Cómo soportar el sufrimiento: Diez principios prácticos de 2 de Timoteo

A nadie le gusta sufrir, pero el sufrimiento es una parte necesaria y normal de la vida cristiana. De hecho, la Escritura dice que podemos esperar que las dificultades y los sufrimientos aumenten (2 Timoteo 2:3; 3:1-4, 13), por lo que debemos estar preparados.

Aprendemos del libro de 2da de Timoteo que podemos experimentar el sufrimiento como resultado de nuestro testimonio, de  nuestra vida piadosa, o como resultado de levantar la Verdad (2 Timoteo 1:8; 2:8-9, 17-18; 3:6-8, 12). También podemos experimentar sufrimiento cuando somos rechazados o abandonados (2 Timoteo 1:15; 4:9-11; 4:16), o como consecuencia natural de nuestros deseos carnales y mundanos (2 Timoteo 2:22).

El sufrimiento ciertamente vendrá, pero Dios puede darnos la gracia y el poder para superar cada prueba y para cumplir con nuestro propósito y misión en Su reino. En su segunda epístola a Timoteo, el apóstol Pablo comparte algunas verdades importantes acerca de cómo podemos soportar el sufrimiento.

Diez Principios para Perseverar en medio del Sufrimiento

1. No te olvides de por qué estas sufriendo. ¡Recuerda tu propósito y a quién sirves! El apóstol Pablo dijo que estaba dispuesto a sufrir por la proclamación del Evangelio, por el bien de los elegidos, y para la gloria de Dios. Nuestro sufrimiento, grande o pequeño, puede ser utilizado para lograr los mismos propósitos.

“Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos… conforme a mi evangelio; por el cual sufro penalidades, hasta el encarcelamiento como un malhechor…” (2 Timoteo 2:8-9)

“Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna.”  (2 Timoteo 2:10)

“A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”. (2 Timoteo 4:18b)

2. Recuerda de que tú eres un prisionero de Cristo, no de tus circunstancias o de otras personas.  

“Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo” (2 Timoteo 1:8).

3. Continúa regresando a las cosas que sabes que son verdades de la Palabra de Dios.

No dudes en la oscuridad lo que has visto en la luz. Recuerda lo que recibiste como resultado de la salvación en Cristo (2 Timoteo 1:5). Recuerda tu vocación y la gracia de Dios (2 Timoteo 1:1, 9-12). “Retén la norma de las palabras sanas que has oído de mí, en la fe y el amor en Cristo Jesús.” (2 Timoteo 1:13)

4. Sigue haciendo lo que Dios te ha llamado a hacer. Persevera, mantén el rumbo, se fiel, a pesar de cualquier oposición o dificultad. (2 Timoteo 4:1-5)

“Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos…. Pero tú, sé sobrio en todas las cosas, sufre penalidades, haz el trabajo de un evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Timoteo 4:3a, 5)

5. Confía en Dios para tratar con aquellos que se oponen a la verdad. No tomes el asunto en tus propias manos ni te vuelvas amargada y argumentativa.

“Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen altercados. Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad, y volviendo en sí, escapen del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para hacer su voluntad.” (2 Timoteo 2:23-26)

6. Recuerda tiempos pasados cuando el Señor te liberó y rescató. Sé rápido en alabarle y testificar a otros. (2 Timoteo 3:11; 4:16-17).

“Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció…Y fui librado de la boca del león.” (2 Timoteo 4:17)

7. Confía en los recursos que Dios te ha dado:

  • La Gracia de Dios (2 Timoteo 1:2, 9; 2:1; 4:22).
  • El don de Dios — la habilidad dada por Dios para servirle. (2 Timoteo 1:6-7).
  • El poder de Dios (y no tu propia fortaleza) (2 Timoteo 1:8; Filipenses 2:13; Efesios 6:10).
  • El Espíritu Santo que mora en ti. (2 Timoteo 1:14).
  • La Palabra de Dios, que te mantendrá con los pies en tierra firme y te dará perspectiva (2 Timoteo 2:7, 9; 3:12-17; 4:1-2).

8. Recuerda que no estás solo/a en tu sufrimiento.

Ya tú tienes:

  • La presencia de Cristo (Mateo 28:20)
  • Las oraciones de otros creyentes (2 Timoteo 1:3)
  • La "comunión del sufrimiento" – otros creyentes que enfrentan dificultades por la causa de Cristo (2 Timoteo 1:8; Hebreos 13:3; Col. 1:24).

Cultiva lo siguiente para que te ayude a perseverar:

  • Ayuda piadosa – Busca y cultiva un grupo de creyentes con mentalidad afines cuya fidelidad y oraciones puedan inspirarte y fortalecerte. (2 Timoteo 1:2, 4-5; 4:9-13, 19-21).
  • Héroes cristianos– Lee las biografías de misioneros y de otros fieles creyentes para que Dios pueda cultivar fe y sabiduría en tu corazón. (Hebreos 13:7).

“Pero tú has seguido mi enseñanza, conducta, propósito, fe, paciencia, amor, perseverancia… persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido.” (2 Timoteo 3:10, 14)

  • Herencia piadosa – A medida que aprendes acerca de aquellos que te han precedido, serás capaz de infundir fe y valor a la próxima generación. Pasa la batuta a otros. 

“Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” (2 Timoteo 2:2)

9. No importa qué tan difíciles sean las cosas hoy en día, se puede enfrentar el futuro con esperanza. Confía en la verdad de la Escritura.

La Verdad es:

  • Todo lo malo será un día enderezado (2 Timoteo 3:8-9; 4:14).
  • El Señor te librará de todo mal – En Su tiempo y forma (2 Timoteo 4:17-18). Mientras tanto, aconseja tu corazón de acuerdo a la verdad y a las promesas de Dios (Salmos 27). “El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial.” (2 Timoteo 4:18a)
  • Todo tu sufrimiento, esfuerzo, trabajo y fidelidad será recompensado en “aquel Día” cuando los creyentes estén delante del Señor (2 Timoteo 1:12, 18; 2:12; 4:8; Fil. 1:6, 10; 2:16; Santiago 1:12). “En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4:8)
  • Deberás rendir cuentas, de manera que guarda el “depósito” que se te ha confiado (2 Timoteo 1:12, 14; 1 Timoteo 6:20).

10. En todo tu sufrimiento, recuerda a Cristo. Recuerda:

  • Su vida y Su sufrimiento y sacrificio por ti (2 Timoteo 2:3).
  • Su victoria sobre Satanás, sobre el pecado y sobre la muerte (2 Timoteo 2:8).
  • Su poder, promesas y presencia (Mateo 28:18-20).
  • Lo que Él está haciendo por ti en los cielos (Juan14:2-3; Romanos 8:34).

“Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón. Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre.” (Heb. 12:3-4) Espera sufrimiento —es inevitable— pero no se te olvide el poderoso recurso que tienes en Cristo. Confía tu vida a Su siempre presente cuidado y control. Él te ama, y ​​Él te ayudará a soportar, resistir y perseverar.

Toda Escritura ha sido tomada de la Biblia de las Américas.

© Revive Our Hearts. Usado con permiso.
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Sobre el autor

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es infeccioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias, y sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito diecinueve libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adorned: Living Out the Beauty of the Gospel Together. Sus libros han vendido más de tres millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.