Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Quién necesita tus palabras de ánimo?

Annamarie Sauter: El apoyo que nos podemos brindar unas a otras es algo poderoso, más poderoso de lo que imaginamos; pero de igual forma lo es el desaliento. Con nosotras Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Se supone que nos deberíamos estar ayudando y animando unas a otras, de tal manera que esas semillas de desánimo no echen raíces ni generen una situación de depresión, ira o violencia; como hoy sucede en tantas vidas, aún dentro de la iglesia.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Todas necesitamos vida en comunidad. Nancy nos explica por qué, al continuar con la serie «Aliéntense unos a otros».

Nancy: El libro de Hebreos se escribió a los creyentes hebreos que sufrían por su fe en Cristo, ellos estaban experimentando los retos de ser una pequeñísima minoría en un medio muy hostil; necesitaban recibir palabras de ánimo. La Carta a los Hebreos se escribió para animar a estos nuevos creyentes judíos en su fe y en su caminar con Dios.

Estaban viviendo en un mundo que no simpatizaba con su fe. Muchos judíos no aceptaban a Jesús como su Mesías. Los gentiles, con frecuencia rechazaban una fe de origen judío. Entonces este pequeño grupo de creyentes judíos, que trataba de caminar con su Dios, necesitaba conocer el evangelio y los caminos de Dios, así como el corazón de Dios, para ser animados en su fe, para animarles a ser fieles y a perseverar cuando todo a su alrededor les desalentaba en cuanto a  permanecer en la fe.

Pienso que el libro de Hebreos es un libro muy útil y práctico para nuestros días. Si tú eres una hija de Dios rendida y comprometida, entonces estarás viviendo como parte de una minoría muy distinguida, un pequeño remanente dentro del mundo, en ocasiones distinto aún al mundo evangélico, que no acepta los caminos de Dios y no se compromete en la misma manera que tú lo haces.

A veces te encuentras pensando, «¿Estoy yo mal, o es el mundo entero el que está mal?» Empiezas a sentirte única dentro de un pequeño círculo que anhela los caminos de Dios y desea aplicar la Palabra de Dios a todas las situaciones de la vida. Las Sagradas Escrituras están para animarnos, para establecer el fundamento de nuestra fe, y ayudarnos a ver como caminar de manera que seamos agradables al SEÑOR.

En el programa anterior estuvimos hablado acerca de animarnos unos a otros. No debería sorprendernos el hecho de que el escritor de Hebreos no sólo nos diga: «Así es como ustedes pueden recibir ánimo»; sino  que también nos  advierta, «necesitan desarrollar el ministerio de animar o de exhortar».

Necesitamos alentarnos unos a otros. Si no se tienen el uno al otro, si no permanecen juntos, si no se fortalecen y se animan la una a la otra, se van a desanimar.

O van a desmayar. Van a quedar fuera de la carrera, no van a perseverar. Verás, el cuerpo de Cristo es uno de los medios más preciosos y poderosos que Dios nos ha concedido como creyentes para perseverar en la fe. Esto es lo que nos mantiene en la carrera.

Necesitamos de la Palabra de Dios; necesitamos el Espíritu de Dios, el evangelio de Dios, esto es lo que nos anima y mantiene en marcha. Uno más de los instrumentos de gracia que Dios nos ha provisto es precisamente el pueblo de Dios, la iglesia de Jesucristo.

Así que al llegar al capítulo 3 de Hebreos, en el versículo 13, donde el escritor  dice, a la luz de lo que está sucediendo en tu mundo, a la luz del hecho de que conformen una minoría pequeña que busca vivir su fe en medio de un mundo hostil, les digo: «exhórtense unos a otros».

Algunas versiones dirán «anímense unos a otros». Es la misma palabra de la que hemos estado hablando, la cual se refiere la idea de colocarse al lado de otro, convertirse en un paracleto para otra persona. No intentes vivir por ti misma, el escritor está diciendo, se necesitan los unos a los otros.

Dice exhórtense  unos a otros. ¿Qué tan seguido? A diario, todos los días. ¿Con qué frecuencia necesito yo recibir palabras de ánimo? Y ¿Qué tan frecuentemente debo yo hacer lo mismo para otros? Necesitamos mantenernos en una búsqueda, consciente e intencional, de oportunidades para animarnos los unos a los otros, todos y cada uno de los días de nuestra vida. Debo escribir en mi lista de cosas por hacer cada día: animarnos los unos a los otros, exhortarnos los unos a los otros, y así mismo permitirles a otros desarrollar ese rol en nuestras vidas también.

