Podcast Aviva Nuestros Corazones

Qué hacer cuando la trama cambia

Annamarie Sauter: Dios te ama lo suficiente como para no siempre darte lo que quieres.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Dios sabe cuándo necesitamos un tiempo de refrigerio. Él sabe cuándo podemos manejar la prosperidad, y Él sabe que no podemos manejar periodos constantes de prosperidad y abundancia, ¡porque si nunca sentimos necesidad no desearíamos la tierra prometida!

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Durante los últimos días hemos estado viendo el tema del agua, el pueblo de Dios, y los propósitos de Dios en el libro de Éxodo. Y espero que lo que hemos hablado, que es una vista rápida de algunas de las escenas claves del libro de Éxodo (pudiéramos pasarnos días completos en solo una de estas escenas), te haya abierto el apetito para buscar más de la Palabra de Dios y leer y estudiar más, y permitir que Dios hable a tu vida por medio de Su Palabra y Sus caminos. Estamos en Éxodo capítulo 15.

El primer día vimos tres escenas donde había agua: la primera, Moisés siendo rescatado de las aguas del Nilo, las aguas del Nilo cuando se convirtieron en sangre (la primera de las diez plagas) y luego el mar Rojo dividido para que los hijos de Israel pudieran cruzar por tierra seca.

El agua para ellos en ese momento fue agua de salvación. Pero para los egipcios que rehusaron creer en las promesas de Dios, fueron aguas de juicio. Y un día cada ser humano experimentará las aguas de salvación o las aguas del juicio de Dios, el justo y recto juicio de Dios para aquellos que nunca confiaron en Cristo como Su salvador.

Y ahora llegamos al versículo 22 de Éxodo capítulo 15. Iniciamos el último programa con esta escena, así que vamos a leer de nuevo para las que no estuvieron con nosotras ayer.

«Moisés hizo partir a Israel del mar Rojo (¡donde había mucha, mucha agua!) y salieron hacia el desierto de Shur; anduvieron tres días en el desierto y no encontraron agua.

Así que tuvieron esta gran celebración, un gran culto de adoración, pero ahora han llegado a un desierto.

«Anduvieron tres días en el desierto y no encontraron agua».

¡Imaginate! De un extremo a otro: ¡de mucha agua . . . a nada de agua! Y entonces, finalmente, encuentran algo de agua (v. 23). Y sus corazones debieron haber latido de entusiasmo . . . pero cuando probaron esa agua, hallaron que era amarga. Ellos llegaron a Mara, que significa «amarga».

«Cuando llegaron a Mara no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas; por tanto al lugar le pusieron el nombre de Mara. Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos?» (vv. 23-24).

Fíjate, la prueba en el desierto sacó a la superficie lo que había en sus corazones. Ellos habían estado adorando, cantando, tocando sus tamborines, alabando a Dios. Bueno, eso estaba en sus corazones en ese momento, pero lo que también estaba escondido muy adentro en sus corazones era un espíritu de queja y de murmuración, y Dios usaría las circunstancias para tratar con eso.

Ellos se quejaron, ellos murmuraron contra Moisés, «…diciendo, ¿qué beberemos?» Entonces llegamos al versículo 25:

«Entonces él (Moisés) clamó al SEÑOR, y el SEÑOR le mostró un árbol; y él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces».

¡Dulces!

Luego de haber pasado entre esas paredes inmensas de agua del mar Rojo pasaron tres días sin agua, y ahora encontraron aguas amargas; ¿crees que cualquier agua podía ser más dulce que las aguas que Dios proveyó en ese momento?

Bajo la presión de esas circunstancias, Moisés hizo lo que el pueblo debió haber hecho. Él clamó al Señor y cuando lo hizo, el Señor le mostró la respuesta. Ahí fue cuando el Señor le mostró la provisión: el árbol que iba a ser el instrumento del milagro.

A veces me pregunto, si nunca vemos la provisión de Dios, nunca podemos ver Su mano, nunca podemos ver el milagro, el ser libradas de nuestras circunstancias difíciles, porque continuamos murmurando y quejándonos, cuando lo que debemos de estar haciendo es ¡clamando al Señor!

