Podcast Aviva Nuestros Corazones

Recursos del Episodio

Annamarie Sauter: La Biblia dice que la obediencia combina actitudes internas del corazón y acciones externas.  

Nancy DeMoss de Wolgemuth: La Biblia no dice, “Si estás dispuesto a obedecer, serás bendecido.”  La Biblia sí dice, “Si estás dispuesto a obedecer y realmente obedeces”...  No es simplemente decir, “Yo lo haré”.  Es hacerlo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Si le pides a tu hijo que empiece a limpiar su habitación y simplemente se queda sin hacer nada, hay una palabra para esto: desobediencia. Realmente no importa si estaba pensando en hacerlo o tenía la intención,  la obediencia conlleva algún tipo de acción.  Estaremos considerando esto, continuando con la serie llamada En busca de Dios:  El gozo de un avivamiento en la relación personal con Dios.  

Nancy: Hace unos años, luego de terminar de hablar en una conferencia, recibí una carta de una de las damas que había estado en la conferencia.  Ella compartía conmigo cómo Dios había continuado trabajando en su corazón como resultado de lo que había escuchado ese fin de semana.  En su carta ella decía, “Varias veces en la conferencia usted utilizó la frase, ‘Ondeen la bandera blanca  de rendición’”.

Es una frase que amo.  Es una representación visual.  Es una excelente imagen, y la utilicé durante toda la conferencia.  Si me han escuchado por un tiempo en Aviva Nuestros Corazones, la habrán escuchado en numerosas ocasiones.  Reto a las personas y a mi misma, a que “Ondeen la bandera blanca  de rendición”.  Que digan, “Sí Señor”, a lo que sea que Dios les esté diciendo a ustedes.

Ella dijo, “Entonces cuando llegué a casa después de la conferencia, fui al clóset de mi esposo y tome uno de sus pañuelos grandes blancos.  Ahora está frente a mi Biblia.  Cuando empiezo a leer la Palabra en la mañana, literalmente lo ondeo delante del Señor, declarando mi intención de someterme a lo que sea que Él tenga para mí”.

Antes de leer la Biblia, ella ondea su bandera blanca.  Lo que ella está diciendo es, “Señor, lo que sea que tengas que decir, yo te obedeceré.  Yo estoy ondeando la bandera blanca de rendición”.

Ella dijo, “Yo sé que Dios no necesita esto, pero me sirve como recordatorio”.  Y entonces dijo algo que le puede parecer extraño a algunas personas.  Ella dijo, “Entonces me siento frente al Señor con este pañuelo sobre mi cabeza mientras leo.  (Si las personas me vieran, ¡tal vez me pusieran una camisa de fuerza!)”

Mientras leía aquello, pensé en aquel pasaje de 1 Corintios 11 que habla acerca de una mujer que cubre su cabeza como señal… ¿de qué?  Como una señal de sumisión.

Ahora, créanlo o no, recibimos constantes cartas y correos electrónicos queriendo saber lo que creemos acerca de que las mujeres se cubran la cabeza, y acerca de 1 Corintios 11.  No voy a cubrir este texto aquí.  Con mucho gusto pondré alguna nota en la página de Aviva Nuestros Corazones que explique lo que pienso acerca de la enseñanza de este pasaje.

Pero hay algo que sí está claro en ese pasaje: El punto es que la mujer muestre evidencia de que está viviendo bajo la autoridad ordenada por Dios.

Y esa cobertura de la cabeza, como haya sido en 1 Corintios 11, es una señal.  Es un símbolo externo de algo que está sucediendo en su corazón – esto es,  que ella dice, “Sí Señor”, a lo que sea que Dios quiera de ella.  Ella está bajo autoridad.

“Estoy sometiéndome a la autoridad de Tu Palabra”, esto es lo que esta mujer quería decir al colocarse el pañuelo blanco sobre su cabeza.

Al pensar en obedecer los mandamientos de Dios y rendirnos y ondear nuestra bandera blanca delante de Él, quiero que recordemos que los mandamientos de Dios no son gravosos.  Dios los estableció para nuestro propio bien.

Esto es lo que 1 Juan nos dice – que los mandamientos de Dios no son gravosos.  Estos son deseables.  Son para bendecirnos.  Este es el punto que Moisés hace a los hijos de Israel en el libro de Deuteronomio capítulo 32.  Escuchen los versículos 45-46.

