Podcast Aviva Nuestros Corazones

Annamarie Sauter: Rosaria Butterfield dice: «Cuando invitas a alguien a conocer a Jesús, no parecerá algo real hasta que lo invites también a tu casa.»

Rosaria Butterfield: El evangelio viene con la llave de la casa. Una de las cosas más difíciles…

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Me encanta esa frase. El evangelio viene con la llave de la casa.

Rosaria: Y si no es así, el evangelio está incompleto, es la mitad. Ahí es donde entra en juego la hospitalidad.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Hay algo especial en ministrar a mujeres en tu comunidad local. En una casa, en un café, una clase en la iglesia, en un pasillo… aquí es donde el ministerio real se lleva a cabo, vida a vida. Lo hemos llamado mentoría, pero es más que eso— se trata de una vida.

Puede ser difícil, pero hay un profundo gozo aun en aquellos momentos difíciles, porque estás haciendo una diferencia. Familias e iglesias son impactadas por la obra de Dios a través de ti.

En Revive ‘17, un evento de dos días para mujeres, vamos a profundizar en Tito capítulo 2, y a explorar cómo el Señor desea que nosotras vivamos la hermosura del evangelio, juntas. Los días 29 y 30 de septiembre de este año.

De mujer a mujer

De mayor a menor

Día a día

Vida a vida

Este es el hermoso plan de Dios.

Revive ‘17 es un evento diseñado para:

  • Equiparte para ministrar de manera más efectiva a las mujeres en tu comunidad.
  • Animarte a continuar aún cuando sea difícil.
  • Retarte a tener un mayor impacto en tu comunidad.

Para más información visita Revive17.com.

Annamarie: Bien, ahora Nancy retoma la conversación con Rosaria Butterfield en la serie: «Los pensamientos secretos de una conversa improbable.»

Nancy: Bueno, Rosaria Butterfield, yo siento que tengo en ti una amiga muy querida y muy especial.  Te he admirado desde la distancia por varios años.

Rosaria: Y yo a ti.

Nancy: Nosotras queríamos contactarnos.  Tenemos amistades en común, como ya lo había mencionado en un programa anterior.  Tu agente literario, Robert Wolgemuth, es ahora mi esposo. Yo estoy muy agradecida con el Señor, porque hizo que nuestros caminos se cruzaran.

Rosaria: Lo mismo digo, hermana.

Nancy: Eres muy hermosa. Nuestras vidas son muy diferentes en muchos, muchos aspectos.  Nuestros pasados. Tú has estado casada por muchos años.  Yo estoy recién casada.  Tú tienes cuatro hijos adoptados. Tú educas a tus hijos en la casa.  Nuestras vidas son muy diferentes.

Pero en Cristo y por Su providencia, ambas amamos  Su Palabra. Tenemos amor por la verdad.  Hay gozo y libertad y sabemos que viene a través del don del arrepentimiento.  Estas cosas son las que realmente importan en el  tiempo y la eternidad, son cosas que nosotras tenemos en común.

Tú eres una hermana muy querida, y estoy muy agradecida de que el Señor te haya traído a Aviva Nuestros Corazones y así nuestras oyentes te puedan conocer.

Rosaria: Estoy muy agradecida de estar aquí.

Nancy: Estábamos hablando de lo refrescante que esta conversación ha sido para nosotras.  Ambas hemos tenido unas semanas muy ocupadas.  Nosotras no planeamos esto para esta semana.  Pero el Señor lo hizo, y ÉL nos está refrescando con el gozo de la verdad y de Su presencia. Le pedimos cuando orábamos esta mañana, que nos llenara con su dulce presencia, y eso es lo que estamos experimentando.

Quiero mencionarle a nuestros oyentes que Rosaria escribió un libro, que por el momento solo está disponible en inglés, titulado  “The secret thoughts of an unlikely convert”, “Los pensamientos secretos de una conversa improbable”. Ese es también el título de esta serie, y describe la historia del viaje a la fe cristiana de una profesora de inglés. La historia de Rosaria Butterfield. Hemos hablado de ella esta semana pero todavía hay mucho más que  descubrir.

