Podcast Aviva Nuestros Corazones

Tú puedes cultivar el contentamiento en el corazón

Carmen Espaillat: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que quejarse es una condición grave del corazón.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Cuando me quejo, estoy diciendo que rechazo la voluntad de Dios,  la autoridad  de Dios y el derecho de Dios a gobernar mi vida.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. Si hay algo que conduce a una madre a la locura, es escuchar a sus hijos  quejarse. Es fácil para los adultos decirle a los niños que cultiven el contentamiento,  y luego, empezar a quejarse  ellos mismos.

Este problema nos afecta  casi a todos. Nancy está aquí para ofrecernos  una perspectiva bíblica que nos será de gran utilidad.

Nancy: Estamos examinando la forma cómo respondemos a los problemas, desafíos y decepciones de nuestras vidas y la forma en que tendemos a murmurar y quejarnos, cuando Dios no hace las cosas como creemos que debería hacerlas.

La  última vez que estuvimos  juntas,  revisamos  cuatro ocasiones en la vida del pueblo de Israel, justo después que salieron de Egipto.  Dos meses después de haber sido redimidos de Egipto, vimos cuatro casos en los que se enfrentaron con  obstáculos, donde encontraron una situación difícil o imposible.

Hemos visto que en cada uno de esos cuatro casos, su respuesta natural—al igual que la tuya y la mía frecuentemente—fue  quejarse,  murmurar,  dudar de Dios, y atacar a los representantes de Dios, Moisés y Aarón. Hemos visto que en cada uno de esos cuatro casos, Dios tuvo misericordia de ellos. A pesar de sus murmuraciones, Él hizo un milagro, y se compadeció de  sus necesidades.

Dios quería que los hijos de Israel  llegaran a saber cómo era Él, que podía ser confiable, que Él era omnipotente, que Él tenía poder para hacerle frente a cualquier imposibilidad. Dios era su proveedor, y Él satisfaría sus necesidades.

Después de que los hijos de Israel habían pasado por esas cuatro ocasiones que leemos en el libro del Éxodo, Dios guió a los hijos de Israel al Monte Sinaí. Si sabes la historia del Antiguo Testamento, sabrás que se establecieron allí durante once meses. Ahí fue donde Dios les dio la Ley.

Gran parte de los libros de Éxodo, Levítico y Números  se enfocan en lo que Dios le mostró a los hijos de Israel allí, en el monte Sinaí. Este no fue el final de sus dificultades, pero cuando llegamos al libro de  Números, comenzando en el capítulo 11, nos encontramos con que los hijos de Israel no han sido sanados de la murmuración y la queja.

Para que no seamos demasiado duras con ellos, ¿Qué tiempo se necesita para curarnos? Justo cuando pensamos que realmente deberíamos tener confianza en la bondad de Dios, cuando debíamos ser capaces de alabarle por  fe, algo más sucede, nos agarra con la guardia baja, y nos encontramos una vez más quejándonos, murmurando, y dudando de Dios.

En los cuatro primeros casos, Dios ha sido muy misericordioso. En todas las ocasiones realizó un milagro. Vamos a ver, que a partir de Números 11, Dios comienza a responder de manera diferente a sus murmuraciones y  a sus quejas. A partir de este momento, casi cada vez que murmuraban, Dios enviaba  juicio.

Dices: "¿Por qué la diferencia? ¿Por qué en los primeros cuatro casos Él hizo un milagro,  como si Él ignorara sus murmuraciones? ¿Y por qué, de repente, a partir de Números capítulo 11, luego de que llegaron al Monte Sinaí...  por qué de repente Dios responde con ira y juicio ante sus murmuraciones? "

Al meditar en estos pasajes, me parece que en esos primeros meses, al salir de Egipto, Dios sabía que eran inmaduros. Dios sabía que en realidad no le conocían, y Dios quería darles la oportunidad de llegar a conocerlo. Ahora habían visto la obra de Dios, habían visto Sus milagros, habían experimentado Su gracia, Su poder, Su bondad y Su amor. Ahora, ellos sabían más, y eran más responsables.