“Cuando terminó Moisés de hablar todas estas palabras a todo Israel, les dijo: Fijad en vuestro corazón todas las palabras con que os advierto hoy, las cuales ordenareis a vuestros hijos que las obedezcan cuidadosamente, todas las palabras de la Ley”.

Déjenme decirles que como padres, no solo es importante que les enseñemos los mandamientos del Señor a los hijos, sino también que los pongamos en práctica, para que los hijos puedan ver su ejemplo de obediencia a la ley de Dios.  Sus hijos son más influenciables por lo que ustedes sean y hagan que por lo que ustedes quieran enseñarles al hablarles.

Necesitan de ambas.  Necesitan enseñarles a ellos la Ley de Dios y sus mandamientos, y también necesitan modelarla.  Necesitan ser hacedores de estos mandamientos.

Y entonces, Moisés continúa diciendo en el versículo 47, “Porque no es una palabra inútil para vosotros”.  Esta ley, estos mandamientos, estos no son solo palabras vacías.  Estas palabras son “nuestra vida misma, y por esta palabra prolongareis vuestros días en la tierra adonde vosotros vais, cruzando el Jordán a fin de poseerla”.

¿Qué es lo que Moisés está diciendo? “Estas palabras”—los Diez Mandamientos y los otros mandamientos que Dios dio – la Ley de Dios – ¡son buenos para ti! Son tu vida.  Tú vivirás por esta palabra.  El hombre no solo vive de pan, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios (ver Mateo 4:4; Deuteronomio 8:3).

Ahora bien, los israelitas tenían que aprender que ellos no tenían el poder en ellos mismos para obedecer la Ley de Dios.  A ellos se les dio la Palabra para que pudieran tener convicción por infringir las leyes.

Es por esto que doy gracias a Dios porque tenemos un Nuevo Pacto.  Gracias a Dios que tenemos la cruz.  ¡Gracias a Dios que tenemos a Cristo,  la morada de Su Espíritu Santo, que nos hace posible vivir en obediencia a la ley de Dios!

Y la Ley de Dios, la Palabra de Dios, es para nuestra bendición.  Es para nuestro bien.  No vivimos sólo por tener la Palabra de Dios, sino por ser obedientes a la Palabra de Dios en el  poder del Espíritu Santo.

Al estudiar los mandamientos de Dios, se darán cuenta que cada uno de Sus mandamientos está atado a una promesa.  Déjenme leerles algo que leí recientemente acerca del tema.  Este autor dice,

Cada mandamiento de Dios está construido sobre una promesa de Dios.  Cada llamado divino a la acción (obediencia) es, al mismo tiempo, un divino emplazamiento a confiar en las promesas de Dios (fe).  [Confía y obedece]…La incredulidad siempre aparece como un acto de desobediencia, ya que cada promesa trae consigo un mandamiento.

De manera que tienes la promesa que antecede a un mandamiento.  Si confías en la promesa, entonces puedes obedecer el mandamiento.  Si no confías en la promesa, entonces no obedecerás el mandamiento.  Él dice, “Cada vez que nosotros desobedecemos a Dios es porque no estamos confiando en Sus promesas”.

Confía y obedece.  Confía en las promesas.  Obedece los mandamientos.  Por esto es que aquella canción que aprendimos cuando niños es tan acertada.  “Obedecer, cumplir nuestro deber, si queréis ser felices debéis obedecer”.

Ahora bien, como he dicho, necesitamos estar familiarizados con estos mandamientos.  Mientras trabajaba en esta serie, hice una lista de algunos de los mandamientos que solo encontramos en el Nuevo Testamento.  Esta es una lista corta.

No estoy diciendo esto para ponernos en una posición de legalismo, o para decir, “Necesitas irte y luchar y esforzarte para obedecer la ley de Dios con tus propias energías, en tu propia carne”.  No puedes.

Pero si eres una hija de Dios, tienes al Espíritu Santo viviendo en ti, quien te da el deseo y el poder y la gracia de obedecer todo lo que Dios te ordena.  Porque cada uno de Sus mandamientos está ligado ¿a qué? A una promesa.  Nosotros confiamos en la promesa; entonces estamos preparadas para obedecer los mandamientos.

Hay muchos más mandamientos que estos, pero déjenme leerles algunos de estos.  Mientras lo hago, pregúntense ustedes mismas, “¿Estoy yo obedeciendo este mandamiento? Lo conozco, pero ¿lo estoy haciendo?  ¿Es este un mandamiento que consistentemente obedezco en mi vida?”

