Aviva Nuestros Corazones Radio

El Padre Nuestro, día 16

Carmen Espaillat: Cuando vienes a la fe en Cristo, no eres llevada inmediatamente al cielo. Eres llamada a edificar Su reino, aquí en la tierra.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Dios nos dejó aquí para ser sus embajadoras, sus representantes, ser parte del avance de Su reino y ver Su voluntad hecha en esta tierra.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Si te perdiste alguno de los programas anteriores en esta serie, puedes escucharlo o leerlo en AvivaNuestrosCorazones.com. Solo escribe, «El Padre Nuestro», en el buscador, y encontrarás el acceso a los programas que la conforman. Hoy Nancy continúa con el día 16 de esa serie.

Nancy: Hemos estado aprendiendo a través de esta serie que el Padre Nuestro es, por supuesto, algo que Jesús nos dejó que nos enseña cómo orar, pero más que eso, creo que es algo que Él nos dejó para enseñarnos cómo vivir y cómo pensar acerca de la vida.

Quiero repetir esto constantemente a través de esta serie, porque en la medida en que recitamos y repetimos el Padre Nuestro, mientras lo vamos meditando, no solo nos estamos limitando a nuestro tiempo de oración, sino que también estamos diciendo, «Señor dame todo un marco de referencia, una perspectiva completa que esté de acuerdo a lo que tú nos enseñas en lo que nosotros llamamos el Padre Nuestro.

Estamos en la petición que dice, «hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo». Creo que cuando Jesús nos enseña a pedirle de esta manera a Dios, Él nos está enseñando a orar y a desear que la voluntad de Dios se haga a lo largo de toda la tierra. Hágase tu voluntad así en la tierra como en cielo.

Es importante que oremos para que la voluntad de Dios sea hecha en nuestras propias vidas y en nuestra pequeña esquina del mundo, pero creo que Dios quiere algo más para nosotras. Él quiere que al orar, estemos orando, «Señor, quiero tener tu corazón para todo el mundo. Y quiero ver tu voluntad hecha en todo el mundo. Esta es una oración global. No solamente que tu voluntad se haga donde estoy ahora, sino que sea tu voluntad en cada continente, en cada país del mundo.

Quiero hacerte estas preguntas, y trataré de insertarlas a lo largo de la sesión para que podamos hacer todo esto más personal.

  • ¿Tienes el corazón, el deseo, el anhelo de que la voluntad de Dios se haga en toda la tierra?
  • ¿Te inquieta, te molesta cuando la voluntad de Dios no se está haciendo entre los que te rodean, o por otras personas en otras partes de la tierra?
  • ¿Llevas una carga de que la voluntad de Dios sea hecha en los lugares más lejanos de la tierra? ¿En el Medio Oriente? ¿En Asia?¿En África?
  • ¿Tienes una carga por la voluntad de Dios más allá de tu pequeña esquina en el mundo?

Ahora, en la sesión pasada hablamos acerca de «venga tu reino», como un asunto de sumisión personal a la voluntad de Dios. Pero al ir pensando en el plan global de Dios, el gran plan de redención eterna y de lo que se trata, y de lo que Dios está haciendo en nuestro mundo, quiero hablarles en el día de hoy de otro aspecto de «venga tu reino», que es algo en lo que no tendemos a enfocamos en lo más mínimo.

«Hágase tu voluntad». Tendemos a pensar en esta parte como una oración de resignación, sumisión, una resignación pasiva. «Está bien, no se haga mi voluntad sino la tuya. Tomaré tu voluntad, Señor. Renuncio para que tu voluntad se haga en mi vida». A veces esto es exactamente lo que esta oración conlleva.

Pero creo que orar por la voluntad de Dios es más que eso. Es también orar en contra de la voluntad de Satanás. Hemos hablado acerca de los reinos en conflicto a lo largo de la serie. El reino de Dios versus el reino del hombre. El reino de Satanás versus el reino de Dios. El reino terrenal versus el reino celestial. Existe conflicto en este momento.

