Podcast Aviva Nuestros Corazones

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Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice, “Si las iglesias valoran más la relación con el mundo que la santidad…”

Nancy DeMoss Wolgemuth: …entonces creo que al final haremos algunas cosas que nos harán perder la presencia de Dios.  Lo que digo es que los pecadores deben sentirse incómodos en la presencia de un Dios Santo. Lo que estoy diciendo es que los pecadores nunca se convertirán verdaderamente hasta que hayan experimentado la convicción del Espíritu de Dios sobre el pecado.  Y eso no es algo cómodo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Parece que todas quieren sobresalir.  Pero, ¿cuántas quieren ser santas?  Nancy va a hablar acerca de esto durante esta semana, dentro de una serie acerca del avivamiento personal titulada En Busca de Dios. Aquí está Nancy.

Nancy: Hemos estado hablando acerca de cómo hay una tendencia en nuestra generación de dejar que el mundo se filtre dentro de la Iglesia y permitir que la Iglesia luzca más como el mundo perdido que está afuera. Se supone que debemos estar influenciando al mundo, pero muy a menudo ocurre que el mundo, el mundo secular, el mundo que no conoce a Dios, nos está influenciando a nosotros con sus valores, sus maneras de pensar, y sus normas.

Hay un hombre en el Antiguo Testamento que verdaderamente admiro.  La razón porque lo admiro es que él fue un hombre que rehusó ser absorbido por la seducción del mundo. Su nombre era Nehemías. Nehemías nunca se acostumbró al pecado.

Has escuchado la historia de la rana y la cafetera. La historia dice que si echas la rana a la olla de agua hirviendo, esta inmediatamente brincará fuera de la olla.  Pero si la echas en una olla con agua a temperatura ambiente y luego le subes al fuego lentamente, puedes cocinar esa rana hasta la muerte porque se va acostumbrando a  la temperatura del agua.  Se acostumbra y no se da cuenta que la están cocinando hasta la muerte.  

Pienso que la rana en el agua que se cocina gradualmente es una imagen de cómo muchos de nosotros funcionamos hoy.  Nuestros ojos gradualmente se han acostumbrado a la oscuridad de nuestro alrededor.  Luego, tendemos a integrarnos y ajustarnos a ella.

Nehemías nunca se ajustó a la oscuridad.  Nunca se acostumbró al pecado aun cuando todos alrededor de él perdieron la sensibilidad.  Estaban aceptando las cosas y ajustándose a los tiempos.  Pero Nehemías no.  He aquí un hombre que tenía la Ley de Dios escrita en su corazón.  

Él tenía un amor por Dios, una pasión por Dios, y una pasión por la santidad que lo llevaba a dolerse cuando la ley de Dios estaba siendo ignorada.  Esto le preocupaba a él profundamente.

Déjame darte un poco de historia y luego quiero decirte acerca de la vida de Nehemías. Nehemías fue uno de los judíos exiliados que vivió en Persia en los años 400 a.C. Esdras, quien fue un contemporáneo de Nehemías, en un momento dado guió a un grupo de esos exiliados de regreso a su tierra natal, de regreso a Jerusalén, para reedificar el templo que había sido demolido.

Catorce años más tarde, después que esos exiliados originales regresaron a reedificar el templo, Nehemías, quien todavía estaba en Persia, recibió palabra que los muros de la ciudad estaban derribados y sin reparar, que todavía había trabajo que hacer en su tierra natal de Jerusalén.  

Así que Nehemías (para hacer la historia más corta) dejó su trabajo cómodo donde tenía una posición fácil sirviendo al rey, y él hizo un viaje de 900 millas para ayudar a sus compañeros Judíos a restaurar la ciudad y reedificar las murallas.  Cuando Nehemías llegó a Jerusalén – ¿recuerdas la historia? – él se enfrentó con increíble oposición de diversos orígenes.

Pero hubo  tres personas que son nombradas como aquellas que encabezaron la oposición…  ¿Te acuerdas de Sanbalat y Tobías y Gesem?  Estos tres extranjeros se habían determinado a no dejar que los judíos re-edificaran Jerusalén. Pero a pesar de la oposición, los muros finalmente fueron reconstruidos.