El escritor de la Carta a los Hebreos continúa explicando por qué este hecho es importante. Él dice: «Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado» (v. 13).

Él nos advierte, pienso yo, acerca de tres cosas que sucederán si no nos animamos los unos a los otros. Primero, nuestros corazones se endurecerán. La gente se endurece cuando no recibe palabras de ánimo.

Pensando en quién ha mostrado últimamente endurecimiento en su carácter, alguien me vino a la mente, una colega. De pronto concluí, «ella está desanimada». Dios me mostró que necesito desempeñar un rol en la vida de esa persona, colocarme a su lado y ayudar a alentarla. Si no nos animamos los unos a los otros nuestros corazones se endurecerán.

 Si no nos animamos los unos a los otros, seremos engañados. Como una amiga solía decir, «la última persona en darse cuenta de que la chaqueta está deshilachada es precisamente la persona que la lleva puesta». Tenemos puntos ciegos, eso significa que no nos percatamos de asuntos en nuestras propias vidas. Así que necesito de gente a mi alrededor que me ayude a ver cosas en mi vida que por mi misma no puedo ver.

 «Exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado». Entendamos que mientras nos exhortamos y animamos unos a otros, nos protegemos los unos a los otros del pecado.

Ahora bien, al llegar al capítulo 10 de Hebreos—vayamos allá por favor, encontramos este mismo tema expuesto de manera diferente… la realidad es que me hubiera gustado poder leer todo el capítulo porque es un pasaje muy rico. Empezando en el versículo 19, el escritor a los hebreos está hablando acerca de cómo podemos estar confiados a través de lo que Cristo ha hecho por nosotros en la cruz, tenemos confianza para acercarnos. Cristo es nuestro Sumo Sacerdote.

Y luego dice en el versículo 22, «acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe. . .»

Pasamos al versículo 23: «Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió».

Y luego los versículos 24 y 25: «Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos—animándonos, paracleto, posicionándonos al lado— unos de otros, y mucho más al ver que el Día se acerca».

Permíteme simplificar esto. El escritor a los hebreos está diciendo que hay dos cosas que necesitamos hacer. Primero, necesitamos acercarnos a Dios.  No puedes sostener tu vida espiritual si no te estás acercando a Dios conscientemente, de manera constante e intencional.

Pero, luego también nos dice que debemos ser intencionales al acercarnos los unos a los otros. Necesitamos acercarnos unos a otros, este acercamiento de los unos a los otros es la forma en que podemos evitar el desmayar en la fe, y nos ayuda a promover la fidelidad y perseverancia en nuestro caminar con Dios.

Estamos sosteniéndonos los unos a los otros. Estamos diciendo, «Si tú caes, nos caemos juntas porque yo voy contigo. Estoy ligada a ti. Voy a permanecer a tu lado y te ayudaré a mantenerte a cuentas. Necesito que hagas lo mismo por mí, y juntas, por la gracia de Dios, en esta hora difícil permaneceremos firmes».

Él dice, «y mucho más al ver que el Día se acerca». ¿Qué Día? (Escrito con mayúscula en la mayoría de las versiones bíblicas en inglés). Se trata del regreso de Cristo. Él está diciendo que el regreso de Cristo está acercándose, y entre más nos acerquemos al retorno de Cristo, mayor será la persecución, la tentación a desfallecer. Necesitamos sostenernos los unos a los otros.

Ahora, en ese contexto, permíteme hacer un comentario acerca de la importancia, la necesidad de una iglesia local. Si no estás conectada de manera orgánica, quiero decir, conectada de manera significativa con la vida de un cuerpo de creyentes en tu localidad, estás preparándote para fracasar espiritualmente. El medio que Dios estableció para ayudarnos a permanecer firmes, y para exhortarnos y animarnos unos a otros, es la iglesia. Pero necesitas un cuerpo de creyentes que te conozca, te ame, con quienes  puedas rendir cuentas mutuamente. No hay sustituto para esto en el plan de Dios.

Así que el escritor dice, «no dejando de congregarnos». Permanezcan juntos. Estén juntos.

Debo compartirles que el domingo pasado me estaba preparando para grabar programas de Aviva Nuestros Corazones. Tenía la fecha encima y todo mi ser me gritaba esa mañana dominical, «de ninguna manera podrás hoy asistir a la iglesia». Sólo dije, «de acuerdo, este es Tu día, SEÑOR. Voy a apartar un tiempo. No veo como lo pueda agendar, pero  allí es donde debo estar».