Así que al orar no solamente estamos rindiéndonos calladamente, pasivamente y resignadas a la voluntad de Dios. Estamos activamente, proactivamente orando para que el mal sea abolido, para que los reinos terrenales sean tomados por el reino de Dios, que Satanás sea derrocado. Este «hágase tu voluntad» es un grito para defender el derecho de Dios de reinar. Su derecho a reinar sobre nuestras propias voluntades, sobre Satanás, sobre su engaño, sobre el pecado, sobre cada poder terrenal, sobre todo lo que se oponga a la voluntad de Dios en esta tierra.

Orar esto, es orar que cada persona en todo el mundo sea traída a la obediencia de la voluntad de Dios. Es orar que los incrédulos, ya sea que vivan cerca de ti o vivan a miles de kilómetros de distancia o en otro continente, que sean traídos al arrepentimiento y a la fe en Cristo. Orar esta oración es desear activamente, buscar activamente la voluntad de Dios en la iglesia, mi familia, mi lugar de trabajo, en cada esfera de mi vida, en cada relación, en cada persona que conozco y cada nación en este mundo.

Un predicador inglés de los años 1900 lo dijo de esta manera. Lo veo tan retador. Dijo esto acerca de esta oración: «Hay cierta actividad envuelta aquí. Hay algo retador en ello… la voluntad de Dios… se convierte en nuestra canción, como la canción de ardientes caballeros de la edad media, que iban a caballo para expresar la voluntad de su rey en todas las relaciones y las relaciones de los hombres comunes».

«¡Hágase tu voluntad así en la tierra!». Es una proclamación. Él dice, «es el grito de un ejército jubiloso con su Rey en medio concentrando todo el poder de sus brazos por la causa de Su reino»1. Ese es el lado proactivo, el lado con intención, el lado de la oración que no solo es una resignación callada y pasiva a la voluntad de Dios, sino que está activamente buscando que la voluntad de Dios sea hecha.

No debemos sentarnos pasivamente y dejar que el mal triunfe alrededor de nosotras. Tú dices, «quiero la voluntad de Dios en mi vida, pero no puedo ayudar en lo que sucede en la vida de los demás». Dios no tiene intención de que nosotras nos sentemos en nuestro pequeño refugio seguro y esperemos el rapto a salvo en nuestro pequeño mundo.

Él nos ha dejado aquí en la tierra por algo y para algo, y si no hubiera un propósito, entonces deberíamos solo salvar a las personas y dispararles y así salvarlos de esta miseria. Pero hay un propósito. Dios nos dejó aquí en la tierra para ser sus embajadoras, Sus representantes, ser parte del avance de Su reino y ver su voluntad hecha en esta tierra.

El Salmo 68 tiene un título anexado que dice: «Para el director del coro. Salmo de David. Cántico». «Levántese Dios; sean esparcidos sus enemigos, y huyan delante de Él los que le aborrecen». (Sal. 68:1) David escribió estas líneas bajo la inspiración del Espíritu Santo y después se las dio al director del coro y le dijo, «escribe una canción, aquí esta la letra». Esto es algo que debemos cantar. «Levántese Dios; sean esparcidos sus enemigos, y huyan delante de Él los que le aborrecen».

El Salmo 113, versículo 3, lo pone de esta manera: «Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso (esto es del este al oeste), alabado sea el nombre del Señor». No solamente es estar sentadas cómodamente, con aire acondicionado en las iglesias escuchando el evangelio siendo predicado y cantar alabanzas y coros; es orar, «Señor», en países budistas, en países hinduistas, en países musulmanes y países que son protestantes pero que no conocen a Cristo y no han escuchado del evangelio por años, «que tu nombre sea alabado por toda la tierra».

Vemos a nuestro alrededor y a veces nos sentimos impotentes ante la gran crisis global y social que se vive en todo el mundo, la batalla contra el aborto, el matrimonio del mismo sexo, la trata de jovencitas alrededor de todo el mundo. Es algo que ha estado en mi corazón en años recientes. La agresión del islam. Las partes en el mundo que son completamente resistentes al evangelio y al nombre de Cristo Jesús.

