corazones están siempre fabricando sustitutos de Dios; cosas que creemos que pueden tomar el lugar de Dios en nuestras vidas. Es por esto que Isaías dice, «los ídolos paganos son nada comparados con Dios». Ya hemos visto que las naciones no son nada en comparación con Dios; hemos visto que el universo creado no es nada comparado a Dios, y ahora vemos que los ídolos paganos son nada en comparación a Él.

Así que Isaías nos señala la locura, la tontería de adorar algo o a alguien más que a Dios. Los ídolos que Isaías describe en este pasaje son hechos por el hombre. Las personas los fabrican de madera o de oro; son hechura del hombre.

Por lo que Isaías dice: «¿Cómo comparar estos ídolos hechos por el hombre con Dios, quien es el Creador de todo?» Dios no fue fabricado por el hombre. ¡Qué tonto es rendirle culto a lo creado en lugar de adorar al Creador!

Estos ídolos que Isaías describe pueden ser bien ornamentados. Algunos tienen ídolos caros; ídolos que cubren con oro o con plata, pero que no son nada comparados con Dios.

Tendemos a darle un gran valor a ciertas cosas que significan mucho para nosotros.

Dios dice: «Adórame a Mí. Adórame a Mí solamente. No tendrás dioses ajenos delante de mí». Dios es Dios.

De hecho, Isaías señala que estos ídolos que fabricamos para nosotros mismos son impotentes. No pueden moverse. Ellos no pueden actuar. ¿Por qué poner tu esperanza en algo que no tiene poder, que es impotente, que no puede moverse, cuando tienes al Dios del universo que desea ser tu Dios? ¡Él es tu Dios, y Él es poderoso para actuar a tu favor!

Ahora, dice Isaías en el versículo 21: «¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿No os lo han anunciado desde el principio? ¿No lo habéis entendido desde la fundación de la tierra?»

Él nos señala de nuevo a la creación, de nuevo al principio, y dice: «La creación declara la existencia de Dios, la grandeza de Dios, la gloria de Dios». Es testimonio de Dios para cada ser humano. Piensa de nuevo. ¿De dónde pudo haber salido todo esto?

El versículo 22 dice:

«Él es el que está sentado sobre la redondez de la tierra, cuyos habitantes son como langostas; Él es el que extiende los cielos como una cortina y los despliega como una tienda para morar».

Dios se sienta encima del círculo, por encima del horizonte de la tierra. Y me viene a la memoria la semana pasada, cuando tuve que hacer un viaje en un avión que debía aterrizar de noche. Cuando estábamos llegando se podían ver las luces de la ciudad debajo de nosotros. Como estábamos volando, desde arriba todo lucía muy pequeño. No volábamos muy alto, pero a nuestros ojos solo había pequeñas casas, pequeños carros, pequeñas luces, pequeñas personas.

Y es que tenemos una perspectiva diferente cuando vemos las cosas desde arriba, ¿no es cierto? Y Dios no solo está a 14,000 pies de altura sobre la tierra, sino que habita infinitamente más arriba. Se sienta sobre el horizonte, sobre el círculo de la tierra.

Lo que tenemos que hacer es colocarnos en nuestra posición con Cristo, quien está sentado a la diestra de Dios, para poder ver la perspectiva de Dios sobre la vida en este planeta. Podrás ver en este versículo que los habitantes de la tierra se describen como langostas o saltamontes. No son solo pequeños y diminutos, son insignificantes.

Hay varias palabras utilizadas en este capítulo para describir al hombre, a los reyes, y los poderes terrenales.

Ya vimos que el versículo 7 nos dijo que somos como la hierba. Vimos que en el versículo 15 dice que los reyes de la tierra son como una gota de agua en un cubo, como polvo en la balanza, menos que nada y tan insignificantes como los saltamontes.

Y ahora en el versículo 24 veremos que son considerados como paja, es decir, realmente insignificantes.

