Podcast Aviva Nuestros Corazones

Peligros potenciales en el ministerio, día 3

Annamarie Sauter: ¿Has sentido que no te queda nada más que dar?

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: La batalla no necesitaba a David, pero David necesitaba la batalla.

Annamarie: Hay momentos en que en medio del servicio a los demás, te puedes sentir como si estuvieras en una batalla. Cuando sirves, ¿lo haces por amor?

Nos encontramos en la enseñanza titulada, «Peligros potenciales en el ministerio». Ya hemos visto cuatro de estos peligros, y hoy continuaremos viendo algunos más.

Nancy enseñó este mensaje en una conferencia de Aviva Nuestros Corazones para mujeres líderes de ministerios de damas. Pero, ya sea que estés oficialmente en un ministerio o no, sacarás mucho provecho de este mensaje. Todas tenemos que aprender a servir con un corazón amoroso.

Nancy: El peligro número cinco es: Dejar el camino de la humildad. El peligro del orgullo. Fácilmente nos volvemos, dentro del ministerio, egocéntricas, egoístas, enamoradas de nosotras mismas, preocupadas por, «¿cómo me va a impactar esto a mí?»

Me recuerda al rey Saúl en el Antiguo Testamento. ¿Te acuerdas al principio cuando él fue ungido rey? Era un hombre alto y grande, pero tenía un sentido de incapacidad y necesidad, hasta que comenzó a tener el problema del «yo», comenzó a verse a sí mismo como grande y a Dios como pequeño.  

Eso sucede. Llegamos al punto en que ya no somos pequeñas a nuestros propios ojos. Recuerdas cuando alguien se te acercó y te dijo: «Vemos que tienes un corazón para Dios. Nos preguntamos si podrías tomar esta área de responsabilidad».

Y tú dijiste, «¿quién, yo? Yo, dirigir un estudio bíblico? ¿Estás bromeando? ¿Yo? Yo, yo no puedo hablar. No puedo enseñar. No puedo dirigir».

Pero oraste al respecto, y Dios te dio fe, y tomaste un paso hacia lo profundo. Ahora ya han pasado doce años, y te has dado cuenta de que tienes algunos dones en esta área. Has mejorado en esto. La gente te respeta, te admira. Hacen fila para hacer cita contigo. Te envían correos electrónicos pidiendo ayuda con esto y aquello.

¿Todavía eres pequeña a tus propios ojos, o te has vuelto grande a tus propios ojos? Empezamos a creer nuestra propia propaganda. Nos deleitamos en secreto al oír nuestro nombre mencionado, y queremos estar seguras de que se nos dé el crédito que merecemos por nuestros logros.

Puedo hablarte acerca de esto, solamente porque sé lo que es tener esos pensamientos en mi propio corazón. Estamos orgullosas de lo que sabemos, orgullosas de lo que hemos hecho, orgullosas de nuestra reputación como ministerio. Ya no nos sorprende que Dios nos use. Nos volvemos ciegas a nuestras propias necesidades. Todos los demás pueden verlas, pero nosotras no podemos. No estamos buscando consejo ni aportes de los demás. El libro de Proverbios indica que esa es una de las marcas principales de una persona sabia, la persona que busca consejo.

¿Cuándo fue la última vez que fuiste donde alguien que te conoce bien y le preguntaste: «¿Hay puntos ciegos en mi vida que otros pueden estar viendo pero yo no?». El fundador de nuestro ministerio, el cual ahora está con nuestro Señor, solía decir, «la última persona que se da cuenta que tiene una rotura en la chaqueta es la persona que la trae puesta».

¿Estás dispuesta a aprender cuando las personas vienen y tratan de corregirte y desafiarte? ¿Tienes un corazón de sierva? La falta de un corazón de sierva es una evidencia de orgullo, el amor por la gloria de los hombres; fácilmente te ofendes si no eres reconocida, apreciada, y si no te agradecen por tu labor.  Te fascinan los elogios, te inflas con los elogios. Si es así, entonces vas a ser desinflada por la crítica.

El profesionalismo, es otro síntoma del orgullo. Cuanto más grande sea el ministerio, y más grande sea la organización, más grande será la tendencia a convertirse en profesionales en lugar de siervas humildes. Tenemos una imagen que mantener, una reputación que mantener, y personas que nos admiran. Por lo tanto, se hace más difícil ser transparentes, ser vulnerables, ser honestas con respecto a nuestras necesidades.

