Podcast Aviva Nuestros Corazones

Se te ha hecho una promesa

Recursos del Episodio

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Cómo puedes ser fiel? ¿Cómo puedes vencer? ¿Cómo puedes seguir luchando con el pecado remanente, con esa tentación que te persigue y te hace caer? ¿Cómo puedes vencer?

Mira hacia delante. Mira más allá del ahora. Levanta tus ojos. Mira las promesas que han sido cumplidas.

Carmen: Has sintonizado Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Las personas llenarán tus oídos de promesas vacías, pero Dios tiene el poder de llevar a cabo todo lo que Él dice que hará. Entender las promesas de Dios afectará todas las áreas de tu vida. Nancy va a describirlas, al continuar estudiando las cartas a las iglesias de Apocalipsis. Ella está en la serie titulada, “La cura para una fe tibia”.

Nancy: Hemos hablado mucho en esta serie sobre conquistar, sobre ser vencedores—nikao—vencer la oposición, la adversidad y la aflicción por amor a Cristo. Vencer o ser un vencedor, eso implica que existe una lucha, una batalla y que hay tiempos difíciles. Pienso que en los tiempos difíciles, con frecuencia lo que nos mantiene yendo hacia adelante, lo que nos provee motivación y nos alienta a tomar el siguiente paso es una promesa, algo que esperar en el futuro.

En los largos inviernos que soportamos aquí en Michigan tenemos la promesa de la primavera, la promesa de que no será invierno para siempre. Sé que parece muchas veces así, pero no lo será.

Quizás estás resistiendo en un trabajo que no te gusta durante largos días. ¿Qué te mantiene yendo al trabajo en la mañana? Lo que te mantiene es la promesa de un cheque de pago.

Quizás sea un compromiso largo. ¿Qué hace a esa joven seguir hacia adelante? Bueno la promesa de un anillo de compromiso.

¿Qué tal soportar una dieta o un programa de ejercicio? ¿Qué te mantiene? La promesa de perder peso.

Algunas de ustedes que están en la escuela. ¿Qué te mantiene, yendo a clases, tomando exámenes, escribiendo ensayos durante cuatro años de educación? Bueno la promesa de caminar por esa plataforma y tener en tus manos ese diploma.

Las promesas nos dan una motivación y son el combustible para la esperanza de seguir adelante.

Las siete iglesias que hemos estado viendo en los últimos meses en el libro de Apocalipsis, estaban enfrentando dificultades y circunstancias desafiantes. Hemos hablado sobre algunas de esas circunstancias. La iglesia en nuestros días está también enfrentando dificultades y retos crecientes. No podemos esperar que el mundo sea amigo de la gracia. El mundo se opondrá a Cristo. Lo hizo cuando Él estuvo en la tierra, y lo hace todavía hoy.

Pero estos creyentes en las iglesias de Apocalipsis fueron exhortados a tener fe a pesar de estar en medio de circunstancias desafiantes. Cada una de estas siete cartas termina con una o más promesas para aquellos que son fieles, para los que vencen. Recuerda, dijimos que todos los creyentes, todos los verdaderos creyentes al final vencerán.

Pero he estado pensando en las recompensas prometidas. Cuando las agrupas todas, son como una colección. Y en el día de hoy quiero que tomemos el tiempo para ir a través de Apocalipsis 2 y 3, y repasar las promesas y ver lo que ellas nos dicen.

Estas recompensas prometidas, abarcan el desarrollo del plan redentor de Dios y la historia desde su primer capítulo en la tierra hasta su consumación en el cielo. Esa es una de las cosas que vas a notar mientras vemos todas estas promesas juntas. Ya las hemos visto todas, pero las hemos estudiado de manera separada una de la otra, en cada una de sus cartas individuales. Ahora quiero ponerlas todas juntas y verás la historia de la redención en ellas.

Todas estas promesas nos apuntan hacia la intimidad y comunión con Cristo. Nos señalan a Cristo. Cristo es el cumplimiento de estas promesas, y la mayoría de estas promesas nos señalan hacia bendiciones descritas en el último capítulo del libro de Apocalipsis, principalmente en Apocalipsis 20, 21 y 22. Estas son promesas que tienen cumplimiento ahora, pero que tendrán su gran y último cumplimiento en el reino eterno de Dios.

Es mi deseo que puedas ver todo el panorama. Por eso es que vamos a dar un paso atrás y vamos a echar un vistazo a estas promesas. Quiero que veas toda la extensión y el alcance de estas grandes y preciosas promesas que nos han sido dadas.

