Cuando todo se derrumba y Dios calla

De un día para otro me quedé sin la mayoría de mi familia, aquellos con quienes celebrábamos cada fiesta, quienes alegraban cada reunión, se han ido. Todos mis hijos murieron. Las personas con las que trabajo fueron asesinados, otros murieron por un desastre natural. No, no es una película, esto es la vida real. No tengo manera de seguir trabajando, mi fuente de provisión también ha desaparecido, no sé cómo voy a comer y encontrar sustento. 

Bueno, creo que a este punto ni siquiera tengo ganas de comer, ahora me llegó una enfermedad que cubre todo mi cuerpo, no puedo encontrar tranquilidad ni paz aunque sea por unos minutos. 

Ahora llega esa persona con quien soy una sola carne, pero no encuentro ánimo en ella. Me pide que maldiga a Dios y acepte el destino de la muerte, no queda esperanza para mí. ¿Debo ya dar todo por perdido?

Para nada, ¡yo quiero conservar mi integridad! Tengo un Dios que da y que también quita, yo bendeciré Su nombre, tengo fe en Él.

Finalmente, mis amigos se ven a los lejos, ¡ahí vienen! Ellos serán ese hombro para llorar. ¡Qué bendición tener esa compañía en silencio! Aquí, sentados a mi lado, solo doliéndose conmigo. Sí, esto es lo que necesito en este momento mientras mi corazón medita en todo lo que me está sucediendo. 

Ya pasó una semana, y no escucho nada de Dios, ni una sola palabra que venga a mí y me dé un poco de alivio, ¡qué dolor tan profundo tengo, es mejor morir!

Entonces mis amigos comienzan a hablar. Oh no, los que me acompañaron en silencio, ahora parece que se vuelven contra mí. Dicen que pequé y ha llegado el castigo a mi vida con este gran mal, ¡me parece que están siendo bastante insensibles!

Solo Dios me queda. Ya le di gracias, ya lo adoré, pero Él está en silencio. Ya le pregunté, me quejé…y Él me da la espalda. Yo sé que es santo, sabio y fuerte, pero no me dice nada. ¿Será que está siendo injusto conmigo? Dios es Todopoderoso, pero ahora solo me siento sin esperanza. 

«Dios mío, sólo te pido dos cosas; si me las concedes, no tendré que esconderme de ti. ¡Ya no me castigues, ni me hagas sentir tanto miedo! ¡Dime en qué te he faltado! ¡Muéstrame en qué te he ofendido! ¿Por qué te escondes? ¿Por qué me tienes por enemigo? ¿Por qué me persigues tanto, si soy como una hoja que se lleva el viento?».1

¿Pero qué es lo que intento hacer? «La sabiduría le pertenece a Dios, ella se esconde del mundo,

y hasta de las aves del cielo. Aunque la muerte destructora dice conocerla, sólo Dios sabe dónde vive, y cómo llegar hasta ella. Dios ve los rincones más lejanos y todo lo que hay debajo del cielo, y mientras daba su fuerza al viento y medía el agua de los mares, fijó su mirada en la sabiduría; mientras establecía la época de lluvias y la dirección de las tormentas, decidió ponerla a prueba; una vez que confirmó su gran valor, le dio su aprobación. Luego dijo a todo el mundo:

“Si ustedes me obedecen y se apartan del mal, habrán hallado la sabiduría”».2

¡Dios es sabio y Él sabe lo que hace! A mí me corresponde confiar y obedecer, esa es suficiente sabiduría. No entiendo mis sufrimientos, probablemente nunca llegue a conocer las razones, pero Él sí. Oh háblame Dios, no puedo con tanto dolor. 

Entonces, el silencio se rompió, y desde un torbellino, Dios habló y dijo: 

«¿Quién eres tú para dudar de mi sabiduría, si sólo tonterías has dicho? ¡Vamos a ver qué tan valiente eres! Ahora yo voy a hablar, y tú me vas a escuchar. Si de veras sabes tanto, dime dónde estabas cuando puse las bases de la tierra. ¡Tú no sabes quién la midió metro a metro, quién puso la primera piedra y en qué descansan sus cimientos! ¡Tú no estabas allí, mientras cantaban las estrellas y los ángeles danzaban! Dime quién puso límites al mar cuando éste cubrió la tierra; dime cuándo lo envolví entre nubes y lo dejé en la oscuridad; dime cuándo les mandé a las olas no pasar más allá de la playa. ¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes al sol para que comience un nuevo día? ¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la tierra para que se quite de encima a los malvados? Cuando la luz del nuevo día se asoma tras las montañas, los malvados no soportan su luz, y allí se acaba su poder. ¿Has bajado al fondo del mar para ver dónde nace el agua? ¿Has bajado al reino de la muerte y visitado a los muertos? Si en verdad lo sabes todo, dime cuánto mide la tierra».3