Déjame decirte otra área donde el orgullo sale en los ministerios, y quiero desafiarte, si eres líder del ministerio de mujeres en tu iglesia local, a ser muy, muy cuidadosa con respecto a criticar a otros líderes. . . . como tu pastor, a los ancianos, y al personal que trabaja en la iglesia. Vamos a empezar por estar de acuerdo en que somos humanos y que son imperfectos como nosotras. Algunos de ellos tal vez más que otros.

No estoy diciendo que no tienen problemas, pero cuando somos orgullosas, no les damos espacio a los demás a fallar. No les damos a los demás la oportunidad de estar en un lugar de crecimiento, en un proceso. Si te encuentras hablando con los demás en la iglesia o con tu familia sobre las faltas de aquellos con quienes sirves, o bajo quienes sirves, entonces eso es un síntoma de un corazón orgulloso. Has dejado el camino de la humildad.

Ahora, puedes hablar con Dios al respecto. Conviértete en una intercesora en lugar de una persona crítica. William Gurnall, déjame citarlo nuevamente, dijo,

«Reconoce que tu fuerza reside enteramente en Dios y no en ti misma, mantente humilde, incluso cuando Dios está bendiciéndote y usándote más. (Yo diría, especialmente cuando Dios está bendiciéndote y usándote más). El favor de Dios no proviene ni del trabajo de tus propias manos, ni del precio de tu propio valor. ¿Cómo puedes presumir de lo que no has comprado? Si malversas la fuerza de Dios, y te das el crédito a ti misma (tomas crédito por lo que Dios está haciendo en y a través de ti) pronto te hará una auditoría, y tomará lo que era de Él desde un principio».

Estas son palabras que te hacen escudriñarte, ¿no es así?

Aquí están las preguntas:

  •      «¿Estoy caminando con humildad?»
  •      «¿Estoy sorprendida de que Dios me use?»
  •      «¿Tengo un espíritu enseñable, un corazón de sierva?»
  •      «¿Estoy comprometida a hacer que los que me rodean tengan éxito?»
  •      «¿Estimo a los demás como superiores a mí misma?»

Aquí está el peligro número seis: Conformarnos con el statu quo. ¿Qué queremos decir con eso? Es llegar al lugar donde caminamos por vista, en lugar de caminar por fe. Dónde estamos «dormidas en nuestros laureles». Estamos satisfechas con lo que Dios ha hecho en el pasado y no le estamos creyendo a Dios por cosas grandes que hará hoy y en el futuro.  Estamos contentas con mantener la maquinaria en marcha.

Mi padre, no sé cuántas veces, cuando estábamos creciendo, solía citar, no era original de él, pero él decía: «Intenta algo tan imposible que a menos que Dios esté en ello, está condenado al fracaso».

¿Qué estás intentando en el ministerio de tu iglesia, donde sea que Dios te tenga sirviendo, que si Dios no está en ello, no hay ninguna forma en que va a suceder? ¿Dónde te estás estirando por fe? Me encanta la historia de Caleb en Josué 14, quien a sus ochenta y cinco años de edad, dice, «consigueme una casa bonita de retiro». ¡De ninguna manera! Él dice: «Quiero otra montaña para conquistar. Quiero más territorio para la gloria de Dios».

Puedo recordar cuando yo era más joven pidiéndole al Señor: «Señor, yo quiero ser como Caleb. ¿Me dejarías servirte hasta que tenga ochenta y cinco años de edad?» Ahora, confieso que ahora casi al llegar a los sesenta, ya no estoy tan deseosa de llegar a los ochenta y cinco. No estoy segura por qué es así, supongo que estoy viviendo más cansada estos días.

Estoy anticipando lo que está más allá de esta vida, pero quiero que sea que me dé más o menos, si Dios me concede llegar a los ochenta y cinco años, ¡quiero llegar caminando por fe! No quiero estar contenta con el statu quo.

  • «¿Estoy ejercitando mi fe en el poder de Dios?»
  • «¿Estoy buscando al Señor para nuevas oportunidades y una visión fresca?»
  • «¿Qué estoy creyendo que solo Dios puede hacer?»

Puedo decir que cuando empezamos este ministerio, recién entraba en la década de mis cuarenta y estaba rebosante de visión y fe, temerosa pero estaba confiada en que Dios era más grande, y estaba lista para lanzarme a lo profundo con Él. Hemos estado en lo profundo por un tiempo, y encuentro que mientras envejezco, cuando soy desafiada a ir más hondo, me encuentro queriendo retroceder un poco.