Ahora, no porque clamemos al Señor quiere decir que vamos a ver una respuesta inmediata. Pero con el tiempo, a la manera y en el tiempo del Señor, veremos Su provisión. Y fue luego de clamar que Dios le mostró a Moisés Su provisión.

Moisés cortó ese árbol, lo echó en las aguas amargas, y de una manera que no entendemos (porque no se nos dá más información al respecto) ese árbol sanó las aguas. Las volvió dulces. No sabemos si era un tipo de árbol con propiedades sanadoras, que cambió el agua de amargas a dulces.

No sabemos si fue solo un milagro sobrenatural que Dios hizo sin ningún medio humano (si era simplemente un árbol común). No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que cuando Moisés lo cortó y lo tiró al agua, estas se sanaron, y se volvieron aptas para beber.

Nosotras también sabemos que miles de años después, Dios usó un madero y puso a Su Hijo sobre él. Y allí en el Calvario, Dios «sanó las aguas amargas» de nuestra condición humana caída, de nuestra pecaminosidad. ¡Allí fue donde Él nos dio vida dulce y eterna!, donde Él volvió las aguas amargas en dulces.

Es el Calvario que endulza las aguas amargas, aún cuando tú te encuentres en medio de esas aguas amargas. Aun cuando no hayas experimentado sus aguas dulces, es en la cruz. Es yendo a la cruz, es abrazando el madero para que con el tiempo y a la manera de Dios esas aguas se conviertan de amargas a dulces. De hecho, incluso puedes encontrar esas aguas dulces cuando estás en medio de aguas amargas. ¿Cómo puedes explicar eso? No se puede. Es algo sobrenatural, pero Jesús lo hace en Su cruz.

Así es que las aguas amargas de Mara, que no se podían beber en el versículo 23, ahora en el versículo 25 son aguas dulces.

La Escritura nos dice en Éxodo 15, versículo 25:

«Y Dios les dio allí un estatuto y una ordenanza, y allí los puso a prueba. Y dijo: Si escuchas atentamente la voz del SEÑOR tu Dios, y haces lo que es recto ante sus ojos, y escuchas sus mandamientos, y guardas todos sus estatutos, no te enviaré ninguna de las enfermedades que envié sobre los egipcios; porque yo, el SEÑOR, soy tu sanador» (vv.25-26).

Ahora esos judíos, si lo pudiéramos decir en un sentido neotestamentario, eran «bebés cristianos». Acababan de ser redimidos de la esclavitud. Eran nuevos en esto. Ellos habían sido esclavos por generaciones. No conocían nada que no fuera el yugo de Egipto.

¡Y ahora Dios los ha liberado, y sus ojos están llenos de asombro, y es maravilloso! Pero aún no conocían mucho de Dios. Entonces Dios usa las circunstancias, como esto de «no hay agua» y «las aguas amargas» y «paredes de agua» en el mar Rojo, para enseñarles quién es Él y como Él obra.

  • Dios se les reveló a Sí mismo como «el Señor tu Sanador»
  • Él les mostró que ellos habían sido separados de los egipcios y que había una distinción entre su pueblo y sus enemigos
  • Ellos vieron el milagroso poder de Dios desplegado
  • Ellos fueron probados
  • Ellos aprendieron más de Sus mandamientos y Sus caminos
  • Ellos aprendieron un nuevo nombre de Dios

Dios muchas veces nos guía, como Él lo hizo con sus hijos en ese día, hacia aguas amargas, a lugares donde nos encontramos perdidas, con dolor y desaliento. Pero a medida que leemos la historia de los israelitas, recordamos que Dios es siempre soberano sobre cada una de las circunstancias que tocan nuestras vidas.

Ninguna de esas circunstancias puede tocarnos si no está primero filtrada por el amor de Dios, Su permiso, Su mano, Su gracia. Y Él utiliza esas circunstancias para probarnos y enseñarnos. En ese proceso se nos revela más quién es Dios; «Yo soy el Señor tu Sanador».