No soy tan extremista como para decir que ningún domingo por la mañana, en toda tu vida, pueda existir una razón válida para ausentarte de la iglesia. Pero sí estoy diciendo que no hay muchas excusas válidas y buenas para ello. Me sentí tan bien al encaminarme a la iglesia. Encontré que mi espíritu se reanimó, se fortaleció y fue abrazado por creyentes de carne y hueso, recibí la ministración de la Palabra, la ministración del ánimo. Necesitamos la iglesia local. Tú la necesitas. Yo la necesito.

 Se me ha informado que tan solo el 7% de la generación que asiste  a la universidad actualmente, cuando se gradúe de la universidad permanecerá en la iglesia. Está surgiendo una generación, aun dentro del evangelismo que dice, «no necesito de la iglesia» Yo les digo, «sí necesitan a la iglesia». No es perfecta. Tiene sus fallas. Tiene problemas. Cuenta con pecadores, como tú y como yo, pero nos necesitamos los unos a los otros.

Recientemente una mujer me escribió, me urge que ores por mí, durante casi 24 años he sido esposa de mi marido. Mi esposo ha vuelto a sus viejos hábitos de fumar, tomar, maldecir y hacer su voluntad. Mis hijos y yo estamos sufriendo desde que él y mi hijo—ambos— han abandonado al SEÑOR. Mi esposo tiene problemas  con su ira desde su infancia, no quiere buscar ayuda y yo ya no sé qué hacer. Nosotros estamos al borde del divorcio.

A esto se resume su correo, ella dice, «necesito el respaldo de otros cristianos, y no lo tengo». Luego firma como: «Desesperadamente necesitada de ánimo y manos que ayuden».

¿No describe ese mensaje la posición de mucha gente al día de hoy? Digo, si  tan solo tuviéramos ojos para ver… Asistimos a la iglesia, nos arreglamos de la mejor manera, ponemos nuestro nombre en algún gafete, nos miramos unos a otros, estrechamos las manos, y nos preguntamos: «¿Cómo has estado?» «Bien, gracias». ¿Estamos todas bien de verdad? Se me rompe el corazón. Tu matrimonio se desmorona. Tus hijos no te soportan. ¿Y tú dices que estás bien?

Nos envolvemos en tales rutinas, y portamos tantas máscaras. Si tan solo tuviéramos ojos para ver y corazones para comprender lo que está detrás de esos rostros sonrientes. Creo que encontraríamos que hay mucha más gente tan desesperada como la mujer que me escribió.. más de lo que suponemos. Están desesperadas por recibir unas palabras de ánimo y manos amigas que deseen ayudar.

Nos necesitamos las unas a las otras. Eso significa que necesitamos involucrarnos los unos en la vida de los otros, convirtiéndonos en personas vulnerables.

Recuerdo al pastor Ray Ortlund, quien fuera mi pastor cuando yo era estudiante en la universidad en California. Diríamos que la iglesia o el grupo de creyentes promedio es como una bolsa de canicas, gente endurecida que sólo se golpean unos a otros. En cambio deberíamos ser como una bolsa de uvas, exprimidas unas contra las otras, volviéndonos los unos parte de los otros, animándonos y ayudándonos los unos junto a los otros.

Debes estar dispuesta a ensuciarte las manos. Dispuesta a remangarte e involucrarte con gente que no es precisamente simpática o de tu agrado. Y  ¿quién de nosotras inspira simpatía cuando nos encontramos muy desanimadas? Pero si no hacemos esto los unos por los otros, la alternativa sería pasar el resto de nuestras vidas con algún trastorno sicológico, dependientes de medicamentos, consejeros y terapeutas; cuando Dios ha provisto en muchos de estos casos medios de gracia y ayuda de los que no estamos haciendo uso; el cuerpo de Cristo, los unos y los otros.

Debiéramos estar ayudándonos los unos a los otros y animándonos para que esas semillas de desaliento no echen raíces y florezcan en depresiones, ira  y violencia como sucede con frecuencia hoy en día, aun dentro de la iglesia.

Hice una lista por categorías de gente que necesita recibir aliento, ánimo o algún estímulo; tú puedes agregarle más a esa lista. Al escuchar mi lista, tal vez desees tomar nota de ella, o bien escribir el nombre de alguna persona que te venga en mente en cada categoría.

Creo que en el proceso Dios traerá a tu corazón dos o tres personas presentes en tu vida ahora, gente que necesita ser consolada, alentada o animada. Necesitan manos dispuestas a ayudar. Necesitan de alguien quien se coloque a su lado, tal como aprendimos que las palabras exhortar y animar nos instan a hacer.

