Hoy concluimos esta carta en la que Pablo muestra cómo una comprensión correcta del regreso de Cristo debe reflejarse en la vida cotidiana. Después de corregir la confusión doctrinal acerca del Día del Señor, ahora enfrenta un problema práctico: algunos miembros de la iglesia estaban viviendo de manera desordenada, habían dejado de trabajar y dependían innecesariamente de los demás.
La oración por el avance del evangelio
Esta es la segunda vez que Pablo les pide que oren por ellos para que el evangelio se extienda rápidamente, como sucedió con los tesalonicenses, y para que sean librados de los hombres perversos. Esa es su prioridad, el evangelio, y ser librados de los malos para que ellos continúen proclamando el evangelio. Luego, Pablo dirige inmediatamente la atención hacia la fidelidad del Señor, quien fortalece y protege a Su pueblo, y también ora para que los corazones de los creyentes sean …
Hoy concluimos esta carta en la que Pablo muestra cómo una comprensión correcta del regreso de Cristo debe reflejarse en la vida cotidiana. Después de corregir la confusión doctrinal acerca del Día del Señor, ahora enfrenta un problema práctico: algunos miembros de la iglesia estaban viviendo de manera desordenada, habían dejado de trabajar y dependían innecesariamente de los demás.
La oración por el avance del evangelio
Esta es la segunda vez que Pablo les pide que oren por ellos para que el evangelio se extienda rápidamente, como sucedió con los tesalonicenses, y para que sean librados de los hombres perversos. Esa es su prioridad, el evangelio, y ser librados de los malos para que ellos continúen proclamando el evangelio. Luego, Pablo dirige inmediatamente la atención hacia la fidelidad del Señor, quien fortalece y protege a Su pueblo, y también ora para que los corazones de los creyentes sean guiados hacia el amor de Dios y la perseverancia de Cristo.
Hermanas, usualmente nuestro tiempo de oración es por peticiones personales o por las necesidades de otros; sin embargo, incluyamos también el clamor a Dios por el avance del evangelio en el mundo. Oremos por quienes están llevando la Palabra de Dios en diferentes naciones y que los proteja de las artimañas de Satanás. El plan de Dios se cumplirá tal cual Él lo ha decretado, no importa lo difícil que este mundo se vea; si Dios salvó a los tesalonicenses que eran idólatras, y ahora daban testimonio de su fe, lo seguirá haciendo. Si Dios te salvó a ti, a pesar de ti, Él lo seguirá haciendo. Por eso, podemos orar con confianza y paz.
El ejemplo de Pablo y el llamado a trabajar
El evangelio transforma también la manera de asumir las responsabilidades ordinarias que realizamos todos los días, y que no por ser ordinarias o sencillas, no son necesarias e importantes. Afirmar que creemos que Cristo regresa significa vivir con fidelidad, servir sin aprovecharse de otros y perseverar en hacer el bien para otros y para la gloria de Dios. Este es el camino de la sencillez cristiana en medio de un mundo materialista e individualista.
Aunque la fe, el amor y la perseverancia de estos tesalonicenses era reconocida y digna de apreciar, algunos, quizás influidos por esa falsa enseñanza —no lo sabemos con certeza— tomaron la decisión deliberada de negarse a cumplir con trabajar. La frase «Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma» no se refiere a quienes desean trabajar y no pueden hacerlo, sino a quienes no quieren trabajar.
Además, Pablo también les manda apartarse de todo hermano que vive desordenadamente y se niega a seguir la enseñanza recibida. Pues Pablo mismo es testimonio y ejemplo de lo que enseña, ya que él mismo había trabajado arduamente para no ser una carga, aunque como apóstol tenía derecho a recibir apoyo. Lo importante de resaltar es que Pablo constantemente ha sido una muestra de coherencia con las verdades que enseñó, porque él deseaba mostrar que la eficacia del evangelio para transformar vidas es real, y que en medio de un mundo hostil, su forma de vivir de acuerdo con lo que predicaba era crucial.
Esta enseñanza me recuerda a Tito 2:3-6, en el que nos llama a enseñar a las más jóvenes mediante nuestra vida y ejemplo, y en el que las más jóvenes necesitan mujeres mayores para saber cómo navegar las luchas de nuestros corazones. ¡Ese es el diseño de Dios para cada iglesia local! Ver al evangelio encarnado en vidas, no perfectas, pero que ven al Perfecto y por eso son fieles en seguirlo e imitarlo, para que con valentía puedan decir como Pablo: «Sean imitadores de mí, como yo lo soy de Cristo» (1 Cor. 11:1)
Hermanas, trabajar y obedecer no es nuestra identidad, ni es una forma de ganar el favor de Dios, pero sí es un testimonio de la obra de Cristo en nuestros corazones. Si no fuese por Él, no trabajaríamos con esperanza, en descanso y gozo. Si ahora mismo tu trabajo te resulta tan monótono, cansado y te comparas constantemente, quiero recordarte que lo que tienes en tus manos y delante de ti es lo que Dios te ha dado y en lo que espera que seas fiel. En Cristo tienes todo lo que necesitas para que brote de tu corazón deleite… y cuando no sea así, puedes ir a Él y pedir Su ayuda, que ciertamente recibirás.