Me encuentro no queriendo ser tan aventurera, no queriendo ser tan valiente, no queriendo ser vista como una tonta al ir más profundo. De hecho, cuando hablamos de hacer una conferencia nueva, eso es ir a lo «profundo» para mí. Son cosas que no habíamos hecho anteriormente, y honestamente, nuestro equipo puede dar fe de esto, me tomó un tiempo decir, «vamos a hacerlo», porque quería tener todo medido: «¿Estamos seguros que podemos hacer esto? ¿Estamos seguros de que podemos lograrlo? ¿Tenemos los recursos financieros, la fuerza y la habilidad para hacerlo?».

Sí, tenemos que ver el costo. Al fin y al cabo cuando Dios diga «hay que marchar hacia adelante», quiero estar dispuesta y decir: «sí, Señor, vamos a caminar por fe».

Tres más, el peligro número 7 es: Servir sin amor. Sabes que los dos grandes mandamientos son: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas», y el segundo: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Si esos son los dos mandamientos más grandes, entonces, ¿cuáles serían los dos pecados más grandes? Bueno, ¿será que los dos pecados más grandes serían amar a Dios menos que con todo mi ser, y no amar a los demás como me amo a mí misma?

Amor por Dios, amor por las personas a quienes servimos, amor los unos por los otros dentro de nuestros ministerios. Sé que dentro de nuestro ministerio, trabajamos juntos, y hemos tenido miembros del equipo que han trabajado junto a nosotros por años y que son muy fieles. Es fácil tomar a la otra persona por sentado o empezar a no asumir lo mejor del otro, empezar a demandar de los otros estándares imposibles de perfección, a no amar a las personas con las que estamos sirviendo.

Primera a los Corintios 13, es una gran medida. ¿Tengo ese tipo de amor para las mujeres que sirven en mi equipo ministerial, para los de nuestro equipo, el personal de la iglesia? ¿Amas a los miembros del ministerio a la altura del amor que es descrito en 1 Corintios 13?  ¿Y amor por aquellos que estamos sirviendo? Probablemente no hay nadie más que yo, pero voy hacer honesta y decirte que la gente difícil me molesta.

Voy a tomar un riesgo aquí, cuando digo «mujer de alto mantenimiento», ¿sabes a quien me refiero? ¿Tienes algunas en tu iglesia? ¿MAM, mujeres de alto mantenimiento? Ahora, probablemente nunca has hecho esto, pero voy a ser honesta y te voy a decir que hay momentos en los que he pensado que no tengo nada más que dar. Y veo que una mujer de alto mantenimiento viene hacia mí, y me encuentro a mí misma muchas veces molesta, con las mismas personas que el Señor me ha llamado amar y a servir.

¿Qué es el ministerio si no amamos al Señor y a aquellas personas con las que servimos, y a las personas que estamos llamadas a servir? ¿Qué es? Es nada. Es una pérdida, es un desperdicio, es un fracaso, cero, nada de nada, es peor que eso, es hacer un montón de ruido, haciendo muchas cosas, pero, ¿es agradable al Señor?

Ahora, no tengo ese tipo de amor por ese tipo de mujer. Entonces, ¿de dónde podemos obtener ese amor? Hay algunos días en que mi amor por Cristo disminuye también, y no puedes hacerlo crecer. Ahí es cuando vamos en humildad a Cristo y a su cruz y le decimos, «oh Señor, soy egoísta, me amo a mí, más de lo que amo a cualquier cosa o cualquier otra persona, y no tengo la energía, ni la capacidad, ni la fortaleza para dar y amar y servir, pero sé que Tú sí la tienes.

¿Me llenarías Señor con tu Espíritu? ¿Amarías a estas MAMs a través de mi? ¿Amarías a estas personas en nuestro equipo, en nuestro personal?  Quizás es la persona a quien te reportas, quien no tiene realmente un corazón para el ministerio de mujeres como desearías, quizás te encuentras siendo crítica y no tratando con respeto, ni dándole ánimo, ni gracia al liderazgo que Dios ha puesto en tu iglesia. Te has convertido en una espina en su carne. Quizás te has convertido en una MAM para tu pastor. Pídele a Dios que te dé de Su amor.