Debemos animarnos los unos a los otros a diario, y estas son personas que nos rodean en la cotidianidad de la vida. Pídele a Dios que grabe esto en tu corazón: «Padre, revélame por favor ¿a quién has acercado a mi vida con la plena intención de que yo me esfuerce intencionalmente a motivar o animar?»

Permíteme sugerirte que empecemos con nuestras propias familias. Realmente sería hipócrita tratar de animar a todo el mundo y luego ser un elemento de desaliento dentro de las paredes de nuestro propio hogar. Permíteme preguntarte, sólo para hacerte pensar en ello: ¿Animas más a la gente fuera de tu hogar que a los que viven en tu hogar?

Siendo honestas, creo que todas confesaríamos que siempre resulta más fácil animar a gente fuera de nuestro hogar que alentar a quienes viven con nosotros, porque justo con ellos somos como realmente somos. No nos esmeramos por guardar cortesías, modales o apariencias, aunque deberíamos ocuparnos de ello y de cómo afectamos sus vidas. A veces simplemente nos aburrimos de la gente con la que vivimos, la gente con la que nos congregamos en la iglesia, o con quienes trabajamos; pues debemos resolvernos a redoblar esfuerzos y lograr estimular sus vidas como nunca antes.

El punto de partida para un ministerio de exhortación es el mismo hogar. Permíteme sugerirte que empieces con tus propios padres, reconociendo que debemos honrarlos sin importar la edad, sin importar que sean creyentes o no; que tengan un corazón para Dios o no; independientemente de que hayan sido buenos padres o no, debemos darles honra. Alentar a nuestros padres es una forma de honrarles.

Anoche estaba ocupadísima y muy atrasada en los preparativos para esta grabación, tenía una lista enorme de cosas por hacer, pero aun así, sentí una urgencia por llamar a mi mamá, aunque sabía que eso me tomaría algo de tiempo. Ya habían pasado días sin que conversáramos, y yo estaba consciente de su necesidad de ser animada. Así que, aunque me sentía abrumada por cosas urgentes, juzgué importante levantar el teléfono y llamarla. La conversación duró más o menos una hora, pero fue una dulce charla, ella lo necesitaba, yo lo necesitaba. . . nos necesitábamos la una a la otra.

Al principio me resistía a marcar su número porque pensaba, «no tengo tiempo para hacerlo». Pero te diré algo, si la decisión es la correcta, entonces tendrás el tiempo para hacerlo. Pudiera ser que hace mucho que no te comunicas con tus padres, pero esperas que ellos te busquen para darte el aliento que nunca te brindaron cuando te estaban criando. No esperes a que ellos vengan a ti. Humíllate, búscalos y pídele a Dios que te dé las palabras o las maneras posibles  para que tú animes a tus padres, devolviendo a sus vidas un poco de lo que ellos te han dado a través de los años.

Empieza con tus padres, luego pudiera haber por ahí hermanos o hermanas carnales que necesitas animar, aún si son adultos. Y luego el asunto se torna hacia tu cónyuge. Esposa, ¿me permitirías resumirlo simplemente así: «tu marido necesita que tú seas su porrista número uno»?

¿Me permites añadir algo más? si no vas a convertirte en la mejor animadora en la vida de tu marido, habrá muchas otras mujeres dispuestas a hacerlo. ¡Esa animadora número uno, esa porrista debes ser tú!

No es de sorprender, aunque no hay justificación para ello, que tantos matrimonios se están rompiendo hoy día porque un hombre va a su trabajo y encuentra allí mujeres que no escatiman en dar palabras de ánimo, que reconocen sus virtudes, que les escuchan con atención. Mujeres que se muestran interesadas y consternadas al enterarse de sus problemas. En el área de trabajo él tiene mujeres que muestran creativamente su aprecio y admiración; pero al llegar a casa  se topa contigo, su esposa, con tu indiferencia, tu desaliento, tus quejas, tantas como una gotera en el fregadero.

Cierto, que la esposa puede estar reaccionando de esta manera porque ella misma está desanimada, pero déjame decirte que si deseas mantener tu matrimonio intacto, lejos de cualquier amenaza, una de las cosas que necesitas rogarle a Dios es que te enseñe cómo alentar a tu marido. Tu hogar debe ser un sitio donde tu marido se sienta no sólo a gusto sino seguro, donde encuentre un refugio, donde encuentre a alguien que le levante y le fortalezca.