Quiero decirle estas palabras a aquellas de nosotras que hemos estado caminando con el Señor, tal vez por algunos  años—somos más responsables por lo que hacemos en la medida que conocemos lo que Dios puede hacer, cuando lo vemos actuar a nuestro favor. Verás una respuesta muy diferente de parte de Dios a sus murmuraciones.

Las Escrituras nos dicen en Números capítulo 11, que "el pueblo se quejó". En este caso, no nos dice de qué se quejó, y es casi como si no importara. Siempre podemos encontrar algo de qué quejarnos. No da ninguna razón.

Al parecer enfrentaban algún tipo de dificultad. A pesar de que no nos señalan ninguna razón para esa murmuración, hay una vívida descripción de la respuesta de Dios a sus quejas. Las Escrituras dicen:

Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento. Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos. (vv. 1, 3 RV)

Esa palabra, Tabera, significa "quemar". Dios envió una plaga.  Puedes imaginarte a los hijos de Israel—que de alguna manera se habían acostumbrado a murmurar, y se habían acostumbrado a que Dios viera sus murmuraciones — y ¡de repente! Hay una plaga, hay fuego,  hay llamas.

Uno se pregunta si estarían pensando: "¿Qué tiene  Él? ¿Qué provocó a Dios? “Dios había oído sus murmuraciones todo el tiempo, pero ahora Dios está diciendo: "Mira, sabes mucho. Has estado a mí alrededor lo suficiente.  Has visto mis obras.  Has visto mi gracia. Quiero que sepas que tomo en serio tus murmuraciones".

Números capítulo 11, continuando en ese pasaje, comenzando con el versículo 4, dice que había una multitud mixta entre los israelitas. Estos eran extranjeros, no-israelitas que salieron de Egipto junto con los israelitas en el éxodo, y comenzaron a anhelar otros alimentos. Algunas de sus traducciones dicen que eran el "populacho".

Ellos eran quejosos, de esos que siempre hay en algunos grupos, en cualquier iglesia y en cualquier familia. A menudo hay un quejón, alguna llorona y observa cómo infectan a todos los demás a su alrededor. Cuando esta multitud mixta comenzó a exigir otro tipo de alimentos, afectó—e  infectó— a todos los demás.

Y la Palabra dice que, de nuevo, los israelitas comenzaron a lamentarse, "y dijeron: ¡Si al menos tuviéramos carne para comer! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de forma gratuita. "¿Quién les estaba cobrando ahora? No era como que ahora  tuvieran  que pagar por la comida.

Están comparando su situación actual con la que tenían en Egipto. "Recordamos  los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y el ajo". Eso no  suena muy apetitoso para mí, y puede que  para ti tampoco. Pero estaban recordando los alimentos exóticos que habían tenido en Egipto, y dijeron: “y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos” (vv. 4-6).

Tenían comida, pero se aburrían con el tipo de comida que tenían. "Queremos variedad, queremos especias, queremos algo diferente". El pasaje continúa  diciéndonos que el Señor se enojó mucho, y Moisés también estaba disgustado y dijo a Dios: "No puedo yo solo soportar a todo este pueblo ¡Dios, tienes que hacer algo!" Y Dios de hecho lo hizo; Él hizo algo.

En el versículo 18, Moisés dijo a los hijos de Israel (estamos en Números capítulo 11),

El Señor les escuchó cuando  se lamentaron: " ¡Si solo tuviéramos carne para comer! ¡Estábamos mejor en Egipto!"  Ahora el Señor les dará carne, y se la comerán. No la van a comer por un día, dos días,  cinco, diez o veinte días, sino durante un mes entero —hasta que les salga por las narices y la detesten— porque  han rechazado [algunas traducciones dicen que  " han despreciado"] al Señor, que está entre vosotros, y se han lamentado ante Él diciendo: “¿Por qué salimos de Egipto?”(vv. 18-20).