Yo tengo mi libro todo marcado.  Muchas frases resaltadas; muchas subrayadas; muchas notas importantes; y muchas revelaciones no sólo sobre los caminos de Dios, principalmente, sino también de   ideas para tocar y alcanzar a una cultura que tiene un punto de vista completamente diferente al que tenemos nosotros como cristianos, quienes amamos a Cristo y a Su Palabra.  Así que  hay mucha sabiduría y es de gran ayuda en tiempos como este.

Rosaria: Así es.

Nancy: Una gran parte de tu historia tiene que ver con. . . Y para aquellas que no nos han sintonizado en los últimos tres días, tienen que visitar en www.AvivaNuestrosCorazones.com, Allí pueden escuchar, descargar o leer la transcripción de los programas. Escuchen los tres programas anteriores, sé que Dios les va a hablar.

Aquí en el estudio hicimos una pausa durante la grabación de estos programas; nuestro ingeniero dijo: «Quiero que todas las personas que conozco escuchen estos programas.» Porque estas son cosas con las que estamos tratando, de las que estamos hablando y que nos preocupan. Tu historia nos muestra de una manera hermosa el evangelio y la gracia de Jesús para una conversa improbable.

Rosaria: Gloria a Dios.

Nancy: Alabamos al Señor. Gran parte de esa historia, es todo este asunto de la hospitalidad y cómo  cuando empezaste a hacer tu proyecto de investigación queriendo usar los derechos religiosos, y como activista homosexual, haciendo las cosas a tu manera y creyendo que estabas contribuyendo a la paz, al gozo y al amor, estabas lejos muy lejos del Señor sin pensar en buscarlo.

Rosaria: Así es.

Nancy: Pero Dios vino a tu vida a través de un pastor y su esposa quienes dijeron: « ¿Podrías venir a cenar con nosotros?»

Rosaria: Así es. Parece tan sencillo. Parece imposible que El Señor escogiera obrar a través de la hospitalidad, como una forma de guerra espiritual. ¿Cierto? ¿Quién se hubiera imaginado, que el Señor iba a usar nuestras simples mesas de comedor y nuestras salas, junto con nuestras palabras como un medio de gracia, para ganar creyentes improbables para el Dios que los creó?

Hay solo dos cosas que van a durar para siempre—la Palabra de Dios y el alma de las personas.  Y, así mismo, cuando la hospitalidad se aplica correctamente, busca que vivamos nuestras identidades como ciudadanos de  la Nueva Jerusalén que somos, de frente  y con nuestros  vecinos inconversos.

Nancy: En la medida en que hablamos de nuestro prójimo inconverso, no queremos ignorar el hecho de que tienes hijos que se sientan a tu mesa, que tal vez son los primeros en recibir ese medio de gracia para sus almas.  Dios hace una obra de gracia en sus corazones.

Rosaria: Así es.

Nancy: Sí, cualquiera que se siente alrededor de esa mesa.

Rosaria: Así es. Pero yo diría que a veces nos gusta sobreponer las necesidades de la familia, a las responsabilidades y el mandamiento de practicar la hospitalidad.  Obviamente, que hay etapas en la vida, cuando en realidad hay otras prioridades.  Pero por lo general, nuestros hijos realmente se benefician al ver que sus padres aman a su prójimo.

Nancy: Rosaria, esa es la historia de mi vida.  Crecí en un hogar en donde mis padres invitaban constantemente a la casa a personas que no conocían a Jesús.  Nosotros no fumábamos, y en aquella época fumar era muy popular,  entonces  todavía era una niña.  Mis padres tenían ceniceros en la casa, para las personas que llegaban y querían fumar.  Esto era algo incómodo para nosotros, pero ellos querían que las personas se sintieran cómodas en nuestra casa.

