Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Una conversación con Elizabeth Elliot, día 2

Annamarie Sauter: Elizabeth Elliot nos recuerda que cuando una mujer se casa, se va a casar con…

Elizabeth Elliot: …un pecador. No hay nadie más con quién casarse. Se lo digo a las mujeres todo el tiempo. Tienes que recordar que con cualquiera que te cases, él es un pecador. No hay nadie más con quién casarse.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Abrazar el diseño de Dios es un llamado para toda mujer en todo momento de su vida, aún en medio de las aflicciones. Un claro ejemplo de esto fue Elizabeth Elliot, quien ya se encuentra en la presencia del Señor. A pesar del sufrimiento ella permaneció fiel a Cristo.

Ayer escuchamos la primera parte de una conversación que ella sostuvo junto a Nancy, Bob Lepine y Lisa Barry. Esta se basa en el libro escrito por Elizabeth titulado Dejadme ser mujer, en el que ella comparte sabiduría práctica con nosotras.

Hoy Bob retoma las preguntas.

Bob Lepine: Tu nieta es quien conserva tu nombre, ¿cierto?

Elizabeth: Sí.

Bob: Tu nieta Elizabeth está a punto de convertirse en una joven esposa. Cuando tu hija Valerie se iba a casar, tú la sentaste y… ¿Comenzaste a escribirle una carta y se convirtió en un libro o planificaste que así fuera desde el principio?

Elizabeth: Bueno, estoy segura de que le escribí un buen número de cartas, pero sentí muy fuertemente que necesitaba escribir un libro porque había estado leyendo tanta basura, cosas sin sentido. Quizás, como la madre de Valerie, necesitaba escribir un libro específicamente para ella. Ese fue mi regalo de bodas para mi hija.

Simplemente puse en papel lo que indudablemente aprendí de mi propia madre. Mi madre venía de una familia adinerada. Ellos tenían dos servicios, un mayordomo, así que ella nunca tuvo que hacer oficios domésticos hasta que se casó con mi papá quien era relativamente pobre en comparación con ellos y llegaron a ser misioneros en Bélgica.

Ellos vivían en un quinto piso al que debían subir a pie, y mi padre tenía que subir el agua por las escaleras y luego bajarla una vez que había sido usada. Las cosas eran muy muy difíciles cuando eran misioneros y es ahí donde yo nací. Así que siempre estuvo en mi mente que no teníamos nada y recuerdo muy bien la Depresión. Todos ustedes aquí en el estudio son muy jóvenes para saber acerca de esto, pero yo estoy muy consciente de lo apretadas que eran las circunstancias.

Nunca hubo una palabra de queja en la boca de mi madre, aun cuando ella tuvo que descender de la posición en que se encontraba, y mi padre simplemente la adoraba. Así que soy tremendamente bendecida más allá de lo que alguien jamás pudiera ser bendecida.

Bob: Su ejemplo fue el modelo para ti no solo en ser una esposa y madre sino también en lo que tú traspasaste a Valerie. ¿Cambiarías en algo lo que le dirías a Elizabeth mientras ella camina hacia el altar, o le darías otra copia con cubierta de piel de Dejadme ser mujer y le dirías, «aquí está, todavía creo todo esto y más»?

Elizabeth: Sí, Bob. Creo que es exactamente lo que me inclinaría a hacer. Le diría: «Creo que te he dicho todo lo que hubiera querido decirte si tú y yo nos pudiéramos sentar como abuela y nieta. Lo puedes encontrar en mi libro Dejadme ser mujer porque traté de poner todo lo que aprendí de mi madre y todo lo que quise traspasar a tu madre, Elizabeth». Espero que leas con pasión y creo que lo harás.

Bob: Nancy, tú le hablas a mujeres alrededor del mundo. No pasa mucho tiempo para que, luego de casarse, muchas mujeres se sientan insatisfechas con lo que ellas pensaban que les traería gran esperanza y gozo. Ahora, de repente, es una fuente de dolor para ellas. Qué pasa y qué pueden ellas hacer para regresar a donde ellas querían estar en su relación matrimonial.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Yo creo, Bob, que el punto es que ya sea que estemos casadas o solteras, con niños o sin niños, en cualquier etapa de nuestras vidas, si tratamos de encontrar plenitud, contentamiento y gozo en cualquier persona o cosa fuera de Cristo mismo, estamos poniéndonos en el lugar de la desilusión. Muchas mujeres hoy en día tratan de encontrar gozo a través de las circunstancias, pero como nos enseñó Elizabeth a muchas de nosotras, el gozo es una elección, el contentamiento es una elección y esto viene como resultado de la obediencia. Viene al abandonarnos en Cristo y rendirnos ante Él.