Por cierto, no traten de escribir todo esto que les estoy listando. Pueden descargar la transcripción de este programa y allí encontrarán todo escrito, incluyendo los versículos bíblicos. Solo escucha y medita en las cosas en las que Dios te habla a ti, personalmente.

Por ejemplo, nosotros estamos llamados a reconciliarnos con nuestros hermanos y hermanas en el cuerpo de Cristo, cuando ha habido una laceración en la relación (ver Mateo 5:23-24).  ¿Hay alguien en la familia de Dios con quien necesitas reconciliarte?  

Quizás hay una brecha y lo dejas pasar; no estás lidiando con esto.  Simplemente estás permitiendo que el conflicto continúe.

No se imaginan la frecuencia con que conozco personas, mujeres – las cuales tienen relaciones problemáticas por años y por las cuales no están haciendo nada al respecto – por ejemplo un padre con el que no se habla en años.  Esto es un conflicto en la relación.

Dios dice que si estás viniendo a la iglesia a traer tu ofrenda de sacrificio, que antes de hacerla, vayas y te reconcilies con tu hermano.  Si sabes de alguien que tenga algo contra ti – o si tú tienes algo contra alguien – en cualquiera de las posiciones, tú toma la iniciativa.  Ve y busca la reconciliación.

¿Estas tu obedeciendo este mandamiento?

Estamos llamados a amar a nuestros enemigos y a perdonar a aquellos que pecan contra nosotros (ver Proverbios 24:17, Mateo 5:44).  ¿Hay alguien que haya pecado contra ti, que te haya ofendido, que te haya hecho daño, a quien nunca hayas perdonado? Tú conoces los mandamientos de Dios; ¿los estás tú cumpliendo?

Dios nos ha mandado a no estar ansiosos acerca de las necesidades de la vida – qué comeremos, qué vestiremos, dónde viviremos – estas necesidades básicas de la vida (ver Filipenses 4:6, Lucas 12:29-31).  Dios dice, “Yo me haré cargo de esas cosas”.  Es decir que nos dicen, “No te preocupes.  No estés ansiosa”.

Tú conoces este mandamiento.  ¿Te encuentras en medio del día, como me suele suceder a mí, ansiosa, preocupada, estresada acerca de cosas sobre las cuales no tengo ningún control? Dios dice, “No te preocupes por nada.  No estés ansiosa”.

¿Estás obedeciendo este mandamiento?

Dios nos ha mandado a tratar a los demás como quisiéramos nosotros ser tratados.  Piensa en la forma en que le hablas a tu cónyuge.  Piensa en la forma en que le hablas a tus hijos.  Piensa en la forma en que tratas a esa persona en el trabajo que te pone los nervios de punta.

¿Es esta la forma en que tú quieres que los demás te traten a ti?  Todo el mundo conoce la Regla de Oro, incluso aquellas personas que no saben nada de la Biblia o de Cristo.  Ellos conocen este mandamiento:  Haz  a los demás como quisieras que te hagan a ti. (Mateo 7:12, Lucas 6:31).

¿Estás viviendo por este mandamiento? No es solo si lo conoces, sino ¿lo estás poniendo en práctica?

Dios nos ha mandado a ser generosos (ver Deuteronomio 15:11, Mateo 5:42).  A no ser tacaños, sino dadivosos, dadores.  Esto se puede encontrar en repetidas ocasiones a través de todo el Viejo y el Nuevo Testamento.  ¿Eres generoso, o se te hace difícil dar?

Hablé con una mujer el otro día.  Ella y su esposo están en sus años de retiro, pero tienen algunas dificultades físicas, y algunas dificultades financieras potenciales.

Ella dijo, “Me encuentro en esta etapa de la vida tentada a aferrarme a las cosas por miedo al futuro.  Pero,” ella dice, “Yo se que el principio de Dios es dar.  No el de acumular – el dar; el confiar en que Él suplirá mis necesidades.  Yo solo tengo que seguir aconsejando a mi corazón para que sea generoso”.

He aquí una mujer que no solo conoce la Palabra de Dios, sino que también la practica, que obedece sus mandamientos.

Dios nos manda a amarnos unos a otros.  Estamos mandados a compartir con aquellos que están en necesidad (ver Juan 15:12, Hebreos 13:1).  ¿Conoces a alguien que tenga necesidad, a alguien que carga tu corazón? ¿Le has preguntado a Dios, “Señor, hay algo que quieras Tú que yo haga para ministrar y ayudar en la necesidad de esta persona?”