Así que cuando éramos niños... recuerdo limpiar fresas para una cena que mis padres iban a dar, también ayudar y pasar las cosas.  Luego observar y escuchar las conversaciones y veía cómo las personas incrédulas, sin fe, iban conociendo a Jesús y luego empezaban a crecer en la fe.  Y yo crecí amando esto.

Y eso fue lo que atrapo tu corazón. Pero en realidad tú habías experimentado la hospitalidad de una manera especial. Tú dijiste: Cuando yo estaba en la comunidad (LGBT) homosexual, alguien abría su casa cada noche para que tuviéramos compañerismo, compartiéramos la comida y recibiéramos consejos.  Yo pienso que así es como funciona una comunidad.  Las personas están disponibles para las demás, y eres valorada y recordada.

Hablaste de la experiencia que tuviste en tu mundo anterior con un corazón   abierto, y un hogar abierto.  Pero luego dijiste que cuando entraste al mundo cristiano (cuando te convertiste a la fe cristiana), Cristo capturó tus emociones.  Te hiciste miembro de tu iglesia.  Pero dijiste: «Yo aún anhelaba más cuando entré a la comunidad cristiana.»

Rosaria: Sí, así es.  En mi comunidad lesbiana, las personas teníamos fácil acceso a las demás.  Las puertas estaban abiertas. Los corazones estaban abiertos.  Y teníamos como un «ritmo de vida.»  Nosotras sabíamos el horario de clases, y el itinerario de viaje de las demás.  Era accesible y transparente.

Y yo noté cosas en la comunidad cristiana. . . aunque estaba muy agradecida por la familia que Dios me había dado.  Pero noté que las cosas eran un poco más estructuradas, programadas, no tan transparentes.  Y la parte más difícil no fue tanto renunciar a mi orientación sexual.  La parte más difícil  fue la idea de que yo iba a estar sola.

Nancy: Las relaciones...

Rosaria: Sí. Esa realidad de que yo no iba a tener una comunidad en donde me integraría totalmente.  Parecía como si me hubiera cambiado a una comunidad donde periódicamente sería solo una invitada  en la casa de alguien. Pero esto no era lo que yo conocía antes.  Lo que yo conocía antes era una relación muy fluida entre el huésped y el  anfitrión.  Y lo que vi en el libro de Hechos fue una relación muy fluida entre el huésped y el anfitrión. Así que yo extrañaba eso.

Nancy: ¿Cómo empezaste a ver que eso cobrara vida durante la primera etapa de tu vida cristiana?

Rosaria: Bueno, yo compartía con Ken y Floy algunas de estas cosas, obviamente.

Nancy: Y Kent y Floy eran el pastor y su esposa que te habían invitado a su casa.

Rosaria: Sí, por supuesto. Ellos muy rápidamente me acogieron en su familia.  Y luego muy rápidamente después de que ese ministerio requirió misericordia que requería hospitalidad. Fue muy rápido.

Nancy: Entonces, quizá,  ¿puedes darnos un ejemplo de eso?

Rosaria: Bueno, poco después de haber empezado a asistir a la iglesia, una de las estudiantes graduadas, que había venido a estudiar teoría de la carrera conmigo, y que quería que yo dirigiera en su tesis sobre teoría de género, intentó suicidarse prendiéndose fuego. Y como yo era la consejera de la facultad, porque ella era una estudiante internacional, tuve que asumir la responsabilidad.

Fue a mí a quien llamaron inmediatamente a las 3:00 de la mañana, del hospital.  « ¿Podemos pasarle medicamento a través de la sonda intravenosa?»  Quiero decir,  de repente me sentí inundada de preguntas, que yo no podía responder. Y era muy claro que en ese momento, yo necesitaba de mi comunidad cristiana para que me ayudara a discernir esta situación.

Pero también entendí que la persona que estaba en el hospital, realmente necesitaba de la comunidad lesbiana.  Yo necesitaba una comunidad, y ella necesitaba otra.  Y ambas estábamos en esto juntas.  Yo inmediatamente empecé a hacer llamadas telefónicas. Y por un tiempo, la comunidad cristiana y mi  comunidad lesbiana pasaron largas horas en la sala de espera.