El pasaje continúa diciéndonos que Dios envió codornices en abundancia, más codornices de las que podían manejar, pero escucha  esta descripción, comenzando en el versículo 33 —es muy gráfica.

Mientras  la carne estaba todavía entre sus dientes y antes de que pudiera ser consumida [antes siquiera de que hubieran tragado una mordida] la ira del Señor se encendió contra el pueblo, y los hirió con una plaga muy grande. Por lo tanto, el lugar fue llamado Kibrot-hataava (vv. 33-34).

Ahora bien, quizás el nombre no significa nada para ti, pero es una frase hebrea que significa literalmente "tumbas del deseo". Terminaron muriendo y siendo enterrados, algunos de ellos, debido a su codicia, debido a sus exigencias de que Dios cumpliera sus deseos.

"Allí sepultaron a la gente que había anhelado otros alimentos" (v. 34).

Siguiendo adelante, hayamos otro caso en Números capítulo 14, y vemos de nuevo un patrón muy similar. Ahora llegamos a un lugar llamado Cades-barnea, y se enfrentan con un reto imposible. Los espías  han sido enviados a verificar la salida de la tierra de Canaán, y de los doce que entraron, diez regresaron y dijeron: "No podemos hacerle  frente a esto. Hay gigantes en la tierra. Esto es demasiado difícil para nosotros”.

Las Escrituras dicen en el capítulo 14 versículo 1,

Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada?

"(Vv. 1-3).

¿Te suena familiar? Es solo la estrofa siguiente, de la misma canción.

Nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa. . . . Y se dijeron unos a otros: " Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto." (v. 3).

Treinta y ocho años más tarde, Moisés estaba revisando el incidente con los hijos de Israel, con estos quejosos, mirando hacia atrás.  Y así fue que  comentó sobre esa situación. Él dijo, "Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: "Porque el SEÑOR nos aborrece, nos ha sacado de la tierra de Egipto para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos"( Deut. 1:27).

¿Ves cómo atacaron el carácter de Dios? Ellos dijeron: "¡Dios nos odia! Y es por eso que Él nos ha hecho esto a nosotros. "¿Puedes imaginarte llegar a un punto en nuestras vidas donde fijemos la vista en  un Dios que nos ha mostrado misericordia increíble,  amor, bondad, lo miremos a la cara y le digamos?:" Tu nos odias. Es por eso que nos has ocasionado esto ".

Pero ¿no es eso lo que el enemigo nos lleva a hacer, a dudar del amor y la bondad de Dios? El Señor dijo a Moisés (¿cómo responde Dios a esto?).

El Señor dijo a Moisés: " ¿Hasta cuándo me desdeñará este pueblo? ¿Y hasta cuándo no creerán en mí a pesar de todas las señales que he hecho en medio de ellos? Los heriré con pestilencia y los destruiré. (Num 14:11-12).

A medida que leemos,  encontramos que Moisés intercedió por ellos y Dios perdonó a los hijos de Israel, pero habrían algunas consecuencias bastante graves. El pasaje continúa—estamos todavía en Números capítulo 14— Dios dice:

¿Hasta cuándo tendré que sobrellevar a esta congregación malvada que murmura contra mí? He oído las quejas de los hijos de Israel, que murmuran contra mí. Diles: "Vivo yo"—declara el SEÑOR—" que tal como habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros (vv. 27-28).

¿Qué habían dicho? "¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiéramos muerto en este desierto!" Y dijo Dios: "¿Quieres morir? Te voy a dar lo que has pedido. Así dice Dios,

En este desierto caerán vuestros cuerpos —cada uno de ustedes de veinte años de edad o más que se contó en el censo y que ha murmurado contra mí. Ninguno de ustedes va a entrar en la tierra. . . . Sus cuerpos caerán en este desierto. Tus hijos serán pastores aquí por cuarenta años, sufriendo por su infidelidad (vv. 29, 32-33).

