Aviva Nuestros Corazones Podcast

Trabajando en el poder del Espíritu Santo, día 3

Annamarie Sauter: ¿Qué tanto nos enfocamos en predicar el nombre de Cristo? Imagina el siguiente cuadro:

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No sería algo maravilloso llegar al cielo y poder presentarle a Cristo a quienes les hemos enseñado Su Palabra y decirle: «Señor, te las entrego. Han sido santificadas. Han sido conformadas a la imagen Tuya. Ellas te aman, te conocen, han dado frutos para tu gloria. Y, Señor, es todo para ti»

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Cuando le queda poca gasolina a tu vehículo, ¿qué haces? Lo llenas para poder continuar andando. Entendemos la importancia de llenar los tanques de nuestros vehículos, sin embargo, cuando se trata de seguir el llamado de Dios en nuestras vidas, muchas de nosotras estamos intentando llegar a algún lado vacías.

Nancy nos ha estado hablando acerca de cómo hacer la voluntad de Dios en el poder del Espíritu Santo, en lugar de en nuestras propias fuerzas. Si no escuchaste el programa anterior y los puntos que Nancy nos señaló, puedes escucharlo o leer la transcripción en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Esta serie se titula, «Trabajando en el poder del Espíritu Santo».

Hoy retomaremos con un breve resumen y continuaremos a partir del punto número tres. Aquí está Nancy.

Nancy: Hemos estado hablando en los programas anteriores acerca de nuestra «preparación personal, y la importancia de una vida ungida». Ahora vamos a ver cómo hemos de «presentar el mensaje con poder» al comunicar la Palabra de Dios, creyendo que Él ungirá nuestros labios.

Y con este encabezado general, hablamos sobre la importancia de cultivar y de comunicar un sentido de asombro y reverencia por la Palabra de Dios, y hablamos de conscientemente buscar y depender del poder del Espíritu Santo y clamar a Dios por aceite fresco. Hago esto una y otra vez. Le digo: Señor, yo soy débil, pero Tú eres fuerte. Ven y úngeme con el poder de tu Espíritu Santo.

Y vimos muchos ejemplos bíblicos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento sobre esa unción con aceite, lo que simbolizaba. Simbolizaba una obra interior del Espíritu, capacitándonos y dándonos el poder de hacer lo que no podríamos hacer separadas de Él.

Así que ahora quiero pasar a este tercer punto de tener unos labios ungidos y una proclamación poderosa mientras enseñamos. Y, otra vez, tú estás enseñando en diferentes escenarios y diferentes contextos, estás llamada a hacer lo que Dios te ha mandado a hacer en el contexto de tu hogar, de tu iglesia local o de tu comunidad. Esta es la unción que creemos que Dios puede traer.

Estamos esperando en Dios para ver estas cosas suceder.

Número 3: Apunta a las personas hacia Cristo y hacia la cruz constantemente. Apunta a las personas hacia Jesús y la cruz.

El apóstol Pablo lo dijo muy claro en 2 Corintios 4:5: «Porque no nos predicamos a nosotros mismos».

En cambio, ¿Qué es lo que proclamamos? ¿A quién proclamamos? A Jesús como Señor. Apuntamos a la gente hacia Cristo. Lo que sea que estés enseñando, lo que sea, en la Palabra de Dios, que estés enseñando, cualquier tema bíblico que estés enseñando, debemos llevar a las personas a Jesús. Él es vida.

Pablo dice en 1 Corintios 2:2: «pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y este crucificado».

Ahora, esto no significa que no enseñes sobre nada más, porque tenemos todo el consejo de Dios que es tan rico y completo.

Una de mis metas desde la época en que era una adolescente, era estar dispuesta, para el tiempo en que conocí al Señor, a enseñar sobre cualquier libro de la Biblia de una manera que honrara al Dios. No puedo decir que he llegado. Sigo trabajando en ello. Pero cualquier libro sobre el que estés enseñando, ya sea Levítico, Hageo, el que sea, queremos seguir proclamando a Cristo crucificado mientras lo vemos reflejado a través de las Escrituras.

Hay un peligro mientras enseñamos la palabra, de perder de vista a Jesús quien es la Palabra viva. Y Jesús abordó esto con los líderes religiosos, los maestros de Sus días en el  Evangelio de Juan, capitulo 5. Él dijo, empezando en el versículo 37, a estos líderes religiosos, imagínate cómo esto les cayó cuando Jesús dijo:

«Pero no habéis oído jamás su voz ni habéis visto su apariencia. Y su palabra no la tenéis morando en vosotros, porque no creéis en aquel que Él envió. Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida».