Nosotras nunca podremos experimentar ese asombro, esa realidad, y ese aspecto del carácter de Dios, si no hubiera sido por haber probado primero esas aguas amargas, ¿no es así? Si solamente tenemos aguas dulces, ¿por qué necesitaríamos saber que Dios es el que nos sana y nos libra de nuestros propios males espirituales y de otras enfermedades y dolencias?

Tus circunstancias, mis circunstancias son una oportunidad para Dios intervenir y demostrar Su poder sobrenatural. Matthew Henry, el comentarista, dice,

«Aunque Dios por un tiempo ordene a Su pueblo acampar alrededor de las aguas amargas de Mara, no será su lugar para siempre. No desmayemos en medio de nuestras tribulaciones».

Así que ahora el pueblo ha experimentado el no tener agua, ellos experimentaron aguas amargas, y experimentaron aguas dulces. Pero Dios tiene aún más para su pueblo. Ahora Él quiere llevarlos a un lugar de abundantes aguas.

Leemos en el versículo 27 de Éxodo 15:

«Llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas».

¡Todo un oasis suficientemente grande para dos o tres millones de judíos atravesando el desierto! A la temporada de prueba le siguió una temporada de refrigerio.

Hermanas, Dios sabe cuándo nosotras necesitamos tiempos de refrigerio. Él sabe cuándo podemos manejar la prosperidad, y Él sabe que no podemos manejar periodos constantes de prosperidad y abundancia, porque si nunca sentimos necesidad, no desearíamos la tierra prometida!

Nosotras estaríamos conformes con quedarnos en el desierto, tentadas a aceptar menos de lo que Él nos tiene reservado. Elim tenía la intención de provocar gratitud en el corazón del pueblo de Dios, y mayor confianza y dependencia de Dios. Su espíritu independiente estaba siendo desarraigado de sus corazones.

Dios tiene el propósito de darle a su pueblo (y el propósito de darnos a nosotras) esos lugares «Elim», para darnos un sabor de los gozos eternos que nosotras experimentaremos en Su presencia. Escucha estos versículos de Apocalipsis 7.

El versículo 17 dice: «Pues el Cordero en medio del trono los pastoreará y los guiará a manantiales de aguas de vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos».

Hay un Elim que viene, un lugar de refrigerio, manantiales de agua, árboles sombra y la presencia de Dios, ¡por toda la eternidad! ¡No más aguas amargas, no mas falta de agua, solo abundancia!

Y en Apocalipsis 22, versículos 1 y 2 dice:

«Y me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, en medio de la calle de la ciudad. Y a cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce clases de fruto, dando su fruto cada mes; y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones».

Así es que aquí ves un lugar de eterna abundancia, dicha, felicidad, fortaleza, fertilidad, salud y sanación para las naciones. ¿No necesitamos eso? Dios promete que pasará. ¡Habrá un eterno Elim en la presencia de Dios!

¡Así que Elim era maravilloso! ¿Querrías quedarte allí para siempre? ¡Por supuesto que sí!

Pero ese no era el plan de Dios para los israelitas, y no es el plan de Dios para nosotras. Los israelitas aún no estaban al final de su jornada.

Existen los Elims terrenales. Hay momentos en que Dios te bendice con dulces experiencias que nos recuerdan Su presencia, pero no es el final de nuestro viaje. Dos capítulos después (en Éxodo 17), hay otra prueba, otra oportunidad para que el pueblo de Dios confíe en Su Pastor.

Éxodo 17, versículo 1:

«Toda la congregación de los hijos de Israel marchó por jornadas desde el desierto de Sin, conforme al mandamiento del SEÑOR; y acamparon en Refidim, y no había agua para que el pueblo bebiera».

Y estoy pensando, acabamos de leer eso, ¡hemos estado ahí antes! Sí, hemos estado ahí antes, podrías pensar en tus circunstancias. Tú has tenido momentos duros y difíciles, y luego Dios te lleva a lugares dulces, y he aquí, te levantas y sigues, «¡wao! ¿Y esto qué es?» (como un Dejavu) «¡Estoy nuevamente en este lugar difícil! ¿Qué está pensando Dios? Yo pensé que ya había aprendido la lección de ese lugar “sin aguas”, el de las “aguas amargas”! ¡Pensé que ya había pasado de nivel, y atravesado esto! Pero Dios dice: «No, aún no hemos terminado. Todavia te estamos preparando, probándote, enseñándote, guiándote hacia esa tierra prometida. Tenemos que preparar a mi pueblo para eso».