En algunas  traducciones  la palabra infidelidad se traduce como "tus fornicaciones". Así de serio tomó Dios esto.

Sus hijos van a sufrir por su [adulterio espiritual] infidelidad, hasta que el último de sus cuerpos sea encontrado en el desierto. . .  Ustedes van a sufrir por sus pecados, y sabrán lo que se siente  tenerme en su contra.

Ciertamente esto haré a toda esta perversa congregación que se han juntado contra mí. En este desierto serán destruidos, y aquí morirán (vv. 33-35).

Así vemos, que la raíz del pecado que causó consecuencias increíbles en los hijos de Israel fue el pecado del descontento. . . descontento con Dios, con Su presencia, con Su provisión, y con Su plan.

Quiero que veamos algunas de las características de un corazón descontento o insatisfecho, porque hemos visto que el apóstol Pablo dijo: "Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros". Fueron escritas para advertirnos. "No murmures", dice Pablo en 1 Corintios 10  “como algunos de ellos murmuraron y perecieron en el desierto" (v. 10).

¿Cuáles son algunas de las características del descontento? En primer lugar, quiero que veas que el descontento es una condición del corazón. Es un asunto del corazón. Ahí es donde comienza. No empieza al ser expresado verbalmente—comienza con un corazón internamente descontento con Dios. Es la actitud de un corazón insatisfecho con lo que Dios ha provisto.

Dios ha suplido nuestras necesidades, pero dentro de cada uno de nosotros, hay una parte que dice: "Yo quiero más". Hay un anhelo de más, el anhelo por lo que Dios no ha provisto. Dios proveyó maná y los Hijos de Israel, dijeron: "Queremos más variedad en nuestro menú".

Cuando Dios provee, la inclinación de nuestro corazón, es decir, "Dame más." Es natural a nuestra carne. Frecuentemente, nuestro descontento se centra en lo  temporal y no en lo eterno. Mira las cosas por las cuales los hijos de Israel murmuraron. Tenían que ver con el agua, con la comida, con los egipcios.

Eran  visibles, reales. Ellos perdieron de vista las realidades invisibles y eternas.  Tenían sus ojos puestos en lo que podían ver, lo que podían tocar, y estaban siempre anhelando  más de lo temporal, pero perdieron la perspectiva de lo eterno.

¿Qué es eterno?  El carácter de Dios, el corazón de Dios, la bondad de Dios, el plan de Dios, y pero es verdad que en este mundo en el  que vivimos,  tiende a enfocarse en la ropa, en lo  temporal, en la provisión física. En el tipo de casa en que vivimos, en el trabajo que tenemos, en las personas que nos rodean.

Nos fijamos y obsesionamos con las cosas que podemos ver. Cuando hacemos eso, cuando nos estamos enfocando en las realidades visibles y temporales, perdemos de vista las grandes realidades eternas. Perdemos la perspectiva.

El descontento generalmente implica  comparación. Nos comparamos con la manera en que solíamos ser. Nos acordamos de cómo era en Egipto. Teníamos todos aquellos alimentos estupendos para comer. Se habían olvidado de que habían sido siervos miserables de Faraón, esclavos de Faraón  todos esos años.

Pero se acordaron de las pocas cosas buenas acerca de la manera en que solían ser, y  compararon. Nos comparamos con la manera en que les va a otros, las cosas que otros tienen que nosotros no tenemos—las experiencias que otros son capaces de disfrutar que no llegamos a experimentar.

Todo este pecado del descontento en mi propia vida, me resulta  muy fácil alimentarlo por cosas como catálogos, centros comerciales. . . Estoy satisfecha con lo que tengo. Estoy contenta con la ropa que tengo. Tengo algo que ponerme todos los días. Solo en Estados Unidos  podemos  ir a un armario lleno y desbordado y decir: " No tengo nada que ponerme".