Nuestra carne nos dice, «si te dejas llevar, si te abandonas en la voluntad de Dios, vas a estar destinada a una vida muy rigurosa, muy dura y muy difícil de llevar». Pero la verdad es que cuando tomamos las riendas de nuestras vidas, cuando perseguimos nuestra propia felicidad como fin último, tendremos una vida realmente dura.

Jesús dijo: «Mi yugo es fácil y mi carga ligera. Ven a mí, toma mi yugo. Aprende de mí. Soy manso y humilde de espíritu» (Mt 11:29, parafraseado). Así es como encuentras descanso para tu alma.

Bob: ¿Crees que las jóvenes esperan demasiado del matrimonio hoy en día?

Nancy: Yo no creo que sean las jóvenes solamente; creo que son todas las mujeres y quizás también los hombres. No puedo hablar por ellos, pero la realidad es que esperamos demasiado de la vida. Esperamos que nos haga feliz. Esperamos que nos satisfaga. Pero el hecho es que como creyentes, no se trata de nosotros. No se trata de mi felicidad, mi gozo o mi bienestar. Se trata de la gloria de Dios y del reino de Cristo. El único medio para el gozo y el contentamiento real es hacer de la gloria de Dios el objetivo supremo de la vida.

Bob: Elizabeth, yo escuché que no fue mucho después que te casaste con Jim Elliot, que te diste cuenta que no sería la experiencia perfecta que quizás pensaste que sería en los 5 años y medio en que se escribían cartas y fuiste cortejada por él. ¿Cuál fue la llamada despertadora en las primeras 24 horas para ti?

Elizabeth: Bueno, no recuerdo acerca de las 24 horas. Fuimos a un hotel muy lujoso en Panamá y tuvimos unos siete días maravillosos ahí. Y creo que después fuimos a visitar a mi hermano que estaba viviendo en Costa Rica en ese tiempo. Recuerdo que nuestra primera casa fue una tienda de campaña. Tenía goteras y su tamaño era 16x16’ que una persona bien intencionada de Oregón le regaló a Jim para ir a la selva de Suramérica.

Llovió, llovió y llovió. Nunca olvidaré una noche cuando tratamos de ponerle parches a todos los lugares donde había necesidad de uno. Estaba oscuro, y la lluvia caía; Jim se contagió con malaria tan pronto como llegamos, que no tuvo tiempo para excavar la zanja alrededor de la tienda así que el agua estaba llenando nuestro piso. La cama se estaba hundiendo en el lodo y mi almohada cayó en él. Jim usó su batería en la linterna y buscábamos los hoyos en el techo que estaban goteando. Bueno, no puedes usar una linterna en una noche oscura como boca de lobo para encontrar los hoyos. Esto no es posible, pensamos que sí pero no era posible. Luego de usar sus baterías tomó las mías, en ese punto…todo se desbarató. Le grité: «¿Me devuelves mi linterna?» Y él me dijo: «¿Te puedes callar la boca?» Y los dos nos explotamos de la risa y reímos, reímos y reímos. Por supuesto, la cama se hundía cada vez más en el lodo y las almohadas también.

Fue una noche miserable te lo puedo asegurar, y siguió así después porque continuó con malaria un largo tiempo, olvidé que tan largo fue. Estoy segura que no les hablo a muchas personas que estén pasando por una situación similar, pero quizás has tenido algo peor.

Todas tus fantasías de infancia y sueños de joven se han esfumado como burbujas, y nada es como esperabas que fuera. He recibido numerosas cartas de mujeres jóvenes que creían que ya habían aprendido todo y se encuentran atascadas con un simple y viejo ser humano, un pecador. No hay nadie más con quién casarse, y se lo digo a todas las mujeres todo el tiempo. Necesitas recordar que con cualquiera que te cases, es un pecador. No hay nadie más con quién casarse.

Bob: También he escuchado que dijiste… Creo que usaste la imagen de una camisa blanca con un punto negro. Nos enfocamos en el punto o la mancha que está en la camisa blanca en lugar de enfocarnos en la parte blanca. Muchas mujeres necesitan quitar sus ojos del punto negro y ver toda la parte blanca en cuanto a sus esposos, ¿no es así?