¿Y cómo respondieron los judíos esta vez? ¿Recordaron lo que Dios había hecho la última vez que no hubo agua? ¿Le dieron gracias por Su presencia, por Su guía en sus vidas? ¿Cantaron ellos, «donde Él me guíe, fiel le seguiré»? ¿Dijeron ellos, «me guía Él, me guía Él, con cuanto amor me guía Él»? ¿Le dieron gracias a Él por Sus promesas, confiaron ellos que Dios proveería lo que necesitaban en ese momento, como lo había hecho anteriormente?

Y la respuesta fue, «¡no!» Miren el versículo 2:

«Entonces el pueblo contendió con Moisés, y dijeron: Danos agua para beber. Y Moisés les dijo: ¿Por qué contendéis conmigo? ¿Por qué tentáis al Señor? Pero el pueblo tuvo allí sed y murmuró el pueblo contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos has hecho subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados? Y clamó Moisés al Señor diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? Un poco más y me apedrean» (vv. 2-4).

¡Al que los había liberado fuera de Egipto, ahora estaban listos para matarlo! De «héroe» a «villano» (de la exaltación a la humillación) en solo pocos días.

«Y El Señor dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo y toma contigo algunos de los ancianos de Israel, y toma en tu mano la vara con la cual golpeaste el Nilo, y ve. He aquí, yo estaré allí delante de ti sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, (donde Dios está parado ante su pueblo) y saldrá el agua de ella para que beba el pueblo. Y así lo hizo Moisés en presencia de los ancianos de Israel» (vv. 5-6).

Hay muchas, muchas lecciones que pudiéramos sacar de este pasaje:

  • La roca que fue golpeada es una figura de Cristo siendo golpeado por nosotras
  • ¿Quién dio el agua, quién era el agua? Cristo Jesús mismo dio el agua para su pueblo
  • Él fue quebrantado para que nuestra sed fuera satisfecha
  • Él tuvo sed para que nosotros tuviésemos agua viva
  • Aquí tenemos muchas lecciones que nos apuntan a Cristo.

Pero Moisés hizo lo que Dios le dijo que hiciera:

«…en presencia de (todos) los ancianos de Israel. Él llamó aquel lugar el nombre de Masah y Meriba, por la contienda de los hijos de Israel, y porque tentaron al Señor diciendo: ¿Está el Señor entre nosotros o no?» (vv. 6-7)

Así es que el pueblo de Dios aún no había aprendido lo que lo que necesitaban aprender.

Esa experiencia fue como un kindergarten, un prekinder. Pero aprendes matemáticas de prekinder y eso no quiere decir que no vuelves a estudiar matemáticas de nuevo. Luego del prekinder va el kinder y luego el primer grado, segundo grado y tercer grado. Luego viene el bachillerato y luego la universidad.

El punto es que hay que seguir aprendiendo. ¡Hay mucho más que aprender! Tú no pasas el examen de un año y piensas, «¡oh, ya sé todo lo que tengo que saber….. sobre cualquier materia.

Así es que se necesitaba una nueva prueba; un nuevo año, un nuevo currículo, una vuelta más, recorriendo el mismo trayecto. Pero con cada nueva prueba, con cada vuelta nueva y con cada nueva dificultad, nuevas misericordias y nueva gracia fueron provistas por Dios, nunca faltaron.

Y todo esto—esas múltiples lecciones, y si miramos hacia atrás donde hemos estado y pensamos que ya hemos aprendido—es todo con el propósito de despojarnos de nuestra autosuficiencia y confianza en nosotras mismas. Es para que nos sintamos insatisfechas con cualquier otro placer aparte de lo que Dios nos provee, para hacernos dependientes de Él y para moldearnos y equiparnos para nuestro hogar final.