Ves, puedes estar llena de conocimiento sobre la Biblia y sería inútil si no señala y atrae las personas a Cristo. De principio a fin, toda la Escritura señala a Cristo. Es todo sobre Él. La gloria del Señor cubrirá la tierra, así como las aguas cubren el mar.

Jesús dijo en Juan 5: «Si creen en Moisés...» estas personas eran expertas en la ley de Moisés. Si ustedes creyeran verdaderamente lo que enseñan de los libros de Moisés, «ustedes me creerían a mí» (v.46).

Moisés estaba apuntando hacia Jesús. Todas esas leyes del Antiguo Testamento, todas esas formas, todas esas ceremonias, todos esos ritos, estaban apuntando a Cristo.

¿Recuerdas en Hechos 8, cuando Felipe fue llevado a conocer al etíope eunuco que estaba leyendo la profecía de Isaías? El versículo 35 dice: «Entonces Felipe abrió su boca, y comenzando desde esta Escritura, (Isa. 53) le anunció el evangelio de Jesús».

Ve a Cristo. Ve a la cruz. El antiguo himno lo dice de esta manera:

Más allá de la página sagrada yo te busco, Señor.

Mi espíritu anhela por ti, oh, Palabra viviente.

Apúntalas a Cristo, y apúntalas a la cruz de Cristo, al Cristo crucificado.

Porque nuestro estudio bíblico no es al final de cuentas acerca de enseñar más o saber más o esforzarse más o hacerlo mejor. No es sobre ser más morales o personas rectas. Hay personas que son «morales y correctas» que van a partir al infierno porque no conocen a Jesús.

Nosotras no podemos guardar esta ley de Dios que trae convicción a nuestros corazones. Necesitamos un Salvador, tenemos un Salvador. Su nombre es Jesús. Esa es la buena noticia. Y si estás enseñando algo más al corazón o al centro de tus enseñanzas, no estás enseñando las buenas nuevas. Solo estás ayudando a la gente a estar más arraigada en su perdición, en su auto justicia o en su religiosidad. Pero no estás dándoles el evangelio de Cristo.

Número 4: Si quieres tener un ministerio ungido, enseñanzas ungidas, labios ungidos, comunica con un sentido de fervor, urgencia  y convicción.

Aquí está el asunto: ¿Si no creemos que lo que estamos diciendo realmente importa, entonces por qué las personas que nos están escuchando creerán que importa?

Ahora, cuando hablo de franqueza o de fervor o convicción, no estoy hablando sobre subirme a la plataforma y actuar y decir, «voy a ser muy dramática acerca de esto».

Estoy hablando de algo que viene desde adentro. Hablamos antes sobre el fuego que arde en tus entrañas, ardiendo en tu corazón porque has estado contemplando, has estado meditando, te has estado empapando y marinando en la Palabra de Dios, y el Espíritu de Dios ha estado haciéndose cada vez más vivo en ti.

Lo que he estado diciendo.. esto solo lo puedo decir en una habitación llena de mujeres... es que cuando estoy muy cerca de una conferencia o de un día de grabación de programas de radio, siento como si estuviera embarazada de nueve meses con ese contenido, con este mensaje, como, si debiera de entregarlo con una compulsión, es como que debiera salir. Es una urgencia, el fervor que Dios pone en mi corazón.

Empiezo muchos de estos estudios no sintiendo ningún sentimiento en particular por este libro o este estudio que estoy haciendo, pero mientras me sumerjo en él, va creciendo en mí. Esto ha pasado en mi corazón estos últimos días con este tema de la unción. He enseñado sobre este tema anteriormente, pero Dios está haciéndolo renacer fresco en mi corazón, y esa es la razón por la cual lo que hay dentro sale mientras lo comunico.

Y quiero que esto sea verdad cada vez que enseño la Palabra de Dios, que hay un sentido del Espíritu que emociona mi corazón con la importancia, la necesidad de este mensaje.

Tú te preguntarás: «¿Con cada mensaje?» ¡Sí, con cada mensaje!

Esto es sagrado. Esto realmente importa. Es importante. Si Dios lo dijo, como citamos antes, como dijo Agustín: «Cuando la Biblia habla, Dios habla». Y es entonces cuando debemos quitarnos los zapatos, el calzado de nuestros pies y decir, «estoy en tierra santa».

Pienso que muchas veces tenemos una actitud de...ajá... sobre este contenido sagrado. Y quiero pedirle a Dios que produzca en mi corazón y en el tuyo un sentido de fervor, de urgencia, de convicción, porque es crítico que las personas escuchen y crean lo que estamos diciendo.

