Desenmascarando los deseos de tu corazón: no necesitas un novio para ser feliz.

Probablemente si te hiciera la pregunta de si crees que necesitas un novio para ser feliz me responderías que no… pero muchas veces la forma en cómo vemos la vida o respondemos a las situaciones en las que nos encontramos, nos muestran otra respuesta.

¿Has sentido un profundo deseo por compartir tu vida con alguien más? Yo sí… Probablemente más veces de las que podría contar, y no creo que sea un mal anhelo, pero me gustaría que podamos examinar algunas mentiras que hemos creído, muchas veces sin darnos cuenta, sobre la verdadera satisfacción de ese anhelo del corazón. 

Ser conocidas y amadas

Creo que una de las cosas que más anhelamos y con la más soñamos tiene que ver con ser amadas y conocidas profundamente. Soñamos con conocer a alguien que con solo mirarnos, sin que tengamos que decir una sola palabra, sepa cómo nos sentimos y cubra esa necesidad que ni siquiera hemos dicho. Ser conocidas es la forma en cómo nos sentimos amadas.

Pero … ¿existirá hombre en la tierra que realmente pueda cumplir esa expectativa? Queremos creer que sí, y es por eso que pensamos que nos sentiremos amadas y comprendidas, y, por lo tanto, felices cuando tengamos un novio/esposo ¿verdad? Al menos eso es lo que muestran las películas. 

El problema es que le estaremos pidiendo a un hombre mortal que cumpla algo que es un atributo que le pertenece únicamente a nuestro Dios. «El Dios que me ve» o «El Roi» como lo llamó Agar (Gn. 16:13), solamente Él es omnisciente.

«Oh Señor, tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos. Aun antes de que haya palabra en mi boca, Oh Señor, Tú ya la sabes toda. Por detrás y por delante me has cercado, y Tu mano pusiste sobre mí. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; es muy elevado, no lo puedo alcanzar». -Salmos 139:1-6

Cuando el salmista medita en la profundidad con la que Dios lo conoce, provoca en él un asombro que rebasa su comprensión… no es temor, es el asombro de saberse conocido y amado, ¡y eso trae seguridad a su corazón! «Por detrás y por delante me has cercado».

¿No te asombra a ti también saber lo profundamente amada y conocida que eres por el Dios que creó las galaxias? No escatimó ni a su propio Hijo para reconciliarnos con Él y lograr así que podamos disfrutar de su favor y misericordia inagotable por toda la eternidad.

No creas la mentira de que necesitas estar en una relación para saberte amada, recuerda que el matrimonio es un reflejo del amor que Dios ya derramó sobre nosotros… su iglesia. Eres amada por un Dios cuyo amor por ti es perfecto e inmutable.

¿De dónde viene mi provisión y protección?

¿Te has preocupado alguna vez por el futuro? ¿Al pensar y tratar de calcular cuánto tendrías que ahorrar y cuál es la mejor forma de invertir para la vejez? Lo más probable es que aún no llegues a esa parte en la vida, pero es un tema que ha inquietado mi corazón últimamente. Confieso que en mis años de preparatoria y universidad siempre creí que ese tipo de decisiones las tomaría con alguien más, pero el plan del Señor hasta ahora ha sido otro.

Mi corazón se ha inquietado y me he visto preguntando con temor: «Señor ¿qué pasaría si algún día me enfermo y no puedo trabajar más? ¿Quién cuidaría de mí?». Me parece que ya pudiste identificar dónde estaba mi confianza, y si tú me hubieras preguntado alguna vez si yo creía que necesitaba un esposo para estar segura, te habría respondido que no, pero como te decía al inicio, la forma en cómo vemos la vida y respondemos a las distintas situaciones a las que nos enfrentamos reflejan lo que verdaderamente creemos. 

El Señor ya lo conoce, así que en su misericordia nos pasa por circunstancias que reflejan nuestra idolatría para así poder sanarnos al llevarnos al arrepentimiento.

Probablemente la etapa que tú estás viviendo es distinta a la mía y no puedas identificarte del todo con mi experiencia, puede ser que en tu familia haya violencia, y aunque no lo dices, te gustaría tener a alguien junto a ti que traiga seguridad. Tal vez te encuentras en la situación de que no has podido continuar con tus estudios por dificultades económicas y has tenido que trabajar para apoyar a tu familia y quisieras tener a alguien que te acompañe y anime. 

Hay muchas situaciones que podemos vivir en las que nos gustaría sentirnos cobijadas por la protección y provisión de un hombre, y este no es un deseo malo; el problema es cuando ponemos nuestros ojos solamente en el hombre y no recordamos que el rol del hombre de proveer y proteger es solo un reflejo de la provisión y protección perfecta de nuestro Padre celestial.

Hace unos años una amiga me recordó un versículo que traigo a memoria cada vez que me siento abrumada: «Sea el carácter de ustedes sin avaricia, contentos con lo que tienen, porque Él mismo ha dicho: “Nunca te dejaré ni te desampararé”» (Heb. 13:5).

Sin importar la situación que vivas, la soledad, el dolor o el temor, recuerda que el Dios eterno ha prometido no dejarnos ni desampararnos. Recuérdale a tu corazón de quién proviene toda buena dádiva (Stg. 1:17), de quién es la mano que se abre para colmar de bendición a todo ser viviente (Sal. 145:15) y sobre quién podemos echar toda nuestra ansiedad porque tiene cuidado de nosotras (1 Pd. 5:7). Tu seguridad está en el Dios que te creó… Él es tu lugar seguro.

¿Qué hago con el anhelo de mi corazón?

Tener el deseo de compartir nuestra vida con alguien más, ser amadas, protegidas y formar una familia no es algo malo que debamos reprimir o eliminar de nuestra vida. Es algo natural que el Señor ha puesto en nosotras y que lo glorifica porque refleja Su carácter. El verdadero problema es cuando creemos que necesitamos que ese anhelo sea satisfecho o de lo contrario no podremos vivir sin él. A esto, amada joven, se le llama idolatría. 

¿Cómo cuidamos nuestro corazón de convertir ese deseo bueno en un ídolo?

Rindiéndolo al Señor cada vez que amenace con quitar nuestra mirada de nuestro bien mayor: Cristo.

Rendir nuestra voluntad y dejarla en el altar del Señor teniendo la incertidumbre de si Él cumplirá ese deseo puede dar mucho miedo, pero entre más conozcas a tu Salvador, Su misericordia eterna, Su gracia infinita, Su profundo amor y Su fidelidad, más podrás confiar en Su voluntad y rendir confiadamente la tuya a Él. 

«Prueben y vean que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia! Teman al Señor, ustedes Sus santos, pues nada les falta a aquellos que le temen. Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, pero los que buscan al Señor no carecerán de bien alguno». -Salmo 34:8-10

Este es uno de mis salmos favoritos y es mi oración que puedas probar y ver que el Señor es bueno y seas profundamente feliz al refugiarte en Él. 

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Sobre el autor

Sofía Núñez

Sofía Núñez

Sofía es originaria de Monterrey, México, donde reside actualmente y sirve en el ministerio de niños de su iglesia local. Es nutrióloga de profesión y disfruta de escuchar y servir a otros en el día a día. Al reconocer la … leer más …

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