A medida que pasamos por estos lugares de pruebas, estos lugares de problemas, aflicciones y dificultades, el Dios que nos salvó, nos redimió y ha provisto para nosotros en el pasado, ¿no cuidara de nosotros en nuestro caminar de aquí hasta nuestro destino final? Así es como aprendemos a aconsejar nuestros corazones, recordándonos a nosotras mismas, y refrescando nuestras mentes.

Mira, lo natural es airarnos y hacer las cosas con una actitud de resentimiento: «¡Tú nos trajiste aquí para matarnos! Tú nos mudaste a este lugar, le dices a tu esposo, «para matarnos a nosotros y nuestros hijos». ¿No es así? ¿Has dicho o pensado algo parecido? Quizás lo has pensado en contra de Dios diciendo: «¿Qué estás haciendo?»

Ahora, como mujeres cristianas evangélicas, sabemos que no decimos esas cosas, aunque es sorprendente lo que sale de nuestras bocas cuando estamos en dificultades. No entendemos, no comprendemos los propósitos de Dios. ¡Él está escribiendo un guión que nosotras jamás hubiésemos podido escribir!

Pero todo esto es para recordarnos que debemos aconsejar nuestros corazones de acuerdo a la verdad que conocemos y sabemos de Dios, cómo Él nos ha redimido. Él nos ha libertado. Si Él ha salvado nuestras almas de eterna maldición, «¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas» con Cristo, que necesitamos ahora y hasta el final de nuestro caminar? (Rom 8:32).

«No teman, manada pequeña», dice Jesús en Lucas 12 cuando les dijo a sus discípulos, «no se preocupen por lo que han de comer, lo que han de beber, y lo que van a vestir, ni dónde van a vivir. No teman manada pequeña, es la buena voluntad del Padre darles el reino». ¡El reino es nuestro por medio de Cristo nuestro Señor!

No siempre nos sentimos así; no siempre se ve así. Es esa la razón por la cual debemos mirar hacia atrás y repasar la fidelidad de Dios. ¡Esa es una de las cosas que amo (cuando celebro mi cumpleaños espiritual, la fecha de mi nuevo nacimiento, de mi conversión), tengo un historial con Dios!

El mío no es muy grande, pero Él tiene un historial perfecto de Sus promesas cumplidas y de sus provisiones hechas realidad. Así es que cuando miro hacia atrás, veo lo que Dios ha hecho.

Miro hacia arriba en medio de la crisis y de las pruebas y de los retos y digo, «¡Señor, yo no sé cómo tú vas hacer esto! Yo no quiero quejarme. Yo quiero adorarte. quiero confiar en ti en esta prueba. Y si ahora no puedo ver cómo vas a proveer, entonces tengo que mirar hacia adelante a Tus promesas, lo que Tú has prometido, lo que los demás han experimentado, y lo que Tú has dicho que tienes guardado para aquellos que confían en Ti».

Es más de lo que nuestros ojos pueden ver, o nuestros oídos oír, o nuestra mente explicar. ¡Es asombroso! ¡Es maravilloso! Leo esas promesas en la Palabra de Dios y digo: «¡Me voy a aferrar a estas promesas!» Muchas veces en una fe cruda y desnuda, sin ver, pero creyendo y sabiendo que un día la oración será alabanza y la fe será vista. Veremos con nuestros ojos aquello en lo que confiamos por fe.

Bueno, en este vuelo rápido por el libro de Éxodo vemos al agua y el pueblo de Dios y los propósitos de Dios, y lo hemos hecho con diferentes escenas.