Elizabeth: Sí, así mismo es y mi segundo esposo dijo, quizás el 80% es un buen número por el cual dar gracias a Dios. Puedes pasarte el resto de tu vida hurgando en el otro 20% y quizá no puedas reducirlo gran cosa.

Bob: Yo encuentro estas citas maravillosas en tu libro, La música de sus promesas (Music of Your Promises), una declaración real y simple. Tú dices, «debemos mirar hacia arriba y mirar lejos de nosotros mismos». Y Nancy, eso es parte de lo que las mujeres y hombres en este asunto, necesitan ser advertidos y recordados. Si nos enfocamos en nosotros vamos rumbo a la miseria ¿no es así?

Nancy: Eso es correcto Bob. Y Elizabeth nos ha recordado la importancia de examinar cuál es la meta de nuestra vida. Me fascina esa cita que te he escuchado decir numerosas veces acerca del vino bebido en comparación con el vino derramado en adoración y necesitamos examinarnos y ver qué es aquello por lo cual vivimos y lo que tiene más importancia para nosotros. Si es nuestro propio placer y bienestar o si es para echarlo, derramarlo para la gloria de Dios y el bienestar de los demás. Ese es el camino del amor. Es el camino de la cruz, el camino al sacrificio, pero es el camino al gozo máximo tal como tú nos has recordado tantas veces Elizabeth.

¿Puedes ayudarnos a entender lo que significa ser una mujer y cómo esto nos hace diferentes de los hombres o debería hacernos diferentes?

Elizabeth: Dice en Tito 2, «las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno» (v.3). Pablo va más allá y le dice a las ancianas «que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras» (vv.4-5). Si te has sentido herida o sientes que tu esposo te ha ignorado o algo parecido, ¿a dónde llevas todo eso? ¿Directo a tu esposo llorando? ¿O lo llevas a la cruz y oras al Señor diciendo, «Señor, Tú entiendes esto. Ayúdame a ser prudente y pura, y estar ocupada en casa». Ahí es a donde pertenecemos.

Mi corazón se dirige a aquellas mujeres que no pueden estar en casa. Las mujeres solteras, que por supuesto tienen que buscar su propio sustento, y a aquellas mujeres cuyos esposos les demandan que tengan un empleo. Yo pienso que esto es muy triste. ¿Por qué los esposos no quieren bajar su estatus, tener una casa más pequeña, menos carros, lo que sea necesario con tal de que sus esposas puedan quedarse en casa y cuidar de sus hijos? Así que Pablo nos habla de estar ocupadas en el hogar, de ser amables y estar sujetas a nuestros maridos, de manera que la palabra de Cristo no sea vituperada.

Nancy: Mientras lees el pasaje de Tito 2, Elizabeth, yo estoy pensando en un pasaje muy diferente del Antiguo Testamento, Proverbios 7, que describe mucho mejor, entiendo yo, a la mujer contemporánea. Está hablando en el contexto acerca de una mujer inmoral y adúltera, pero es interesante cómo muchas de las características de Proverbios 7, son muy típicas de la mujer de hoy. Pienso en este versículo en Proverbios 7 que dice que ella «es alborotadora y rebelde, sus pies no permanecen en casa» (v.11); que es el contraste al tipo de rol que Pablo nos está dando en Tito capítulo 2. En un pasaje paralelo en 1 Timoteo capítulo 5…¿recuerdas ese pasaje en el que Pablo describe lo que califica a una viuda para recibir la ayuda de la iglesia?

Él da un número de cosas que deben ser una verdad en su vida que, me parece, deben ser las cosas a las que aspiramos como mujeres en nuestra juventud. Dice: «Que haya sido fiel a su marido. Es bien conocida por sus buenas obras tales como criar a sus hijos, mostrar hospitalidad, lavar los pies de los santos, ayudar a aquellos que están en necesidad, dando su vida a todas estas buenas obras» (vv.9-10, parafraseado).

Voy a volver atrás con algo más de Proverbios capítulo 7. Ya cité un versículo de este pasaje, pero hay muchos que describen la típica mujer de hoy. Hay una figura en ese pasaje de una mujer siendo agresiva que inicia una relación con este hombre joven, necio y simple. Hay muchas maneras en que vemos a esta mujer necia descrita en Proverbios 7. Muchas de ellas, no solo en nuestras calles, sino también hasta en nuestras iglesias. Te preguntas por qué pasa esto y creo que tengo dos respuestas en relación a esto.