Los versículos 23 y 24 dicen: «Él es el que reduce a la nada a los gobernantes, y hace insignificantes a los jueces de la tierra. Apenas han sido plantados, apenas han sido sembrados, apenas ha arraigado en la tierra su tallo, cuando Él sopla sobre ellos, y se secan, y la tempestad como hojarasca se los lleva».

Es necesario que tengas en cuenta que el día que Isaías proclamaba esto, los israelitas, estaban viviendo en el miedo, bajo el terror de una potencia mundial muy fuerte que eran los asirios. Hubo también otra potencia mundial poderosa que vino después de ellos: los babilonios. Y más adelante los medos y los persas fueron tras ellos. Y luego los griegos y los romanos, ha habido tantos imperios y poderes en este mundo.

Isaías dice: «Al lado de Dios, el rey Senaquerib, el rey Nabucodonosor, y todos estos potentados y formidables poderes y gobernantes del mundo, son nada. Son como semillas tiradas en el suelo que ni siquiera tienen tiempo de echar raíces. Son sopladas por el viento». Se han ido. No son más que instrumentos en las manos de Dios. Es Dios quien coloca y quien elimina a los gobernantes de la tierra, ya sean estos gobernantes de las naciones o dirigentes de una corporación. Aún podría ser tu jefe.

Y tú me dirás: «Es que mi jefe es una persona tan malvada. ¿Por qué Dios permite que se quede allí? ¡Dios no se lo ha llevado lejos como a la hojarasca!» Quizás has estado empleada allí por treinta años, y él aún no está pensando en retirarse. Parece interminable el tiempo que este cruel o vengativo jefe o líder de esta corporación ha permanecido allí. Pero la Biblia dice que Dios establece a los gobernantes y que Él también los quita.

Podría parecer que han permanecido en el poder sobre las naciones o sobre las grandes empresas, sobre las iglesias, o sobre los hogares por mucho tiempo. Escucha, recibo cartas, y cartas desgarradoras, de mujeres desesperadas que viven en matrimonios difíciles o dolorosos; con esposos que no conocen a Cristo. (Y por cierto, recibimos unas cuantas cartas de hombres también que escuchan nuestro programa y que escriben desesperados por las situaciones difíciles que atraviesan con sus esposas que no conocen o no aman al Señor).

Pero muy particularmente pienso en las mujeres; esposas que viven con maridos difíciles, crueles o malos. Hay algunas circunstancias en las que parecería que una separación pudiera ser lo más sabio o lo más bíblico. Pero pienso mucho en aquellas mujeres que viven intimidadas por hombres fuertes y no piadosos.

Tenemos que dar un paso atrás y recordar que es Dios el que establece y elimina los reyes del mundo. Dios puede quitar esa autoridad.

Y no estoy diciendo que mientras tanto no haya pasos que debas dar para hacer frente a la situación, pero no pierdas de vista el hecho de que Dios es mayor que todo poder humano; que Dios es soberano sobre todos los reyes, sobre todos los gobernantes y sobre todos los poderes que existen y que siempre, siempre cumplirá con todos Sus propósitos. Su reino domina sobre todos. Todos los reyes y gobernantes de esta tierra tienen un plazo limitado, y es Dios quien decide el plazo. Dios les dice, «ya han gobernado suficiente tiempo. No más. Fuera de aquí».

Dios es el Soberano. Dios es el Rey, y Dios está cumpliendo Sus propósitos en este mundo, a pesar de los gobernantes o de los reyes. Él los usa como instrumentos para lograr Sus propósitos y para establecer Su reino en este mundo.

¿Y qué significa todo esto? Significa que no necesitas tener miedo. No es necesario que te dejes intimidar. No es necesario que vivas en el terror o en el temor. Levanta tus ojos hacia arriba. He aquí tu Dios, y sabemos que no hay otro como Él en el cielo o en la tierra.

Annamarie Sauter: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth en la serie, «He aquí tu Dios». Mañana asegúrate de sintonizar el quinto y último programa en esta maravillosa serie.

«¿Eres una atea en la práctica?» Abordaremos esta pregunta, aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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