Aviva Nuestros Corazones Podcast

Sostenida en los brazos eternos

Annamarie Sauter: Con nosotras Elisabeth Elliot.

Elisabeth Elliot: El hombre decidió que su propia idea de perfección y de gozo era mejor que la de Dios, y creyó la mentira de Satanás de manera que el pecado y el sufrimiento entraron al mundo. Y ahora estamos diciendo: «¿Por qué no hace Dios nada sobre esto?» Y la respuesta cristiana es, «Él hizo algo».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

La lectura de hoy de la Biblia es Génesis 8-11.

Muchas de ustedes seguramente han escuchado algunos de los mensajes de Elisabeth Elliot o han leído algunos de sus libros. Ella partió para estar con el Señor hace un tiempo y durante su vida aquí, ella compartió del impacto que sufrió tras el martirio de su esposo Jim Elliot. Esto ha ayudado a muchas mujeres a reflexionar acerca del sufrimiento en sus propias vidas. 

Nancy DeMoss Wolgemuth: Una oyente nos escribió diciendo: «Yo no sé si alguna vez he escuchado una mejor explicación bíblica y más cristocéntrica acerca de la importancia del sufrimiento en nuestras vidas».

Otra mujer respondió hablándonos acerca de su hijo de diecisiete años de edad que estaba atrapado en el uso de la pornografía. Y ella nos dijo, «este ha sido mi sufrimiento más hondo, mis aguas más profundas y el fuego más intenso. Es mi oración que mi precioso hijo y yo conozcamos mejor y más profundamente al Señor a través de esta experiencia».

Bueno, en el día de hoy escucharemos a Elisabeth Elliot hablando sobre situaciones dolorosas como esta. Ella va a estar explorando el libro de Job y nos ayudará a lidiar con esta pregunta: ¿Confiarías en Dios aun cuando la vida no tiene sentido? 

Con nosotros Elisabeth Elliot.

Elisabeth: Yo veo el sufrimiento como una de las formas de Dios para llamar nuestra atención. De hecho, C.S. Lewis llamó al dolor, «el megáfono de Dios». Él dice, «Dios nos susurra en nuestras conciencias, nos habla en nuestros gozos, y nos grita en nuestros dolores. El dolor es el megáfono de Dios».

Primero que todo, quisiera que pensemos acerca de algunas cosas que Dios necesita decirnos y en las cuales requiere llamar nuestra atención. Me parece interesante, y creo que tiene un gran significado, que el libro más antiguo de la Biblia, el libro de Job, es el que se dirige y trata más específicamente con el sufrimiento.

Recuerdas que Job era llamado un hombre justo, intachable. Dios mismo dijo que Job era un hombre sin falta. Si la moralidad de esos días consistía en que un hombre bueno fuera bendecido y que un hombre malo fuera castigado, entonces la experiencia de Job parecería contradecirlo totalmente porque Job lo perdió todo.

¿Recuerdas que sucedió una escena tras bastidores, de la cual hasta donde sabemos, Job no tenía la más mínima idea? Satanás retó a Dios en el cielo y le dijo: «¿Acaso teme Job a Dios en vano? Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene y verás si no te maldice en tu misma cara». Dios aceptó el reto de Satanás, y aquí tenemos un misterio que no podemos ni empezar a explicar.

De hecho, fue Dios quien llamó la atención de Satanás sobre este individuo llamado Job. Dios le dio permiso a Satanás para que le quitara todo. Él perdió su ganado, sus rebaños, sus sirvientes, sus hijos e hijas, su casa, y finalmente hasta la confianza de su esposa. Cuando se sentó sobre las cenizas, con su salud comprometida, y mientras se rascaba la espalda con un tiesto en total angustia y miseria, él guardó silencio por siete días, mientras que sus llamados amigos se sentaron con él y lo miraron, y aparentemente tampoco dijeron nada. Por siete días no dijeron nada.

Cuando finalmente Job rompió el silencio, lanzó sus quejas a Dios. Nosotros escuchamos que Job era un hombre llamado paciente, pero si tú lo lees en el libro de Job no encontrarás mucha evidencia de que este era el caso. Él nunca dudó de la existencia de Dios. Sin embargo, él dijo algunas de las peores cosas que se pueden decir acerca de Dios.