He sido confrontada recientemente con la cantidad de ropa que tengo en mi clóset y que no uso.  He estado sacando toda esta ropa – y necesito seguir sacando más—y las he enviado a nuestro ministerio de ayuda que llamamos Cobertizo de Bendiciones.  Este es un lugar en donde las personas de nuestro ministerio pueden traer cosas, y otros miembros de nuestro equipo pueden venir y beneficiarse de estas cosas según sean sus necesidades.

Yo envié el otro día algunas cosas al Cobertizo de Bendiciones, y luego recibí un correo electrónico de una persona de nuestro equipo diciendo, “Muchas gracias.  Esto realmente cubre una necesidad en las mujeres de nuestro ministerio”.  Debí de haber hecho esto hace mucho tiempo.

Compartir con los que están en necesidad: es un mandamiento.  No es solo conocerlo; cúmplelo.

Dios nos ha mandado a no pagar mal con mal (ver Romanos 12:17-19).  ¿Hay alguien que te haya hecho daño, y a la cual no le hables, le aplicas un tratamiento de silencio o hablas mal a otros de ella?  Se nos ha ordenado no pagar mal con mal.  Conoces este mandamiento.  ¿Lo estás obedeciendo?

Dios nos ha mandado a alejarnos de la inmoralidad sexual, a huir de ella (ver 1 Corintios 6:18, 1 Tesalonicenses 4:3).  A no jugar con ella, a no pensar en ella, a no ser indulgentes con ella, sino a huir de cualquier forma de inmoralidad sexual.  Esto se refiere a lo que vemos, a lo que hacemos, lo que escuchamos, lo que leemos, a nuestros pensamientos – cualquier forma de inmoralidad sexual – debemos correr de estas cosas, huir de ellas.

¿Estás coqueteando con el pecado sexual?  ¿Estás coqueteando con una relación ilícita? ¿Estás jugando o dando cabida a una relación por Internet o a algún coqueteo en el trabajo? Estás jugando con fuego

Tú conoces el mandamiento de Dios.  ¿Lo estás obedeciendo?  Tú dices, “Oh, sería tan difícil lidiar con esto”.  Dios te dará la gracia cuando ondees la bandera blanca de rendición y digas, “Sí Señor, yo obedeceré”.  Hay gracia para ello.

Dios nos ha mandado a hablar la verdad unos a otros (ver Efesios 4:31, Colosenses 3:9).  No mentirse unos a otros, sino hablar  la verdad, cada hombre con su hermano “pues somos miembros unos de otros”, dice Pablo (ver Efesios 4:25).  ¿Hay algo con lo cual no hayas sido del todo honesta con tu cónyuge? ¿Estás buscando causar una mejor impresión al decir cosas que no son del todo verdad?

Es un mandato de Dios a hablar la verdad.

En Efesios 4 estamos ordenados a no hablar con palabras malas o groseras.  Esta palabra mala implica “palabras sin sentido; palabras vanas; palabras vacías”.  ¿Cuántas veces al día violamos muchas de nosotras viola este mandamiento?

Nosotros conocemos este mandamiento, Efesios 4:29.  No salga de vuestra boca ninguna palabra mala (o sin sentido), sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan – palabras que edifiquen.

Tú conoces este mandamiento.  ¿Cómo cumplen tus palabras con este mandato?

Dios nos manda en este mismo pasaje a ser amables y compasivos y a perdonar cuando otros nos hacen daño.  ¿Cómo estás tú obedeciendo este mandamiento?  ¿Cómo está el ambiente en tu casa?  ¿Es compasivo y amable? ¿Misericordioso?

Tú dices, “Sí, yo quisiera que mis hijos y mi esposo fueran así”.  Mi pregunta es, “¿Eres tú así?  ¿Estás tú obedeciendo estos mandamientos que conoces?

Dios nos manda a ser llenos del Espíritu Santo.  ¿Sabías tú que no estar llenos del Espíritu Santo es un pecado?  Estamos ordenados, en todo tiempo, perpetuamente: a siempre estar llenos del Espíritu Santo.  ¿Estás llena del Espíritu Santo ahora mismo?

¿Estabas llena del Espíritu Santo a las 7:30 de la mañana cuando te estabas alistando y tú y tu esposo se entrecruzaron algunas palabras?  ¿Estabas llena del Espíritu Santo en cómo te manejaste con él? Sed llenos del Espíritu Santo.