Y ya saben cómo son las salas de espera.  «¿Oye, te puedo traer una taza de café?»  «Mi celular  está cargando.»  « ¿Ah, necesitas recoger al niño de la escuela? Yo voy a. . .» Muchas palabras se cruzaron de un lado para otro, porque aunque fuéramos diferentes; todos estábamos enfocados en lo mismo.

Y después de que mi estudiante salió del hospital, no sabíamos a dónde llevarla.    Debido a que ella trató de suicidarse, ella realmente necesitaba ir a un hogar donde alguien estuviera todo el tiempo. Aunque mi comunidad lesbiana era una comunidad muy hospitalaria, pero ellas también durante ochenta horas a la semana eran  mujeres intelectuales con personalidades Tipo-A.

Nancy: No  estaban en casa.

Rosaria: No, no  estábamos en la casa.  Entonces, ¿a dónde podría ir ella? Bueno, a la casa de Ken y Floy. Obviamente.  Y ese fue uno, yo diría, de los muchos ejemplos de cómo el ministerio requería la misericordia de la  hospitalidad, que creó un puente entre el mundo de nuestra cultura cristiana y el mundo que desesperadamente necesita a Cristo.

Y te voy a decir algo, suena muy bonito lo que estoy diciendo. Y estoy pensando: Ah Rosaria, no lo estás diciendo todo como realmente es.  Yo me estaba muriendo por dentro.  Yo estaba muy avergonzada.  Yo temía que la comunidad cristiana fuera a decir algo realmente ofensivo.  O que la comunidad homosexual fuera a decir algo ofensivo.

Tenía un pie entre los dos mundos, como una traductora simultánea, haciendo lo mejor que podía. Lo que se me ocurrió era que yo representaba como una especie de puente, y la función de un puente es para que pasen sobre él.  Fue difícil.  Pero Jesús estaba cargando la parte más pesada de esa cruz.

Nancy: Y ese es el corazón de la hospitalidad. ¿Y dónde vemos en la Escritura una mejor evidencia de la hospitalidad que en la cruz? Donde Cristo abrió sus brazos y dijo: «Vengan a mi morada y vivan conmigo para siempre.»

Rosaria: Para siempre, así es.

Nancy: Entonces cuando ken y Floy te invitaron a cenar a su casa, o cuando abrieron su hogar para que esta estudiante  viviera allá por un tiempo, ellos en realidad estaban demostrando la belleza de Cristo y Su corazón lleno de hospitalidad.

Rosaria: Así es. Y tú sabes que fue difícil.  Algunas de las cosas que realmente he estado pensando últimamente, mientras nos ideamos la manera de compartir el evangelio con nuestros vecinos homosexuales, quienes tal vez están casados legalmente, es ¿cómo hacer esto ahora que la Corte Suprema ha decidido que el matrimonio homosexual es un derecho constitucional?

Y una de las cosas que sigo pensando es que cuando Ken y Floy me aceptaron en su mundo fue para largo plazo. Yo pienso que ellos sabían esto. Yo realmente así lo creo.

Nancy: Este no era un proyecto de dos semanas.

Rosaria: Este no era un proyecto de dos semanas.  Una de las cosas en las que he estado pensando últimamente, es en el Evangelio de Marcos, capítulo 10,

«Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.  Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.» (vv. 28-30)

Hay una frase ahí que a veces pasamos por alto: «que no reciba cien veces más ahora en este tiempo.» Bueno, si tú estás compartiendo el evangelio e invitando a un amigo, a un vecino que está en la comunidad gay o lesbiana homosexual, para que lo deje todo por Cristo, ¿de dónde vendrán las cien veces más, esa promesa que está ahí en la Biblia, si no es a través de ti? Esa es la promesa en la tierra.  Es la promesa de la vida eterna. Y luego está la promesa de bendición en la tierra.

Nancy: Es a través del pueblo de Dios.

Rosaria: Es a través de la iglesia. A través de la gente de Dios. El evangelio viene con la llave de la casa.  Una de las cosas más difíciles. . .