 - «¿Está mi servicio motivado por un amor genuino por Dios y por los demás?»

- «¿Estoy siendo una persona que anima y motiva a sus compañeros de trabajo?»

- «¿Oro, apoyo y levanto las manos de aquellos a quienes se les ha confiado el liderazgo de la iglesia o el ministerio donde yo sirvo?»

Número 8: Perder la perspectiva. Aquí es donde perdemos la visión y la imagen amplia, y esto es muy peligroso. Pienso que hacemos esto de dos maneras:

  1. Número 1: Nos olvidamos de cuán grande Dios es, y esto nos lleva al desánimo, porque los problemas aumentan y llegan al punto de parecernos más grandes que Dios. Perdemos las esperanzas. Pensamos, ¿de qué sirve? El enemigo es tan grande. Esta iglesia está llena de personas difíciles. A nadie le importa el ministerio de mujeres, o, Satanás tiene ventaja.
  2. Nos olvidamos de cuán grande Dios es, por eso las alabanzas son tan importantes. Así nos recordamos a nosotras mismas, cuán grande es Dios. Me encanta esta cita. Es de G. Campbell Morgan; la necesito todo el tiempo. Él dice: «La suprema necesidad en cada hora de dificultad y de angustia es tener una visión clara de Dios. Mirándolo a Él, todo lo demás toma una perspectiva y una proporción correcta».

«Pon tus ojos en Cristo, tan lleno de gracia y amor; y lo terrenal, sin valor será a la luz del glorioso Señor». Y quiero que recuerdes, si tú eres una líder del ministerio de mujeres, esas mujeres, a las que Dios te ha llamado a servir y que son muchas veces MAM, ellas no son de alto mantenimiento para Dios. ¿Se te ha olvidado cuán grande es Dios? Te acuerdas de la historia en 2 Reyes capítulo 6, donde la casa de Elías estaba rodeada por el ejército sirio, y el siervo vió por la ventana y lo único que podía ver eran las tropas enemigas, y estaban rodeados. Él estaba desesperado, «¿qué vamos hacer?».

Y Elías oró, «oh Dios, abre sus ojos para que pueda ver qué realmente está allá afuera». Esas tropas enemigas estaban afuera, pero cuando este siervo pudo ver con ojos de fe para ver el reino sobrenatural, ¿qué fue lo que él vio?, él vio que las colinas estaban cubiertas de carruajes y caballos de fuego; las huestes angelicales celestiales estaban ahí, rodeando al enemigo. Habían estado ahí todo el tiempo, pero el siervo no las había podido ver hasta que sus ojos fueron abiertos.

Déjame recordarte que no importa cuántas mujeres difíciles haya en tu ministerio, no importa cuántos obstáculos, no importa cuántas frustraciones, luchas, problemas y retos, Dios es más grande. Él es más grande, Él es capaz. No olvides lo grande que es Dios. Si lo haces, te desanimarás. Te dejarás llevar por las pequeñas frustraciones diarias, y las molestias, y los problemas organizacionales. Pídele a Dios que te dé ojos de fe, para ver las realidades espirituales.

Oswald Chambers lo dijo de esta forma: «Nuestras circunstancias son el medio de manifestar cuán perfectamente maravilloso y extraordinariamente puro es el Hijo de Dios».

No solo olvidamos cuán grande es Dios, sino que también olvidamos cuán pequeñas somos. Esto nos lleva al orgullo, y a la autosuficiencia. Oh amadas, tenemos que recordar que tenemos este incomparable tesoro de la vida de Cristo en vasos de barro...recipientes de barro. Eso es lo que somos. El tesoro incomparable no somos nosotras, es Cristo, y en nuestra debilidad y en nuestra fragilidad y en nuestra pequeñez. ¿No te sientes a veces muy pequeña? Yo me siento así casi todo el tiempo. Y pienso, Señor, lo que estás haciendo, y lo que nos estás pidiendo hacer, ¿quién es apto para hacer estas cosas? Y la respuesta es: «Nadie, solo Jesús».

Y digo: «Está bien Señor, soy un vaso de barro. No es el instrumento, no es la sierva. Si olvidamos cuán pequeñas somos, vamos a perder la perspectiva».

  • «¿Muestra mi vida la convicción de que Dios es omnipotente y soberano?»
  • «¿Necesitas un ajuste de perspectiva?»