Mientras me quede en mi casa y en mi pequeño círculo, me conformo con lo que tengo, hasta que entro en una tienda por departamentos, y empiezo a ver todas las cosas nuevas que no sabía que yo no  tenía, que  no sabía que necesitaba hasta que las vi anunciadas.

Somos alimentados por la publicidad, la televisión, otras personas pasan a ser nuestro estándar de lo que necesitamos. Creemos que lo que tenemos está bien, pensamos que el coche que conducimos está bien, creemos que el trabajo que tenemos está muy bien, hasta que nos fijamos en lo que otras personas tienen, y empezamos a comparar. El corazón descontento duda de la bondad de Dios,  pone en duda el amor de Dios, duda de Sus promesas, duda de Su poder y el corazón descontento duda que la presencia de Dios sea suficiente para mí. Cuando tenemos un corazón descontento, nos encontramos como los hijos de Israel: empezando a creer las mentiras acerca de Dios. Empezamos a creer cosas que no son ciertas acerca de Dios, y sabemos que no son ciertas.

El descontento  nos hace irracionales. No nos deja pensar con claridad, y nosotros hacemos también lo que los hijos de Israel  hicieron. Leemos en Deuteronomio capítulo 1 que los hijos de Israel, dijeron: "Dios nos odia. Él nos quiere destruir”.

¿Puedes  imaginar  que seamos capaces de mirar a los ojos de nuestro amoroso Padre celestial para decirle, "Yo sé que no me quieres de verdad. Sé que me odias.  Sé que  me quieres destruir?" Nunca podrías decir esas palabras en voz alta, pero ¿alguna vez has tenido la tentación de sentirte de esa manera, como cuando te encuentras en una situación imposible, sintiendo que Dios no te ama, que Dios te odia?

Así que nos encontramos a nosotros mismos creyendo cosas acerca de Dios, y tal vez incluso en última instancia, diciendo cosas acerca de Dios que no son ciertas. Cuando tenemos un corazón insatisfecho, nos olvidamos de la anterior provisión de Dios. Nos olvidamos de lo que Él ha hecho. Es por eso que es tan importante,  lo he podido ver en mi propia vida, mantener un registro de las bondades de Dios, para anotarlas con regularidad: "¿Qué ha hecho Dios por mí?"

En el último par de años, he estado más o menos regularmente  llevando un diario de agradecimiento, y hago  el ejercicio —no lo hago cada mañana —pero muchas mañanas comienzan con sólo anotar cinco cosas por las que estoy agradecida.

No todas son cosas grandes o inmensas.  Agradezco a Dios por mi salvación y por algunas otras cosas realmente increíbles; le doy gracias a Dios cuando sale el sol. Doy gracias a Dios cuando sale el sol de la mañana que es un recordatorio de Su fidelidad, y de que Él cumple Sus promesas.

Doy gracias a Dios que tengo que comer hoy. Doy gracias a Dios por una almohada, por una cama, por mantas cuando hace frío, por el calor en el invierno, por el aire acondicionado en el verano.

Entonces, cuando me siento tentada a murmurar, a quejarme, a pensar que no tengo lo que necesito, puedo volver atrás y revisar este registro de la provisión anterior de Dios. Pero cuando tenemos un corazón insatisfecho, estamos tentadas a olvidar lo que Dios ha hecho en el pasado.

Cuando tenemos un corazón insatisfecho, dudamos que Dios proveerá en el futuro. Dudamos de que Él proveerá lo que necesitamos en el camino. Cuando tenemos un corazón descontento, rechazamos lo que Dios está ofreciéndonos ahora mismo—Su provisión actual.

Eso fue lo que los hijos de Israel le dijeron a Dios: " ¡Nosotros detestamos este miserable alimento!" Olvidaron  cómo Él les había provisto en el pasado,  pusieron en duda que Él les proveería en el futuro, y  dijeron: "En cuanto a lo que tenemos ahora, lo detestamos. No nos gusta. Nosotros no lo queremos”.