Dios nos manda a obedecer a aquellos que ejercen la autoridad sobre nosotros, en nuestras casas, nuestras iglesias, nuestros gobiernos, en nuestra sociedad…  a obedecer a aquellos que ejercen la autoridad sobre nosotros (ver Efesios 6:5-6, Romanos 13:1-4).

Tú conoces este mandamiento.  ¿Lo estás obedeciendo?

Dios nos ha ordenado –caramba, esta es una difícil.  Nosotras estamos llamadas a hacer todas las cosas sin quejarnos ni discutir.  Tú dices, “Ojalá mis hijos hicieran esto”.  Escucha, tus hijos tienen más probabilidades de cumplir con esto si tú misma lo haces.

Hagamos todas las cosas sin quejarnos [murmuraciones] o discutir.  Si solo obedeciéramos este mandamiento en nuestros hogares, ¡¿qué tan diferente serían las cosas?!

Estamos llamadas a regocijarnos en el Señor siempre (ver Salmos 100:2, Efesios 5:19).  Siempre regocíjense en Él – esta es un área en donde el Señor ha estado tratando en mi propio corazón durante este último año.  Me encuentro en muchas ocasiones sirviendo al Señor pero sirviéndole sin gozo.

Este es un mandamiento que yo quiero obedecer.  Servir al Señor con gozo.  En todo regocijaos.  Dad gracias.  No os preocupéis por nada. Sino dad gracias.  Oren por todo.

Estamos llamados a no estar ociosas, a no ser entrometidas.  ¿Cómo estás en este mandamiento?

Estamos llamadas a no hablarnos mal unos a otros (ver Salmos 15:3, Salmos 19:14).  Mujeres, todo este pecado de chisme en la iglesia, de crítica —conocemos estos mandamientos.  ¿Lo estamos obedeciendo?

Dios nos ha mandado a orar por todo (ver Lucas 12:29-31).  Tú conoces este mandamiento.  Yo conozco este mandamiento.  ¿Lo estamos obedeciendo?

Hay un versículo en Isaías que yo creo que necesitamos recordar mientras nosotros pensamos en estos mandamientos de Dios.  Dios le dice a Su pueblo en Isaías 1:19-20, “Si queréis y obedecéis, comeréis lo mejor de la tierra; pero si rehusáis y os rebeláis, por la espada seréis devorados.  Ciertamente, la boca del Señor ha hablado”.

Aquí vemos el tema otra vez; lo hemos estado viendo a través de toda la serie.  La obediencia trae bendición.  “Si quieres y obedeces, comerás lo mejor de la tierra”.  Pero la desobediencia trae maldición y conflicto.  “Si te rehúsas y te rebelas, por la espada serás devorado.  Ciertamente la boca del Señor ha hablado.

Solo quiero que veamos esta parte de la frase “si queréis y obedecéis”.  Si tú quieres y obedeces, comerás lo mejor de la tierra.  No solo dice que, “Si estás dispuesto a obedecer los mandamientos de Dios, serás bendecido”. Dice, “Si estás dispuesto a obedecer y realmente obedeces”.  No está diciendo simplemente, “Lo haré”.  Es hacerlo.  

Mientras pensaba acerca de esta sección, pensé en el pasaje de Mateo 21:28-32 en donde Jesús dijo a aquellos que le escuchaban, “¿Qué os parece? Un hombre que tenía dos hijos, y llegándose al primero le dijo: “Hijo ve, trabaja hoy en la viña”. Aquí hay una dirección.  Aquí hay un mandato.

“Y respondiendo él dijo: “No quiero;” pero después arrepentido, fue”.  Él se rehusó.  Él se rebeló.  “Pero después él cambió de mente y fue”.  Él se arrepintió.  Él fue.  Él obedeció el mandato.

Y entonces el hombre fue a donde el otro hijo y le dijo lo mismo; ve y trabaja en el viñedo.  Y este hijo dijo, “Yo iré señor”.  Respetuoso, dispuesto y aparentemente sumiso, pero no fue.  Él estaba dispuesto, pero no fue obediente.

Jesús dijo, “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”

Ahora, el primero estuvo mal al rehusarse y rebelarse.  ¡Pero se arrepintió!  El segundo dijo, “Estoy dispuesto.Yo iré.”  Pero no fue.