Jesús ministraba de esa forma. Leemos en Marcos 1:22, donde dice, «Y se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas».

Ahora, no sé cómo esos escribas o fariseos enseñaban, cómo eran sus enseñanzas, pero había algo significativamente diferente cuando Jesús enseñaba.

Y no creo necesariamente que era porque hablaba más fuerte, o porque hablaba más rápido. No creo que fuera por el tono de voz. Creo que había una convicción interna. La obra del Espíritu Santo que comunicaba vida y pasión. Soplada, viva, un fuego. Les comunicaba: esto es algo que debes creer o perecer.

Y de algún modo, los maestros de la ley, eran académicos, eran expertos, eran eruditos y muy articulados. Tenían todo esto, pero aparentemente ellos no tenían la autoridad ni el poder del Espíritu Santo porque ellos no tenían vida. Ellos no tenían la vida de Cristo en ellos.

Pedro lo dice de este modo en 1 Pedro 4:11: «El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios».

Ahora, no sé tú, pero leer esto me hace temblar. Me provoca escalofríos, el darme cuenta la increíble responsabilidad que es venir y sostener este Libro y hablar y abrir y explicar las palabras de Dios. Pero cuando hablamos, así es como debemos hacerlo.

Pablo lo dice de este modo en 2 Corintios 5: «Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres… pues el amor de Cristo nos apremia...». Nos constriñe. «Como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!» (vv. 11,14,20).

Verás, hay enseñanzas que brindan información, pero no creo que la mayoría de los cristianos hoy en día necesiten mucha más información. Si viviéramos la mitad de lo que sabemos, estaríamos viviendo en el fervor del avivamiento.

Necesitamos personas que ministren la Palabra; que crean que lo que están diciendo importa; que crean que es verdad, y que nuestras vidas deben estar cimentadas en ella.

Así que Pablo dice: «Les rogamos en nombre de Cristo, reconcíliense con Dios». Es la eternidad está en juego aquí.

Ahora, eso no significa que cada vez que enseñes... algunas de ustedes quizás sean tímidas o reservadas, tienen una personalidad diferente... Eso no significa que debas hablar como yo o que yo debo hablar como alguien más. No significa que cada vez que tengas esta conversación seas así de intensa, pero ten convicción sobre lo que estás diciendo. Debe haber una convicción interna de que esto es realmente importante porque es la Palabra de Dios.

El apóstol Pablo habló en Gálatas 4, sobre estar como en labor de parto y arduo trabajo, la angustia del parto, mientras él ministraba. Ese es el fervor, la urgencia que necesitamos.

Richard Baxter era un pastor Puritano, y muchos puritanos entendían esto. Así es como él lo describe. Dice así:

Hagas lo que hagas, deja a las personas ver que eres sincero. No puedes quebrantar el corazón del hombre por bromear con ellos o por contar una historia o decir una oración de mal gusto. Los hombres no dejaran ir sus placeres más preciados por una petición somnolienta por alguien que parece no querer decir realmente lo que está diciendo o que le importe mucho si su petición fuera otorgada.

Me pregunto ¿cuánto de lo que estamos diciendo suena como esas enseñanzas somnolientas? Él nos dice, ¿quién creerá en eso? ¿Quién estará dispuesto a dejar sus más profundos placeres mundanos por seguir a Cristo, la perla de gran precio, si no actuamos como si Él realmente fuera algo preciado?

Comunica con fervor, con urgencia y con convicción.

Número 5: Mientras enseñas, mientras comunicas, considera la condición de las que  escuchan. Esto es muy importante. Podríamos hablar toda una sesión de esto, pero permíteme tocar este tema con algunos pasajes bíblicos.

Lo que quiero decir con esto es que consideres, mientras te preparas, mientras oras, mientras hablas, mientras escribes, las diferentes maneras en las que Dios podría estar trabajando en los corazones de las distintas personas. La condición de sus corazones va a variar.

Dentro de esta audiencia hay corazones en condiciones distintas. Y estoy plenamente consciente de esto mientras enseño. Así que, algunas veces pienso en las condiciones de un corazón y otras veces en otro.

Verás, esto se ve descrito por Jesús en la parábola del sembrador en Lucas 8: «El sembrador salió a sembrar su semilla». Y luego explicó: ¿La semilla es? La Palabra de Dios.

Versículo 5: «y al sembrarla una parte de ella cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron».

Y los discípulos le preguntaron a Jesús, «¿Qué significa esta parábola?»