La primera promesa que encontramos es dada a la iglesia en Éfeso en Apocalipsis 2, versículo 7: “Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios”.

¿Recuerdas el primer lugar donde vimos ese árbol de la vida en la Biblia? ¿Fue en Génesis capítulo 2? El árbol de la vida, en el centro del jardín. Dios dijo, pueden comer de todo árbol en el huerto, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal, de ese no comerán. El hombre y la mujer comieron del árbol prohibido, y Dios los sacó del huerto. ¿Por qué? Génesis 3 nos lo dice: ¿“no vaya a extender su mano y tomar también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre” vivir para siempre en su condición caída? (versículo 22,)

La Escritura dice que: [Dios] Expulsó, pues, al hombre; y al oriente del huerto del Edén puso querubines, y una espada encendida que giraba en todas direcciones, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3: 24)

Al tomar del árbol prohibido, el árbol del conocimiento del bien y del mal, ellos perdieron el derecho de comer del árbol de la vida. Se les prohibió comer de ese árbol, pero ahora Jesús le dice a esta iglesia: Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.” (2:7). El restaurará el privilegio de comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios.

Y verás entonces esta promesa cumplirse en Apocalipsis capítulo 22, en los primeros dos versículos. El ángel le muestra a Juan un río “resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, en medio de la calle de la ciudad” (versículos 1-2,). Esta es la nueva Jerusalén, la ciudad celestial. Y a cada lado del río— ¿Qué estaba creciendo allí? El árbol de la vida, que produce doce clases de frutos, dando su fruto cada mes” (versículo 2,). El árbol de la vida, siempre verde, siempre fructífero.

Así que en Génesis, ellos tuvieron la oportunidad, pero perdieron su oportunidad y se les prohibió comer de ese árbol. Ahora, por Cristo y lo que Él ha hecho por nosotras en la cruz, se nos permite comer una vez más del fruto del árbol de vida, para participar de la vida eterna. Y vemos al final de Apocalipsis el cumplimiento, al entrar a la ciudad celestial ahí está el árbol de la vida.

La segunda promesa que vemos está en Apocalipsis 2, versículo 11: “El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda”. Esta es una promesa a los creyentes fieles en la iglesia en Esmirna.

En Génesis 3, volviendo al comienzo de la historia, aprendimos que el pecado entró en el mundo y ¿qué trajo consigo el pecado? Muerte por el pecado. Pero ahora la Escritura le promete al vencedor que no sufrirá daño por la muerte segunda. La segunda muerte es la muerte espiritual eterna.

En Apocalipsis 20, puedes ver el final de la historia, y lees que dice: “Bienaventurado y santo es el que tiene parte en la primera resurrección; la muerte segunda no tiene poder sobre éstos” (Versículos 6).

Y en Apocalipsis 21, tienes este contraste entre creyentes e incrédulos: “El vencedor heredará estas cosas—estos son los creyentes—"y yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. (Versículo 7-8).

Así que la promesa para aquellos que vencen, la promesa para los verdaderos creyentes es que no sufrirán daño de la muerte segunda: no perecerán sino que tendrán vida eterna.

Ahora bien, si todos pecamos, y el pecado trae consigo la muerte, ¿Cómo podremos heredar, como podremos tener esta promesa? Todo apunta a Cristo quien murió nuestra muerte por nosotras, en nuestro lugar, murió como un sustituto, satisfaciendo la ira de Dios. El Cordero de Dios sacrificado por el pecado del mundo para que la muerte no tenga poder sobre nosotras. ¿Puedo escuchar un Amén? No tendremos que experimentar la segunda muerte, la muerte segunda, esa es una gran y hermosa promesa.

Hay una tercera promesa. Y voy ir un poco rápido sobre esta, porque hay once promesas en estos dos capítulos. Apocalipsis 2, Versículo 17. A la iglesia en Pérgamo, Jesús le dice: “Al vencedor le daré del maná”.

Si continuemos con la historia a través de la historia de la redención, ¿qué trae a tu mente el maná? Bueno en la iglesia en el desierto en el libro de Éxodo, en cómo Dios proveyó Maná del cielo. Esa era una imagen, una que fue cumplida por Cristo, quien dijo en Juan 6, “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan [si alguno toma parte de Mí], vivirá para siempre; y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne” (Versículo 51).

Aquí se promete que podemos comer de Cristo y ser sustentadas por Él para siempre. “Yo daré del maná escondido”.