Nancy: Me encanta esa frase.  El evangelio viene con la llave de la casa.

Rosaria: Y si no es así, es un evangelio incompleto, a medias.  Lee el libro de Hechos. Una de las cosas más difíciles contra las cuales luchar es contra los deseos homosexuales , no es el sexo que no puedes tener, es la aparente condenación a una eterna soledad, que este evangelio parece representar.

Y si no queremos decir que el evangelio tiene gracia barata para unos y más gracia para otros—y déjame decirte que Dios prohíbe que digamos eso—entonces debemos asegurarnos de que el evangelio venga con la llave de la casa.  Y aquí es donde entra la hospitalidad.

Nancy: Y eso tiene un costo. Tienes que ofrecer tu vida. Tú a menudo hablas, pues he escuchado tu testimonio ya varias veces, acerca del pastor Ken Smith, quien habló contigo, te escribió esa carta original, y te invitó a entablar una conversación. Luego te invitaron a cenar, y te sentaste a su mesa durante dos años cada semana. Pero me he dado cuenta, de que no hablas mucho de Floy. Tú la mencionaste. ¿Pero qué estaba haciendo ella?

Rosaria: Ah, lo siento mucho, porque ella fue vital en todo esto. . . y no solo porque ella era la que preparaba la comida.

Nancy: Pero yo quiero resaltar esto. Alguien preparaba la comida.

Rosaria: Alguien preparaba la comida. Pero ella fue la que hizo gran parte del discipulado. De hecho, cuando yo me convertí, solo ella y yo nos reuníamos, solas.

Nancy: Me alegra oír eso. Pero quiero decir que hay un costo, no solo en términos de tiempo. La conversación y el discipulado, todos dirían que es algo solamente espiritual. Yo entiendo esa parte. Pero detrás de todo esto están las largas horas arreglando la casa para recibir la visita. La preparación de la comida. Tú dijiste que habías invitado gente a tu casa.

Rosaria: Sí, claro, el costo solamente—es decir, el costo monetario.

Nancy: El costo monetario. El costo del tiempo. Somos personas ocupadas. Paramos en sitios de comida rápida muchas veces.

Rosaria: Debemos calcular el presupuesto para esto. Yo pienso que es cuestión de mayordomía.  Así que en mi libro “Openness Unhindered”, (“Franqueza sin trabas”), el último capítulo está realmente dedicado. . .

Nancy: Me encanta ese capítulo.

Rosaria: Gracias. Realmente quiero que veamos que crear hospitalidad en nuestros hogares se convierte en la imagen de la integridad cristiana para un mundo que simplemente nos quiere llamar intolerantes e idiotas.  Y ya sabes, algunas veces, una imagen vale más que mil palabras.

Nancy: Nosotras le estamos dando al mundo una imagen. Estamos haciendo el evangelio creíble.

Rosaria: Así es. Estamos haciendo el evangelio creíble.

Nancy: Pero lo que quiero decir es que se necesita, que es muy práctico. Tú estás haciendo esto ahora. Tú y Kent hacen esto constantemente en la casa. De hecho, me gustaría oír un poco sobre cómo lo hacen.  Pero cuando leo las ilustraciones en tu libro sobre lo que tú y Kent hacen, pienso, «Esto realmente consume tiempo.»

Esto significa que muchas veces, cuando necesitas levantar tus pies para descansar; o te estás alistando para dar una charla; o estás terminando de escribir un libro o les estás dando escuela en el hogar  a tus hijos, sería mucho más fácil cerrar las puertas. Y esto es algo que a veces tenemos que hacer.  Se requiere generosidad y autonegación y sacrificio propio, que nos recuerda la cruz.  Esto es lo que es el evangelio.

Rosaria: Así es. Y esto también  tiene otro lado.  Porque tú estás absolutamente en lo correcto.  La hospitalidad tiene su costo. Tiene su costo. Pero pensemos en mi familia por un minuto. Mi familia está compuesta de hijos adoptados.  Algunos de estos hijos fueron adoptados, siendo adolescentes ya mayores.