Nehemías se convirtió en el gobernador de Judá y, junto con su amigo Esdras el sacerdote, dirigieron su atención a reedificar el fundamento espiritual y moral que se había deteriorado.  Ellos habían reedificado las murallas físicas; ahora necesitaban reedificar los fundamentos espirituales y morales.

De manera que en Nehemías, capítulos 8 al 10, lees la historia del gran avivamiento que ocurrió cuando la gente fue desafiada a arrepentirse y a convertirse a la Palabra de Dios, la cual habían descuidado por tanto tiempo.  Como parte de ese avivamiento (todavía siguiendo con la historia), la gente hizo un pacto con Dios.  En ese pacto ellos acordaron tres cosas.  

Puedes leer estas tres partes del pacto en el capítulo 10 de Nehemías.  Número uno: acordaron que no se casarían con personas de las naciones incrédulas a su alrededor.  Dios quería que Su pueblo fuera una simiente santa, linaje santo, a través de quien vendría Cristo el Mesías, el Salvador del mundo.  ‘Mantén el linaje puro.  No se unan en yugo desigual con incrédulos.  Mantén el linaje puro’.  Y el pueblo dijo, “Obedeceremos a Dios en este asunto”.

Luego, en el versículo 31 del capítulo 10, acordaron una segunda cosa.  Ellos dijeron, “No compraremos ni venderemos, o sea no comerciaremos en el día de reposo.  Honraremos el día del Señor,” (parafraseado).  Esa era una ley que  les había sido dada muchos años antes, pero habían descuidado la Palabra de Dios.  Ellos regresaron en este tiempo de avivamiento.  Hicieron un pacto.  Ellos dijeron, “Empezaremos a guardar el día de reposo otra vez”.  

Luego, número tres, en el versículo 32 y en el siguiente capítulo 10. Ellos dijeron, “Supliremos las necesidades del templo y las necesidades de los Levitas.” (parafraseado)  De nuevo, esto es algo que  ellos debían de haber estado haciendo desde hacía tiempo.

De manera que hicieron este pacto y lo firmaron.  Estuvieron de acuerdo con el.  Pienso que en ese momento ellos probablemente tenían la intención de cumplirlo.  Y en efecto lo cumplieron por un tiempo.

Después de servir en Jerusalén por doce años,  Nehemías regresó a Persia por una razón que no se nos es dada.  No se nos dice por qué se regresó. No se nos dice por cuánto tiempo regresó.  Pensamos que probablemente fueron un par de años.

Más adelante regresó a Judá; regresó a Jerusalén.  Y cuando regresó se sorprendió al descubrir que el pueblo había fallado en cumplir el pacto.  Estaban desobedeciendo la Palabra de Dios abiertamente.

Puedes leer esta historia en Nehemías capítulo 13.  No voy a leer todo el pasaje.  Solo voy a leer unas porciones.  Pero quiero animarte a que regreses y leas todo ese pasaje porque podrás percibir la sensación, el sabor, de lo que experimentó Nehemías, con relación a lo que encontró cuando regresó a Jerusalén y —lo que verdaderamente quiero que veas — la forma como él manejó lo que vio.  

Comenzando en el versículo 10, por ejemplo, él dice, “También descubrí que las porciones de los levitas no se les habían dado, por lo que los levitas y cantores que hacían el servicio se habían ido, cada uno a su campo”.

Habían prometido cuidar de los Levitas,  cuidar del templo, dar sus diezmos y ofrendas.  Pero habían dejado de dar y los Levitas tuvieron que regresar a sus campos para poder vivir porque sus necesidades no estaban siendo suplidas.  

Luego lees, empezando en el versículo 15, que habían dejado de guardar el día de reposo.  Él dice, “En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban los lagares en el día de reposo, y traían haces de trigo y los cargaban en asnos, y también vino, uvas, higos y toda clase de carga, y los traían a Jerusalén en el día de reposo”.