Yo me pregunto cuántas de nosotras somos como ese segundo hijo.  Decimos, “Oh Dios, yo quiero obedecerte.  Yo quiero ondear la bandera blanca de rendición.  Yo quiero decir, “Sí Señor”.  Yo quiero ser una cristiana obediente”.  Nosotras decimos que lo haremos, pero no lo hacemos.

Isaías dice, “Si tú quieres y obedeces, tú comerás lo mejor de la tierra.”

¿Qué es lo que has estado dispuesto a hacer, en cuanto a los mandamientos de Dios se refiere, pero que no estás realmente haciendo?  Tal vez es pedir perdón a tu cónyuge o a uno de tus hijos por como has pecado contra ellos.  Tú sabes que necesitas hacer esto.  Sabes que necesitas tener tu conciencia limpia, pero no lo has hecho.  Estar dispuesta y obedecer.

Tal vez sea una llamada de teléfono que necesitas hacer a uno de tus padres o suegros.  Tal vez sea una nota que necesitas escribir, o alguna relación que Dios quiera que restablezcas.  Tú quieres, pero simplemente no lo has hecho.

Tal vez sea tomar algunos pasos para honrar a tus padres.  Tú quieres, pero necesitas obedecer.  Tal vez sea algo que Dios quiere que des, y has dicho, “Sí Señor, yo quiero; yo lo haré”, pero simplemente tú no lo has hecho.

Tú quieres.  Tú estás dispuesta.  Ahora la pregunta es:  ¿Lo vas a hacer?

Canción:

Tú has escuchado las palabras y sabes que es verdad, Ahora resuenan en tu interior.  Te están llamando a seguir; Ahora, ¿tú vendrás o te quedaras?

Tú quieres, ahora, ¿lo harías? Tú quieres, ahora, ¿lo harías?

La verdad que arde en ti como una cama de carbones encendidos contienen el poder de liberar a mil almas cautivas.  Pero el que la verdad te libere depende de ti.

Tú quieres, ahora, ¿lo harías? Tú quieres, ahora, ¿lo harías?2

Annamarie: Nancy vuelve en un momento para orar.

Hemos sido retadas a siempre ver la obediencia como algo equivalente a la acción.  Servir al Señor conlleva que tu lista de quehaceres, tu calendario y la actitud de tu corazón estén alineados.

Si no has adquirido tu libro de estudio para seguir esta serie junto con un grupo, aún estás a tiempo. Visita AvivaNuestrosCorazones.com para más detalles sobre cómo puedes obtener tu copia y para descargar los programas que ya hemos transmitido.

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Bien, ninguna de nosotras puede obedecer a Dios sin Su poder trabajando en nosotras.  Necesitamos orar.  Oremos con Nancy.

Nancy: ¿Hay algo que necesites hacer?  ¿Acaso has dicho, “Sí Señor, estoy dispuesto”, pero no lo has hecho?  La pregunta ahora es, ¿lo vas a hacer?

Cuántas de ustedes dirían: Dios trajo hoy a mi mente quizás uno o más de sus mandamientos; algo que sé que el Señor ha traído a mi mente, algo que sé que el Señor quiere de mí. Yo conozco el mandamiento, pero no lo he estado haciendo.  Dios ha hablado a mi corazón, y por Su gracia y el poder de Su Espíritu, yo estoy ondeando la bandera blanca de rendición, y estoy diciendo, “Señor, no solo estoy dispuesta, sino que yo obedeceré lo que Tú me has dicho”.

Si esto es verdad para ti y Dios te ha estado hablando a tu corazón acerca de la necesidad de obedecer en alguna área, ¿levantarías tu mano en el aire? Quiero orar por ti al cerrar esta sesión.

Señor, Tú ves que muchas de nuestras manos están en el aire, y sabemos que otras manos se levantarán a medida que Tú traigas otras cosas a nuestras mentes mientras meditamos en lo que hemos compartido.  Te doy gracias por la honestidad de estas mujeres.  Te doy gracias por la ministración de Tu Espíritu, llamándonos no sólo a estar dispuestas, sino también a ser obedientes.

Gracias por el poder del Espíritu Santo que vive en nosotros y que nos capacitará para hacer todas las cosas que Tú nos has dicho que hagamos. Que nuestras vidas puedan demostrar la bendición que viene de decir, “Sí Señor” y de hacer lo que hemos dicho.  Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

1Scott Hafemann, La promesa de Dios y la vida de fe (Crossway, 2001), pp. 86-87.

2"You Want To, Now Will You." Steve Green, Birdwing Music, ASCAP.

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.