Si eres casada, tu esposo debería ser la primera persona en tu lista de personas a quien buscaras y te esforzaras a animar. Me vendría bien aquí hacer un paréntesis y ofrecer palabras de advertencia —deberías estar animando a tu propio marido y ser muy cautelosa y reservada al alentar al esposo de otra. Pudiera ser que en tu trabajo algún hombre se haya ganado tu respeto y admiración. Solamente lo ves en el trabajo. Tú no vives con él, pudieras añorar vivir con él, pero no vives con él.

Existen maneras apropiadas para que nosotras las mujeres demos palabras de aliento a un hombre casado, al esposo de otra mujer, pero cuidado, es muy fácil sobrepasar los límites apropiados. Dios te proveerá de sabiduría para hacerlo. Un parámetro que a mí me ha funcionado cuando deseo animar a un hombre de Dios, un pastor o a alguien con quien estoy trabajando y quien ha sido una bendición a mi vida, es lo siguiente: trato de hablar con él y con su esposa juntos, les hago saber cuán gran bendición y aliento han sido para mí y cuánto les aprecio. Les confieso lo que valoro de sus vidas, su ministerio. Encuentro que eso es una forma más adecuada para transmitir ánimo al esposo de alguien más, involucro a la esposa y la animo a ella también.

Tu exhortación puede causar una gran diferencia en la vida de tu esposo, y en la manera en que él aprenda a animarte a ti. Ahora, no querrás alentarlo de una manera manipuladora, para obtener lo que deseas. Recuerdo a una mujer que nos escribió a Aviva Nuestros Corazones. Ella nos compartió que le insistió a su marido varias veces acerca de su deseo de que ambos asistieran a una conferencia para matrimonios, esto era algo que ella realmente deseaba hacer, pero él fue muy claro en expresar su rotunda negativa, así que sabiamente ella abandonó el asunto por la paz.

Pero luego nos contó en su carta sobre un diario que ella empezó a escribir un año atrás, lo hizo para apreciar todo lo que  su marido hacía como padre por sus dos hijos. Ella le entregó ese diario como un regalo el Día del Padre, sólo un diario de cosas que ella había escrito sobre los momentos y hechos que ella había notado con respecto a su grandiosa labor como padre. Ni siquiera estaba pensando ya acerca de la conferencia para matrimonios cuando entregó su diario de amor y admiración. Sólo se ocupaba de ser una «animadora».

Y luego nos escribe «yo no esperaba que esto lo tocara como lo hizo. Poco a poco mi esposo comenzó a ser cada vez más expresivo acerca de sus sentimientos hacia mí y acerca de lo mucho que yo significaba para él. Estas son las pequeñas cosas que siempre había anhelado y que atesoro más en nuestra relación».

Luego nos contó cómo al acercarse la Navidad, un día después de recoger el periódico, él la buscó para preguntarle: ¿Qué deseas que te regale esta Navidad?

Ella simplemente dijo, «tengo todo lo que necesito. No se le ocurrió algo que pedir. Él insistió, pero la respuesta no varió, entonces él mismo sugirió: «¿Qué tal la conferencia para matrimonios a la que deseabas asistir? ¿Nos podemos aún inscribir para asistir?» Le dijo que ese sería su regalo de Navidad y su regalo de aniversario de veinte años de matrimonio.

Ella nos escribió para dejarnos saber cuán agradecida estaba de que Dios le hubiera dado la idea de ser una animadora para su marido, y de cómo un cuaderno de anotaciones, algo tan sencillo, pero lleno de palabras de aprecio, atención y ánimo pudiera ministrar a su marido de tal forma que él a su vez deseara ser de ánimo para su esposa.

 Alentémonos los unos a los otros a diario, dice Hebreos 3:13, «Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado».

Mañana veremos otros grupos de personas que necesitamos animar, otras categorías de personas necesitadas de ánimo, pero hoy comienza por ser una alentadora de tu familia, y di, «SEÑOR, ¿habrá alguien en mi hogar, alguno de mis hijos, mi cónyuge, mis padres, mis suegros o familia lejana a quien debo animar? ¿A quién has colocado en mi senda que requiere de estímulo ahora mismo?» Luego pide dirección para entender cómo obedecer, cómo animar a ese alguien.

Annamarie: Tus palabras podrían marcar la diferencia en la vida de alguien. Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado enseñando cómo en esta serie llamada «Aliéntense unos a otros».

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Bueno, en el  programa de mañana Nancy describirá otras personas que necesitan nuestras acciones y palabras de aliento. Acompáñanos nuevamente en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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