Ellos habían dicho; “No haremos esto.”  Pero ahora regresa Nehemías y están haciendo justo lo que ellos habían prometido no hacer.  Luego ves en el versículo 23, capítulo 13.  Él dice, “Vi también en aquellos días a judíos que se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas.  De sus hijos, la mitad hablaban la lengua de Asdod, y ninguno de ellos podía hablar la lengua de Judá, sino la lengua de su propio pueblo”.

Así que los judíos se habían integrado a las culturas paganas, impías e incrédulas de sus alrededores.  Todo había comenzado con cortejos, noviazgos y casamientos que Dios había prohibido y sobre los cuales ellos habían dicho, “No lo haremos”.

Ahora, Nehemías, al ver estas ofensas en contra de la ley de Dios, vio que ellos habían quebrantado el pacto, y eso le mortificó.  Él los enfrentó con valor y autoridad acerca de su condición de desobediencia.  

Lees, por ejemplo, en el versículo 11, que el dice, “reprendí a los oficiales, y dije: ¿Por qué está la casa de Dios abandonada?”

Versículo 17: “Entonces reprendí a los nobles de Judá, y les dije: ¿Qué acción tan mala es esta que cometéis profanando el día de reposo?”  

Quiero decir que él los confrontó en su misma cara. Él dijo, “Esto no está bien.”  Y luego cuando vio los matrimonios mixtos, su reacción fue muy extrema.  Lo voy a leer comenzando en el versículo 25.

Él dijo, “Y contendí con ellos y los maldije, herí a algunos de ellos y les arranqué el cabello, y les hice jurar por Dios, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos; tampoco tomaréis de sus hijas para vuestros hijos ni para vosotros mismos.  ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel?”

Él sigue diciendo, “¿Qué es este gran mal que estás haciendo?” (versículo 27, parafraseado).

Quiero decir que el Nuevo Testamento nos da, como iglesia que somos, instrucciones específicas acerca de cómo debemos manejar estas situaciones.  No dice nada acerca de arrancarle el cabello a la gente ni de maldecirlos.  Pero lo que quiero que veas es que Nehemías tomó el pecado en serio, que estaba apasionado por la santidad, que él dijo, “Se tiene que tratar con esto.  No se puede olvidar y esconder.”  

Una de las ofensas más serias que Nehemías encontró cuando regresó a Jerusalén involucraba a un hombre llamado Tobías, el Amonita.  Puedes leer acerca de este incidente en los versículos 4 al 9 del capítulo 13.

Tobías fue el hombre que, años antes, había hecho todo cuanto estaba en su poder para oponerse al trabajo de Dios cuando ellos estaban tratando de reedificar las murallas de la ciudad.  Pero con los años los israelitas llegaron a conocer a Tobías mejor.

Comenzó siendo su enemigo, su oponente, pero luego se conocieron.  Los israelitas comenzaron a socializar con Tobías.  Gradualmente bajaron su guardia.  Y esa relación casual al final los llevó a relaciones más íntimas.

Esas relaciones íntimas incluyeron lazos matrimoniales entre la familia de Tobías y la familia de Eliasib el sacerdote.  Sus hijos y sus hijas se casaron.  Con los años las diferencias entre Tobías, los amonitas y el pueblo de Dios —quienes habían sido apartados para Dios— todas las diferencias desaparecieron.

Increíblemente, para el tiempo en que regresó Nehemías, este enemigo de Dios, Tobías, estaba viviendo en el templo.  Esto estaba en directa violación al mandato de Dios de unos años antes, de que ningún Amonita se le permitiría poner ni un pie en Su templo.  Y Dios había dado razones para ello.  Sin embargo aquí encontramos a Tobías, viviendo en una habitación que le había sido dada por el sacerdote.  