Hay una cuarta promesa también dada para la iglesia en Pérgamo. Apocalipsis 2 versículo 17: “Y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe”.

Anteriormente hablamos de varias interpretaciones y explicaciones de esta piedra blanca. No regresaré a todo eso, pero ¿y qué acerca de este nuevo nombre escrito en la piedra?

Algunos dicen que es nuestro nombre, que se nos da un nombre nuevo cuando nos convertimos en nuevas criaturas en Cristo. Ya no somos quienes una vez fuimos. Ahora somos lo que Él nos ha hecho por Su gracia. Y ese es el nuevo nombre.

Otros podrían decir que el nombre a ser grabado en la piedrecita será el nombre de Cristo.

Pienso que cualquiera de las dos, o las dos pueden ser verdad. Cualquiera de ellas es una gran promesa.

Vamos al final de Apocalipsis, y vemos el cumplimiento de esta promesa. Apocalipsis 19: “Y vi el cielo abierto, y he aquí, un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero… tiene un nombre escrito que nadie conoce sino Él...y su nombre es: El Verbo de Dios…Y en su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: Rey de reyes y Señor de señores” (Versículos 11-16).

No vamos a profundizar más en todo este pasaje, pero puedes ver la belleza del nombre de Cristo, que será inscrito en nosotras quienes venzamos.

Y quizá te preguntaras, pero “¿Cómo sabes eso?

Apocalipsis 22, versículos 4: Ellos verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”.

Qué gran promesa de que seremos por siempre identificadas como que le pertenecemos a Cristo. Cuando lo veamos, Su mirada será tan poderosa. Su luz, Su gloria será tan grande que Su semejanza quedará por siempre impresa en nosotras.

Hay una quinta promesa, y la encuentras en Apocalipsis 2, versículo 26. Es para la iglesia en Tiatira, y es la promesa de gobernar con Cristo sobre las naciones. “Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones; y las regirá con vara de hierro, como los vasos del alfarero son hechos pedazos, como yo también he recibido autoridad de mi Padre” (Versículos 26-27).

Al meditar cómo esto podría tener alguna aplicación con toda la historia de la redención, regresé al Antiguo Testamento a la era de la conquista y a la era cuando el reino y el trono de David estaba siendo establecido, y luego traspasado a su hijo Salomón, y toda la línea Davídica y su reinado en el Antiguo Testamento. Durante el reino de David, vemos este reino y gobierno expandido de tal forma que se le da poder sobre las naciones.

Considero que esto es una imagen del reino y el reinado supremo de Dios sobre todo el mundo. De océano a océano, Él reinará y gobernará. ¿Cuándo vamos a experimentar eso en su plenitud? No hoy, pero algún día en el reino milenial de Cristo.

Leemos acerca de eso en Apocalipsis 20, donde dice: “También vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y se les concedió autoridad para juzgar. Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen” (Versículo 4).

¿Qué hicieron ellos? Ellos nikao—ellos triunfaron; ellos vencieron; prevalecieron; ellos rechazaron la marca en sus frentes o en sus manos. Ellos volvieron a vivir y reinaron con Cristo por mil de años.

Amigas, es necesario, tenemos que seguir leyendo hasta el final de la historia, porque al avanzar en los capítulos intermedios, vemos que están llenos de dificultades, lágrimas, fatiga, trabajo, dolor y sufrimiento. Tenemos que mirar al final de la historia, y dejar que nuestros corazones sean alentados.

Promesa número seis: Capítulo 2, versículo 28, Jesús le dice a Tiatira: “y te daré el lucero de la mañana”.

Jesús dice en el capítulo 22, versículo 16 “Yo soy el lucero resplandeciente de la mañana”. Lo que Jesús está diciendo es “Me tendrás a mí, seré la luz y la lámpara de la nueva Jerusalén y de tu vida.” En el capítulo 21 leemos, “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (versículo 23).

Vimos, anteriormente, que la estrella de la mañana es una metáfora para un Rey, para autoridad y que Venus, se conoce como la estrella de la mañana, era un símbolo de soberanía y victoria en la era Romana, la imagen de la conquista y la autoridad y el gobierno sobre las naciones.

Esto nos recuerda que Cristo, la Estrella de la Mañana, es el verdadero soberano del mundo, en contraste con la pretensión de los imperios mundiales perversos como Roma y como otros imperios perversos que hoy oprimen a sus pueblos y a los creyentes. Cristo es la Estrella de la Mañana, el Rey y gobernador y soberano Señor que reina sobre todo rey y sobre todo imperio y sobre todo lo que se opone a Dios.