Y el número 9, aquí tenemos otro peligro: Buscar la comodidad y la conveniencia. Esto se expresa de diferentes maneras. Y una de ellas es que nos cansamos de hacer el bien. Nos cansamos de la batalla, nos casamos de la carrera. Déjame decirte que si no estás energizada y alimentada y capacitada por el poder del Espíritu de Dios, te cansarás de hacer el bien. Te desanimarás, te darás por vencida, querrás más comodidad y más conveniencia. 

Estoy convencida de que nos volvemos más vulnerables a este peligro mientras más tiempo tenemos en el ministerio. Empezamos a pensar sutilmente, «mira cuánto he sacrificado, mira a cuánto he renunciado, mira cuántas noches largas»; honestamente tuve estos pensamientos a medianoche ayer. «¿Sabrán estas mujeres que a las 11:30 de la noche, me di cuenta de que no tenía mis notas para este mensaje conmigo?» Me traje la carpeta, el archivo  equivocado, así que estuve reconstruyendo el mensaje, sintiendo lástima por mí misma.  Estoy siendo una MAM, ¿verdad?

Hay épocas en las que piensas, todas las demás a las que sirvo se han ido a la cama, están descansando … ellas no tienen que hacer esto el sábado por la noche…pero mira que… y empezamos a pensar, yo merezco un descanso hoy. Puedo darme la libertad de pecar… no un pecado muy grande, pero solo complacerme un poco. ¡Comida! Creo que este es un tema sensible para muchas de nosotras.

Queremos avanzar sin esfuerzo, queremos bajar la guardia, hemos hecho mucho. El capítulo 11 de 2 Samuel, es muy importante. David se quedó en su palacio en el tiempo en que los reyes salían a la guerra, y el se metió en problemas. Él estaba en sus 50, probablemente, después de años de servir al Señor, y de amar a Dios, y de escribir salmos y todo tipo de cosas espirituales como estas. ¡No pienses que no te puede pasar a ti! 

Esta es una de las razones principales de fracaso moral dentro de las personas en el ministerio, porque se desaniman, o empiezan a pensar que merecen un descanso. Ellos quieren comodidad, quieren conveniencia, quieren placer, y esto ocurre en una progresión, quizás primero con cosas pequeñas, y luego en áreas más grandes…queriendo avanzar sin esfuerzo.

La batalla no necesitaba a David, pero David necesitaba la batalla. Mientras envejezco, me encuentro a mí misma pensando, «quisiera tener una vida más normal, y no tener que tener esta presión y sentirme estirada por tantas demandas». Dios aparentemente sabe que yo necesito esas demandas en mi vida, para protegerme, para mantenerme bien aferrada a Él.

Hay un peligro de de correr la carrera cristiana aferradas a la piedad de otros, descuidándonos, carentes de vigilancia, manteniendo la guardia baja porque queremos comodidad y conveniencia. 

Un escritor antiguo lo dijo de esta forma: «Sigamos adelante en paciente auto negación. Acepta lo difícil. No temas la pérdida. Nuestra porción está más allá de la hora de la prueba; nuestra corona más allá de la cruz».  

Me encanta esta oración de David Livingstone, la he orado varias veces durante los años, «Señor, envíame donde quieras, solamente ve conmigo. Dame cualquier carga, solamente sostenme. Corta todo lazo menos el lazo que me ata a Tu servicio y a Tu corazón».

Amadas, el siervo no es mayor que su señor, y nuestro Señor caminó un camino manchado en sangre. «¿Debo ser llevada a los cielos cómodamente en camas de  flores, mientras otros pelearon para ganar el premio y navegaron por mares sangrientos?» Hay un tiempo que viene para la comodidad, hay un tiempo que viene, donde la batalla terminará, pero ese tiempo no es ahora.

Pregúntate a ti misma lo siguiente:

  • «¿Si la iglesia o el ministerio donde sirvo no fueran más vigorosos que mi caminar con Dios, cuál sería la condición del ministerio?»
  • «¿Estoy siendo egoísta, o me estoy negando a mí misma?»
  • «¿He rendido todos mis derechos, mis deseos personales, mis comodidades y conveniencias?»

Déjame cerrar por donde empezamos esta serie, diciendo, «el ministerio es un gran privilegio, pero a la vez conlleva una gran mayordomía y una gran responsabilidad». Tenemos que seguir adelante día tras día como aquellos que un día vamos a dar cuentas. Pero al mismo tiempo, como aquellos que recibirán una gran recompensa. No pierdas eso de vista.