Primero, yo creo que no hay nada nuevo desde el jardín del Edén. Ahí es donde por primera vez tenemos la clásica inversión de roles en Eva, con el diablo señalando a la mujer e ignorando ella a su marido que estaba ahí con ella. Pero ahí está la mujer dejando que esto suceda y guiando a su esposo y alimentándolo con la fruta prohibida, cuando el diseño de Dios es que el hombre sea quien tome el liderazgo y la provisión de los alimentos.

Así que en ese sentido, nada es nuevo. Por el otro lado, hemos crecido en una generación, al menos las mujeres de tu edad y la mía, que no conocen nada más que un ambiente que ha sido moldeado y determinado por el pensamiento feminista. Incluso algunas de nosotras en la iglesia hoy en día, que no nos consideramos feministas, pero está en el aire que respiramos.

El feminismo, en realidad, cuando yo nací por ese tiempo en los años 50, vino con una agenda que tenía la intención de erradicar las distinciones entre el hombre y la mujer. La vergüenza es que los hemos dejado. En el proceso yo creo que teníamos algo muy precioso y hermoso, un regalo de Dios que nos han robado. Una de mis cargas reales en la vida es que Dios me permita ser parte de una contrarrevolución que traiga de vuelta aquello que nos ha sido quitado.

Ahora, esta no es una revolución que signifique que vayamos y marchemos en las calles o que escribamos cartas al congreso. Es el tipo de revolución que tendrá lugar, así lo creo, con mujeres que digan: «Estoy dispuesta a ser diferente. No tengo que encajar en esta cultura. No tengo que verme como las demás mujeres a mí alrededor. Estoy dispuesta a dejar que Dios me dé un espíritu manso, suave, apacible». Para poder decir: «Estoy dispuesta a ser un tipo de mujer diferente», ser una mujer y en ese sentido para glorificar a Dios. El pasaje que Elizabeth leyó en Tito capítulo 2, nos dice que si no lo hacemos, entonces la palabra de Dios será blasfemada. Las personas no conocerán el corazón, el carácter y los caminos de Dios, si no volvemos a la verdadera feminidad bíblica.

Lisa Barry: Elizabeth, cuando dos personas se casan, al principio están ciegas a los defectos del otro. Pero no pasa mucho tiempo antes de que esos defectos sean expuestos y desafortunadamente, se magnifiquen. ¿Debería una esposa procurar cambiar a su esposo?

Elizabeth: Acabo de recibir una carta maravillosa de una mujer que trató por mucho tiempo sin éxito. Ella dijo:

«El Señor está penetrando en mi matrimonio, específicamente a través de mi corazón en cuanto a la actitud hacia mi esposo. Ahora puedo tener un corazón sumiso porque puedo confiar en Dios.

He luchado, preguntándome cómo puedo someterme cuando parece que él no lidera. Dios me ha enseñado cómo calmarme, y en especial cómo notar el liderazgo sin palabras de mi esposo y mi rendición a él. Dios ahora me provee abundancia de bendiciones al darle a mi esposo los pensamientos y decisiones que, increíblemente, no son naturales en él.

Como por ejemplo su deseo que salió de la nada de ir a acampar como familia este verano. Esto fue algo que yo anhelé por mucho tiempo, y traté de convencerlo para que lo hiciéramos pero me di por vencida. Mi esposo no es alguien que le guste dar regalos, pero en la Pascua me dio un dulce regalo que no era simplemente un chocolate. Fue un regalo pensado, un regalo particular que él sabía que yo disfrutaría –muy especial».

Lisa: Un matrimonio transformado.

Elizabeth: Completamente transformado.

Lisa: ¿Cómo ocurre la transformación? Si alguien está escuchando y su matrimonio parece no tener esperanza…escuchaste esto y viste un destello, «sí, Dios puede transformar mi matrimonio». ¿Dónde comenzar?

Elizabeth: Dónde empezar, yo diría que en tus rodillas. Golda Meir dijo: «Cuando estás trabajando tú piensas en tus hijos que dejaste en casa. En casa piensas en el trabajo que dejaste sin terminar. Tal batalla se libra dentro de ti, tu corazón está cargado». Me imagino que es uno de los problemas más grandes de las mujeres que están obligadas a trabajar.