No pasó mucho tiempo antes de sentirme el ser más pequeño e insignificante delante de Dios mismo. Seguí callado escuchando…

«¿Acaso tu voz y tu poder se comparan a los míos? Fíjate en el hipopótamo, animal parecido a los bueyes, pues se alimenta de hierba. A él y a ti los he creado. Entre los animales que he creado, él ocupa el primer lugar; pero yo lo he creado y, si quiero, puedo quitarle la vida».4

Me dijo tantas cosas que con calma puedes leer después, pero una de las cosas que me dio al final me dejaron sin aliento: «¡Mío es todo lo que hay debajo del cielo! ¿Quién me puede pedir cuentas?».5

No pude hacer otra cosa más que reconocer delante de quién yo estaba, y dije: 

«Reconozco tu gran poder; nadie puede impedirte llevar a cabo tus planes. Tú preguntas quién soy yo, que siendo un ignorante he puesto en duda tu sabiduría. Reconozco que he dicho cosas que no alcanzo a comprender, cosas que son maravillosas y que en realidad no conozco. Lo que antes sabía de ti era lo que me habían contado, pero ahora mis ojos te han visto, y he llegado a conocerte. Así que retiro lo dicho, y te ruego me perdones».6

Amada joven, al estar escribiendo este blog, pensando en las circunstancias en mi vida en la que parece que el Señor guarda silencio, me acordé de Job, y al meditar, imaginé qué me diría si yo le pidiera un resumen de su vida. Y este resultó ser un paseo muy breve pero tan profundo, porque al leer este libro y algunos comentarios del pastor MacArthur sobre él, podemos llegar a algunas conclusiones que me gustaría que tuvieras en mente en este momento en el que enfrentas momentos difíciles, y parece que Dios ha guardado silencio en lo que está haciendo en tu vida. 

  1. Hay asuntos que se están llevando a cabo en el cielo con Dios acerca de los cuales, como hijas de Dios, no tenemos idea, y seguramente nunca los conozcamos de este lado de la gloria. Aunque afecten nuestras vidas, puedes estar segura de que la gloria y la sabiduría le pertenecen al Creador.
  2. Porque vivimos en un mundo caído, los hijos de Dios sufren. Cosas malas suceden todo el tiempo, pero no dudes que ninguna de ellas escapa de las manos de un Dios soberano. 
  3. El pecado en nuestra vida puede traernos consecuencias y disciplina de parte de Dios, siempre busquemos tener un corazón sensible para llevar nuestra vida delante de Dios y pedirle que muestre nuestro pecado para poder arrepentirnos de corazón. 
  4. Aunque Dios parece estar lejos, la perseverancia en la fe es una virtud que nos permite confiar en la bondad de Dios y entonces, con paz y seguridad, dejar nuestras vidas en Sus manos. 
  5. Si hoy estás sufriendo, no te alejes de Dios, al contrario, acércate a Él y recibe Su consuelo, aunque no haya una explicación, a través de tu comunión con Él. 
  6. El sufrimiento puede ser intenso, pero un día terminará para aquellos que han rendido sus vidas al Señor, y disfrutarás de Su bendición, gozo y presencia eternamente. 

Recuerda: «Esto es apenas un murmullo que alcanzamos a escuchar; es tan sólo una muestra del gran poder de Dios, que jamás podremos comprender».7

  1. Job 13:20, 21 23 24 25
  2. Job 28:21-28
  3. Job 38:2-18
  4. Job 40:9, 15, 19
  5. Job 41:11
  6. Job 42:2-4, 6
  7. Job 26:14

Todas las referencias bíblicas son de la Traducción en lenguaje actual.

MacArthur, J. (1997). Biblia de Estudio MacArthur (Job). Thomas Nelson.

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Sobre el autor

Mónica Valadez de Sandoval

Mónica es originaria de Monterrey, México. Su más grande anhelo es conocer cada día más a su Creador, amarle, adorarle y servirle. Tiene una pasión por la consejería bíblica y una profunda convicción del llamado de Dios a servir entre … leer más …

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