Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Una conversación con Elizabeth Elliot, día 1

Annamarie Sauter: No te dejes engañar. Tomar tiempo para leer la Biblia cada día sí producirá fruto en tu vida. 

Nancy DeMoss Wolgemuth: Sé que en el transcurso del tiempo, el hábito de consumo regular de la Palabra en mi vida, de apartar tiempo para estar tranquila y quieta ante el Señor, cosechará beneficios espirituales en mi relación con el Señor.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Elisabeth Elliot, quien ahora se encuentra en la presencia del Señor, por décadas animó a muchas mujeres, y aún hoy vemos fruto de su labor en el reino de Dios. Ella proclamó la verdad con valentía y también vivió esas verdades, y sirvió al Señor fielmente como misionera, así como en su hogar.

En estos días estarás escuchando porciones de una conversación que ella y Nancy sostuvieron, entrevistadas por Lisa Barry y Bob Lepine. Escucharás sabiduría práctica que fue originalmente compartida en el programa que transmitía Elisabeth llamado Gateway to Joy, que en español significa, El camino al gozo. El programa comenzaba casi siempre de la misma manera:

Elisabeth Elliot: «Eres amada con amor eterno»—eso es lo que dice la Biblia. «Y por debajo de ti están los brazos eternos». Esta es tu amiga Elisabeth Elliot… 

Annamarie: En este primer programa de la serie iniciaremos escuchando acerca de la importancia de sumergirnos en la Palabra de Dios. Y si estás siguiendo el Reto Mujer Verdadera 365, recuerda que la lectura para hoy es Ezequiel capítulos 32 y 33. 

Aquí está Lisa Barry con una primera pregunta para Elisabeth y Nancy.

Lisa Barry: Quisiera preguntarles a las dos, Elisabeth y Nancy, ¿por qué un tiempo de quietud es importante para ustedes y para su fe?

Elisabeth: Mi papá sentó el ejemplo para nosotros levantándose a las 5:00 de la mañana, y ahora yo hago lo mismo cuando estoy en casa. A veces es imposible mantener una agenda cuando estamos de viaje, pero cuando estamos en casa, usualmente nos acostamos antes de las 9:00. A veces nos acostamos a las 8:30 y leemos en la cama, pero casi siempre apagamos las luces a las 9:00.

La gente diría, «¡qué vida tan aburrida vives! Nunca vas a ningún lado, ni haces nada».

Claro, nosotros no nos sentimos ni un poco aburridos. Nos sentimos grandemente bendecidos. Mi papá siempre le decía a la gente que le decía, «¿cómo puedes levantarte a las 5:00?» Él decía: «Tienes que comenzar la noche antes».

Nancy: ¡Eso suena tan parecido a mi papá!

Elisabeth: Es tan simple como eso. Sí, tiene que comenzar la noche anterior.

Hay algo maravilloso sobre eso. La Biblia dice que Jesús se despertaba mucho antes de que amaneciera, y que subía a la montaña para conversar con Su Padre. ¿Por qué no deberíamos imitarlo en ese sentido?

Nancy: Así es, cuando nosotros éramos niños nos reíamos cuando mi papá les decía a los visitantes que iban en la noche a mi casa, «asegúrense de cerrar las puertas y de apagar las luces cuando se vayan», y él se excusaba porque para él era tan importante irse a dormir a la hora que él sabía que debía hacerlo para poder despertarse al otro día y encontrarse con el Señor.

Y así lo hizo desde el primer día del primer año que conoció al Señor, hasta el día que se fue a casa a estar con Él, 28 años más tarde. No era algo legalista para él. Pero él tenía un lema: «Sin leer la Biblia, no hay desayuno». No hacía ninguna otra lectura antes de leer las Escrituras. Él realmente reverenciaba la Palabra de Dios.

Hasta el día de hoy he seguido su ejemplo. Encuentro difícil poner algo encima de la Biblia. No porque las páginas físicas sean sagradas, pero lo hago por reverencia a la Palabra de Dios.

Qué ejemplo para nosotros crecer en un hogar sabiendo que antes de que nos despertáramos, ya nuestro papá se había encontrado con el Señor. Y aunque él era un hombre de negocios muy ocupado, esa era la prioridad número uno de su día. Pero más fácil se saltaba una comida, lo que tampoco hacía—él comía tres veces al día, a la misma hora todos los días. Él era un hombre muy disciplinado con su rutina. Pero más fácil saltaba todo eso y no su cita con el Señor. Realmente era el fundamento en su propia vida y se ha convertido en el fundamento de la mía también.