Ves todo esto y simplemente te sientes abrumada. Nuestros corazones están con pesadez y carga. Queremos ver Su voluntad hecha en esas partes del mundo, pero nos sentimos tan inútiles. Puede que sea a nivel personal en nuestro matrimonio, en tu trabajo, en tu iglesia.

Ves, y parece que el mal está ganando. Nos sentimos paralizadas, como si no pudiéramos hacer nada. Pero estar paralizada ante el mal que crece y penetra, ya sea en tu hogar o al lado, o alrededor del mundo, es olvidar qué tan poderoso es Dios. Es olvidar que nuestra fortaleza yace en la oración.

Leí recientemente un artículo sobre la situación en Darfur, y me encontré a mí misma orando, «Señor, hágase tu voluntad. Venga tu reino». Mi corazón clamando para que la voluntad de Dios se haga en esta situación en las Naciones Unidas, en todos los emisarios, y reyes y gobernadores del mundo que no pueden arreglar esto. No hay solución a esa crisis. Estoy orando y me encuentro al estudiar el Padre Nuestro queriendo que la voluntad de Dios se haga en Sudán, en Irán, en Cuba, en Washington D.C., en el senado, en Hollywood.

Quieres ver la voluntad de Dios hecha en la vida de tu esposo, en la vida de tus hijos. Qué pasaría si todos individualmente y colectivamente fervientemente oráramos, «Dios, que se haga tu voluntad». Si dijéramos, «no nos vamos a quedar sentados y dejar que el mal gobierne en este mundo».

Ahora, sabemos que Dios está en control. La batalla es del Señor. No es una batalla para nosotras pelear con nuestras fuerzas o nuestras propias armas. Pero si dijéramos:

Amamos tanto a nuestro Padre que está en los cielos, Su reino, y Su voluntad, que no vamos a quedarnos sentadas y dejar que Satanás tenga un buen dia en este mundo. No nos vamos a quedar sentadas y dejar que nuestros hijos adolescentes salgan de nuestros hogares cristianos y de los grupos de jóvenes y de las escuelas y se alejen del Señor, como lo están haciendo masivamente por todo el país. Señor, vamos a ir a la batalla. Vamos a reclamar la vida de estos niños.

Vamos a reclamar estos matrimonios, este porcentaje del 50% de divorcios en nuestras iglesias. ¿Vamos a quedarnos sentadas a dejar que pase y decir, «bueno, yo tengo un buen matrimonio, gracias al Señor». ¿O vamos a ir a batalla por todos aquellos que no están experimentando la voluntad de Dios hecha en sus vidas?

R.A. Torrey era un evangelista americano, pastor y escritor. Vivió a finales de los años 1800 e inicios de los 1900. Y encontré con un mensaje que dio recientemente acerca de la oración. Me encantaría poder leerles un poco. Porque fue tan poderoso. Su texto fue, «no tienen porque no piden». Permíteme leerte una porción de lo que dijo. Repito, recuerda que esto fue escrito probablemente a inicios del los años 1900.

«No vivimos en una era de oración. Vivimos en una era de ajetreos, de esfuerzos humanos y de determinación humana, de confianza del hombre en sí mismo y en su propio poder para lograr las cosas; una era de organización humanitaria y maquinaciones humanas, empuje humano y diseño humano, y logros humanos, que en la economía de Dios no significan logro alguno.

Creo que podríamos perfectamente decir que la iglesia de Cristo nunca ha estado en toda su historia… tan perfectamente organizada como lo está ahora. Nuestra maquinaria es magnífica… pero a fin de cuentas, es una maquinaria sin poder; y cuando las cosas no van bien, en lugar de ir a la verdadera raíz de nuestro fracaso, nuestra negligencia en depender de Dios y buscar el poder de Dios, vamos a nuestro alrededor a ver si hay una nueva organización que podamos gestionar, alguna nueva rueda que podamos agregar a nuestra maquinaria. Ya tenemos muchas ruedas; lo que necesitamos no es tanto nuevas organizaciones, alguna rueda nueva, sino el “Espíritu de los seres vivientes que estaban en las ruedas” que ya poseemos» (esto es una referencia por supuesto a la visión que Ezequiel tuvo en Ezequiel capítulo 1).