¿No es interesante que el Espíritu de Dios preservara esas cosas para ti y que también lo hiciera para mí? Dios es suficientemente grande para recibir cualquier cosa que le queramos lanzar. Él aún se ocupó de que las quejas y lamentos de Job fueran preservados en blanco y negro para nuestra instrucción. Así que nunca dudes en decirle a Dios lo que realmente sientes, porque recuerda que Él sabe lo que piensas antes de que tú lo sepas, y Él ciertamente sabe lo que vas a decir antes de que siquiera lo pienses.

Así que para poner un ejemplo de las cosas terribles que Job, este hombre paciente, le dijo a Dios, podemos leer Job capítulo 3 versículo 11, donde él dice: «¿Por qué no morí yo al nacer, o expiré al salir del vientre?» Y los versículos 19 y 20 donde dice: «Allí están los pequeños y los grandes, y el esclavo es libre de su señor. ¿Por qué se da luz al que sufre, y vida al amargado de alma?»

Tú ves a Job aquí dialogando con Dios. A través de todo el libro, no hay duda alguna en la mente de Job acerca de la existencia de Dios. Él sabe que es con Dios con quien tiene que tratar. «Alguien está detrás de todo esto», dice él. Y pregunta, ¿«por qué»? Esa pregunta presupone que hay una razón, que hay una mente detrás de todo lo que podría parecer sufrimiento sin sentido.

Nosotros nunca haríamos la pregunta, ¿«por qué»?, si realmente creyéramos que el universo completo fue un accidente y que tú y yo estamos a merced de la suerte. La pregunta misma del porqué, aún si no es lanzada por alguien que se llame ateo o no creyente, es una señal de que hay una sospecha, en un rincón de la mente de cada ser humano, de que hay alguien, alguna razón o alguna explicación detrás de esto.

Entonces Job se dirige directamente a Dios en el capítulo 7 y le dice: «¿Nunca apartarás de mí tu mirada, ni me dejarás solo para que trague mi saliva?» Eso dice el versículo 19. «Tus manos me formaron y me hicieron, ¿y me destruirás? Acuérdate ahora que me has modelado como a barro, ¿y me harás volver al polvo?» Eso es lo que él dice en el capítulo 10 en los versículos 8 y 9.

Y por supuesto, sus amigos que eran muy ortodoxos, nunca dijeron una palabra que no fuera correcta teológicamente hablando. Comenzaron acusándolo de ideas necias y hasta le dijeron que tenía su «vientre lleno de viento». Job definitivamente no tiene el temor del Señor y se enfrenta contra el Todopoderoso como un toro enojado. Todo eso lo dijeron sus amigos.

Entonces Job le dice a Elifaz que él solo habla palabras vacías. Esta es la vasija diciéndole a la tetera, que es hueca. Pero sus amigos no pueden pararse ante Dios, ¿Quién me ha mutilado; me arrebató por la cerviz y me despedazó, y me puso por blanco suyo? «Porque las flechas del Todopoderoso están clavadas en mí, partió mis riñones, y no perdonó; mi hiel derramó por tierra».¿Tú crees que puedes superar eso? ¿Te atreverías a decir esas cosas en voz alta?

Entonces Job le hace a Dios pregunta tras pregunta, tras pregunta. Y en un punto él dice, «si le hago mil preguntas Él no responderá ninguna de ellas». ¿Y sabes qué? Tenía razón. Recuerda que cuando Dios finalmente rompe su silencio no le responde ni una sola pregunta. La respuesta de Dios a las preguntas de Job es silencio. En otras palabras, Dios responde al silencio de Job con el misterio de Sí mismo.

Él inicia de inmediato llenando al pobre Job de preguntas. «¿Dónde estabas tú cuando yo echaba los cimientos de la tierra?» Y le pregunta: «¿Has entrado en los depósitos de la nieve?» «¿Has andado en las profundidades del abismo?» «¿Conoces tú el tiempo en que paren las cabras monteses?» «¿Has observado el parto de las ciervas?» Y así continúa pregunta tras pregunta. Pero lo que Dios está haciendo es revelándole a Job quién es Él.