Sin duda ese cambio de acontecimientos no tomó lugar de la noche a la mañana.  El pecado usualmente no entra en nuestras vidas o en nuestros hogares o en nuestras iglesias de la noche a la mañana.  La gente no va de estar felizmente casada un día, fielmente comprometidas el uno al otro,  a meterse en la cama con la pareja de otra persona al día siguiente.  Usualmente esto no pasa de la noche a la mañana.  Hay un proceso gradual que conduce a la invasión del pecado en nuestras vidas y en la iglesia.  

Pienso que en esta situación sucedió lo mismo que probablemente ocurre a menudo en nuestras vidas.  El comprometer algo conduce a una cosa y luego a la otra. Los sacerdotes y la gente pronto encontraron maneras de justificar cosas que, años antes, ni siquiera hubieran considerado hacer.

Un espíritu de tolerancia fue exaltado sobre el espíritu de la verdad.  Me los puedo imaginar pensando y diciendo, “¿Sabes qué?, Tobías realmente no es un hombre tan malo.  Su familia, su esposa, son agradables y tiene hijos buenos; ellos encajan muy bien aquí.  No es correcto decirle que no se puede quedar solo porque no es judío.  No queremos ser legalistas acerca de esto”.  

Puedes imaginarte cuál fue el razonamiento y como fue puesto en ejecución. Así que el impío de Tobías, el amonita, se mudó al templo mientras que el pueblo seguía ‘haciendo vida de iglesia’, siguiendo sus costumbres religiosas, siguiendo su vida. No estaban ni un poco preocupados por estos acontecimientos cuando Nehemías regresó a Jerusalén.

Pero para Nehemías, a quien le preocupaba profundamente Dios y la santidad de Dios, esta era una situación inconcebible.  Él se sentía como la rana que es echada al agua hirviendo. ¡De ninguna manera!  Él no se podía acostumbrar a aquello.  Estaba furioso, y actuó decididamente.

Puedes leer acerca de esto en los versículos 4 al 9 del capítulo 13.  Nehemías literalmente lanzó a Tobías y todas sus posesiones fuera del templo.  Luego dio órdenes de purificar los cuartos que habían sido profanados.  Él denunció la maldad de aquella situación, y  llamó a los sacerdotes y al pueblo a arrepentirse.  

¿Por qué eran estas ofensas tan importantes para Nehemías?  Y, ¿por qué sentía la necesidad de interferir en las vidas de otros?  Después de todo, si te diriges hoy día a tu hermana o a tu hermano, o a alguien de la iglesia, o tu hijo o tu hija, o a un amigo y hablas con ellos, y los confrontas acerca de algo que no es de agrado al Señor, de seguro que les escucharás decir: “No es tu problema”.  

¿Por qué sintió Nehemías que esto era su problema o por qué necesitó él convertirlo en su problema?  ¿Por qué no estaba contento con solo el obedecer a Dios y dejar a los demás en paz?  Él se vio compelido por una pasión de que la gloria de Dios se manifestara en medio del pueblo de Dios.  Su pasión por la santidad lo puso en una pequeña minoría aun dentro del pueblo de Dios.  Si hoy tienes amor por la santidad, eso te hará parte de una pequeña minoría dentro del pueblo de Dios.

Pero no parece que Nehemías se haya dado cuenta de eso o le haya importado.  Él no estaba tratando de ganar ningún concurso de popularidad.  Lo único que le importaba era que el santo nombre de Dios había sido profanado.  Él anhelaba ver el nombre de Dios santificado nuevamente.

Pienso que los paralelos entre la historia de Nehemías y de la iglesia de hoy, son sorprendentes.  Tenemos mucha gente hoy que dicen ser creyentes, son miembros activos de sus iglesias; están haciendo mucha actividad religiosa.

En gran medida en nuestras iglesias hoy, nosotros hemos tirado a la basura la Ley de Dios, o la hemos re-definido.  Hemos prostituido la gracia de Dios.  Hemos dicho, “No estamos bajo la ley.  ¡Estamos bajo la gracia!  ¡Somos libres!”  Y lo que estamos diciendo con esto es, “Somos libres para pecar”.

Pero la gracia de Dios, de acuerdo al capítulo 2 del libro de Tito, y de acuerdo a toda la Escritura, no nos da la libertad o licencia de pecar. La gracia de Dios nos enseña a negar la impiedad. Nos ayuda a vivir vidas libres de pecado.

