¿Y tú qué estás realmente esperando?

Por: Heather Patenaude

Entonces ¿qué estás esperando?

Cuando estaba soltera y en mis veintes, parecía que estaba rodeada de gente infelizmente casada. La cultura le da una mala reputación al matrimonio. Lo vemos en los programas de televisión, en los chistes (incluso desde el púlpito) acerca de los hombres tontos con quienes vives, y la imagen de la “bola y la cadena”—esa es la forma como muchas personas casadas ven el matrimonio.

Con toda honestidad, esto me hizo pensar, ¿Qué estoy esperando? ¿Guardaré mi corazón y mi cuerpo solo para ser miserable durante los años de matrimonio? O acaso ¿hay alguna otra manera de ver el matrimonio?

Una perspectiva diferente

Cuando me sumergí en la Palabra de Dios, ¡vi que el matrimonio toma una perspectiva totalmente diferente! La Palabra de Dios muestra una imagen tan diferente que la que muestra nuestra cultura. Y si me fuera a casar, quisiera tener el matrimonio que se ilustra en la Biblia.

En algún punto muchas de ustedes pasarán de la amistad a una relación matrimonial. Al pasar de ser amiga a ser “más que amigos, el objetivo es hacer brillar el Evangelio. Es apuntar a las personas a Cristo. ¡No se trata del yo! ¡No se trata de ti! Esta es la clave que debes recordar en la medida que navegas estas nuevas aguas.

Un buen fundamento

Cuando mi esposo y yo empezamos el cortejo, establecimos las bases desde la primera noche que DLR (definimos la relación). Teníamos dos objetivos desde el día uno: 1) Queríamos ser muy intencionales en el noviazgo. Ambos entendíamos que éramos novios con la intención de casarnos. (Esto no quiere decir que era el único posible resultado, pero era la intención.) 2) Ambos éramos novios para honrar a Dios. ¡Estos eran temas claros para nosotros!

Antes de que fuéramos novios, fuimos amigos por seis meses. Durante nuestra amistad, pudimos observarnos el uno al otro. Yo vi, desde lejos, que Juan (mi esposo de casi once años) amaba a Dios sobre todas la cosas; era enseñable, trabajaba duro, y trataba amablemente a su mamá. Estas eran las cualidades que mi papá me dijo que buscara, y ¡fue un consejo muy sabio!

Una vez bajamos la guardia emocional con otra persona, por naturaleza deseamos cercanía física con esa persona. Es como Dios nos ha creado. No hay ninguna regla escrita de cómo esto debe verse. (Recuerda: nuestro objetivo no es ser un seguidor de reglas, sino un seguidor de Cristo.) Porque así  me había hecho Dios, agradecí que tan pronto se nos hizo claro que habríamos de casarnos, ¡nuestro cortejo fue corto y rápido!

Las semillas que  había sembrado en la época que estuve soltera eran las que cultivaban mi intimidad con mi Dios—sirviendo a Su novia, leyendo y estudiando Su Palabra, y buscándole a Él.

Encontrando gozo en las relaciones

El matrimonio consiste de dos pecadores viviendo juntos, aprendiendo a servirse el uno al otro, y honrando a Dios. Puede ser un trabajo arduo. Puede ser doloroso. Pero en los once años que he estado con mi esposo, encuentro que mientras más me esfuerzo para echar a un lado el yo, más gozo experimento.

Estoy muy agradecida por el tiempo que Dios proveyó para mi durante el cual pude cultivar mi relación con Cristo. ¡Esas semillas han dado fruto ahora en mi matrimonio!

No hay reglas que puedan traer gozo. Ser un seguidor de reglas traerá orgullo (si, ¡lo hice bien!) o vergüenza y culpa (¡soy un fracaso, no puedo hacer las cosas bien!). En lugar de eso, deberías humillarte delante de Dios, someterte a Su voluntad, y luego ser agradecida por las épocas de desierto y las épocas de abundancia. Cuando este es tu lente para las relaciones, aceptarás lo que venga de Su mano.

Entonces ¿qué estás esperando? De verdad, no estás esperando nada que no puedas obtener ahora. Puedes tener intimidad con Cristo y crecer en tu conocimiento y amor por Él en tu temporada actual. Siembra semillas en tu relación con Dios, porque esa búsqueda de Él no cambiará, ya sea que te cases o te quedes soltera.

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