Como dije en mi primera intervención, a través de mis propios problemas y sufrimientos Dios no me ha dado explicaciones, pero se ha encontrado conmigo como persona, como individuo. Y eso es lo que necesitamos. ¿Quién de nosotros en la peor fosa en que se haya encontrado, necesita tanto como nosotros precisamos, la compañía de alguien que tal vez se siente en silencio y simplemente esté con nosotros? Job nunca negó la existencia de Dios, nunca imaginó que Dios no tenía nada que ver con sus problemas, pero tenía un montón de preguntas, y nosotros también.

Si tus oraciones no son contestadas como tú suponías que debían ser contestadas, ¿qué le pasa a tu fe? El mundo dice, «no te ama». La Escritura me dice algo muy diferente. Aquellos «dichosos» de las bienaventuranzas, en palabras de Pablo, «es mi gozo sufrir por Ti». Nosotros no conocemos la respuesta, pero sabemos que descansa dentro de la profundidad del misterio de la libertad de elección.

Cuando Dios creó al hombre, Adán y Eva, los creó con libertad de elección, de amarle o de desobedecerle. Ellos eligieron rebelarse contra Dios. Adán y Eva abusaron de esa libertad. Y C. S. Lewis dice en su libro, The Problem of Pain (El problema del dolor): «El hombre es ahora un horror para Dios y para sí mismo, y es una criatura mal adaptada al universo, no porque Dios lo hizo así, sino porque él mismo se hizo así al abusar de su libre albedrío».

Lewis continúa escribiendo su punto de vista de este problema de desobediencia de la forma más simple. «Si Dios fuera bueno, Él habría querido hacer esas criaturas perfectamente felices. Y si Dios fuera Todopoderoso, Él habría podido hacer todo lo que hubiera querido. Pero las criaturas no son felices, por lo tanto, Dios carece de bondad, de poder, o de ambos».

Así que la respuesta a esta pregunta radica en nuestra definición de «bueno». Los antiguos pensaban acerca de la «bondad» en términos morales. El hombre moderno equipara «bondad» con «felicidad». Si no es divertido, no es bueno. Las dos cosas casi parecen ser mutuamente excluyentes. Si es bueno, entonces no es divertido. No tiene nada que ver con la felicidad. El hombre moral estaba preocupado primordialmente por la bondad moral.

Si aprendemos a conocer a Dios en medio de nuestro dolor, ¿sabes que?, llegamos a conocerlo como un Sumo Sacerdote que puede ser tocado por nuestras debilidades. Él es uno que ha pasado por cada pulgada del camino. Yo amo ese viejo himno, creo que del siglo diecisiete por Richard Baxter: «Cristo no me guía por lugares más oscuros de los que Él ya pasó». Me encantan esas palabras.

Yo tengo algunos amigos muy queridos que son misioneros en el norte de África. Él fue uno de los muchos estudiantes del seminario que han vivido en nuestra casa. Recibí una carta de ellos hace un año más o menos, donde me decían que habían perdido su bebé. Creo que fue al nacer o algunas horas después. Su carta estaba llena de la angustia que esto les costó. Y por supuesto, yo quise responder la carta. Pero yo nunca he perdido un bebé. Yo solo tuve una hija que tenía diez meses de edad cuando su padre fue asesinado. Así que no podía escribirles a Phil y a Janet, que así se llaman, diciéndoles, «sé exactamente por lo que están pasando». No lo podía hacer.

Pero yo he leído las maravillosas cartas de Samuel Rutherford, ese predicador escocés del siglo diecisiete, quien parece haber pasado todo dolor humano imaginable, y quien perdió por lo menos un hijo. Yo tengo sus cartas en mi estudio, así que busqué una de ellas, que estaba dirigida a una mujer que había perdido un hijo. Esto es lo que él le escribió a ella, y yo cité esas palabras a Phil y a Janet luego de decirles: «Yo no sé por lo que están pasando, pero conozco a alguien que sí sabe». Les envié a ellos las palabras de Samuel Rutherford. Él había perdido dos hijas, y aquí tengo mis notas de lo que él expresó. Y dice así:

«La gracia no descompone los afectos de una madre sino que los pone en su rueda que todo lo renueva, para que sean mejorados. Te ordena llorar. Y aquel Altísimo subió al cielo llevando con Él el corazón de un hombre para ser un Alto Sacerdote compasivo. La copa que bebes estuvo en los labios de Jesús, y Él bebió de ella».