Pero ¡con cuánta frecuencia vemos hoy a nuestro alrededor en nuestras iglesias para ver que el espíritu de tolerancia ha triunfado sobre el espíritu de verdad!  Y actualmente, en cierto sentido moderno, Tobías, el enemigo de Dios, está viviendo en el templo.

Tú dirás, ¿qué quieres decir con eso?  ¿Quién es Tobías y cómo es que está viviendo él en nuestro templo?  

Piensa en algunos de los enemigos de Dios que hemos permitido que entren en nuestra iglesia hoy día.  Lujuria. Avaricia.  Materialismo.  Ira.  Egoísmo.  Orgullo.  Amargura.  Esta última es una que penetra e infiltra nuestras iglesias hoy.  Es un enemigo de Dios.  Sensualidad.  Divorcio.  Engaño.  Entretenimiento impío.  Filosofías mundanas.

Poco a poco hemos bajado la guardia.  Hemos cultivado una relación con estos enemigos acérrimos de Dios.  Los hemos recibido en nuestras iglesias.  O quizás ni cuenta nos dimos cuando entraron.  Les hemos ayudado a sentirse como en casa.  

Aparte de eso, hemos trabajado arduamente para que los perdidos y los que han retrocedido en su caminar cristiano se sientan cómodos en nuestras iglesias. Por consiguiente ha quedado muy poca convicción de pecado, muy poco sentido de la santidad de Dios, muy poca transformación de vida, hay muy poco arrepentimiento, muy poca manifestación de la presencia de Dios.

¿Sabes por qué?  Porque Dios es un Dios santo y Él no puede sentirse en casa en un lugar que no es santo...

No estoy sugiriendo que debamos tratar de apartar a los inconversos  en nuestras iglesias.  No estoy sugiriendo que la irrelevancia es una virtud o que debamos esforzarnos para hacer nuestras iglesias lo más incómodas posible para la gente.

Pienso que a veces algunas de las cosas que hacemos en las iglesias, nuestras tradiciones y nuestras formas de hacer las cosas no tienen nada que ver con la Escritura, no tienen nada que ver con la dirección de Dios, simplemente nos hace sentir cómodos.  Pienso que a veces la gente inconversa ha de entrar y pensar, “¿Qué rayos están haciendo?”    

No estoy diciendo que lo viejo es mejor y que lo novedoso es malo.  Lo que estoy diciendo es que si hacemos de la relevancia con el mundo incrédulo nuestro objetivo, entonces creo que al final terminaremos haciendo y permitiendo algunas cosas que causarán que perdamos la presencia de Dios.  

Lo que digo es que los pecadores deben sentirse incómodos en la presencia de un Dios Santo. Lo que estoy diciendo es que los pecadores nunca se convertirán verdaderamente hasta que hayan experimentado la convicción del Espíritu de Dios sobre el pecado.  Y eso no es algo cómodo.

Cuando el fuego y la presencia de Dios en nuestras vidas y en nuestras iglesias son evidentes, cuando es manifiesto, la gente será atraída a nuestras iglesias, no por el entretenimiento, no por los programas, pero porque Dios está allí y están viendo la realidad de un Dios santo.

Yo recuerdo una amiga decirme una vez: “si un incrédulo entrara a mi iglesia, pensaría que está en un club nocturno de segunda categoría”.

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que el mundo no se impresiona con una versión religiosa de él mismo?  Nuestra efectividad más grande, nuestra mayor arma no es ser igual al mundo, sino en ser diferente al mundo; ser como Jesús.

Así que en medio de tal estado, mi pregunta es: ¿Dónde están los Nehemías de hoy, los hombres y mujeres que aman a Dios, los hombres y mujeres que aman la santidad, los hombres y mujeres que no temen a nada ni a nadie más que a Dios?  ¿Dónde están los santos?  (y con santo me refiero a alguien consagrado.)  ¿Dónde están los santos que actúan como santos?