Él sigue diciendo: «Creo que el diablo se detiene a ver a la iglesia de hoy y se ríe de cómo sus miembros dependen de sus propios planes, del poder de organizaciones y de sus hábiles maquinarias. Pero cuando el diablo ve a un hombre o a una mujer que realmente cree en la oración, que sabe orar, y que realmente ora, y sobre todo, cuando él (Satanás) ve a toda una iglesia postrada en oración ante Dios, “él tiembla”…porque sabe que su día en esa iglesia o en esa comunidad está por terminar» (R.A. Torrey).

¿No son esas palabras poderosas? ¿Qué es lo que te dicen a ti como madre? ¿En relación a tu familia, como mujer soltera en el lugar de trabajo? Al ver lo que ocurre en tu comunidad, al ver las noticias, al ver lo que sucede en el mundo, ¿solo te sientes impotente o Dios mueve algo en tu corazón y dices, «es hora de orar?». ¿Qué sucedería si realmente el pueblo de Dios orara?

Sabes que la iglesia históricamente y tradicionalmente ha estado dividida en dos segmentos; aquellos que seguimos en la tierra y aquellos que están en los cielos. La iglesia aquí en la tierra –no escuchas esta frase tan seguido– pero históricamente ha sido llamada la iglesia militante. Son los cristianos que seguimos viviendo aquí en la tierra.

Aquellos que están en los cielos son llamados la iglesia triunfante. Aquellos quienes han pasado por las batallas, han triunfado, y han llegado al final de su carrera; esa es la iglesia triunfante.

Ahora, la iglesia militante…estoy un poco indecisa de hablar de esto en el ambiente actual en el que vivimos y lo que está ocurriendo en nuestro mundo, podría ser fácilmente malinterpretado. La palabra militante proviene de la palabra en latín, militans. El significado principal es como suena: «militar, ser un soldado».

Pero tiene otro significado, que es al que se está refiriendo cuando se habla de la iglesia militante. Es el significado de lucha, de hacer un esfuerzo. Habla de que la iglesia que sigue aquí en la tierra está activamente involucrada con Dios en el avance de Su reino a lo largo del mundo, incluyendo la evangelización de los perdidos.

Recuerdo que cuando era pequeña en la iglesia cantábamos algunos himnos antiguos, muchos de ellos escritos a mediados de los 1800 por ejemplo: «A la batalla oh cristiano»:

A la batalla oh cristiano con el escudo de la cruz, sé buen soldado, pues a tu lado, está el príncipe Jesús. Él con Su gracia te sostiene y con potencia sin igual, Su brazo extiende y te defiende en esta lucha contra el mal. A combatir nos llama nuestro salvador, salid luchad con nuestro capitán en la constante lid seguid sin vacilar y venceréis las huestes de Satán. 2

Ahora no se oye ese tipo de sentimientos en el mundo evangélico de hoy. Creo que eso es en parte porque estamos tratando de ser sensibles a las formas en que otras religiones pueden hablar acerca de dominar el mundo, y no queremos ser mal interpretados.

Pero también pienso que es porque tendemos a querer un cristianismo y una relación con Dios que sea reconfortante y nos aliente, pero no una que nos lance hacia fuera sobre el frente de batalla o que nos exija levantarnos de nuestro sofá y hacer algo, tal vez incluso arriesgar nuestras vidas, o al menos arriesgar nuestra reputación.

Quiero ser breve en eso, pero cuando hablamos acerca de la iglesia militante, la iglesia que sigue aquí en la tierra, son los soldados del frente de batalla peleando por Cristo, soldados de la cruz, esto no significa que vamos a la guerra con espadas, armas y tanques. Hubo una terrible tragedia cuando en la Edad Media la iglesia peleó con espadas y lanzas contra aquellos que se resistieron y no aceptaban su doctrina.

