¿Y si la soltería fuera una invitación, no una carencia?

En los últimos blogs compartimos con ustedes una entrevista que Katie le hizo a «Nate», un joven soltero que dejó la ciudad de Houston para servir al Señor en el extranjero. Si no leíste esa publicación, te animo a hacerlo: conocerás cómo el Señor despertó en él una pasión por la eternidad, lo llamó a rendir sus deseos más profundos y lo llevó a seguir a Cristo más allá de la comodidad y la certeza.

«Lo que ella más desea es _________».

Si algunos de tus amigos tuvieran que completar esa frase sobre ti, ¿qué escribirían?

Sus respuestas dirían mucho. Los amigos escuchan los temas de los que más hablas o escribes, saben en qué ocupas tu tiempo libre y notan lo que te emociona y lo que te preocupa. Aunque nunca lo hayas dicho en voz alta, los ritmos de tu vida revelan constantemente lo que más anhelas.

Entonces, ¿qué es lo que realmente quieres? ¿Qué es eso que deseas tan profundamente que estarías dispuesta incluso a soportar la decepción, el dolor o incluso la pérdida con tal de obtenerlo?

Para muchos creyentes solteros, la respuesta suele incluir el matrimonio, una familia o un futuro estable —deseos con los que también la iglesia primitiva luchó. En 1 Corintios 7, Pablo reconoce esos anhelos, pero los redirige, apuntando hacia prioridades eternas:

«Pero esto digo, hermanos: el tiempo ha sido acortado… porque la apariencia de este mundo es pasajera… Sin embargo, quiero que estén libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señor. Pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y sus intereses están divididos ». -1 Corintios 7:29, 31–34

Pablo no estaba condenando el matrimonio ni avergonzando a quienes lo desean. El Señor conoce los anhelos de nuestro corazón, y Él es un Padre bueno y generoso. Pero la soltería ofrece una libertad única: la oportunidad de dedicar nuestro amor, nuestro tiempo y nuestra atención completamente a los propósitos eternos.

El matrimonio dura solo una vida; el reino de Cristo permanece para siempre. Por eso Pablo animaba a los creyentes solteros a levantar la mirada y vivir por lo que no perece.

Como mujer soltera, esa misma invitación —vivir con un corazón indiviso y una devoción sin distracciones por Jesús— también es para ti hoy.
Así que mientras lees el resto de esta conversación con Nate, considera esto: ¿Y si tus anhelos más profundos no tuvieran que ver con comodidad o seguridad, sino con la alegre búsqueda de algo (y Alguien) mucho más grande?

Lo que Nate anhela: «Quiero ser usado por Dios para Su gloria, quiero que mi vida cuente para la eternidad, quiero atesorar recompensas en el cielo, quiero estar firme ante el trono. Por eso, decido abrazar el sufrimiento, el dolor, la vergüenza, cualquier tipo de riesgo, debilidad, calamidad, desilusión o cualquier otra cosa que el Buen Pastor me pida, porque Él es digno».

Katie: Nuestra cultura tiende a elevar las relaciones románticas como el centro de una vida plena. Para quienes están en sus veintes o treintas, encontrar pareja suele verse como una de las metas más importantes. ¿Cómo ha cambiado tu perspectiva sobre esto? ¿Qué has aprendido al rendir este deseo al Señor?

Nate: Nadie puede negar que buscar un cónyuge es una meta importante. El error es hacerla la meta suprema. La esperanza de un futuro cónyuge libra una batalla en el corazón contra la adoración total a Cristo. Es confrontador pensar cuánto más intensamente anhelamos a una pareja futura que a Cristo mismo.

A veces me ayuda imaginar lo que Él podría decirme:

«Lo sé, amado. Conozco tus deseos; no son un misterio. No temas, reinarás conmigo en Mi Reino. Toda autoridad me ha sido dada. Puedo darte una esposa en el momento perfecto, si esa es Mi voluntad. ¿Confiarías en Mí para esto? Aun si Mi llamado para ti fuera una soltería prolongada, ¿sería Yo suficiente para ti? Nada llega a tu vida fuera de Mi gracia. Si retengo algo bueno, es porque quiero saciarte conmigo mismo».

Katie: ¿Qué has descubierto acerca de Jesús al aprender a depender más de Él?

Nate: He aprendido a «confiar en la sabiduría de Dios». Jesús tiene toda autoridad, toda sabiduría y todo poder. Él ha considerado cada posible desenlace en la historia redentora y ordena solo lo que va de acuerdo a Su voluntad (Ef. 1:11).

Él podría haber permitido que nos casáramos cuando nuestra sabiduría lo considerara mejor, pero Él actúa según Su sabiduría, que aunque nos es misteriosa, siempre busca Su gloria y nuestro gozo eterno.

La faceta del carácter de Dios que más olvido es Su ternura:

«No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que humea». -Mateo 12:20

«aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas». -Mateo 11:29

Cuanto más camino por fe en Sus promesas, más veo que Él las cumple. Cuanto más dependo de Jesús, más compruebo que Él es digno de confianza.

Katie: Has dicho que esperas el día en que los placeres del matrimonio parezcan nada comparados con morar con Cristo. ¿Cómo influye esa esperanza en tus prioridades y decisiones diarias?

Nate: La Biblia es clara: los creyentes serán recompensados según las obras que hayan hecho (1 Co. 3:12–15; 2 Co. 5:10; Ap. 22:12). Esta vida es temporal. El cielo es eterno, pero es fácil olvidar la eternidad y vivir como si este mundo fuera todo.