Pero he tenido un número de cartas de personas, de mujeres que han puesto todo delante del Señor, y el Señor ha cambiado el corazón de sus esposos. Sus esposos han estado de acuerdo en bajar su estatus de vida para dejar que sus esposas puedan quedarse en casa cuidando de sus hijos.

Esto pudiera implicar un sacrificio drástico, pero muchas cartas recibidas han revelado el gozo y la paz que viene junto con el deseo de olvidar las nociones del mundo de lo que las mujeres deberían hacer, lo que deberían tener y a dónde deberían ir.

Nancy: Y Elizabeth, estás realmente hablando de la necesidad de una mujer esperar en Dios y confiar que Él haga la obra que ella no puede hacer. Ahora, la Escritura nos dice: «El corazón del rey está en las manos del Señor. Como canales de agua, lo dirige hacia donde Él quiere» (Prov.21:1, parafraseado). Una ilustración maravillosa de las Escrituras que viene a mi mente es María de Nazaret que tuvo esta asombrosa y nunca más repetida visita del ángel diciéndole que ella llevaría en su vientre al Hijo de Dios. José no tuvo esa experiencia cuando ella la tuvo. Él no vio al ángel, él no lo escuchó hablar. El pasaje nos da entender inicialmente que él no creyó esa historia.

Él pensó dejarla, divorciarse de ella. Él quiso protegerla de ser avergonzada. No hay evidencia que ella cogió esta carga sola y trató de convencerlo de que lo que Dios le había dicho era cierto.

Porque María sabía cómo guardar esas cosas en su corazón, mantenerlas allí, atesorarlas, estar quieta y esperar en el Señor. En el tiempo de Dios, Él envió un ángel a José con las mismas palabras. Entonces José fue fiel al creer y actuar en consecuencia con lo que Dios le había revelado. Yo creo que es muy fuerte para nosotras tener que esperar. Somos por naturaleza buscadoras de soluciones, controladoras, manipuladoras, queremos arreglarlo todo y hacerlo correcto. Pero Dios nos dice: «Espera en Mí, dame una oportunidad para actuar en el corazón y en la vida de ese hombre».

Annamarie: Hoy has escuchado la segunda parte de una conversación que Elizabeth Elliot, quien ya se encuentra en la presencia del Señor, sostuvo con Nancy DeMoss Wolgemuth, quien para ese entonces se encontraba soltera. Lisa Barry y Bob Lepine, anfitrión del programa Vida en familia hoy, también participaron.

Esta conversación fue originalmente transmitida hace unos años en el programa radial en el que participaba Elizabeth llamado Gateway to Joy—en español, El camino al gozo, y se basa en su libro titulado Dejadme ser mujer. Te animo a conseguir una copia de este libro. Y también te animo a permanecer sintonizada a las próximas series porque pronto escucharás una serie de enseñanzas de Elizabeth que no te querrás perder.

Mañana asegúrate de acompañarnos para escuchar de Elizabeth sobre su papel como misionera y sobre una nueva estación en su vida.

Elizabeth: Yo sé que Dios me está cuidando como a un cordero en Su seno y yo soy una anciana. Creo que tengo el derecho y la responsabilidad de hablar sobre la vejez. Estoy cansada de las mujeres que tratan de actuar coquetas, como si fueran jóvenes. Aún cuando es terriblemente obvio que ellas son viejas. Todo lo que tenemos que hacer es mirarnos al espejo. Supongo que hay un montón de mujeres que no se miran al espejo, al menos que sea para ponerse una horrible cantidad de maquillaje que piensan que es atractivo. Debemos dar gracias a Dios por cualquier etapa de la vida en que nos encontremos.

Creo que las mujeres mayores no solo tienen un tremendo privilegio, sino la gran responsabilidad de hablarles a las más jóvenes, de tratar de ayudarlas a darse cuenta de la bendición que es para ellas tener esa edad, y luego testificarles de la bendición que es tener esta edad.

Annamarie: ¡Te esperamos para este próximo episodio!

Diciendo «sí, Señor» juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Ezequiel capítulos 34 al 36.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre los maestros

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot fue una autora y oradora cristiana. Su primer marido, Jim Elliot, fue asesinado en 1956 cuando intentaba hacer contacto misionero con la Auca del este de Ecuador. Más tarde pasó dos años como misionera de los miembros de la tribu que mataron a su esposo.

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