Esa no es la manera de Dios. Según 2 Corintios 10, nuestra batalla no es terrenal, no es carnal. Son poderes divinos para destrozar ataduras. Son armas espirituales. Es una batalla espiritual. He estado meditando en el pasaje de Efesios 6, y tal vez hagamos una serie aquí en Aviva Nuestros Corazones, porque ha estado hablando mucho a mi corazón.

Dice así:

«Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo» (Ef. 6:10-11). Hay una guerra, una batalla ahí. Dice: «Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales» (v.12).

Así que el enemigo no es carne y sangre, las armas que usamos no son armas de carne y sangre. Efesios 6 nos sigue diciendo cuál es nuestra armadura y cuáles son nuestras armas. La armadura es la verdad. Es la salvación, es la justicia. Es el evangelio de la paz. Nuestra arma es la espada del Espíritu, la Palabra de Dios. La verdad de la Palabra de Dios tiene poder para derribar los planes y las ataduras de Satanás (ver vv.14-17).

En Efesios 6, Pablo dice que sobre todas estas cosas nos vistamos de oración (ver v.18). Esto es lo que une la armadura. Orar en la batalla. Así que piensa en tu rol. Piensa en tu hijo o hija adolescente, o ese hijo adulto que te preocupa tanto, esa pareja que no está caminando con Dios y se está resistiendo a Él. La próxima vez que leas un artículo sobre genocidio en alguna parte del mundo o sobre el terrorismo causando miedo y angustia a la mitad del mundo, piensa.

Al pensar en estos temas en tu vida y en el mundo, ¿qué es lo que estamos haciendo? ¿Nos damos por vencidas o nos sentimos sin esperanzas, nos paralizamos? No. ¿Nos armamos con espadas y armas o establecemos un nuevo bloque de votantes? Debemos votar, pero así no es como conquistaremos en el nombre de Cristo.

Nos ponemos la armadura de Dios. Tomamos la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios, la verdad de Dios, y ponemos todas estas cosas en oración. Decimos, «Señor, hágase tu voluntad».

Al pensar en todo lo que sucede en este mundo hoy en día y todos los titulares y todos los conflictos. Para el tiempo que salga esto al aire, los titulares y conflictos que mencioné ya estarán en el pasado y habrá nuevos, pero es un pensamiento que me apasiona, el que las personas más poderosas en nuestro mundo de hoy no son los de las Naciones Unidas.

No son los que están tratando de negociar tratados de paz. No es ningún rey o gobernante, algunos de esos nombres que ni puedo pronunciar que vemos en las noticias. No es nuestro propio presidente. No es nuestro senado ni el congreso.

Las personas más poderosas de este mundo hoy en día son las personas que oran. Mujeres en muchos de los casos. Algunas de ellas mujeres mayores, las cuales sus hijos ya se han ido de casa y ellas han dicho, «no me voy a quedar aquí sentada, no me voy a jubilar y a tomar un tour por el país o pasar mi vida apostando o haciendo cosas solo desperdiciando mi vida.

Mi vida va a tener un propósito. Va a ser intencional, no me voy a quedar sentada y esperar que alguien venga y le dé sentido a mi vida. Me voy a arrodillar, si lo puedo hacer físicamente, y me postraré ante el trono de Dios y clamaré y diré, «oh Dios, hágase tu voluntad».

Aquellos que tomarán su lugar en la iglesia militante, la iglesia que lucha, la iglesia que va hacia adelante como soldados de la cruz y dicen, «Señor, no nos vamos a sentar y dejar que Satanás gane. No nos vamos a quedar sentadas y dejar que el pecado y la inmoralidad y el egoísmo y las religiones falsas tengan su día en este mundo».

Oramos, Señor, queremos conocer Tu voluntad; queremos hacer Tu voluntad; y queremos ver que Tu voluntad sea cumplida en cada rincón del mundo. En mi familia, oro Señor, en nuestro ministerio, Aviva Nuestros Corazones, que tu voluntad se haga. En mi vida y en cada país. En cada continente de este mundo desenmascara las obras de las tinieblas. Expón todo lo que sea contrario a Tu voluntad.