La diferencia entre estar ocupados y ser entrometidos
Ahora bien, no solo había quienes no deseaban trabajar, sino que además parece que sí tenían el tiempo para andar metiéndose en todo lo que no era de su incumbencia. Pablo dice que es el resultado de vivir desordenadamente. A tales personas, Pablo no les sugiere, sino que les ordena y exhorta a que trabajen tranquilamente y obtengan su propio sustento. Es un recordatorio de lo que ya les había dicho en la primera carta:
«Pero les instamos, hermanos, [...] a que tengan por su ambición el llevar una vida tranquila, y se ocupen en sus propios asuntos y trabajen con sus manos, tal como les hemos mandado; a fin de que se conduzcan honradamente para con los de afuera, y no tengan necesidad de nada». —1 Tesalonicenses 4:11-12
Asimismo, hermanas, debemos trabajar para hacer el bien, no solo para subsistir. Como hijas de Dios, compradas para ser de Cristo, sabemos que nada de lo que tenemos en este mundo es nuestro. El fruto de nuestro trabajo fiel es recompensado en la promesa que Dios ha dado de ser nuestro Proveedor y Sustentador; sin embargo, como parte de Su familia, hacemos el bien a nuestros hermanos tanto en sus necesidades como en compartir para la armonía comunitaria.
La esperanza cristiana no produce pasividad, sino responsabilidad y obediencia. Lo cierto es que el trabajo no es un mandato sin connotación espiritual. Jesús dijo a los fariseos que lo criticaban por sanar el día de reposo: «Hasta ahora Mi Padre trabaja, y Yo también trabajo» (Jn. 5:17). ¿Por qué? Porque Jesús es nuestro descanso, nuestro reposo eterno. Trabajamos no con el afán de ganarnos algo de Dios, trabajamos porque así reflejamos a nuestro Dios. Por eso, entreguemos nuestra preocupación por el día de mañana, porque Él tiene cuidado de nosotras y de nuestras familias.
La corrección con un propósito restaurador
A lo largo de esta carta, Pablo ha insistido acerca de la importancia de la buena palabra y la buena doctrina que él les ha enseñado, que debe reflejarse en toda buena obra. No es diferente a lo que Pablo ha enseñado en otras cartas (ver Efesios 2:10; Tito 2:7-8; 1 Timoteo 6:18; 2 Timoteo 3:16-17; Colosenses 1:10). El fundamento de todo lo que Pablo está enseñando procede de la Palabra de Dios y su interpretación en la persona y obra de Cristo. Por eso, el amor y la verdad son parte de la corrección, porque por amor corregimos con la verdad. El balance es importante entre estas dos para el propósito de restaurar, pues somos hermanos en la fe.
Cuando alguien se niega a obedecer la enseñanza apostólica, la iglesia debe señalar su conducta y limitar la comunión con él para que reconozca la seriedad de su pecado. Sin embargo, no debe tratarlo como enemigo, sino amonestarlo como hermano. La disciplina bíblica no busca humillar ni desechar, sino conducir al arrepentimiento y a la restauración, como podemos verlo en Mateo 18:15-17 y Gálatas 6:1-2. ¿Acaso no es lo que Dios hace con nosotras porque nos ama y nos trata como a hijas?
Dios dice en Hebreos 12:5-6 y 11: «Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo… Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia». El resultado de una corrección bíblica es un corazón humilde.
El propósito de la disciplina y corrección no es avergonzar al hermano, es restaurarlo. Es recordarle su identidad que afecta su forma de vivir. Es recordarle que la mala doctrina conduce a una mala práctica. Es recordarles que el Espíritu Santo está obrando en su vida para librarlo de una vida hipócrita y para hacerlo madurar en su fe que apunta a seguir a Cristo.
La paz y la gracia del Señor
¡Qué manera tan hermosa de terminar esta carta! Pablo pide que el Señor de paz les conceda paz en toda circunstancia. Su última palabra para la iglesia es la gracia de Jesucristo. Pero también añade un saludo de su propia mano para confirmar la autenticidad de la carta, algo especialmente significativo después de la referencia a una posible comunicación falsa en el capítulo 2. Pablo también hace lo mismo en su carta a los gálatas (ver 6:11) precisamente por las falsas enseñanzas.
Si bien es cierto que en este mundo tendremos tribulaciones, es aún más relevante recordar que la gracia de nuestro Señor Jesucristo y Su paz están con nosotras y en nosotras. Cristo es el Señor fiel que fortalece y guarda a Su iglesia, el modelo perfecto de perseverancia y el Señor de paz que acompaña a Su pueblo en toda circunstancia. Su gracia no solo salva, sino que capacita para vivir de manera ordenada, responsable y obediente mientras se espera Su regreso.
Por eso, hermanas, podemos perseverar y crecer en vivir con paz, con prioridades en orden, amando a nuestros hermanos y hermanas, haciéndoles el bien, trabajando con integridad y, en vez de entrometernos en otros asuntos, orar. Cristo regresará, no hay duda alguna de ello; lo creemos y esperamos, pero mientras ese glorioso día viene, vivamos en paz con todos y sostengamonos en la gracia de Dios para atravesar toda situación, pero también para adorar a Dios, vivir en armonía con nuestros hermanos de manera que estemos preparadas para encontrarnos con nuestro amado Señor y Salvador.
Para meditar:
- ¿Cuál es el mensaje que 2 Tesalonicenses te ha dejado? Quizá lo puedes escribir en tu Biblia para no olvidarlo y profundizar más a medida que vuelvas a leer esta carta.
- ¿Es tu trabajo una manera de adorar a Dios por lo que ha hecho en Cristo por ti?
- Dedica tiempo para estar más en la Palabra y en oración, para servir a otros; disfruta de esa comunión y oportunidad de servir que es un pequeño reflejo de lo que haremos en el cielo cuando estemos perfectamente glorificadas.
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