Así que se nos ha prometido a Cristo en su plenitud—la Estrella de la Mañana, el premio, recompensa y meta suprema de nuestra fe.

La séptima promesa: Capítulo 3, versículo 5, esta fue dada a Sardis. “Así el vencedor será vestido de vestiduras blancas”.

En el capítulo 19, leemos su cumplimiento: “Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a Él la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado. Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio, porque las acciones justas de los santos son el lino fino”. (Versículos 7-8)

 

Estos vestidos blancos son una imagen de justificación, la deslumbrante justicia pura de Cristo acreditada a tu cuenta—pureza, fidelidad, el rechazar todo compromiso con lo que no sea Cristo. Esas vestiduras blancas están asociadas con festividad, con gozo, con gratitud, con triunfo y todas estas promesas están delante de nosotras.

Luego hay otra promesa a la iglesia en Sardis, otra vez en el capítulo 3, versículo 5, dice: “y no borraré su nombre del libro de la vida, y reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles”.

La novena promesa es dada a la iglesia en Filadelfia, capítulo 3, versículo 12: “Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí”.

Pasamos un largo tiempo buscando qué significaba esta promesa y se nos recordó que los creyentes fieles serán ciudadanos de la nueva Jerusalén, puestos como columnas firmes e inamovibles en Su eterna presencia.

Luego otra promesa a Filadelfia, de nuevo en el versículo 12 del capítulo 3, que dice: “Escribiré sobre él, el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

Hablamos de que se nos ha prometido que nos identifican como que pertenecemos a Dios, que tenemos intimidad con Cristo y nuestra ciudadanía está en la nueva Jerusalén. Todo esto está ligado con estas promesas.

Luego la promesa que vimos recientemente en la iglesia Laodicea, La Iglesia que era tibia, que le daba nauseas a Cristo, pero que Él estuvo a la puerta y tocó y le dio un consejo. Él les dijo cómo podían proveer para sus necesidades. Y le dice a esa iglesia y a los creyentes: “Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, así como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono” (3:21).

Hemos visto que esa promesa se cumplirá al final en el reino milenial en la tierra, Apocalipsis capítulo 20, y en el reinado eterno de los santos con Cristo en la nueva creación de la cual leímos en Apocalipsis capítulo 22.

Entonces, ¿qué significa esto para ti y para mí hoy? Porque dirás, “No estamos viviendo en Apocalipsis 20, 21 y 22. Todo suena muy maravilloso, pero vuelve a la realidad, Nancy. La vida es dura”.

Cada una tiene de ustedes tiene su cuota en la vida real y sé que algunas de ustedes en sus casas sufren dolor, angustias y congojas. Hay cosas de las que ya conoces, pero hay otras cosas que no conoces y están justo a la vuelta de la esquina.

Algunas de ustedes están luchando con hijos pródigos. Y lloran hasta dormirse rogándole a Dios que cambie sus corazones.

Algunas de ustedes están viviendo en un matrimonio que si Dios no interviene, no va a sobrevivir.

¿Cómo ser fiel? ¿Cómo vencer? ¿Cómo no tirar la toalla? ¿Cómo mantenerse perseverando? ¿Cómo seguir esforzándote? ¿Cómo puedes seguir luchando con el pecado remanente, con esa tentación que te persigue y que te hace caer? ¿Cómo librarte de eso? Y ¿Cómo vencer?

Mira hacia delante. Mira más allá del aquí y ahora. Levanta tus ojos. Mira las promesas cumplidas en el pasado. Mantén tu mira en la meta final.

Ve al libro de Apocalipsis, y cuando lees todos los capítulos de conflicto y ves toda esta locura, la bestia venciendo a los santos, y todas las batallas y atrocidades y los juicios que se intensifican

Y entonces, llegas al capítulo 19, y ves al Hombre montado en al caballo blanco que viene, y su nombre es “Fiel y verdadero, y en Su justicia él juzga y hace la guerra” (Versículos 11). Su nombre es la Palabra de Dios; su nombre es Rey de reyes y Señor de señores (ver versículos 13 y 16).