Jesús les explicó: «Y aquéllos a lo largo del camino son los que han oído, pero después viene el diablo y arrebata la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven» (v. 12).

Esta es una tierra dura. No es un suelo receptivo, y el diablo puede venir y llevarse la Palabra. Estas personas en este contexto no son creyentes. El escuchar no va acompañado de fe. Pero a veces, incluso como creyentes, nuestros corazones  pueden no ser flexibles o estar quebrantados, ni estar suaves y sensibles mientras escuchamos la Palabra. Así que, debes saber que hay personas que vienen a escucharte enseñar, y tienen corazones duros.

Mira el versículo 6, hay un segundo tipo de tierra: «Otra parte cayó sobre la roca, y tan pronto como creció, se secó, porque no tenía humedad».

Jesús explicó: «Y aquéllos sobre la roca son los que, cuando oyen, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíz profunda; creen por algún tiempo, y en el momento de la tentación sucumben» (v. 13).

Son los que dicen: «¡Wow! ¡Realmente estamos entendiendo! ¡Estamos entusiasmados con lo que acabas de enseñar!» Pero no tienen raíces. Así que por un tiempo creen, pero en tiempos de prueba, se alejan. Así que, algunos que parece que están recibiendo realmente alegres la Palabra no tienen raíces, así que cuando se pone difícil la cosa, abandonan la conferencia, se retiran de la enseñanza, se van a sus casas, alguien las critica y se alejan. No duran.

Versículo 7: «Otra parte cayó en medio de los espinos; y los espinos, al crecer con ella, la ahogaron».

Y Jesús dijo: «Estos son los que han oído, y al continuar su camino son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y su fruto no madura» (v.14).

Debes saber que mientras enseñas, a algunas de las personas a las que les estás hablando, y muchas veces tu propio corazón, mi propio corazón, cuando nos vamos de la predicación de la Palabra de Dios, dejamos que las preocupaciones y las riquezas y los placeres de este mundo, ahoguen la semilla de la Palabra de Dios, y no dejan que rinda fruto.

Y luego Jesús dijo: «Y otra parte cayó en tierra buena, y creció y produjo una cosecha a ciento por uno…estos son los que han oído la palabra con corazón recto y bueno, y la retienen, y dan fruto con su perseverancia» (vv. 8,15).

Me encantaría pensar que todas las personas que escuchan nuestras enseñanzas serán esas semillas en tierra buena, pero no lo son. Y debemos estar conscientes de que hay diferentes condiciones de suelo, de terreno.

Jesús conocía la condición de los corazones de los hombres, y los abordó de acuerdo a cada cual. Lo vemos ser gentil con los pobres y quebrantados que sabían que eran pecadores porque veían su necesidad de un salvador. Pero lo vemos ser duro con los orgullosos y religiosos.

Con sus propios discípulos, fue sensible hacia lo que ellos podían manejar. Jesús les dijo en Juan 16: «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar» (v. 12). ¿Qué es lo que Jesús les está diciendo? «No les voy a lanzar un camión lleno de contenido que no están listos para escuchar». Eso es sensibilidad.

El apóstol Pablo en 1 Corintios 3, así como el escritor de Hebreos en el capítulo 5, hablan sobre la leche siendo alimento para los infantes espirituales. No hay pecado en ser un infante si eres un infante. Ahora, si llevas conociendo a Jesús veinte años y sigues siendo un infante espiritual que solo puede digerir leche, entonces ahí si hay un problema.

Pero hay cristianos bebés, nuevos cristianos, cristianos jóvenes. Ellos necesitan la leche de la Palabra. Así que no lances carne sólida a la boca de un bebé de dos meses. Pídele a Dios que te dé sabiduría sobre a quién le hablas y cuál es su necesidad. La comida sólida, esos pasajes nos dicen, son para aquellos que han madurado, que están listos y pueden manejarla.

Un buen médico no receta el mismo tratamiento para todos sus pacientes. Él diagnostica la condición de cada individuo, y determina lo que le recetará de acuerdo con cada uno. Y eso es verdad, si queremos ser buenos médicos espirituales, si queremos ministrar el espíritu de las personas.

El apóstol Pablo dice esto en 1 Tesalonicenses 5. Él dice: «Y os exhortamos, hermanos...» «Les rogamos hermanos…» (v.14). Está hablando con los líderes de la iglesia. Hay diferentes tipos de personas, en su congregación y necesitan abordarlos de diferentes maneras.

Él dice: «...a que amonestéis a los indisciplinados», aquellos que son rebeldes, desordenados, necesitan ser advertidos, reprendidos.