Lisa: Elizabeth, ¿tus padres reflejaron ese tipo de compromiso con su tiempo devocional?

Elisabeth: Bueno, te he contado de mi padre. Él estaba de rodillas con su Biblia, orando, mucho antes de que bajáramos a desayunar.

Mi mamá tenía su tiempo de quietud después del desayuno cuando nos íbamos al colegio. Ella no se levantaba a las 5:00 como mi papá. Probablemente se levantaba como a las 6:30 porque teníamos el desayuno alrededor de las 7:00.

Lisa: ¿Cómo manejas los tiempos de sequedad? Cuando lees la Palabra de Dios y quieres recibir una bendición espiritual de lo que lees, pero simplemente no sientes nada, ¿qué haces?

Elisabeth: Bueno, ciertamente hay momentos cuando siento como si estuviera perdiendo el tiempo o que no está resultando, por lo menos, me parece, pero lo mejor es presentar ese tiempo al Señor.

Comienzo mi tiempo devocional, no con la Biblia, pero con ese himno antiguo de alabanza. Es una canción de alabanza del tercer siglo o algo parecido. Comienza de esta manera: «Te alabamos oh Dios, te reconocemos como el Señor. Toda la tierra adora al Padre Eterno. A ti claman los ángeles en voz alta, los cielos y todo el poder».

Es una larga oración, pero eso establece el tono para el resto de mi tiempo devocional. Luego hago la lectura bíblica, y luego de leer, oro. Tengo listas de cosas por las que oro cada día de la semana, y claro, listas especiales por cosas que acaban de surgir.

Indudablemente, diría que es por el constante y regular tiempo devocional que mi padre tenía, que nos animó a nosotros a hacer lo mismo.

Nancy: Yo también creo que hay tiempos de sequedad. Realmente, creo que eso no es tan malo en el sentido de que requiere que caminemos por fe, y la fe le agrada a Dios. La vida cristiana, al final, no se trata de sentimientos. Se trata de fe.

No podemos verlo cara a cara ahora, como lo haremos algún día, así que somos forzadas en ocasiones a reconocer por fe que Él es Dios y que Él está presente en nuestra alabanza, en nuestra adoración y en la Palabra.

Como dice Elisabeth, ella comienza su tiempo devocional con una oración, hay una oración que he orado por muchos años que la hago antes de abrir la Palabra en la mañana y que me ha ayudado a estar más sintonizada con la presencia de Dios en la Palabra. Yo la saco de distintos versículos de los salmos, y oro:

Abre mis ojos para que pueda ver cosas maravillosas de Tu Ley. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la obedeceré con todo mi corazón. Muéstrame Tus caminos, oh Señor. Enséñame Tus sendas. Guíame en Tu verdad y enséñame porque Tú eres Dios mi Salvador, y mi Esperanza está en ti todo el día. Que lo que yo no veo, Tú me lo muestres. Si he cometido iniquidad, no lo haré más.

Y es interesante. Encuentro que al orar esa oración desde mi corazón, el Señor verdaderamente la responde. Mi espíritu se agita dentro de mí y en efecto digo, «Señor, Tú me hablas y lo que sea que Tú digas, por Tu gracia, obedeceré».

Estoy realmente entregándole a Dios una hoja en blanco, firmada con mi nombre y luego pidiéndole a Él que la llene con Su voluntad al detalle, más que diciéndole, «una vez yo vea lo que Tú vas a escribir en esa hoja, si me gusta, viviré de acuerdo a eso».

No, yo me comprometo de antemano a decirle, «sí, Señor» a lo que sea que Él diga. Y entonces Él viene y se encuentra conmigo a través de Su Palabra.

Pero también quiero decir que aún en los días en que me encuentro caminando a través de, por ejemplo, los primeros nueve capítulos de 1 Crónicas –que son básicamente listas de nombres– y creo, por cierto, que todos esos pasajes son importantes, son valiosos, inspirados y necesarios en nuestro caminar con Dios. Pero con algunos de ellos es un poco más difícil ver todo lo que significan. Pero aún en esos momentos, lo comparo con nuestros hábitos alimenticios.