Luego ves la eternidad descorrerse como un telón. Ves su reino aquí en la tierra. Ves el Reino eterno de Dios, el gozo, la belleza, y la gloria de los Cielos, por siempre en la presencia de Cristo. Todo lo que vemos en esos capítulos es solo un pequeño atisbo de algo magnífico, de una imagen que solo podemos empezar a imaginarnos. Aférrate a eso; sabes que el que promete es fiel.

Él nunca ha dejado de cumplir ni una de sus promesas, y no dejará de cumplirlas ahora.

Así que sigue adelante. Sigue a través de las lágrimas, a través del cansancio. ¡Oh tú!, mamá con tres niños pequeños y que no has tenido una buena noche en tres años, sigue adelante.

Es Su fidelidad. No la nuestra, es la de Él. Sus promesas son verdaderas. Aférrate a ellas. Espera en ellas y agradece a Dios por fe por ellas, por el día en que la oración será alabanza y la fe sea vista, y no habrá más lágrimas, dolor, luto, muerte, oscuridad, noche o pecado.

Bendice al Señor ahora por aquello que apenas podemos saborear y regocíjate en fe de que todas Sus promesas son fieles y verdaderas y que Cristo es el Amén, el testigo Fiel y Verdadero. Lo que Él ha dicho es verdad. Se cumplirá, así que no pierdas la esperanza. Aférrate a las promesas de Dios y vence ahora. Esperando allí delante de nosotras—no muy lejos—está el cumplimiento de cada una de estas promesas por toda la eternidad.

¿Es esto digno de esperar, Vale la pena esperar? ¡Claro que lo es!

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado describiendo las muchas promesas que Dios te ha hecho.

Sé que oyentes de muchos lugares reciben esperanza para una variedad de situaciones que parecen imposibles. Escuchamos de mujeres enfrentando todo tipo de luchas, y Nancy está muy agradecida por la oportunidad de hablar con ellas. Ella está aquí para contarnos.

Nancy: Es increíble, como Dios organiza momentos precisos, cuando el programa del día habla sobre algún tema que nuestras oyentes necesitan.

Durante nuestro estudio de las cartas a las iglesias en Apocalipsis, una de nuestras oyentes tuvo uno de esos momentos. No recuerdo el problema exacto con el que ella estaba lidiando, pero Dios usó Aviva Nuestros Corazones para hablarle verdad en esa situación. Ella nos escribió y dijo:

Gracias por este mensaje. El tiempo fue perfecto para nuestra familia. Justo esta mañana estaba luchando por saber qué era lo correcto. Sabía qué era lo correcto, pero estaba siendo tentada a ceder un poco. Así que gracias por permitir al Espíritu Santo obrar a través de ti.

Estoy muy agradecida de que el Señor nos permite hablar a mujeres como ella. El número de mujeres con las que hemos estado interactuando está creciendo. Este año tuvimos la oportunidad de añadir nuevas estaciones. Claro que con un incremento en la cobertura de radio, viene costos que se incrementan, pero sentimos que el Señor quiere que sigamos adelante con esas estaciones, confiando que Dios proveerá lo que sea necesario.

Somos un ministerios apoyado por nuestras oyentes, y podemos salir al aire con este programa en las diferentes emisoras en los distintos países, porque oyentes como tú nos apoyan con sus oraciones y con sus donaciones.

Así que quiero hacerte la pregunta ¿nos ayudarías a continuar aprovechando las oportunidades para compartir la verdad de Dios con mujeres que necesitan escucharla?

Espero que ores sobre esto y compruebes lo que Dios quiere que des para ayudarnos a cubrir esa necesidad y para ir mucho más allá de ese objetivo al anticipar otro año de ministerio fructífero.

Carmen: Puedes hacer tu ofrenda llamando al 1-800-569-5959, desde EEUU o Canadá, o hacerlo al visitar AvivaNuestrosCorazones.com.

Si hace tiempo que no visitas nuestra página, te animamos a hacerlo hoy. No solo encontrarás muchas herramientas que te ayudarán a crecer en tu caminar con el Señor, sino también noticias de nuestros eventos y publicaciones diarias por medio de las cuales podrás interactuar con otras como tú que aman el ministerio. Además de nuestro sitio web, puedes interactuar también en nuestras páginas de Facebook, Aviva Nuestros Corazones y Joven Verdadera. Allí también recibirás aliento a través de los mensajes diarios y te mantendrás conectada al ministerio.

Estos últimos días Nancy ha estado describiendo lo que significa ser un vencedor. Algunas mujeres han estado aferrándose a lo que eso significa día tras día, y escucharemos sus perspectivas. Eso será mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

 

 

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.