Y luego dice: que «animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos» (v.14).

Así que, tenemos diferentes necesidades. Pídele a Dios que te ayude a discernir la condición de los corazones de las personas, y después, pídele que bajo la guía de Su Espíritu Santo, puedas ministrar la Palabra a las distintas condiciones del corazón.

Número 6: Si quieres tener labios ungidos, concéntrate en la meta de tu enseñanza bíblica. El propósito del estudio bíblico no es solo brindar más información.

Ahora, necesitamos información. Hay muchísima información en este Libro, y realmente estamos viendo un analfabetismo bíblico desenfrenado hoy en día, inclusive dentro de la iglesia. Así es que, necesitamos la enseñanza. Necesitamos la información. Pero la meta no es llenar las mentes de las personas de más información o llenarlos de apuntes para poner en sus repisas ya llenas. 

La meta es que lleguen a conocer a Dios, y que ese conocimiento de Dios transforme sus vidas desde adentro hacia afuera; que sean conformados a la imagen de Cristo; que se conviertan en creyentes fructíferos, no solo calentando sillas, no solo gente ocupando espacio, dándole propinas a Dios en la ofrenda. Sino que se conviertan en discípulos ardientes y fervientes de Jesús que se reproducen espiritualmente. Esa es la meta de nuestra enseñanza.

Pablo habla sobre esto en 1 Corintios 1, de nuevo, un texto sobre el cual podríamos tener toda una sesión.

Pero él dice: «Desde el día que escuchamos sobre su fe en Cristo y de su amor por todos los santos, no cesamos de orar por ustedes, y esto es lo que pedimos: Pedimos que sean llenos del conocimiento de Su voluntad» (v.9, parafraseado).

Eso es conocimiento acerca de Dios.

Y luego dice, «en toda sabiduría e inteligencia espiritual». No solo los hechos, sino entender cómo ese conocimiento de Dios se aplica a tu vida y a tu caminar con Dios, para que vivan como es digno del Señor, es decir, siempre haciendo todo lo que a Él le agrada».

Él dice, «quiero que conozcan del Señor, para que puedan entender las implicaciones de esto para que así puedan sus vidas ser cambiadas, para que así tengan un andar diferente. Para que seas conformada a la imagen de Dios, y tu vida sea transformada».

Y ese no es el final. Dice además, «produciendo los frutos de toda buena obra» (v.10).

Se espera de nosotras que seamos creyentes que produzcan fruto.

Y luego, «creciendo en el conocimiento de Dios» (v.10).

Empezó primero con el conocimiento de Su voluntad. ¿A dónde nos lleva esto? A conocer más a Dios. Y mientras más conoces a Dios, más quieres saber de Él. Así que regresas al conocimiento de Su voluntad y todo conocimiento, inteligencia y sabiduría espiritual; caminando de una manera digna del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios, lo que te llevará de nuevo a esperar conocerlo más a Él.

Hay un ciclo sin fin, un ciclo continuo de conocer más sobre Dios, recibir sabiduría y entendimiento, y luego caminar de una manera que sea agradable a Dios, produciendo fruto, y conociendo más a Dios. Hacia allá es hacia donde quieres que tu enseñanza las lleve, y tu estudio también.

Pablo lo dice de este modo al final de Colosenses 1: «A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, (¿para que?) a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo» (v. 28).

Y luego dice: «Y con este fin también trabajo, esforzándome según su poder que obra poderosamente en mí.»

Este no es un ministerio para corazones débiles. Es para las que están dispuestas a perseverar, a esforzarse, a trabajar, a luchar para que Cristo pueda ser formado y pueda renacer en los corazones de aquellas a las que estamos enseñando.

Y regreso a Gálatas 4:19: «Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en ustedes».

No sería maravilloso llegar al cielo y poder presentarle a Cristo a aquellos a quienes les hemos enseñado la Palabra de Cristo y decirle, «Señor, te los entrego. Han sido santificados. Han sido conformados a la imagen de Cristo. Ellos te aman. Ellos te conocen. Han dado frutos para tu gloria. Y, Señor, es todo para ti».

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado ayudando a darte cuenta del gran efecto eterno que puedes tener en las vidas de otras mujeres. Y para llevar a cabo ese tipo de ministerio, tienes que ser llena del poder del Espíritu Santo.

Hay tantas mujeres con trasfondos tan retadores. ¿Cómo es posible que mensajeras tan débiles como nosotras—como tú— podamos ayudarlas? Nancy hablará sobre esto en nuestro próximo programa. Regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario

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