Si yo realmente quisiera dar el mensaje de que la familia de Dios es algo real, pero digo: «Solo bajo mis términos y para mi conveniencia,» eso les daría a mis hijos que fueron adoptados ya mayores, un mensaje potencialmente comprometedor de quienes son, en  su entendimiento de lo que es la familia.

Sabes, Jesús fue ambas cosas, anfitrión e invitado.  Hablo un poco sobre esto en el libro, pero nosotros tuvimos una mala experiencia cuando los ladrones entraron a la casa. Esto fue un poco irónico, pues Kent y yo estábamos hablando en una iglesia local sobre amar al extraño.

Estábamos hablando sobre la hospitalidad, y cuando regresamos a la casa, fue devastador.  Nos habían robado y saqueado. Nuestro viejo perro labrador, fue golpeado porque trató de proteger la propiedad. Nos robaron todo, todas mis joyas, mi anillo de compromiso, porque tuve temor de usarlo ese día. Es decir, fue un momento muy difícil.

Fue algo que nos llenó de miedo. Mis hijos estaban asustados. Pero sabes, era un jueves. Y los jueves es cuando nosotros abrimos nuestro hogar para que los vecinos vengan a orar por el vecindario y para que la gente venga a orar. La gente se volcó para ayudarnos. La policía estaba ahí.  La casa estaba hecha un desastre. De repente,  yo ya no era la anfitriona. Yo era una invitada en mi propia casa.

Otras personas trajeron comida. Otras trajeron traperos y aspiradoras. Otras personas consolaron a mis hijos, que estaban devastados por lo que acababa de suceder. Nosotros cerramos las puertas. Pero ¿sabes qué? La providencia de Dios aún se extiende dentro de las puertas cerradas. Y demostró Su amor a través del robo, porque fuimos bendecidos por nuestro ministerio de hospitalidad, que nos convirtió en invitados que necesitaban de amor y cuidado.

Y así, vemos esto de nuevo en el libro de Hechos. Hay una gran decadencia.  Y yo creo que a medida que veamos más ejemplos de persecución cristiana en este mundo, vamos a necesitar una mayor y profunda hospitalidad de una manera rítmica y constante, donde la gente sepa en donde reunirse para oración inmediata, y para hallar gracia, refugiándose en la Palabra de Dios porque es nuestro refugio y fortaleza.

Annamarie: Esta es Rosaria Butterfield con un desafío para todas nosotras. ¿Estamos dispuestas a demostrar que el evangelio es real, viviendo una vida auténtica con nuestros hermanos y hermanas? 

Rosaria y Nancy DeMoss de Wolgemuth han estado hablando sobre el poder de la hospitalidad en un mundo dividido.

Y mañana, Rosaria Butterfield regresará para desafiarte a pensar en lo siguiente: ¿Cómo podría el Señor usar un grupo de oración en tu vecindario?

Nos cambiamos a Carolina del Norte en el 2012, y una de las cosas que realmente queríamos hacer era orar con nuestros vecinos, el Señor había puesto justo eso en nuestros corazones, habíamos estado allí solo un poco de tiempo, no conocíamos a muchas personas pero pensamos que sería una buena idea enviar correos a las personas a las que si conocíamos y pedirles que reenviara ese correo que decía: Hey tendremos una reunión en casa de los Butterfield, vamos a tener una mesa verde para picnic en el jardín delantero. Pasamos este correo y dio toda la vuelta, invitamos a nuestros vecinos a una caminata de oración,  a venir y reunirnos en la mesa de picnic y en grupo de dos o tres caminar por el vecindario orando por las casas.

Continúa escuchando Aviva Nuestros Corazones, ¡te esperamos para nuestro programa de mañana!

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.
Voz de Rosaria Butterfield: Martha Lucía Morales 
Canciones utilizadas:  Música en el desierto, Un Corazón, Música en el desierto - EP ℗ 2016 Canzion Group LP

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.