¿Qué recursos tienes?

¿Tiempo? ¿Dinero? ¿Atención? ¿Manos para servir? ¿Una boca para compartir? ¿Un corazón que escucha? ¿Rodillas para orar? Cada uno de estos recursos pertenece al Rey, no a ti. Eres una administradora, no la dueña. Por eso no puedes permitirte invertir tu vida en nada que produzca lago menos que la máxima gloria a Dios y el máximo beneficio eterno para las almas.

Cuando estés frente al trono, ¿qué quieres escuchar de Dios? Vive hoy de tal forma que tus decisiones tengan sentido en el día del juicio. Cualquier otra cosa será una oportunidad desperdiciada.

Katie: En tu mensaje al ministerio de solteros dijiste: «La eternidad está en juego». ¿Qué significa eso en la práctica: vivir con propósito y urgencia, creyendo que la eternidad está en juego para quienes nos rodean?

Nate: Imagina que tu vida en la tierra ha terminado. Tú creíste en Jesús y tu salvación es segura, entonces ocurre: los cielos se abren, el Hijo del Hombre desciende en las nubes y llega el juicio final. Esperas temblando, y ves pasar alma tras alma ante el trono… hasta que reconoces una cara: tu compañera de trabajo.

Tu corazón se paraliza: nunca le hablaste de Jesús. Recuerdas todas las veces que temiste ofenderla o arruinar tu reputación, y ahora oyes su condena eterna. Te mira y pregunta: «¿Tú sabías esto… y nunca me dijiste nada sobre Cristo?».

¿No hubieras querido haberle hablado? ¿Haber tomado el riesgo? Aún hay tiempo. Puedes compartir hoy. Puedes vivir para decir como Pablo: «Soy inocente de la sangre de todos» (Hch. 20:26). Puedes recibir galardón en el cielo por esta clase de obediencia.

¿Qué significa esto de forma práctica? Te comparto estas citas y consejos de John Piper del libro «No desperdicies tu vida»1:

  • Haz visible a Jesús como supremamente valioso en tu vida.

  • Este aprecio por Él se muestra por lo que estás dispuesta a arriesgar y sacrificar por tener más de Él.

  • Si esta generación no abraza el sufrimiento y la vergüenza por la gloria de Cristo, Dios hará Su obra de otra manera.

Katie: Si pudieras regresar un martes por la noche y hablar a los solteros de nuestra iglesia, ¿qué les dirías?

Nate: Lucas 9:23–26 siempre me ha impactado: «Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame».

Jesús dice que para salvar tu vida, debes perderla. Suelta este mundo, suelta los «likes», el dinero, la reputación, la comodidad. Vive una vida que el mundo llame «locura» para que Dios la llame «sabiduría».

Katie: ¿Hay algo más que el Señor haya puesto en tu corazón?

Nate: John Piper tiene razón: es fácil desperdiciar la vida. La gente puede aplaudirte mientras lo haces, puedes ganar la aprobación del mundo y aun así fracasar ante Dios, pero todavía hay esperanza: aún puedes vivir una vida que no se desperdicie.

Entrégate por completo al Señor. Invierte cada día en la expansión de Su Reino, y la eternidad traerá su recompensa.

«Por tanto, Yo vengo pronto, y Mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra». -Apocalipsis 22:12

Una vida que no puede desperdiciarse

El seudónimo «Nate» fue inspirado en Nate Saint, uno de los cinco misioneros martirizados en Ecuador en los años 50. Elisabeth Elliot, quien relató su historia, cerró su diario con estas palabras:

«Sí, a través de la vida, la muerte, el dolor y el pecado, Él me bastará, pues Él sufrió; Cristo es el fin, porque Cristo fue el principio»2. Esa rendición profunda y esa confianza total definieron la vida y la muerte de Nate Saint, Jim y Elisabeth Elliot.

En vida y en muerte, Cristo fue suficiente.

Y como nos recuerda este «Nate», una vida ofrecida completamente a Cristo es la única que realmente vale —en este siglo y en el venidero. Él solo es digno de tus mayores sacrificios, tus riesgos más audaces y tus esperanzas más delicadas.

Cuando haces de Jesús tu tesoro supremo, entras en una historia mucho más grande que la tuya,
una historia que resuena en la eternidad.

¿Y si tu amor, tu energía y tu vida fueran derramados cada día por la expansión de Su Reino? ¿Qué oportunidades, riesgos y gozos abrazarías si Jesús fuera el tesoro de tu corazón? Una vida así no se mide por comodidad, aprobación ni éxito momentáneo, sino por fidelidad, obediencia y devoción al Dios eterno —el único verdaderamente digno.

Y una vida vivida de esa manera, jamás puede desperdiciarse.

1 John Piper, "Don't Waste Your Life," Desiring God, December 29, 2003, https://www.desiringgod.org/messages/dont-waste-your-life.

2 Ellen Vaughn, Becoming Elisabeth Elliot (Nashville: B&H, 2020), 164.

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Sobre el autor

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Katie Laitkep

Katie trabajaba como maestra en un hospital cuando Dios la llamó a unirse a Revive Our Hearts como escritora del personal. Su sitio web, apatientprocess.com, es un registro de la fidelidad del Señor en las enfermedades crónicas, porque incluso en … leer más …

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