Que la voluntad del enemigo sea frustrada. Que se deshaga. Que se haga Tu voluntad. Mi oración para este ministerio, Aviva Nuestros Corazones es que Dios levante en nuestros días un ejército de mujeres de oración. Mamás, abuelas, solteras, adolescentes, casadas, niñas pequeñas, mujeres adultas, de la tercera edad. Tenemos mujeres desde los doce años de edad hasta los ochenta y tantos años que nos escuchan, y el resto está en algún lugar en el medio.

La de doce años no es tan joven como para no orar. La de ochenta años tampoco. Muchas han orado por décadas y aún lo siguen haciendo. Yo solo oro para que el Señor levante un ejército de mujeres de oración quienes digan, «Señor, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo». ¿Amén? ¡Amén!

Carmen: ¿Apartas tiempo para orar? No importa tu edad, ni la etapa de la vida en que te encuentres, es algo que todas debemos hacer. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando cómo sería el embarcarnos en una vida de continua oración.

Las enseñanzas que hemos escuchado a lo largo de esta serie, «El Padre Nuestro», te ayudarán a cultivar una vida de oración más profunda. Puedes escuchar o leer estos programas diarios a cualquier hora del día, a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también puedes compartirlo fácilmente con otras mujeres, o dejarnos tu comentario al final de la transcripción del programa.

¿Conoces el valor de acercarte a Dios haciendo uso de oraciones escritas? A Nancy le encantan este tipo de libros. Uno de esos se titula, «El valle de la visión». Este contiene oraciones basadas en las Escrituras, y han perdurado a lo largo de los años para ofrecernos modelos de oraciones bíblicas. Búscalo en tu librería cristiana favorita y trae frescura a tu vida de oración haciendo uso de recursos como este.

Escucha una porción de de una de las oraciones contenidas en el libro, «El valle de la visión»3:

Oh Señor de mi deleite,

Tu trono de gracia es la tierra placentera de mi alma.

Allí obtengo misericordia en tiempos de necesidad, allí veo la sonrisa de tu rostro reconciliado, allí el gozo invoca el nombre de Jesús, allí afilo la espada del Espíritu, unjo el escudo de la fe, me coloco el casco de la salvación, recolecto el maná de tu palabra, me fortalezco ante todo conflicto, recibo el estímulo para proseguir en mi carrera hacia lo alto, me preparo para vencer todo enemigo.

Ayúdame a acudir a Cristo como la fuente de la que manan todas las bendiciones, como una esclusa de misericordia abierta de par en par.

Me maravillo ante mi insensata necedad, que con tales favores tan enriquecedores a mi alcance me cueste tanto extender la mano para tomarlos.

Apiádate de mi insensibilidad por tu nombre.

Avívame, estimúlame y lléname de un celo santo.

Fortaléceme para que me aferre a ti y no te suelte.

Que tu Espíritu en mí tome todas las bendiciones de tu mano.

Cuando no avanzo, me descarrío.

Permíteme caminar con humildad por causa del bien omitido y del mal cometido.

Graba en mi mente la brevedad del tiempo, la obra por delante, las cuentas por rendir, la cercanía de la eternidad, el temible pecado de despreciar tu Espíritu.

Que jamás olvide que tus ojos siempre ven, tu oído siempre oye, tu mano atenta siempre escribe.

Que jamás te dé tregua hasta que Cristo sea el latido de mi corazón, el portavoz de mis labios, la lámpara a mis pies.

Carmen: Todas nosotras enfrentamos retos al orar, y también hemos experimentado logros. Mañana, algunas mujeres compartirán sus luchas y éxitos con nosotras. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Classic Sermons on the Lord’s Prayer. Compiled by Warren Wiersbe. Grand Rapids: Kregel, 2000. p. 80-81.

2 "Stand Up, Stand Up for Jesus." Rev. George Duffield.

3 Bennet, Arthur, ed. El valle de la visión, El estandarte de la verdad, 2014, p. 166. Print.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

Únete a la discusión