Y como respuesta Janet me escribió: «La tormenta de dolor se está calmando y el Señor está pintando un cuadro nuevo y diferente de Sí mismo». Yo vi en esa experiencia que el sufrimiento mismo era un medio irremplazable. Dios estaba usando este suceso para hablar a Janet y a Phil de una manera que no hubiera podido hacerlo si no hubiera llamado su atención con la muerte de ese hijo.

Ahora, yo no pretendo simplificar las cosas, como que eso lo explica todo, y que Dios tenía que decirles algo a esas dos personas, porque si algo sé de piedad, es que Phil y Janet Linton son ambos personas piadosas.

Eso levanta otra pregunta dolorosa, ¿no es así? Nosotros decimos con frecuencia, «¿Por qué tuvo que sucederle tal y tal cosa a ella, si es tan buena persona? ¿Por qué él tiene que pasar por esto, si él es tan bondadoso?» Pues, nuevamente, la respuesta es: «Confía en Mí».

En el tiempo en que estudiaba en la universidad estaba experimentando con la poesía, como me imagino que hace la mayoría de los adolescentes en algún momento. Escribí algunas palabras que más adelante me parecieron casi poéticas. Las anoté y no recuerdo con exactitud si hubo alguna razón en particular para escribirlas en ese momento, pero algo me dio una pista de que podían ayudarme más adelante en tiempos de soledad. Y estas fueron las palabras que escribí:

«Tal vez en el futuro, Señor, Tu mano fuerte me guiará al lugar en donde me encuentre completamente sola. Sola, oh Amante lleno de gracia, pero contigo. Estaré satisfecha si solo puedo ver a Jesús. No conozco Tus planes para los años por venir. Mi esperanza encuentra en Ti su perfecto hogar: suficiencia. Todos mis deseos están delante de Ti ahora. Guíame, no importa dónde, no importa cómo. Confío en Ti».

Cuando yo tenía dieciséis o diecisiete años, comencé a escribir diarios y me he mantenido llenándolos desde entonces. Son unos cuantos años. Mientras releía algunos de esos primeros diarios en preparación para estas charlas, pensé, bueno, mejor veo si sé algo de lo que estoy hablando, y verdaderamente que sí encontré algunas cosas en el diario. Una de ellas que me pareció significativa fue el hecho de que una y otra vez citaba himnos acerca de la cruz. Himnos que fueron mis favoritos en diferentes momentos.

Uno de ellos que aprendí en la universidad decía: «Oh enséñame lo que significa esa cruz levantada, con un varón de dolores condenado a sangrar y morir». Podría seguir con otros himnos que yo puedo citarte en este momento, por ejemplo uno que dice: «Debajo de la cruz de Cristo», ese himno ha sido otro de mis favoritos.

Pero mientras leía esos diarios, yo consideré, ¿qué tipo de contestación estaba esperando recibir de Dios? ¿Cuál sería la respuesta que estaba esperando a esas oraciones que exclamaba a través de esos himnos? ¿Esperaba yo alguna perspectiva profunda del significado de la cruz? ¿Esperaba que Dios me hiciera alguna especie de «gigante espiritual» para que yo pudiera tener todos sus misterios al alcance de mis manos, misterios que esas personas no conocían?

Bueno, no tengo ni la más mínima idea de lo que estaba pensando. Supongo que todo era muy vago y místico. No sabía cómo Dios contestaría esa oración. Pero puedo mirar atrás en esos 45 años, más o menos, y ver que Dios estaba, de hecho, en el proceso de contestar esas oraciones.

Mira como yo decía, «enséñame lo que significa, esa cruz levantada». ¿En qué consiste ese gran símbolo de la fe cristiana? Es un símbolo de sufrimiento. De eso se trata la vida cristiana. Lidia de frente con este asunto del sufrimiento y ninguna otra religión del mundo lo trata de esa forma.

Todas las demás religiones, de hecho, evaden el asunto de una u otra forma. Pero el corazón del cristianismo tiene que ver con este tema del sufrimiento. Se convierte en la respuesta a nuestras oraciones. «Enséñame lo que significa, en la cruz; que mi gloria siempre sea debajo de la cruz de Cristo». No en la forma de una revelación o una explicación o una visión, pero en la forma de una persona. Él viene a ti y a mí en nuestro dolor y nos dice: «Confía en mí, camina conmigo».