No todas las comidas son un gran festín. Cuando estoy en casa, me como una mezcla de cereales como desayuno. Sé que no es la comida más maravillosa pero sé que a través de los años una dieta balanceada y nutritiva va a dejarme en una mejor condición física. Sé que en el transcurso del tiempo, el hábito de consumo regular de la Palabra en mi vida, de apartar tiempo para estar tranquila y quieta ante el Señor, cosechará beneficios espirituales en mi relación con el Señor.

Y puedo agregar, el propósito del devocional, en última instancia, no se trata de cómo me beneficia a mí. Es para mí lealtad, rendición, sumisión a Dios y para Su gloria.

Él dice en la Palabra que quiere ver nuestro rostro y quiere escuchar nuestra voz. Así que realmente, lo sintamos o no, sea significativo para nosotras o no, al tomar ese tiempo aparte, estamos obedeciendo a Dios y diciendo, «dejaré que veas mi rostro, y dejaré que escuches mi voz».

Lisa: Elisabeth, hay muchas madres jóvenes que no tienen idea de cómo criar hijos piadosos. ¿Puedes darnos una idea de cómo pudieran iniciar el proceso?

Elisabeth: Yo tuve un padre y una madre maravillosos, y ellos criaron (creo que puedo decirlo honestamente) hijos piadosos. Y aunque hay muchísimas cosas que aprender cuando eres un niño pequeño, creo que, básicamente, aprendimos las cosas que ellos insistentemente nos enseñaron; pero lo más importante de todo es el ejemplo.

Los niños son observadores agudos de lo que sus padres hacen, y la más ligera desviación o desliz, el niño la va a reconocer y puede pensar, «bueno, este tal vez sea un lugar en donde pueda salirme con la mía o pueda hacer algo sin ser descubierto».

Ocasionalmente me atraparon. En ocasiones fuimos suficientemente atrevidos para ir en contra de los deseos de nuestros padres acerca de cualquier cosa. Sabíamos cuáles eran las reglas de la casa. Ya cuando fuimos adolescentes, era muy claro que teníamos que estar en casa a cierta hora. Si no estábamos en casa a esa hora, entonces había consecuencias.

Creo que nuestros padres fueron muy gentiles y muy estrictos al mismo tiempo. Sabíamos que lo que ellos decían era en serio y no tenían que decirlo dos veces.

Lisa: ¿No es cierto eso ahora también? ¿Crees que los padres de hoy en día no están llamando a sus hijos a rendir cuentas?

Elisabeth: Sí. Escucho de muchos padres jóvenes que solo levantan sus manos y dicen, «bueno, son solo niños». Bien, la pregunta es, ¿qué quiere decir eso de…«son solo niños»? Los niños pueden aprender. Pueden aprender desde el primer día prácticamente.

Puedo recordar estando con Val cuando nació su primer hijo, y fue claro desde el primer día que ese niño estaba determinado a dominar a sus padres. Estaba haciendo un tremendo escándalo por todo. Mi hermano Tom dice que cuando nació su hijo, él entró y su hijo estaba empujando los puños al cielo desafiando lo que su papá estaba a punto de hacer.

Bueno, estábamos en un almuerzo el domingo. Era en una base militar, y había una familia cercana a nuestra mesa, y ellos no tenían absolutamente ningún control sobre los niños. Los niños echaban carreras, iban a la mesa de los dulces para coger lo que querían, y sus padres estaban tan ocupados hablando con otras personas, que no estaban prestando ninguna atención.

La actitud parecía ser alzar los hombros, girar los ojos y decir, «bueno, son solo niños». Pero ¿qué quieres decir con, «son solo niños»?

Lisa: ¿No es interesante? Hablamos de cuán asombroso es que los niños puedan aprender el lenguaje, lo mucho que aprenden en el colegio, y aun así, a veces, cuando se trata de la obediencia a los padres, de repente parece que no pueden aprender tan bien como lo acabamos de reconocer en el ámbito académico.

Nancy: Creo también que los padres deben reconocer que la forma en que manejan estos asuntos relativos a la autoridad les enseña a sus hijos una visión acerca de Dios. Los padres que permiten a sus hijos estar en control y no les hacen entender amorosamente que los padres son los que han recibido esa responsabilidad de parte de Dios, crean una visión de Dios de que Dios puede ser dominado. Al final, los padres son los primeros que pueden y deben enseñar a los niños a temer al Señor en el sentido del asombro reverente.