  • Cómo Dios guía a una madre llena de fe a colocar su bebé recién nacido en el río Nilo.
  • Cómo Dios usó ese río que el Faraón estaba usando para matar a todos los niños judíos, precisamente para preservar aquel que iba a liberar a su pueblo de la esclavitud.
  • Cómo Dios respondió a la resistencia del Faraón al negarse en dejar ir a su pueblo, tornando las aguas de Egipto en sangre. Dios es poderoso sobre el llamado «Dios del Nilo» y sobre los demás llamados «dioses» en este mundo.
  • En Éxodo capítulo 14, vemos el mar Rojo, ese vasto cuerpo de agua, y cómo Dios libró a su pueblo y destruyó a sus enemigos, culminando en un asombroso, y fantástico culto de celebración y adoración. Y luego, el próximo paso, el desierto, donde ellos pasaron las próximas cuatro décadas.
  • ¡En un espacio de tres días, ellos estuvieron experimentando las consecuencias de no agua, «de muchísima agua a nada de agua!»
  • Entonces llegan al agua, pero son aguas amargas. No las pueden beber. Y entonces Dios torna las aguas amargas en dulces.
  • Luego Dios vuelve las aguas dulces en abundante agua, un oasis de agua, un Elim, una imagen de nuestra eterna satisfacción y gozo en el río de las delicias de Dios cuando estemos con Él en del cielo.
  • Ahora vuelven al mismo punto porque aún no están en el cielo. No han llegado a la tierra prometida todavía. Regresan a un lugar donde no hay agua, a Refidim

Dios guió a Su pueblo a cada uno de estos lugares, Dios proveyó en cada uno de ellos, Dios les enseñó en cada uno de esos lugares.

Así que mientras piensas qué tipo de aguas estás enfrentando hoy, recuerda primero que no siempre será igual. A medida que enfrentas lo que sea, confía en que Él te guía, provee para ti, y te enseña. Permite que estas aguas de diferentes tipos te continúen llevando a Cristo, el Agua viva, quien fue golpeado, escupido por nosotros, y que de Él salgan ríos de agua viva para vida eterna.

Y recuerda que donde quiera que estés, no estarás ahí para siempre, hasta que juntas estemos en ese día sin final en Su presencia. Encuentro mucho aliento y una perspectiva correcta mientras leo las palabras que Fanny Crosby, quien escribió por los 1875, pero igual de dulces y preciosas para nosotras hoy, cuando nos recuerdan:

Cristo es guía de mi vida, ya no hay nada que temer

Nunca puedo yo dudarle, pues me sabe defender

Paz, consuelo y vida eterna por la fe yo tengo en Él

Y con Él ya nada temo porque Cristo es guía fiel

Y con Él ya nada temo porque Cristo es guía fiel

Cristo es guía de mi vida, libre estoy de todo afán

En las pruebas me da gracia, es de mi alma el vivo pan

Si de sed estoy muriendo, si mi paso lento va

Él prepara fuente viva que a mi ser refrescará

Él prepara fuente viva que a mi ser refrescará

Cristo es guía de mi vida, oh qué plenitud de amor

En su hogar celeste ofrece dar descanso el Salvador

Cuando de este mundo parta viviré con Él, yo sé

El Señor mi vida ha guiado, por los siglos cantaré

El Señor mi vida ha guiado, por los siglos cantaré

¡Amen!

Annamarie: Amén. Has estado escuchando a Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Sea cual sea la circunstancia que estés enfrentando hoy, Dios tiene un récord, un historial perfecto de fidelidad y provisión. Puede que tú no sepas como manejar tu vida en este momento, pero puedes escoger confiar en el Dios que sí puede, y puedes adorarle a Él.

Este recordatorio del libro de Éxodo es el tipo de enseñanza cristocéntrica que Aviva Nuestros Corazones se ha comprometido a traerte. Puedes escuchar estos programas a través de la radio, de nuestra aplicación, llamada Aviva Nuestros Corazones, o de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí en nuestro sitio web, puedes buscar recursos por tema, Escritura o autor.

Los creyentes en Cristo somos muchas veces conocidos por aquello a lo que nos oponemos, más que por aquello en lo que creemos. En nuestra próxima serie, Nancy te ayudará a entender con mayor claridad lo que la Biblia afirma. Aprende cómo reflejar belleza y paz como una mujer verdadera que ama a Dios. Te esperamos aquí para esta próxima serie de Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

All The Way My Savior Leads Me, Paul Croft, Relaxing Hymns on Piano, Vol. 1, ℗ 2015 West Wood Records

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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