¿Dónde están aquellos cuyas vidas son irreprensibles en todo aspecto?  ¿En sus hogares, en su trabajo, en su forma de hablar, en sus hábitos, en sus actitudes, sus finanzas, y sus relaciones?  

¿Dónde están los creyentes que tienen sus ojos llenos de lágrimas y cuyos corazones están cargados al ver una iglesia sin santidad que se entretiene  hasta la muerte y hace fiesta con el mundo?

¿Dónde están los creyentes cuyas rodillas están adoloridas producto de vivir suplicándole a Dios para que otorgue el regalo de arrepentimiento y que traiga avivamiento de santidad en nuestros días?  Y, ¿dónde están los líderes cristianos con la compasión y la valentía necesarias para llamar a la iglesia a estar limpia delante Dios?  

Mujeres, no estoy sugiriendo que mientras estemos sentadas aquí y en nuestros corazones…. estaría mal que critiquemos a los líderes cristianos en nuestros corazones porque quizás no sean valientes o no tengan el coraje que deben tener.  No estoy sugiriendo que desarrollemos un espíritu crítico, pero si estoy diciendo que necesitamos levantar nuestros corazones y manos al Señor y decir, “¿Señor, podrías darles a estos hombres valentía?  ¿Podrías hacerlos hombres con convicción?”  Necesitamos orar por ellos.

Y necesitamos ser responsables de las áreas en las que tenemos responsabilidad.  ¿Dónde están las mamás, los papás, los jóvenes que están dispuestos a tratar detallada y decididamente con todo lo que no es santo en sus vidas, en sus hogares?

La iglesia ha estado esperando para que el mundo se ponga a cuentas con Dios.  Yo pienso que necesitamos darnos cuenta que el mundo está esperando que la Iglesia se ponga a cuentas con Dios.  Y cuando tenemos pasión por la santidad —y no estoy hablando de la clase de santidad que anda arrancándole el cabello a las personas o gritándoles porque no están obedeciendo a Dios.

A propósito, la queja de Nehemías no era con el mundo incrédulo pagano.  Su preocupación era con el pueblo de Dios.  Cuando el pueblo de Dios se pone a cuentas con Dios y cuando tenemos esa santidad pura, abrasadora, apasionada que ama a Dios, entonces el mundo se detendrá y observará.

Cuando nosotros, el pueblo de Dios, nos humillemos, cuando nos volvemos de nuestros malos caminos, entonces el mundo tendrá razón para conocer y creer que nuestro evangelio es verdadero y que nuestro Dios es real.  Entonces muchos de ellos se postrarán y lo adoraran también.  

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth hablando sobre el poder que puede tener una vida de santidad. Ella ha pasado mucho tiempo considerando este tema y ha escrito un libro titulado Santidad: el corazón purificado por Dios.

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Como escuchaste hoy, Nancy tiene la pasión de llamar a las mujeres a una vida de santidad. Es parte de la misión de Aviva Nuestros Corazones ayudar a muchas mujeres a descubrir libertad, plenitud y abundancia en Cristo.  

¿Qué metas te animas a proponerte para crecer en santidad?  ¿Tienes un plan?  No siempre pensamos en la santidad como algo en que podamos mejorar, pero mañana Nancy cambiará esa percepción.  

Aquí está Nancy para cerrar en oración.

Nancy: Oh Padre, como te pido que en nuestro día Tu traigas avivamiento de santidad.  Que podamos como Nehemías tener la pasión de decir, “No podemos esconder todas estas cosas debajo de la alfombra. Necesitamos tratar con esto”.

Señor, hay cosas que vemos y nos duele en nuestros corazones, y rompe nuestros corazones, pero no estamos en una posición para tratar con la maldad, lo que otros estén haciendo. Señor, ayúdanos a ser humildes y a tratar con los problemas en nuestros propios corazones.  Ayúdanos a clamar a Ti y a ser fervientes y a interceder y suplicarte que mandes un avivamiento en nuestros días de santidad en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestras iglesias para Tu gloria.  Lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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