Cuando tenemos un corazón insatisfecho, no somos capaces de ver los propósitos de Dios, y no somos capaces de aceptar los designios de Dios,  ver  que Dios tiene un plan en el que Él está trabajando, que Él está cumpliendo. Él está queriendo mostrarnos Su grandeza, Su poder, Su misericordia y Su amor. Él está queriendo conformarnos y moldearnos. Él está queriendo hacernos verdaderos creyentes. Él está queriendo edificar nuestra fe, pero cuando tenemos un corazón insatisfecho, rechazamos los propósitos de Dios. Decimos, en efecto, “No me importa cuál es Su plan. Yo quiero lo que quiero y lo quiero ahora”. Cuando tenemos un corazón insatisfecho, nos encontramos invariablemente siendo conducidos a otros pecados. No se limita al corazón.

Terminamos expresando nuestro descontento por medio de la murmuración, verbalizamos nuestro descontento, expresándolo a Dios y a los demás. Y tal vez no somos tan rápidos en expresárselo a Dios como lo somos con  los demás. Así que nos encontramos a nosotros mismos expresando nuestros lamentos a los demás —y es increíble todas los motivos que podemos encontrar para quejarnos.

Ya hablaremos en las próximas sesiones sobre algunas de las cosas por las que nos quejamos. El pecado del descontento en última instancia conduce al pecado de la murmuración, a expresar nuestro descontento con Dios. El pecado de descontento va mano a mano con otro pecado muy grave. Ese es el pecado de rebelión.

En Deuteronomio, Moisés les dice a los hijos de Israel, como se reflejó en esos años la murmuración, él dice, "se rebelaron contra Dios". Cuando me quejo, estoy diciendo: “Yo rechazo las elecciones de Dios, la autoridad de Dios y el derecho de  Dios a gobernar  mi vida. No quiero  Su plan para mi vida. Me rebelo contra esto”.

Esa es una batalla que no podemos ganar. Dios hará su voluntad en nuestras vidas, pero podemos ir pateando y gritando, o podemos ir en  sumisión,  entrega y  fe.

Carmen: Es tan fácil caer en la queja, pero como Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando,  no tienes que dejarte controlar por el descontento. ¿Quieres explorar con Nancy. . . escudriñar con ella en la Biblia sobre el tema de la gratitud? Obtén una copia de su libro Sea Agradecido: Tu camino al gozo. Explora este tema con Nancy, y reemplaza las actitudes del descontento. Nancy, es alentador saber cuántas mujeres se han visto profundamente afectadas por este libro.

Nancy: Sí, Leslie, ha sido una alegría increíble ver como Dios ha usado las sencillas verdades de este libro para impactar las vidas de las personas de maneras realmente transformadoras. Una mujer de Wisconsin escribió después que su pequeño grupo en la iglesia comenzó a estudiar Sea Agradecido. Ella dijo: "Nunca pensé que era una ingrata hasta que empecé a leer este libro." Y entonces  dijo, "Sonó en mi vida como un violín. Diagnosticar el problema es la mitad de la solución. Muchas gracias por este libro".

Sea Agradecido no sólo diagnostica el problema,  muestra cómo caminar agradecidos día por día, sin importar la temporada o las circunstancias difíciles que puedan ser parte de tu vida en este momento.

Quiero aprovechar esta oportunidad para dar las más  sinceras "gracias" a todos nuestros compañeros, que hacen posible este ministerio con sus oraciones y su fiel apoyo financiero. Dios está usando su inversión para hacer una diferencia eterna en la vida de muchos. Muchas gracias.

Carmen: Puedes donar cualquier cantidad a Aviva Nuestros Corazones llamando al 1-800-569-5959, desde los EEUU o Canadá,  o haz tu donación en www.AvivaNuestrosCorazones.com, o simplemente visítanos para que te beneficies de los recursos que allí podrás encontrar.

¿Cuáles son las causas del descontento? Mañana le echaremos un vistazo. Por favor, acompáñanos en  Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

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