Era impensable, creciendo en mi familia, desobedecer voluntariamente a mis padres. Nuestros padres también lidiaban con actitudes. Puedo recordar a mi papá teniendo una conversación conmigo acerca de mi actitud como adolescente hacia mi mamá en un momento en particular. Ahora estoy tan agradecida que me dijeron, de hecho –esto no fue duro, no fue de ninguna manera abusivo sino firme y amorosamente, como dijo Elisabeth– pero ellos me dijeron, «esto no sucederá de esta manera en nuestra casa. Tú no puedes tener esta actitud. No puedes responder de esa forma».

Eso estableció límites. Creo que el corazón humano anhela límites. Donde quiera que haya límites, vamos a empujar en contra de ellos, pero el corazón humano necesita esos límites porque nacemos rebeldes y necesitamos ser contenidos hasta que el Espíritu Santo viene a morar en nosotras y nos provee esa contención interna.

Otra área también relacionada con eso de los niños desarrollando un corazón para Dios, que mis padres sintieron que era tan importante –y me interesaría saber, Elisabeth, cómo sucedió esto en tu casa– ellos realmente creían en la importancia de proteger y determinar el ambiente al que los niños se exponían. Así que había muchos aspectos culturales alrededor nuestro, aún en esos días (que reconozco que son asuntos distintos a los que nos enfrentamos hoy) pero ellos determinaron a qué libros nos expondríamos y a qué entretenimiento seríamos expuestos.

No teníamos televisión en casa. No leíamos el periódico. Puedes pensar que esta era una casa bien rígida y legalista. Pero al contrario, había muchas actividades, mucho gozo, mucha energía, intercambio y diálogo. Asombrosamente, leíamos, hablábamos y hacíamos cosas que tantas familias no hacen porque están pegados a la televisión y cada uno dirigiéndose en una dirección distinta al mismo tiempo.

Había un esfuerzo consciente y determinado de controlar a lo que nos expondríamos, creyendo que los niños deben ser criados como en un invernadero, en un lugar protegido. No solamente colocarlos afuera para ser lanzados a los elementos, a las filosofías y a los comportamientos del mundo.

Mis padres sí me permitieron ir a una universidad secular al otro lado del país cuando estaba en mis últimos años de adolescencia. Vivía con una familia cristiana, pero ahora estaba por mi cuenta y podía hacer muchas cosas que quería.

Mis padres sabían que para ese tiempo había un sentido de temor del Señor, que aunque ellos no estuvieran presentes, yo tenía una consciencia de la presencia de Dios que me llevaría a través de esas experiencias.

Lisa: Volviendo a esa casa protegida que consideras tan importante, cuando le digo a la gente que la escuela de mis hijos es en casa, una de las objeciones que surgen inmediatamente es que estoy dañando a mis hijos por estar en un ambiente protegido de lo que ellos llaman «el mundo real». Tú estás hablando de esa protección en casa. ¿Es eso lo que realmente está sucediendo?

Nancy: Creo que sí, creo que estás refugiando a tus hijos del mundo que está ahí afuera, que no piensa ni vive a la manera de Dios. Ahora, la pregunta es: ¿Está mal eso? Bueno, todo depende de cuál es tu objetivo con tus hijos.

¿Quieres que tus hijos sean como el mundo? Los niños son grandes imitadores. ¿Quieres que adopten el corazón y la filosofía del mundo?

Veo a los padres con hijos adolescentes levantar sus manos y decir, «a mi hijo le encanta esa música horrible, tiene los amigos equivocados, tiene valores incorrectos, no está comprometido con la pureza moral, muestra un comportamiento adictivo. ¿Qué puedo hacer?»

Mi pensamiento es: «Este no es el momento para estar haciendo esa pregunta». Obviamente puede haber gracia para la restauración en cualquier punto en que los padres vengan a la fe, pero desde la infancia temprana es el tiempo para crear en esos hijos un apetito por lo que es santo, justo y bueno.

El objetivo no es equipar a los niños para acomodarse en este mundo. Tu meta para tus hijos, Lisa, como estoy segura que fue la meta de Elisabeth para Valeria, y la meta de mis padres conmigo, es que pudiéramos salir al mundo a ser un reflejo del corazón y del espíritu de Jesús. No a ser como el mundo. No ajustarnos a él. No sobrevivir en él sino cambiarlo.

Bob Lepine: Nancy…estaba pensando en el hecho de esas jovencitas creciendo hoy en día… mi hija nació en 1981. Todo lo que ella ha conocido es una cultura que dice, «debes encontrar tu autoestima y tu satisfacción fuera de la casa». Ese ha sido el mensaje dominante, y para ella escuchar algo diferente suena completamente contracultural.