Hay una pequeña ilustración pero grandiosa, un tesoro enterrado en Esdras capítulo 8. Quiero llamar tu atención aquí. Puedes solo escuchar o ir tú misma ahí. Mientras Esdras estaba preparándose para partir de Babilonia y tomar un grupo de exiliados de regreso a Jerusalén, él llamó a un grupo selecto de hombres, doce de ellos sacerdotes.

En el versículo 24, él les encargó conservar todo el oro, la plata y las vasijas preciosas que habían sido donadas para el templo de Jerusalén.

Ahora, ellos tienen por delante un viaje de 900 millas. Él puso estos preciosos regalos en sus manos, y les dijo, versículo 28: «Vosotros estáis consagrados al Señor, y los utensilios son sagrados; y la plata y el oro son ofrenda voluntaria al Señor, Dios de vuestros padres. Velad y guardadlos hasta que los peséis delante de los principales sacerdotes...en las cámaras de la casa del Señor» (vv. 28-29).

A ustedes se les está dando este tesoro. Se les está diciendo que lo sostengan, que lo vigilen, que lo guarden y lo conserven. Porque algún día tendrán que dar cuenta cuando lleguen al final de la jornada.

En el versículo 31 de la Escritura dice: «Partimos del río Ahava el día doce del mes primero para ir a Jerusalén; y la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, y nos libró de mano del enemigo y de las emboscadas en el camino...» Versículo 33: «Y al cuarto día (después de que llegaron a Jerusalén), la plata y el oro y los utensilios fueron pesados en la casa de nuestro Dios y entregados en mano de (y da los nombres de los sacerdotes)...Todo fue contado y pesado, y todo el peso fue anotado en aquel tiempo» (vv.31,33-34).

Creo que es una imagen útil del hecho de que Dios ha puesto en nuestras manos un increíble tesoro, el evangelio, el ministerio del evangelio, las personas cuyas vidas servimos. Las personas que necesitan el evangelio son ese tesoro, esa mayordomia. Han sido pesadas en nuestras manos como tesoros preciosos. 

En nuestro peregrinar, así como fue cierto para los judíos en los días de Esdras, hay emboscadas en el camino. Hay enemigos, oposición. Si no tenemos la buena mano de nuestro Dios sobre nosotras, no vamos a lograrlo. Pero nosotras tenemos la buena mano de nuestro Dios sobre nosotras, como ellos la tuvieron.

Él nos está acompañando, yendo dentro de nosotras, a nuestro lado, delante de nosotras, y por detrás de nosotras para lidiar con los enemigos a lo largo del camino. Son para que Él lidie con ellos no tú. Pronto, relativamente hablando, vamos a estar en ese templo celestial en la presencia de nuestro gran Sumo Sacerdote.

Oh, puedes imaginarte la alegría que tendremos cuando tengamos la oportunidad de entregarle a Él esos preciosos tesoros, esas vidas que Él nos encargó para que las cuidáramos, el increíble mensaje del evangelio. Podremos darle a Él todos esos tesoros y podremos decir, «está todo aquí. Esta todo contado. Me mantuviste, me ayudaste a mantenerlos. Ahora te los devuelvo. Es todo por gracia. Todo está aquí. Es todo, todo, todo para Ti».

¿No crees que en ese dia, cada momento difícil, cada lágrima derramada, cada obstáculo que tuviste que enfrentar, cada carga soportada aquí en la tierra será vista como polvo, como nada, a la luz de esa recompensa eterna que compartiremos en Su presencia?

Mi oración para ti es que Dios mantenga Su mano sobre ti, y te mantenga fiel todo el trayecto hasta el día venidero.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado motivando a mantenernos fieles en nuestro rol de servicio a Dios. Nancy impartió este mensaje titulado, «Peligros potenciales en el ministerio», a un grupo de mujeres líderes de ministerios de damas. Esto fue en la conferencia Revive ‘11, una conferencia de Aviva Nuestros Corazones.

Si te has perdido cualquiera de los programas anteriores, te animo a escucharlos o leer las transcripciones a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana daremos inicio a una serie que estoy segura que no te querrás perder. Nancy explorará una historia que nos ayuda a ver cómo Dios usa personas ordinarias e imperfectas, para llevar a cabo Sus propósitos. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Corriendo la carrera de la fe juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.