Aquí quiero insertar otra pequeña historia con uno de mis nietos, y vas a tener que soportarme. Tú sabes que las abuelas aman contar las anécdotas de sus nietos. Pero son tan apropiadas muchas veces. En este caso en particular, quiero contarte algo que pasó con mi nietecita de cuatro años.

Ese mismo día ella había recibido de tres a cuatro nalgadas por la misma ofensa que había realizado. Ella no había venido al ser llamada. Mi hija Valerie –que como yo siempre trataba la obediencia retardada como una desobediencia– ella trataba de hacer lo mismo con su niña. Así que la niña recibió tres nalgadas en ese domingo en particular.

El domingo en la noche cuando llegó la hora de ir al culto y la llamaron, ella corrió hacia el carro, con las lágrimas corriéndole por el rostro, sus brazos llenos con su Biblia, su cuaderno, su bolígrafo—imagínate, estamos hablando de una niña de 4 años de edad, camino a la iglesia. Y ella tenía su Biblia, su cuaderno, su bolígrafo, sus lazos en el pelo y quién sabe qué más cosas que eran esenciales. Todo esto se le estaba cayendo de entre los brazos. Estaba dando traspiés sobre estas cosas que iban cayendo, y lágrimas corrían por su rostro, y en un momento para y dice: «¡Oh mamá, si tan solo Adán y Eva no hubiesen pecado!»

Bueno, esa niña estaba sufriendo porque ella vive en un mundo caído. Y tú y yo vivimos en ese mismo mundo caído. Tenemos que encarar estas terribles realidades:

  • La realidad de que Dios nos ama—esto quiere decir que Él no quiere nada menos que nuestra perfección y nuestro gozo.
  • Pero también, la realidad de que Él nos dio libertad para escoger.
  • La realidad de que el hombre decidió que su propia idea de perfección y de gozo era mejor que la de Dios y creyó la mentira de Satanás.

De manera que el pecado y el sufrimiento entraron en el mundo y ahora estamos diciendo, «¿por qué no hace Dios nada sobre esto?»

Y la respuesta cristiana es, «Él hizo algo. Él se convirtió en la víctima, en el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo».

Y el salmista dijo en el Salmo 46: «Aunque el mundo se tambalee y aunque las montañas sean llevadas al medio del mar, Dios es nuestro amparo, nuestro refugio». Estoy parafraseando el versículo 1. Te hablo como alguien que ha necesitado desesperadamente un refugio. Y en ese mismo salmo, Él dice, «estad quietos», dice el versículo 10. Se me ha dicho que es legítimo traducir esa frase como, «cállate y conoce que Yo soy Dios». Ese es el mensaje.

Nancy: Elisabeth Elliot nos ha estado retando con una pregunta importante. ¿Confiaremos en Dios aun cuando nada a nuestro alrededor tenga sentido? Aquí en Aviva Nuestros Corazones recibimos múltiples correos de oyentes que nos hablan acerca de las situaciones dolorosas que están atravesando.

Así que yo sé que el sufrimiento es algo por lo que todas pasamos, en mayor o menor grado. Si no estás pasando por alguna angustia ahora, bueno, lo más probable es que en algún momento te encontrarás en una situación profundamente difícil o dolorosa. Es una parte inevitable de vivir en un mundo caído.

Espero que lo que escuchaste de Elisabeth, lo que ella compartió con nosotras hoy, haya sido de aliento para ti. Si te perdiste una parte de la transmisión o si quieres volverla a escuchar, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Quizás este programa te ha traído a la memoria a alguien que está pasando por momentos difíciles y sabes que se podría beneficiar al escucharlo. Le puedes compartir el enlace del programa de hoy.

Annamarie: Gracias Nancy.

Qué bueno es escuchar mensajes como este que nos ayudan a tener una perspectiva correcta de las circunstancias en nuestras vidas. Espero que en medio de tu sufrimiento puedas recordar lo que has escuchado y ser animada a perseverar arraigada en Cristo.

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Leyendo la Biblia juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Él me sostendrá por Jonathan y Sarah Jerez

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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