Nancy: Es así, sí creo que la revolución ha sido generalizada. Y sí creo que nos han robado algo muy precioso. Pienso en el libro de Elisabeth de años atrás, Dejadme ser Mujer. Creo que ese ha sido el clamor, un clamor increíble, las mujeres están creciendo y solo quieren el privilegio de ser mujeres –no ser algo que Dios no las creó para ser.

Dios realmente ha usado a Elisabeth como mujer adulta para ministrar a aquellas de nosotras de la próxima generación, que ahora a su vez está ministrando a la próxima generación, diciendo: «Está bien y no solo está bien. Es precioso, es hermoso, es maravilloso abrazar tu feminidad y tu llamado al hogar».

Bob: Tengo que decirte, duré un poco de tiempo recientemente como amo de casa. Mi esposa tuvo la oportunidad de ir con su mamá a un viaje extendido y yo dije, «me encantaría que lo hagas mi amor. Yo me quedaré en casa con los niños».

Bueno, luego de tener 12 días como amo de casa, puedo entender que alguien venga al final de los 12 días y me diga, «encuentra tu satisfacción en otro lado». Porque, como tú dijiste, Elisabeth, las tareas, lo tedioso de planchar y lavar la ropa no toma mucho tiempo antes de preguntar, «¿esto es todo lo que hay en la vida?»

Elisabeth: Realmente creo que cada experiencia, si es ofrecida a Jesús, es nuestro camino al gozo. La experiencia puede que sea cuidar un abuelo enfermo o cuidar a un niño que será cojo toda su vida, lavar los platos y claro, de vez en cuando se daña el lavaplatos o la estufa o cualquier otra cosa. Y en ese momento quisieras alzar tus brazos y decir, «¿cómo fue que me metí en este lío?»

Hay algo acerca de lavar la ropa y la piedad, la disposición de hacer las cosas humildes y ordinarias, que necesitan ser hechas. ¿Por qué no deben ser hechas por mí?

Mientras más envejezco, más aprecio el privilegio de tener ropa para lavar, platos para limpiar, una casa que cuidar. Si tan solo pudiéramos reconocer que todas estas cosas que nos incumben y que se nos requieren, cuando son ofrecidas a Jesús, son transformadas. Hay algo completamente transformador acerca de eso.

Cuando piensas en la pequeña María…siempre pienso en ella como entre los 12 y los 14 años de edad, ella no tuvo ninguna queja. Sabes, ella dijo, «he aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra».

En el español moderno sería, «cualquier cosa que digas Señor, aquí estoy. Haz lo que Tú quieras conmigo».

Annamarie: Hoy has escuchado una conversación entre Elisabeth Elliot —quien ya se encuentra en la presencia del Señor— y Nancy DeMoss Wolgemuth, quien al momento de la grabación estaba soltera. 

También escuchaste de Lisa Barry y de Bob Lepine—anfitrión del programa llamado Vida en familia hoy. Esta conversación se basa en el libro escrito por Elisabeth titulado, Dejadme ser mujer, y se transmitió originalmente hace unos años, en el programa de Elisabeth llamado Gateway to Joy, en español El camino al gozo.

Mañana continuarás escuchando cómo se ve la rendición en la vida de una mujer y las semillas que dieron origen al movimiento True Woman y Mujer Verdadera. 

Nancy: No se trata de mi felicidad, mi gozo o mi bienestar. Se trata de la gloria de Dios y del reino de Cristo.

Annamarie: ¡Asegúrate de acompañarnos para este próximo programa!

Diciendo, «sí, Señor» juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Me Rindo a Ti, Jonathan & Sarah Jerez ℗ 2016 Aviva Nuestros Corazones.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Colabora con nosotras

Tenemos el privilegio de proporcionar las transcripciones de estos mensajes vivificantes. Si el Señor ha usado Aviva Nuestros Corazones para bendecir tu vida, ¿considerarías donar hoy para ayudar a cubrir los costos y expander el mensaje?

Donar $5

Sobre el maestro

Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot fue una autora y oradora cristiana. Su primer marido, Jim Elliot, fue asesinado en 1956 cuando intentaba hacer contacto misionero con la Auca del este de Ecuador. Más tarde pasó dos años como misionera de los miembros de la tribu que mataron a su esposo.

Únete a la conversación